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jueves, 5 de diciembre de 2019

Masacre en Jiguamiandó y Curvaradó


Diciembre 5 al 31 1997 

Del 5 al 31 de Diciembre Un grupo paramilitar asesinó a 20 campesinos y desapareció a otros 11 en Jiguamiandó y Curvaradó.

Un grupo paramilitar con abierta complicidad de la Fuerza Pública incursionó en los caseríos Bella Flor Remacho, Urada, Santa Fé de Churima, Llano Rico, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Brisas de Curvaradó, Nueva Esperanza, Andalucía y Puerto Lleras, ubicados en los ríos Jiguamiandó y Curvaradó, asesinando a 20 campesinos, y desapareciendo forzadamente a 11 más. 

El grupo paramilitar había salido, en su mayoría de la población de Bajirá y la acción contó con el apoyo de helicópteros. 

Durante el recorrido de muerte, los paramilitares asesinaron a Ruben San Pedro Tuberquia, Abel Guisao, Víctor Ramírez Soto, Esteban Barrio, Aurelio Agudelo, Eliseo Martinez, Andres Castaño, Gerardo Carvajal, Luis Enrique Correa, José Teofebes Gómez, Gerardo Vargas, Libardo y Argemiro Correa, a este último, los paramilitares lo decapitaron y le metieron la cabeza en el estómago y fueron desaparecidos de Santa Fé y Buena Vista Pablo López, Esther Hernández, Manuel Cuesta, Alcides Domico, Julio Arturo Garces, José Hernández, Edision Manuel Hernández, Vartica Hernández, Pablo López, Mario y su hermano.

Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó en la Memoria
Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó Sin Olvido 

jueves, 24 de octubre de 2019

Orlando Valencia

Octubre 24 de 2005 



Orlando Valencia fue asesinado el 24 de Octubre de 2005 por su lucha en la defensa del territorio y la vida. Orlando es símbolo de las voces contadas a pesar de ser acalladas, es la expresión colectiva de la pervivencia de la existencia afrocolombiana a pesar del crimen, es el amante de la tierra a pesar del saqueador y nuevo colonizador; es la creación del cuerpo colectivo, las nuevas formas de resistencia ante la unificación del pensamiento, de la sensibilidad.

Un sábado 15 de octubre, cuando al medio día, las tierras del Curvaradó y Jiguamiandó quedaron a la espera de los pasos, las voces, las manos, el cuerpo de uno de sus habitantes que rompiendo el terror, que enfrentándolo se abrió como un líder de los pueblos afrodescendientes del bajo Atrato, se trata de Orlando Valencia.

El 15 de Octubre, Orlando Valencia fue detenido por la policía de Belén de Bajirá en Antioquia, cuando se encontraba viajando junto con 9 miembros más de la comunidad, un abogado de la de la Comisión de Justicia y Paz y un observador internacional. 

Posteriormente fueron llevados a la Estación de Policía, allí permanecieron hasta el medio día y en una acción concertada entre el cuerpo policial y los paramilitares, Orlando ya habiendo sido dejado en libertad, fue seguido, junto con sus acompañantes por varios paramilitares, 2 de ellos se le acercaron en una moto a Orlando y mientras lo intimidaban lo obligaron a subirse en ella, mientras amenazaban a los acompañantes para no impedir que Orlando fuese llevado con ellos. Hasta ese momento, Orlando fue visto con vida.

El homicidio de Orlando se produjo el mismo día de su desaparición, pero sus restos fueron encontrados hasta el 24 de Octubre, 9 días después en el río León, en un punto conocido como Puerto Amor en el municipio de Chigorodó. Orlando fue víctima de numerosas torturas, reflejadas en sus manos labradoras, en su cuerpo, además un disparo en la frente, en su cabeza, esa que condujo pensamientos por el bien de su comunidad. 

Un mes antes de su asesinato, Orlando denunció problemas medioambientales que tenían por la plantación de palma aceitera. Además exigió públicamente la restitución del Derecho al Territorio ante la ocupación ilegal de tierras colectivas de las comunidades de las cuencas de los ríos Jiguamiandó y Curvaradó con la siembra de palma aceitera de poderosos sectores económicos que benefician la estrategia paramilitar. 

Este Afrocolombiano se caracterizó por luchar por los derechos colectivos de las zonas golpeadas con el conflicto armado y por los intereses que persiguen la protección de los recursos naturales de Curvaradó – Jiguaminadó, en el Bajo Atrato Chocoano. 

Ese mismo año, en el 2005, se inició el proceso jurídico bajo el número 2297 en la Fiscalía General de la Nación, éste dio inicio a diligencias de indagación preliminar por el punible de Homicidio Agravado; dándose apertura oficial el día 15 de diciembre de 2005. 

Por la responsabilidad en este asesinato fueron privados de la libertad y se les dictó medida de aseguramiento a Hermes Muñoz alias “Diomedes”, Álvaro Padilla Medina - alias “el Boxeador” y posteriormente a “Julio César Silva”, quienes, según testigos participaron en la desaparición forzada y asesinato de Orlando. 

Álvaro Padilla Medina, alias el “Boxeador” aceptó su responsabilidad individual, acogiéndose a la figura legal de la Sentencia Anticipada. Al paso de los años no se encuentra vinculado ningún empresario a pesar de la clara vinculación en el crimen. Este caso, como muchos otros en el país se encuentran en la total impunidad. 

La esposa de Orlando y las mujeres que nacieron del amor entre ella y Orlando sobreviven en el Jiguamiandó, entre el dolor, entre la angustia. Persisten en el sueño, en la utopía de eternizar más allá delante de todo discurso, de tanta prueba, que esta vida que es memoria colectiva tuvo y tiene sentido en la historia de los pueblos, en la historia ancestral que del África se inmortaliza en las hermosas selvas del Chocó. Allí la voz de ORLANDO, su nombre sigue navegando en los cauces de los ríos no desertificados con la deforestación y la siembra de la palma.

Orlando Valencia en la Memoria
Orlando Valencia Sin Olvido

domingo, 31 de marzo de 2019

RICARDO GUARAONA VIDAL


31 de Marzo de 2004 

El mes de marzo en el departamento del Chocó está marcado por una trágica historia. Los ríos están limpios y cristalinos, se da la subienda del pescado, las tierras que el resto del año son fangosas en ese momento están secas y permiten que las comunidades puedan realizar la cacería necesaria para alimentar a sus familias, los arboles dan frutos, las comunidades preparan los terrenos para la siembra de Arroz y Maíz. Es verano y la vida está por todos lados.

El 31 de marzo de 2004, en el lugar conocido como La Pemada ubicado en el territorio colectivo de Jiguamiandó, Choco, fue asesinado Ricardo Guaraona, un niño de 3 años, los acontecimientos se produjeron durante un operativo militar, en el que además amenazaron y maltrataron a los pobladores del lugar, obligándolos a mantenerse sentados o acostados durante 15 horas, aproximadamente.

Durante todo ese mes en el territorio del Jiguamiandó departamento del choco se vio la presencia constante del Ejercito Nacional de Colombia y durante este tiempo se presentaron diferentes violaciones a los Derechos Humanos por parte de los militares. Torturas, detenciones arbitrarias, saqueos, amenazas y señalamientos a personas de la comunidad  fueron vividos por los habitantes de este territorio.

El 31 de Marzo del 2004 varios pobladores pertenecientes a seis familias salieron a  sus labores de cosecha cuando vieron un grupo de personas armadas y vestidas de camuflado, esto los hizo regresar a una   vivienda de la comunidad y ocultarse por el miedo que les produjo ver a estos hombres. Minutos después pasaron milicianos de las FARC vestidos de camuflado con armas de corto y largo alcance. Un tiempo después un grupo de alrededor de 50 uniformados pertenecientes al Ejército Nacional empezaron a disparar y lanzar morteros en este caso 3, por un tiempo prolongado de 15 minutos.
Mientras se realizaba el  cruce de disparos los militares gritaban a los  pobladores que vivían en la comunidad  “tírense al suelo que ustedes los tienen aquí”.

En medio del tiroteo un militar grito “un niño está muerto” y luego de esto dejaron de disparar. RICARDO GUARAONA VIDAL de 3 años de edad se encontraba en el suelo sin vida, su madre Pastora Vidal se acercó al lugar donde estaba el cuerpo sin vida de su hijo, lo levanto y regreso junto a los demás integrantes de la comunidad. Los otros niños lloraban y los militares ordenaron a una de las mujeres de la comunidad que sirviera comida a los niños.

Los militares ordenaron a los pobladores permanecer recostados en el suelo mientras otros requisaban los bolsos de todas las personas, anotaron los nombres de los menores y adultos con su respectiva cédula o tarjeta de identidad, preguntaron quiénes eran las cabezas de familia y se dispusieron a anotar toda la información recolectada.

Aproximadamente a 20 minutos del lugar Ricardo Guaraona padre de RICARDO GUARAONA VIDAL al percatarse que cesaron los disparos se dirigió de inmediato a la Pemada, pero fue detenido por un grupo de Militares quienes le expresaron “tírese al piso hijueputa guerrillero, donde tiene el fusil” “si no se queda quieto lo mato” Ricardo manifestó ser un campesino y que lo único que tenía eran sus manos para trabajar. Fue golpeado por los militares, Ricardo manifestó que quería ir a ver su familia y lo militares le preguntaron si tenía hijos a lo que Ricardo manifestó que sí, un niño de 3 años “como que ese es el que mataron” manifestó uno de los militares. Minutos después Ricardo encontró a su hijo sin vida.

A las 10:30 a.m. un militar le manifestó a Ricardo “ya la embarramos, matamos a su hijo, ¿pero que le vamos a hacer?” Ricardo exigió que dejaran velar el cuerpo del niño, pero el militar se negó y dijo que nadie podía salir. Posteriormente, los militares llevaron a los familiares del menor de edad a un lugar donde era posible el aterrizaje del helicóptero militar. Luego de caminar durante 30 minutos con los familiares del menor. Allí dos delegados de Fiscalía y un médico, le tomaron varias fotografías al niño, tomaron medidas, luego fotografiaron a su madre y padre.

Hacia las 9:00 de la noche, trasladaron los restos sin vida de Ricardo y otros dos hombres asesinados que según los militares eran guerrilleros muertos producto de un enfrentamiento en Caño Seco.

El 1 de abril de 2004, el niño fue velado en una sala costeada al parecer por la décimo séptima Brigada del Ejército.  De acuerdo con algunos testimonios, antes de las exequias mientras la familia era transportada uno de los militares tomó la denuncia del asesinato, este mismo militar les planteó a que fueran a denunciar el caso a la Personería, a la Defensoría a ver qué hacían. El efectivo regular les entregó $100.000 pesos agregándole "nosotros hasta ahí llegamos. No se preocupe por el ejército, ellos ya saben y no les va a pasar nada". Posterior a los hechos ocurridos el día 2 de abril se realizó las exequias Ricardo Guaraona Vidal.

Si estos hechos se apartaron de la realidad Ricardo Guaraona Vidal sería una persona el cual junto a sus padres estaría viviendo bajo el seno de una familia, construyendo la esperanza junto a ellos, viviendo cada verano del mes de marzo en su territorio, disfrutando de los ríos claros, pescando para ayudar r a su familia como es costumbre y sembrando sus cultivos.

En el año 2006 la familia de Ricardo Guaraona regreso al Curvaradó  de donde fueron desplazados en el año 1997.

Hoy la familia Guaraona recuerda a su hijo y enciende una vela para que él desde el lugar que se encuentre los siga acompañando en la protección de la vida y el territorio.



Ricardo Guaraona en la Memoria. 

Ricardo Guaraona SIN OLVIDO.

sábado, 23 de marzo de 2019

Manuel y Samir Ruiz

23 de marzo 2012

El 23 de Marzo de 2012 cuando Manuel Ruiz, denunciante y reclamante de los territorios colectivos del Curvaradó y Jiguamiandó fue desaparecido y posteriormente asesinado junto a su hijo Samir, un joven de tan solo 15 años.

Los hechos sucedieron luego de una llamada donde le anunciaban a Manuel que era ganador de un premio en efectivo el cual tendría que salir a reclamar al municipio de Mutatá. Luego de esta llamada Manuel salió junto a su hijo Samir a reclamar este supuesto premio que nunca recibirían y por el cual le cambiaría la vida a la familia Ruiz.

Tras salir de su casa en la comunidad del Cerrao, cuenca del Curvaradó, Manuel y su hijo Samir se dirigieron a Mutatá a realizar un recarga a su celular, en este recorrido fueron detenidos por la Policia por casi 30 minutos y tiempo después los dejaron seguir su camino. Posteriormente, Manuel y Samir decidieron regresar a casa para lo que tomaron un bus de servicio público, sin embargo, en el lugar conocido como El Basurero, en la carretera que conduce hacia Mutatá, el vehículo en el que se movilizaban fue detenido y allí los obligaron a bajar.

La última señal de vida que se tuvo de Manuel y Samir Ruiz fue a las 4:30 p.m a través de una llamada telefónica a su familia donde ellos manifestaron que fueron obligados a bajar del vehículo en El Basurero y les pedían 2 millones de pesos para dejarlos libres,  dinero que supuestamente debería ser llevado al lugar de envíos de dinero "GANA" en el municipio de Mutatá, estas serian las últimas señales con vida que conocería la familia Ruiz de sus seres queridos.

Posteriormente paramilitares le manifestaron a los familiares que Manuel y Samir Ruiz habían sido asesinados y lanzados al Río Sucio, desde ese momento familiares, comunidad y acompañantes nacionales e internacionales se dieron a la tarea de buscar a los dos integrantes de la familia Ruiz por el cauce del Río Sucio. El 27 de marzo luego de una intensa búsqueda fue encontrado sin vida el cuerpo de Manuel Ruíz y un día después los restos del cuerpo de Samir.

Manuel fue parte del grupo de denunciantes y reclamantes de sus territorios los cuales fueron despojados por paramilitares y empresarios en los territorios colectivos del Curvaradó y Jiguamiandó luego de su desplazamiento en el año 1996, así mismo hizo parte de la Junta directiva del consejo menor de la comunidad del Cerrao.

Manuel Ruiz sería el encargado de guiar el 24 de marzo a delegados del gobierno a una inspección ocular en los territorios  ocupados ilegalmente por parte de ganaderos de la región dentro del proceso de restitución del título colectivo del Curvaradó en cumplimiento del Auto de la corte constitucional a-045 del 7 de marzo de 2012, día que nunca llegó para este defensor de tierras en Curvaradó.

Manuel de 56 años, esposo y padre de 7 hijos tuvo problemas con los empresarios ganaderos ocupantes de mala fe Carlos Ríos, Fabian Ríos y Victor Ríos desde la llegada al territorio.

En materia judicial en este caso están siendo juzgados como autores materiales los paramilitares Alexander de Jesús Ceballos, Ademir Domicó Bailarín, James Duban Manco, Adriana Osorio, Ernesto Goez, Jorge Wilson Goez, Herles Manco, Alfanely Peña y Willinton Valencia. Hasta el momento no hay ningún tipo de investigación o sindicados por la autoría intelectual pese a que Manuel denunció amenazas en su contra por parte de empresarios y paramilitares ante miembros del gobierno.

La familia Ruiz, con 18 integrantes se vio obligada a desplazarse temporalmente del territorio luego de denunciar el asesinato de sus familiares y fue tan solo en el mes de junio de 2013 que pudieron regresar al territorio para luchar y defender la tierra como lo había hecho Manuel.

Tras el asesinato de Manuel y Samir su familia los recuerda con amor, con ese amor que nunca desaparece, con ese amor que prevalece frente al olvido del gobierno, frente a la falta de justicia en este caso que como muchos van quedando en los archivadores de un juzgado.


El 23 de marzo de 2016 en la Zona Humanitaria Costa azul, territorio colectivo de Curvaradó, la familia Ruiz Gallo se reunió para reivindicar la vida, allí una luna llena vestida de naranja decoró el cielo y armonizó el ambiente en donde se mezclaron lágrimas y risas; en medio de una fogata y a través de símbolos revivieron la memoria de sus seres queridos, revivieron ese amor y lucha desmedida que Manuel tenía por su tierra y la jovialidad e inocencia de Samir. Aquella luz en el centro del patio significó la esperanza, esa esperanza que crece y que anhela justicia.

Manuel y Samir Ruiz en la memoria
Manuel y Samir Ruiz Sin Olvido