jueves, 12 de octubre de 2017

Masacre Vereda El Tabor




Palestina, Huila octubre 1985

En la madrugada del 11 de octubre de 1985, hace 32 años, hasta la vereda El Tabor en el Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, según testimonios, miembros del ejército nacional con apoyo de la policía local, llegaron hasta la vivienda donde se encontraba Martín Humberto Coy, Jesús Tunjo y Jaime Loaiza  y luego de torturarlos les asesinaron y los arrojaron al lado del camino.

El crimen de los 4 campesinos marcó el inicio del exterminio contra el movimiento político Unión Patriótica, surgido de los acuerdos de paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancourt y la guerrilla de las Farc E.P en el año 1984.

En la memoria de familiares y vecinos sigue presente el dolor por el daño a la vida y la afectación a una iniciativa productiva y organizativa truncada en la región y se aguarda la esperanza de que en el marco de la implementación de los acuerdos se generen las condiciones para restaurar la vida, la memoria, la verdad, y se construya la paz con justicia socio-ambiental y desarrollo integral para las y los campesinos e indígenas de la región.



Palestina, 32 años de memoria.

El Tabor, 32 años Sin Olvido. 











martes, 3 de octubre de 2017

Luis Fernando Lalinde Lalinde




3 de octubre de 1984 - 3 de octubre de 2017


Memoria y Justicia


Luis Fernando Lalinde, estudiante de sociología, militante de Partido Comunista Marxista-Leninista fue detenido arbitrariamente, torturado, desaparecido forzadamente y ejecutado extrajudicialmente entre el 3 y el 4 de Octubre de 1984 por efectivos militares del batallón de Infantería.


Integrantes de una patrulla contra-guerrilla en el caserío de Verdun, municipio de El Jardín, Antioquia, tomaron la decisión de detener arbitrariamente a Luis Fernando, en medio de un escenario en que se hablaba de diálogos para la paz, y en que los amantes de la violencia no descansan. Desde ese día su madre es parte de la historia de la dignidad, la expresión de la mujer que cree, que desde las entrañas rompe las urdimbres del poder, la de una hermana que en la estética expresa el dolor en esperanza, en que ellas y él se convierten en gestoras de una epopéyica popular

Luis Fernando fue conducido a una pesebrera donde luego de ser atadas sus manos, fue torturado. Lo amarraron de la nuca con un lazo a una viga y "lo subían y bajaban" mientras era golpeado brutalmente. Después,  los mismos miembros del ejército, lo llevaron a la escuela y lo amarraron a un árbol. Actuando sobre la seguridad del terror continuaron las torturas en presencia de adultos y niños del lugar. Sus victimarios, los integrantes de la patrulla de Contraguerrilla – Compañía “Condor”, comandada por el capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, el subteniente Samuel Jaimes Soto, el subteniente Jaime Andrés Tejada González y el cabo primero Medardo Alberto Espinosa Areiza y 16 soldados más, no ocultaron su inhumanidad.

Al anochecer  a Luis Fernando lo trasladaron en un camión militar con dirección al municipio de Río Sucio, en el departamento de Caldas. Este día fue el último en que Luis Fernando fue visto con vida. Su cuerpo fue despojado de su nombre y puesto con el alias de “Jacinto”, la pretensión justificar su muerte como un acto legal y legitimo de las fuerzas militares contra un guerrillero, porque lo que se llaman hoy falsos positivos, desde 1964, siempre han existido, solo habrá que consultar el anverso de los manuales contrainsurgentes de las fuerzas militares de Colombia.  El comandante de la brigada 8 en Armenia, Coronel Héctor Julio Ayala Cerón comunicó a los Familiares de Luis Fernando que tenía reportado 13 cadáveres sin identificación entre los cuales se hallaba un alias “Jacinto”.

Pero no todo podía ser perfecto. El sueño, el afecto materno, la pasión familiar,  la comunicación que supera la muerte biológica fue desmoronando poco a poco tanta impunidad estructurada meticulosamente para evitar que ningún ápice de justicia fuera posible.

El Juez 13 de Instrucción Criminal concluyó en 1986 que  “Jacinto” era Luis Fernando. Una verdad afirmada por su madre a pesar de tanto engaño institucional. Un año antes, la decisión de la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares, a través del General Nelson Mejía Henao, decretó archivada la investigación por “falta total de pruebas”, pero como siempre ha sido la justicia con los crímenes de Estado, el fallo reconocia la detención de Luis Fernando, sin pronunciarse sobre su asesinato y desaparición forzada, sin vincular al militar que disparó, el Teniente Tobo Peña. En 1998 el estado colombiano fue condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ese sueño persistente el de parajes, el de un árbol una y otra vez se convirtieron en la comunicación perfecta, el mensaje escuchado de la madre de la expresión del hijo diciendo: “aquí estoy, encuéntrame”. Es el afecto que vence la muerte. Sí,  así Doña Fabiola iba develando la verdad, por encima de expedientes judiciales que llevaban a la impunidad, a negar quién era su hijo….. y hallados los restos solo fue hasta el 19 de noviembre de 1996 en la ciudad de Medellín, que por fin Doña Fabiola, Adriana y su hermano lograron inhumar a Luis Fernando.

Desde hace más 30 años los sueños son el signo de la verdad y de la vida. Nunca tan claramente ese amor en libertad condujo a la verdad, nunca fue tan cierto que los sueños son verdad. Desde ese día, desde todos estos días que suman cerca de 10 mil, esa memoria es colectiva, los sueños de millares de madres son la verdad, son la realidad que la justicia no ha querido esclarecer, son la exhumación de millares de restos de desaparecidos forzados, son la verdad de más de 60 mil desaparecidos que ahora con la paz se quieren negar, como si nunca hubieran existido, como si el Estado Colombiano, nunca hubiera desaparecido a ningún ciudadano.

Luis Fernando Lalinde Lalinde en la memoria, Luis Fernando Lalinde Lalinde Sin Olvido

lunes, 4 de septiembre de 2017

Tulio Enrique Chimonja


Tulio Enrique Chimonja, Conocido como “TULIN”, campesino, labrador de la tierra, a sus 33 años de vida, padre de 7 hijos e hijas fue desaparecido forzadamente el 3 de septiembre de 1983, en la Vereda El Tabor, Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, cuando hombres armados que se identificaron como miembros del 13 frente de las Farc, llegaron durante la noche hasta su vivienda, solicitando que debía acompañarlos para responder unas preguntas pero que al amanecer estaría de vuelta con su familia.

La búsqueda, la espera, la exigencia por su regreso, completan 34 años y los daños causados a su familia son irreparables.

Hoy su esposa, sus 7 hijos e hijas, sus 5 nietas y 3 nietos seguimos reclamando nuestro derecho a la verdad, nuestro derecho a saber qué pasó con nuestro padre, esposo y abuelo, nuestro derecho a la reparación integral.

A pesar del daño, a pesar del vacío, a pesar de la incertidumbre por nuestro ser querido desaparecido, hoy somos una familia que lucha por la paz con justicia social y ambiental, somos una familia de fe, una familia que lidera propuestas agroambientales, que protege la biodiversidad y que hacemos parte de CONPAZ, comunidades construyendo paz en los territorios, porque aportamos a una paz estable y duradera con propuestas concretas, porque seguimos afirmando el derecho a la memoria, el derecho a la tierra, el derecho a la vida como campesinos y el derecho que tenemos como humanidad para que crímenes como la desaparición forzada no se repitan nunca más.

Tulio Enrique Chimonja en la Memoria.
Tulio Enrique Chimonja Sin Olvido.

jueves, 24 de agosto de 2017

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta


A veces me parece que el tiempo no pasara desde ese agosto de muertes, exilio y horror de 1987. Hace treinta años asesinaron en Medellín, entre muchos, a Pedro Luis Valencia, Luis Felipe Vélez, Héctor Abad y Leonardo Betancur. Poco antes o después mataron a muchos otros profesores y estudiantes universitarios en la ciudad.

Y hoy siguen matando a los nuevos líderes y defensores/as de la vida, los derechos, la tierra y la dignidad en todas las regiones del país.

Parece increíble que los crímenes de hace treinta años todavía sigan impunes. Que la impunidad se haya convertido en combustible de nuestras violencias y en una especie de condición fatal de nuestra vida en sociedad. Y que los crímenes de hoy sigan cubiertos por el mismo manto de dudosa y desesperante impunidad. Parecería, además, que los asesinatos de hace treinta años tuviéramos que entenderlos y aceptarlos, resignados, como parte de la guerra irregular que padecimos en el último medio siglo. Y que los de hoy fueran el coletazo de la misma guerra y tuviéramos que aceptarlos pasivamente como el costo inevitable de una paz esquiva.

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta. Los seleccionaron bien para que el mensaje fuera claro: decapitar el pensamiento crítico, los liderazgos sociales y las organizaciones políticas y populares. Quitarle piso y legitimidad a la defensa de los derechos humanos. Y, con el asesinato del profesor Abad, un liberal valiente e inteligente que llegaba a sus 66 años y ya sólo quería cultivar sus nietos, sus amigos y sus rosas, intimidarnos a todos haciéndonos sentir que la próxima víctima podía ser cualquiera de nosotros.

La prepotencia de los perpetradores los llevó inclusive a dar preavisos. Al doctor Abad lo incluyeron en una lista de amenazados de la que él, en su mezcla de humor e ingenuidad, dijo sentirse honrado por la calidad de los demás señalados. Y a Leonardo, ocho años antes de asesinarlo, lo detuvieron y encarcelaron sindicándolo de subversivo por atender a un campesino acusado después de guerrillero. Abad le llevó entonces a Leonardo sus estudiantes a la cárcel. Y éste empezó su clase en cautiverio con la célebre frase: “como decíamos ayer…”. Ambos enseñaron desde allí, a sus alumnos y a los demás prisioneros, lecciones imborrables de libertad, dignidad y coherencia.

No sólo fue letal aquel agosto de 1987. Según una tesis doctoral, entre 1985 y 2005 sólo en Antioquia fueron asesinados 398 docentes, un promedio anual de 20. La inmensa mayoría, 91%, eran maestros de primaria y secundaria, y 21 - 5% del total - docentes de mi Universidad de Antioquia. Todos eran, al mismo tiempo, líderes sociales, defensores de derechos humanos, o sindicalistas y militantes de organizaciones políticas. ¿Quién los mató? No se ha podido (o querido) demostrar de manera inequívoca hasta ahora. Pero todo indica que fueron organizaciones paramilitares, agentes de seguridad del Estado y grupos guerrilleros. Es de esperarse que, con valor, rigor y ecuanimidad, las distintas instancias de la Justicia Especial para la Paz aclaren por fin la verdad y hagan justicia.

Cuando se pensionó en 1982, le dije en un homenaje al doctor Abad: “el sembrador siempre nace”. Se lo repetí, ya él ausente, al conmemorar 20 años de su muerte. Y hoy se lo repito a él, se lo digo a los 398 maestros/as asesinados, y a todos los líderes que siguen siendo víctimas de este exterminio que no cesa.

A mediados de ese agosto trágico de 1987, todavía en compañía de Abad y Leonardo, titulé mi intervención en las exequias de Pedro Luis Valencia: “muertes que son semillas”. Hoy, treinta años después, puedo decirles a ellos, a todas las víctimas de asesinatos político-sociales y a los que todavía seguimos vivos, que efectivamente sus muertes sí fueron semilla. Que sus semillas siguen germinando. Y que, si al fin aprendemos a convivir con justicia, dignidad y sin matarnos, sus muertes no fueron en vano.

Saúl Franco,
Médico social.


Bogotá, 23 de agosto de 2017.

domingo, 13 de agosto de 2017

JAIME GARZON FORERO


Agosto 13 de 1999 - Agosto 13 de 2017


Con su risa de dientes desordenados, un pensamiento que le daba vuelco a los análisis políticos, que aun hoy siguen vigentes en la historia de Colombia. Constructor de paz y de una cultura política con el humor, entre la indignación y su fuerza por aportar a este país gente con opinión. Jaime se abrió camino entre cientos de colombianos que lo quisieron, respetaron y siguieron, incluso después de cegada su vida.



Ese 13 de Agosto a muy tempranas horas, cuando iba camino a su trabajo en la radio, Jaime fue interceptado en el barrio Quinta Paredes, en la ciudad de Bogotá; dos sicarios que se transportaban en una motocicleta de alto cilindraje, con placas ocultas, le dispararon en 5 ocasiones causándole la muerte. Sí, ese día despedimos a nuestro querido Jaime Hernando Garzón Forero, el estudiante abogado que fue más allá de las leyes, el que desafió la amargura y el dolor con su apropiada capacidad de reírse de sí mismo y de todas las formas de poder.



Su humor creativo y directo no era bien visto en sectores de poder. A éste, le aterra la risa y la burla de sus pequeñeces. Por eso, algunos molestos incitaron el crimen. Testigos ya asesinados de la banda La Terraza manifestaron que sabían de esas molestias, entre ellas las de Jorge Enrique Mora, el enlace con los paramilitares del alto mando militar, Coronel Plazas Acevedo, y a través de éste Carlos Castaño, quien también sabía de la animadversión de empresarios antioqueños, quienes encontraron la legitimación para asesinarlo.



Su mirada estructurada del país se reflejó en diversos personajes. Estos encarnaron vidas anónimas que expresaban el sentir nacional respecto a sus dirigentes, políticos, militares, eclesiásticos o actores sociales que expresan esas visiones plurales de Colombia. Dioselina Tibana, la cocinera tolimense del Palacio de Nariño que contaba las intimidades del gobierno;Néstor Elí el vigilante del edificio Colombia; Inti de la oz la joven reportera pos moderna, espotánea, ingeuna o ignorante, el Godofredo Cínico Caspa, la extrema derecha del país, el John Lenin, el estudiante idealista de la universidad pública.


Sus actuaciones humanitarias y su crítica al establecimiento desencadenó graves acusaciones del entonces Comandante del ejército colombiano, Jorge Enrique Mora Rangel, quién aseguró falsamente que Garzón era colaborador de una de las guerrillas colombianas. Esa fue la ambientación para la persecución a Jaime, así este altísimo general no lo reconozca y pretenda lavar su responsabilidad. Como este general, hoy parte de la delegación del gobierno que se mantiene en diálogos con las FARC en la Habana y quienes instigaron y se beneficiaron del asesinato de Jaime, continúan en libertad. El delegado de la paz Mora Rangel pretende pasar de agache y abandonó a Rito Alejo del Río, cuando lo había protegido para ser parte del plan de éste asesinato.

La investigación de su asesinato que se inició como siempre de manera exahustiva, hoy continua con avances parciales obstaculizada por descarados mecanismos de impunidad. Aun permanecen ocultas las pruebas que junto a la constante eliminación de testigos y la desviación de la investigación con montajes han permitido que este caso siga en la impunidad.

El nombre de uno de los militares responsables del crimen fue dado a conocer por miembros de la banda la terraza en un reportaje; la versión fue silenciada rápidamente, los sicarios fueron ejecutados y la prensa se abstuvo de hablar.

En 2009, el paramilitar conocido como 'El Alemán' aseguró ante fiscales de Justicia y Paz que el "crimen de Garzón fue un favor de él a oficiales del Ejército".


En 2012 los abogados de la familia de Garzón pidieron ante la fiscalía vincular como instigadores del crimen a los militares Harold Bedoya, Jorge Enrique Mora y Rito Alejo del Río.



Durante más de diez años, la Fiscalía incumplió la orden judicial que ordenaba investigar el complot adelantado con el animo de desviar el caso de Garzón.

Y por el tiempo que ha pasado, ya muchos de los funcionarios del DAS que cometieron delitos para impedir que los responsables del asesitato del humorista pagaran por este crimen, tienen procesos que han precluido.

Ninguno de los militares, políticos y empresarios responsables del asesinato han sido investigados. Sin embargo a pocos días de la conmemoración del 15avo aniversario de su asesinato, se conocieron nuevas versiones. Esta vez del paramilitar Libardo Duarte, que afirmó que el ex subdirector del DAS José Miguel Narváez, dió la orden de asesinar a Jaime, y sostuvo que éste mantenía una amistad con el jefe paramilitar Castaño, también afirmó que Narváez afirmaba frecuentemente que Jaime Garzón, sin cargar un fusil, era guerrillero del EPL.

A finales de julio de 2014 se conoció también que el coronel del Ejército Jorge Eliécer Plazas Acevedo, quien se fugó de la escuela de artillería en 2003, en donde se encontraba recluido por otros delitos, y que desde ese entonces hizo parte del grupo paramilitar al mando de alias cuchillo en los llanos orientales; fue señalado por la fiscalía general de la nación por el asesinato de Jaime y fue capturado en el parque San Martin Meta. Este mando militar en su momento fue la mano derecha del general Retirado Rito Alejo del Río, quien hoy también se encuetra condenado por su vínculo con paramilitares y la comisión de asesinatos en el chocó que provocarón el desplazamiento de cientos de familias en el Cacarica, Plazas Acevedo acusado de ser coautor en el asesinato de Jaime, hoy tendrá que responder.

Por su parte el General retirado Rito Alejo del Río también será llamado a indagatoria por este crimen.

Para nadie que conozca de cerca los acotecimientos de este asesinato, es una novedad que los extraditados en los Estados Unidos a través de Diego Fernándo Murillo recibieron la orden de asesinarle.

El homicidio de Jaime Garzón continúa impune, en medio del pacto de silencio y la inoperancia institucional. Jaime Garzón quien nació con una generación de Colombianos continua desde sus centenares de emisiones, siendo parte de la memoria colectiva, aparece como un profeta que avisoró la cultura autoritaria del uribismo santismo, la debacle de las formas democráticas, las sin salidas del conflicto armado y la necesidad de otra democracia. El asesinato de Jaime es evidentemete otro crimen de Estado, verdad que se quiere negar socialmente y en las verdades a medias.


Hoy esperamos que la justicia trascienda más allá de unas condenas, investigaciones y reparaciones administrativas. El asesinato de Jaime y la justicia que se haga en torno a este, deberá ir mas allá de lo que para muchos significa el sentido de la no impunidad. Este caso como el de muchos otros colombianos deberá trascender a lo largo de la historia de nuestro país, de nuestras vidas como seres humanos, como habitantes de este planeta en un sistema impuesto por nosotros mismos y del que deberemos aprender a liberarnos.

Debemos creer, aprender, comprender el significado de la hermosa frase construida por los indígenas Wayúu quienes en compañía de Jaime le daban sentido en su propia lengua a la Constitución Política de Colombia del 91, para los indígenas el artículo 11 de la constitución tomaba este significado: pedazo 10 – 2; "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente”.



Y esto fue lo que Jaime por años nos compartió además de ofrecernos la posibilidad de cambiar el mundo a través de la risa.


JAIME GARZON ES HOY PARTE DE LA MEMORIA COLECTIVA
JAIME GARZON SIN OLVIDO

miércoles, 9 de agosto de 2017

Manuel Cepeda Vargas




Agosto 09 1994- Agosto 09 2017

Poema Siete Caballitos



Siete caballitos tienen la semana Y no se sabe cual va más cargado de gente 

Cuál va más tísico Más cercano a la tumba. 


Cada hora es un día, Cada día un año, Cada año es un siglo. 

Buen día, mal día caballito, Espero que los hombres te envidien la hombría 
Que la muerte tenga piedad de ti. 

Eres obrero sin derecho de huelga, Prohibido espantarte, 
Prohibidos pactos colectivos Y mucho menos pliegos petitorios. 

Estamos en la pre- esclavitud. 

Y una locomotora arrastra todos los vagones 
Y el humo oscurece el rostro del caballo de fuerza, 
Tomo mi café 
Como mi pan 
Y oigo cómo relinchas en cada miligramo de alimento.
Siete días tiene el padecimiento, 
Siete caballitos 
Arrastran el carro de la muerte. 



Si el poeta, también el pintor, el curador, el coleccionista; si evidentemente, el humanista, pues no era un político como cualquiera, no era el politiquero, por esas virtudes de los hombres que luchan por valores profundos de la humanidad y de la justicia, el 9 de Agosto de 1994, dos días antes de la posesión de Ernesto Samper, integrantes del establecimiento habían decidido su asesinato, operacionalizado por militares y paramilitares. Con su asesinato se selló la barbarie de una democracia incapaz de posibilitar nuevas expresiones frente al bipartidismo excluyente, con su crimen se iba cegando la posibilidad de la existencia parlamentaria de la Unión Patriótica. 

Su voz es parte de la memoria de la esquiva paz con justicia social que necesita Colombia, negada a varias generaciones de colombianos. Manuel nació en Armenia el 13 de Abril de 1930. En 1952 mientras cursaba sus estudios de derecho en la Universidad del Cauca ingresó al Partido Comunista Colombiano. En 1958 en el Octavo Congreso del PCC fue elegido como miembro del Comité Central, encargándose así de reconstruir la Juventud Comunista Colombiana JUCO, en la cual ocupó la Secretaría General. 

En 1960 se casó con Yira Castro con quien tuvo dos hijos, María e Iván Cepeda Castro, hoy miembro de la Cámara de Representantes por el Polo Democrático. Cuatro años después de su matrimonio es detenido y llevado a la Cárcel Modelo de Bogotá. Allí entre las rejas, escribió un libro de poemas titulado Vencerás Marquetalia. 

En 1992 fue nombrado Secretario General del PCC en medio de un genocidio que ya cumplía cerca de 5 años. Para ese año, el genocidio contra la UP ya contaba con más de tres mil víctimas entre asesinados y desaparecidos forzados, masacrados colectivamente. Un año después, en 1993, Cepeda denunció la existencia del plan denominado “Golpe de Gracia”, un golpe final de exterminio de la UP, del cual el sería su víctimas tiempo después. El Estado colombiano no adoptó ninguna medida para evitar el exterminio de esta expresión política conocida como la Unión Patriótica. 

Hoy hace 23 años, el 9 de Agosto de 1994, cerca de las 9 am, un esteta del bien común, luego de salir de su casa en el barrio popular de Kennedy, cuando se dirigía al Congreso de la República fue interceptado por sicarios que iban en un Renault 9, quienes con la mentalidad del hombre servil, del hombre esclavo de la muerte, de quién odia la vida, dispararon para intentar que nunca más en Colombia, se alzarán voces, ideas, sentimientos y propuestas como las de Manuel. 

En su crimen participaron los Suboficiales Hernando Medina Camacho y Justo Gilberto Zúñiga, expresión de los mandos militares de la época, con integrantes de la estructura paramilitar de Carlos Castaño. El General Rodolfo Herrera Luna, quien había sido señalado de ser uno de los autores intelectuales murió de un infarto. Hoy tantos años después, para intentar asegurar la impunidad, los victimarios en altos mandos, de ayer y de hoy, y los que ordenaron el asesinato de Manuel expidieron la misma pena a testigos y autores materiales, a familiares de los victimarios, amenazas, presiones y asesinatos. Es más, sustrajeron piezas procesales sustanciales que orientaban la investigación a altos mandos militares y desde allí a personas que hoy sigue posando de hombres probos, empresarios y políticos honestos, disfrutan de la libertad, de pensiones y privilegios castrenses, otros hoy siguen gozando de sus cargos y otros gozan de sus grandes negocios. 

En diciembre de 1999, cinco años después del asesinato del Senador Manuel Cepeda un juez penal de Bogotá impartió una sentencia condenatoria de 43 años, a los Suboficiales Justo Gil Zúñiga y a Hernando Medina. La pena no se cumplió pues se demostró que mientras los dos suboficiales debían estar cumpliendo la pena, estos participaron en el asesinato del teniente José Simón Talero. 

Tratando de asegurar la impunidad, la esposa y una de las hijas del testigo principal fueron desaparecidas, otros testigos que sostenían la culpabilidad de Castaño se retractaron y ciertas piezas probatorias fueron destruidas y los familiares del senador Manuel Cepeda tuvieron que abandonar el país por amenazas de muerte. 

En junio de 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos encontró responsable al Estado Colombiano por el asesinato del Senador Cepeda, un Crimen de Estado, en el que participaron miembros de altos mandos militares, miembros de la fuerza pública y jefes paramilitares. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos resaltó además que el asesinato de Cepeda ocurrió mientras en el país vivía una persecución contra militantes de la Unión Patriótica, a la cual él pertenecía. 

En mayo de ese mismo año, Jesús Emiro Pereira alias “Alfonso” o “Huevo de Pisca”, concuñado de los hermano Castaño, manifestó haber acompañado a los sicarios hace 21 años para asesinar al Senador Manuel Cepeda. 

La Fiscalía General de la Nación le dicto medida de aseguramiento y le acuso bajo el delito de complicidad, además en una declaración fechada del 2 de julio de 2010 ante el fiscal delegado ante la Corte Suprema de justicia, alias “Huevo de Pisca” indico que él era el enlace entre Carlos Castaño y el ex Vicepresidente de la República, Francisco Santos. 

La cadena de mando, la estructura criminal 22 años después no es conocida ni sancionada penal ni socialmente. Hay que volverlo a decir, otros autores intelectuales y beneficiarios de este crimen continúan en libertad disfrutando poder económico, políticos. 


El 29 de mayo del 2014 la Fiscalía General de la Nación declaró el asesinado del Ex senador Manuel Cepeda como crimen de lesa humanidad. 

Basándose en que el asesinato se había cometido en los ataques que lograron exterminar el partido político.

Hoy recordamos Manuel es memoria colectiva, en sus hijos, en millares de militantes de la UP, que parecen anónimos, en medio de voces que en Colombia continúan afirmando el derecho a la paz en una nueva democracia, en medio de decenas de vidas que guardan con esperanza que en Colombia, más tarde que nunca, sea posible otro país. Allí en esas miles de vidas, de voces, de silenciados se camina en la Memoria con Manuel Cepeda, Manuel es parte de nuestra Memoria Colectiva.

Manuel Cepeda Vargas  en la Memoria.
Manuel Cepeda Vargas  Sin Olvido. 

martes, 20 de junio de 2017

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón


20 de Junio de 1996 - 20 de Junio 2017

Hace 21 años el jueves 20 de junio de 1996, asesinaron a Pedro Malagón y a su hija Elda Milena Malagón en la ciudad de Villavicencio.


El día del asesinato, Pedro se encontraba en el antejardín de su vivienda en el barrio “El Paraíso”, cuando aparecieron en su residencia un grupo de hombres armados de la estrategia militar encubierta del Batallón 21 Vargas de la brigada séptima del ejército y dispararon en contra de Pedro. Elda Milena quien tenía 17 años de edad, intentó proteger a su padre abrazándolo, pero murió en el intento.

Pedro Malagón fue diputado a la Asamblea Departamental del Meta por la Unión Patriótica, integrante del comité cívico de Derechos Humanos del Meta, muchos de los miembros ya habían sido asesinados, y él ya había recibido diversas amenazas de muerte y varios atentados, uno de ellos fue organizado por Pedro Bárreto, comandante del puesto de policía de Medellín del Ariari en conjunto con los paramilitares bajo el mando de Víctor Carranza el 11 de febrero de 1987.

La familia Malagón siempre fue perseguida por amenazas de muerte, por lo cual se vieron obligados a huir de los caseríos de Viotá, en Cundinamarca, para refugiarse en el Ariari, explorando otros horizontes donde existiera menos violencia. Desde ese entonces Pedro siendo menor de edad se consagró al campo con sus padres.

Pedro Creció en el Meta, presenciando todos los cambios organizativos de los movimientos agrarios, por eso desde su juventud se interesó por las luchas de la tierra y su comunidad, logrando ganarse el afecto de las personas que lo rodeaban. Como militante y defensor viajó de un lado a otro, entre los municipios de , Granada, El Castillo, Lejanías y Mesetas. Tiempo después de nacer la Unión Patriótica, fue elegido como diputado a la asamblea del Meta y posteriormente concejal del Castillo.

Conocido por ser un campesino sin temor a tomar nuevos riesgos en medio de los crímenes cometidos contra la Unión Patriótica, comenzó con su vida política en 1984, siendo reelegido nuevamente a la Asamblea de la región del Castillo en 1996.

Para ese entonces ya habían más de 500 asesinados todos miembros de la Unión Patriótica en el departamento del Meta, entre estos 500 se encontraba el diputado Rafael Reyes Malagón, hermano de Pedro, el senador Pedro Nel Jiménez, varios alcaldes, decenas de concejales y cientos de activistas.

Pedro, Cada vez que iba a su oficina de diputado en Villavicencio recibía amenazas. Y unos días antes de su muerte, el ejército allanó la casa del partido comunista, . Decomisando varios accesorios de seguridad como revolveres chalecos antibalas pertenecientes al servicio de seguridad de Pedro.

El 20 de junio de 1996, sintiéndose más seguro en casa y agobiado por un dolor de ojos, decidió no ir a su oficina. A las 6 de la tarde salió al antejardín de su casa para examinar unas reparaciones que adelantaba.

En el momento, dos sicarios, de los cuales Pedro ya identificaba como uno de los que lo había amenazado en repetidas ocasiones, y quienes habían rentado una habitación en la casa de enfrente, atentaron contra la vida de Pedro entrando repentinamente al patio en donde el se encontraba con su hija Elda, una vez adentro les disparo. Pedro recibió un disparo en la cabeza y Elda queriendo proteger a su padre, recibió dos disparos que también acabaron con su vida.

El día del sepelio, acudieron miles de campesinos, recordando a Pedro como un acompañante excepcional en la lucha por la tierra, el que siempre estuvo presente por la defensa de los derechos de su comunidad, el que tenía un carisma que los envolvía de alegría, el “viejo Peter” así lo llamaban de cariño, asesinado a sus 60 años de edad. Obligado a dejar a su familia de siente hijos y su esposa.

Protegiendo a su padre con un abrazo, Elda Milena también perdió la vida, ambos, padre e hija, asesinados por la estrategia militar encubierta de la brigada 7 del ejército.

El recuerdo de Pedro y Elda queda en la memoria de los familiares, de los campesinos de la región, de los sobrevivientes que tienen la posibilidad de terminar los sueños, las afirmaciones de derechos sobre la tierra, la verdad y la justicia.

La justicia internacional culpó al Estado por negligencia en la protección de Pedro Malagón y fue sentenciado por la Comisión interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, no hay investigados, no juzgados, ni condenados, este crimen continua en la impunidad, los asesinos materiales e intelectuales de Pedro y Elda gozan de libertad.

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón en la Memoria.
Pedro Malagón y Elda Milena Malagón SinOlvido.