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martes, 25 de agosto de 2015

Héctor Abad Gómez





Agosto 25 de 1987 - Agosto 25 de 2015


El 25 de agosto de 1987, los defensores de derechos humanos de Antioquia vivieron una de sus jornadas más dolorosas. Cuando apenas despuntaba el día, sicarios dieron muerte a Luis Felipe Vélez, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida).
Su cuerpo fue trasladado a la sede gremial, en pleno centro de Medellín, para su velación. Hacia allá se dirigieron el entonces presidente del Comité Permanente para la Defensa de los Humanos de Antioquia, el médico Héctor Abad Gómez, y su fiel escudero, el también médico Leonardo Betancur Taborda. Pero al llegar al lugar, hombres armados dispararon contra Abad Gómez y Betancur Taborda. La tragedia fue peor de lo ya que era.
Hoy, 28 años después, amigos, familiares y activistas de derechos humanos que compartieron en vida con los defensores y, además, docentes de la Universidad de Antioquia, no solo continúan lamentando profundamente su pérdida sino que sienten que el manto de impunidad que cubre estos crímenes es realmente vergonzoso.
Y no es para menos. Luego de que se vencieran los términos de la investigación y se decidiera archivarla sin avances significativos hace poco más de una década, la Fiscalía General de la Nación decidió reabrir el caso tras las declaraciones entregadas el 13 de febrero de 2012 por Diego Fernando Murillo Bejarana, alias ‘Don Berna’, quien desde su sitio de reclusión en los Estados Unidos, dijo ante fiscales de Justicia y Paz que quien asesinó a los activistas Abad Gómez y Taborda Betancur fue el propio Carlos Castaño.
“Carlos y Fidel consideraban que el doctor Héctor Abad hacía parte de la estructuras de la guerrilla del Epl en la ciudad de Medellín, ya que por su labor defensa de los derechos humanos hacia algún tipo de denuncia en la cual sectores de las Fuerzas Armadas, se consideraban afectados. Carlos Y Fidel consideraban que a través de estas denuncias le estaba haciendo el juego al Epl. Carlos toma la decisión de ejecutarlo y él personalmente va con un trabajador del que le dicen Argiro”, narró alias ‘Don Berna’.
Más allá de esta declaración, pocos son los avances de la justicia en el esclarecimiento de estos crímenes. Por ello, VerdadAbierta.com le preguntó a reconocidos juristas, politólogos y activistas de derechos humanos si los asesinatos de Abad Gómez, Betancur Taborda y Vélez se pueden constituir como delitos de lesa humanidad y si esa declaratoria ayudaría a esclarecer un crimen cuya falta de castigo constituye un lastre vergonzoso en la historia reciente de Antioquia y del país.

Quienes compartieron espacios, momentos e ideales con estos activistas coinciden en recordarlos como hombres sin tacha, elocuentes, entregados a la causa de defender a las víctimas de una violencia que por aquellos años arremetía con toda su furia contra dirigentes políticos de oposición, estudiantes universitarios, intelectuales, miembros de organizaciones no gubernamentales y campesinos.

El Artículo 7 del Estatuto de Roma, adoptado el 17 de julio de 1998 y que crea la Corte Penal Internacional, define el crimen de lesa humanidad como cualquier acto de asesinato, tortura, esclavitud, deportación, encarcelación, violencia sexual, persecución o desaparición forzada que se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil.
Colombia fue uno de los 78 países que firmó el Estatuto y lo ratificó en 2002. Pese a ello, solo entró en plena vigencia en el ordenamiento jurídico interno en noviembre de 2009 debido a una salvaguarda firmada por el entonces presidente Andrés Pastrana Arango según la cual, este instancia de justicia trasnacional solo podría conocer crímenes de guerra y de lesa humanidad a partir de ese año.
Quiere decir lo anterior que, no obstante que en el Código Penal colombiano no está explícitamente consagrado el delito de lesa humanidad, fiscales y jueces pueden remitirse a lo conceptuado por la Corte Penal Internacional. En ese sentido, podría argumentarse que los asesinatos de Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur Taborda y Luis Felipe Vélez, defensores de derechos humanos y docentes de la Universidad de Antioquia, cabrían en la categoría de “crímenes de lesa humanidad” por sus sistematicidad y especificidad.

Héctor Abad Gómez en la Memoria
Héctor Abad Gómez Sin Olvido.


Texto tomado de Verdad Abierta:  http://www.verdadabierta.com/victimas-seccion/asesinatos-colectivos/5424-hector-abad-gomez-crimen-de-lesa-humanidad

jueves, 30 de julio de 2015

Homilía en el Acto de Memoria de las madres y familiares de los desaparecidos de la Comuna 13 de Medellín

Homilía en el Acto de Memoria de las madres y familiares de los desaparecidos de la Comuna 13 de Medellín, al iniciarse las excavaciones en La Escombrera, donde yacen sepultadas numerosas víctimas bajo toneladas de escombros.
Queridas madres y familiares de los desaparecidos de esta Comuna 13, escenario de muchos de los episodios más atroces que arrastra nuestra historia nacional.
Ustedes encarnan hoy, de manera muy conmovedora, la actitud y el espíritu de aquella viuda destacada por Jesús, en el relato evangélico que acabamos de escuchar, cuya tenacidad e intransigencia venció la indolencia y la deshumanización del juez inicuo, logrando ustedes que se inicie este proceso de búsqueda de los despojos mortales de sus seres queridos, exhumando a la vez una memoria dolorosa y vergonzosa que mancha ante el mundo entero nuestra identidad nacional.
Vuelven a nuestra memoria forzosamente las jornadas de mayo y octubre de 2002, con sus operaciones Mariscal y Orión, con los centenares de detenciones arbitrarias y los perversos montajes que las facilitaron, que habían sido minuciosamente diseñados; con los bombardeos indiscriminados, con las desapariciones y asesinatos, con los desplazamientos forzados, con el dolor y la angustia de los pobladores que los grandes medios supieron ocultar o tergiversar.
No puedo olvidar el silencio bochornoso con que un gran público recibió meses después, en la Universidad de Antioquia, el informe que les presentamos con la versión de las víctimas. Luego de un largo silencio, un profesor se levantó a solicitar que no interpretáramos ese silencio como un signo de indolencia o de indiferencia sino de perplejidad y de vergüenza, pues apenas caían en la cuenta de que esas atrocidades habían ocurrido a muy poca distancia de sus claustros académicos y ellos no se habían enterado.
Un muro simbólico separaba y sigue separando ciertamente los espacios de la ciudad tecnificada y embellecida por la publicidad, y las comunas periféricas donde la pobreza y las luchas por la dignidad producen estigmas y miedo, creando imaginarios infernales, a los que se remite mediáticamente la concentración más aterradora de la violencia y el delito. Toda esta creación artificial e ideológica constituía, sin ninguna duda, el elemento justificador de la barbarie que se desplegó en esos históricos operativos militares, que se le vendieron al país y al mundo como los más grandes aportes a la seguridad del pueblo.
Y en medio de esa orgía de barbarie, este territorio destinado a recibir los escombros y desechos de una ciudad que se moderniza y se embellece para adaptarse a los cánones de rentabilidad del espacio, fue elegido también para mezclar en sus enormes capas de escombros los cuerpos desechables de numerosas víctimas, que en la mentalidad de los tecnócratas del poder, se identificaban plenamente con los escombros urbanos que deben ser sepultados y escondidos para dar paso a las estructuras modernas y rentables de una ciudad y sociedad que debe plegarse a las exigencias excluyentes y segregativas de los grandes capitales.
Debemos preguntarnos hasta dónde ha penetrado en nuestra conciencia, o quizás en un inconsciente colectivo ampliamente socializado, la devaluación del ser humano excluido y segregado por las dinámicas del dinero y del poder. Muchas veces, de manera inconsciente, aceptamos esa degradación y estratificación de la dignidad humana, en la cual se vuelve “natural” y rutinaria la existencia de escombros humanos, sin derechos, sin dignidad, sin humanidad.
Este momento, queridos hermanos y hermanas, es denso en significado. En este acto de fe, expresado con profundos sentimientos sobre este suelo que esconde entre centenares de toneladas de escombros los cuerpos de numerosos hermanos nuestros convertidos en materia desechable por las dinámicas crueles de una civilización deshumanizada y de unas estructuras de poder que privilegian y sirven a los intereses más inconfesables, queremos afirmar enfáticamente nuestra fe en el valor sagrado de la Vida y repudiar, de la manera más profunda, la prácticas de la anti-Vida materializadas de manera tan patética en este espacio execrado, signo y símbolo contundente de uno de los pecados más horrendos que nuestra sociedad ha incorporado a sus costumbres y rutinas.
Gracias, queridas madres y familiares de los desaparecidos en esta Comuna horriblemente victimizada. Gracias por su lucha tenaz, enfrentada como el pequeño David al gigante Goliat de los capitales y estructuras de poder que nos dominan, para quienes la dignidad humana es un valor decadente y anacrónico que no se compadece con las dinámicas modernas de una civilización tecnocrática que necesita segregar, excluir y degradar para poder adaptarse al dinamismo vertiginoso del progreso. Gracias por convocarnos a recuperar el valor sagrado de la vida en medio de su audaz empresa de obligar a remover estos miles de toneladas de escombros para afirmar el derecho sagrado a darle al menos una sepultura digna a las víctimas del poder.
Queridas madres y familiares: la fe que ustedes han testimoniado en todo este proceso, nos recuerda forzosamente otro episodio del Evangelio en el que Jesús responde a sus amigos más cercanos cuando éstos le dicen que quisieran tener una fe más fuerte. Jesús les dice que si la fe de ellos se pudiera asimilar siquiera a una pequeña semilla de mostaza, serían capaces de pedirle a un árbol o a una montaña que les está estorbando, que se quite de ahí y se arroje al mar y lo lograrían. La fe de ustedes, queridas madres y familiares es una fe que refleja ese modelo evangélico: una fe que mueve montañas para que el proyecto y la voluntad de Dios, de defender la dignidad de cualquier ser humano como hijo de Dios, se hagan realidad.
Esa gratitud queremos expresarla en esta Eucaristía, pues Eucaristía es una palabra griega que traduce Acción de Gracias. En ella hacemos memoria de otra muerte, la muerte de Jesús, interpretada por él mismo bajo el signo del pan y del vino, como materias que se consumen y se destruyen para dar vida a otros.
Unimos a los signos sagrados de la Eucaristía la memoria de estas víctimas convertidas en escombros de nuestra deshumanizada sociedad, quienes desde su aniquilamiento humano y desde el sacrificio de su dignidad y de su vida, nos interpelan hoy para reafirmar el valor sagrado de la Vida y nos devuelven a los fundamentos más profundos de nuestra fe. Su memoria se une y se integra en este momento, a la memoria de Jesús: perseguido, despreciado, torturado, crucificado, físicamente destruido, en cuyo aniquilamiento la fe descubrió el valor indestructible de la vida, de la dignidad, del amor de Dios que penetra y se afirma en la misma oscuridad de los sepulcros, convirtiéndolos en nuevas canteras de vida y de dignidad.
Plegaria desde la Escombrera
Elevamos nuestra plegaría hacia Ti, Señor de la Vida y de la Historia
sobre estos escombros que han sepultado por muchos años
los despojos de hermanos nuestros cuyas vidas fueron destruidas con crueldad
por los poderes que nos dominan.

Traemos en nuestro espíritu muchos años de dolor, de incertidumbre y de angustia
y la conciencia cada vez más clara de lo limitado y frágil de la justicia humana,
atrapada en pasiones e intereses deshumanizados.

Hemos experimentado hasta el fondo la impotencia del pobre
frente a la prepotencia del poder.

La sangre de tu pueblo, Señor, ha sido vertida en las alcantarillas;
los cuerpos de tus hijos destrozados y escondidos
para ocultar la ignominia detrás de la oscuridad y del imperio del terror.

Los sentimientos y las fibras más sensibles de los lazos familiares
fueron desconocidos, pisoteados y convertidos en burla y escarnio
ante la mirada impotente de quienes han reclamado justicia con tenacidad.

Al reunirnos hoy,
convocados por una memoria que ningún poder podrá exterminar,
volvemos nuestras miradas al misterio sagrado de la Vida
que hunde sus raíces en tu mismo misterio:
en el amanecer de la creación
te inclinaste sobre el barro para modelar al ser humano
en la fragilidad de la tierra,
pero soplaste sobre el barro para que apareciera la vida
como soplo y energía divina que nadie puede destruir.

Por eso, en las palabras del Profeta has anunciado
que abrirás nuestros sepulcros
- también aquellos que los malvados han ocultado-
y nos convocarás de nuevo a la Vida,
al insuflar tu Espíritu sobre nuestra fragilidad y nuestra impotencia,
recordándonos que somos portadores, en nuestro interior,
de ese soplo/ viento/ energía que brotó un día de tu misma misterio
y que nunca las fuerzas del mal podrán devolverlo a la nada.

Tenemos que reconocer, como Pablo de Tarso,
que hemos sido agredidos de muchas maneras, pero no hemos sido derrotados;
hundidos en la perplejidad, pero no en la desesperación;
perseguidos, pero no abandonados;
derribados, pero no destruidos.

Nos hemos encontrado en medio de numerosas adversidades,
unidos a todos los que creen que el ser humano es portador
de un reflejo sagrado de tu misma Vida.

Estigmatizadas durante muchos años,
nuestras víctimas fueron difamadas y condenadas,
como si la pobreza y la inconformidad con la injusticia
las hiciera pertenecer al mundo del mal.
Pero en esa humillación nos ha confortado tu Palabra
hecha carne de nuestra carne en Jesús de Nazaret.

Quien no conoció el pecado
fue juzgado y condenado como blasfemo y perturbador del orden.
Pero es él quien juzgará definitivamente la validez de nuestras vidas,
y si en él hemos sido absueltos, nadie podrá condenarnos.
Él nos enseñó a reconocernos como hijos tuyos; somos hijos en el Hijo;
por eso, ya nadie nos separará de tu amor:
ni los sufrimientos, ni las angustias, ni las persecuciones,
ni el hambre, ni la pobreza ni los riesgos,
ni la muerte, ni poder alguno, ni el presente ni el futuro.

Caminamos con Jesús: el crucificado / resucitado,
en la esperanza de una tierra nueva y de unos cielos nuevos
donde tiene su morada la justicia
y donde Tu vives y reinas
en la serenidad infinita de lo que nunca se destruye
porque eres la fuente última de la Vida y del Amor.
AMEN.

Para limpiar el corazón frente a los escombros humanos
Por muchos años las víctimas de esta Comuna 13 fueron silenciadas para que estos horrores no llegaran a conocimiento del país y del mundo. Por depender de la falsa información que nos suministran los medios masivos,
Perdón, Señor
Las leyes que rigen nuestra administración de justicia dejan la mayoría de los crímenes más horrendos en la impunidad. Por aceptar una justicia manipulada, amañada o amordazada,
Perdón, Señor
Muchas veces callamos y nos resignamos ante los crímenes, porque denunciarlos nos trae problemas. Por evadir las denuncias buscando nuestra tranquilidad y nuestra seguridad,
Perdón, Señor
Muchas veces, cuando las denuncias nos enfrentan con los poderes dominantes, buscamos denuncias simétricas contra los opositores del poder para tratar de atenuar los crímenes del poder. Por cobijarnos con simetrías o neutralidades que nos tranquilicen y nos dispensen de tomar posición clara frente a las injusticias,
Perdón, Señor.
Muchas veces nos callamos por temor a que nos estigmaticen como estigmatizan a los pobres, a los inconformes y como estigmatizaron a Jesús. Por nuestro temor a ser maldecidos como lo fue Jesús,
Perdón, Señor

Tomado de: http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article255