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miércoles, 16 de octubre de 2019

Operación Orión

 16 de octubre de 2002


“Las lágrimas se nos están acabando de tanto dolor”.
Víctima sobreviviente de la Operación “Orión”

En aplicación de la llamada "seguridad democrática" en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, altos mandos de las fuerzas militares y policiales, como los generales Mario Montoya y Leonardo Gallego, ordenaron a paramilitares al mando de Diego Fernando Murillo alias "Don Berna" participar en una operación de arrasamiento en la Comuna 13 de Medellín, denominada "Orión".

La Comuna 13 está Ubicada al oeste de la ciudad de Medellín, a diez minutos de la Alpujarra, donde está la Gobernación y la Alcaldía. Ha sido durante muchos años golpeada por la pobreza y la exclusión, es un sector deprimido, sujeto a las laderas de una montaña y lleno de caminos, empinadas escaleras, callejones, callejuelas y rincones. Con 200.000 habitantes la mayoría de ellos y ellas víctimas de la exclusión social, expulsados del sistema capitalista. Pese a ello, a las huellas de la violencia y el arrasamiento de la vida los familiares han conseguido resistir en sus territorios y organizarse para reivindicar el respeto a la vida en medio de la guerra y la justicia, verdad y reparación en medio de las numerosas víctimas resultantes luego del operativo.


El día 16 de Octubre del 2002, entró en acción la estrategia armada, bajo el argumento de sacar las guerrillas FARC, ELN y las CAP para recuperar y tener  control territorial sobre la Comuna. Previamente, en mayo de ese mismo año ya se había realizado la Operación militar "Mariscal", en la que se presentaron varias violaciones de derechos humanos. 

En "Orión" fueron empleados cinco batallones de la IV Brigada, el batallón contra-guerrillero del ejército, la policía y el DAS, todos ellos en colaboración con los paramilitares de la región, la operación contó con cerca de tres mil efectivos, dando comienzo antes de la media noche con los largos enfrentamientos. En medio del combate, el desespero y la angustia acrecentaron; la guerra continuó, helicópteros, tanquetas y efectivos dispararon contra todo y contra todos, sin detenerse. Ni siquiera el repliegue de las guerrillas, disminuyó la hostilidad de la fuerza pública la cual continuó con sus ataques sin retroceder un centímetro.

Esas horas de terror, que se prolongan después en sus efectos en el subconsciente colectivo, contaron con allanamientos ilegales, capturas masivas, ejecuciones extrajudiciales, muertes de civiles, desapariciones forzadas, balas pérdidas e incontables violaciones a sus derechos, además de hacer daños colectivos en la Comuna 13.

Años después, con las declaraciones de alias “Don Berna” el país confirmó que los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara colaboraron con la operación Orión de la mano del General de la IV Brigada, Mario Montoya. Con el proceso de desmovilización paramilitar que sumió al país en la impunidad, alias “Don Berna” aseguró que más de 300 personas fueron desaparecidas y asesinadas tras dicha operación y que sus cadáveres se encuentran repartidos en distintas fosas comunes en el botadero de escombros conocido como “La Escombrera”.

Adriana Arboleda, abogada de la Corporación Jurídica Libertad y parte civil en el proceso, asegura que cometida esta operación el proceso jurídico se reduce a una palabra: impunidad. Esta corporación logro que la Fiscalía Delgada ante la Corte Suprema de Justicia abriera una investigación preliminar contra el general Mario Montoya y Leonardo Gallego, sin embargo, el proceso jurídico no ha avanzado y tampoco se ha asumido responsabilidad política sobre los hechos. 

Tras el largo enfrentamiento, las AUC aseguraron la supuesta “pacificación” de la zona por medio de la desaparición forzada de los pobladores. Convirtiendo la operación no sólo en el mayor desplazamiento urbano de la historia colombiana, sino en un prolongado sufrimiento e incertidumbre de cientos de familias que vieron desaparecer entre las calles de Medellín a sus seres queridos. La operación militar, no fue entonces una solución a la vulnerabilidad de la población, sino una entrega del territorio a otros actores del conflicto, profundizando la violencia, puesto que, se instalo una hegemonía paramilitar. 

En el mes de Noviembre de 2013 la CIDH, mediante un informe declaró que el Estado de Colombia es responsable de la violación a "el Derecho a la Vida, Integridad Personal, Seguridad y Libertad personal, Propiedad privada, Circulación y Residencia, Asociación, Derechos del niño, Garantías y Protección judicial y Derechos del niño, reconocidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención de Belém do Pará"


En julio de 2015, la Fiscalía inicio una exploración en la Escombrera para hallar restos, luego de 5 meses se detuvieron y el compromiso de esta institución era continuar con el proceso, las victimas aun tienen la esperanza de encontrar a sus desaparecidos, donde, se ha calculado un aproximado de 104 personas.  

Actualmente, la Comuna 13 sigue militarizada, los habitantes continúan pagando vacunas y la violencia es latente por parte de las BACRIM. La operación militar que mató a quienes nada tenían que ver con la guerra y que desapareció a otros tantos para garantizar la supuesta “seguridad democrática” sigue cubierta por el velo de la impunidad. Estas son, a lo sumo, consecuencias de una perspectiva guerrerista de la paz que poco tiene que ver con la justicia y que tanto han herido a Colombia.

En 2018, el general más condecorado del Ejercito colombiano, Mario Montoya Uribe se presentó ante la Jurisdiccion Especial de Paz (JEP), donde, aún las victimas y organizaciones de derechos humanos exigen toda la verdad sobre las ejecuciones extrajudiciales y las violaciones a DDHH cometidos durante esta operación militar que estuvo bajo su mando.


Pero hoy, la Comuna 13 sigue siendo un territorio de esperanza, de reclamos y reivindicaciones, hoy los habitantes no sólo resisten a la violencia sino que están construyendo Paz desde los territorios,haciendo memoria con apoyo institucional, colectivo e individual, por medio del arte, la danza, la literatura, ferias agroecologicas, intercambio de experiencias, música, entre otros, destacándose la caravana de la memoria de las Mujeres Caminando por la Verdad o Cuerpos Gramaticales, todo ellos, pronuncian una y otra vez ¡Orión nunca más!

Víctimas de la masacre de la Operación Orión en la Memoria
Víctimas de la masacre de la Operación Orión Sin Olvido

jueves, 30 de julio de 2015

Homilía en el Acto de Memoria de las madres y familiares de los desaparecidos de la Comuna 13 de Medellín

Homilía en el Acto de Memoria de las madres y familiares de los desaparecidos de la Comuna 13 de Medellín, al iniciarse las excavaciones en La Escombrera, donde yacen sepultadas numerosas víctimas bajo toneladas de escombros.
Queridas madres y familiares de los desaparecidos de esta Comuna 13, escenario de muchos de los episodios más atroces que arrastra nuestra historia nacional.
Ustedes encarnan hoy, de manera muy conmovedora, la actitud y el espíritu de aquella viuda destacada por Jesús, en el relato evangélico que acabamos de escuchar, cuya tenacidad e intransigencia venció la indolencia y la deshumanización del juez inicuo, logrando ustedes que se inicie este proceso de búsqueda de los despojos mortales de sus seres queridos, exhumando a la vez una memoria dolorosa y vergonzosa que mancha ante el mundo entero nuestra identidad nacional.
Vuelven a nuestra memoria forzosamente las jornadas de mayo y octubre de 2002, con sus operaciones Mariscal y Orión, con los centenares de detenciones arbitrarias y los perversos montajes que las facilitaron, que habían sido minuciosamente diseñados; con los bombardeos indiscriminados, con las desapariciones y asesinatos, con los desplazamientos forzados, con el dolor y la angustia de los pobladores que los grandes medios supieron ocultar o tergiversar.
No puedo olvidar el silencio bochornoso con que un gran público recibió meses después, en la Universidad de Antioquia, el informe que les presentamos con la versión de las víctimas. Luego de un largo silencio, un profesor se levantó a solicitar que no interpretáramos ese silencio como un signo de indolencia o de indiferencia sino de perplejidad y de vergüenza, pues apenas caían en la cuenta de que esas atrocidades habían ocurrido a muy poca distancia de sus claustros académicos y ellos no se habían enterado.
Un muro simbólico separaba y sigue separando ciertamente los espacios de la ciudad tecnificada y embellecida por la publicidad, y las comunas periféricas donde la pobreza y las luchas por la dignidad producen estigmas y miedo, creando imaginarios infernales, a los que se remite mediáticamente la concentración más aterradora de la violencia y el delito. Toda esta creación artificial e ideológica constituía, sin ninguna duda, el elemento justificador de la barbarie que se desplegó en esos históricos operativos militares, que se le vendieron al país y al mundo como los más grandes aportes a la seguridad del pueblo.
Y en medio de esa orgía de barbarie, este territorio destinado a recibir los escombros y desechos de una ciudad que se moderniza y se embellece para adaptarse a los cánones de rentabilidad del espacio, fue elegido también para mezclar en sus enormes capas de escombros los cuerpos desechables de numerosas víctimas, que en la mentalidad de los tecnócratas del poder, se identificaban plenamente con los escombros urbanos que deben ser sepultados y escondidos para dar paso a las estructuras modernas y rentables de una ciudad y sociedad que debe plegarse a las exigencias excluyentes y segregativas de los grandes capitales.
Debemos preguntarnos hasta dónde ha penetrado en nuestra conciencia, o quizás en un inconsciente colectivo ampliamente socializado, la devaluación del ser humano excluido y segregado por las dinámicas del dinero y del poder. Muchas veces, de manera inconsciente, aceptamos esa degradación y estratificación de la dignidad humana, en la cual se vuelve “natural” y rutinaria la existencia de escombros humanos, sin derechos, sin dignidad, sin humanidad.
Este momento, queridos hermanos y hermanas, es denso en significado. En este acto de fe, expresado con profundos sentimientos sobre este suelo que esconde entre centenares de toneladas de escombros los cuerpos de numerosos hermanos nuestros convertidos en materia desechable por las dinámicas crueles de una civilización deshumanizada y de unas estructuras de poder que privilegian y sirven a los intereses más inconfesables, queremos afirmar enfáticamente nuestra fe en el valor sagrado de la Vida y repudiar, de la manera más profunda, la prácticas de la anti-Vida materializadas de manera tan patética en este espacio execrado, signo y símbolo contundente de uno de los pecados más horrendos que nuestra sociedad ha incorporado a sus costumbres y rutinas.
Gracias, queridas madres y familiares de los desaparecidos en esta Comuna horriblemente victimizada. Gracias por su lucha tenaz, enfrentada como el pequeño David al gigante Goliat de los capitales y estructuras de poder que nos dominan, para quienes la dignidad humana es un valor decadente y anacrónico que no se compadece con las dinámicas modernas de una civilización tecnocrática que necesita segregar, excluir y degradar para poder adaptarse al dinamismo vertiginoso del progreso. Gracias por convocarnos a recuperar el valor sagrado de la vida en medio de su audaz empresa de obligar a remover estos miles de toneladas de escombros para afirmar el derecho sagrado a darle al menos una sepultura digna a las víctimas del poder.
Queridas madres y familiares: la fe que ustedes han testimoniado en todo este proceso, nos recuerda forzosamente otro episodio del Evangelio en el que Jesús responde a sus amigos más cercanos cuando éstos le dicen que quisieran tener una fe más fuerte. Jesús les dice que si la fe de ellos se pudiera asimilar siquiera a una pequeña semilla de mostaza, serían capaces de pedirle a un árbol o a una montaña que les está estorbando, que se quite de ahí y se arroje al mar y lo lograrían. La fe de ustedes, queridas madres y familiares es una fe que refleja ese modelo evangélico: una fe que mueve montañas para que el proyecto y la voluntad de Dios, de defender la dignidad de cualquier ser humano como hijo de Dios, se hagan realidad.
Esa gratitud queremos expresarla en esta Eucaristía, pues Eucaristía es una palabra griega que traduce Acción de Gracias. En ella hacemos memoria de otra muerte, la muerte de Jesús, interpretada por él mismo bajo el signo del pan y del vino, como materias que se consumen y se destruyen para dar vida a otros.
Unimos a los signos sagrados de la Eucaristía la memoria de estas víctimas convertidas en escombros de nuestra deshumanizada sociedad, quienes desde su aniquilamiento humano y desde el sacrificio de su dignidad y de su vida, nos interpelan hoy para reafirmar el valor sagrado de la Vida y nos devuelven a los fundamentos más profundos de nuestra fe. Su memoria se une y se integra en este momento, a la memoria de Jesús: perseguido, despreciado, torturado, crucificado, físicamente destruido, en cuyo aniquilamiento la fe descubrió el valor indestructible de la vida, de la dignidad, del amor de Dios que penetra y se afirma en la misma oscuridad de los sepulcros, convirtiéndolos en nuevas canteras de vida y de dignidad.
Plegaria desde la Escombrera
Elevamos nuestra plegaría hacia Ti, Señor de la Vida y de la Historia
sobre estos escombros que han sepultado por muchos años
los despojos de hermanos nuestros cuyas vidas fueron destruidas con crueldad
por los poderes que nos dominan.

Traemos en nuestro espíritu muchos años de dolor, de incertidumbre y de angustia
y la conciencia cada vez más clara de lo limitado y frágil de la justicia humana,
atrapada en pasiones e intereses deshumanizados.

Hemos experimentado hasta el fondo la impotencia del pobre
frente a la prepotencia del poder.

La sangre de tu pueblo, Señor, ha sido vertida en las alcantarillas;
los cuerpos de tus hijos destrozados y escondidos
para ocultar la ignominia detrás de la oscuridad y del imperio del terror.

Los sentimientos y las fibras más sensibles de los lazos familiares
fueron desconocidos, pisoteados y convertidos en burla y escarnio
ante la mirada impotente de quienes han reclamado justicia con tenacidad.

Al reunirnos hoy,
convocados por una memoria que ningún poder podrá exterminar,
volvemos nuestras miradas al misterio sagrado de la Vida
que hunde sus raíces en tu mismo misterio:
en el amanecer de la creación
te inclinaste sobre el barro para modelar al ser humano
en la fragilidad de la tierra,
pero soplaste sobre el barro para que apareciera la vida
como soplo y energía divina que nadie puede destruir.

Por eso, en las palabras del Profeta has anunciado
que abrirás nuestros sepulcros
- también aquellos que los malvados han ocultado-
y nos convocarás de nuevo a la Vida,
al insuflar tu Espíritu sobre nuestra fragilidad y nuestra impotencia,
recordándonos que somos portadores, en nuestro interior,
de ese soplo/ viento/ energía que brotó un día de tu misma misterio
y que nunca las fuerzas del mal podrán devolverlo a la nada.

Tenemos que reconocer, como Pablo de Tarso,
que hemos sido agredidos de muchas maneras, pero no hemos sido derrotados;
hundidos en la perplejidad, pero no en la desesperación;
perseguidos, pero no abandonados;
derribados, pero no destruidos.

Nos hemos encontrado en medio de numerosas adversidades,
unidos a todos los que creen que el ser humano es portador
de un reflejo sagrado de tu misma Vida.

Estigmatizadas durante muchos años,
nuestras víctimas fueron difamadas y condenadas,
como si la pobreza y la inconformidad con la injusticia
las hiciera pertenecer al mundo del mal.
Pero en esa humillación nos ha confortado tu Palabra
hecha carne de nuestra carne en Jesús de Nazaret.

Quien no conoció el pecado
fue juzgado y condenado como blasfemo y perturbador del orden.
Pero es él quien juzgará definitivamente la validez de nuestras vidas,
y si en él hemos sido absueltos, nadie podrá condenarnos.
Él nos enseñó a reconocernos como hijos tuyos; somos hijos en el Hijo;
por eso, ya nadie nos separará de tu amor:
ni los sufrimientos, ni las angustias, ni las persecuciones,
ni el hambre, ni la pobreza ni los riesgos,
ni la muerte, ni poder alguno, ni el presente ni el futuro.

Caminamos con Jesús: el crucificado / resucitado,
en la esperanza de una tierra nueva y de unos cielos nuevos
donde tiene su morada la justicia
y donde Tu vives y reinas
en la serenidad infinita de lo que nunca se destruye
porque eres la fuente última de la Vida y del Amor.
AMEN.

Para limpiar el corazón frente a los escombros humanos
Por muchos años las víctimas de esta Comuna 13 fueron silenciadas para que estos horrores no llegaran a conocimiento del país y del mundo. Por depender de la falsa información que nos suministran los medios masivos,
Perdón, Señor
Las leyes que rigen nuestra administración de justicia dejan la mayoría de los crímenes más horrendos en la impunidad. Por aceptar una justicia manipulada, amañada o amordazada,
Perdón, Señor
Muchas veces callamos y nos resignamos ante los crímenes, porque denunciarlos nos trae problemas. Por evadir las denuncias buscando nuestra tranquilidad y nuestra seguridad,
Perdón, Señor
Muchas veces, cuando las denuncias nos enfrentan con los poderes dominantes, buscamos denuncias simétricas contra los opositores del poder para tratar de atenuar los crímenes del poder. Por cobijarnos con simetrías o neutralidades que nos tranquilicen y nos dispensen de tomar posición clara frente a las injusticias,
Perdón, Señor.
Muchas veces nos callamos por temor a que nos estigmaticen como estigmatizan a los pobres, a los inconformes y como estigmatizaron a Jesús. Por nuestro temor a ser maldecidos como lo fue Jesús,
Perdón, Señor

Tomado de: http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article255