sábado, 16 de mayo de 2020

Masacre de Barrancabermeja




Mayo 16 de 1998

El 16 de mayo de 1998, a eso de la 8:30 de la noche hora local, tres vehículos penetraron en la parte sur oeste de Barrancabermeja. Ese sábado, en el barrio El Campín del puerto petrolero de Barrancabermeja, se esparcieron las huellas por donde el terror lesionó socialmente, paralizó las apuestas de una región distinta. 

Los camiones transportaban entre 30 y 50 hombres con armas cortas y largas. Quienes también llevaban machetes y otro tipo de armas blancas. 

Los camiones siguieron su camino hacia el noreste por el perímetro sur de la ciudad. Se detuvieron primero en el bar La Tora y ahí los paramilitares al mando de alias ‘Camilo Morantes’ y alias ‘Panadero’, maltrataron a dos jóvenes y los obligaron a subir en uno de los camiones. Uno de ellos fue identificado como Jesús Valdivieso Pabón. Un ciudadano que pasaba por ahí en motocicleta fue detenido y golpeado por un miembro de las fuerzas paramilitares. 

Los camiones cambiaron después de rumbo dirigiéndose al norte, hacia una cancha de futbol en donde se realizaba un bazar popular. Más de cien personas estaban presentes y participaban en las actividades festivas, organizadas con el objetivo de recoger fondos para financiar un grupo infantil de danza. Los paramilitares se bajaron del camión y cercaron la cancha. Otros entraron a un salón de billar cerca de la misma y obligaron a varias personas a seguirlos mientras que los otros en el exterior, obligaron a todo el mundo a tirarse boca-abajo en el suelo, al tiempo que los calificaban de “guerrilleros” y les anunciaban el inicio de una guerra. 

Los paramilitares golpearon salvajemente a varias personas dándoles puñaladas y patadas. Después de haberle dado la vuelta a la cancha, los paramilitares escogieron algunas personas y las obligaron a seguirlos hasta los camiones. Una de las personas escogidas, Pedro Julio Rondón, no quiso subirse al camión y por haber resistido, un miembro del grupo paramilitar lo degolló delante de todas las personas reunidas allí. 

Los testimonios le permitieron al Tribunal determinar el nombre y la identidad de las personas secuestradas en Barrancabermeja el 16 de mayo de 1998. El número exacto es desconocido, pero se admite que las personas secuestradas en la cancha y que no se han vuelto a ver desde entonces son: 

Orlando Martínez, José Octavio Osorio, Wilfredo Pérez Serna, José Milton Cañas, Diego Fernando Ochoa, María Alejandra Ochoa, Geovanny Herrera, Oswaldo Vázquez, Ender González, José Reinel Campos, Fernando Landines, Oscar Leonel Barrera, Luis Fernando Suarez, José Javier Jaramillo, Nayr Guzmán, Eliécer Javier Quintero, Robert Wells Gordillo, Diomido Hernández, Daniel Campos Pérez, Carlos Escobar, Wilson Pacheco y Gary de Jesús Pinedo. 

Sus nombres aún viven, sus rostros la expresión de una persecución sistemática a través del rostro encubierto del Estado por medio de las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar. 

Cerca de veinte minutos más tarde, los camiones se dirigieron nuevamente hacia el sur. Un joven, llamado Jaime Yesid Peña, quien se encontraba en frente de su casa, fue también secuestrado por los grupos paramilitares. 

Tiempo después, los camiones entraron al barrio 9 de abril. Ahí, los paramilitares entraron en un salón de billar, obligaron al dueño a ponerse de rodillas mientras el cañón de un fusil estaba en su boca. Después detuvieron a los tres clientes que se encontraban en el lugar y se los llevaron a la fuerza. Los tres clientes fueron identificados como Daniel Campos Pérez, Juan Carlos Rodríguez Y Luis Argüello Solano. 

Paseándose a pie por el barrio, los paramilitares se acercaron después a un grupo de personas que jugaban tejo y tomaban cerveza. Uno de ellos intentó huir y fue perseguido por un paramilitar que disparaba su fusil en dirección a la casa en donde el civil trató de refugiarse. Otro que intentó huir recibió una bala en la pierna, mientras que otro paramilitar lo acabó acribillándolo de cuatro balazos. Esta víctima fue identificada como Germán León Quintero. 

En el mismo sitio, tres personas fueron capturadas y llevadas en un camión. A Carlos Enrique Escobar Jiménez, su hermano Melquisedec Salamanca Quintero y Carlos Arturo Alaix Prada, no se les ha vuelto a ver desde entonces. 

Siendo bloqueada la ruta principal, los paramilitares empezaron a disparar después hacia un pequeño bosque, en donde ciertas personas se habían escondido. 

Las fuerzas militares colombianas que se encontraban en el lugar, escogieron permanecer inmóviles y permitir que se perpetrara una masacre, sin intervenir. Las personas desaparecidas en ese momento fueron identificadas como Ricky Nelson García, Eliécer Javier Quintero Orozco, Luis Fernando Suarez, Wilson Pacheco y Gary Pinedo Rangel. 

Al día siguiente, a lo largo de la carretera que tomaron los paramilitares, fueron encontrados los cuerpos de algunas de las personas secuestradas, mientras que otro cuerpo fue encontrado cerca de la plaza La Esperanza: Jesús Argüello Solano, Diomidio Hernández Pérez, Eliécer Quintero Osorio, José Javier Jaramillo Díaz y Nayr Enrique Guzman. 

A pesar de que los periódicos informaron que las víctimas habían muerto por balas, ninguna autopsia fue efectuada por las autoridades del gobierno. En efecto, no se tomó ninguna fotografía, no se buscaron las balas y las autoridades tampoco reclamaron prueba balística alguna. 

Pasa cada año, entre el silencio, el olvido y la memoria que entre retazos pasa de calle en calle, donde los victimarios han pretendido imponer un modelo de sociedad. La justicia no ha esclarecido ni sancionado a quienes planificaron ni ordenaron este crimen, solamente ha individualizado unos cuantos autores materiales. 

En marzo de 2012 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 39 años y 11 meses de prisión a alias ‘Cuca’, por su participación en la masacre. De acuerdo con la investigación, fue el hombre que manejó el camión en el que fueron transportadas las víctimas desde Barrancabermeja hasta zona rural de Sabana de Torres. 

En el año 2014 fueron capturados tres oficiales del Ejército y la Policía por la complicidad de la masacre de Barrancabermeja.

Otro llamado el "Chino Niño’ confesó su participación en la masacre y se acogió a sentencia anticipada e incluso le entregó información a las autoridades para que en septiembre de 2007 encontrarán seis fosas en las que hallaron igual número de víctimas. 

Hoy tantos años después de la masacre, los otros 19 cuerpos no se han encontrado y para asegurar la impunidad, algunas de las fosas donde enterraron a las víctimas de la masacre fueron saqueadas con el fin de borrar toda evidencia. 

Después de 19 años, las palabras de la carta que los familiares de las víctimas, dirigieron al entonces Presidente Ernesto Samper Pizano para sensibilizarlo de la tragedia que padecieron”, resuenan como un grito que no logra desmoronar la sordera del poder. La máscara de la impunidad que se hace llamar justicia no ha tomado en cuenta la constancia que estas dignas familias dejaron en su escrito del 28 de mayo de 1998. El Estado no ha devuelto con vida a los desaparecidos, no ha sancionado penal y disciplinariamente a todos los responsables de las atrocidades a pesar de que en el escrito se resalta que “en el sector donde ocurrieron los hechos se encuentran acantonadas dos bases del Ejército Nacional”. 

Desde el 2002 todo el proceso de la conocida Masacre del 16 de mayo se encuentra en instancias internacionales, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a su vez trasladó el proceso a la Corte Interamericana de DDHH de la OEA. 

Una vez más el único camino hacia la verdad y la justicia se buscan lejos de las instituciones colombianas que impunemente, en su interior, siguen manteniendo y protegiendo criminales de lesa humanidad. 


Masacre de Barrancabermeja en la memoria 
Masacre de Barrancabermeja Sin Olvido

jueves, 14 de mayo de 2020

Benedicta Joya Aponte

Foto: Vanguardia Liberal
Mayo 14 de 2013


El 14 de Mayo de 2013, en la vereda Montonera, ubicada a 15 kilómetros del casco urbano del municipio de Carcasí, en la Provincia de García Rovira, Departamento de Santander, fue asesinada Benedicta Joya Aponte hermana del religioso, defensor de Derechos Humanos y del medio ambiente, Pedro Elías Joya Aponte.

Esa noche, entre las 10:00 y 10:30 p.m paramilitares de los rastrojos llegaron hasta la humilde vivienda del padre Joya, casa en donde se estaba construyendo el Centro Formativo de Educación Popular para Líderes Regionales de la Provincia, allí se encontraba Benedicta Joya Aponte de 75 años quien horas atrás había despedido a su hermano el Padre Pedro Elías Joya Aponte, quien se dirigía hacia Málaga con destino a Bogotá para participar del Foro Ecuménico por la Paz.

Los paramilitares ingresaron violentamente a la casa, y al no encontrar al padre Pedro Elías, procedieron a desnudar a Benedicta, quien era su única compañía, probablemente la señora, fue abusada sexualmente y posteriormente asesinada con un arma corto punzante. Su cuerpo fue roseado con alcohol para luego prenderle fuego.

No siendo suficiente los paramilitares antes de marcharse, escribieron en una pared de la casa con la sangre de Bernarda: “Fuera guerrillo”.

Minutos después habitantes de alrededor avisaron de este asesinato a las autoridades, el levantamiento y las indagaciones hechas por la DIJIN duraron 9 horas, el cuerpo de Benedicta fue llevado a medicina legal, en donde procedieron a hacer la autopsia.

Ese mismo día el comandante de la Policía de Santander, el Coronel Édgar Nieto envió al sitio una comisión especial de investigación, 6 días después, el Coronel afirmó que el asesino había sido un primo de las víctimas, y se trataba de Jorge Luis Joya Sánchez, quien fue judicializado por homicidio agravado, el 26 de noviembre de 2013 fue condenado a 33 años de prisión, sin embargo se espera a que el condenado revele a nombre de quien actuó.

Estas fueron las palabras del abogado Carrillo el día de la condena de Jorge Luis Joya: “Queremos dejar constancia que hacemos un llamamiento a la conciencia del hoy condenado, para que posteriormente pueda colaborar, ayudándonos a identificar a nombre de quien actuó, nosotros consideramos que esta persona que hoy fue condenada cometió un acto de terror y de salvajismo, y nosotros consideramos que perfectamente él está obedeciendo al llamado y las orientaciones de fuerzas oscuras que quisieron intimidar a toda una región con una práctica terrorista y con el fin de acallar la actividad en defensa de la vida, la naturaleza y de los derechos humanos de la comunidad, que viene desempeñando durante toda su vida el padre Pedro Elías Joya"

Frente a la condena el representante legal del padre Pedro Elías expresó "Aceptamos la decisión del señor Juez, pero dejamos constancia que sucedieron otros hechos que no fueron investigados a profundidad, por falta de evidencia física, me refiero a la confesión del condenado, en el sentido que la víctima había sido objeto de violación, previamente puesta en estado de indefensión, pero desafortunadamente, por destrucción de los tejidos de la víctima por quemaduras de tercer grado del abdomen hacia abajo, creo que ha sido prácticamente imposible que el Instituto de Medicina Legal haya podido obtener evidencias de violencia carnal"

El padre Pedro Elías ha sido amenazado en repetidas ocasiones por ser un luchador incansable por los derechos humanos de sus comunidades, por la paz y por la defensa del medio ambiente, la alimentación sana y la lucha contra los transgénicos.

En el mes de Diciembre de 2012 participó como integrante de la delegación de la Coalición de Movimientos y Organizaciones de Colombia COMOSOC en el marco del Foro Agrario en Bogotá convocado por PNUD, la Universidad Nacional y la mesa de diálogos en la Habana.

Tan pronto como supo de la noticia fue entrevistado por diferentes medios locales y regionales y ha manifestado con valentía que seguirá adelante en su empeño por la paz y la defensa de los derechos humanos y convoca a la conformación del Comité de Derechos Humanos de Centro Oriente colombiano en la ciudad de Málaga.

Hoy recordamos este crimen atroz contra esta mujer sola e indefensa y replicamos la solicitud de diversas organizaciones sociales y populares para que se desmantelen totalmente los grupos paramilitares con todos sus vínculos privados y estatales y que se apoyen decididamente los procesos de diálogo que puedan llevar a la incorporación de los grupos guerrilleros a la vida política legal con el fin de que podamos tener algún día una paz verdadera y sostenible, sustentada en la justicia social y en una verdadera ética.


Compartimos comunicado hecho por el Padre Pedro Elías Joya:

COMUNICADO DEL PRESBITERO PEDRO ELÍAS JOYA A LA OPINIÓN
PÚBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL

"La verdad os hará libres": Evangelio del Reino.

Ante la Opinión Pública de Colombia y el mundo, también consternada por la barbarie con que fue sacrificada mi inocente y mártir hermana BENEDICTA JOYA APONTE, de 75 años, me permito manifestar, en nombre de la verdad, que por el testimonio masivo de la comunidad y la pronta investigación de las autoridades y nuestra propia investigación, está identificado y detenido el autor material de este horrendo crimen y atento espero que pronto sean identificados los autores intelectuales.

El autor material es una criatura de la propia familia que había llegado a la comunidad después de una larga ausencia, con todas las características de los monstruos humanos fruto de la degradación ética, social y moral de nuestra sociedad como consecuencia de la guerra fratricida que desangra a Colombia desde hace 60 años y que apenas hoy parece hallar el camino de la paz que es el camino de la verdad. Un joven con difíciles y complicados problemas de formación en su hogar, dominante y conflictivo, de poca disciplina y amor al trabajo, envuelto en andanzas perversas, con experiencia trágica en trabajo con bandas criminales y grupos paramilitares como él mismo lo ha manifestado en sus continuas borracheras y salvado milagrosamente de una pelea en Bogotá en la que fue gravemente apuñalado.

Una criatura con un prontuario terrible y un alma cerrada a la luz que no pudo comprender la grandeza de la bondad con que mi hermana y un servidor le compartíamos el pan, la casa, la confianza, los ideales, el trabajo y los sueños. Un ser humano con la enfermedad de un psicópata, insensible, desalmado y cruel, sediento de sangre y con permanentes impulsos de matar, en fin, un espejo perfecto de la dantesca deshumanización de esta guerra sostenida por la injusticia que ha llenado a Colombia de masacres, de fosas comunes, de amenazados de muerte, de desplazados y de víctimas de toda clase de crímenes de lesa humanidad multiplicados a la sombra de la impunidad y un obrero más de la gigantesca maquinaria de muerte sostenida por poderosos guerreristas que se han lucrado con el sistema de muerte y que hoy combaten con nuevos planes siniestros el proceso de paz y de esperanza que respalda toda la comunidad internacional.

Pido a los Cielos que la sangre inocente y pura de mi hermana y la de más de un millón de victimas desde la muerte del gran profeta de la verdad Jorge Eliécer Gaitán, abone el terreno para que por fin florezca la paz como obra de la justicia.

Benedicta seguirá viva en nuestras luchas y el trabajo de Pedro. La muerte no tendrá la última palabra.

Benedicta Joya en la memoria
Benedicta Joya Sin Olvido


domingo, 3 de mayo de 2020

Ernesto Ríos Arias: un legado para la memoria


3 de mayo de 1995

Ernesto Ríos Arias fue un gestor y dirigente del Movimiento Cívico del Oriente antioqueño, dicho  movimiento nació en la década de 1980 como una respuesta organizada de las comunidades frente a la oleada de atropellos que se venían acometiendo en la región con la imposición de maga-proyectos como las hidroeléctricas, el aeropuerto José María Córdova y la autopista Medellín-Bogotá, a la par que el alza en el precio de los servicios públicos. 

Ernesto nació en el municipio de La Unión (Antioquia), se graduó como abogado penalista de la Universidad de Antioquia y desde muy joven se inició en el activismo político liderando luchas por la educación pública, la cultura y el deporte en su pueblo natal; allí fue concejal durante dos períodos con el Movimiento Cívico por La Unión, y también fue candidato a la Cámara de Representantes de  Antioquia por la Alianza Democrática M-19. En su vida política fue un aguerrido defensor de los DDHH, las organizaciones de base, la protesta social, la democracia participativa y la necesidad de la Asamblea Nacional Constituyente para la construcción de la paz en Colombia. 

A lo largo de su vida pública sufrió varias amenazas, fue perseguido y estigmatizado por su labor política  y  pensamiento crítico en una de las regiones insignes del conservadurismo en el país,  el oriente de Antioquia. A pesar de ello jamás reculó en sus propuestas y activismo, continuó su trabajo político aun cuando el Movimiento Cívico del Oriente antioqueño sufría un exterminio político con el asesinato y la persecución de sus principales dirigentes (se calcula que alrededor de 200 personas fueron asesinados por su relación con el movimiento). El 3 de mayo de 1995 fue asesinado en su oficina en la ciudad de Medellín a manos de sicarios, su muerte se le ha endilgado al Bloque Metro, grupo armado que para entonces venía incursionando en la zona del Altiplano del Oriente antioqueño. 

Hoy recordamos su memoria para resaltar su labor y obra como líder social en el país, para recuperar su legado democrático y destacar el valor cívico que le caracterizó. El Estado colombiano ha reconocido al Movimiento Cívico del Oriente antioqueño como Víctima Colectiva en el marco del conflicto armado, mediante la Resolución 2018-529 de la Unidad Especial para la Atención y Reparación a las Víctimas, sin embargo, se necesita el esclarecimiento de la verdad sobre su exterminio y sus responsables, las garantías de no repetición para los/las sobrevivientes  y el compromiso con su memoria para que estos hechos no se vuelvan a repetir en el país. 

Ernesto Ríos Arias en la memoria
Ernesto Ríos Arias Sin Olvido


viernes, 1 de mayo de 2020

Nicolas Neira

Mayo 01 de 2005 - Mayo 01 de 2015

Hoy, 1 de Mayo recordamos a Nicolas Neira, quien fue asesinado  por integrantes del Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD, durante la marcha del día del trabajo en el año 2005 a la que se unen sindicalistas, campesinos, estudiantes, desempleados, activistas.


Nicolas Neira de 15 años de edad se encontraba cursando el grado novenos en el Liceo Miguel de la Salle, ese día hace 10 años había decidido encontrarse con unos amigos para comprar libros en la carrera 7ma con calle 18, allí fue,y  se encontraron la represión en la marcha, el junto con demás marchantes fueron atacados por el  ESMAD, que les lanzó gases lacrimógenos, y les propinaron golpes con bastones y patadas.

Nicolas, quien cayo inconsciente debido a sus problemas de asma y los múltiples golpes, no fue atendido por los uniformados los uniformados que fueron los responsables de su estado, por lo que transeúntes lo trasladaron al Centro de Atención Médica Inmediata, Cami, de la Perseverancia, donde recibió los primeros auxilios; ante la gravedad de su estado  fue llevado a la Clínica Jorge Piñeros Corpas, en donde le el diagnóstico médico dictado fue fractura en el cráneo, con una hemorragia interna y múltiples hematomas por el cuerpo. Nicolas falleció cinco días después en la sala de cuidados intensivos.

Los agentes del ESMAD involucrados en el asesinato de Nicolas Neira negaron su presencia en el lugar de los hechos y dijeron que los golpes que recibió fueron propiciados por un grupo de “Metaleros” y “Punkeros” que según ellos iniciaron un “Pogo”, aun así el material visual, y los testimonios fueron contundentes de modo que se confirmo la presencia del ESMAD ese día, en el sitio del asesinato y la agresión a quienes se encontraban en ese punto.

En la Procuraduría se inició una investigación disciplinaria en contra de los oficiales que estaban a cargo de la marcha, el capitán Julio César Torrejos y el subteniente Edgar Fontal Cornejo, la investigación fue archivada en segunda instancia en Abril del 2010.



Un año después, en marzo del 2011, el Juzgado 37 Administrativo de Bogotá condenó al Estado colombiano por acción y omisión, y le ordenó pagar una indemnización de 160 millones de pesos a la familia Neira. 


Ante la impunidad el año pasado el caso ya fue puesto en conocimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.


Yuri Neira, padre de Nicolás, a sido amenazado en diferentes oportunidades y a tenido que salir del País.Él y su familia esperan una verdad, justicia y reparación integral. El asesinato de Nicolás Neira continúa en la impunidad.

Nicolas Neira en la Memoria.
Nicolas Neira Sin Olvido.

sábado, 18 de abril de 2020

Eduardo Umaña Mendoza


18 de abril de 1998

De los pocos amigos. Aquellos en los que se puede confiar, en lo que se reconocen las mutuas debilidades, en las que se guardan secretos de la vida. Los amigos a los que se les reconoce su inigualable valor. A los que se les pueden decir lo que se piensa y lo que se cree. Aquellos en los que mutuamente se puede hablar en desparpajo, con los que se puede compartir la dulce amargura de la vida, con los que se puede llorar, con los que se puede exagerar, con los que se puede cantar, a los que se les puede disculpar, justificar, comprender.

De los amigos que más allá de las afinidades de pensamiento o de cuerpos doctrinales  nos suma la soledad propia, compartida, la vida deshojada sin disfraces, la cotidinidad sin heroismos. El amigo que habla o escucha los dolores de un país injusto, de una humanidad deshecha en la fatuidad que define con el rostro de hierro la muerte con torturas, con desapariciones forzadas con asesinatos, con masacres. Muchas de ellas de las que nos dolimos luchando contra los mecanismos de ocultamiento del Estado, sus juristas cortesanos y sus beneficiarios en poderes de la economía del petróleo, de las comunicaciones. El amigo que se dolía con lo cercano y con la propia vivencia de la traición o de la deslealtad que embriagaban el alma de tristeza, de rabia y de una cierta impotencia ante la cruda realidad de nuestra condición humana. El amigo que conocimos en su terquedad, capricho, persistencia. Inolvidable. Y para mucho muchos inaguantable, para nosotros, sin ser un ídolo de barro, el ser humano pleno en carcajadas, en inteligencia, en locuacidad, en fumarolas, en exigencia, en intransigencias y en concesiones. 

Así fue nuestro maestro, antes o después, en realidad un amigo. Y también un maestro, ante todo amigo.Sí, maestro por algunos olvidados de generaciones de defensores de los derechos de los pueblos para hacer realidad los derechos humanos de la declaración del 48, y de centenarias luchas libertarias con sus claros oscuros. Un Quijote en el horizonte con esos molinos de viento. Andariego con nosotros a lugares inimaginados en donde bebimos de su ingenio, su capacidad de recrear la vida, buscando salidas ante una justicia sin rostro con rostro de justicia persecutoria de las expresiones democráticas del país. Nos llevó a cárceles de dificil acceso, a la creación del Comité de Solidaridad con Presos Político. Luego al Colectivo de Abogados en donde nos compartió su afiche de Camilo, en donde compartió en entrevistas su pensar.  Y también, nos compartió la creación de Sembrar, su papel en Minga. Nos llevó a barriadas populares, al mundo sindical, a la familia Joya, a ASFADDES los familiares de los Desaparecidos del Palacio de Justicia, a los familiares del Sindicato de Telecom, de la ETB, de la Uneb, de la Uso.  Nos llevamos al Tribunal Permanente de los Pueblos, a la Revista Colombia Hoy, a FERAL. Ah sí, a dialogar con la esquiva Rigoberta Menchú. A resguardar 42 personas de la familia López, perseguida por paramilitares de la ACCU como parte de los planes contra insurgentes de sectores el Estado Colombiano. Nos ingresó a sus clases en la Universidad Externado, el la Universidad Nacional. Nos vimos decenas de veces en la Universidad Javeriana.

En las últimas ocho semanas de su vida, la Vida nos dió la oportunidad de compartir horas de altibajos entre miedos y esperanzas. "Si pasó de mayo, todo este año vivo", nos dijo. Todo lo posible se había hecho. Él mismo denunció e identificar el plan criminal contra su vida orquestado por la Brigada XX, los nombres de algunos participantes. Se creía que develarlos evitaría la pena de muerte estatal. Ingenuo (os). Ante la posibilidad de un exilio temporar dijo no. Lo único, lo más importante, y lo que él mismo aceptó fue estar con dos seres de su alma: Patricia y Camilo. Y así fue.

Su casa que se convirtió en oficina, y que solo dejó de serlas semanas antes fue el sitio en dónde en esas últimos días nos dijo. "Si vienen por mi, yo no me dejaré llevar" . Y cumplió su palabra. Sus tres sicarios, los mesenas de En su mesa del corazón hecho técnica y rigor jurídico pasaron procesos de detenidos políticos, sindicalistas, rebeldes violentados en sus derechos, perseguidos de la oposición política, familiares de los desaparecidos, entre ellos, los del Palacio de Justicia, casos de asesinados por el Estado.

Después de las múltiples amenazas que recibió en su vida, José Eduardo Umaña, fue asesinado, sus victimarios desarrollaron una acción encubierta de tipo paramilitar dirigida desde la Brigada XX del Ejército Nacional. Dos hombres y una mujer se hicieron pasar por periodistas entraron a su oficina y trataron de secuestrarlo, delito que siempre condenó, y del que días antes nos expresó: “Si vienen por mí, y me intentan llevar a la fuerza, no me dejo llevar”. Así cumplió su palabra. De alguna manera hasta en la muerte confrontó al Estado criminal. Se enfrentó a aquellos que fueron a cumplir la misión que otros, diseñaron y definieron; esos otros que hoy siguen disfrutando de privilegios y poderes político, castrenses, y económicos en muchas regiones del país.

Ese sábado 18 de abril, antes del medio día, en su apartamento, lugar habitado por la búsqueda insaciable de la justicia, espacio pequeño que albergó grandes ideales, en que se dispersaron humaredas de cigarrillo para apaciguar la ansiedad, en que se esparció el aroma del café por todo rincón, en ese nicho de acogida, en donde el llanto de los excluidos encontraba reposo, los perseguidos judicialmente encontraban esperanzas, y las víctimas de Crímenes de Estado una mano amiga. Allí en lo que era su hogar, el territorio de su amor humano, allí fue asesinado.

A pesar que en 2016 su asesinato fue declarado como Crimen de Lesa Humanidad, el último recurso simbólico de la turbia justicia para afirmar que sigue investigando. 21 años después como todo o como nada se sigue buscando a los responsables. Todo es impunidad con una eficacia simbólica del derecho.

Los integrantes de la Terraza mano de los planificadores están asesinados. Los mandos paramilitares, uno de ellos muerto, y otro sobreaguando en una cárcel de Estados Unidos, Diego Murillo. Desde allí aportó elementos para la identificación de los responsables, aun así la justicia colombiana actúa con ineficacia, no actúa. Algunos de los responsables siguen viviendo con su rostro de hierro protegidos por la impunidad de esa justicia. Los del poder político y económico de la democradura siguen perpetuados en sus privilegios, ellos o sus herederos.

El encubrimiento, la mentira siguen siendo parte de los expedientes de la justicia y de sus relatos. Solo la memoria que persiste, que resiste desmorona la impunidad. Sin que individualice necesariamente, la memoria renueva las verdades.

Camilo Umaña Hernández, expresión del amor de Eduardo y Patricia, escribe: “Estos  años de injusticia e indignación no podrían ser subtitulados de muerte porque la vida de mi padre ha brotado en muchas partes, formas y personas. Estos son años de una profunda trascendencia que se siente en el colegio Eduardo Umaña Mendoza, en grupos de debate, universidades, activistas, defensores de derechos humanos y sindicatos. En estos años bien vale hacer una acción de gracias. Con los pies firmes, agradecer a Eduardo Umaña Mendoza por no doblegarse, por insistir, por su ternura y solidaridad con los desaparecidos, con los muertos y torturados, con los puestos injustamente en prisión y con los que buscan otro futuro para su país. muchos años de “más vale morir por algo que vivir por nada”.

Palabras, llantos, temores, sonrisas y siempre buscando lo mejor por el país, quedaron en esa silla, que cambió de color blanco a café.

José Eduardo Umaña Mendoza, en la Memoria.
José Eduardo Umaña Mendoza, Sin Olvido.

viernes, 28 de febrero de 2020

Sandra Catalina Vásquez

28 de febrero de 1993

Sandra Catalina era una niña de nueve años cuando el 28 de febrero de 1993 su vitalidad e inocencia fueron borradas. Este día su madre Janeth Guzmán y su hija Sandra se dirigieron a la Estación Tercera de Policía de Germania ubicada en Bogotá, en la calle 19 con carrera 3a., para buscar a su padre Pedro Vásquez, mientras esperaban en la estación a su familiar, la niña caminaba en el lugar al lado de su madre, minutos después la madre se alertó al no ver a su hija y decidió buscarla.

Inicio una situación caótica para la familia, la madre encontró a su hija en un baño del tercer piso de la estación, Sandra se encontraba casi sin vida, con señales de tortura con una soga al cuello y con señales de violencia sexual. La menor fue traslada al Hospital San Juan de Dios, donde murió. Se culpó al padre inicialmente como principal sospechoso, se tuvo a 120 personas en la investigación hasta que luego de 3 años se determinó que el autor del crimen era el agente de policía Diego Fernando Valencia.

Valencia fue condenado a 45 años de prisión, pero solo de los cuales cumplió 10 años, hasta el momento se desconoce su paradero y el de su familia. Se adjudicó responsabilidad al Estado y después de 20 años, en 2015, la Corte Constitucional ordeno la reparación e indemnización a los familiares, sin embargo, el caso aún está en la impunidad puesto que la condena no se llevó a cabo en su totalidad y no se ha establecido responsabilidad sobre otros agentes o superiores que se encontraron en el lugar.

El duelo de la familia de Sandra ha continuado no solo por la impunidad, se ha convertido en un símbolo contra la  hacia niñas y niños. Según el Instituto de Medicina Legal, en 2017 se registraron 5.283 casos de violencia sexual contra niñas y niños entre los 5 y los 9 años, 9.240 casos entre los 10 y 14 años y 2.539 casos entre los 15 y 17 años.

En 2018, se demolió la estación de policía lo que fue un acto para repudiar el crimen y el significado del lugar, donde Sandra y la vida de la misma fue arrebata, sin embargo, su espíritu y su inocencia continúan con sus seres queridos. 

Sandra Catalina Vásquez en la memora.
Sandra Catalina Vásquez Sin Olvido.

jueves, 27 de febrero de 2020

Jesús María Valle.

Febrero 27 1998 

Jesús María Valle, nació en el municipio de Ituango, Antioquia, en una familia humilde; en el seno de su padre Jesús, su madre Blanca, y junto con  10  hermanos sobrevivían gracias a una parcela de tierra  que poseían.

Años más tarde su familia se trasladó a la ciudad de Medellín, en donde estudio y se  graduó como bachiller en el Liceo Antioqueño, allí fue líder del movimiento estudiantil; Después con ayuda de sus familiares obtuvo el titulo en Derecho de la Universidad de Antioquia.

Jesús María fue elegido al concejo de Ituango, y fue profesor de la Universidad de Antioquia, y de la Universidad Autónoma de Medellin, además fue fundador del Comité Permanente de Derechos Humanos de Antioquia en 1979; desde allí fue de los primeros en denunciar la presencia de grupos paramilitares en Antioquia, específicamente en Ituango.

En 1996 Jesús María Valle pide al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien en ese entonces era Gobernador de Antioquia, y al comandante de la IV Brigada que proteja la población civil, ya que aproximadamente  durante un año se habían presentado más de 150 asesinatos en ese territorio, estas palabras fueron suficientes para que Álvaro Uribe Vélez calificara al defensor de  Derechos Humanos como “enemigo de las Fuerzas Armadas”, y adelantará una denuncia por calumnia.

Denuncias y palabras que no frenaron el trabajo de Jesús María, el cual siguió aferrado a sus principios y  sus ideales, posteriormente denuncio la complicidad del Ejército Nacional en las masacres de La Granja en 1996 y El Aro en 1997, en el municipio de Ituango, Antioquia, comandadas por paramilitares.

El 26 de Febrero de 1998 Jesús María Valle se presento ante la Fiscalía para rendir indagatoria por la denuncia de calumnia, en ésta expuso que no había cometido ningún delito, ya que sus denuncias estaban argumentadas y demostraban que el Ejercito Nacional  y  la Policía tenia nexos con el paramilitarismo.

Un día después de esto, el 27 de Febrero de 1998 Jesús María Valle, abogado defensor de Derechos Humanos, fue asesinado por dos hombres y una mujer que entraron en su oficina ubicada en el centro de Medellín, y luego de intimidar a su hermana, quien trabajaba con él fue obligado a acostarse boca abajo, en donde le propinaron dos impactos de bala.

En estos hechos, testigos aseguraron que aproximadamente 16 personas obstaculizaron  la entrada y encubrieron la huida  de los sicarios que acabaron con la vida de Jesús Maria.

En materia de justicia el Juzgado Tercero Penal Especializado de Medellín condenó a 40 años a Álvaro Gómez Mesa y a Jorge Eliécer Rodríguez Guzmán, cooautores del asesinato, éstos no han sido capturados.

Así mismo condenó a Carlos Castaño, como autor intelectual del asesinato de Jesús María Valle.

En el año 2007 el Consejo de Estado estimó que no se adoptaron medidas para proteger la vida de Jesús María Valle y condenó al Estado al pago de una indemnización para la familia del defensor.

En 2008 el caso fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, contra el Estado Colombiano. La CIDH obligó al Estado a reabrir la investigación, y a realizar un acto público donde se reconozca la responsabilidad en este crimen, por otra parte se ordena la colocación de una placa en memoria de Jesús María Valle en el Palacio de Justicia de Antioquia.

El Estado colombiano reconoció ante la Corte Interamericana su responsabilidad por “Omisión”, en las recientes sesiones realizadas en San José de Costa Rica. “Omisión” que pretende ocultar la Actuación estatal. “Omisión” de la responsabilidad de quienes fueron denunciados públicamente por Jesús María como garantes del desarrollo de la estrategia paramilitar en el departamento de Antioquia.

El año siguiente, en 2009 la Fiscalía reabrió el caso y vinculo a Salvatore Mancuso y a Isaías Montes Hernández, alias “Junior”.

En año 2014,  se instalo la placa en el Palacio de Justicia José Félix Restrepo en memoria del defensor de derechos humanos Jesús María Valle, allí el Estado hará orden de perdón. 
Hoy recordamos las palabras de uno de sus amigos, pronunciada el día del sepelio y que hoy siguen vigentes en nuestra Colombia: “En este país las posiciones diferentes, claras y con argumentos sólidos que hablan de las angustias de un pueblo sometido a un conflicto que le ha quitado toda dignidad son acalladas porque, al decir de algunos, hacen parte de uno de los bandos de la guerra. Seguimos en ese punto donde no hay contradictores sino enemigos que se deben eliminar inmediatamente”.

Hoy, sus opiniones, pensamientos, palabras y sentimientos, retumban en la memoria de hombres y mujeres que construyen día a día justicia y que caminan en busca de la verdad y de un país distinto.

Jesús María Valle en la Memoria
Jesús María Valle Sin Olvido