viernes, 19 de mayo de 2017

Mario Calderón, Elsa Alvarado y Don Carlos Alvarado.

                                         Mayo 16 de 1997 - Mayo 16 de 2017




Murieron amándose, sus victimarios creyeron que la muerte podría vencer el amor, y no fue así. Sus amores superaron los límites hasta de los que pretendieron realizar un crimen perfecto. Elsa Constanza Alvarado Canchón y Mario Calderón Villegas, murieron en su recinto donde se amaron, donde soñaron, donde tejieron sus sueños, murieron al lado de su padre y suegro Don Carlos.

Elsa Alvarado nació en Bogotá el 4 de Diciembre de 1961, Comunicadora Social egresada de la Universidad Externado de Colombia, especializada en Tecnología Educativa en la Universidad Javeriana, integrante del CINEP, lugar donde conoció a Mario Calderón. Interesada sobre la democratización de la información, el peso de la opinión pública y el poder de los medios, poco antes de su asesinato, había empezado a trabajar en el Ministerio de Comunicaciones donde investigó la relación de las audiencia con los medios masivos, por lo que diseñó y dirigió numerosos talleres con el propósito de aportar datos en la investigación con niños y niñas y su acercamiento a la televisión. 

Mario Calderón nació un 13 de Octubre de 1946, durante toda su vida luchó por la defensa de los más vulnerables, por los indígenas de Tierralta en Córdoba y por los campesinos del Páramo del Sumapaz. En los 60 entró a la Compañía de Jesús, donde estudió Filosofía e hizo un master de Teología en la Universidad Javeriana. Siendo integrante del CINEP por más de 15 años, combinó la religión, la lucha por los demás y la investigación social. 

En 1987 junto al Padre Sergio Restrepo y en el marco del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús, estuvo en Alto Sinú y en San Jorge región Tierralta en Córdoba , donde fue nombrado coordinador del programa, en donde promovió procesos organizativos y aportó en la construcción de bibliotecas, pero el 1ro de Junio de 1989, paramilitares asesinaron al Padre Sergio Restrepo, por lo que la Compañía de Jesús decidió retirar a Mario de la región y al llegar al Cinep decidió abandonar los votos sacerdotales y dedicarse totalmente a la lucha ambiental, trabajando con ecologistas y campesinos en la región de Sumapaz donde fundó la Asociación Reserva Natural de Sumapaz, durante la administración de Bogotá a cargo de Antanas Mockus fue asesor cultural local del IDRD para la localidad de Sumapaz. 

Hace 20 años paramilitares acabaron con la vida de Elsa, Mario y el padre de Elsa, Carlos Alvarado, ese 19 de Mayo de 1.997 siendo las 2:00 a.m, 5 hombres armados vestidos de negro irrumpieron en su apartamento ubicado en el barrio Chapinero Alto en la Cuidad de Bogotá, la madre de Elsa, de 70 años, resulto herida gravemente pero fue la única sobreviviente junto con su nieto Iván de 18 meses, pues Elsa lo había logrado esconder en un closet. 

Los asesinos haciéndose pasar por agentes de la fiscalía amordazaron al portero y al llegar al apartamento tumbaron la puerta obligando a Mario, a Elsa y a los padres de ella a arrodillarse antes de que les dispararan con fusiles y pistolas. 

“Recuerdo ese día perfectamente, salí corriendo, me parecía mentira. Fuimos al apartamento, estaba lleno de policías. Fuimos al Cinep, estaba todo el mundo allá, decían que fueron los ‘paras’ en alianza con los policías de Chapinero pues llegaron al apartamento mucho después del crime…después del asesinato sentimos mucho susto, mucha paranoia. Colgamos una pancarta en la carrera Quinta que decía “Zona de masacre”. Sólo estuvo ahí dos horas, no sé quien la quitó”. 

El impacto de su muerte fue demasiado alto, un vacío enorme. Quedamos sin fuerza, con una tristeza absoluta. Teníamos todos bebés, ya no los dejábamos en la cama porque pensábamos que nos iba pasar lo mismo. Sentimos que el asesinato de Mario y Elsa fue un castigo a todas las ONGs” rememora María, vecina de Mario y Elsa. 

La única persona condenada por este asesinato e imputado por ser autor material del homicidio fue Juan Carlos González, La Corte Suprema de Justicia le impuso 40 años de prisión. Sin embargo los señalados como coautores del crimen, Alexander Londoño y Edward Melguiza, fueron absueltos por duda probatoria, pero Salvatore Mancuso y Éver Veloza alias “HH” enfrentan una investigación por su responsabilidad como autores intelectuales. 

Diego Fernando Murillo Alias “Don Berna” también fue vinculado al caso por la fiscalía en 2009 debido a las declaraciones de “HH” e Ignacio de Jesús Roldán alias “Monoleche”, quienes manifestaron que los jefes de los paramilitares que perpetraron los homicidios eran Don Berna y alias “Negro Elkin”, quien aparentemente fue asesinado. 

Por su parte alias “HH” aclaró que Carlos Castaño ordenó el crimen, pero que ellos participaron de forma directa e indirecta con la fuerza pública. 

Finalmente la extradición de los altos mandos paramilitares han obstaculizado la verdad y la justicia “Don Berna”, “HH” y Salvatore Mancuso se encuentran en Estados Unidos únicamente por el delito de Narcotráfico, “Doble Cero” y Castaño fueron asesinados y mientras tanto cientos de víctimas esperan que se haga justicia, que se sepa la verdad, que se dignifique la memoria de sus seres queridos, que se reparen los daños causados. 

Hoy seguimos contando los meses de impunidad, volvemos a revivir el dolor, la impotencia ante el terror, hoy seguimos clamando justicia, desempolvando la verdad, esa verdad que hoy los medios de comunicación entre novelas, noticieros y realitis quieren desdibujar, borrar, desaparecer. 

Por eso hoy recordamos a Mario, ese ser sensible, libertario, risueño, recordamos a Elsa la despampanante, ella, la de sonrisa amplia que le encantaba cocinar y bailar salsa, recordamos Don Carlos Alvarado, padre de Elsa asesinado junto a ellos. 

Hoy recordamos a Mario y Elsa, por sus valores humanos, por sus compromisos con la vida en todas sus expresiones, por el amor al prójimo, a la naturaleza. Por los sueños de tantos y tantas por un mundo mejor, porque sus vidas y convicciones son para los que quedamos, un ejemplo de esperanza y fuerza.

Elsa, Mario y Carlos en la Memoria 
Elsa, Mario y Carlos Sin Olvido

martes, 16 de mayo de 2017

Masacre de Barrancabermeja




Mayo 16 1998-Mayo 16 2017


19 años después, la verdad y la justicia sigue ocultándose, las víctimas y sus familias, saben quiénes son los responsables, pero su verdad no es acogida, es rechazada y es negada. 


El 16 de mayo de 1998, a eso de la 8:30 de la noche hora local, tres vehículos penetraron en la parte sur oeste de Barrancabermeja. Ese sábado, en el barrio El Campín del puerto petrolero de Barrancabermeja, se esparcieron las huellas por donde el terror lesionó socialmente, paralizó las apuestas de una región distinta. 

Los camiones transportaban entre 30 y 50 hombres con armas cortas y largas. Quienes también llevaban machetes y otro tipo de armas blancas. 

Los camiones siguieron su camino hacia el noreste por el perímetro sur de la ciudad. Se detuvieron primero en el bar La Tora y ahí los paramilitares al mando de alias ‘Camilo Morantes’ y alias ‘Panadero’, maltrataron a dos jóvenes y los obligaron a subir en uno de los camiones. Uno de ellos fue identificado como Jesús Valdivieso Pabón. Un ciudadano que pasaba por ahí en motocicleta fue detenido y golpeado por un miembro de las fuerzas paramilitares. 

Los camiones cambiaron después de rumbo dirigiéndose al norte, hacia una cancha de futbol en donde se realizaba un bazar popular. Más de cien personas estaban presentes y participaban en las actividades festivas, organizadas con el objetivo de recoger fondos para financiar un grupo infantil de danza. Los paramilitares se bajaron del camión y cercaron la cancha. Otros entraron a un salón de billar cerca de la misma y obligaron a varias personas a seguirlos mientras que los otros en el exterior, obligaron a todo el mundo a tirarse boca-abajo en el suelo, al tiempo que los calificaban de “guerrilleros” y les anunciaban el inicio de una guerra. 

Los paramilitares golpearon salvajemente a varias personas dándoles puñaladas y patadas. Después de haberle dado la vuelta a la cancha, los paramilitares escogieron algunas personas y las obligaron a seguirlos hasta los camiones. Una de las personas escogidas, Pedro Julio Rondón, no quiso subirse al camión y por haber resistido, un miembro del grupo paramilitar lo degolló delante de todas las personas reunidas allí. 

Los testimonios le permitieron al Tribunal determinar el nombre y la identidad de las personas secuestradas en Barrancabermeja el 16 de mayo de 1998. El número exacto es desconocido, pero se admite que las personas secuestradas en la cancha y que no se han vuelto a ver desde entonces son: 

Orlando Martínez, José Octavio Osorio, Wilfredo Pérez Serna, José Milton Cañas, Diego Fernando Ochoa, María Alejandra Ochoa, Geovanny Herrera, Oswaldo Vázquez, Ender González, José Reinel Campos, Fernando Landines, Oscar Leonel Barrera, Luis Fernando Suarez, José Javier Jaramillo, Nayr Guzmán, Eliécer Javier Quintero, Robert Wells Gordillo, Diomido Hernández, Daniel Campos Pérez, Carlos Escobar, Wilson Pacheco y Gary de Jesús Pinedo. 

Sus nombres aún viven, sus rostros la expresión de una persecución sistemática a través del rostro encubierto del Estado por medio de las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar. 

Cerca de veinte minutos más tarde, los camiones se dirigieron nuevamente hacia el sur. Un joven, llamado Jaime Yesid Peña, quien se encontraba en frente de su casa, fue también secuestrado por los grupos paramilitares. 

Tiempo después, los camiones entraron al barrio 9 de abril. Ahí, los paramilitares entraron en un salón de billar, obligaron al dueño a ponerse de rodillas mientras el cañón de un fusil estaba en su boca. Después detuvieron a los tres clientes que se encontraban en el lugar y se los llevaron a la fuerza. Los tres clientes fueron identificados como Daniel Campos Pérez, Juan Carlos Rodríguez Y Luis Argüello Solano. 

Paseándose a pie por el barrio, los paramilitares se acercaron después a un grupo de personas que jugaban tejo y tomaban cerveza. Uno de ellos intentó huir y fue perseguido por un paramilitar que disparaba su fusil en dirección a la casa en donde el civil trató de refugiarse. Otro que intentó huir recibió una bala en la pierna, mientras que otro paramilitar lo acabó acribillándolo de cuatro balazos. Esta víctima fue identificada como Germán León Quintero. 

En el mismo sitio, tres personas fueron capturadas y llevadas en un camión. A Carlos Enrique Escobar Jiménez, su hermano Melquisedec Salamanca Quintero y Carlos Arturo Alaix Prada, no se les ha vuelto a ver desde entonces. 

Siendo bloqueada la ruta principal, los paramilitares empezaron a disparar después hacia un pequeño bosque, en donde ciertas personas se habían escondido. 

Las fuerzas militares colombianas que se encontraban en el lugar, escogieron permanecer inmóviles y permitir que se perpetrara una masacre, sin intervenir. Las personas desaparecidas en ese momento fueron identificadas como Ricky Nelson García, Eliécer Javier Quintero Orozco, Luis Fernando Suarez, Wilson Pacheco y Gary Pinedo Rangel. 

Al día siguiente, a lo largo de la carretera que tomaron los paramilitares, fueron encontrados los cuerpos de algunas de las personas secuestradas, mientras que otro cuerpo fue encontrado cerca de la plaza La Esperanza: Jesús Argüello Solano, Diomidio Hernández Pérez, Eliécer Quintero Osorio, José Javier Jaramillo Díaz y Nayr Enrique Guzman. 

A pesar de que los periódicos informaron que las víctimas habían muerto por balas, ninguna autopsia fue efectuada por las autoridades del gobierno. En efecto, no se tomó ninguna fotografía, no se buscaron las balas y las autoridades tampoco reclamaron prueba balística alguna. 

Pasa cada año, entre el silencio, el olvido y la memoria que entre retazos pasa de calle en calle, donde los victimarios han pretendido imponer un modelo de sociedad. La justicia no ha esclarecido ni sancionado a quienes planificaron ni ordenaron este crimen, solamente ha individualizado unos cuantos autores materiales. 

En marzo de 2012 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 39 años y 11 meses de prisión a alias ‘Cuca’, por su participación en la masacre. De acuerdo con la investigación, fue el hombre que manejó el camión en el que fueron transportadas las víctimas desde Barrancabermeja hasta zona rural de Sabana de Torres. 

En el año 2014 fueron capturados tres oficiales del Ejército y la Policía por la complicidad de la masacre de Barrancabermeja.

Otro llamado el "Chino Niño’ confesó su participación en la masacre y se acogió a sentencia anticipada e incluso le entregó información a las autoridades para que en septiembre de 2007 encontrarán seis fosas en las que hallaron igual número de víctimas. 

Hoy tantos años después de la masacre, los otros 19 cuerpos no se han encontrado y para asegurar la impunidad, algunas de las fosas donde enterraron a las víctimas de la masacre fueron saqueadas con el fin de borrar toda evidencia. 

Después de 19 años, las palabras de la carta que los familiares de las víctimas, dirigieron al entonces Presidente Ernesto Samper Pizano para sensibilizarlo de la tragedia que padecieron”, resuenan como un grito que no logra desmoronar la sordera del poder. La máscara de la impunidad que se hace llamar justicia no ha tomado en cuenta la constancia que estas dignas familias dejaron en su escrito del 28 de mayo de 1998. El Estado no ha devuelto con vida a los desaparecidos, no ha sancionado penal y disciplinariamente a todos los responsables de las atrocidades a pesar de que en el escrito se resalta que “en el sector donde ocurrieron los hechos se encuentran acantonadas dos bases del Ejército Nacional”. 

Desde el 2002 todo el proceso de la conocida Masacre del 16 de mayo se encuentra en instancias internacionales, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a su vez trasladó el proceso a la Corte Interamericana de DDHH de la OEA. 

Una vez más el único camino hacia la verdad y la justicia se buscan lejos de las instituciones colombianas que impunemente, en su interior, siguen manteniendo y protegiendo criminales de lesa humanidad. 

Masacre de Barranca en la memoria 
Masacre de Barranca Sin Olvido