domingo, 24 de marzo de 2013

Monseñor Oscar Arnulfo Romero


24 de Marzo de 1980 - 24 de marzo 2013

San Romero de América

La voz de un pueblo reprimido, la voz de los pobres. La voz de San Romero de América que hoy 33 años después ni las balas han podido callar.

Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo Salvadoreño, denunció la pobreza, la injusticia y la sangre que corrió por la tierra de su pueblo en manos de un gobierno violento y represivo. Comprendió que su Iglesia se construía de su gente, a los que estaban persiguiendo, desapareciendo y asesinando.

Un hombre convencido de que esa iglesia debía asumir entonces, también una postura política en defensa del desfavorecido, del que no tenía voz, un hombre que hizo ver la posibilidad de aspirar y construir nuevos pueblos libres.

Su lucha, era la lucha de su gente salvadoreña, su lucha, fue la razón por la que bajo las manos del gobierno y la orden del Mayor del Ejército Roberto D’Aubuisson, encontró la muerte. Mientras consagraba el vino y el pan, un hombre le disparó en el corazón, el 24 de Marzo de 1980, en la capilla del Hospital de La Divina Providencia.

Salvador lo lloraba y siguió sumido en la guerra hasta 1992, una guerra que dejó en impunidad el cobarde asesinato de Monseñor Romero, pero que nunca pudo oscurecer la verdad. En 1993, la comisión de la Verdad halló culpable al Escuadrón de la muerte, un grupo de militares y paramilitares de extrema derecha encargado de eliminar las amenazas de la oposición, dirigidos por el Mayor D’Aubuisson, también fundador del partido de la Alianza Republicana Nacionalista ARENA. Más adelante, en abril del 2000, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, hace responsable al Estado Salvadoreño por impedir la investigación, la justicia y la reparación. En el 2004 se indemniza a la familia de Monseñor y en 2009, casi treinta años después el Estado reconoce su responsabilidad en el homicidio.

Monseñor Romero sabía que su muerte se anunciaba, las amenazas eran incesantes, querían callar la verdad, él lo sabía y le dijo al Salvador “No creo en la muerte sin resurrección, si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Desafió el poder pusilánime de un gobierno ambicioso y opresivo, porque la verdad es subversiva; desafió el poder de la Iglesia, porque hizo de su gente la Iglesia. Hoy, cumplidos 33 años de su muerte en la impunidad, se conmemora la muerte, pero se celebra la vida, la resurrección, porque no resucitó en el pueblo salvadoreño, resucitó en todo el pueblo latinoamericano que se siguen inspirando en su última homilía, en su vida, en su templanza para continuar las luchas en defensa de los derechos humanos.

Monseñor Romero, en la memoria. 
Monseñor Romero Sin Olvido

viernes, 22 de marzo de 2013

BERNARDO JARAMILLO OSSA

marzo 22 de 1990 - marzo 22 de 2013
 
Se cumplen 23 años del asesinato de BERNARDO JARAMILLO OSSA, segundo candidato de la Unión Patriótica a la Presidencia de la República de Colombia. Con el paso del tiempo la impunidad se ha convertido en un muro infranqueable al esclarecimiento de la verdad y a la justicia. BERNARDO había sucedido en la candidatura a la Presidencia de la República por la Unión Patriótica a JAIME PARDO LEAL, asesinado el 11 de octubre de 1987.

BERNARDO, el “Perestroiko”, como era conocido cariñosamente al interior del partido por su insistente búsqueda de vincularlo a la Internacional Socialista, fue asesinado como miles de miembros de la Unión Patriótica y junto a ellas y ellos se mató una esperanza.

BERNARDO continúa en la memoria de muchas mañanas bogotanas que hacen recordar a esa misma mañana de hace 23 años en el Puente Aéreo de esa ciudad, donde sicarios de la estrategia militar encubierta dispararon en múltiples ocasiones sobre su humanidad.

Con su popular slogan “Venga esa mano país”, BERNARDO fue llenando plazas, parques, auditorios, mostrando la propuesta política de la Unión Patriótica como una alternativa ante una sociedad amalgamada e injusta. Desde la palabra, el pensamiento, la creatividad a flor de piel fue planteando nuevas posibilidades, nuevos caminos, denunciando permanentemente el paramilitarismo como una estrategia del Estado y nombrando a sus beneficiarios.

BERNARDO, oriundo de Manizales, a sus 35 años como abogado había trabajado en el Urabá antioqueño, donde asesoró al Sindicato de los Trabajadores del Banano, hasta que por las amenazas de muerte tuvo que trasladarse a Bogotá. “Garfield”, como era llamado por sus familiares y amigos más cercanos en alusión a su bigote poblado, se mantiene en la memoria del pueblo colombiano, quien lo lloró y junto a él cantó el estribillo “Yo te daré, te daré una rosa, una rosa hermosa, y esa rosa se llama UP".

Las balas de la estrategia militar encubierta de tipo paramilitar segaron su vida el 22 de marzo de 1990 en el aeropuerto El Dorado de Bogotá poco después de las 8:00 de la mañana.

Herido en brazos de su compañera le dijo a ella:

Mi amor no siento las piernas Estos hijueputas* me mataron, me voy a morir. Abrázame y protégeme.”

Cuatro disparos bastaron para que el país se estremeciera con la noticia de un nuevo magnicidio. Andrés Arturo Gutiérrez Maya, de 16 años, trabajador de una fábrica que hacía tizas para tacos de billar en Medellín, fue su asesino. Por ser menor de edad, el asesino no fue encarcelado y el capo Escobar, de forma indignante, desmintió ser el autor del crimen y se declaró adolorido por la muerte del candidato presidencial.

Al día siguiente del homicidio, el entonces director del DAS, Miguel Maza Márquez, le atribuyó el crimen a Pablo Escobar y exhibió dos grabaciones en las que el jefe del Cartel de Medellín y su lugarteniente El Zarco hablan sobre el pago de $300.000 a un sicario para ejecutar un atentado. La conversación fue interceptada el 21 de marzo de 1990.

Casi de inmediato, Escobar, desde la clandestinidad negó la autoría del asesinato, se declaró admirador de Jaramillo y dijo que, por el contrario, él había mediado varias veces para que socios suyos no lo mataran.

Lo paradójico es que el mismo día, desconocidos se comunicaron a varias estaciones radiales para decir que el promotor del asesinato había sido Fidel Castaño y que ahora este coloso de la guerra era el reemplazo de Rodríguez Gacha, abatido por la Policía en diciembre de 1989. No obstante, esta hipótesis fue poco investigada. Además, el joven sicario fue asesinado junto a su padre semanas después del crimen, cuando hacía uso de un permiso para salir de su sitio reclusión.

De cualquier manera, la investigación por este homicidio fue empolvándose con el paso de los años y la sucesión de escándalos venideros y de barbarie desatada en la década de los noventa fue relegando el expediente, que nunca avanzó más allá de las confesiones de sus protagonistas. Como quedó registrado en el proceso, el extinto jefe paramilitar Fidel Castaño le reconoció al ex dirigente del M-19 Otty Patiño que había ordenado el magnicidio. Su hermano Carlos Castaño refrendó esa versión en 1999 con su libro Mi confesión.

Pero son tantos los cabos sueltos de este magnicidio, que el fiscal octavo de la Unidad de Derechos Humanos ordenó una serie de entrevistas, verificaciones y declaraciones que buscan que el caso salga del ostracismo.

El asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa sigue en la absoluta impunidad, muy pocos avances se han hecho para esclarecer el caso. Como otro de los tantos asesinatos cometidos con el fin de exterminar la unión patriótica, éste representó una gran pérdida, desesperanza ante un sueño de democracia, justicia y equidad. El sistemático asesinato de los militantes de la UP marco una gran ola de violencia desatada por el narcoparamilitarismo y su alianza con el aparato militar del estado.

De este modo a la UP le asesinaron dos candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y más de 4.000 militantes. La alianza entre el poder mafioso y algunos sectores políticos se prolonga hasta hoy y se refleja en la creación de ejércitos, conocidos como paramilitares, que se apoderaron de municipios y de enormes regiones. Este contubernio se evidencia, también, en más de 20.000 asesinatos y cuatro millones de desplazados, en los últimos años y en el proceso de la parapolítica que vinculó a 83 parlamentarios.

Contra esta alianza funesta luchó Bernardo Jaramillo. Su legado sigue vigente. Para que su muerte no quede impune la Fiscalía determinó que su asesinato es un crimen de lesa humanidad.

Sin embargo hasta el momento, nada se avanzado en el proceso judicial, este crimen esta en absoluta impunidad, pero la muerte sólo llega realmente cuando se olvida, hoy recordamos a Bernardo Jaramillo Ossa y su labor política como una esperanza aún vigente en un país de injusticia, violencia y desigual, lo recordamos, y recordamos su voz fuerte, esperanzadora, en las cadencias sublimes de un tango de Gardel, que tanto le gustaba cantar.

Música recomendada: http://www.youtube.com/watch?v=I5JQ1m3mxKw

Vídeos y Audios de apoyo:

http://www.youtube.com/watch?v=OStm8PVW7bE

http://www.youtube.com/watch?v=_dzyg39Hp4U 
 
BERNARDO JARAMILLO OSSA en la Memoria
BERNARDO JARAMILLO OSSA Sin Olvido 
 
Sin Olvido

jueves, 21 de marzo de 2013

Jaime Enrique Gómez

23 de abril de 2006 - 23 de abril de 2013

Han pasado 7 años desde aquel domingo 23 de Abril de 2006, cuando fue encontrado el cuerpo de Jaime Enrique Gómez; quien desapareció el 21 de Marzo de 2006, mientras trotaba en horas de la mañana en el parque Nacional de la ciudad de Bogotá.
 
Jaime Enrique se desempeñaba como asesor de la ex senadora Piedad Córdoba. Además de ser asesor político, era historiador y dirigente sindical, fue sindicalista de la Empresa de Teléfonos de Bogotá desde la década del setenta por cerca de veinte años, en donde se desempeñó en varios periodos como presidente del Sindicato, fue promotor de la creación de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, Concejal de Bogotá en la década del noventa, y docente de diversas universidades en la capital.

Durante 34 días estuvo desaparecido; Las calles se llenaron de afiches con el rostro sonriente de Jaime Enrique. Sus hijos, sus alumnos y amigos tocaron todas las puertas, e iniciaron una campaña para recibir información sobre su paradero.

El 23 de Abril fueron hallados sus restos, sus huesos, lo que dejaron los victimarios de su humanidad, fueron hallados en el mismo parque donde lo desaparecieron, su hija Diana Gómez afirma que se presentaron irregularidades en el levantamiento del cadáver y su traslado a Medicina Legal.

Días después de enterrarlo, el entonces presidente Uribe en defensa del TLC en Estados Unidos, dijo a Senadores Demócratas que lo sucedido con mi padre había sido un accidente y que tenía como demostrarlo. Desde entonces las irregularidades en Medicina Legal aumentaron, al punto que la entrega de exámenes cruciales para la investigación que corroboraban el homicidio, la tortura, el traslado del cuerpo de un lugar a otro, y el tiempo de muerte, se demoraron demasiado tiempo sin ninguna justificación. En octubre de 2007, la Fiscalía reconoció públicamente que mi padre fue asesinado.” 

En marzo de 2011 se asigno el sexto Fiscal al caso de Jaime Enrique, quien dice que debe iniciar desde cero la investigación, donde se ignoran las causas políticas del asesinato y el hecho de que Jaime Enrique estaba en la listas de Departamento de Seguridad del Estado, DAS.

¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué lo mataron? ¿Donde están los responsables de un crimen tan alevoso? La única respuesta del gobierno es que se trató de un accidente. 

7 años después la muerte de Jaime Enrique Gómez su familia, sus amigos, las organizaciones con las que trabajaba, aún piden justicia y exigen que la verdad desmorone la impunidad, su hija Diana Gómez sigue siendo objeto de intimidaciones, seguimientos, teniendo que abandonar su País.


Una memoria viva demanda justicia.


Jaime Enrique Gómez en la memoria
Jaime Enrique Gómez Sin Olvido 

sábado, 2 de marzo de 2013

Recorrido en bicicleta por la dignidad de las víctimas




Conozca al defensor del  Estado colombiano ante el Sistema Interamericano de Derechos humanos, Rafael Nieto Loaiza. Los invitamos a leer las siguientes columnas de información y opinión sobre el representante del Estado ante la SIDH.