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sábado, 16 de mayo de 2020

Masacre de Barrancabermeja




Mayo 16 de 1998

El 16 de mayo de 1998, a eso de la 8:30 de la noche hora local, tres vehículos penetraron en la parte sur oeste de Barrancabermeja. Ese sábado, en el barrio El Campín del puerto petrolero de Barrancabermeja, se esparcieron las huellas por donde el terror lesionó socialmente, paralizó las apuestas de una región distinta. 

Los camiones transportaban entre 30 y 50 hombres con armas cortas y largas. Quienes también llevaban machetes y otro tipo de armas blancas. 

Los camiones siguieron su camino hacia el noreste por el perímetro sur de la ciudad. Se detuvieron primero en el bar La Tora y ahí los paramilitares al mando de alias ‘Camilo Morantes’ y alias ‘Panadero’, maltrataron a dos jóvenes y los obligaron a subir en uno de los camiones. Uno de ellos fue identificado como Jesús Valdivieso Pabón. Un ciudadano que pasaba por ahí en motocicleta fue detenido y golpeado por un miembro de las fuerzas paramilitares. 

Los camiones cambiaron después de rumbo dirigiéndose al norte, hacia una cancha de futbol en donde se realizaba un bazar popular. Más de cien personas estaban presentes y participaban en las actividades festivas, organizadas con el objetivo de recoger fondos para financiar un grupo infantil de danza. Los paramilitares se bajaron del camión y cercaron la cancha. Otros entraron a un salón de billar cerca de la misma y obligaron a varias personas a seguirlos mientras que los otros en el exterior, obligaron a todo el mundo a tirarse boca-abajo en el suelo, al tiempo que los calificaban de “guerrilleros” y les anunciaban el inicio de una guerra. 

Los paramilitares golpearon salvajemente a varias personas dándoles puñaladas y patadas. Después de haberle dado la vuelta a la cancha, los paramilitares escogieron algunas personas y las obligaron a seguirlos hasta los camiones. Una de las personas escogidas, Pedro Julio Rondón, no quiso subirse al camión y por haber resistido, un miembro del grupo paramilitar lo degolló delante de todas las personas reunidas allí. 

Los testimonios le permitieron al Tribunal determinar el nombre y la identidad de las personas secuestradas en Barrancabermeja el 16 de mayo de 1998. El número exacto es desconocido, pero se admite que las personas secuestradas en la cancha y que no se han vuelto a ver desde entonces son: 

Orlando Martínez, José Octavio Osorio, Wilfredo Pérez Serna, José Milton Cañas, Diego Fernando Ochoa, María Alejandra Ochoa, Geovanny Herrera, Oswaldo Vázquez, Ender González, José Reinel Campos, Fernando Landines, Oscar Leonel Barrera, Luis Fernando Suarez, José Javier Jaramillo, Nayr Guzmán, Eliécer Javier Quintero, Robert Wells Gordillo, Diomido Hernández, Daniel Campos Pérez, Carlos Escobar, Wilson Pacheco y Gary de Jesús Pinedo. 

Sus nombres aún viven, sus rostros la expresión de una persecución sistemática a través del rostro encubierto del Estado por medio de las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar. 

Cerca de veinte minutos más tarde, los camiones se dirigieron nuevamente hacia el sur. Un joven, llamado Jaime Yesid Peña, quien se encontraba en frente de su casa, fue también secuestrado por los grupos paramilitares. 

Tiempo después, los camiones entraron al barrio 9 de abril. Ahí, los paramilitares entraron en un salón de billar, obligaron al dueño a ponerse de rodillas mientras el cañón de un fusil estaba en su boca. Después detuvieron a los tres clientes que se encontraban en el lugar y se los llevaron a la fuerza. Los tres clientes fueron identificados como Daniel Campos Pérez, Juan Carlos Rodríguez Y Luis Argüello Solano. 

Paseándose a pie por el barrio, los paramilitares se acercaron después a un grupo de personas que jugaban tejo y tomaban cerveza. Uno de ellos intentó huir y fue perseguido por un paramilitar que disparaba su fusil en dirección a la casa en donde el civil trató de refugiarse. Otro que intentó huir recibió una bala en la pierna, mientras que otro paramilitar lo acabó acribillándolo de cuatro balazos. Esta víctima fue identificada como Germán León Quintero. 

En el mismo sitio, tres personas fueron capturadas y llevadas en un camión. A Carlos Enrique Escobar Jiménez, su hermano Melquisedec Salamanca Quintero y Carlos Arturo Alaix Prada, no se les ha vuelto a ver desde entonces. 

Siendo bloqueada la ruta principal, los paramilitares empezaron a disparar después hacia un pequeño bosque, en donde ciertas personas se habían escondido. 

Las fuerzas militares colombianas que se encontraban en el lugar, escogieron permanecer inmóviles y permitir que se perpetrara una masacre, sin intervenir. Las personas desaparecidas en ese momento fueron identificadas como Ricky Nelson García, Eliécer Javier Quintero Orozco, Luis Fernando Suarez, Wilson Pacheco y Gary Pinedo Rangel. 

Al día siguiente, a lo largo de la carretera que tomaron los paramilitares, fueron encontrados los cuerpos de algunas de las personas secuestradas, mientras que otro cuerpo fue encontrado cerca de la plaza La Esperanza: Jesús Argüello Solano, Diomidio Hernández Pérez, Eliécer Quintero Osorio, José Javier Jaramillo Díaz y Nayr Enrique Guzman. 

A pesar de que los periódicos informaron que las víctimas habían muerto por balas, ninguna autopsia fue efectuada por las autoridades del gobierno. En efecto, no se tomó ninguna fotografía, no se buscaron las balas y las autoridades tampoco reclamaron prueba balística alguna. 

Pasa cada año, entre el silencio, el olvido y la memoria que entre retazos pasa de calle en calle, donde los victimarios han pretendido imponer un modelo de sociedad. La justicia no ha esclarecido ni sancionado a quienes planificaron ni ordenaron este crimen, solamente ha individualizado unos cuantos autores materiales. 

En marzo de 2012 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 39 años y 11 meses de prisión a alias ‘Cuca’, por su participación en la masacre. De acuerdo con la investigación, fue el hombre que manejó el camión en el que fueron transportadas las víctimas desde Barrancabermeja hasta zona rural de Sabana de Torres. 

En el año 2014 fueron capturados tres oficiales del Ejército y la Policía por la complicidad de la masacre de Barrancabermeja.

Otro llamado el "Chino Niño’ confesó su participación en la masacre y se acogió a sentencia anticipada e incluso le entregó información a las autoridades para que en septiembre de 2007 encontrarán seis fosas en las que hallaron igual número de víctimas. 

Hoy tantos años después de la masacre, los otros 19 cuerpos no se han encontrado y para asegurar la impunidad, algunas de las fosas donde enterraron a las víctimas de la masacre fueron saqueadas con el fin de borrar toda evidencia. 

Después de 19 años, las palabras de la carta que los familiares de las víctimas, dirigieron al entonces Presidente Ernesto Samper Pizano para sensibilizarlo de la tragedia que padecieron”, resuenan como un grito que no logra desmoronar la sordera del poder. La máscara de la impunidad que se hace llamar justicia no ha tomado en cuenta la constancia que estas dignas familias dejaron en su escrito del 28 de mayo de 1998. El Estado no ha devuelto con vida a los desaparecidos, no ha sancionado penal y disciplinariamente a todos los responsables de las atrocidades a pesar de que en el escrito se resalta que “en el sector donde ocurrieron los hechos se encuentran acantonadas dos bases del Ejército Nacional”. 

Desde el 2002 todo el proceso de la conocida Masacre del 16 de mayo se encuentra en instancias internacionales, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a su vez trasladó el proceso a la Corte Interamericana de DDHH de la OEA. 

Una vez más el único camino hacia la verdad y la justicia se buscan lejos de las instituciones colombianas que impunemente, en su interior, siguen manteniendo y protegiendo criminales de lesa humanidad. 


Masacre de Barrancabermeja en la memoria 
Masacre de Barrancabermeja Sin Olvido

sábado, 11 de julio de 2015

Eizabeth Cañas Cano, José Antonio y Diego Fernando

Julio 11-21 de 2000- Julio 11-21 de 2015

Durante los días 11 al 21 de julio de 2000, fueron asesinados por paramilitares la integrante de Asfaddes Elizabeth Cañas Cano, el asesor jurídico de la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos, José Antonio Hernández y el dirigente del sindicato de trabajadores del Instituto de Seguros Sociales Diego Fernando Gómez.

Los asesinatos de estas tres personas se dieron por los avances dentro de la investigación que se adelantaba por la Masacre de Barranca, quienes en calidad de testigos aportaron datos claves para la vinculación de militares y paramilitares. El primer vinculado a este proceso fue el cabo segundo del Ejército, Rodrigo Pérez Pérez, perteneciente al Batallón Nueva Granada con sede en Barrancabermeja, a quién se le dictó medida de aseguramiento el 12 de agosto de 1998. Sin embargo, a los 8 meses este militar recuperó la libertad provisional por el pago de una fianza de aproximadamente US$150.

Aproximadamente tres años después, el fiscal que dirigió la investigación logró vincular al proceso al paramilitar Mario Jaimes Mejía, alias ‘Panadero’ y a los civiles Álvaro Noriega y Graciliano Alarcón León.

Días antes del asesinato de Elizabeth, El 9 de Julio de 2000, la testigo, había sido perseguida por dos hombres armados y dos días después, el 11 de Julio de 2000, fue ejecutada en Barrancabermeja, Santander mientras se dirigía al Instituto de Seguros, en donde trabajaba; Elizabeth fue interceptada por paramilitares que se movilizaban en una camioneta quienes le dispararon causándole la muerte inmediata.

Elizabeth Cañas era hermana de José Milton Cañas y madre de Giovanny Herrera Cano quienes fueron desaparecidos junto a 25 personas más durante la Masacre de Barranca, ocurrida el 16 de Mayo de 1998, Esta valiente mujer un año antes de su asesinato ofreció su testimonio en calidad de victima junto con su sobrina ante el Tribunal Internacional de Opinión realizado en Toronto y Montreal Canadá que se realizó durante los días 14, 15 y 16 de Mayo de 1999.

Y no bastó con asesinar a Elizabeth, también lo hicieron con los otros dos testigos, el 13 de Julio de 2000 fue asesinado Diego Fernando Gómez, quien era el dirigente del sindicato de trabajadores del Instituto de Seguros Sociales, además fue un destacado líder deportivo de la ciudad de Barrancabermeja. El asesinato de Diego fue en el Centro Auxiliar de Servicios Docentes, CASD, en el barrio Ciudad Bolívar los disparos que atentaron contra su vida fueron a manos de los mismos paramilitares que cegaron la vida de Elizabeth Cañas,los asesinos se movilizaban en la misma motocicleta de placas RX-115.

Ocho días después el 21 de Julio de 200 hacia las 8:30 p.m en el billar San Tropel ubicado en el barrio Tres Unidos, en Barrancabermeja, José Antonio Hernández quien era abogado, economista, dirigente sindical universitario, dirigente popular, miembro del Partido Comunista Colombia PCC, y asesor jurídico de la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos. Fue asesinato sus asesinos fueron identificados como paramilitares quienes se movilizaban en la misma motocicleta Yamaha RX-115.

15 años después de la masacre de Barranca, la verdad y la justicia sigue ocultándose, las víctimas y sus familias, saben quiénes son los responsables, pero su verdad no es acogida, es rechazada, estigmatizada y negada.

Han transcurrido 15 años desde el asesinato de Elizabeth Cañas, José Antonio Hernández, Diego Fernando Gómez quienes por ser testigos en los procesos contra paramilitares y altos mandos militares ofrecieron su vida para que algún día la verdad salga a la luz, sin embargo estos crímenes también se encuentran en total impunidad.

Las afirmaciones de diferentes organismos de derechos humanos siguen vigentes al señalar que una de las causas de la impunidad en el país es que no existe suficiente protección para los testigos, victimas, reclamantes y defensores y defensoras de derechos humanos que entregan su vida y su labor con el único fin de exigir justicia y verdad.

Eizabeth, José Antonio y Diego Fernando en la Memoria.
Eizabeth, José Antonio y Diego Fernando Sin Olvido.

jueves, 17 de mayo de 2012

Masacre Barrancabermeja


16 de mayo de 1998 - 17 de mayo 2012
Un sábado 16 de mayo de 1998, unidades de la estrategia militar encubierta de tipo paramilitar, irrumpieron  en un sector del sur oeste de la ciudad de Barrancabermeja ejecutando extrajudicialmente a siete hombres: PEDRO JULIO RONDÓN, GERMÁN LEÓN QUINTERO, JESÚS ARGUELLO SOLANO, DIOMIDIO HERNÁNDEZ PÉREZ, ELIÉCER QUINTERO OSORIO, JOSÉ JAVIER JARAMILLO DÍAZ, NAYR ENRIQUE GUZMÁN,


Memoria y Justicia
Desaparecidos forzadamente 
DIOMINIO HERNANDEZ, JOSE J. JARAMILLO, LUIS JESUS ARGUELLO, GERMAN LEON QUINTERO, NEIL GUZMAN, PEDRO JULIO RONDON, ELIECER QUINTERO,  ORLANDO MARTINEZ, JUAN DE JESUS VALDIVIESO, RIKY NELSON GARCIA, JAIME YESID PEÑA, JOSE OCTAVIO OSORIO, WILFRIDO PEREZ SERNA, WILSON PACHECO, JOSE MILTON CAÑAS, DIEGO FERNANDO OCHOA, MARIA ALEJANDRA OCHOA, GIOVANNY HERRERA, CARLOS A. ALAIXT PRADA, OSWALDO ENRIQUE VASQUEZ, ENDER GONZALEZ BAENA, LIBARDO LONDOÑO, ROBERTO WELLS GORDILLO, JOSE REINEL CAMPO A., FERNANDO ARDILA LANDINEZ, DANIEL CAMPOS PEREZ, GARY DE JESUS PINEDO, OSCAR LEONEL BARRERA, MELQUISEDEC SALAMANCA, CARLOS E. ESCOBAR, JUAN CARLOS RODRIGUEZ y LUIS HERNANDO SUAREZ.
Sus nombres aún viven, sus rostros la expresión de una persecución sistemática a través del rostro encubierto del Estado a través de las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar. Ese sabado 16 de mayo del 1998 en el barrio El Campín del puerto petrolero de Barrancabermeja, se rastrea, existen huellas por donde el terror aleccionó socialmente, paralizó las apuestas de una región distinta
Pasa cada año, entre el silencio, el olvido y la memoria que entre retazos pasa de calle en calle, donde los victimarios han pretendido imponer un modelo de sociedad> La justicia no ha esclarecido ni sancionado a quienes planificaron ni ordenaron este crimen, solamenta  ha individualizado unos cuantos autores materiales. 

En marzo de 2012 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 39 años y 11 meses de prisión a alias ‘Cuca’, por su participación en la masacre. De acuerdo con la investigación, fue el hombre que manejó el camión en el que fueron transportadas las víctimas desde Barrancabermeja hasta zona rural de Sabana de Torres. Otro llamado el "Chino Niño’ confesó su participación en la masacre y se acogió a sentencia anticipada e incluso les entregó información a  las autoridades para que en septiembre de 2007 encontraran seis fosas en las que encontraron igual número de víctimas. 

En 1999, el paramilitar  Guillermo Cristancho Acosta, alias 'Camilo Morantes',  quién al parecer ordenó la masacre fue asesinado por orden del entonces comandante paramilitar Carlos Castaño.  En 2001, fue vinculado al proceso el paramilitar Mario Jaimes Peña, conocido como “El Panadero”, este expresó como contaban con la complicidad de la fuerza pública,  que les daba media hora para entrar a la ciudad “a pescar al que reconociéramos como guerrillero” y salir a refugiarse en San Rafael de Lebrija. A pesar de los detalles de responsabilidad estatal enunciado por el paramilitar ningún agente ha sido sentenciado por su participación en este crimen de lesa humanidad. Hoy quienes eran parte de las  unidades militares del Batallón de Inteligencia de la Brigada V con sede en Bucaramanga, el Batallón Caldas, el Batallón 45 “Héroes de Majagual”, el Batallón “Nueva Granada” de Barrancabermeja, y la Dirección de la Policía y del D.A.S, fueron poco tiempo después trasladados, ascendidos y algunos de ellos retirados. Sus nombres son desconocidos, deambulan por las calles de Colombia y del mundo sin el mínimo de reato, "hicieron un buen trabajo", un crimen perfecto.

Hoy tantos años después de la masacre, los otros 19 cuerpos de los civiles no se han encontrado y para asegurar la impunidad, algunas de las fosas donde enterraron a las víctimas de la masacre fueron saqueadas con el fin de borrar toda evidencia.
14 años después la verdad y la justicia sigue ocultándose, las víctimas y sus familias, saben quiénes son los responsables, pero su verdad no es acogida, es rechazada y es negada.
Después de 14 irreversibles años, las palabras  de la carta, de los familiares de las víctimas, dirigida al entonces Presidente Ernesto Samper Pizano para “sensibilizarlo de la tragedia que padecemos”, resuenan como un grito que no logra desmoronar la sordera del poder. La mascara de la impunidad que se hace llamar justicia no ha tomado en cuenta la constancia que estas dignas familias dejaron en su escrito del 28 de mayo de  1998. El Estado no ha devuelto con vida a los desaparecidos , no ha  sancionado penal y disciplinariamente a todos los responsables de las atrocidades a pesar de que en el escrito se resalta que  en el sector donde ocurrieron los hechos se encuentran acantonadas dos bases del Ejercito Nacional”, asegurando en el acostumbramienyto el olvido, el silencio. 

Desde el 2002 todo el proceso de la conocida Masacre del 16 de mayo está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a su vez trasladó el proceso a la Corte Interamericana de DDHH de la OEA. Una vez más el único camino hacia la verdad y la justicia se buscan lejos de las instituciones colombianas que impunemente,en su interior, siguen manteniendo y protegiendo criminales de lesa humanidad. 

Bogotá, D.C. Mayo 17 de 2012

Sin Olvido