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domingo, 10 de noviembre de 2019

Álvaro Ulcué Chocue

Noviembre 10 de 1984

El 10 de noviembre de 1984, hacia las ocho y media de la mañana en Santander de Quilichao, departamento del Cauca, Álvaro Ulcué Chocue, para ese entonces primer sacerdote católico indígena en Colombia fue atacado por dos agentes de F-2 de la Policía Nacional, Miguel Ángel Pimentel y Orlando Roa, quienes dispararon en varias ocasiones contra Álvaro desde una motocicleta en la que se movilizaban.


Álvaro quedó mal herido, se bajó del vehículo en el que se transportaba y se tendió en la tierra. Luego, los sicarios se retiraron, pero al percibir que estaba mal herido lo remataron, y finalmente huyeron. Desde 1980 había empezado a ser hostigado, amenazado y perseguido por terratenientes y agentes de Estado, en razón, de su lucha por la el despojo y la protección a territorios indígenas, por lo que, grandes propietarios de tierra habían ofrecido precio por su vida. 

Religiosas que estaban cerca al sitio, lo introdujeron en un taxi y lo condujeron al hospital de la localidad a donde llegó con vida. Momentos después falleció.

Las investigaciones penales y disciplinarias fueron manipuladas por las instituciones pretendiendo focalizar las responsabilidades en otros, algunos expedientes se “extraviaron”, llevando a que el crimen quedara en la impunidad.

El día del crímen, Álvaro debía actuar como padrino de un niño que iba a ser bautizado en Santander de Quilichao. Regresando de Cali a donde había ido la tarde anterior, llegó a Santander a las 7:30 a.m. y estuvo primero en la Casa Cural. De allí de dirigió al almacén de la madre del niño que iba a ser bautizado, donde le obsequiaron una camisa. Luego pidió el teléfono para hacer una llamada a la Hermana Luz Marina, quien también iba a participar en el bautizo y se encontraba en ese momento en el Hogar Santa Inés; le pidió que le preparara un desayuno, pues iba hacia el hogar enseguida.

Cuando llegaba al Hogar Santa Inés, ocurrió el crimen. Gracias a un testigo ocular se pudo identificar a los dos asesinos como miembros del F-2. El testigo rindió declaración ante el Juzgado Segundo Ambulante de Instrucción Criminal.

En abril de 1985, inexplicablemente el testigo fue buscado por Agentes de la Procuraduría General de la Nación y obligado, contra su voluntad, a viajar a Popayán para “ratificar sus denuncias”. Al reconocer en fila a uno de los victimarios, el juez permitió que el acusado identificara plenamente al denunciante y lo amenazara. Luego, uno de los Agentes de la Procuraduría que lo acompañaba llevó al testigo al Cuartel de la Policía de Popayán donde, bajo todo tipo de intimidaciones, le exigieron cambiar su versión ante el juez, para acusar a las FARC del asesinato del Padre Ulcué. Llevado nuevamente al juzgado, lo obligaron a firmar un documento, sin permitirle leerlo. Luego fue conducido a los calabozos del DAS en Cali, donde recibió nuevas amenazas.

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos ofició entonces, a la Presidencia de la República y a la Procuraduría General de la Nación, denuncias por tan delictiva manipulación de las investigaciones, sin obtener ninguna respuesta. Aun más, todas las copias del expediente de la Procuraduría sobre el asesinato del Padre Ulcué “se perdieron”, llevando a que el crimen quedara en la más absoluta impunidad.

Los restos del padre Álvaro fueron trasladados a Pueblo Nuevo, la tierra indígena que lo vio nacer. La tierra por la que hoy en su memoria los pueblos indígenas, los campesinos mestizos y afrodescendientes la defienden afirmando su dignidad. No fue sepultado en el templo, como muchos querían, sino que se cumplió su voluntad expresa:

“Si he de morir, quisiera que mi cuerpo quedase amasado en la arcilla de los fuertes, como un cemento vivo arrojado por Dios entre las piedras de la Ciudad Nueva”.

Pasado el tiempo, sigue la fortaleza del testimonio de ÁLVARO ULCUÉ CHOCUE vive en la dignidad de los pueblos del Cauca que afirman sus derechos, su dignidad. Esos pueblos exhuman hoy la memoria, la causa por la cual fue asesinado el sacerdote indígena, la concentración de la tierra, la imposición de un modelo de desarrollo que privatiza el territorio, que comercializa la vida.

Álvaro Ulcué en la Memoria
Álvaro Ulcué Sin Olvido

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Miguel Ángel Quiroga Gaona

18 de septiembre de 1998 

Memoria y Justicia

Dichosos los perseguidos como tú, Michel, por practicar la justicia, defender a los pobres y reclamar el respeto de la persona humana.”, así escribió un amigo entrañable de este cristiano, defensor de los derechos de los afrocolombianos.

Miguel nacido en Facatativá, el 1 de octubre de 1972, del amor con sangre rural de Susana Gaona y de Gustavo Quiroga, amor que se unió a la sangre negra en la misma causa de los derechos de los excluidos. Fue encontrándose con las comunidades negras desde 1990 cuando comenzó el pre noviciado en la comunidad marianista en Bogotá, dos años después hizo sus primeros votos, con este compromiso espiritual e histórico se trasladó al municipio de Lloró en el Chocó durante un tiempo. En 1997 regresó a Bogotá y al terminar en la Universidad Pedagógica la licenciatura en Ciencias Sociales, su pasión por la causa territorial de las comunidades negras, lo llevó por segunda y última vez a Lloró.

Ese viernes, Miguel Angel Quiroga, de 25 años, se dirigía en dos botes junto con un sacerdote y 40 campesinos a la comunidad de Nipurdú sobre el río Tumutumbudó, a celebrar las fiestas patronales, diez minutos después de partir del municipio de Lloró fueron obligados a detenerse por paramilitares que mantenían allí un retén 20 hombres les exigieron los documentos de identidad a los ocupantes de la embarcación, uno de ellos, un habitante rural no los tenía, los armados pretendieron quedarse con él, Miguel Ángel entonces protestó y exigió respeto. En cuestión de segundos el jefe de los paramilitares conocido como alias "Raúl” sin mediar palabra le disparó a Miguel en su cabeza, disparo como si le hubiese dado directo en el corazón. 


Ese corazón que había escrito: “Si no cambiamos las posturas del corazón, no podremos cambiar nuestra patria”, pero de eso no entendía uno de aquellos formado en la doctrina autoritaria, segado de su soberbia, sin escuchar razones, embebido de su prepotente poder que concibe al otro como enemigo asesinó el corazón físico de Miguel.

Pero ese corazón  noble no se murió vive en la memoria que cuentan con sus propias palabras y siguen hablando a los victimarios y sus beneficiarios, aquellos que han amasado riqueza con la muerte violenta de millares. Tengo el deseo de darme a fondo, a aquél que no tiene fondo, había también escrito Miguel

El padre Cecilio de Lora parte de esa memoria de vida recuerda: “Allí con su querida población negra, pobre entre los pobres de Colombia, desarrollaba su misión, lleno de entusiasmo, de creatividad y de alegría, las características que han marcado su vida.” Y es que la opción de Miguel Angel fue por defender la verdad, por denunciar lo injusto; su motivación religiosa y social lo llevó a hablar claro a los asesinos del pueblo chocoano. Nunca se detuvo.

Un día antes de su muerte había dicho: “qué feliz me siento porque cada vez me voy sintiendo más identificado con la gente, con los de mi pueblo”. Cuando la noticia fue creciendo en el mundo religioso y de la solidaridad su Superior Provincial escribió: “Michel ha muerto como vivió: defendiendo a los pobres de la tierra, apasionado por la paz y la justicia. Sus hermanos nos sentimos orgullosos de él, y con nosotros, la familia toda de María”

Otro sacerdote interpretando la vida de Miguel, Rodrigo Betancur, escribió: “Michel no murió por hablador, Michel murió por hablar la verdad, por ser consecuente con lo que creía y pensaba, él, siendo Joven, creyó en el Dios liberador en el Dios de Jesucristo; estaba buscando su voluntad con los vaivenes de su corta edad. Muchos podemos testificarlo. Michel estaba feliz aquí en Lloró, se empezaba a identificar con el pueblo a pesar de las diferencias culturales y étnicas, quiso asumir los retos que una misión como ésta plantea a un religioso joven y en camino. Él mismo dijo días antes de morir:"sumando y restando este ha sido un buen año". Él estaba aprendiendo a pintar en Negro, buscando que el arco iris coloreara toda la realidad inmensa y compleja de esta parte del Chocó tan dura para los que la viven y tan desconocida para los que aún no saben qué sucede por aquí.

Memoria que nos significa la necesidad de la justicia, memoria que también se canta, que no solo se escribe, como ocurrió con alguien desde Zaragoza que compuso a Michel http://www.marianistas.org/pastoral/michel/cancion.htm. La Universidad Pedagógica Nacional también ha realizado memoria por medio de un mural de rostro y cuerpo completo. 

Nosotros también seguimos re memorando, seguimos cantando

Miguel Angel Quiroga en la memoria 
Miguel Angel Quiroga Sin Olvido 

miércoles, 17 de abril de 2019

Padre Tiberio de Jesús Fernández

17 de abril de 1990 

Trujillo es un municipio al norte del departamento del Valle del Cauca que vive del café, bañado por aguas que desembocan en el río Cauca, ese mismo en el fueron arrojados los restos del Padre Tiberio tras un episodio de terror.
En Abril de 1990, Trujillo sufre la violencia sistemática por parte de La Fuerza Pública en alianza con el narcotráfico y los paramilitares. Cientos de campesinas y campesinos, fueron desaparecidos, torturados y asesinados en este lamentable capítulo de la historia colombiana.
Cada noche, hombres encapuchados se llevaron a quienes acusaban de colaborar con la guerrilla, los sacaron de sus casas y desaparecieron para regresar la noche siguiente. El 17 de Abril, se llevaron al Padre Tiberio y a su sobrina, diciéndole al pueblo que no regresaría con vida. Al llevárselos obligaron al Padre Tiberio a presenciar la violación y muerte de su sobrina, después fue torturado y desmembrado.
Su cuerpo cercenado apareció días después, el 24 de Abril. Un golpe para todo el pueblo, una herida profunda a la comunidad que llevaba semanas completas sumida en la incertidumbre y el dolor. El asesinato de Tiberio se debió a su negativa de abandonar a la gente en un momento tan difícil, se negó al silencio, asesinado porque en medio de tanto llanto, su voz se hizo colectiva, se hizo esperanza.
El homicidio del Padre Tiberio de Jesús Fernández, trae consigo la masacre del pueblo de Trujillo, el dolor de muchos; su homicidio representa no la muerte de un hombre, sino la muerte de cientos de hombres y mujeres, representa la injusticia y la violencia que ha sufrido y continúa sufriendo Colombia.
A pesar de que el 31 de enero de 1996, el Estado reconoce su responsabilidad en la Masacre, Trujillo es condenada al olvido y a la impunidad. El caso fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y sin embargo el Coronel Alirio Antonio Urueña Jaramillo es absuelto, andando libre por casi 18 años, sólo 11 años después, alias “El alacrán” es judicializado, pero únicamente por narcotráfico. Diego Montoya, un capo de la región siquiera había sido vinculado a tal episodio. El municipio sufrió además el abandono del estado y del pueblo colombiano, sufrimiento que sólo puede reproducir la violencia.
El Padre Tiberio sigue vivo en la enseñanza que le dejó al pueblo de Trujillo, murió comprometido con la gente y no en vano, porque la lucha continúa, persiste en quienes decidieron no callar.

Padre Tiberio, en la memoria
Padre Tiberio Sin Olvido.

jueves, 11 de abril de 2019

Antonio Hernández Niño

11 de abril de 1986

Antonio Hernández Niño “Toño” como era llamado cariñosamente, nació en Bogotá el 23 de diciembre de 1960, como el menor entre 9 hermanos. Estudió su bachillerato en el Colegio interparroquial del Sur, dirigido por los religiosos Maristas, donde maduro en la fe cristiana que había recibido de sus padres.


El 11 de abril de 1986 Toño te llevamos en nuestra frágil memoria, apareces en la sede de la JTC, en la plaza de Bolívar o en la transformada carrera décima, allí nos despedimos, la última noche, que nos vimos, horas antes de aquel día. Esos días después tocaron la piel, el corazón, el alma, hicieron hacer aparecer fantasmas y sueños, por eso tal vez, estamos hoy donde estamos… Pero dejemos a otros, que hablen de ti, otros que estuvieron cerca y que compartieron tus sueños, nos falta aquí Yolanda, la comunicadora popular, abriendo caminos en la radio masiva, rompiendo mitos, sigues en su corazón, pero repetimos, mejor que hablen otros, los que escribieron “Aquellas Muertes que hicieron resplandecer la vida”.


Su padre Don José , uno de los primeros habitantes del barrio Tunjuelito, conoció de cerca al Padre Camilo Torres y trabajo junto a él, cuando iba allí con grupos de universitarios a desarrollar una experiencia piloto de trabajo social. El testimonio de Camilo marcó profundamente a Toño desde su niñez y conservó siempre una gran admiración por él.

Desde el colegio, Toño hizo parte de los grupos cristianos que buscaban comprometerse con la causa de la justicia. En 1982 se vinculó al equipo responsable de la revista Solidaridad.

En ese mismo año comenzó a hacerse sentir el alarmante fenómeno de la desaparición forzada de personas, como modalidad relativamente nueva de represión en Colombia, aunque en otros países latinoamericanos era ya práctica corriente. Un grupo de familias de personas desaparecidas, inspirándose en la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo, de Argentina, comenzó a hacer manifestaciones públicas de denuncia todos los jueves, hacia el mediodía, por las calles centrales de Bogotá. Toño fue desde el comienzo uno de los incondicionales en esas marchas.


El 8 de abril de 1986 , en la noche, Toño participó en una reunión para preparar la visita a Colombia de Juan Pablo II. Luego de la reunión y de tomar un café con otro compañero en la cafetería “Sahara” en un lugar céntrico de Bogotá. Toño se despidió para tomar un bus hacia su casa, donde nunca llegó.


Entre el 9 y el 11 de Abril, su familia y sus amigos lo buscaron incansablemente.

El viernes 11 de abril, su cadáver apareció en un basurero, en el kilómetro 10 de la carretera del norte. La necropsia dictaminó que la muerte se había producido pocas horas antes. Tenía los ojos vendados y las manos atadas. Su cuerpo presentaba hematomas .

En 2014 se supo que su desaparición y posterior asesinato fue en manos del  ex Sargento Viceprimero Bernardo Alonso Garzón– ex Agente de inteligencia del COICI-Comando Operativo de Inteligencia y Contrainteligencia del Batallón Charry Solano involucrado en la preparación y/o ejecución de más de 30 desapariciones forzadas ocurridas en la ciudad de Bogotá entre 1984 y 1990.

Qué doloroso fue tomar conciencia de su ausencia. Pero a través del dolor descubrimos su presencia trascendente en todos los caminos de nuestras luchas, donde se forja, entre dolores y lágrimas, la realidad del hombre nuevo y de la nueva humanidad”.

Aquí con nosotros, sigues presente, entre cristianos entusiastas de la opción en y con los excluidos, aquí entre los riesgos que son propios de este avatar, cuando la indolencia y la intolerancia de pocos hace de las demás desgracias de vidas e historias.

Antonio Hernández en la Memoria
Antonio Hernández Sin Olvido

miércoles, 10 de abril de 2019

Padre Daniel Humbert Gillar

10 de abril de 1985
En la Ciudad de Cali, fue asesinado el Padre Daniel Humbert Gillar, quien era de nacionalidad belga y pertenecía a la Congregación de los Asuncionistas, llego a Colombia en 1965, trabajo en el colegio de su congregación en Bogotá, fue trasladado a Medellín, y por ultimo a Cali, donde fundó la Parroquia del Santo Evangelio, allí organizó talleres, que procuraban la formación de los pobladores de aquel sector empobrecido de Cali.

El día 10 de Abril alrededor de  la 1:10 de la madrugada el Padre Humbert se transportaba en su campero Nissan rojo de placas LE-O680 hacia la capilla Señor de los Milagros, ubicada en el barrio El Vergel, durante el trayecto se encontraban  obstáculos en la vía que impedía llegar hasta éste lugar, al devolverse notaron la presencia de un vehículo con uniformados del Ejército Nacional y civiles quienes los recibieron con ráfagas de ametralladora de frente y por ambos costados del Campero. De este ataque Nohemí Arévalo, secretaria de Cáritas y Rigoberto Cortés quedaron heridos, y el Padre Daniel debido a las lesiones por impacto de bala en su cráneo quedó estado vegetativo durante 195 días y después perdió la vida.

Para ocultar su crimen los hombres dispararon contra un transformador y dejaron sin luz eléctrica el sector y a los pobladores que aterrorizados se asomaban a las ventanas, los amenazaban.

Al día siguiente el Comandante de la III Brigada del Ejército, General Pedro Nel Molano, en un comunicado explicaría el hecho como “operaciones de control urbano que efectuaban integrantes de la fuerza pública”, quienes dispararon “contra desconocidos que se desplazaban en un campero”

En agosto de 1989, fue públicamente conocido el testimonio de un ex-agente de la DIJIN, quien revelaba en una carta al Procurador General de la Nación la responsabilidad del S-2 de Cali en el asesinato:  “El sacerdote belga, Padre Daniel Hubert Gillard, de la Comunidad Asuncionista, Párroco de la Parroquia del Santo Evangelio, en el barrio Antonio Nariño de Cali, también fue objeto de investigaciones y seguimientos por parte del S-2 de Cali, pues se consideraba que su trabajo llevaba a las gentes a hacer demasiadas exigencias al Gobierno. Un operativo conjunto del DAS y del Ejército preparó el atentado del que fue victima el 10 de abril de 1985. Esa noche lo esperaron cerca de la parroquia, lo dejaron pasar en su carro y a 10 metros le dieron la orden de “alto” la que él ya no podía oír, entonces dispararon contra él. Uno de los agentes que participó en el atentado fue el agente Méndez, apodado La Yegua, quien fue trasladado desde Bogotá con esa intención.

El Padre Gillard no murió en el atentado, pero quedó inconsciente y fue hospitalizado durante muchos días. Más tarde, el Capitán Rodríguez, del S-2 del Batallón de Cali, dio orden de quitarle el oxígeno, “para ayudarlo a  morir

A pesar que el asesinato del Padre Humbert fue realizado por parte del Ejercito y el DAS, la investigación fue asignada al Juez 107 de Instrucción Penal Militar, el cual, según la estructura jerárquica castrense depende del Comandante de la lll Brigada.

Como era de temerse, el Juez 107 de Instrucción Penal Militar absolvió a los militares implicados. Por su parte, la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares ordenó el archivo del expediente, mediante auto del 2 de abril de 1988.

Padre Daniel Humbert Gillar en la memoria
Padre Daniel Humbert Gillar Sin Olvido.


lunes, 17 de septiembre de 2018

Masacre de Puerto Triunfo 1982



Septiembre 17 1982

En la vereda Santa Rita, del corregimiento Estación Cocorná, municipio Puerto Triunfo, Antioquia, fueron asesinados 5 catequistas cristianos, Carlos Augusto Buitrago Ramírez, Alirio Buitrago Ramírez, Fabián Buitrago Zuluaga, Giraldo Ramírez y Marcos Marín, quienes fueron presentados por el Ejército ante los medios de comunicación como guerrilleros de las FARC-EP muertos en combate, luego de alterar la escena del crimen.

Los 5 catequistas cristianos, realizaban un trabajo como misioneros en las Comunidades Cristianas Campesinas, buscando desde el evangelio, y a través de cooperativas, de grupos de salud, de deportes y alfabetización la construcción de vida digna y justicia para los y las campesinas.

El 17 de Septiembre de 1982 los catequistas se reunieron para jugar fútbol y luego se dirigieron a la casa de los hermanos Carlos y Alirio Buitrago, ubicada en la vereda Santa Rita, alrededor de las 6:30 pm 5 militares, uno vestido de civil y los demás con los uniformes oficiales del Ejército Nacional, rodearon la casa, preguntaron por Don Manuel Buitrago, padre de los hermanos y al darse cuenta que no se encontraba allí; los militares obligaron a salir de la casa a los catequistas y los llevaron un árbol donde fueron asesinados. La madre de los hermanos Carlos y Alirio al escuchar los disparos decidió salir de su casa junto a sus 2 hijos menores para ocultarse en el bosque. Luego de un tiempo llegaron los demás vecinos para revisar que había sucedido, al llegar se dieron cuenta de que los 5 cuerpos, 2 de ellos de menores de 10 años de edad yacían debajo del árbol bañados en sangre.


El inspector de la policía de Cocorná se negó a realizar el levantamiento de los cadáveres, y en la morgue de Puerto Triunfo se negaron a realizar la necropsia, obligando a los familiares y vecinos a llevarse los cuerpos sin vida para ser sepultados en Cocorná, y así manteniendo este crimen en la totalidad impunidad.


Posteriormente se conoció que el grupo de militares estaba dirigido por Matías Suárez, terrateniente de la vereda Santa Rita, y que fue comandado y financiado por Enrique Gómez y Carlos García, conocido con el alias “El Gordo”. Los militares que participaron en esta masacre huyeron del pueblo y el Ejército presentó a los catequistas como guerrilleros muertos en combate. Para el 23 de Septiembre de 1982 el periódico El Tiempo de circulación nacional afirmo que: " el pasado 17 de los corrientes en la vereda Santa Rita, jurisdicción de Estación Cocorná. Enfurecidos campesinos por la persecución de que han sido víctimas por parte de la guerrilla, enfrentaron a una cuadrilla de las FARC y dieron de baja a Carlos Augusto Buitrago Ramírez, Fabriciano Buitrago Zuluaga, Aliño Buitrago Ramírez, Marcos Marín y Gildardo Ramírez”.


Hoylas palabras de doña Herlinda Buitrago, madre de 2 de los 5 catequistas asesinados siguen teniendo vigencia e importancia para la comunidad: “Ellos siguen vivos en el corazón del pueblo y su sangre le da vitalidad a la comunidad


Augusto Buitrago Ramírez, Alirio Buitrago Ramírez, Fabián Buitrago Zuluaga, Giraldo Ramírez y Marcos Marín en la Memoria.

Augusto Buitrago Ramírez, Alirio Buitrago Ramírez, Fabián Buitrago Zuluaga, Giraldo Ramírez y Marcos Marín, Sin Olvido.