jueves, 5 de diciembre de 2019

Masacre en Jiguamiandó y Curvaradó


Diciembre 5 al 31 1997 

Del 5 al 31 de Diciembre Un grupo paramilitar asesinó a 20 campesinos y desapareció a otros 11 en Jiguamiandó y Curvaradó.

Un grupo paramilitar con abierta complicidad de la Fuerza Pública incursionó en los caseríos Bella Flor Remacho, Urada, Santa Fé de Churima, Llano Rico, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Brisas de Curvaradó, Nueva Esperanza, Andalucía y Puerto Lleras, ubicados en los ríos Jiguamiandó y Curvaradó, asesinando a 20 campesinos, y desapareciendo forzadamente a 11 más. 

El grupo paramilitar había salido, en su mayoría de la población de Bajirá y la acción contó con el apoyo de helicópteros. 

Durante el recorrido de muerte, los paramilitares asesinaron a Ruben San Pedro Tuberquia, Abel Guisao, Víctor Ramírez Soto, Esteban Barrio, Aurelio Agudelo, Eliseo Martinez, Andres Castaño, Gerardo Carvajal, Luis Enrique Correa, José Teofebes Gómez, Gerardo Vargas, Libardo y Argemiro Correa, a este último, los paramilitares lo decapitaron y le metieron la cabeza en el estómago y fueron desaparecidos de Santa Fé y Buena Vista Pablo López, Esther Hernández, Manuel Cuesta, Alcides Domico, Julio Arturo Garces, José Hernández, Edision Manuel Hernández, Vartica Hernández, Pablo López, Mario y su hermano.

Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó en la Memoria
Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó Sin Olvido 

domingo, 1 de diciembre de 2019

Masacre Páramo de La Sarna


1 de Diciembre 2001 

A las seis de la mañana del sábado 1 de diciembre de 2001, partió del Terminal de Sogamoso rumbo a Labranza Grande el bus Nº 339 de la Empresa Cootracero, un Chevrolet 600 identificado con las plazas JYG-137. Durante el recorrido el vehículo recogió 12 pasajeros y dos niños de 8 y 11 años, el primero de ellos hijo del conductor, el segundo de una profesora que viajaba con su esposo, y una mujer de la tercera edad.

En el sitio conocido como “La Sarna”, sector Melgarejo, a unos 30 kilómetros de Sogamoso, un grupo de hombres armados detuvo la marcha del bus, obligando al conductor a atravesarlo en la carretera y a sus ocupantes a descender.

Acto seguido, separaron a los dos niños y a la anciana y obligaron a las restantes quince personas (12 hombres y 3 mujeres) a tenderse boca abajo sobre el asfalto procediendo a dispararles uno a uno, principalmente con tiros de gracia.

Las victimas fueron:

Luís Ángel Gil Orduz de 30 años, ingeniero. Trabajaba como ayudante del ingeniero Gonzalo Rincón, con quien viajaba el 1 de diciembre a Labranzagrande por motivos de trabajo.

Tania Leonor Correa Pidiachi de 25 años, estudiante de Medicina de la Fundación Universitaria de Boyacá.

Mercedes Rivera, tenía 22 años de edad y trabajaba como empleada de la Administración Municipal de Paya.

Luis Arturo Cárdenas de 20 años, Zootecnista egresado de la UNAD, trabajaba como director de la UMATA en el municipio de Paya.

Isidro Alba Guío de 50 años, profesor, licenciado en Ciencias Sociales y Económicas de la UPTC.

Jonh Fredy Poveda Bayona, de 17 años de edad, estudiante de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en la Facultad de Ingeniería de Transportes y Vías.

Luís Miguel Melo Espitia, tenía 17 años de edad y en ese momento trabajaba como ayudante del bus.

Abel Cudris Rodríguez, procedente de El Banco (Magdalena)

Gonzalo Rincón Barrera, tenia 31 años de edad, Ingeniero Sanitario y Ambiental egresado de Uniboyaca, residente en Sogamoso.

Luís Alejandro Pérez Fernández, de 22 años de edad, era estudiante de cuarto semestre de Administración de Empresas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

José Antonio Mongui Pérez, de 52 años, comerciante, residente en Sogamoso.

Jairo Isidoro Peña de 42 años. Se dedicó toda su vida a la agricultura y la ganadería, y en varios momentos desempeñó cargos públicos en Labranzagrande, Tenia un almacén de víveres junto con su esposa Herminda Blanco. quien tambien fue víctima de esta acción paramilitar

Bertulfo Noa Rosas Arguello, agricultor de 50 años de edad.

Hernando Gómez Garavito, tenía 32 años de edad, era el conductor del bus.


Por varios años la masacre de La Sarna permaneció en total impunidad, hasta 2008 cuando algunos paramilitares, miembros del bloque Autodefensas Campesinas del Casanare, empezaron a hablar sobre lo que realmente ocurrió en los tribunales de Justicia y Paz.


Ellos cuentan que esta masacre fue cometida conjuntamente con miembros de la fuerza pública quienes no solo facilitaron su paso, sino que además, entregaron parte de las armas con las que ejecutaron a las víctimas. Estos hechos se encuentran aún en la impunidad, al no ser juzgados todos los responsables.

En un fallo del año 2015 el juzgado 56 de Bogotá condenó a 40 años de cárcel a Luis Afrodis Sandoval, señalado de hacer parte de las autodefensas del Casanare, por conseguir las armas y ocultar a los paramilitares que perpetraron la masacre del páramo de La Sarna.

Igualmente fue solicitada una investigación contra Jaime Esguerra Santos, excomandante del Batallón de Artillería n.° 1 Tarqui, por faltar a “sus deberes como garante de la seguridad de la región, al no adoptar los mecanismos correspondientes para perseguir a las autodefensas que se desplazaban libre y tranquilamente por la región”; y se ordenó investigar a policías y a un fiscal por recibir 15 millones de pesos para dejar en libertad a los responsables de la masacre.


Según el expediente, el hecho se cometió contra un profesor que viajaba en bus, integrante del sindicato de maestros del Casanare, quien, junto a los demás viajeros, fue señalado de ser auxiliador de la guerrilla.

Víctimas de la masacre La Sarria Sin Olvido
Víctimas de la masacre La Sarria en la memoria 

Con información Observatorio de derechos humanos y violencia política de Boyacá y Casanare - El Tiempo

Efrén Ceballos Molina

Diciembre 01 1991

El 1 de diciembre 1991 en Bogota' D.C., en el barrio Nuevo Chile paramilitares entre los que se encontraba Wilson Londoño, ejecutaron al estudiante Efrén Ceballos Molina de 16 años, miembro de una familia de activistas del Partido Comunista y de la Unión Patriótica. Los registros de las investigaciones de la SIJIN fueron desaparecidos. 

jueves, 28 de noviembre de 2019

Rubén Castaño Jurado


28 de noviembre de 1985

Rubén Castaño Jurado, conocido como “El Hombre de las Multitudes”, por su liderazgo y compromiso político, despertaba las masas, con sus discursos y acciones que enardecían y motivaban a quienes lo seguían, frente a las injusticias y la falta de oportunidades para aquellos que veían vulnerados sus derechos, especialmente a los trabajadores.

Desde muy joven fue un hombre crítico, comprometido con la defensa de los derechos laborales en Caldas, lugar donde inició su militancia en la política, primero en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad departamental, donde fue despedido por haber participado en una huelga. 

Desde entonces, se convirtió en un vocero por los derechos humanos, divulgando las ideas del socialismo y adoptando la dirigencia de la Federación de Trabajadores de Caldas (FTC) y más tarde la dirigencia del Partido Comunista Colombiano (PCC) en el mismo departamento.

Durante su camino estuvo acompañado por Amilbia, quien fue la mujer que desde los 14 años estuvo a su lado. Tuvieron cinco hijos, Gonzalo, Walter, Ricardo, Mario y Rubén, conformando una familia de tradición comunista, militantes de la Unión Patriótica (UP). Cada paso que daba era contundente, pero con cada uno llegaban los allanamientos y hostigamientos de los cuales, él y sus camaradas eran víctimas en la sede del PCC y el FTC en la Casa del pueblo.


Un jueves 28 de noviembre de 1985, cuando se encontraba en la ciudad de Manizales, luego de tomar tinto en una cafetería cercana a la sede de la FTC con su hijo Walter, se dirigió a acompañar a su amada Amilbia al transporte para su trabajo, cuando se devolvió, recibió cuatro impactos de bala por la espalda y su vida fue cegada, pero su lucha no fue obstruida. 

La muerte de este hombre es uno de los tantos crímenes sistemáticos del Estado y del exterminio hacia los militantes de la UP, a los opositores del modelo político y económico, el crimen además es aún impune, pero la humanidad de Rubén es símbolo de la lucha ante el olvido y vive en la memoria de quienes todavía resisten. 

Ruben Castaño Jurado, en la Memoria
Ruben Castaño Jurado,  Sin Olvido.

martes, 26 de noviembre de 2019

José Rodrigo García Orozco




26 de noviembre de 1992

José Rodrigo García Orozco fue el segundo vicepresidente de la Asamblea departamental del Meta, militante de la Unión Patriótica, y del Partido Comunista en Meta entre 1990 a 1992. 

José Rodrigo entre 1986 y 1988 fue el alcalde del Municipio de Puerto Rico, departamento del Meta. Luego, fue elegido como diputado a la Asamblea del departamento del Meta por la Unión Patriótica y del Partido Comunista. Además de ser docente, dirigente y conocido líder político de la región era esposo de María Mercedes Méndez, ex alcaldesa del Castillo, asesinada el 3 de Junio de 1992 junto con 4 personas militantes de la Unión Patriótica, además era padre de 5 hijas. 

José militó con el corazón y tenacidad por denunciar los crímenes de lesa humanidad en contra de los militantes de la Unión Patriótica de la región del Meta. 

El 26 de Noviembre 1992, José Rodrigo fue asesinado por cuatro hombres de la estrategia militar encubierta, 2 agentes del F-2 de la Policía y 2 paramilitares, Arnulfo Castillo Agudelo, conocido con el alias “Rasguño” y un hermano de éste conocido como “Puntillón”. 

Ese día cuando José se dirigía a su casa, sin escoltas dado que días antes se los habían retirado, luego de salir de la asamblea departamental, fue abordado por dos agentes de la policía, y requisándolo a la fuerza le decomisaron sus documentos y el arma de protección que el mismo gobierno le había dado. Al no tener motivos para detenerlo hubo un forcejeo; José seguiría luchando por sus hijas hasta el último momento en que su vida le fue arrebatada, entre tanto llegaron 2 paramilitares, “Rasguño” y “Puntillón” que se movilizaban en un vehículo del F-2 y una motocicleta Suzuky color roja, camuflada con cintas blancas y naranjas, y le propinaron 5 impactos de bala, uno de ellos en la cabeza, minutos después llegaron a este lugar otras unidades policiales, que realizaron el levantamiento. 

Al ser asesinado dejó una nota en su bolsillo, dirigida a sus 5 hijas

“Al morir, no tendré tiempo de decir nada. Es por esto que dejo escrito:
Mi vida fue el amor. Mi amor fue la libertad y la paz.
Salud a los que aman!”

“En mis duras faenas, os amo pequeñas mías.
Mi mejor muestra de este amor, es mi propia entrega por vuestro futuro y vuestros amiguitos y amiguitas del mundo. 
Cuanto os amo.!”

“Nací para vivir. Me niego a esta pequeña muerte. Antes que yo, miles murieron y sin embargo, aun viven.

Que importan sus nuevos nombres!”

Al día siguiente, del asesinato de este valeroso líder del departamento del Meta, las unidades policiales que participaron en el asesinato de José Rodrigo fueron trasladadas, y con este hecho se dio vía libre al camino de la impunidad sobre su asesinato.

Posteriormente alias “Rasguño” fue capturado y al poco tiempo la Fiscalía Sexta Delegada ante jueces de circuitos especializados precluyó la investigación en su contra. 


En el año 2012, el Consejo de Estado emitió un fallo, donde, condenó al Ministerio de Defensa por omisión en la protección de José Rodrigo García.


Así mismo el concejo de Estado dijo que “La persecución y asesinato de los miembros de la UP es un hecho suficientemente conocido y documentado (…) existen diversas fuentes escritas que confirman que los atentados, intimidaciones y seguimientos contra sus militantes no constituyen hechos aislados sino que hicieron parte de un plan sistemático de exterminio”.

Así por concepto de “perjuicios morales subjetivos” para cada una de las demandantes Linda Carol, Hada Luz, Jenny Paola y Tania Marinela García Méndez, se ordenó el pago del valor equivalente a cien salarios mínimos legales mensuales vigentes, por concepto de perjuicios materiales, en la modalidad de lucro cesante, las hijas recibirán entre las cuatro un poco más de 673 millones de pesos.

José Rodrigo, militó con el corazón y con la fogosidad que lo caracterizaba denunció cada uno de los crímenes contra los militantes de la Unión Patriótica en la región del Meta. Se empecinó en que se supiera la verdad, en evidenciar la responsabilidad de la Fuerza Pública en el asesinato de la madre de sus cuatro hijas, del gran amor de su vida.

Han pasado muchos años, donde, se ha construido memoria, se han dado los pasos que recorrió José, de recordar sus luchas, de haber nacido para vivir, de negar esa pequeña muerte y de hacer trabajar para que él siga vivo en las diversas miradas y resistencias de las personas que aún lo recuerdan. Aún seguiremos perpetuando sus palabras porque estarán vigentes a pesar del paso del tiempo: “Antes que yo, miles murieron y sin embargo, aun viven”.

José Rodrigo Orozco en la Memoria
José Rodrigo Orozco Sin Olvido

domingo, 24 de noviembre de 2019

Masacre de la Balsita





                                                                              Noviembre 24- 28  de 1997

Un lunes 24 de noviembre de 1997, un grupo de paramilitares vestidos de civil y fuertemente armados incursionaron en los caseríos de Antasales, Buenavista, Tucunal, Galilea, Chambuscado y Argelia, del corregimiento de La Balsita en Dabeiba, Antioquia.



Los participantes de la estrategia paramilitar se identificaron como “Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá , como parte de operaciones contrainsurgente ilegales de las brigadas 4, 11 y 17 del ejército nacional, durante los días 24 al 28 de noviembre, esta estrategia hizo parte de la operación militar "Septiembre Negro". Asesinaron y desaparecieron a varios campesinos, entre ellos dos niños, destruyeron caseríos, puentes y saquearon bienes de supervivencia.

La operación armada era continuidad de la masacre del Aro que compromete al entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.

Un día antes de que comenzara la masacre, el 23 de Noviembre, paramilitares incursionaron en el río Sinú, allí asesinaron a Annanias Guisao Usuga, presidente de la Junta de Acción Comunal de Antazales y retuvieron a Milton David y Pedro Montoya.

Al día siguiente, el 24 de noviembre, los paramilitares asesinaron a Alejandro Higuita, sus vecinos encontraron su cadáver con señales de tortura y con marcas de cuerda en el cuello.


Ese mismo día la esposa de Ananías Guisao Usuga, Rosalba Usuga junto con su hijo Joaquín Emilio Guisao Usuga, de 18 años, fueron asesinados en presencia de Paula Andrea Guisao quien en ese entonces tenía 5 años de edad. Ella se encontraba al lado de Juan Camilo Guisao Usuga de 7 años, Carlos Mario Guisao de 14 años y Jonathan Guisao Usuga de 16 años. Posteriormente los menores fueron retenidos por el grupo paramilitar.



En la madrugada del 25 de noviembre los paramilitares ingresaron a Tucunal y de allí se trasladaron hacia Antazales, a las 7:00 am pasaron casa por casa, diciéndole a los habitantes que iban a quemar sus habitaciones y que tenían plazo hasta las 6 de la tarde para salir de la zona.

Los jóvenes que se encontraban en esta zona fueron obligados a reunir todo el ganado, minutos después quemaron 8 casas y tumbaron varios puentes que comunicaban las veredas. Los paramilitares se llevaron también el ganado.

Luego se dirigieron a la vivienda de Simón Torres Cardona de 46 años de edad y delante de su sobrina fue golpeado y posteriormente llevado a un puente cercano en donde fue atado a una varilla en donde le accionaron una carga de dinamita.

Horas más tarde detuvieron y desaparecieron a Reinaldo Ramírez de 42 años de edad y en la misma incursión asesinaron con disparos de fusil a Luz Emilda y Marcos Duarte de 48 años de edad.

El 26 de Noviembre los paramilitares llegaron al corregimiento de La Balsita en donde asesinaron a Heriberto Areiza de 32 años de edad quien fue encontrado con un tiro en la cabeza y su rostro despojado de sus ojos. Jesús Areiza de 35 años de edad fue detenido, torturado, colgado y ahorcado.

Horas más tarde los paramilitares detuvieron y asesinaron a los campesinos Ricaurte Monroy de 16 años de edad, quien fue encontrado con quemaduras en los brazos y piernas y posteriormente degollado. Edilberto Areiza de 24 años de edad fue fusilado con un disparo en la cabeza, su rostro despojado de sus ojos y y sus manos heridas con arma corto punzante.

Ese mismo día paramilitares interceptaron a los campesinos Alejandro Higuita y Flor Emilce Rivera que se movilizaban en caballo hacia la verdad Antasales, luego de ser obligados a bajar de los caballos fueron degollados y sus cuerpos fueron arrojados a orillas del camino.

El jueves 27 de Noviembre, en la vereda Tocunal, fueron asesinados Oscar Valdarrama, de 60 años de edad y su hijo Alfonso Valderrama de 25 años de edad, los dos pertenecían a la iglesia Pentecostal.

La muerte violenta, la quema de más de 30 viviendas, la destrucción del espacio de la vida, de la alimentación, del sueño, de la esperanza inundó de terror a la comunidad obligándolos a salir de sus tierras, el 28 de Noviembre, centenares de familias, campesinos y campesinas, se desplazaron forzadamente al casco urbano del municipio de Dabeiba, en donde, vivieron en condiciones de hacinamiento durante 4 años.

De 1997 a 2005 las víctimas, las desapariciones, las torturas, suman más de 300 víctimas. Pasados los años, ninguno de estos crímenes de lesa humanidad han sido investigados, sancionados o imputados a los responsables por el aparato judicial colombiano. Es una “justicia” ciega, asesina e hiriente con las víctimas. Ella expresan que les duele recordar pero más les duele olvidar, porque no ha habido un derecho para poder hacerlo. Ninguna investigación judicial ha generado el mínimo de esclarecimiento, de verdad o reparación. A partir de la ausencia de voluntad política, de la incompetencia e ineficiencia judicial se ha perpetuado la impunidad jurídica incapaz de silenciar la memoria, que es la única que ha sostenido la esperanza para que algún día sea posible el camino hacia la verdad, la justicia y la paz.

Cada año, se hace memoria a todas las victimas, más de 143 personas asesinadas y desaparecidas, por ello, se realizó el monumento del Árbol de la vida como un espacio sagrado en honor a todas las vidas segadas, símbolo también de lucha y resiliencia. 

Rosalba Úsuga, Joaquín Guisao, Ananias Guisao, Reynaldo Ramírez
Simon Torres, Oscar y Alfonso Valderrama, Ricaurte Monroy

Edilberto Areiza, Alejando Higuita y Flor Emilce Rivera, Marco Duarte y Luz Emilda de Duarte, Milton David y Pedro Angel, Irma Areiza,Felix misa, Conrao Gomez, Jesús Cipriano Varela Rengifo y todas las víctimas de la La Balsita, son parte de nuestra memoria.. 

Victimas de la masacre de la Balsita En la Memoria.
Victimas de la masacre de la Balsita Sin Olvido.


Oscar Mausa

24 de noviembre 2010 

Oscar Mausa fue un líder campesino que realizó acciones jurídicas y políticas desde el año 2001 con el fin de conseguir la restitución de la finca "La Esperanza", que había sido adquirida por la Cooperativa de Trabajadores Agropecuarios de Blanquicet(Cootragroblan) ubicada en un corregimiento de Turbo, Antioquia y de la que Oscar Mausa era integrante.


Este predio en el que las familias asociadas a esta cooperativa habían invertido su trabajo y sus pocos recursos, fue arrebatado por los paramilitares violenta y fraudulentamente en el año 2001.Por esta razón Oscar Maussa fue víctima de las operaciones paramilitares en Blanquicet, donde, le obligaron a desplazarse a él, a su familia y a los habitantes de este poblado, estos hechos fueron denunciados abiertamente en sesiones de trabajo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ante autoridades nacionales.

Días antes de su crimen fue requerido por las autoridades de investigación para realizar un reconocimiento fotográfico de uno de los victimarios, el paramilitar conocido con el alias de “55”. En el marco del proceso penal por los hechos del desplazamiento se han identificado algunos autores materiales de los hechos, a quienes ya se les cerró investigación y a quienes la Fiscalía les calificará sumario en breve.

El día miércoles 24 de noviembre en la mañana Oscar Maussa, arribó a su lugar de trabajo agropecuario en la finca “La Poza del Guamo”, en el caserío El Cañito, municipio San Juan de Nepomuceno, lugar, donde se había desplazado con su familia desde el año 2008 para proteger su vida. Sobre las 6 de la tarde fue amarrado, apedreado, torturado y asesinado. 

Ese mismo día, aproximadamente a las 8.30 de la noche, un compañero de trabajo de Oscar encontró su cuerpo tirado en el suelo, con las manos atadas por la espalda y boca abajo, además de observar la puerta de la casa abierta y varias cosas de la misma fuera de sitio, inmediatamente acudió a la estación de policía de San Juan Nepomuceno, Bolivar, solicitando la atención de estas autoridades en este caso, las cuales, se negaron afirmando que temían una emboscada.

Al día siguiente a las 10.00 de la mañana finalmente las autoridades de la policía, la SIJIN y la infantería de Marina acudieron a la finca e hicieron el levantamiento del cuerpo para posteriormente realizarle la necropsia.

La impunidad jurídica sobre los beneficiarios de estructuras estatales y la impunidad política de las estructuras paramilitares que continúa enquistada en un grueso ámbito institucional son muestra de las razones del asesinato de Oscar, y reflejan la ausencia de garantías plenas para las víctimas del desplazamiento y del despojo violento.La investigación penal por el homicidio de Oscar ha sido trasladada 3 veces de Fiscalía lo que ha dificultado la participación de la representación de las víctimas dentro del proceso, lo cual, refleja la falta de garantías a los derechos de las víctimas.

Oscar Mausa en la Memoria
Oscar Mausa Sin Olvido