martes, 25 de agosto de 2015

Héctor Abad Gómez





Agosto 25 de 1987 - Agosto 25 de 2015


El 25 de agosto de 1987, los defensores de derechos humanos de Antioquia vivieron una de sus jornadas más dolorosas. Cuando apenas despuntaba el día, sicarios dieron muerte a Luis Felipe Vélez, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida).
Su cuerpo fue trasladado a la sede gremial, en pleno centro de Medellín, para su velación. Hacia allá se dirigieron el entonces presidente del Comité Permanente para la Defensa de los Humanos de Antioquia, el médico Héctor Abad Gómez, y su fiel escudero, el también médico Leonardo Betancur Taborda. Pero al llegar al lugar, hombres armados dispararon contra Abad Gómez y Betancur Taborda. La tragedia fue peor de lo ya que era.
Hoy, 28 años después, amigos, familiares y activistas de derechos humanos que compartieron en vida con los defensores y, además, docentes de la Universidad de Antioquia, no solo continúan lamentando profundamente su pérdida sino que sienten que el manto de impunidad que cubre estos crímenes es realmente vergonzoso.
Y no es para menos. Luego de que se vencieran los términos de la investigación y se decidiera archivarla sin avances significativos hace poco más de una década, la Fiscalía General de la Nación decidió reabrir el caso tras las declaraciones entregadas el 13 de febrero de 2012 por Diego Fernando Murillo Bejarana, alias ‘Don Berna’, quien desde su sitio de reclusión en los Estados Unidos, dijo ante fiscales de Justicia y Paz que quien asesinó a los activistas Abad Gómez y Taborda Betancur fue el propio Carlos Castaño.
“Carlos y Fidel consideraban que el doctor Héctor Abad hacía parte de la estructuras de la guerrilla del Epl en la ciudad de Medellín, ya que por su labor defensa de los derechos humanos hacia algún tipo de denuncia en la cual sectores de las Fuerzas Armadas, se consideraban afectados. Carlos Y Fidel consideraban que a través de estas denuncias le estaba haciendo el juego al Epl. Carlos toma la decisión de ejecutarlo y él personalmente va con un trabajador del que le dicen Argiro”, narró alias ‘Don Berna’.
Más allá de esta declaración, pocos son los avances de la justicia en el esclarecimiento de estos crímenes. Por ello, VerdadAbierta.com le preguntó a reconocidos juristas, politólogos y activistas de derechos humanos si los asesinatos de Abad Gómez, Betancur Taborda y Vélez se pueden constituir como delitos de lesa humanidad y si esa declaratoria ayudaría a esclarecer un crimen cuya falta de castigo constituye un lastre vergonzoso en la historia reciente de Antioquia y del país.

Quienes compartieron espacios, momentos e ideales con estos activistas coinciden en recordarlos como hombres sin tacha, elocuentes, entregados a la causa de defender a las víctimas de una violencia que por aquellos años arremetía con toda su furia contra dirigentes políticos de oposición, estudiantes universitarios, intelectuales, miembros de organizaciones no gubernamentales y campesinos.

El Artículo 7 del Estatuto de Roma, adoptado el 17 de julio de 1998 y que crea la Corte Penal Internacional, define el crimen de lesa humanidad como cualquier acto de asesinato, tortura, esclavitud, deportación, encarcelación, violencia sexual, persecución o desaparición forzada que se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil.
Colombia fue uno de los 78 países que firmó el Estatuto y lo ratificó en 2002. Pese a ello, solo entró en plena vigencia en el ordenamiento jurídico interno en noviembre de 2009 debido a una salvaguarda firmada por el entonces presidente Andrés Pastrana Arango según la cual, este instancia de justicia trasnacional solo podría conocer crímenes de guerra y de lesa humanidad a partir de ese año.
Quiere decir lo anterior que, no obstante que en el Código Penal colombiano no está explícitamente consagrado el delito de lesa humanidad, fiscales y jueces pueden remitirse a lo conceptuado por la Corte Penal Internacional. En ese sentido, podría argumentarse que los asesinatos de Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur Taborda y Luis Felipe Vélez, defensores de derechos humanos y docentes de la Universidad de Antioquia, cabrían en la categoría de “crímenes de lesa humanidad” por sus sistematicidad y especificidad.

Héctor Abad Gómez en la Memoria
Héctor Abad Gómez Sin Olvido.


Texto tomado de Verdad Abierta:  http://www.verdadabierta.com/victimas-seccion/asesinatos-colectivos/5424-hector-abad-gomez-crimen-de-lesa-humanidad

viernes, 21 de agosto de 2015

Masacre la Gabarra



Agosto 21 de 1999 - Agosto 21 de 2015


El sábado 21 de agosto de 1999, Felipe (*), de apenas 16 años, estaba en el bar El Sapo de La Gabarra cortejando a una de las tantas prostitutas que por esos días vivían en ese caluroso corregimiento de Tibú.
Junto a unos amigos, había llegado a este lugar desde temprano a “ver a las mujeres” y hablar con quienes le acompañaban.
A El Sapo no solo asistían habitantes de La Gabarra. La mayoría de sus clientes provenían de las montañas cercanas que, después de varios días de estar ‘raspando’ coca, utilizaban los fines de semana para bajar al pueblo a comprar víveres, beber cerveza y estar ‘un rato’ con las putas.
Ese sábado parecía normal. No había nada que les hiciera pensar a los emparrandados habitantes de este corregimiento que las cosas se iban a poner feas pasadas las 7 de la noche.
Si bien desde finales de mayo, un grupo de paramilitares proveniente de Córdoba hacía presencia en la carretera entre Tibú y La Gabarra y habían asesinado a varias personas a quienes sindicaron de pertenecer a la guerrilla o de ser sus colaboradoras, los habitantes de este corregimiento se sentían seguros por la presencia constante de la Policía y el Ejército en su pueblo y las inmediaciones del mismo.
En el centro del corregimiento, la estación de Policía albergaba en su interior un número significativo de uniformados que patrullaban las polvorientas calles de La Gabarra, tropezándose en las esquinas con soldados de la base que el Ejército tiene instalada a escasos 200 metros del pueblo, pasando el puente sobre el río Catatumbo.
“Como a las 7:50 de la noche de ese sábado se fue la luz. Sin embargo, ahí en El Sapo tenían una planta eléctrica y nos quedamos a oscuras un momento no más. Luego se volvió a ir la luz otra vez pero la planta nos iluminó nuevamente. A la tercera vez ya no volvió más. Fue justo en ese momento cuando llegaron los ‘paracos’ y de una patada entraron al bar”, recuerda Felipe con la mirada perdida en el río Catatumbo, el mismo en el que vio decenas de cuerpos correr, la mayoría de las veces mutilados.
“Cuando los ‘paras’ entraron traían una lista en sus manos. Dijeron ‘el que esté en esta lista se muere y el que no tenga cédula también’. Ahí en El Sapo alcancé a ver cómo mataban a un señor que estaba borracho y quiso enfrentársele a un ‘para’ con un cuchillo. Luego me dejaron ir porque vieron que yo era menor de edad”, cuenta este joven que aún hoy no olvida cómo al tratar de esconderse de la masacre que se acababa de desatar en su pueblo, terminó acurrucado junto a un cadáver en el negocio donde vendían carne y que estaba ubicado junto a este bar.
Lo que vendría después, hasta bien entrada la madrugada del domingo 22, sería considerado por las víctimas de esta masacre como el peor infierno de sus vidas. Una bengala, que muchos habitantes de La Gabarra no dudaron en afirmar que fue lanzada desde la base del Ejército, significó el fin de esa primera incursión paramilitar.
Al despuntar el día, los cuerpos de 35 personas yacían regados por varios puntos del corregimiento. Los cadáveres fueron recogidos por el tractor que hacía las veces de recolector de la basura. Los rostros conocidos hicieron su aparición entre la pila de muertos y las lágrimas, que aún hoy brotan de los rostros de estas víctimas, llegaron para quedarse.
LOS PARAMILITARES, MÁS DE 200, SE ADUEÑARON DE LA GABARRA A PUNTA DE PLOMO, MOTOSIERRA Y VIOLACIONES
Una vez instalados, el negocio de la droga se convirtió en su única obsesión. Para ello, los hombres de Mancuso, bajo el mando de Armando Alberto Pérez Betancourt (alias Camilo), designaron a Los Azules, un escuadrón que vestía con overoles de este color y cuya misión era velar porque toda la coca producida en La Gabarra y sus alrededores solo les fuera vendida a ellos o a quienes ellos designaran.
“Todo en La Gabarra pasó a ser controlado por ellos. No se hacía nada sin su permiso. Hasta los problemas conyugales eran resueltos por estos sujetos”, afirma Felipe, quien tuvo en sus manos el poder de darle un giro radical a esta historia de dolor.
Según contó a La Opinión, un día un niño de ‘7 o 10 años’ que en La Gabarra era conocido como ‘Paraquito’ por la cercanía que tenía con algunos miembros del Bloque Catatumbo y por, aunque suene difícil de creer, haber propiciado la muerte de varias personas tras sindicarlas de ser guerrilleras, acusó a su hermano de ser el responsable del robo de unas joyas de un ‘para’ que vivía en el pueblo.
“Mi hermano administraba un negocio de juegos de video. ‘Paraquito’ iba allá a jugar. Un día, a mi hermano se lo llevaron los ‘paras’ porque ese niño lo acusó de haberse robado unas joyas. Camilo, que vivía al lado de mi casa, era quien debía decidir qué hacer con mi hermano. Por eso, me subí a un árbol con una escopeta de mi papá y lo tuve varias horas en la mira. Si a mi hermano lo hubiesen matado, yo lo hubiese matado a él así luego me mataran a mí y a toda mi familia”, sostuvo Felipe.
Para su fortuna y, sobretodo la de Camilo, el hermano de Felipe fue liberado luego de que se lograra establecer que ‘Paraquito’ era quien había robado las joyas para ir a jugar con las consolas del negocio que este administraba.
La muerte de Camilo, sin duda, habría marcado otro escenario en La Gabarra, un escenario que Felipe tuvo en sus manos. No obstante, con Camilo vivo, la historia de La Gabarra fue otra, cargada de miles de muertos, miles de desplazados y miles de desaparecidos.
(*) Nombre cambiado
‘LA COCA SE LE VENDE A LA GUERRILLA’
Luego de la desmovilización del Bloque Catatumbo, el 10 de diciembre de 2004, La Gabarra volvió a quedar en manos de quienes por años habían ejercido la autoridad en este lugar: la guerrilla de las Farc.
Con la salida de los ‘paras’, el negocio de la droga no se vio afectado, lo único que cambió fueron las personas que cada cierto tiempo pasan por las fincas recogiendo la base de coca que allí en esta zona de Norte de Santander se produce.
Una persona que habló con La Opinión bajo la condición de que su nombre no fuera revelado, contó detalles acerca de cómo funciona en estos momentos el lucrativo negocio de la droga en la región.
“Actualmente estamos sembrando la coca injerto, que tiene cerca de 4 años de haber llegado a la región. Antes se sembraba la coca dulce o peruana, que tenía la hoja más ancha y era más blandita para raspar”, sostuvo.
Según esta persona, la coca injerto crece más rápido y echa más hojas, pero su transformación a base de coca requiere de más insumos que la peruana, lo que hace más cara su producción.
“Por aquí hemos intentado sembrar la coca cuarentana, que es muy buena para producir base con poca cantidad, pero la tierra no nos deja. Con esa coca se produce un kilo de base por cada 30 arrobas, mientras que la injerto apenas bota un kilo por 50 arrobas”.
Esta persona contó que los cultivos de coca han crecido en La Gabarra, sobre todo “río arriba, por la zona de Caño Tomás”.

También indicó que el kilo de base de coca se está pagando a $2.400.000, “aunque a veces baja o sube el precio dependiendo de lo difícil que sea conseguir los insumos”.
Finalmente, comentó que la coca que allí se siembra se le vende a la guerrilla.

“Ellos son los dueños del negocio. Si usted le quiere vender a otra persona, tiene que ser con su permiso. Ellos tienen personas que les recogen la coca en los puntos donde uno va a venderla. La guerrilla de las Farc lleva los controles por la bulla que se hace cuando uno va a ‘raspar’, pues para eso tiene que contratar unas 20 o 25 personas y ahí es donde ellos se dan cuenta quién raspó y quién tiene mercancía para vender”.

Victimas de la Masacre de la Gabarra en la Memoria.
Victimas de la Masacre de la Gabarra Sin Olvido.

TEXTO TOMADO DEL UNIVERSAL http://www.eluniversal.com.co/colombia/masacre-de-la-gabarra-15-anos-despues-167942 

miércoles, 19 de agosto de 2015

Diego Felipe Becerra

Agosto 19 de 2011 - Agosto 19 de 2015.

Diego Felipe Becerra Lizarazo tenía 16 años cuando fue asesinado por agentes de la policía. Diego era estudiante de último grado en el Colegio Bilingüe El Bosque de Bogotá, donde fue homenajeado y sus padres recibieron su grado póstumo durante una ceremonia. Para sus amigos y familiares era un joven talentoso, enérgico, inconforme, quién a través del grafiti y en compañía de sus amigos expresaba su sentir.

El 19 de Agosto de 2011 Diego junto con 3 amigos y una amiga decidió salir de su casa para pintar grafitis, al llegar al puente de la 116 con Boyacá fueron perseguidos por policías, sabiendo lo que sucedería al ser alcanzados por los efectivos empezaron a correr. En ese momento Diego nota que su amiga quedó atrás y decide devolverse para ayudarla, al ver que ella no es capturada por los uniformados sigue corriendo hasta llegar a una calle cerrada, allí se esconde detrás de un árbol, luego de un breve tiempo decide salir y es requisado por el patrullero Wilmer Alarcón. Posterior a la requisa, Diego decide salir nuevamente a correr, es en ese momento y en completo estado de indefensión, que Diego recibe un impacto de bala por la espalda, las investigaciones aseguran que el patrullero Wilmer Antonio Alarcón informó a la Central de los hechos sucedidos.

Posterior a esto en la escena, aparece un carro, según testigos de propiedad de un policía en retiro, allí Diego Felipe fue transportado hasta la Clínica Shaio ubicada al norte de Bogotá, sin embargo fue demasiado tarde. Diego, que luchó por aferrarse a la vida, para insistir desde sus sonrisas y los colores de sus grafitis en un mundo diferente, dio su último suspiro a las 10.30 de la noche, de ese viernes 19 de agosto.

En materia jurídica, el 29 de Noviembre de 2011 El Consejo Superior de la Judicatura trasladó el caso de la Justicia Penal Militar la investigación contra el patrullero Wilmer Alarcón por el asesinato de Diego Felipe, pasando a manos de la Fiscalía.

En febrero de 2012 la Fiscalía 13 imputó cargos al patrullero Wilmer Antonio por el delito de homicidio agravado y no por homicidio culposo, pues dicho funcionario tenía conocimiento previo, debido a la requisa practicada, que Diego no se encontraba armado. 

Durante la investigación se conoció la versión de un hombre que dice ser el conductor de la buseta que, según él, fue abordada por Diego y sus amigos. 

El conductor interpuso una denuncia por asalto, hecho que habría desencadenado la persecución policial en la que, según la versión de las autoridades, murió el joven. 

En declaraciones dadas a la prensa el conductor asegura que cuatro jóvenes ingresaron al autobús que conducía y lo asaltaron junto a los pasajeros que viajaban en el vehículo. Uno de los ladrones, según el testimonio, era Diego Felipe Becerra.

En Junio de ese mismo año fueron llamados a declarar el Subteniente Rosemberg Madrid Orozco, coordinador del CAI Andes, el Subteniente Juan Carlos Barrero, los patrulleros Nelson Castillo y Freddy Navarrete por mentir en sus primeras declaraciones y por ayudar en la alteración de la escena del crimen. Además se interrogó al entonces Subcomandante José Vivas y Jesús Arévalo, Comandante de la policía en Suba, quienes actualmente se desempeñan como Coroneles.

Dos meses después, testigos declararon ante la fiscalía 201 de Bogotá, que vieron al Comandante Francisco Patiño, quien hoy es General, y a 3 Coroneles hablando con el conductor Jorge Narváez de cómo debía denunciar y qué características debía dar para hacer parecer que Diego Felipe era un atracador de buses junto con sus amigos.

Además la fiscalía citó a interrogatorio al patrullero Wilmer Alarcón y a Héctor Hernando Ruíz, abogado de Wilmer Alarcón porque según testigos, Ruíz estuvo presente en la escena del crimen. 

Por su parte, la Procuraduría destituyó el 13 de junio de este año al patrullero Wilmer Alarcón por 10 años y ese mismo mes se conoció que el fiscal que lleva actualmente el caso recibió amenazas en contra de su vida por la investigación que se adelanta por manipulación de la escena del crimen.

Los padres de Diego Felipe Becerra a través de una carta enviada al presidente del Congreso, el senador Juan Fernando Cristo han pedido suspender el ascenso del general Francisco Patiño. En la carta los padres de Diego Felipe Becerra señalaron que sería una afrenta a la condición de víctimas que al general Patiño se le reconociera cuando está siendo investigado por la Fiscalía y otras autoridades por haber participado, posiblemente, en la manipulación de la escena del crimen.

Son muchas las preguntas que aún están sin resolver, ¿por qué si Diego iba a disparar contra el patrullero Wilmer Alarcón el joven grafitero recibió un disparo por la espalda?, ¿por qué si supuestamente estaban robando no capturaron a sus amigos, incluso cuando estos llegaron a la clínica donde falleció Diego Felipe y allí estaba presente la Policía?, ¿por qué se insiste en ascender al Gral. Patino cuando está implicado en un caso que es investigado?, ¿Por qué se amenaza a la familia de Diego y al fiscal que lleva el caso, si no hay nada que temer?

Las preguntas son innumerables y mientras la Fiscalía intenta investigar éste caso, que se constituye en uno más de abuso policial, y la familia espera que no quede en la impunidad, sus amigos, conocidos, jóvenes, mujeres, hombres y artistas recuerdan hoy la memoria viva de Diego Felipe, un joven que sólo pintaba grafitis en Bogotá.

Diego Felipe Becerra Lizarazo en la Memoria

Diego Felipe Becerra Lizarazo Sin Olvido.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche

Agosto 05 2004- Agosto 05 2015

Hoy hace 11 años, el 5 de Agosto de 2004 asesinaron a los líderes sindicales y sociales Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche en Saravena Arauca.


Jorge Prieto nació el 13 de Septiembre de 1.953 en Bogotá, era uno de los 9 hijos de Jorge Eduardo Prieto y Maximina Chamucero.

Padre de 3 hijos Yasmin Alejandra, Jhonatan y Rafael Prieto Solano. 


Llegó a la comunidad de Saravena Arauca en 1.974 donde trabajó hasta el 20 de Noviembre como almacenista de la Construcción del puente Banadia con la Compañía Drummond y durante los años 1.979 a 1.990 se desempeñó como Fiscal del Sindicato ANDEMISAP.


También fue presidente del comité Asociación Nacional de Trabajadores Hospitalarios y de Clínicas ANTHOC MUNICPAL sub - directiva Norte de Santader, durante su trabajo como presidente Jorge, junto con Sindicatos Unidos de Saravena SINUSA gestionó con ANTHOC NACIONAL la conformación de ANTHOC ARAUCA.

De 1993 a 1997 se desempeñó como secretario general de la CUT. Desde el 1 de Abril de 1998 fue el presidente durante 3 periodos de ANTHOC DEPARTAMENTAL hasta Agosto de 2003, pero debió cesar su labor después de esta fecha, debido a su exilio por la persecución política, judicial y armada.

Sus familiares y amigos lo recuerdan como un hombre HUMANITARIO, SOLIDARIO y EXCELENTE COMPAÑERO que en su camino de lucha participó en varios encuentros cívicos, sociales y populares de orden Municipal, Departamental y Nacional con una fuerte convicción por las ideas de libertad y justicia que con su voz enérgica defendió y promovió miles de veces, hasta los últimos instantes de su vida.

Alirio Martínez nació el 9 de Agosto de 1.955 en Berbeo, Boyacá; A sus 16 años llegó a la comunidad de Saravena, Arauca, donde emprendió su lucha por el beneficio de las comunidades. Alirio Martínez fue el primero de 8 hermanos, hijo de María Lilia Martínez; esposo de Flor Marina Chavarro con quien tuvo 4 hijos Flor Aidé, Héctor Julio, Ana Milena e Hilda Natalia.

El trabajo como líder requería reunirse y animar a las diferentes personas de la comunidad para poder evaluar los planes de trabajo y para mejorar las condiciones de vida de las comunidades, los testimonios recolectados por la comisión humanitaria que acompaño a la comunidad y a los familiares de los líderes después de los asesinatos, mantienen la memoria de Alirio afirmando que él “No fue un hombre más, no fue un hombre del montón: su espíritu de trabajador social, sus capacidades políticas y humanas, le permitieron ocupar el espacio que solo pueden encontrar los hombres especiales, el hombre de nuestro ideal... “el hombre nuevo”. Fueron esas condiciones las que lo llevaron a estar siempre al frente para indicarnos cuál es el camino que debemos seguir, cual es el camino que podemos seguir.

Dispuesto en todo momento a cumplir con las tareas que el pueblo le encomendara, humildes o grandes: “hay que limpiar la carretera...” “hay que construir un puente...” “hay que hacer un bazar...” “hay que cocinar en el rancho...” “hay que resolver los problemas de las comunidades...” “hay que denunciar a los asesinos del pueblo, a los violadores de los Derechos Humanos...” “hay que dar la VIDA”. Y él, siempre estuvo dispuesto a trabajar en esos proyectos: nunca fue inferior a ellos”

Leonel Goyeneche nació el 9 de Febrero de 1965 en Tame Arauca; Leonel era hijo de Luis Roberto Goyeneche y de Eufusina del Carmen Goyeneche, durante su escolaridad demostró ser sensible ante los problemas estudiantiles, lo que lo llevó a ser parte de los diferentes comités institucionales.

En 1988 ingresó al Magisterio en Saravena, Arauca como maestro de primaria y en 1994 obtuvo el título de licenciado en Educación Infantil.

De 1992 a 1994 fue líder sindical del Comité Araucano de Soluciones Educativas CASE, de 1994 a 1996 se unió a la Asociación de Educadores de Arauca y finalmente desde 1997 hasta el día de su asesinato fue el tesorero de la Central Unitaria de Trabajadores CUT.

Sus conocidos lo recuerdan como un hombre franco, sincero que no estaba de acuerdo con la injusticia social impuesta históricamente por los gobiernos de turno y de la que siempre había sido víctima y testigo.

El 4 de Agosto de 2004, en horas de la tarde Jorge Prieto convocó una pequeña reunión en su casa con sus compañeros Alirio Martínez y Leonel Goyeneche, luego de cenar deciden ir a dormir, sin saber que al día siguiente, el 5 de Agosto hacia las 5:30 am una patrulla militar conformada por 35 hombres pertenecientes al Grupo Mecanizado Revéiz Pizarro, adscrito a la brigada XVIII del Ejército, con sede en Saravena (Arauca) y que al momento de los hechos se encontraba al mando del Subteniente Juan Pablo Ordoñez, siendo conducidos por el informante civil Daniel Caballero Rozo, alias “Patilla”, rondaban las casas de los líderes sindicales y sociales.

Esa madrugada cuatro de los 35 militares se dirigieron a la casa de Jorge Prieto. Al llegar a su residencia, alias “Patilla” golpeó la puerta y llamó por su nombre a los tres líderes y obligados a salir con los brazos en alto, los tres líderes fueron conducidos de rodillas, descalzos y sin camiseta a un lote conjunto donde fueron inmediatamente fusilados.

En los mismos hechos fueron detenidos, y posteriormente encarcelados, otros dos líderes sindicales de Arauca: Samuel Morales Flores, presidente de la CUT Arauca, y María Raquel Castro Pérez, dirigente del sindicato Asociación de Educadores de Arauca-ASEDAR, que se hallaba también en la casa de Jorge Prieto en Caño Seco en el momento en que fueron ejecutados los tres líderes.

Luego del triple asesinato, los militares entraron nuevamente a la casa intimidando a dos mujeres que se encontraban en ella, pasaron a requisar completamente la casa, preguntando en donde tenían escondidas las armas, pero su búsqueda fracasó ya que en esta casa y en la mano de los líderes nunca había existido un arma. Aún así los partes oficiales del Ejército y del mismo Vicepresidente de ese entonces, Francisco Santos y del Ministro de Defensa, sostuvieron, desde el mismo día de los hechos, que los tres líderes fueron dados de baja al disparar, al tiempo que huían, contra el Ejército.

Registrada la casa, los militares taparon con arena el lugar en donde asesinaron a los líderes sindicales y permanecieron en el recinto obligando a las mujeres a estar dentro, permitiéndoles únicamente ir ocasionalmente al baño y sin derecho a comunicarse entre ellas.

A las 10 de la mañana, los cuerpos de Jorge Prieto y Alirio Martínez fueron envueltos en bolsas negras y llevados a la cancha de Fútbol de la escuela, y, el cadáver de Leonel Goyeneche, según varios testigos, fue arrastrado bocabajo por cuatro soldados sin nada que lo protegiera a lo largo de 300 metros aproximadamente.

Una hora después, a las 11 am aterrizó un helicóptero y los soldados obligaron a las dos mujeres y a Samuel Morales, quien había sido privado de la libertad en la escuela de Caño Seco esa mañana, a subir junto con los cuerpos de los 3 líderes y fueron conducidos a las instalaciones del Grupo Mecanizado Reveíz Pizarro.

Las balas asesinas del Estado colombiano, que segaron sus vidas, no fueron capaces de segar su ejemplo de lucha, su ejemplo de existencia. Nos negaron la oportunidad de seguir compartiendo sus vidas, sus voces, pero sus memorias siguen animando las comunidades que resisten por un mundo mejor, por una verdadera paz, por la dignidad de los pueblos que hoy siguen resistiendo y levantándose en contra de las políticas de exclusión, represión, olvido que imparten los gobiernos de turno. DON ALIRIO, como todos de cariño le llamaban y le siguen llamando, Leonel y Jorge, su luz brilla en cada habitante de la comunidad, en cada uno de los corazones que dan vida a cada habitante de Arauca que resiste y trabaja. Sus vidas abonan la tierra donde crecerá la nueva Colombia, por la que lucharon, por la que se ofrendaron, ustedes son ejemplo de hombres, ejemplo de campesinos, ejemplo de educadores populares, ejemplo de líderes, ejemplo de humanos que se indignan y trabajan por el bienestar de todos y todas.


Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche en la Memoria.
Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche Sin Olvido.

lunes, 3 de agosto de 2015

Poema al abuelito Bernito

Compartimos el poema que ha escrito Catalina Beltrán, nieta de Bernardo Beltrán, hombre luchador y caminante que persistió durante más de 29 años en la búsqueda de verdad y justicia, por el paradero de su hijo Bernardo Beltrán Hernández, desaparecido entre el 6 y 7 de noviembre de 1985 en la retoma del Palacio de Justicia.

POEMA AL ABUELITO BERNITO 

Pintados tus blancos cabellos, 

Y arrugas en tu cuerpo,

Hay sabiduría en tus años

Producida por alegría, tristeza o por los daños.

Por los momentos más felices,

O por aquellos que han dejado cicatrices,

Sabiduría que brotaba en tus palabras,

En forma de consejos o regaños,

Advertencias que debían ser tomadas en cuenta

Y no a la ligera.

Tú abuelo que caminabas lento

Me queda de tu recuerdo 

La memoria de tus manos calientes y arrugadas

Y el amor en una sola palabra.

Mágico en mi infancia,




No pensé en la importancia

Que tenían tus palabras.


Hoy mi abuelo está en el cielo

Y yo miro el mismo suelo

Donde queda una memoria indeleble 

Del encanto de sus historias 

Obteniendo el recuerdo 

De tus apacibles caricias 

Rosando mi rostro.

Encarnado queda en la memoria 

La impetuosa calma

La vida de un hombre 

La vida del Abuelo…

Catalina Beltrán 

18/07/2015

Freddy Antonio Arias

Agosto 03 de 2004 -Agosto 03 de 2015

El 03 de Agosto de 2004 fue asesinado Freddy Antonio Arias, quien a sus 33 años de edad era líder del pueblo Kankuamo, hijo del hijo del Mamo Salomón Rafael, portador de la sabiduría de la Sierra Nevada de Santa Marta, quien también fue asesinado por paramilitares el 4 de Agosto de 2001, Salomón fue torturado de modo que su rostro y cuerpo fue desfigurado.

Freddy Antonio nació en la vereda Chemesquemena, del corregimiento de Antaquez, en Valledupar, se desempeñaba como coordinador de Derechos Humanos de la Organización Indígena Kankuamo, allí se encargaba de denunciar las violaciones a los Derechos Humanos.

En Julio del año 2004 ante la mesa Nacional de Paz y Derechos Humanos Indígenas y ante Sergio Caramanga, jefe de la misión de la OEA, Freddy Antonio Arias denuncio los crímenes de los paramilitares de la AUC ante su pueblo Kankuamo, por lo que fue asesinado.

Hace 11 años, el 3 de agosto de 2004, Freddy se dirigía a su casa montado en una bicicleta, cuando fue abordado por paramilitares que se movilizaban en una motocicleta marca Suzuki AX 100 de color azul oscuro sin placas, estos paramilitares eran comandados por Rodrigo Tovar Pupo, conocido como “Jorge 40”. Freddy Antonio recibió cuatro disparos en la cabeza causándole la muerte de manera inmediata.

Para los Kankuamos, Agosto se convirtió en un mes sumamente trágico ya que fueron asesinados varios indígenas de esa comunidad, como Andrés Francisco Ariza, de 43 años de edad asesinado el 11 de agosto de 2003, Alcides Alejandro Arias, Wilson Robinson Villazón asesinados el 18 de Agosto de 2003, Ever de Jesús Montero Mindiola asesinado el 29 de Agosto de 2003, según los indígenas Kankuamos durante el primer semestre del 2003 fueron asesinados 44 indígenas Kankuamos, por lo que el 24 de Septiembre de 2003 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decretó medidas cautelares para la protección de la vida e integridad de las autoridades y líderes de este pueblo, aun así, dicha medida no funciono y los indígenas le pidieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que se decretaran medidas provisionales, impartiendo ordenes perentorias al Gobierno Nacional en cabeza del ex presidente Álvaro Uribe con el objeto de salvaguardar la vida de los indígenas Kankuamo.

Las diferentes organizaciones que defienden los derechos humanos y a las comunidades indígenas culpan al gobierno colombiano de la época, el señor Álvaro Uribe Vélez y a las entidades del gobierno encargadas de velar por la integridad de los Pueblos Indígenas por no cumplir las órdenes de protección impartidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Actualmente el caso de Freddy Antonio Arias se encuentra registrado al radicado No 117459, asignado a la Fiscalía 3 seccional Montería y se encuentra en fase de indagación preliminar.

Luego de 11 años de estos crímenes, contra el pueblo indígena Kankuamo y contra sus líderes y defensores de derechos humanos, no ha habido respuesta eficaz por parte de la justicia y el gobierno sigue sin garantizar la no repetición de estos hechos violatorios de los derechos humanos en el país.


Freddy Antonio Arias en la Memoria.

Freddy Antonio Arias Sin Olvido.