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lunes, 24 de febrero de 2020

Operación Génesis


24 de febrero de 1997

Primer Dia

Desde la Brigada XVII, al mando del General RITO ALEJO DEL RIO, se desató durante cuatro días, una operación militar registrada en los documentos oficiales, como la Operación “Génesis”. Actuaciones por aire con ametrallamientos, bombardeos indiscriminados.

Por tierra, fuerzas combinadas militares e irregulares -paramilitares- realizaron quema de casas, saqueos, amenazas de muerte y posteriormente el asesinato del afrodescendiente MARINO LOPEZ, descuartizado, con su cabeza convertida en un balón de fútbol para sus victimarios. Los resultados daños irreparables, como la vida de MARINO LOPEZ, el desplazamiento de 3000 personas del Cacarica y de 7 mil más del bajo Atrato.

Las declaraciones de los testigos estan ahora extraviadas. Los responsables en plena libertad por las calles, por los ríos, gozan de la impunidad jurídica, de la impunidad social, de las impunidades religiosas, de la impunidad política. Los victimarios gozando de visibilidad en medios de información. Las víctimas judicializadas y sometidas a una presión militar inusitada de nueva destrucción de sus mentes, de sus cuerpos, de sus almas.

Un relato en versión vallenata, memoria del abuso del poder, de la barbarie. De las cenizas del “génesis”, la Creación en el Cacarica. Afrodescendientes, mestizos e indígenas en su Territorio afirmado su derecho a la Memoria y a la Justicia, a pesar del silencio, del olvido, del terror.

¡¡¡ Ay hombe
Les vengo a contar la historia de nuestro desplazamiento
como fue que sucedió estando allá en el Chocó
este es un caso muy duro para que el mundo lo sepa
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
con bombas y metralletas
Ay fue la pública fuerza
eso no se hace con el pueblo que trabaja
Un 24 de febrero del año 97, un lunes de mañanita
estando allá en Montañita
la gente se levantaba pa’ su tarea cotidiana
cuando del cielo escuchamos, unos grandísimos ruidos,
de los pájaros metales que venían a su destino a sacar al campesino
Ay… ay.
Ya siendo la hora 7, esto si me dolió a mi, de seguido allá explotaban las bomba en el Salaquí
de los aviones Kafir que allá rápido volaban, cumpliendo con su misión pa’ acabar con la población,
pa’ acabar con la población, cumpliendo con su misión
cumpliendo con su misión en esa bella región
¡¡¡ Dios mío mete tu mano para que cese la guerra, no haiga más desplazados
Siendo las 6 de la tarde, el caso me preocupaba, allá en la comunidad la fuerza también se entraba
con ráfagas de metralla y bombas también tiraban, cuando salimos corriendo huyendo pa las montañas
en los brazos yo cargaba una niña que lloraba
una niña que lloraba
su madre desesperada
Ay ¡¡¡

Segundo Dia

Y llega el 25 de febrero, habíamos visto los sobrevuelos, las bombas que caían, los helicópteros aterrizaban repletos de uniformados identificándose como ejército. Después que aterrizaron en La Loma Salaquí y en La Loma del Cacarica vimos salir uniformados: ejército, ejército. Y de allí mismo surge dos grupos. Uno denominado ejército nacional y otro denominado las ACCU .

El ejército se pone en dos sectores y las ACCU hace con algunos militares el recorrido por todo el territorio. Se preparan para ir al Cacarica, al Perancho, a Bocas del Limón, a Quebrada Bonita. Cuando nos van cogiendo a los campesinos, le colocan como plazo a uno para desocupar el área de tres días, después dijeron que solo teníamos 24 horas. Cuando íbamos subiendo por el río Cacarica nos los encontramos, ya en ese momento no había Puente América, sólo quedaban las casas quemadas. Y entonces nos paran, y nos dicen: “ustedes se deben ir al municipio de Turbo”. Pregunta: “bueno” y nosotros como campesinos ¿qué vamos a hacer a Turbo, donde no tenemos donde vivir, no tenemos donde subsistir, donde esa no es nuestra tierra ni nuestra vida?. Nos decían: “No tranquilos, ustedes llegan a Turbo y los estará recogiendo la policía y los estará llevando al coliseo de Turbo, ya todo eso está hablado con todas las autoridades competentes”.

Todo está en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún abogan por su Vida, por el Territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Tercer Día

Y llegó el 26 de febrero, todo estaba como lleno de miedo, ya estaban en distintos caseríos, nos quemaron el rancho, la tienda de mujeres… no había guerrilla porque ellos nunca estuvieron estables, porque sólo pasaban, le dijimos a los militares si van por la guerrilla pues arriba, aquí no hay nada. Les dijimos, nosotros nos juntamos toditos en un pueblo y peleen. Ellos dijeron hay que hablar con el Comandante que estaba a unos metros de ahí y nos encontramos con que el mando es un paramilitar que nos dice: “la orden es que se van, o se mueren. Y se van a Turbo, allá los están esperando”. Ese 26 todo el mundo entendimos que no había nada que hacer… entonces mientras en las veredas nadie trabajaba y esperaba que nuestra idea fuera respetada, pero no les valía argumentos, ellos estaban ciegos de poder, de nuestra tierra. Todos a llorar a echar andar en otras embarcaciones llenas de gente.

En La Loma revueltos militares y paramilitares. Empezó ese día la correría para mucha gente y así fue ese día gris, las nubes llorando porque eso de las bombas cambia el clima, lo hace gris, hasta las aves en silencio, todos testigos de lo que no podíamos creer. A uno no se le cree hasta que lo vive. Nosotros que íbamos a pensar que Autodefensas y Estado era lo mismo. La verdad verdadera es esa, juntos, revueltos, amigos, nada los separaba, bajándose de los helicópteros, uno se calla porque el miedo es mucho, uno quiere la vida y no quiere morir sino de viejo, en su tierra, con sus animales y sus nietos. Esa verdad duele y por eso lo matan a uno, pero es la verdad. Muchos en estos años nos han dicho que nos callemos, nos han dejado de ayudar con dinero porque los ponemos en riesgo, nos condicionan la ayuda si no hacemos lo que ellos quieren… todo el mundo se llena de miedo. Nosotros tenemos miedo, recordamos, nos duele pero vemos claro, lo que otros quieren negar.,, salimos con miedo, llenos de terror, estamos con miedo pero tenemos aún nuestras vidas, nuestras almas, nuestro Proyecto de Vida… pero tenemos miedo.

No hubo combates en el Cacarica. Hubo persecución, agresión, terror a la población civil. Todo en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún se resisten a creer, a aceptar que el poder de la fuerza, el poder del dinero, el poder religioso tienen la última palabra sobre su vida y sobre el territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Cuarto Día

Nuevamente los bombardeos. El 27 de febrero estando allá en Bijao, llega un grupo de paramilitares y un militar, a eso de las 9:00 de la mañana, MARINO LOPEZ, me dice estoy con miedo, no se si salir a Turbo. Los paramilitares y también militares rodearon todo el caserío, la gente ya había salido unos más arriba, otros a La Tapa. Nos juntaron a todos, nos amenazaron. A MARINO lo obligaron a bajar unos cocos, él como entre el miedo y nosotros diciéndoles, “ya nos vamos”. MARINO les decía, si fueron tres días los que nos dieron”, y dijo uno “ustedes se van hoy”. Dos de los doce militares tomaron a MARINO, y luego de entregarles los cocos, él puso sus botas y su camisa, y les pidió sus documentos de identidad. Uno de ellos dice: “ahora si quiere el documento de identidad, guerrillero”. Reclámelos a su madre, y vuelven a acusarlo de guerrillero. Y les dice: “ustedes saben que yo no soy”. Lo insultan, lo golpean. Uno de los criminales coge un macheta y lo corta en el cuerpo, MARINO intenta huir, se arroja al río, pero los paramilitares, lo amenazan, “si huye, le va peor”. MARINO regresa, extiende su brazo izquierdo para salir del agua. Uno de los paramilitares le mocha la cabeza con la macheta. Luego le cortan los brazos en dos, las dos piernas a la altura de las rodillas. Y empiezan a jugar fútbol con su cabeza. Todas y todos lo vimos. Ya no había nada más que decir, qué hablar. Todo estaba dicho. Endiablados, sin ninguna fe, ninguna moral. Todo gris, el alma, el cielo, la tierra. Todo se hizo silencio. Todo fue terror. El bombardeo del cuerpo, el bombardeo del alma. La muerte se hizo un juego.

Después todo sigue en la Impunidad. Todo está en la absoluta oscuridad. El cuerpo sometido a la exclusión, al confinamiento, a los nuevos embates psicológicos, jurídicos y morales. El territorio, el alma, sometidos a la presión, a la imposición del silencio, a la imposición de la impunidad, a la imposición de bases de concentración paramilitar, a la imposición de la agroindustria. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Hoy exigen, afirman sus derechos. Ellas y Ellos construyen propuestas de paz integral basadas en la Autodeterminación, la Vida, y la Dignidad. Desde ese último día de la operación “Génesis”, la creación nacida de la destrucción. El arco iris en el Cacarica de fragmentos de luz que la muerte, la persecución, los bloqueos, los bombardeos, las mentiras de los medios, los poderes económicos y militares, no lograron destruir: La verdad, la libertad, la Justicia, la Solidaridad, la fraternidad.

Victimas de la Operación Génesis en la Memoria
Victimas de la Operación Génesis Sin Olvido

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

jueves, 5 de diciembre de 2019

Masacre en Jiguamiandó y Curvaradó


Diciembre 5 al 31 1997 

Del 5 al 31 de Diciembre Un grupo paramilitar asesinó a 20 campesinos y desapareció a otros 11 en Jiguamiandó y Curvaradó.

Un grupo paramilitar con abierta complicidad de la Fuerza Pública incursionó en los caseríos Bella Flor Remacho, Urada, Santa Fé de Churima, Llano Rico, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Brisas de Curvaradó, Nueva Esperanza, Andalucía y Puerto Lleras, ubicados en los ríos Jiguamiandó y Curvaradó, asesinando a 20 campesinos, y desapareciendo forzadamente a 11 más. 

El grupo paramilitar había salido, en su mayoría de la población de Bajirá y la acción contó con el apoyo de helicópteros. 

Durante el recorrido de muerte, los paramilitares asesinaron a Ruben San Pedro Tuberquia, Abel Guisao, Víctor Ramírez Soto, Esteban Barrio, Aurelio Agudelo, Eliseo Martinez, Andres Castaño, Gerardo Carvajal, Luis Enrique Correa, José Teofebes Gómez, Gerardo Vargas, Libardo y Argemiro Correa, a este último, los paramilitares lo decapitaron y le metieron la cabeza en el estómago y fueron desaparecidos de Santa Fé y Buena Vista Pablo López, Esther Hernández, Manuel Cuesta, Alcides Domico, Julio Arturo Garces, José Hernández, Edision Manuel Hernández, Vartica Hernández, Pablo López, Mario y su hermano.

Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó en la Memoria
Victimas de Jiguamiandó y Curvaradó Sin Olvido 

domingo, 24 de noviembre de 2019

Oscar Mausa

24 de noviembre 2010 

Oscar Mausa fue un líder campesino que realizó acciones jurídicas y políticas desde el año 2001 con el fin de conseguir la restitución de la finca "La Esperanza", que había sido adquirida por la Cooperativa de Trabajadores Agropecuarios de Blanquicet(Cootragroblan) ubicada en un corregimiento de Turbo, Antioquia y de la que Oscar Mausa era integrante.


Este predio en el que las familias asociadas a esta cooperativa habían invertido su trabajo y sus pocos recursos, fue arrebatado por los paramilitares violenta y fraudulentamente en el año 2001.Por esta razón Oscar Maussa fue víctima de las operaciones paramilitares en Blanquicet, donde, le obligaron a desplazarse a él, a su familia y a los habitantes de este poblado, estos hechos fueron denunciados abiertamente en sesiones de trabajo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ante autoridades nacionales.

Días antes de su crimen fue requerido por las autoridades de investigación para realizar un reconocimiento fotográfico de uno de los victimarios, el paramilitar conocido con el alias de “55”. En el marco del proceso penal por los hechos del desplazamiento se han identificado algunos autores materiales de los hechos, a quienes ya se les cerró investigación y a quienes la Fiscalía les calificará sumario en breve.

El día miércoles 24 de noviembre en la mañana Oscar Maussa, arribó a su lugar de trabajo agropecuario en la finca “La Poza del Guamo”, en el caserío El Cañito, municipio San Juan de Nepomuceno, lugar, donde se había desplazado con su familia desde el año 2008 para proteger su vida. Sobre las 6 de la tarde fue amarrado, apedreado, torturado y asesinado. 

Ese mismo día, aproximadamente a las 8.30 de la noche, un compañero de trabajo de Oscar encontró su cuerpo tirado en el suelo, con las manos atadas por la espalda y boca abajo, además de observar la puerta de la casa abierta y varias cosas de la misma fuera de sitio, inmediatamente acudió a la estación de policía de San Juan Nepomuceno, Bolivar, solicitando la atención de estas autoridades en este caso, las cuales, se negaron afirmando que temían una emboscada.

Al día siguiente a las 10.00 de la mañana finalmente las autoridades de la policía, la SIJIN y la infantería de Marina acudieron a la finca e hicieron el levantamiento del cuerpo para posteriormente realizarle la necropsia.

La impunidad jurídica sobre los beneficiarios de estructuras estatales y la impunidad política de las estructuras paramilitares que continúa enquistada en un grueso ámbito institucional son muestra de las razones del asesinato de Oscar, y reflejan la ausencia de garantías plenas para las víctimas del desplazamiento y del despojo violento.La investigación penal por el homicidio de Oscar ha sido trasladada 3 veces de Fiscalía lo que ha dificultado la participación de la representación de las víctimas dentro del proceso, lo cual, refleja la falta de garantías a los derechos de las víctimas.

Oscar Mausa en la Memoria
Oscar Mausa Sin Olvido


lunes, 14 de octubre de 2019

Walberto Hoyos


1
4 de Octubre de 2008 

Un día y otro día más, por su ingenuidad signo de su transparencia creyó que no lo iban a asesinar ese día. Semanas antes sobrevivió junto con su hermano a un atentado. Walberto Hoyos, líder de restitución, investigador popular, defensor de derechos humanos se aferró a sus convicciones por la verdad y la justicia, creía que los despojadores, los beneficiarios de la operación septiembre negro, al mando de Rito Alejo del Río, desde 1996, le iban a respetar la vida.



Ese día mientras conversaba con una de las lideresas del consejo comunitario de Caño Manso que habita en la Zona Humanitaria, en Curvaradó, Chocó, dos paramilitares, de las estructuras que Álvaro Uribe se ufanó de decir que se habían terminado, lo acribillaron con armas de fuego, luego que este se les enfrentara exigiendo respeto al espacio humanitario.



Hoy su asesinato continúa en la impunidad y con visos de que los móviles sean modificados. La desviación de la investigación pretende proteger a los empresarios ganaderos, entre ellos un ex oficial de las fuerzas militares e integrante de ACORE, que junto con Sor Teresa Castaño, se hicieron a los predios colectivos como parte de un plan militar que se inició en 1996 con la operación "septiembre negro" de la brigada 17, al mando del general Rito Alejo del Río.

Walberto se fue haciendo como investigador técnico judicial. Logró penetrar en las entrañas de lo que muchos llamaron después la paraeconomía. Él anotando en una pequeña libreta, cotejando con la gente, dialogando con las autoridades civiles y la fuerza pública fue identificando el entramado y la estructura crimina. Identificó a los beneficiarios y promotores de las operaciones paramilitares insertados en empresas palmeras, bananeras, ganaderas y otros agronegocios, entre ellos los de la cocaína.

Walberto encontró pruebas de las relaciones de altos generales y comandantes de la brigada 17, de comandantes de la policía de Urabá, de autoridades civiles locales, regionales con el desarrollo de las estructuras paramilitares y los procesos de legalización ilegal del despojo.

Walberto sin temor, se hizo testigo en procesos judiciales contra ex jefes del Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas e integrantes de la brigada 17 y la policía de Urabá.

A pesar de su muerte violenta él es parte de la memoria de esa epopéyica en que se han constituido estos habitantes rurales mestizos, negros, que más allá del color de la piel, aman la tierra, adoran el territorio en que han pasado los años de sus vidas, en que han parido nuevos niños y niñas para habitar en lo que la vida les ha heredado. 

Hoy a pocos metros de los predios que siguen despojados por empresarios de la ganadería extensiva en Villa Alejandra I y Villa Alejandra II, nombre de la reconversión del territorio colectivo de Caño Manso, en Curvaradó, están las flores, y el espacio en que su tez inocente se refleja en una fotografía, en un pequeño montículo, digno de hombres que como él arriesgan todo.

Hoy sus restos serán sellados con su nombre. Nombre que sigue en la historia de esas mujeres y hombres que dignifican todas las formas de vidas biológicas que existen en Curvaradó y Jiguamiandó, contra aquellos que quieren un progreso de indignidad, de destrucción ambiental, de dominación y de simple acumulación.

Walberto la bella vida en inocencia, en pasión por la verdad y la justicia en su memoria y más de 160 víctimas más se afirma la verdad y la justicia

Walberto Hoyos en la Memoria
Walberto Hoyos Sin Olvido!

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Miguel Ángel Quiroga Gaona

18 de septiembre de 1998 

Memoria y Justicia

Dichosos los perseguidos como tú, Michel, por practicar la justicia, defender a los pobres y reclamar el respeto de la persona humana.”, así escribió un amigo entrañable de este cristiano, defensor de los derechos de los afrocolombianos.

Miguel nacido en Facatativá, el 1 de octubre de 1972, del amor con sangre rural de Susana Gaona y de Gustavo Quiroga, amor que se unió a la sangre negra en la misma causa de los derechos de los excluidos. Fue encontrándose con las comunidades negras desde 1990 cuando comenzó el pre noviciado en la comunidad marianista en Bogotá, dos años después hizo sus primeros votos, con este compromiso espiritual e histórico se trasladó al municipio de Lloró en el Chocó durante un tiempo. En 1997 regresó a Bogotá y al terminar en la Universidad Pedagógica la licenciatura en Ciencias Sociales, su pasión por la causa territorial de las comunidades negras, lo llevó por segunda y última vez a Lloró.

Ese viernes, Miguel Angel Quiroga, de 25 años, se dirigía en dos botes junto con un sacerdote y 40 campesinos a la comunidad de Nipurdú sobre el río Tumutumbudó, a celebrar las fiestas patronales, diez minutos después de partir del municipio de Lloró fueron obligados a detenerse por paramilitares que mantenían allí un retén 20 hombres les exigieron los documentos de identidad a los ocupantes de la embarcación, uno de ellos, un habitante rural no los tenía, los armados pretendieron quedarse con él, Miguel Ángel entonces protestó y exigió respeto. En cuestión de segundos el jefe de los paramilitares conocido como alias "Raúl” sin mediar palabra le disparó a Miguel en su cabeza, disparo como si le hubiese dado directo en el corazón. 


Ese corazón que había escrito: “Si no cambiamos las posturas del corazón, no podremos cambiar nuestra patria”, pero de eso no entendía uno de aquellos formado en la doctrina autoritaria, segado de su soberbia, sin escuchar razones, embebido de su prepotente poder que concibe al otro como enemigo asesinó el corazón físico de Miguel.

Pero ese corazón  noble no se murió vive en la memoria que cuentan con sus propias palabras y siguen hablando a los victimarios y sus beneficiarios, aquellos que han amasado riqueza con la muerte violenta de millares. Tengo el deseo de darme a fondo, a aquél que no tiene fondo, había también escrito Miguel

El padre Cecilio de Lora parte de esa memoria de vida recuerda: “Allí con su querida población negra, pobre entre los pobres de Colombia, desarrollaba su misión, lleno de entusiasmo, de creatividad y de alegría, las características que han marcado su vida.” Y es que la opción de Miguel Angel fue por defender la verdad, por denunciar lo injusto; su motivación religiosa y social lo llevó a hablar claro a los asesinos del pueblo chocoano. Nunca se detuvo.

Un día antes de su muerte había dicho: “qué feliz me siento porque cada vez me voy sintiendo más identificado con la gente, con los de mi pueblo”. Cuando la noticia fue creciendo en el mundo religioso y de la solidaridad su Superior Provincial escribió: “Michel ha muerto como vivió: defendiendo a los pobres de la tierra, apasionado por la paz y la justicia. Sus hermanos nos sentimos orgullosos de él, y con nosotros, la familia toda de María”

Otro sacerdote interpretando la vida de Miguel, Rodrigo Betancur, escribió: “Michel no murió por hablador, Michel murió por hablar la verdad, por ser consecuente con lo que creía y pensaba, él, siendo Joven, creyó en el Dios liberador en el Dios de Jesucristo; estaba buscando su voluntad con los vaivenes de su corta edad. Muchos podemos testificarlo. Michel estaba feliz aquí en Lloró, se empezaba a identificar con el pueblo a pesar de las diferencias culturales y étnicas, quiso asumir los retos que una misión como ésta plantea a un religioso joven y en camino. Él mismo dijo días antes de morir:"sumando y restando este ha sido un buen año". Él estaba aprendiendo a pintar en Negro, buscando que el arco iris coloreara toda la realidad inmensa y compleja de esta parte del Chocó tan dura para los que la viven y tan desconocida para los que aún no saben qué sucede por aquí.

Memoria que nos significa la necesidad de la justicia, memoria que también se canta, que no solo se escribe, como ocurrió con alguien desde Zaragoza que compuso a Michel http://www.marianistas.org/pastoral/michel/cancion.htm. La Universidad Pedagógica Nacional también ha realizado memoria por medio de un mural de rostro y cuerpo completo. 

Nosotros también seguimos re memorando, seguimos cantando

Miguel Angel Quiroga en la memoria 
Miguel Angel Quiroga Sin Olvido 

jueves, 12 de septiembre de 2019

Masacre de Carmen del Darién






Septiembre 12 de 2001


Carmen del Darién, Jiguamiandó y Curvaradó, en el departamento del Chocó, son cuencas de una zona estratégica para el control del Río Atrato, lugar que ha sido centro de disputas territoriales desde la colonización, y ha desembocando un conflicto histórico en materia social, ambiental y económica. Ninguno de estos territorios ha podido desmarcarse de la confrontación armada, el predominio de otras actividades delictivas, formas de violencia y el abandono por parte del Estado.

El 12 de septiembre, la vereda Pueblo Nuevo y el corregimiento Puerto Lleras, en Carmen del Darién, fueron azotados por la violencia paramilitar. Aquel miércoles hacia las 8 de la mañana ingresó al territorio un grupo de aproximadamente 30 hombres armados identificados como miembros del Bloque Élmer Cárdenas, En Puerto Lleras, asesinaron a tres campesinos, primero a César Emilio Chaverra Bejarano y Segundo Salinas Ibarra, quitándoles la vida a pedradas, luego la víctima fue Rubén Rentería Durán a quien degollaron.

Posteriormente, se dirigieron hacia el corregimiento de Pueblo Nuevo, donde lanzaron granadas y dispararon de forma indiscriminada. Entre los heridos se dio la muerte de dos personas: Inés Blandón una joven campesina de 28 años que estaba en su octavo mes de embarazo y junto a ella Eulalio Blandón uno de sus hijos de 16 años. Las muertes fueron justificadas por los victimarios acusando a los pobladores de ser aliados y colaboradores de la guerrilla. Además de los asesinatos saquearon las casas, se llevaron la ropa y los alimentos de los pobladores. 

Carmen del Darién viene realizando de manera colectiva su propia reconstrucción de la memoria, rechazando la violencia por medio de sus tradiciones culturales, desde manifestaciones los cantos de bullerengue, los sonidos de la chirimía, como símbolo y ejercicio autónomo de recuperar la vida, de convertir el dolor en esperanza y reconstruir el tejido social para iniciar un camino hacia la paz.

Masacre de Carmen del Darién, en la memoria
Masacre de Carmen del Darién, Sin Olvido

domingo, 31 de marzo de 2019

RICARDO GUARAONA VIDAL


31 de Marzo de 2004 

El mes de marzo en el departamento del Chocó está marcado por una trágica historia. Los ríos están limpios y cristalinos, se da la subienda del pescado, las tierras que el resto del año son fangosas en ese momento están secas y permiten que las comunidades puedan realizar la cacería necesaria para alimentar a sus familias, los arboles dan frutos, las comunidades preparan los terrenos para la siembra de Arroz y Maíz. Es verano y la vida está por todos lados.

El 31 de marzo de 2004, en el lugar conocido como La Pemada ubicado en el territorio colectivo de Jiguamiandó, Choco, fue asesinado Ricardo Guaraona, un niño de 3 años, los acontecimientos se produjeron durante un operativo militar, en el que además amenazaron y maltrataron a los pobladores del lugar, obligándolos a mantenerse sentados o acostados durante 15 horas, aproximadamente.

Durante todo ese mes en el territorio del Jiguamiandó departamento del choco se vio la presencia constante del Ejercito Nacional de Colombia y durante este tiempo se presentaron diferentes violaciones a los Derechos Humanos por parte de los militares. Torturas, detenciones arbitrarias, saqueos, amenazas y señalamientos a personas de la comunidad  fueron vividos por los habitantes de este territorio.

El 31 de Marzo del 2004 varios pobladores pertenecientes a seis familias salieron a  sus labores de cosecha cuando vieron un grupo de personas armadas y vestidas de camuflado, esto los hizo regresar a una   vivienda de la comunidad y ocultarse por el miedo que les produjo ver a estos hombres. Minutos después pasaron milicianos de las FARC vestidos de camuflado con armas de corto y largo alcance. Un tiempo después un grupo de alrededor de 50 uniformados pertenecientes al Ejército Nacional empezaron a disparar y lanzar morteros en este caso 3, por un tiempo prolongado de 15 minutos.
Mientras se realizaba el  cruce de disparos los militares gritaban a los  pobladores que vivían en la comunidad  “tírense al suelo que ustedes los tienen aquí”.

En medio del tiroteo un militar grito “un niño está muerto” y luego de esto dejaron de disparar. RICARDO GUARAONA VIDAL de 3 años de edad se encontraba en el suelo sin vida, su madre Pastora Vidal se acercó al lugar donde estaba el cuerpo sin vida de su hijo, lo levanto y regreso junto a los demás integrantes de la comunidad. Los otros niños lloraban y los militares ordenaron a una de las mujeres de la comunidad que sirviera comida a los niños.

Los militares ordenaron a los pobladores permanecer recostados en el suelo mientras otros requisaban los bolsos de todas las personas, anotaron los nombres de los menores y adultos con su respectiva cédula o tarjeta de identidad, preguntaron quiénes eran las cabezas de familia y se dispusieron a anotar toda la información recolectada.

Aproximadamente a 20 minutos del lugar Ricardo Guaraona padre de RICARDO GUARAONA VIDAL al percatarse que cesaron los disparos se dirigió de inmediato a la Pemada, pero fue detenido por un grupo de Militares quienes le expresaron “tírese al piso hijueputa guerrillero, donde tiene el fusil” “si no se queda quieto lo mato” Ricardo manifestó ser un campesino y que lo único que tenía eran sus manos para trabajar. Fue golpeado por los militares, Ricardo manifestó que quería ir a ver su familia y lo militares le preguntaron si tenía hijos a lo que Ricardo manifestó que sí, un niño de 3 años “como que ese es el que mataron” manifestó uno de los militares. Minutos después Ricardo encontró a su hijo sin vida.

A las 10:30 a.m. un militar le manifestó a Ricardo “ya la embarramos, matamos a su hijo, ¿pero que le vamos a hacer?” Ricardo exigió que dejaran velar el cuerpo del niño, pero el militar se negó y dijo que nadie podía salir. Posteriormente, los militares llevaron a los familiares del menor de edad a un lugar donde era posible el aterrizaje del helicóptero militar. Luego de caminar durante 30 minutos con los familiares del menor. Allí dos delegados de Fiscalía y un médico, le tomaron varias fotografías al niño, tomaron medidas, luego fotografiaron a su madre y padre.

Hacia las 9:00 de la noche, trasladaron los restos sin vida de Ricardo y otros dos hombres asesinados que según los militares eran guerrilleros muertos producto de un enfrentamiento en Caño Seco.

El 1 de abril de 2004, el niño fue velado en una sala costeada al parecer por la décimo séptima Brigada del Ejército.  De acuerdo con algunos testimonios, antes de las exequias mientras la familia era transportada uno de los militares tomó la denuncia del asesinato, este mismo militar les planteó a que fueran a denunciar el caso a la Personería, a la Defensoría a ver qué hacían. El efectivo regular les entregó $100.000 pesos agregándole "nosotros hasta ahí llegamos. No se preocupe por el ejército, ellos ya saben y no les va a pasar nada". Posterior a los hechos ocurridos el día 2 de abril se realizó las exequias Ricardo Guaraona Vidal.

Si estos hechos se apartaron de la realidad Ricardo Guaraona Vidal sería una persona el cual junto a sus padres estaría viviendo bajo el seno de una familia, construyendo la esperanza junto a ellos, viviendo cada verano del mes de marzo en su territorio, disfrutando de los ríos claros, pescando para ayudar r a su familia como es costumbre y sembrando sus cultivos.

En el año 2006 la familia de Ricardo Guaraona regreso al Curvaradó  de donde fueron desplazados en el año 1997.

Hoy la familia Guaraona recuerda a su hijo y enciende una vela para que él desde el lugar que se encuentre los siga acompañando en la protección de la vida y el territorio.



Ricardo Guaraona en la Memoria. 

Ricardo Guaraona SIN OLVIDO.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Masacre de Riosucio 1997

17 y 18 de diciembre de 1997

Desde 1995 hasta 1997 en Riosucio, Chocó se dio una violencia desmedida, en torno a la disputa territorial que produjo múltiples desplazamientos, para que se diera una tenencia de la tierra de forma irregular por diferentes grupos armados  y empresarios.

El disputa por el territorio opero por medio de diversas masacres, de forma que, durante el 17 y 18 de diciembre de 1997, se realizó una incursión paramilitar, llegando, aproximadamente 200 paramilitares del Bloque Élmer Cárdenas, quienes arribaron por el río de Jiguamiandó,  entrando a las veredas Remacho, Uradá, Santa Fe, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Nueva Esperanza y Andalucía, en los corregimientos de Llano Rico y Puerto Lleras, en Riosucio, durante el recorrido por estor lugares asesinaron a 14 campesinos y secuestraron a nueve personas.

De las 23 víctimas, nueve fueron reconocidos, estos eran los campesinos Andrés Castaño, Argemiro Correa, José Teofenes Gómez, Luis Correa, Gerardo Vargas, Luis Emerson Martínez, Miguel Enrique Cardozo, Wilfrido Pimiento y Gerardo Carvajal, el cual, era un líder de la comunidad que reunía a los desplazados de la región. A las 14 personas que asesinaron, algunas fueron encontradas en fosas comunes con signos de tortura, degolladas o con impactos de bala y de las 9 personas secuestradas dos de ellos eran menores de edad (6 y 12 años), a quienes, mantuvieron en cautiverio durante 20 días.

Este hecho, produjo el desplazamiento forzado de 1.200 campesinos hacia Mutatá, Antioquia, durante dichos años la población del Bajo Atrato fue víctima de la violencia paramilitar, militar, guerrillera y empresarial, aún hoy en día hay impunidad, las víctimas siguen siendo revictimizadas, pero aun así siguen en una búsqueda de justicia, reparación, oportunidades de retorno y una correspondiente restitución de tierras de lo que se les fue arrebatado, exigiendo al Estado garantías de protección por las mismas, por sus derechos.

Víctimas de la Masacre de Riosucio de 1997 en la Memoria
Víctimas de la Masacre de Riosucio de 1997 Sin Olvido

jueves, 24 de octubre de 2013

Orlando Valencia

24 de octubre 2005 - 24 de octubre 2013


Orlando Valencia fue asesinado el 24 de Octubre de 2005 por su lucha en la defensa del territorio y la vida.  Orlando es símbolo de las voces contadas a pesar de ser acalladas, es la expresión colectiva de la pervivencia de la existencia afrocolombiana a pesar del crimen, es el amante de la tierra a pesar del saqueador y nuevo colonizador; es la creación del cuerpo colectivo, las nuevas formas de resistencia ante la unificación del pensamiento, de la sensibilidad.

Han pasado ocho años desde ese fatídico sábado 15 de octubre, cuando al medio día, las tierras del Curvaradó y Jiguamiandó quedaron a la espera de los pasos, las voces, las manos, el cuerpo de uno de sus habitantes que  rompiendo el terror, que enfrentándolo se abrió como un líder de los pueblos afrodescendientes del bajo Atrato, se trata de Orlando Valencia.

Hace 8 años, el 15 de Octubre, Orlando Valencia fue detenido por la policía de Belén de Bajirá en Antioquia, cuando se encontraba viajando junto con 9 miembros más de la comunidad, un abogado de la de la Comisión de Justicia y Paz y un observador internacional.  

Posteriormente fueron llevados a la Estación de Policía, allí permanecieron hasta el medio día y en una acción concertada entre el  cuerpo policial y los paramilitares, Orlando ya habiendo sido dejado en libertad, fue seguido, junto con sus acompañantes por varios paramilitares,  2 de ellos se le acercaron en una moto a Orlando y mientras lo intimidaban lo obligaron a subirse en ella, mientras amenazaban a los acompañantes para no impedir que Orlando fuese llevado con ellos. Hasta ese momento, Orlando fue visto con vida.

El homicidio de Orlando se produjo el mismo día de su desaparición,  pero sus restos fueron encontrados hasta el 24 de Octubre, 9 días después en el río León, en un punto conocido como Puerto Amor en el municipio de Chigorodó. Orlando fue víctima de numerosas torturas, reflejadas en sus manos labradoras, en su cuerpo, además un disparo en la frente, en su cabeza, esa que condujo pensamientos por el bien de su comunidad. 

Un mes antes de su asesinato, Orlando denunció problemas medioambientales que tenían por la plantación de palma aceitera. Además exigió públicamente la restitución del Derecho al Territorio ante la ocupación ilegal de tierras colectivas de las comunidades de las cuencas de los ríos Jiguamiandó y Curvaradó con la siembra de palma aceitera de poderosos sectores económicos que benefician la estrategia paramilitar. 

Este Afrocolombiano se caracterizó por luchar por los derechos colectivos de las zonas golpeadas con el conflicto armado y por los intereses que persiguen la protección de los recursos naturales de Curvaradó – Jiguaminadó, en el Bajo Atrato Chocoano. 

Ese mismo año, en el 2005, se inició el proceso jurídico bajo el número 2297 en la Fiscalía General de la Nación, éste dio inicio a diligencias de indagación preliminar por el punible de Homicidio Agravado; dándose apertura oficial el día 15 de diciembre de 2005.  

Por la responsabilidad en este asesinato fueron privados de la libertad y se les dictó medida de aseguramiento a Hermes Muñoz alias “Diomedes”, Álvaro Padilla Medina - alias “el Boxeador” y posteriormente a “Julio César Silva”, quienes, según testigos participaron en la desaparición forzada y asesinato de Orlando. 

Álvaro Padilla Medina, alias el “Boxeador” aceptó su responsabilidad individual, acogiéndose a la figura legal de la Sentencia Anticipada.  Después de 8 años no se encuentra vinculado ningún empresario a pesar de la clara vinculación en el crimen. Este caso, como muchos otros en el país se encuentran en la total impunidad. 

La esposa de Orlando y las mujeres que nacieron del amor entre ella y Orlando
sobreviven en el Jiguamiandó, entre el dolor, entre la angustia. Persisten en el sueño, en la utopía de eternizar más allá delante de todo discurso, de tanta prueba, que esta vida que es memoria colectiva tuvo y tiene sentido en la historia de los pueblos, en la historia ancestral que del África se inmortaliza en las hermosas selvas del Chocó. Allí la voz de ORLANDO, su nombre sigue navegando en los cauces de los ríos no desertificados con la deforestación y la siembra de la palma.


Orlando Valencia en la Memoria


Orlando Valencia Sin Olvido

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Miguel Ángel Quiroga

Septiembre 18 de 1998- Septiembre 18 de 2013

Miguel Ángel Quiroga nació en Facatativá, Cundinamarca el 1 de Octubre de 1972, a los 18 años inició su pre noviciado en la Comunidad El Perpetuo Socorro en Bogotá. Para 1991, realizó su noviciado en San Clemente, Risaralda y a los 25 años obtuvo la licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica.

Luego de graduarse, en 1998, inició su trabajo en la Parroquia de Lloró junto con otro sacerdotes marianistas, luchadores por la búsqueda de paz en el departamento del Chocó. Dentro del trabajo hecho en la comunidad Miguel Ángel y otro sacerdote, denunciaron ante diferentes entidades el asesinato de un campesino de la comunidad por parte del Ejército dicha denuncia hizo que los paramilitares de la zona comenzaran a buscar sin pausa a los sacerdotes.

El 18 de Septiembre de 1998 el Padre Miguel se encontraba acompañando al Párroco José Gutiérrez y a 40 campesinos de la comunidad de Nipurdú sobre el río Tumutumbudó en Quibdó departamento de Chocó, para celebrar las fiestas patronales, de camino al lugar se encontraron con dos botes donde habían cerca de 20 paramilitares, haciendo que los botes de las comunidades llegaran a tierra firme, les pidieron los documentos a todos y al Padre Miguel le obligaron a quedarse allí, al generar resistencia el comandante paramilitar alias “Raúl” sacó su revólver y le disparo en la cabeza cegándole su vida inmediatamente. A la comunidad y al Párroco José, les obligaron a permanecer en el sitio durante dos horas más pues los paramilitares los amenazaron con asesinarlos.

Mientras tanto los asesinos del Padre Miguel llegaron a Lloró en búsqueda de gasolina para seguir su viaje, primero, llegaron a la estación de policía donde informaron que acababan de darle de “baja” a un cura y que necesitaban gasolina para seguir con su viaje, los miembros de la policía dijeron que no tenían gasolina y los paramilitares continuaron el recorrido hasta llegar a la Alcaldía, en donde obligaron al personero a entregarles un cheque para poder comprar el combustible y continuar con su viaje con absoluta tranquilidad.

La investigación por el asesinato del Padre Miguel Ángel se encuentra en etapa previa en la Unidad Nacional de Derechos Humanos de la Fiscalía de Bogotá y pese a cualquier intento por encontrar los responsables, no se ha vinculado a ningún paramilitar a la investigación.

Luego de 15 años, el padre Miguel Ángel continua estando presente en cada uno de los rostros de las personas con las que trabajo en el Chocó, por la búsqueda de un país en paz, de un departamento en paz. Luego de 15 años y pese a la búsqueda de olvido por parte de instituciones que se niegan a investigar a fondo este asesinato, las palabras del padre continúan siendo parte de una construcción eclesial de una sociedad diferente.

Miguel Ángel Quiroga en la Memoria

Miguel Ángel Quiroga Sin Olvido

miércoles, 24 de octubre de 2012

Orlando Valencia

Octubre 24 de 2005 - Octubre de 2012

Orlando Valencia se caracterizó por ser un empedernido defensor del territorio y por consiguiente de la vida. Era uno de los líderes de las comunidades afro-descendientes que luchaban por sus derechos colectivos y constitucionales, en medio de zonas tan golpeadas por el conflicto armado interno, y por los intereses que se concentran en los recursos naturales en Curvaradó- Jiguamiandó, Bajo Atrato Chocoano.

Un mes antes de su asesinato, ante el gobierno, reivindicó el respeto a la titularidad colectiva de Territorio, denunció problemas medioambientales de las plantaciones de palma africana, exigió el respeto del Estado Colombiano a las Zonas Humanitarias. También, exigió públicamente la restitución del Derecho al territorio ante la ocupación ilegal de las tierras colectivas de las comunidades de las cuencas de los ríos Jiguamiandó y Curvaradó con la siembra de palma africana de poderosos sectores económicos que se han beneficiado de la estrategia paramilitar.

El 15 de octubre de 2005, hacia las 9:00 a.m., ORLANDO fue detenido por la policía de Belén de Bajirá, de modo extraño e irregular, cuando viajaba con otros nueve miembros de su comunidad, un abogado de Justicia y Paz, y un observador internacional de la organización canadiense Proyecto de Acompañamiento y Solidaridad Colombia. Varios de los testigos observaron cerca de las unidades policiales un vehículo donde se encontraban tres conocidos paramilitares.

Mientras fueron conducidos a la estación policial, los paramilitares se ubicaron enfrente, se reconocieron con las unidades policiales y un empresario se comunicó con el mando de la policía. Hacia 12 30 p.m. cuando los habían dejado en libertad, les siguieron unos paramilitares. Dos de éstos se acercaron a Orlando Valencia en una motocicleta, le obligaron subirse a una motocicleta, mientras intimidaron, amenazaron a los acompañantes. “Vamonos o si no lo pelamos aquí”.


Es un crimen de lesa humanidad, que constituyó detención extrajudicial, desaparición, tortura y asesinato. Aunque el homicidio de Orlando se produjo ese mismo sábado, sus restos solo fueron hallados 9 días después, el 24 de octubre en el río León con un disparo en la frente y marcas de ataduras en las muñecas.

Desde el 26 de octubre de 2005 se inició el Proceso 2297, la Fiscalía General de la Nación dio inicio a diligencias de indagación preliminar por el punible de Homicidio Agravado; profiriéndose resolución de apertura de la instrucción el día 15 de diciembre de 2005. Las declaraciones de pobladores de la región y vecinos del lugar donde se perpetró el hecho, empezaron a perfilar responsabilidades individuales y móviles del crimen.

Con base en el caudal probatorio se expiden órdenes de captura, inicialmente contra HERMEN MUÑOZ (conocido con el alias de DIOMEDES) y ALVARO PADILLA MEDINA (El Boxeador) y en forma posterior de JULIO CÉSAR SILVA, reconocidos por varios pobladores como partícipes de la desaparición forzada y posterior homicidio de ORLANDO VALENCIA.

Todos los mencionados fueron privados de la libertad y afectados con medida de aseguramiento, detención preventiva, ALVARO PADILLA MEDINA, aceptó su responsabilidad individual, acogiéndose a la figura legal de la Sentencia Anticipada, que se encuentra pendiente de resolver.

A la fecha, no existe ningún agente estatal vinculado ni empresario a pesar de la evidencia de su vinculación en el crimen. Ninguna acción tendiente a establecer la responsabilidad de los empresarios de la palma, cuando en el proceso aparecen claramente identificados como beneficiarios del crimen. Tampoco los que han difamado sobre ORLANDO han reconocido ante sus hijas y esposa y ante la comunidad el daño que han hecho.

Orlando Valencia en la memoria
Orlando Valencia Sin Olvido! 

Sin Olvido 

domingo, 14 de octubre de 2012

Walberto Hoyos

14 de Octubre de 2008 - 14 de octubre de 2012

Un día y otro día más, ya son cuatro años, por su ingenuidad signo de su transparencia creyó que no lo iban a asesinar ese día. Semanas antes sobrevivió junto con su hermano a un atentado. Walberto Hoyos, lider de restitución, investigador popular, defensor de derechos humanos se aferró a sus convicciones por la verdad y la justicia, creía que los despojadores, los beneficiarios de la operación septiembre negro, al mando de Rito Alejo del Río, desde 1996, le iban a respetar la vida.

Ese día mientras conversaba con una de las lideresas del consejo comunitario de Caño Manso que habita en la Zona Humanitaria, en Curvaradó, Chocó, dos paramilitares, de las estructuras que Álvaro Uribe se ufanó de decir que se habían terminado, lo acribillaron con armas de fuego, luego que este se les enfrentara exigiendo respeto al espacio humanitario.

Hoy su asesinato continúa en la impunidad y con visos de que los móviles sean modificados. La desviación de la investigación pretende proteger a los empresarios ganaderos, entre ellos un ex oficial de las fuerzas militares e integrante de ACORE, que junto con Sor Teresa Castaño, se hicieron a los predios colectivos como parte de un plan militar que se inició en 1996 con la operación "septiembre negro" de la brigada 17, al mando del general Rito Alejo del Río.

Walberto se fue haciendo como investigador técnico judicial. Logró penetrar en las entrañas de lo que muchos llamaron después la paraeconomía. Él anotando en una pequeña libreta, cotejando con la gente, dialogando con las autoridades civiles y la fuerza pública fue identificando el entramado y la estructura crimina. Identificó a los beneficiarios y promotores de las operaciones paramilitares insertados en empresas palmeras, bananeras, ganaderas y otros agronegocios, entre ellos los de la cocaína.

Walberto encontró pruebas de las relaciones de altos generales y comandantes de la brigada 17, de comandantes de la policía de Urabá, de autoridades civiles locales, regionales con el desarrollo de las estructuras paramilitares y los procesos de legalización ilegal del despojo.

Walberto sin temor, se hizo testigo en procesos judiciales contra ex jefes del Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas e integrantes de la brigada 17 y la policía de Urabá.

A pesar de su muerte violenta él es parte de la memoria de esa epopéyica en que se han constituido estos habitantes rurales mestizos, negros, que más allá del color de la piel, aman la tierra, adoran el territorio en que han pasado los años de sus vidas, en que han parido nuevos niños y niñas para habitar en lo que la vida les ha heredado. 

Hoy a pocos metros de los predios que siguen despojados por empresarios de la ganadería extensiva en Villa Alejandra I y Villa Alejandra II, nombre de la reconversión del territorio colectivo de Caño Manso, en Curvaradó, están las flores, y el espacio en que su tez inocente se refleja en una fotografía, en un pequeño montículo, digno de hombres que como él arriesgan todo.

Hoy sus restos serán sellados con su nombre. Nombre que sigue en la historia de esas mujeres y hombres que dignifican todas las formas de vidas biológicas que existen en Curvaradó y Jiguamiandó, contra aquellos que quieren un progreso de indignidad, de destrucción ambiental, de dominación y de simple acumulación.

Walberto la bella vida en inocencia, en pasión por la verdad y la justicia en su memoria y más de 160 víctimas más se afirma la verdad y la justicia

Walberto Hoyos en la memoria
Walberto Hoyos Sin Olvido!

viernes, 14 de octubre de 2011

Walberto Hoyos Rivas

Octubre 14 de 2008 - Octubre 14 de 2011

Hace 3 años en desarrollo de la estrategia paramilitar Walberto Hoyos Rivas fue asesinado el defensor de derechos humanos. Dos paramilitares incursionaron a la Zona Humanitaria Caño Manso en Caracolí, Curvaradó, Chocó, allí lo acribillaron con armas de fuego, luego que este se les enfrentara exigiendo respeto al espacio humanitario.
Él no buscó su muerte violenta le huyó a esta porque era amante de la justicia, de su búsqueda y de su afirmación. Creyó en ella hasta morir por su rostro cierto de impunidad.

En septiembre, casi un año antes, la misma estructura criminal construida a instancias del Estado intentó asesinarlo y resultó gravemente herido y sobrevivió.

Walberto fue un investigador judicial, un cotidiano que husmeo el entramado criminal, descubrió a los beneficiarios de las operaciones paramilitares insertados en empresas palmeras, bananeras y ganaderas.

Walberto encontró pruebas de las relaciones de altos generales y comandantes de la brigada 17, de comandantes de la policía de Urabá con el desarrollo de las estructuras paramilitares. Sus nombres, su papel y su operación con lo institucional, la identificación de los beneficiarios y los responsables de buscar dar forma legal a la ilegalidad.

Los que han sobrevivido a la memoria que él fue reconstruyendo de la estructura criminal, se encuentran fuera de allí, pero en la memoria colectiva más allá del saber todo lo que él logró profundizar de la maquinaria de muerte vive animando la afirmación del derecho al territorio.

Los integrantes del consejo comunitario no han huido se quedaron allí en el territorio que les pertenece. En la esquina de la zona donde cayó asesinado florece un jardín y un monumento con un muro de ladrillo y cemento en el que reposa una urna de vidrio con la foto de Walberto, dignificación de la memoria ante un aparato de justicia que aún viste con el traje de la impunidad al aparato criminal Walberto sabía que lo podían asesinar y quienes serían los responsables, los mismos que despojaron al Curvaradó de sus territorios 15 años atrás, los mismos que gozan de la ganadería extensiva en Villa Alejandra I y Villa Alejandra II; los mismos que atentaron contra él y su hermano Miguel en el 2007; los mismos que constituyeron Asoprobeba y cometieron el crimen en agosto de Benjamín Gómez.

Escúchemos fragmentos de la historia que grita: Verdad, Justicia y Reparación, restitución de la propiedad en las voces de quiénes hoy continúan en la memoria de Walberto Hoyos.




Bogotá, D.C. 14 de octubre de 2011
Sin Olvido - Comisión Intereclesial de Justicia y Paz