jueves, 26 de abril de 2018

Carlos Pizarro Leongómez

Abril 26 de 1990


Carlos Pizarro Leongómez nacido en la ciudad de Cartagena el 6 de Junio de 1951 inició sus estudios en la facultad de Derecho en la Universidad Javeriana en donde participó de primera y única huelga estudiantil de la institución esta actividad revolucionaria le costó su expulsión. Después ingresa a la Universidad Nacional de Colombia, donde culmina sus estudios, allí alimentó su interés por la vida política y empezó a vincularse activamente a organizaciones como la JUCO, que avivaron su pasión y sus convicciones sobre una Colombia distinta. Tras militar en las FARC y diferir con sus comandantes en la forma que llevaban sus acciones, Pizarro, junto con Jaime Bateman, Álvaro Fayad, Bernardo Jaramillo y otros, fundan el Movimiento 19 de Abril.

Carlos Pizarro, se convirtió rápidamente en uno de los más importantes dirigentes del M-19, que respondió a la paz por la que clamaba nuestro país, un sueño nuevo que forjaban desde sus ideas de revolución dejando las armas y conformando el partido de la Alianza Democrática M-19, con el cual apostó por la presidencia para 1990.

La estrategia paramilitar, se justificó en una supuesta política doble por parte de la Unión Patriótica y en general de aquellos partidos que aún hoy, representan la oposición colombiana. La represión, convertida en balas, asesinó a Carlos Pizarro Leongómez el 26 de Abril de 1990, siendo candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19, un día oscuro para nuestra historia, balas para el cuerpo de un hombre, gritos de muerte para una multitud. Su avión de Bogotá a Barranquilla no había despegado, y ya Gerardo Gutiérrez Uribe, había disparado hacia el candidato presidencial por órdenes de Carlos Castaño Gil, jefe de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU).

Ese día se aniquilaron los anhelos de este hombre de 39 años que tenía para un pueblo entero. Corrió la gente por la calle, cantando su nombre, llorando su adiós, gritando en nombre de un pueblo dolido y cansado, abrazando todavía los sueños firmes.

Años de dolor que hoy se despiertan con esperanzas de paz, aún hoy queremos hacernos responsables de una actitud política de paz, de justicia. Donde se nos exige creer y actuar por un país diferente, no hemos olvidado, no hemos dejado de soñar y no vamos a dejar de trabajar.

Recordamos a Carlos Pizarro, pues en nuestro tiempo, todavía tiene qué decirnos, más de dos décadas después de exigir una constituyente, seguimos siendo llamados a la paz, un proceso que requiere de coherencia, de voluntad, de justicia y de memoria.

Carlos Pizarro, en la memoria
Carlos Pizarro Sin Olvido

lunes, 9 de abril de 2018

Jorge Eliecer Gaitán


Primero fue el desconcierto, después la indignación, luego sopló una ráfaga de cólera que encegueció las conciencias. La historia de Colombia tomó otro rumbo. Ya el País no regresaría jamás a lo que había sido hasta la 1:15 p.m. del 9 de abril de 1948. Jorge Eliécer Gaitán había despertado las esperanzas de las gentes, que consideraron el magnicidio como la frustración de sus sueños democráticos.

Como un hombre emocional, pasional y místico, ideológicamente feminista y como un político futurista, así define Gloria Gaitán a su padre el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

El 9 de abril de 1948, hacia la 1:15 p.m. en la Avenida Jiménez con Carrera 7ma en la ciudad de Bogotá, a la salida de su oficina, JORGE ELIECER GAITAN AYALA fue atacado por un sicario, quién disparó en tres ocasiones, logrando llegar con vida al Hospital Central en donde murió. Esta fecha, fue la que se denominó luego, como el “Bogotazo”, que quedó grabado en la historia colombiana y que destapó finalmente, la persecución adelantada contra el gaitanismo.

El día anterior, el dirigente político y abogado, JORGE ELIÉCER GAITÁN ganó el caso del Teniente José María Cortés acusado de ser responsable del crimen de un periodista del partido Conservador, Eudoro Garza. Ese mismo día, a su hija Gloria Gaitán en el colegio Mary Mount de Bogotá una compañera de estudio le gritó: "Ojalá maten a su padre".

Según testimonios, ese 9 de abril, dos hombres que habían estado merodeando desde el medio día el lugar, se ubicaron de la siguiente manera, uno cerca de la puerta y el otro a pocos metros de distancia de éste. Al ver salir a JORGE ELIECER del edificio, uno de los hombres le hizo una señal al que apretaría el gatillo, quien posteriormente fue identificado como Juan Roa Sierra, actor material del magnicidio.

Juan Roa, se acercó a JORGE ELIECER por la espalda y le disparó en varias ocasiones. Tres balas se alojaron en su humanidad, una de ellas en la cabeza, dos en el tórax. Era tal la resistencia de JORGE ELIECER, su arraigo a la vida y a lo que en ella aún tenía por hacer, que se mantuvo vivo hasta llegar a la Clínica Central ubicada en la calle 12 con carrera 4ª, donde falleció en momentos en que le realizaban una transfusión de sangre.

Conocido el deceso del líder liberal se inició una revuelta popular en Bogotá y en diversas ciudades con la pretensión de derrocar el gobierno conservador a quién se responsabilizó del Crimen, de quien iba a ser sin lugar a dudas, el presidente de Colombia. Con su crimen se disparó la violencia represiva del Estado y la sublevación como expresión popular ante el establecimiento.

Cientos de muertos y heridos, el centro de la capital destrozado y el inició de una época de violencia política, que 60 años después no termina.

La vida de Gaitán se construyó al lado de las aspiraciones de dignidad de amplios sectores populares colombianos. Sus ideas dentro del partido Liberal fueron trastocando los cimientos de poder de los dirigentes de su partido y los del conservador, el temor del establecimiento a la posibilidad de una conquista del poder generó diversas reacciones en contra.

Esta actitud se expresó a través de la prensa, de la jerarquía de la iglesia política, de las instituciones educativas, las expresiones despectivas, la intolerancia al pensamiento plural fueron ambientando el año de 1946, el desarrollo de estrategias paramilitares, llamadas "los chulavitas", y "pájaros" instigadas e inspiradas en el Gobierno del Partido Conservador de Mariano Ospina Pérez..

Al lado de la estrategia represiva se iba desarrollando una estrategia política y de control social de división en las bases populares. La combinación de ambos mecanismos generó el enfrentamiento popular mientras la clase dirigente conservaba el poder.

Gaitán expresó la necesidad de constituir una democracia directa a cambio de una democracia representativa, evidenció el abismo de la clase dirigente con el pueblo, el uso del engaño para disgregar las posibilidades de acceso al poder de los intereses contrarios a las oligarquías.

Concretamente, fue el 23 de septiembre de 1945, el día en que Gaitán fue promulgado como el “Candidato del Pueblo” por una gran convención popular celebrada en la plaza de Toros La Santamaría. En esa ocasión, fue vencido por el conservador Mariano Ospina Pérez.

Fue esta misma relación que Gaitán tenía con el pueblo la que lo llevó ser visto por jefes de los partidos políticos como un hombre irresponsable y peligroso, como un revoltoso.


¿Pero cómo no temerle? si Gaitán a sus tan sólo 32 años, era Presidente de la Cámara de representantes, ostentaba la Jefatura de la Dirección Nacional Liberal y la Rectoría de la Universidad Libre.

Alcalde de Bogotá en 1936, Ministro de Educación en 1940, Ministro de Trabajo (1943-44) y Magistrado de la Corte Suprema en 1939; fueron otros de los cargos que ocupó.

Pero ahí justamente, radicaba la diferencia entre Gaitán y los políticos de su tiempo, quienes querían estar por encima del pueblo y quiénes compartían con la sociedad las causas, más no el sentir colectivo y las emociones.

Eduardo Umaña Mendoza antes de su crimen reabrió el proceso judicial con una denuncia en la que se develaba la participación de la clase dirigente en el crimen, responsabilidad que siempre se oculta bajo el sicariato, formas mercenarias o la fuerza pública y paramilitar, la participación de la Central de Inteligencia Americana, CIA.

Se conmemora otro año de impunidad, que se han enfrentado no solo al aparato judicial, si no al genocidio del movimiento gaitanista, al olvido propiciado por la historia oficial.

Con el crimen de Gaitán se mostró la capacidad criminal del establecimiento, la pretensión de borrar de un tajo la memoria, y negar a los excluidos la posibilidad de la democracia política y la democracia económica.

En los discursos de Gaitán se supera la impunidad del aparato de justicia, fortín en que el crimen conserva sus privilegios fundados en la sangre, en la corrupción y la infamia. En su memoria, en su dinamismo presente, como una conjuración contra el olvido, su palabra, expresión de una esperanza que se mantiene.

Jorge Eliécer Gaitán en la memoria

Jorge Eliécer Gaitán Sin Olvido 




lunes, 26 de febrero de 2018

Operación Genesis del 24 al 27 de febrero de 1997

Soy Génesis a 21 años de la operación militar paramilitar - Comisión Justicia y Paz

21 años de destrucción de la Operación Genesis, 21 años de creación 

Primer Dia

Desde la Brigada XVII, al mando del General RITO ALEJO DEL RIO, se desató durante cuatro días, hace 7 años, una operación militar registrada en los documentos oficiales, como la Operación “Génesis”. Actuaciones por aire con ametrallamientos, bombardeos indiscriminados.

Por tierra, fuerzas combinadas militares e irregulares -paramilitares- realizaron quema de casas, saqueos, amenazas de muerte y posteriormente el asesinato del afrodescendiente MARINO LOPEZ, descuartizado, con su cabeza convertida en un balón de fútbol para sus victimarios. Los resultados daños irreparables, como la vida de MARINO LOPEZ, el desplazamiento de 3000 personas del Cacarica y de 7 mil más del bajo Atrato, hacen evidente en el departamento del Chocó 7 años de absoluta impunidad.

Las declaraciones de los testigos estan ahora extraviadas. Los responsables en plena libertad por las calles, por los ríos, gozan de la impunidad jurídica, de la impunidad social, de las impunidades religiosas, de la impunidad política. Los victimarios gozando de visibilidad en medios de información. Las víctimas judicializadas y sometidas a una presión militar inusitada de nueva destrucción de sus mentes, de sus cuerpos, de sus almas.

Un relato en versión vallenata, memoria del abuso del poder, de la barbarie, que comenzó hace 21 años. De las cenizas del “génesis”, la Creación en el Cacarica. Afrodescendientes, mestizos e indígenas en su Territorio afirmado su derecho a la Memoria y a la Justicia, a pesar del silencio, del olvido, del terror.


¡¡¡ Ay hombe
Les vengo a contar la historia de nuestro desplazamiento
como fue que sucedió estando allá en el Chocó
este es un caso muy duro para que el mundo lo sepa
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
con bombas y metralletas
Ay fue la pública fuerza
eso no se hace con el pueblo que trabaja
Un 24 de febrero del año 97, un lunes de mañanita
estando allá en Montañita
la gente se levantaba pa’ su tarea cotidiana
cuando del cielo escuchamos, unos grandísimos ruidos,
de los pájaros metales que venían a su destino a sacar al campesino
Ay… ay.
Ya siendo la hora 7, esto si me dolió a mi, de seguido allá explotaban las bomba en el Salaquí
de los aviones Kafir que allá rápido volaban, cumpliendo con su misión pa’ acabar con la población,
pa’ acabar con la población, cumpliendo con su misión
cumpliendo con su misión en esa bella región
¡¡¡ Dios mío mete tu mano para que cese la guerra, no haiga más desplazados
Siendo las 6 de la tarde, el caso me preocupaba, allá en la comunidad la fuerza también se entraba
con ráfagas de metralla y bombas también tiraban, cuando salimos corriendo huyendo pa las montañas
en los brazos yo cargaba una niña que lloraba
una niña que lloraba
su madre desesperada
Ay ¡¡¡


Segundo Dia


Y llega el 25 de febrero, habíamos visto los sobrevuelos, las bombas que caían, los helicópteros aterrizaban repletos de uniformados identificándose como ejército. Después que aterrizaron en La Loma Salaquí y en La Loma del Cacarica vimos salir uniformados: ejército, ejército. Y de allí mismo surge dos grupos. Uno denominado ejército nacional y otro denominado las ACCU .

El ejército se pone en dos sectores y las ACCU hace con algunos militares el recorrido por todo el territorio. Se preparan para ir al Cacarica, al Perancho, a Bocas del Limón, a Quebrada Bonita. Cuando nos van cogiendo a los campesinos, le colocan como plazo a uno para desocupar el área de tres días, después dijeron que solo teníamos 24 horas. Cuando íbamos subiendo por el río Cacarica nos los encontramos, ya en ese momento no había Puente América, sólo quedaban las casas quemadas. Y entonces nos paran, y nos dicen: “ustedes se deben ir al municipio de Turbo”. Pregunta: “bueno” y nosotros como campesinos ¿qué vamos a hacer a Turbo, donde no tenemos donde vivir, no tenemos donde subsistir, donde esa no es nuestra tierra ni nuestra vida?. Nos decían: “No tranquilos, ustedes llegan a Turbo y los estará recogiendo la policía y los estará llevando al coliseo de Turbo, ya todo eso está hablado con todas las autoridades competentes”.

Eso fue el 25 de febrero.

21 años después todo sigue en la Impunidad. Todo está en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún abogan por su Vida, por el Territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Tercer Día

Y llegó el 26 de febrero, todo estaba como lleno de miedo, ya estaban en distintos caseríos, nos quemaron el rancho, la tienda de mujeres… no había guerrilla porque ellos nunca estuvieron estables, porque sólo pasaban, le dijimos a los militares si van por la guerrilla pues arriba, aquí no hay nada. Les dijimos, nosotros nos juntamos toditos en un pueblo y peleen. Ellos dijeron hay que hablar con el Comandante que estaba a unos metros de ahí y nos encontramos con que el mando es un paramilitar que nos dice: “la orden es que se van, o se mueren. Y se van a Turbo, allá los están esperando”. Ese 26 todo el mundo entendimos que no había nada que hacer… entonces mientras en las veredas nadie trabajaba y esperaba que nuestra idea fuera respetada, pero no les valía argumentos, ellos estaban ciegos de poder, de nuestra tierra. Todos a llorar a echar andar en otras embarcaciones llenas de gente.

En La Loma revueltos militares y paramilitares. Empezó ese día la correría para mucha gente y así fue ese día gris, las nubes llorando porque eso de las bombas cambia el clima, lo hace gris, hasta las aves en silencio, todos testigos de lo que no podíamos creer. A uno no se le cree hasta que lo vive. Nosotros que íbamos a pensar que Autodefensas y Estado era lo mismo. La verdad verdadera es esa, juntos, revueltos, amigos, nada los separaba, bajándose de los helicópteros, uno se calla porque el miedo es mucho, uno quiere la vida y no quiere morir sino de viejo, en su tierra, con sus animales y sus nietos. Esa verdad duele y por eso lo matan a uno, pero es la verdad. Muchos en estos años nos han dicho que nos callemos, nos han dejado de ayudar con dinero porque los ponemos en riesgo, nos condicionan la ayuda si no hacemos lo que ellos quieren… todo el mundo se llena de miedo. Nosotros tenemos miedo, recordamos, nos duele pero vemos claro, lo que otros quieren negar.,, salimos con miedo, llenos de terror, estamos con miedo pero tenemos aún nuestras vidas, nuestras almas, nuestro Proyecto de Vida… pero tenemos miedo.

Todo en la Impunidad, 21 años después. No hubo combates en el Cacarica. Hubo persecución, agresión, terror a la población civil. Todo en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún se resisten a creer, a aceptar que el poder de la fuerza, el poder del dinero, el poder religioso tienen la última palabra sobre su vida y sobre el territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Cuarto Día

Nuevamente los bombardeos. El 27 de febrero estando allá en Bijao, llega un grupo de paramilitares y un militar, a eso de las 9:00 de la mañana, MARINO LOPEZ, me dice estoy con miedo, no se si salir a Turbo. Los paramilitares y también militares rodearon todo el caserío, la gente ya había salido unos más arriba, otros a La Tapa. Nos juntaron a todos, nos amenazaron. A MARINO lo obligaron a bajar unos cocos, él como entre el miedo y nosotros diciéndoles, “ya nos vamos”. MARINO les decía, si fueron tres días los que nos dieron”, y dijo uno “ustedes se van hoy”. Dos de los doce militares tomaron a MARINO, y luego de entregarles los cocos, él puso sus botas y su camisa, y les pidió sus documentos de identidad. Uno de ellos dice: “ahora si quiere el documento de identidad, guerrillero”. Reclámelos a su madre, y vuelven a acusarlo de guerrillero. Y les dice: “ustedes saben que yo no soy”. Lo insultan, lo golpean. Uno de los criminales coge un macheta y lo corta en el cuerpo, MARINO intenta huir, se arroja al río, pero los paramilitares, lo amenazan, “si huye, le va peor”. MARINO regresa, extiende su brazo izquierdo para salir del agua. Uno de los paramilitares le mocha la cabeza con la macheta. Luego le cortan los brazos en dos, las dos piernas a la altura de las rodillas. Y empiezan a jugar fútbol con su cabeza. Todas y todos lo vimos. Ya no había nada más que decir, qué hablar. Todo estaba dicho. Endiablados, sin ninguna fe, ninguna moral. Todo gris, el alma, el cielo, la tierra. Todo se hizo silencio. Todo fue terror. El bombardeo del cuerpo, el bombardeo del alma. La muerte se hizo un juego.

21 años después todo sigue en la Impunidad. Todo está en la absoluta oscuridad. El cuerpo sometido a la exclusión, al confinamiento, a los nuevos embates psicológicos, jurídicos y morales. El territorio, el alma, sometidos a la presión, a la imposición del silencio, a la imposición de la impunidad, a la imposición de bases de concentración paramilitar, a la imposición de la agroindustria. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Hoy 21 años después, exigen, afirman sus derechos. Ellas y Ellos construyen propuestas de paz integral basadas en la Autodeterminación, la Vida, y la Dignidad. Desde ese último día de la operación “Génesis”, la creación nacida de la destrucción. El arco iris en el Cacarica de fragmentos de luz que la muerte, la persecución, los bloqueos, los bombardeos, las mentiras de los medios, los poderes económicos y militares, no lograron destruir: La verdad, la libertad, la Justicia, la Solidaridad, la fraternidad.


21 años de la destrucción, 21 años de creación
Memoria y Justicia Por el Territorio y por la Vida.


Bogotá, D.C. Febrero 26 de 2018

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

jueves, 9 de noviembre de 2017

Álvaro Ulcué Chocue

Noviembre 10 de 1984 - Noviembre 10 de 2017

Hoy hace 33 años, hacia las ocho y media de la mañana en Santander de Quilichao, departamento del Cauca, Álvaro Ulcué Chocue, para ese entonces primer sacerdote católico indígena en Colombia fue atacado por dos agentes de F-2 de la Policía Nacional, Miguel Ángel Pimentel y Orlando Roa, quienes dispararon en varias ocasiones contra Alvaro desde una motocicleta en la que se movilizaban.

ALVARO quedó mal herido, se bajó del vehículo en el que se transportaba y se tendió en la tierra. Luego, los sicarios se retiraron, pero al percibir que estaba mal herido lo remataron, y finalmente huyeron. 

Religiosas que estaban cerca al sitio, lo introdujeron en un taxi y lo condujeron al hospital de la localidad a donde llegó con vida. Momentos después falleció.

Las investigaciones penales y disciplinarias fueron manipuladas por las instituciones pretendiendo focalizar las responsabilidades en otros, algunos expedientes se “extraviaron”, llevando a que el crimen quedara en la impunidad.


El día del crímen, ALVARO debía actuar como padrino de un niño que iba a ser bautizado en Santander de Quilichao. Regresando de Cali a donde había ido la tarde anterior, llegó a Santander a las 7:30 a.m. y estuvo primero en la Casa Cural. De allí de dirigió al almacén de la madre del niño que iba a ser bautizado, donde le obsequiaron una camisa. Luego pidió el teléfono para hacer una llamada a la Hermana Luz Marina, quien también iba a participar en el bautizo y se encontraba en ese momento en el Hogar Santa Inés; le pidió que le preparara un desayuno, pues iba hacia el hogar enseguida.

Cuando llegaba al Hogar Santa Inés, ocurrió el crimen. Gracias a un testigo ocular se pudo identificar a los dos asesinos como miembros del F-2. El testigo rindió declaración ante el Juzgado Segundo Ambulante de Instrucción Criminal.

En abril de 1985, inexplicablemente el testigo fue buscado por Agentes de la Procuraduría General de la Nación y obligado, contra su voluntad, a viajar a Popayán para “ratificar sus denuncias”. Al reconocer en fila a uno de los victimarios, el juez permitió que el acusado identificara plenamente al denunciante y lo amenazara. Luego, uno de los Agentes de la Procuraduría que lo acompañaba llevó al testigo al Cuartel de la Policía de Popayán donde, bajo todo tipo de intimidaciones, le exigieron cambiar su versión ante el juez, para acusar a las FARC del asesinato del Padre Ulcué. Llevado nuevamente al juzgado, lo obligaron a firmar un documento, sin permitirle leerlo. Luego fue conducido a los calabozos del DAS en Cali, donde recibió nuevas amenazas.

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos ofició entonces, a la Presidencia de la República y a la Procuraduría General de la Nación, denuncias por tan delictiva manipulación de las investigaciones, sin obtener ninguna respuesta. Aun más, todas las copias del expediente de la Procuraduría sobre el asesinato del Padre Ulcué “se perdieron”, llevando a que el crimen quedara en la más absoluta impunidad.

Los restos del padre ALVARO fueron trasladados a Pueblo Nuevo, la tierra indígena que lo vio nacer. La tierra por la que hoy en su memoria los pueblos indígenas, los campesinos mestizos y afrodescendientes la defienden afirmando su dignidad. No fue sepultado en el templo, como muchos querían, sino que se cumplió su voluntad expresa:

“Si he de morir, quisiera que mi cuerpo quedase amasado en la arcilla de los fuertes, como un cemento vivo arrojado por Dios entre las piedras de la Ciudad Nueva”.

Han pasado 33 años, y la fortaleza del testimonio de ALVARO ULCUE CHOCUE vive en la dignidad de los pueblos del Cauca que afirman sus derechos, su dignidad. Esos pueblos exhuman hoy la memoria, la causa por la cual fue asesinado el sacerdote indígena, la concentración de la tierra, la imposición de un modelo de desarrollo que privatiza el territorio, que comercializa la vida. Por ello,


ALVARO ULCUE… en la Memoria
ALVARO ULCUE… Sin Olvido



Sin Olvido

jueves, 12 de octubre de 2017

Masacre Vereda El Tabor




Palestina, Huila octubre 1985

En la madrugada del 11 de octubre de 1985, hace 32 años, hasta la vereda El Tabor en el Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, según testimonios, miembros del ejército nacional con apoyo de la policía local, llegaron hasta la vivienda donde se encontraba Martín Humberto Coy, Jesús Tunjo y Jaime Loaiza  y luego de torturarlos les asesinaron y los arrojaron al lado del camino.

El crimen de los 4 campesinos marcó el inicio del exterminio contra el movimiento político Unión Patriótica, surgido de los acuerdos de paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancourt y la guerrilla de las Farc E.P en el año 1984.

En la memoria de familiares y vecinos sigue presente el dolor por el daño a la vida y la afectación a una iniciativa productiva y organizativa truncada en la región y se aguarda la esperanza de que en el marco de la implementación de los acuerdos se generen las condiciones para restaurar la vida, la memoria, la verdad, y se construya la paz con justicia socio-ambiental y desarrollo integral para las y los campesinos e indígenas de la región.



Palestina, 32 años de memoria.

El Tabor, 32 años Sin Olvido. 











martes, 3 de octubre de 2017

Luis Fernando Lalinde Lalinde




3 de octubre de 1984 - 3 de octubre de 2017


Memoria y Justicia


Luis Fernando Lalinde, estudiante de sociología, militante de Partido Comunista Marxista-Leninista fue detenido arbitrariamente, torturado, desaparecido forzadamente y ejecutado extrajudicialmente entre el 3 y el 4 de Octubre de 1984 por efectivos militares del batallón de Infantería.


Integrantes de una patrulla contra-guerrilla en el caserío de Verdun, municipio de El Jardín, Antioquia, tomaron la decisión de detener arbitrariamente a Luis Fernando, en medio de un escenario en que se hablaba de diálogos para la paz, y en que los amantes de la violencia no descansan. Desde ese día su madre es parte de la historia de la dignidad, la expresión de la mujer que cree, que desde las entrañas rompe las urdimbres del poder, la de una hermana que en la estética expresa el dolor en esperanza, en que ellas y él se convierten en gestoras de una epopéyica popular

Luis Fernando fue conducido a una pesebrera donde luego de ser atadas sus manos, fue torturado. Lo amarraron de la nuca con un lazo a una viga y "lo subían y bajaban" mientras era golpeado brutalmente. Después,  los mismos miembros del ejército, lo llevaron a la escuela y lo amarraron a un árbol. Actuando sobre la seguridad del terror continuaron las torturas en presencia de adultos y niños del lugar. Sus victimarios, los integrantes de la patrulla de Contraguerrilla – Compañía “Condor”, comandada por el capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, el subteniente Samuel Jaimes Soto, el subteniente Jaime Andrés Tejada González y el cabo primero Medardo Alberto Espinosa Areiza y 16 soldados más, no ocultaron su inhumanidad.

Al anochecer  a Luis Fernando lo trasladaron en un camión militar con dirección al municipio de Río Sucio, en el departamento de Caldas. Este día fue el último en que Luis Fernando fue visto con vida. Su cuerpo fue despojado de su nombre y puesto con el alias de “Jacinto”, la pretensión justificar su muerte como un acto legal y legitimo de las fuerzas militares contra un guerrillero, porque lo que se llaman hoy falsos positivos, desde 1964, siempre han existido, solo habrá que consultar el anverso de los manuales contrainsurgentes de las fuerzas militares de Colombia.  El comandante de la brigada 8 en Armenia, Coronel Héctor Julio Ayala Cerón comunicó a los Familiares de Luis Fernando que tenía reportado 13 cadáveres sin identificación entre los cuales se hallaba un alias “Jacinto”.

Pero no todo podía ser perfecto. El sueño, el afecto materno, la pasión familiar,  la comunicación que supera la muerte biológica fue desmoronando poco a poco tanta impunidad estructurada meticulosamente para evitar que ningún ápice de justicia fuera posible.

El Juez 13 de Instrucción Criminal concluyó en 1986 que  “Jacinto” era Luis Fernando. Una verdad afirmada por su madre a pesar de tanto engaño institucional. Un año antes, la decisión de la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares, a través del General Nelson Mejía Henao, decretó archivada la investigación por “falta total de pruebas”, pero como siempre ha sido la justicia con los crímenes de Estado, el fallo reconocia la detención de Luis Fernando, sin pronunciarse sobre su asesinato y desaparición forzada, sin vincular al militar que disparó, el Teniente Tobo Peña. En 1998 el estado colombiano fue condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ese sueño persistente el de parajes, el de un árbol una y otra vez se convirtieron en la comunicación perfecta, el mensaje escuchado de la madre de la expresión del hijo diciendo: “aquí estoy, encuéntrame”. Es el afecto que vence la muerte. Sí,  así Doña Fabiola iba develando la verdad, por encima de expedientes judiciales que llevaban a la impunidad, a negar quién era su hijo….. y hallados los restos solo fue hasta el 19 de noviembre de 1996 en la ciudad de Medellín, que por fin Doña Fabiola, Adriana y su hermano lograron inhumar a Luis Fernando.

Desde hace más 30 años los sueños son el signo de la verdad y de la vida. Nunca tan claramente ese amor en libertad condujo a la verdad, nunca fue tan cierto que los sueños son verdad. Desde ese día, desde todos estos días que suman cerca de 10 mil, esa memoria es colectiva, los sueños de millares de madres son la verdad, son la realidad que la justicia no ha querido esclarecer, son la exhumación de millares de restos de desaparecidos forzados, son la verdad de más de 60 mil desaparecidos que ahora con la paz se quieren negar, como si nunca hubieran existido, como si el Estado Colombiano, nunca hubiera desaparecido a ningún ciudadano.

Luis Fernando Lalinde Lalinde en la memoria, Luis Fernando Lalinde Lalinde Sin Olvido

lunes, 4 de septiembre de 2017

Tulio Enrique Chimonja


Tulio Enrique Chimonja, Conocido como “TULIN”, campesino, labrador de la tierra, a sus 33 años de vida, padre de 7 hijos e hijas fue desaparecido forzadamente el 3 de septiembre de 1983, en la Vereda El Tabor, Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, cuando hombres armados que se identificaron como miembros del 13 frente de las Farc, llegaron durante la noche hasta su vivienda, solicitando que debía acompañarlos para responder unas preguntas pero que al amanecer estaría de vuelta con su familia.

La búsqueda, la espera, la exigencia por su regreso, completan 34 años y los daños causados a su familia son irreparables.

Hoy su esposa, sus 7 hijos e hijas, sus 5 nietas y 3 nietos seguimos reclamando nuestro derecho a la verdad, nuestro derecho a saber qué pasó con nuestro padre, esposo y abuelo, nuestro derecho a la reparación integral.

A pesar del daño, a pesar del vacío, a pesar de la incertidumbre por nuestro ser querido desaparecido, hoy somos una familia que lucha por la paz con justicia social y ambiental, somos una familia de fe, una familia que lidera propuestas agroambientales, que protege la biodiversidad y que hacemos parte de CONPAZ, comunidades construyendo paz en los territorios, porque aportamos a una paz estable y duradera con propuestas concretas, porque seguimos afirmando el derecho a la memoria, el derecho a la tierra, el derecho a la vida como campesinos y el derecho que tenemos como humanidad para que crímenes como la desaparición forzada no se repitan nunca más.

Tulio Enrique Chimonja en la Memoria.
Tulio Enrique Chimonja Sin Olvido.