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jueves, 27 de febrero de 2020

Jesús María Valle.

Febrero 27 1998 

Jesús María Valle, nació en el municipio de Ituango, Antioquia, en una familia humilde; en el seno de su padre Jesús, su madre Blanca, y junto con  10  hermanos sobrevivían gracias a una parcela de tierra  que poseían.

Años más tarde su familia se trasladó a la ciudad de Medellín, en donde estudio y se  graduó como bachiller en el Liceo Antioqueño, allí fue líder del movimiento estudiantil; Después con ayuda de sus familiares obtuvo el titulo en Derecho de la Universidad de Antioquia.

Jesús María fue elegido al concejo de Ituango, y fue profesor de la Universidad de Antioquia, y de la Universidad Autónoma de Medellin, además fue fundador del Comité Permanente de Derechos Humanos de Antioquia en 1979; desde allí fue de los primeros en denunciar la presencia de grupos paramilitares en Antioquia, específicamente en Ituango.

En 1996 Jesús María Valle pide al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien en ese entonces era Gobernador de Antioquia, y al comandante de la IV Brigada que proteja la población civil, ya que aproximadamente  durante un año se habían presentado más de 150 asesinatos en ese territorio, estas palabras fueron suficientes para que Álvaro Uribe Vélez calificara al defensor de  Derechos Humanos como “enemigo de las Fuerzas Armadas”, y adelantará una denuncia por calumnia.

Denuncias y palabras que no frenaron el trabajo de Jesús María, el cual siguió aferrado a sus principios y  sus ideales, posteriormente denuncio la complicidad del Ejército Nacional en las masacres de La Granja en 1996 y El Aro en 1997, en el municipio de Ituango, Antioquia, comandadas por paramilitares.

El 26 de Febrero de 1998 Jesús María Valle se presento ante la Fiscalía para rendir indagatoria por la denuncia de calumnia, en ésta expuso que no había cometido ningún delito, ya que sus denuncias estaban argumentadas y demostraban que el Ejercito Nacional  y  la Policía tenia nexos con el paramilitarismo.

Un día después de esto, el 27 de Febrero de 1998 Jesús María Valle, abogado defensor de Derechos Humanos, fue asesinado por dos hombres y una mujer que entraron en su oficina ubicada en el centro de Medellín, y luego de intimidar a su hermana, quien trabajaba con él fue obligado a acostarse boca abajo, en donde le propinaron dos impactos de bala.

En estos hechos, testigos aseguraron que aproximadamente 16 personas obstaculizaron  la entrada y encubrieron la huida  de los sicarios que acabaron con la vida de Jesús Maria.

En materia de justicia el Juzgado Tercero Penal Especializado de Medellín condenó a 40 años a Álvaro Gómez Mesa y a Jorge Eliécer Rodríguez Guzmán, cooautores del asesinato, éstos no han sido capturados.

Así mismo condenó a Carlos Castaño, como autor intelectual del asesinato de Jesús María Valle.

En el año 2007 el Consejo de Estado estimó que no se adoptaron medidas para proteger la vida de Jesús María Valle y condenó al Estado al pago de una indemnización para la familia del defensor.

En 2008 el caso fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, contra el Estado Colombiano. La CIDH obligó al Estado a reabrir la investigación, y a realizar un acto público donde se reconozca la responsabilidad en este crimen, por otra parte se ordena la colocación de una placa en memoria de Jesús María Valle en el Palacio de Justicia de Antioquia.

El Estado colombiano reconoció ante la Corte Interamericana su responsabilidad por “Omisión”, en las recientes sesiones realizadas en San José de Costa Rica. “Omisión” que pretende ocultar la Actuación estatal. “Omisión” de la responsabilidad de quienes fueron denunciados públicamente por Jesús María como garantes del desarrollo de la estrategia paramilitar en el departamento de Antioquia.

El año siguiente, en 2009 la Fiscalía reabrió el caso y vinculo a Salvatore Mancuso y a Isaías Montes Hernández, alias “Junior”.

En año 2014,  se instalo la placa en el Palacio de Justicia José Félix Restrepo en memoria del defensor de derechos humanos Jesús María Valle, allí el Estado hará orden de perdón. 
Hoy recordamos las palabras de uno de sus amigos, pronunciada el día del sepelio y que hoy siguen vigentes en nuestra Colombia: “En este país las posiciones diferentes, claras y con argumentos sólidos que hablan de las angustias de un pueblo sometido a un conflicto que le ha quitado toda dignidad son acalladas porque, al decir de algunos, hacen parte de uno de los bandos de la guerra. Seguimos en ese punto donde no hay contradictores sino enemigos que se deben eliminar inmediatamente”.

Hoy, sus opiniones, pensamientos, palabras y sentimientos, retumban en la memoria de hombres y mujeres que construyen día a día justicia y que caminan en busca de la verdad y de un país distinto.

Jesús María Valle en la Memoria
Jesús María Valle Sin Olvido


domingo, 25 de agosto de 2019

Luis Felipe Vélez, Héctor Abad y Leonardo Betancur Taborda


25 de agosto de 1987  

El 25 de agosto de 1987, esta fecha quedó escrita en la historia como una de las fechas más oscuras y devastadoras para los defensores de derechos humanos en Colombia. En el centro de Medellín sicarios paramilitares acabaron en un lapso de 10 horas con la vida de los docentes y defensores de la vida Luis Felipe Vélez, Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur Taborda.

El primer asesinado fue Luis Felipe, quien a sus 33 años de edad, ya era Presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA), Directivo de la Federación Colombiana de Educadores FECODE, y reconocido luchador por los derechos sindicales de su gremio. Ese martes, a las 7:30 de la mañana, miembros de la organización paramilitar 'Amor por Medellín', lo acribillaron con ráfaga de ametralladora frente a la sede de la organización que presidia. Paradójicamente, algunos días antes en un discurso había pronunciado una frase casi premonitoria “¡A la vida por fin daremos todo, a la muerte jamás daremos nada!”.

Del asesinato de Luis Felipe fue informado el médico Héctor Abad Gómez, un hombre que dedicó su vida a la docencia, la medicina y los derechos humanos. Sus 66 años de vida le alcanzaron para ser profesor de la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia y catedrático en salud pública. Como periodista fundó el periódico universitario U-235 y fue columnista en El Tiempo, El Mundo y El Colombiano, participando también en espacios de radio, donde expresaba su opinión, cuestionaba y realizaba denuncias de la violencia en Colombia, las desapariciones forzadas, los secuestros cometidos por las guerrillas y también los delitos cometidos por los paramilitares, entre ellos, crímenes selectivos a líderes sociales y a miembros o simpatizantes de la Unión Patriótica (UP); convirtiéndose en un blanco para los grupos a quienes les incomodaban sus posturas.

Abad Gómez fue un hombre que defendió la vida, denunciaba las condiciones básicas que propagaban la desigualdad en Colombia y siempre se opuso a los crímenes cometidos contra los inocentes, responsabilizando al Estado y al gobierno, como actor principal en la promoción de la pobreza, la injusticia y la violencia del país, indicando que el poder y las prioridades del mismo debían cambiar. Después de retirarse como docente se dedicó al cultivo de rosas y al trabajo en el Comité de Derechos Humanos de Antioquia, del cual fue presidente hasta su muerte.

Antes de ser asesinado, Abad Gómez lideró una manifestación recordada como 'La marcha por los claveles rojos' donde tres mil personas protestaron contra la violencia sistemática contra estudiantes y profesores de la Universidad de Antioquia simpatizantes de ideas de izquierda. A su lado caminaron Vélez y Leonardo Betancourt Taborda de 41 años, quien también empeño su vida a la salud y la educación, estuvo dedicado principalmente a la lucha de los docentes, y era miembro y militante activo de la UP. Denunciando diferentes formas de violencia entre 1970 a 1987 como consecuencia principalmente de la corrupción y el narcotráfico.

Alertados por la noticia de la muerte de Vélez, Abad y Betancur llegaron a la sede de ADIDA, allí fueron baleados aproximadamente a las 5 de la tarde, los tres el mismo día, en el mismo lugar; con el claro objetivo de “anular cerebros” por parte de los paramilitares. Después de su muerte se decretó un paro de 72 horas por parte del magisterio antioqueño y se elaboró un pliego donde se manifestaban su apoyo al derecho a la vida, las libertades políticas y democráticas. Luego de la muerte de Abad, el reemplazo de la presidencia del comité de derechos humanos fue Jesús María Valle, quien sería asesinado en 1998.

El proceso jurídico
Después de cerrado el caso, el 13 de febrero de 2012, la Fiscalía General de la Nación reabrió la investigación tras las declaraciones aportadas por el jefe paramilitar Diego Fernando Murillo alias “Don Berna”, quien aseguró que el responsable de los crímenes fue Carlos Castaño, quien consideraba a Héctor Abad como un guerrillero del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Para 2014, la misma entidad declaró estos crímenes como de lesa humanidad, tras comprobar la sistematicidad en los tres casos y como parte del genocidio de la UP, cometido en coordinación de entidades estatales, narcotraficantes y paramilitares. En lo corrido de 1987, fueron asesinados 15 docentes más de ADIDA, y según la organización, desde el año de los asesinatos hasta 2008, 334 miembros de la misma corrieron con la misma suerte.

Legado
Cada 25 de agosto se recuerda a estos anunciadores de verdades y quienes han evidenciado que su lucha es dura y peligrosa dentro de un juego político y económico. Cada víctima ha evocado una memoria diferente, ninguna de ellas ha sido olvidada, el doctor Betancur es recordado por sus amigos, familiares y algunos de sus alumnos de la Universidad de Antioquia; Vélez, es memorable por su labor con los docentes al dejar el Fondo Solidario por Muerte a Educador, de igual forma un grupo de docentes que lo admira creo el Equipo Magisterial Luis Felipe Vélez que recoge las banderas de este líder.

De los tres, es tal vez Abad el más conmemorado. Su hijo Héctor Abad Faciolince, le dedicó su libro 'El Olvido que seremos', título que toma de las letras manchadas con sangre encontradas en el bolsillo de su padre con el verso de Borges. Un libro que inspiraría a su nieta Daniela Abad para realizar junto con Miguel Salazar el documental “Carta a una sombra” estrenado en el año 2015. Su marcha de claveles rojos se sigue realizando en Medellín y cada 25 de agosto la facultad de salud pública de la Universidad de Antioquia celebra el día nacional del salubrista, así como la realización de la cátedra de formación ciudadana Héctor Abad Gómez. El año pasado la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), publicó una serie de podcast en conmemoración de 30 años de su asesinato.

Vélez, Abad y Betancur en la Memoria 
Vélez, Abad y Betancur Sin Olvido

viernes, 7 de junio de 2019

Ana Fabricia Córdoba

                                                          Junio 07 2011 


Ana Fabricia Córdoba lideresa del Urabá, reclamante de tierras, miembro del Movimiento de Mujeres de Negro Contra la Guerra de la Ruta Pacífica de las Mujeres en Colombia, organización que se pronuncia ante las situaciones de violencia que afrontan niñas, jóvenes y mujeres, en el marco del conflicto armado, lideresa de Latepaz (Lideres Adelante por un Tejido Humano de Paz) y de la Mesa Interbarrial de Desconectados.

Desde muy joven padeció la violencia bipartidista y el destierro por la misma, luego, debido a su activismo y compromiso con la comunidad, desde los 51 años de edad, Ana, empezó a sufrir los atropellos cometidos por paramilitares en contra de su familia por el Bloque Bananero de las Autodefensas Unidas de Colombia al mando de Ever Velosa alias “HH” y tras la muerte de su primer esposo se vio obligada a huir del Urabá Antioqueño y luego del asesinato de unos de sus hijos de 13 años de edad paso a refugiarse en la ciudad de Medellín, en el barrio La Cruz, Comuna 3, en 2001.

Desde el año 2002 se intensifico la estrategia paramilitar en los barrios de Medellín especialmente en La Cruz y La Honda y Ana Fabricia valientemente denunció los abusos cometidos por parte de la Policía de la Estación de San Blas (Manrique), quienes torturaban y le dé daban tratos crueles a los jóvenes del barrio entre ellos sus propios hijos.

Sus denuncias también ponían al descubierto la connivencia de la fuerza pública con grupos paramilitares siendo clara en señalar a miembros de la Policía pertenecientes dicha estación, de apoyar la estructura paramilitar en la zona.

Dos años después, fue acusada de ser colaboradora de la guerrilla de las FARC, por lo que estuvo dos meses en la cárcel del Buen Pastor. Ana Frabricia responsabilizó a la Policía del barrio La Cruz debido a las persecuciones y malos tratos de los que sus hijos habían sido víctimas. Seguido de esto, recibió reiteradas acciones de allanamiento sin orden judicial e intimidaciones acusándola nuevamente de ser colaboradora de las FARC.

La persecución nunca cesó y el 7 de julio de 2010 su hijo Jonatan Arley Ospina de 19 años de edad fue asesinado, Ana encontró el cuerpo de su hijo sin vida en el sector de La Honda, contiguo al barrio La Cruz. Jonatan antes de su muerte se comunicó con Ana y le indicó que lo tenía la policía los agentes Carmelo y Osorio y que lo iban a matar.

A partir de este trágico hecho Ana Fabricia denunció con más insistencia la culpabilidad de la policía, que provocó múltiples amenazas contra su vida y su familia. La Policía Metropolita del Valle del Ubarrá le propuso la práctica de un análisis de riesgo, pero la lideresa la negó debido a que sus denuncias eran contra esta entidad del Estado.

En abril de 2011 denunció públicamente la situación de riesgo, las amenazas y hostigamientos durante la sesión del Comité Metropolitano de Derechos Humanos y aun así, el 7 de Junio de 2011 fue asesinada, un hombre le disparó en su cabeza con un arma con silenciador mientras se movilizaba en un bus público de la ruta Santa Cruz. Por temor, sus conocidos, familiares y compañeras del movimiento comunitario de Medellín se desplazaron de la ciudad o se exiliaron.

El caso fue asignado a la Fiscalía número 37 de derechos humanos de Medellín, pero la Fiscal asignada se ha encargado de frenar el proceso para que lo abogados de las víctimas no conozcan ni hagan seguimiento al caso en la fiscalía.

Luego de la muerte de Ana sus familiares continuaron siendo perseguidos, amenazados e incluso asesinados. Más tarde el 1 de febrero de 2014 fue asesinado su hijo Carlos Arturo Ospina, recibió cuatro disparos en su cuerpo en el sector conocido como Naranjal.

El Asesinato de Ana Fabricia evidencia la constante persecución contra los y las líderes comunitarias que trabajan en las diferentes regiones del país y pese a todas las denuncias es clara la negligencia y omisión de parte de las autoridades que no le garantizaron la vida.

En junio de 2018 se dio la captura de Carlos Mosquera Moreno alias “Batei” señalado como responsable del asesinato de la lideresa.  Batei es acusado del crimen, líder de una banda delincuencial denominada los Triana, un grupo sicarial de Medellín.

Desde el 2010 se han intensificado las agresiones individuales contra defensores y defensoras de derechos humanos, siendo asesinatos, organizaciones sociales o de derechos humanos fueron víctimas de algún tipo de agresión que puso en riesgo la vida e integridad de sus miembros, la omisión, ineficacia, negligencia se constituyen en elementos de impunidad que obstaculizan la labor legítima y legal de defensa de los derechos humanos.

Seguimos esperando a que el Estado Colombiano brinde garantías reales a los líderes comunitarios, defensores de derechos humanos y víctimas del conflicto armado en Colombia.


Ana Fabricia Córdoba, en la Memoria
Ana Fabricia Córdoba, Sin Olvido


sábado, 1 de junio de 2019

Padre Sergio Restrepo Jaramillo, S.J.



1 de Junio de 1989

“Lo clavaron con balas en una cruz,lo llamaron bandido, como a Jesus.” Victor Jara

El Padre Sergio, nació en la ciudad de Medellín, departamento de Antioquia, el 19 de Julio de 1939. Su fe religiosa inició antes de terminar el bachillerato, ingresando al noviciado de la Compañía Jesús el 12 de diciembre de 1957, se ordenó como sacerdote jesuita el 7 de diciembre de 1970. 

El Padre Sergio Restrepo siempre fue conocido por ser un hombre sencillo, que ayudaba sin ningún problema a las personas que lo necesitaban. Fue amante del arte y la creatividad, su labor principal fue la comunicación popular. Su trabajo más destacado fue junto al padre Hernando Muñoz, en Tierralta, departamento de Córdoba, trabajo que se prolongó por 10 años y dejó entre sus frutos una biblioteca, llevando educación y la promoción de maestros en todas las veredas de este municipio.

Era un hombre que constantemente acompañaba y visitaba a las comunidades campesinas e indígenas de la zona, fue también amante de la botánica, los habitantes recuerdan que el padre Sergio, gustaba de recoger orquídeas en sus caminatas por la selva, y que tenía gran variedad de plantas en su lugar de residencia.

Tierralta es un municipio de mas 5000 km2, en medio de una zona golpeada profundamente por el conflicto armado, donde, para entonces cuando llegó el padre Sergio se disputaba un control territorial entre el EPL y el bloque dominante de paramilitares comandados por los hermanos Castaño en alianza con el Ejército colombiano. Por su parte, los habitantes del municipio eran frecuentemente hostigados y en ocasiones señalados por supuestamente colaborar con la guerrilla.  

El padre Sergio, consciente de la situación del municipio, emprendió la remodelación de la Iglesia de Tierralta, donde fue bastante relevante el diseño de un mural, que representaba por un lado la fe religiosa, y por el otro la violencia haciendo semejanza a los asesinatos y torturas del municipio, denunciando especialmente el crimen realizado contra el ex sacerdote Bernardo Betancourt quien fue asesinado en Tierralta el 3 de  noviembre de 1988.

Para la base militar de la zona, comandada por el Capitán Cesar Augusto Valencia Moreno, la denuncia del padre Sergio, se interpretó como una ofensa, por lo cual, exigieron en varias ocasiones a los sacerdotes de la iglesia, que modificaran el mural.

Finalmente, luego de que los sacerdotes de la parroquia se negaran valientemente a tapar la verdad, el Padre Sergio fue amenazado. En la mañana del 1 de junio de 1989, dos sicarios que llevaban placas del B-2 (Servicio de Inteligencia del Ejército) acabaron con la vida del padre Sergio a plena luz del día y en complicidad del Comando de Policía del municipio. Este día los mismo hombres ya habían cobrado la vida de personas más en el municipio. El capitán Cesar Augusto Valencia se encontraba en la alcaldía en ese momento, y según los habitantes se veía muy nervioso, como esperando que sucediera algo.

En una de las declaraciones de un paramilitar ante el extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) el 4 de Abril de 1990, se dio testimonio de que los sicarios provenían de la Hacienda Las Tangas, propiedad del narcotraficante Fidel Antonio Castaño Gil, hermano de Carlos Castaño, antiguo jefe máximo del paramilitarismo. El declarante afirmo haber presenciado el asesinato. Sin embargo, en una entrevista con un medio de información, Fidel Castaño mintió sobre tener alguna relación con la muerte del padre Sergio.

Los jóvenes que prestaron el servicio militar de la región durante la época, afirmaron que recibían entrenamiento militar en la Hacienda las Tangas, y que los comandantes y oficiales entraban en la finca y luego salían con gaseosas, cigarrillos, licores para regalar a los soldados rasos.

La hacienda las Tangas, fue famosa por ser un centro de operaciones de grupos paramilitares, en ella se planeo las masacres de “Honduras” y la “Negra” (en el Urabá Antioqueño el 4 de Marzo de 1988) y la “de Mejor Esquina” (Buenavista, Córdoba, 3 de Abril de 1988).

El caso de la muerte del Padre Sergio es ejemplo de una modalidad de guerra en que la Fuerza Pública realiza operaciones conjuntas con el paramilitarismo, vale anotar que estas alianzas son aún vigentes y siguen cometiendo crímenes de lesa humanidad.

En 1990, en su memoria se inauguró el museo arqueológico de Zenú y la biblioteca Casa Campesina con las que el padre Sergio siempre soñó y se creó el festival de la cultura "Sergio Restrepo" que se celebra cada año con danza, poesía y artesanías. Al igual que el Padre Sergio Restrepo Jaramillo, Camilo Torres Restrepo, o el Padre Domingo Laín Sáenz, son muestra del compromiso de vida al entregar su existir al pueblo Colombiano.

Padre Sergio Restrepo en la memoria.
Padre Sergio Restrepo Sin olvido.

lunes, 27 de mayo de 2019

Juan David Quintana Duque

27 de mayo de 2015

El 27 de mayo de 2015 fue asesinado Juan David Quintana en el barrio popular II de la comuna 6, Medellín. Juanda, como era llamado cariñosamente era defensor de derechos humanos, miembro de la Mesa de Derechos Humanos del Valle de Aburrá. Era una persona apasionada por el trabajo comunitario, egresado de la Uniminuto como comunicador social, fue un gestor cultural y artístico y trabajó en la red de bibliotecas públicas de la alcaldía.

Juan David, quién para entonces tenía 34 años y también se había desempeñado como un líder comunitario de la Comuna Seis, en el barrio Doce de Octubre, en Medellín, una zona en la que además había vivido por décadas junto a su esposa, dos hijos y su madre. Fue fundador de Movilicémonos Pueblo un colectivo urbano desde el año 2006, el cual, además estaba vinculado a Marcha Patriótica en Antioquia.

Lideró el Núcleo del Pensamiento, era promotor de la lectura y bibliotecario. En el año 2011, Juan David ingresó al Consejo de Padres de la Institución Educativa Santander y desde allí denunció el maltrato físico y psicológico al que eran expuestos los niños y niñas de la institución.

El líder había enviado una carta que constataba la situación y daba cuenta de las denuncias. Luego de esto, la respuesta fue una amenaza que lo obligó a desplazarse. Tiempo después le fue posible retornar, es así como continúo con su labor y en el año 2015 denunció el mal manejó que se le estaba dando a los recursos de Presupuesto Participativo y la forma en que estos recursos públicos estaban siendo aprovechados por paramilitares.

Desde entonces, se fijó a Juanda como objetivo militar de los criminales en Medellín. Sin embargo, reiteró las denuncias puesto que estos dineros podrían favorecer intereses políticos y criminales, haciendo énfasis en la problemática del cobro de las “vacunas” y las pequeñas extorsiones que sostenían actividades ilícitas en la ciudad. Al mismo tiempo, el defensor para entonces encontró un espacio para promover sus iniciativas de lectura popular y grupos de Hip-Hop.

Luego, en 2015 mientras estaba cursando un diplomado de artesanías en la Biblioteca España, el 27 de mayo de dicho año fue asesinado por sicarios en una moto, quienes con sevicia perpetraron el crimen y silenciaron esa voz que defendía la dignidad humana con 25 disparos de una subametralladora. Juanda cayó al suelo al lado de su moto, los verdugos huyeron impunes del lugar.

Su muerte fue consumada en un sitio en el que existen cuadrantes de policía permanentes y posterior a los hechos la institucionalidad quería dañar la imagen del defensor para ocultar el crimen, la Alcaldía como la policía propagaron ideas erradas sobre Juan David, el coronel en retiro Sergio Vargas, para entonces secretario de seguridad de Medellín afirmó por Blu Radio que tenía antecedentes y cuestiono su condición como defensor de derechos humanos.

Todo ello como una estrategia para estigmatizar y perseguir la labor de este defensor. Aún siendo vilmente asesinado su nombre fue utilizado para mantener la impunidad, sabiendo que habría sido asesinado por paramilitares de la oficina de Envigado. Aunque el crimen es impune y a pesar de las maniobras para manipular los hechos, Juanda y su memoria sigue viva junto a sus ideas, con sus familiares, amigos y académicos con los que compartió, quienes lo recuerdan hoy con un mensaje de esperanza que dice “En el mundo se ha desatado un tráfico de sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte”. 

Juan David Quintana en la memoria
Juan David Quintana Sin Olvido


lunes, 10 de diciembre de 2018

Francisco Eladio Gaviria

10 de Dic 1987 

Hace 31 años, un jueves 10 de diciembre de 1987, unidades militares adscritas a la IV Brigada del ejército, en desarrollo de una acción encubierta, en el marco de la aplicación del plan de exterminio contra la Unión Patriótica conocido como “Baile Rojo”, detuvieron arbitrariamente, desaparecieron, torturaron y posteriormente asesinaron a FRANCISCO ELADIO GAVIRIA JARAMILLO, a quien familiares y amigos lo llaman de cariño PACHO.
Ese jueves, día Internacional de los Derechos Humanos, hacia las 10:30 a.m., PACHO se encontraba en la casa ubicada en la Calle 57 No. 50-32 donde funcionaba la Cooperativa de Trabajadores de Simesa, lugar donde realizaba sus prácticas de comunicador social. Al sitio llega un comando armado del ejército algunos ingresan a la cooperativa mientras otros detienen el tráfico para facilitar la huída del céntrico sector de la ciudad de Medellín. Luego de identificar a PACHO entre los presentes, lo llevan consigo hacia las instalaciones de la IV Brigada.

Los familiares de PACHO luego de buscar por muchos lugares, llegan a la IV Brigada, donde un coronel realiza el espectáculo del ocultamiento, negando, tergiversando y amenazando a los familiares con demandarlos por calumnia.

Al siguiente día, en la mañana, aparece el cuerpo sin vida de PACHO en el sitio conocido como “La Loma del Esmeraldal” en el municipio de Envigado. El cuerpo de PACHO, desnudo, envuelto en un costal y atado con alambre de púas. El cuerpo de PACHO, con los signos de la tortura, de la crueldad, las costillas rotas, los labios y ojos quemados, laceraciones y golpes en toda su humanidad. El cuerpo de PACHO, con un impacto de bala en la cabeza, signo de que fue asesinado por sus sueños, por sus ideas de una nueva sociedad.

El cuerpo de PACHO fue sepultado por sus familiares y amigos el 12 de diciembre, en medio de amenazas. Solo el cuerpo, porque sus sueños permanecen en su esposa, en su hijo, en sus hijas, en la familia, en sus amigos y compañeros de partido, en la Unión Patriótica, y hoy animan el Movimiento de HIJ@S por la Memoria y contra la Impunidad.

En la conmemoración de los 20 años, en el homenaje realizado por sus HIJ@S, Alejandra y Manuela expresaron:
“…el asesinato de FRANCISCO GAVIRIA, mi padre, se produce en el contexto del plan baile rojo, implementado a partir de agosto de 1986 y dirigido a exterminar a los dirigentes y militantes de la Unión Patriótica que fueran elegidos a corporaciones públicas en marzo de 1986 y que habían participado activamente en las campañas de elección presidencial de mayo de 1986. Acto sucedido, creemos nosotros, por la gran aceptación y por el inesperado triunfo de la Unión Patriótica, que tuvo en estas elecciones. También se producen estos actos de asesinatos de los militantes de la Unión Patriótica en un contexto de persecución y muerte a reconocidos líderes de movimientos de izquierda, profesores y estudiantes de la universidad de Antioquia, dentro de los que se encontraba mi padre, que era estudiante de último semestre de comunicación social.
Ahora bien, les hablaré de quién era él.

Historia de vida. FRANCISCO ELADIO GAVIRIA era el segundo de una familia de doce hermanos, su padre tenía un negocio en el campo de los implementos odontológicos y su madre era ama de casa. Era padre de dos hijas que en el momento de su muerte tenían 6 y 8 años y de un hijo que estaba en el vientre de su madre y tenía a penas seis meses. Era estudiante de comunicación social y periodismo en la universidad de Antioquia se encontraba en los últimos semestre de la carrera, combinaba el estudio con su trabajo que siempre fue en el sector público, inicial mente en el municipio de Medellín y posteriormente en la empresa antioqueña de energía EADE en el área de las relaciones industriales. En agosto de 1987 se había desvinculado de EADE porque empezó a hacer su práctica universitaria en la cooperativa de trabajadores simesa. 
Su actividad política.

Desde su adolescencia inicia su actividad política haciendo parte de la juventud comunista donde se destaca por su disciplina y compromiso específicamente en la actividad propagandística hizo parte de una brigada de pintura mural llamada Hernando González para divulgar las propuestas electorales del partido comunista. En época de elecciones era común encontrarlo por las calles de Medellín adornando los muros con sus artísticos llamados para votar por el cambio y por un nuevo país. FRANCISCO GAVIRIA quien se destacaba por su eficaz activismo político en procura de posesionar a la Unión Patriótica a lo largo y ancho del departamento de Antioquia, participó desde sus habilidades desde lo que le gustaba y desde lo que estudiaba, es decir a través de la parte comunicativa en el trabajo que requirió la elección popular a corporaciones públicas y a la presidencia de la república aquí en Antioquia.

En ese sentido, su trabajo fue importante para lograr el triunfo del senador de la UP Jaime Montoya con suplencia ejercida por pedro Luis Valencia Giraldo y del representante a la cámara Ovidio Marulanda, así como el diputado Gabriel Jaime Santamaría, recordar que Pedro Luis Valencia Giraldo y Gabriel Jaime Santamaría fueron asesinados también.

FRANCISCO GAVIRIA fue retenido, desaparecido, torturado y asesinado el 10 de diciembre de 1987, paradójicamente el día internacional de los derechos humanos, unos meses después del asesinato del senador en ejercicio de la Unión Patriótica Pedro Luis Valencia homicidio perpetrado el 14 de agosto del mismo año. Además hizo parte de la horrible lista de 17 universitarios entre profesores y estudiantes de la universidad de Antioquia que fueron asesinados en el año 87 y para ser más específicos 17 universitarios que fueron asesinados en el segundo semestre del año 87, es decir en seis meses. Dos meses después de la muerte de FRANCISCO, el 22 de febrero de 1988, fue asesinado su amigo el personero auxiliar de Medellín Carlos Gónima López, militante de la Unión Patriótica, quien hiciera un especial reconocimiento a mi. papá como persona y activista político en el discurso de su entierro.

En este contexto de exterminio contra los integrantes de la Unión Patriótica en ese mismo año fueron asesinados entre muchos, muchos, muchos, los líderes del movimiento político que continuación mencionaré: Alberto Angulo Gómez en Apartadó, dirigente sindical asesinado el 29 de septiembre de 1987, Froylan Giraldo Echaverria en San Rafael dirigente sindical asesinado el 28 de noviembre de 1987, Pablo Emilio Córdoba Madrigal en Puerto Nare dirigente sindical asesinado el 30 de septiembre de 1987, Mercedes Nevado en Puerto Boyacá, Alberto León Muñoz Lopera en Medellín, Luz Marina Ramirez Giraldo, Maria Concepción Bonilla, Miriam Sausa, Pedro Sandoval y Orfelina Sanchez, estudiantes muertos en la masacre del 24 de noviembre en la sede de la juventud comunista en Medellín.

Hechos. 
El jueves 10 de diciembre de 1987 al comienzo de la mañana FRANCISCO realiza algunas actividades en la universidad de Antioquia luego se dirige a la cooperativa de trabajadores simesa, este día estaba cerrada porque estaban en inventario, entonces estaba cerrada al público, pero todos los trabajadores debían ir. A las 10:30 de la mañana tocan la puerta ingresan varios hombres, 8 más o menos, algunos armados y vestidos con prendas militares, intimidan a los presentes y piden la identificación a cada uno, cuando llegan a mi papá dicen este es. FRANCISCO grita desesperadamente que por favor lo ayuden, que no dejen que se lo lleven. FRANCISCO es sacado violentamente de las instalaciones de la cooperativa y lo introducen en uno de los vehículos, cabe anotarse que la cooperativa de trabajadores quedaba en pleno centro de Medellín en la calle 57 con carrera 4, cosa que le importó a los secuestradores para detener tranquilamente el tráfico vehicular colocando hombres armados en la vía pública mientras lograban su objetivo.

La familia empieza una labor de búsqueda van a los organismos de seguridad del estado como el DAS, F-2, policía metropolitana y IV Brigada. Se nos hace un anunció que en la IV Brigada un soldado vio entrar a un taxi con cuatro personas detenidas, una de ellas con la descripción física de mi padre.

Se logra un permiso para entrar a las instalaciones de la IV Brigada acompañados por una comisión de la Procuraduría General y un funcionario del municipio, adentro el coronel de la IV Brigada niega todo pero un soldado afirma que entraron cuatro civiles detenidos a la IV Brigada, a él no le queda más que aceptar pero muestra cuatro cédulas de las cuales ninguna coincide con FRANCISCO GAVIRIA. Después, maltrata verbalmente a la familia y los amenaza con demandarlos por calumnia. Hace una rueda de prensa por la noche y al otro día se va de misión internacional al exterior.

El 11 de diciembre, es encontrado el cuerpo sin vida de FRANCISCO GAVIRIA en la loma “El Esmeraldal” del municipio de envigado, desnudo, envuelto en un costal y amarrado con alambre de púas, con visibles huellas de tortura, costillas fracturadas, labios y ojos quemados, laceraciones en todo el cuerpo, hematomas e impactos de arma de fuego.
Estado de impunidad.

La investigación por desaparición forzada, secuestro y homicidio es iniciada en el juzgado 43 de instrucción criminal el cual el 27 de febrero de 1992 profirió auto inhibitorio por no haber logrado identificar a responsable alguno de los hechos y dispuso el archivo definitivo de las diligencias. Aunque se ha pedido información sobre el proceso y la familia pretendió constituirse en parte civil en el proceso penal, la respuesta fue el reenvío de las diligencias al archivo general fundamentando que no se presentaba motivo alguno que ameritara dar apertura a las instrucción.
Consecuencias.

Inmediatamente después toda la familia tuvo que salir de la ciudad, la que se quedó fue constantemente intimidada por parte de personas extrañas que constantemente los fotografiaban, un hermano de FRANCISCO queda con problemas psiquiátricos desarrollando una esquizofrenia con delirio de persecución y teniendo que tomar medicina de por vida. 
A sus dos hijas se les negó el derecho natural de un padre, de continuar compartiendo con su padre la vida y la posibilidad de una familia completa. Y a su hijo menor no se le dio ni siquiera la oportunidad de conocerlo.
Consecuencias políticas. 
Por otra parte, al Partido Comunista, a la Unión Patriótica y a la sociedad colombiana en general se le negó la posibilidad que un ser como FRANCISCO GAVIRIA siguiera pensándose el país, trabajando y aportando con ideas transformadoras a la construcción de un mejor país. Además teniendo en cuenta que el caso de PACHO no fue aislado, sino que hace parte de los miles perpetrados en contra del movimiento político Unión Patriótica, también se le negó la posibilidad al país de una alternativa democrática al poder, distinta al bipartidismo tradicional y lo que es aún más importante, se le negó al país la posibilidad de superar la ya común y parece perpetua practica política de concebir como un enemigo al que tiene una propuesta distinta y de resolver esta diferencia a través del uso de las armas y por lo tanto de la eliminación física del opositor.
La última consecuencia directa de esto, es que a nosotros sus hijos, no solo los hijos de FRANCISCO sino los hijos de miles de personas nos pusieron nuestra historia de frente y tuvimos una decisión que tomar o decidimos olvidarlos o decidimos recordarles, así que la consecuencia directa de todos estos actos es que nosotros los hijos decidimos ponernos de frente a la historia de FRANCISCO y de miles otros, decidimos recordarlos con dignidad, y estar no solo pidiendo justicia ante entes institucionales y gubernamentales sino también viviendo y recordando desde nuestras formas, desde lo que sabemos hacer, desde el arte, desde la historia, desde lo que estudiamos es por eso que les hago la extensiva invitación a que el 10 de diciembre día internacional de los derechos humanos, día de la conmemoración de los 20 años del asesinato de FRANCISCO GAVIRIA, día en que vamos a conmemorar la muerte de los 17 asesinados en la universidad de Antioquia, nos acompañen en la plazoleta Barrientos para que la gente nunca olvide a estas personas que lo único que tuvieron fue ganas de transformar un país y dignidad para su lucha.” [1]

“Papa te recordamos como un hombre muy especial, feliz, soñador, amante y defensor de la vida y la libertad. Tu asesinato y de muchos de tus compañeros, no solo fue un golpe atroz para tu familia y amigos, sino para un país en el que aún no cambian las condiciones y situaciones de vulneración de los derechos humanos; hombres y mujeres como ustedes le hacen falta a este país”.

“Hoy, compartimos este espacio con ustedes amigos, familiares, estudiantes, profesores, ciudadanos del común, para colectivamente rendirle un homenaje a FRANCISCO GAVIRIA, PACHO y demás estudiantes del alma mater de esta universidad, asesinados hace 20 años. PACHO, nuestro padre, era un hombre joven, para unos tímido, para otros serio, para unos osado, para otros muy prudente, a quien se le impone la muerte a sus 33 años de edad. Desde que era un adolescente empezó a formar parte del Partido Comunista, en los años 70 fue miembro de la dirección regional de la Juventud Comunista aquí en Antioquia y un destacado dirigente universitario. Gracias a estas cualidades, en el año de 1973 es invitado a Alemania a estudiar filosofía y economía. A su regreso continúo con sus estudios de comunicación social y periodismo, aquí en la universidad de Antioquia. Sabemos que para PACHO tuvieron que existir fechas invaluables que recordar y que marcaron su vida. Tales fechas como el nacimiento de sus dos hijas, la posterior noticia del conocimiento de su nueva paternidad, pero creemos que una fecha importante fue mayo de 1985, mes del lanzamiento de la Unión Patriótica, del lanzamiento de un sueño propio y colectivo por un país justo, democrático y en paz.
Y es irónicamente este sueño por el que le quitan la vida a él y a otras cinco mil personas de la Unión Patriótica. Es por eso que hoy, los hijos y las hijas de esta historia de violencia se paran en esta universidad en Antioquia de cara al país, como una fuerza alegre, solidaria, propositiva y creativa. Convencidas de la necesidad de reconstruir nuestra memoria y dar a conocer nuestra verdad. Convencidos de que nosotros los hijos y nuestros compañeros de generación, que por cierto, aquí veo a muchos, tenemos un aporte pendiente y necesario para la construcción del país que aún seguimos soñando y para que nuestra historia, esa historia trágica, no se vuelva a repetir.
Muchos se preguntan ¿para qué tener memoria? ¿Para qué recordar a pedro luis, a pacho, a Gónima, su amigo entrañable, a todas las personas asesinadas de aquí de la universidad de Antioquia? y la respuesta desde este grupo de jóvenes es que la memoria nos tiene que servir para concienciar, manifestar y exigir que nunca más un día internacional de los derechos humanos y ningún otro día, sea un día de desapariciones.

Que nunca más sea un día de asesinatos. 
Que nunca más sea un día de vulneraciones a la vida. 
Que nunca más la universidad sea objetivo de exterminio. 
Que nunca más vivamos un año en el que se asesinen integrantes de la comunidad educativa como causa de la intolerancia política. 
Que nunca más la barbarie y las balas sean la respuesta al pensamiento.
Queremos entonces, que la reconstrucción de nuestra memoria, desde el mundo académico, nos sirva para que siempre se defienda la libertad de pensamiento y creación desde su mundo político. Queremos que en este país no se mate a la gente por su pensamiento político distinto, porque si algo todos aquí hemos aprendido de nuestra historia es que todos, demócratas, comunistas, conservadores, debemos tener un lugar en este país.

La reconstrucción de nuestra memoria le sirve al país y a nosotros sus ciudadanos, para que generemos medidas de rechazo y repudio a las vulneraciones a los derechos humanos. Y finalmente esta mirada hacia atrás que estamos haciendo hoy y que ojala la hagamos permanentemente, esa historia que construimos a través de nuestra propia experiencia, nos debe posibilitar nutrir las nuevas propuestas y miradas hacia el futuro y de transformación que nosotros como nueva generación venimos impulsando. Es por eso que hoy, le hacemos entrega a la universidad de Antioquia de una propuesta curricular de trabajo por la memoria y les dirigimos una invitación especial a todos ustedes, a todos los que nos están escuchando hoy y a esta ciudad en general, para que se unan a este sueño que creemos nos traerá frutos para nuestro presente y futuro.

Y es también por esto, que hoy recibimos con felicidad de quien ha logrado lo que le pertenece y es el título de comunicador social y periodista, que la facultad de comunicación social de la universidad de Antioquia le ha otorgado a mi papá. Orgullosos porque esta es una primera medida de reparación y dignificación que hemos logrado después de tantos años de impunidad e invisibilización, y que estamos seguros será el primer paso para que a todos, a nuestros 16 padres y madres asesinados de esta universidad, se les haga el mismo reconocimiento.

Así, encontrarnos en esta plaza, como todos lo han experimentado en el fondo, era una disculpa para sacar nuestro miedo y nuestra historia y también para sacar nuestra apuesta por un país distinto.
Es un homenaje a la vida, a los seres humanos, a la posibilidad de permitir encontrarnos en lo más esencial, es decir, en la solidaridad y en el afecto. Por lo tanto, lo que nos permite pararnos aquí es un profundo respeto por la vida, por las libertades, por las ideas diversas y en muchos casos también contradictorias. Pero si estamos diciendo que todo esto que hoy armamos aquí, una galería de la memoria, varios recordatorios, todo lo que vimos hoy en esta tarima, si esto es un homenaje a la vida es también un homenaje a ustedes, nuestras madres y padres vivos y otros tantos putativos, es un homenaje a su valentía, a sus pasos dignos por estos duros 20 años, nosotros somos el fruto de su fuerza y esperanza y son los causantes de que hoy estemos aquí. Ustedes y nosotros hemos logrado demostrar que el proyecto de los asesinos falló y si que falló, no nos pudieron cortar lo que es nuestra gran e inmensa herencia, la utopía” . [2]

“Los que planearon tu muerte pensaron que te desaparecerían para siempre, pero se equivocaron, lo que hicieron fue sembrarte en nuestro corazón, cada día tu recuerdo y tus sueños, siguen creciendo en nosotros con más fuerza”.


Francisco Eladio Gaviria en la memoria
Francisco Eladio Gaviria Sin Olvido 

Notas

[1Apartes de la presentación de ALEJANDRA GAVIRIA en la Audiencia Ciudadana por la Verdad sobre los crímenes de Lesa Humanidad ocurridos en Antioquia, realizada en la ciudad de Medellín el 7 de diciembre de 2007
[2Palabras de MANUELA GAVIRIA en la Conmemoración de los 20 años de PACHO GAVIRIA en la Plazoleta Barrientos de la Universidad de Antioquia, 10 de diciembre de 2007

jueves, 24 de agosto de 2017

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta


A veces me parece que el tiempo no pasara desde ese agosto de muertes, exilio y horror de 1987. Hace treinta años asesinaron en Medellín, entre muchos, a Pedro Luis Valencia, Luis Felipe Vélez, Héctor Abad y Leonardo Betancur. Poco antes o después mataron a muchos otros profesores y estudiantes universitarios en la ciudad.

Y hoy siguen matando a los nuevos líderes y defensores/as de la vida, los derechos, la tierra y la dignidad en todas las regiones del país.

Parece increíble que los crímenes de hace treinta años todavía sigan impunes. Que la impunidad se haya convertido en combustible de nuestras violencias y en una especie de condición fatal de nuestra vida en sociedad. Y que los crímenes de hoy sigan cubiertos por el mismo manto de dudosa y desesperante impunidad. Parecería, además, que los asesinatos de hace treinta años tuviéramos que entenderlos y aceptarlos, resignados, como parte de la guerra irregular que padecimos en el último medio siglo. Y que los de hoy fueran el coletazo de la misma guerra y tuviéramos que aceptarlos pasivamente como el costo inevitable de una paz esquiva.

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta. Los seleccionaron bien para que el mensaje fuera claro: decapitar el pensamiento crítico, los liderazgos sociales y las organizaciones políticas y populares. Quitarle piso y legitimidad a la defensa de los derechos humanos. Y, con el asesinato del profesor Abad, un liberal valiente e inteligente que llegaba a sus 66 años y ya sólo quería cultivar sus nietos, sus amigos y sus rosas, intimidarnos a todos haciéndonos sentir que la próxima víctima podía ser cualquiera de nosotros.

La prepotencia de los perpetradores los llevó inclusive a dar preavisos. Al doctor Abad lo incluyeron en una lista de amenazados de la que él, en su mezcla de humor e ingenuidad, dijo sentirse honrado por la calidad de los demás señalados. Y a Leonardo, ocho años antes de asesinarlo, lo detuvieron y encarcelaron sindicándolo de subversivo por atender a un campesino acusado después de guerrillero. Abad le llevó entonces a Leonardo sus estudiantes a la cárcel. Y éste empezó su clase en cautiverio con la célebre frase: “como decíamos ayer…”. Ambos enseñaron desde allí, a sus alumnos y a los demás prisioneros, lecciones imborrables de libertad, dignidad y coherencia.

No sólo fue letal aquel agosto de 1987. Según una tesis doctoral, entre 1985 y 2005 sólo en Antioquia fueron asesinados 398 docentes, un promedio anual de 20. La inmensa mayoría, 91%, eran maestros de primaria y secundaria, y 21 - 5% del total - docentes de mi Universidad de Antioquia. Todos eran, al mismo tiempo, líderes sociales, defensores de derechos humanos, o sindicalistas y militantes de organizaciones políticas. ¿Quién los mató? No se ha podido (o querido) demostrar de manera inequívoca hasta ahora. Pero todo indica que fueron organizaciones paramilitares, agentes de seguridad del Estado y grupos guerrilleros. Es de esperarse que, con valor, rigor y ecuanimidad, las distintas instancias de la Justicia Especial para la Paz aclaren por fin la verdad y hagan justicia.

Cuando se pensionó en 1982, le dije en un homenaje al doctor Abad: “el sembrador siempre nace”. Se lo repetí, ya él ausente, al conmemorar 20 años de su muerte. Y hoy se lo repito a él, se lo digo a los 398 maestros/as asesinados, y a todos los líderes que siguen siendo víctimas de este exterminio que no cesa.

A mediados de ese agosto trágico de 1987, todavía en compañía de Abad y Leonardo, titulé mi intervención en las exequias de Pedro Luis Valencia: “muertes que son semillas”. Hoy, treinta años después, puedo decirles a ellos, a todas las víctimas de asesinatos político-sociales y a los que todavía seguimos vivos, que efectivamente sus muertes sí fueron semilla. Que sus semillas siguen germinando. Y que, si al fin aprendemos a convivir con justicia, dignidad y sin matarnos, sus muertes no fueron en vano.

Saúl Franco,
Médico social.


Bogotá, 23 de agosto de 2017.

jueves, 5 de junio de 2014

Vigilia en Memoria de las Víctimas de Desaparición Forzada de la Comuna 13


Organizaciones de víctimas y organizaciones sociales de la ciudad hacemos un extenso llamado a la comunidad y a los medios de comunicación para que nos acompañen a celebrar la memoria de la víctimas, exigir su búsqueda y el cierre de la Escombrera en la Vigilia en Memoria de las Víctimas de Desaparición Forzada de la Comuna 13.

La Escombrera, que inició como un botadero de materiales, se convirtió en un lugar estratégico respecto a todo lo acontecido en la Comuna 13, especialmente en el tema de las Desapariciones Forzadas, pues ha sido señalado como fosa común para enterramientos clandestinos de personas que eran detenidas o sacadas de sus viviendas por paramilitares del Bloque Cacique Nutibara que actuaron en connivencia con miembros de la Fuerza Pública durante las operaciones militares del 2002 (Mariscal y Orión y posterior a ellas), dirigidas por el entonces comandante de la IV Brigada, general Mario Montoya y el coronel de la Policía Metropolitana del Valle del Aburra, Leonardo Gallego, éstos, bajo las órdenes del presidente en ese momento, Álvaro Uribe Vélez; información confirmada por el desmovilizado del Bloque Cacique Nutibara Juan Carlos Villa Saldarriaga alias Móvil 8.

Ante la falta de voluntad política para el esclarecimiento de los hechos en la Comuna 13 y para la búsqueda de los detenidos desaparecidos, tras años de denuncias y teniendo pruebas suficientes para el cierre inmediato el lugar continúa abierto, con un alto flujo de volquetas que siguen ocultando la verdad bajo los escombros.

Por eso, ante la impunidad nos reunimos para exigir la verdad y la justicia que se ha negado y se ha silenciado en la ciudad durante tantos años.

Tendremos transporte con previa inscripción el correo electrónico: antioquia@movimientodevictimas.org.

Para mayor información escriba a: comunicacionescjl@gmail.com 

NOTA: Si usted decide subir por su cuenta los carros suben por la entrada de Terrígenos, donde está los nuevos edificios de Altos de San Juan.

Invita: Mujeres Caminando por la verdad, MOVICE, Fundación Obra Social, Corporación Jurídica Libertad

domingo, 1 de junio de 2014

Padre Sergio Restrepo Jaramillo

1 de Junio de 1989- 1 de junio de 2014.


“lo clavaron con balas en una cruz,
lo llamaron bandido, como a Jesús.” Víctor Jara

El Padre Sergio Restrepo siempre fue conocido por ser un hombre sencillo, que ayudaba sin ningún problema a las personas que lo necesitaban, además fue amante del arte y la creatividad, su labor principal fue la comunicación popular. 

Al igual que el Padre Sergio Restrepo Jaramillo, Camilo Torres Restrepo, o el Padre Domingo Laín Sáenz, son muestra del compromiso de vida, cambiar radicalmente la pobreza, de entregar la vida entera al Pueblo Colombiano.

El Padre Sergio, nació en la ciudad de Medellín, departamento de Antioquia, el 19 de Julio de 1939. Su fe religiosa inicio antes de terminar el Bachillerato, ingresando al noviciado de la Compañía Jesús el 12 de Diciembre de 1957, se ordenó como sacerdote jesuita el 7 de Diciembre de 1970. 

Su trabajo más destacado fue junto al padre Hernando Muñoz, en Tierra Alta, departamento de Córdoba, trabajo que se prolongó por 10 años y dejo entre sus frutos una biblioteca que cuenta con 9000 libros, llevando educación y la promoción de maestros en todas las veredas del este municipio.

Era un hombre que constantemente acompañaba y visitaba a las comunidades campesinas e indígenas de la zona, fue también amante de la botánica, los habitantes recuerdan que el padre Sergio, gustaba de recoger orquídeas en sus caminatas por la selva, y que tenía gran variedad de plantas en su lugar de residencia.

Tierra Alta es un Municipio de mas 5000 km2, en medio de una zona golpeada profundamente por el conflicto armado, donde el bloque dominante eran los paramilitares en alianza con el ejercito colombiano. Por su parte, los habitantes del municipio eran frecuentemente hostigados y en ocasiones señalados por supuestas colaboraciones con la guerrilla. 

El padre Sergio, consciente de la situación del Municipio, emprendió la remodelación de la Iglesia de Tierra alta, donde fue bastante relevante el diseño de un mural, que representaba por un lado la fe religiosa, y por el otro la violencia haciendo semejanza a los asesinatos y torturas del municipio, denunciando especialmente el crimen realizado contra el ex sacerdote Bernardo Betancourt quien fue asesinado en Tierra Alta el 3 de Noviembre de 1988.

Para la base militar de la zona, comandada por el Capitán Cesar Augusto Valencia Moreno, la denuncia del padre Sergio, se interpreto como una ofensa, por lo cual exigieron en varias ocasiones a los sacerdotes de la iglesia, que modificaran el mural.

Finalmente, luego de que los sacerdotes de la parroquia se negaran valientemente a tapar la verdad, el Padre Sergio fue amenazado. En la mañana del primero de Junio de 1989, dos sicarios acabaron con la vida del padre Sergio a plena luz del día y en complicidad del Comando de Policía del municipio, el capitán Cesar Augusto Valencia se encontraba en la alcaldía en ese momento, y según los habitantes se veía muy nervioso, como esperando que sucediera algo.

En una de las declaraciones de un paramilitar ante el Departamento Administrativo de Seguridad ( DAS) el 4 de Abril de 1990, se dio testimonio de que los sicarios provenían de la Hacienda Las Tangas, propiedad del narcotraficante Fidel Castaño Gil, hermano de Carlos Castaño, antiguo jefe máximo del paramilitarismo. Padre Sergio Restrepo Jaramillo, el declarante afirmo haber presenciado el asesinato. Sin embargo, en una entrevista con un medio de información, Fidel Castaño mintió sobre tener alguna relación con la muerte del padre Sergio.

25 años después de su asesinato, sus compañeros y amigos lo recuerdan como un hombre que dejo un gran legado por donde pasaba, entre ellos la botánica.

Padre Sergio Restrepo en la memoria.
Padre Sergio Restrepo Sin olvido.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Operación Orión

16 de octubre 2002 - 16 de octubre 2013


Las lágrimas se nos están acabando de tanto dolor”.

Víctima sobreviviente de la Operación “Orión



En aplicación de la llamada "seguridad democrática" en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, altos mandos de las fuerzas militares y policiales, como los generales Mario Montoya y Leonardo Gallego, ordenaron a paramilitares al mando de Diego Fernando Murillo participar en una operación de arrasamiento en la Comuna 13 de Medellín, denominada "Orión".

La Comuna 13 está Ubicada al oeste de la ciudad de Medellín, a diez minutos de la Alpujarra, donde está la Gobernación y la Alcaldía. Ha sido durante muchos años golpeada por la pobreza y la exclusión, es un sector deprimido, sujeto a las laderas de una montaña y lleno de caminos, empinadas escaleras, callejones, callejuelas y rincones. Con 200.000 habitantes la mayoría de ellos y ellas víctimas de la exclusión social, expulsados del sistema capitalista. Pese a ello, a las huellas de la violencia y el arrasamiento de la vida los familiares han conseguido resistir en sus territorios y organizarse para reivindicar el respeto a la vida en medio de la guerra y la justicia, verdad y reparación en medio de las numerosas víctimas dejadas luego de sucedida la operación “Orión”.

En el marco de la llamada “seguridad democrática” del ex presidente Álvaro Uribe y con la supuesta intención de pacificar la zona, el día 16 de Octubre del 2002, entró en acción la operación Orión, cuya intención fue sacar las guerrillas y tener el control territorial de la Comuna. De este modo fueron utilizados cinco batallones de la IV Brigada, el batallón contra-guerrillero del ejército, la policía y el DAS, todos ellos en colaboración con los paramilitares de la región, la operación contó con cerca de tres mil efectivos, dando comienzo antes de la media noche con los largos enfrentamientos.

En medio del combate, el desespero y la angustia acrecentaron; la guerra continuó, helicópteros, tanquetas y efectivos dispararon contra todo y contra todos, sin detenerse. Ni siquiera el repliegue de las guerrillas, disminuyó la hostilidad de la fuerza pública la cual continuó con sus ataques sin retroceder un centímetro.

Esas horas de terror, que se prolongan 10 años después en sus efectos en el subconsciente colectivo, contaron con allanamientos ilegales, capturas masivas, ejecuciones extrajudiciales, muertes de civiles, desapariciones forzadas, e incontables violaciones a sus derechos, además de hacer daños colectivos en la Comuna 13.

Con las declaraciones de alias “Don Berna” años después, el país confirmó que los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara colaboraron con la operación Orión de la mano del General de la IV Brigada, Mario Montoya. Con el proceso de desmovilización paramilitar que sumió al país en la impunidad, alias “Don Berna” aseguró que más de 300 personas fueron desaparecidas y asesinadas tras dicha operación y que sus cadáveres se encuentran repartidos en distintas fosas comunes en el botadero de escombros conocido precisamente así, como “La Escombrera”.

Adriana Arboleda abogada de la Corporación Jurídica Libertad y parte civil en el proceso, asegura que después de una década de cometida esta operación el proceso jurídico se reduce a una palabra, impunidad.

Tras el largo enfrentamiento, las AUC aseguraron la supuesta “pacificación” de la zona por medio de la desaparición forzada de los pobladores. Convirtiendo la operación no sólo en el mayor desplazamiento urbano de la historia colombiana, sino en un prolongado sufrimiento e incertidumbre de cientos de familias que vieron desaparecer entre las calles de Medellín a sus seres queridos. La operación militar, no fue entonces una solución a la vulnerabilidad de la población, sino una entrega del territorio a otros actores del conflicto, profundizando la violencia.

Después de 11 años la Comuna 13 sigue militarizada, los habitantes continúan pagando vacunas y la violencia es latente. La operación militar que mató a quienes nada tenían que ver con la guerra y que desapareció a otros tantos para garantizar la supuesta “seguridad democrática” sigue cubierta por el velo de la impunidad. Estas son, a lo sumo, consecuencias de una perspectiva guerrerista de la paz que poco tiene que ver con la justicia y que tanto han herido a Colombia.

Pero hoy, poco más de una década, la Comuna 13 sigue siendo un territorio de esperanza, de reclamos y reivindicaciones, hoy los habitantes no sólo resisten a la violencia sino que están construyendo Paz desde los territorios.

Víctimas de la masacre de la Operación Orión en la memoria

Víctimas de la masacre de la Operación Orión Sin Olvido

miércoles, 27 de febrero de 2013

Jesús Maria Valle

27 febrero 1998 -  27 febrero 2013

Jesús María Valle Jaramillodefensor de la vida y los derechos humanos. De sus entrañas, de caminantes a su lado, de la andadura en la memoria contra la impunidad. El defensor incansable de las ideas y las palabras, era un convencido que sin justicia social no podrá existir una verdadera Paz. Jesús María Valle Jaramillo, fue un hombre bueno, sencillo, solidario, un amigo incondicional, un líder polifacético y de una capacidad de trabajo y de entrega sin límites, pero sobre todo un consecuente y valiente defensor de los derechos humanos en Medellín, Antioquia y Colombia. Su voz aún se recuerda, como si estuviera en las calles, en su oficina, en su casa, en los lugares donde compartió con las personas que siempre defendió, por las que abogó.

El 27 de febrero de 1998, siendo las dos y quince de la tarde dos hombres y una mujer entraron al Edificio Colon ubicado en la calle 49 con carrera 51 del centro de la capital antioqueña. Después de intimidar a su hermana, que trabajaba con él, los sicarios le dijeron a Jesús María Valle "usted para nosotros es muy importante, pero también es un problema". Lo obligaron a tenderse en el piso boca abajo y le dispararon en dos ocasiones en la cabeza.

En el sepelio de Valle el sacerdote Joaquín Vargas dijo que “un apóstol nunca piensa en sí mismo sino en los demás”. Por ello, Jesús María Valle representa esa clase de hombres que luchan por la dignidad del otro, aún a costa de su propia vida. 

Quince años de impunidad, las confesiones de paramilitares ocultan a los  culpables detrás de éste crimen, a los culpables de cuello blanco que ordenaron acabar con la vida de éste defensor.

Los bárbaros querían silenciar las contundentes denuncias que realizaba Jesús María Valle, las cuales en muchas oportunidades develaba una convivencia, una complicidad y una ayuda entre comandantes de la policía, del ejército y los paramilitares que cometen una serie de asesinatos en el perímetro urbano. 

Jesús María Valle acompañó a las víctimas, en aquellos momentos difíciles cuando preguntaban por los desaparecidos, cuando defendía a las y los detenidos por razones políticas, a los campesinos desplazados forzosamente de sus tierras, a las víctimas de las masacres perpetradas por los paramilitares, a los estudiantes en sus luchas, a los indígenas, afro descendientes y las y los dirigentes sociales y populares.

Este abogado penalista, puso al alcance de los condenados pobres, el elitista Recurso de Casación ante la Corte Suprema de Justicia e hizo del ejercicio de su profesión una expresión comprometida y consecuente con su proyecto de vida.

Desde el Comité permanente por los derechos humanos, fue uno de los primeros en denunciar el terror de las autodefensas en Antioquia y particularmente en Ituango. “Yo escuchaba decir que el meridiano de la cultura y la política pasaban por Antioquia. Hoy puedo decir que el meridiano de la violencia pasa por Antioquia”, dijo en un recordado discurso el 25 de Agosto de 1997, que dió durante la conmemoración del décimo aniversario del asesinato de los defensores de derechos humanos Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur.

Las actividades de Jesús en defensa de los derechos humanos comenzaron a ser incómodas tanto para los grupos paramilitares como para algunos funcionarios cómplices de estas acciones.

En 1996 en una entrevista, afirmó: “desde el año pasado le pedí al Gobernador y al comandante de la IV Brigada que protegiera la población civil de mi pueblo, porque de septiembre a hoy han muerto más de 150 personas”. No le creyeron. Pocos días después, el entonces gobernador y hoy ex presidente, Álvaro Uribe, lo señaló como “enemigo de las Fuerzas Armadas” y fue denunciado por calumnia ante los tribunales.

Aún así, Valle denunció con gran coraje la complicidad del Ejército en las masacres de La Granja en 1996 y El Aro en 1997, corregimientos de Ituango, perpetradas por comandos paramilitares. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) terminó dándole la razón y condenó al Estado colombiano por la relación de algunos militares con esas masacres de Ituango.

Un día antes de su asesinato, se presentó en la Fiscalía para rendir indagatoria por la denuncia por calumnia que cursaba en su contra. Alegó que no había cometido ningún delito, pues su versión sobre los nexos entre miembros del Ejército y la Policía con los grupos paramilitares había sido comprobada por organizaciones internacionales de derechos humanos.

Por el asesinato de Jesús María Valle el Juzgado Tercero Penal Especializado de Medellín condenó a 40 años de prisión como coautores a Álvaro Gómez Mesa y a Jorge Eliécer Rodríguez Guzmán. Sin embargo estas personas aún no han sido capturadas por las autoridades.

El Juzgado también condenó a Carlos Castaño como autor intelectual del crimen, pero fue absuelto en segunda instancia. Varios miembros de la familia Angulo, una prestante familia de Ituango, relacionados con el homicidio, fueron absueltos.

En julio de 2001, el Tribunal Superior de Medellín confirmó la sentencia contra Castaño y otros, pero también la absolución de los hermanos Angulo Osorio. Varios integrantes de la banda de sicarios ‘La Terraza’ se responsabilizaron por el asesinato de Valle en un comunicado publicado que se dio a conocer a través de Tele Antioquia. Allí añadieron que Carlos Castaño les pagó por este y otros crímenes contra defensores de derecho humanos.

En mayo de 2007 el Concejo de Estado condenó a la Nación y ordenó pagar una indemnización de 1.700 millones de pesos a la familia de Valle. Pero varios familiares del abogado la rechazaron al considerar que “no se establece la verdad sobre su crimen”.

El caso pareció quedarse en esta decisión, hasta que fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos en busca del esclarecimiento de la verdad y el 27 de noviembre de 2008 La Corte IDH falló contra el Estado colombiano en esta sentencia se obliga al Estado a reabrir la investigación, así como a realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad en la universidad de Antioquia además de colocar una placa en la memoria de Valle en el Palacio de Justicia de Antioquia.

En 2009 la Fiscalía reabrió el caso y vinculó a Salvatore Mancuso y a Isaías Montes Hernández, alias ’Junior’ al considerar que según dicho ente: "están surgiendo evidencias que habrán de contribuir a aclarar los hechos". En el proceso además se investigó la participación de militares.

En julio de 2011 en respuesta a las recomendaciones y sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la que se solicitó una investigación imparcial y exhaustiva para sancionar a los autores materiales e intelectuales del asesinato del defensor de derechos humanos Jesús Valle Jaramillo, la Corte Suprema de Justicia invalidó las sentencias de absolución contra dos de los principales sindicados del crimen Jaime Alberto y Francisco Antonio Angulo Osorio y ordenó reabrir la investigación del caso en un juzgado penal de Medellín.   

A Jesús María lo asesinaron los paramilitares y el Estado de Colombia, por ser quien era. Por su vital compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y la Justicia, por su solidaridad con los desplazados y por su opción por los humildes.

Las múltiples actividades que él realizó, como defensor de los Derechos Humanos sin ninguna exclusión ni discriminación, tenían un objetivo y un propósito únicos: La dignificación de la persona humana, de los hombres, de las mujeres y de los niños, en especial de los más humildes. El parecía llenar todos los espacios y los tiempos: Así fue de vital, intensa, fructífera y consecuente su existencia.

Hoy conmemorando quince años de su asesinato, recordamos su exhaustivo compromiso con la comunidad, su lucha incansable por la justicia, su consecuente obra como defensor de derechos humanos. Hoy se recuerda a un gran hombre.

Pero también familiares, amigos y organizaciones sociales, claman por verdad y justicia por el crimen cometido y reiteran hoy como en su momento lo hizo Jesús María con su voz: “Aquí estamos y estaremos siempre, en el clamor de la lucha o en la quietud de la muerte”.

¡Jesús María Valle en la Memoria!

¡Jesús María Valle Sin Olvido! 

Sin Olvido.