jueves, 9 de noviembre de 2017

Álvaro Ulcué Chocue

Noviembre 10 de 1984 - Noviembre 10 de 2017

Hoy hace 33 años, hacia las ocho y media de la mañana en Santander de Quilichao, departamento del Cauca, Álvaro Ulcué Chocue, para ese entonces primer sacerdote católico indígena en Colombia fue atacado por dos agentes de F-2 de la Policía Nacional, Miguel Ángel Pimentel y Orlando Roa, quienes dispararon en varias ocasiones contra Alvaro desde una motocicleta en la que se movilizaban.

ALVARO quedó mal herido, se bajó del vehículo en el que se transportaba y se tendió en la tierra. Luego, los sicarios se retiraron, pero al percibir que estaba mal herido lo remataron, y finalmente huyeron. 

Religiosas que estaban cerca al sitio, lo introdujeron en un taxi y lo condujeron al hospital de la localidad a donde llegó con vida. Momentos después falleció.

Las investigaciones penales y disciplinarias fueron manipuladas por las instituciones pretendiendo focalizar las responsabilidades en otros, algunos expedientes se “extraviaron”, llevando a que el crimen quedara en la impunidad.


El día del crímen, ALVARO debía actuar como padrino de un niño que iba a ser bautizado en Santander de Quilichao. Regresando de Cali a donde había ido la tarde anterior, llegó a Santander a las 7:30 a.m. y estuvo primero en la Casa Cural. De allí de dirigió al almacén de la madre del niño que iba a ser bautizado, donde le obsequiaron una camisa. Luego pidió el teléfono para hacer una llamada a la Hermana Luz Marina, quien también iba a participar en el bautizo y se encontraba en ese momento en el Hogar Santa Inés; le pidió que le preparara un desayuno, pues iba hacia el hogar enseguida.

Cuando llegaba al Hogar Santa Inés, ocurrió el crimen. Gracias a un testigo ocular se pudo identificar a los dos asesinos como miembros del F-2. El testigo rindió declaración ante el Juzgado Segundo Ambulante de Instrucción Criminal.

En abril de 1985, inexplicablemente el testigo fue buscado por Agentes de la Procuraduría General de la Nación y obligado, contra su voluntad, a viajar a Popayán para “ratificar sus denuncias”. Al reconocer en fila a uno de los victimarios, el juez permitió que el acusado identificara plenamente al denunciante y lo amenazara. Luego, uno de los Agentes de la Procuraduría que lo acompañaba llevó al testigo al Cuartel de la Policía de Popayán donde, bajo todo tipo de intimidaciones, le exigieron cambiar su versión ante el juez, para acusar a las FARC del asesinato del Padre Ulcué. Llevado nuevamente al juzgado, lo obligaron a firmar un documento, sin permitirle leerlo. Luego fue conducido a los calabozos del DAS en Cali, donde recibió nuevas amenazas.

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos ofició entonces, a la Presidencia de la República y a la Procuraduría General de la Nación, denuncias por tan delictiva manipulación de las investigaciones, sin obtener ninguna respuesta. Aun más, todas las copias del expediente de la Procuraduría sobre el asesinato del Padre Ulcué “se perdieron”, llevando a que el crimen quedara en la más absoluta impunidad.

Los restos del padre ALVARO fueron trasladados a Pueblo Nuevo, la tierra indígena que lo vio nacer. La tierra por la que hoy en su memoria los pueblos indígenas, los campesinos mestizos y afrodescendientes la defienden afirmando su dignidad. No fue sepultado en el templo, como muchos querían, sino que se cumplió su voluntad expresa:

“Si he de morir, quisiera que mi cuerpo quedase amasado en la arcilla de los fuertes, como un cemento vivo arrojado por Dios entre las piedras de la Ciudad Nueva”.

Han pasado 33 años, y la fortaleza del testimonio de ALVARO ULCUE CHOCUE vive en la dignidad de los pueblos del Cauca que afirman sus derechos, su dignidad. Esos pueblos exhuman hoy la memoria, la causa por la cual fue asesinado el sacerdote indígena, la concentración de la tierra, la imposición de un modelo de desarrollo que privatiza el territorio, que comercializa la vida. Por ello,


ALVARO ULCUE… en la Memoria
ALVARO ULCUE… Sin Olvido



Sin Olvido

jueves, 12 de octubre de 2017

Masacre Vereda El Tabor




Palestina, Huila octubre 1985

En la madrugada del 11 de octubre de 1985, hace 32 años, hasta la vereda El Tabor en el Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, según testimonios, miembros del ejército nacional con apoyo de la policía local, llegaron hasta la vivienda donde se encontraba Martín Humberto Coy, Jesús Tunjo y Jaime Loaiza  y luego de torturarlos les asesinaron y los arrojaron al lado del camino.

El crimen de los 4 campesinos marcó el inicio del exterminio contra el movimiento político Unión Patriótica, surgido de los acuerdos de paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancourt y la guerrilla de las Farc E.P en el año 1984.

En la memoria de familiares y vecinos sigue presente el dolor por el daño a la vida y la afectación a una iniciativa productiva y organizativa truncada en la región y se aguarda la esperanza de que en el marco de la implementación de los acuerdos se generen las condiciones para restaurar la vida, la memoria, la verdad, y se construya la paz con justicia socio-ambiental y desarrollo integral para las y los campesinos e indígenas de la región.



Palestina, 32 años de memoria.

El Tabor, 32 años Sin Olvido. 











martes, 3 de octubre de 2017

Luis Fernando Lalinde Lalinde




3 de octubre de 1984 - 3 de octubre de 2017


Memoria y Justicia


Luis Fernando Lalinde, estudiante de sociología, militante de Partido Comunista Marxista-Leninista fue detenido arbitrariamente, torturado, desaparecido forzadamente y ejecutado extrajudicialmente entre el 3 y el 4 de Octubre de 1984 por efectivos militares del batallón de Infantería.


Integrantes de una patrulla contra-guerrilla en el caserío de Verdun, municipio de El Jardín, Antioquia, tomaron la decisión de detener arbitrariamente a Luis Fernando, en medio de un escenario en que se hablaba de diálogos para la paz, y en que los amantes de la violencia no descansan. Desde ese día su madre es parte de la historia de la dignidad, la expresión de la mujer que cree, que desde las entrañas rompe las urdimbres del poder, la de una hermana que en la estética expresa el dolor en esperanza, en que ellas y él se convierten en gestoras de una epopéyica popular

Luis Fernando fue conducido a una pesebrera donde luego de ser atadas sus manos, fue torturado. Lo amarraron de la nuca con un lazo a una viga y "lo subían y bajaban" mientras era golpeado brutalmente. Después,  los mismos miembros del ejército, lo llevaron a la escuela y lo amarraron a un árbol. Actuando sobre la seguridad del terror continuaron las torturas en presencia de adultos y niños del lugar. Sus victimarios, los integrantes de la patrulla de Contraguerrilla – Compañía “Condor”, comandada por el capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, el subteniente Samuel Jaimes Soto, el subteniente Jaime Andrés Tejada González y el cabo primero Medardo Alberto Espinosa Areiza y 16 soldados más, no ocultaron su inhumanidad.

Al anochecer  a Luis Fernando lo trasladaron en un camión militar con dirección al municipio de Río Sucio, en el departamento de Caldas. Este día fue el último en que Luis Fernando fue visto con vida. Su cuerpo fue despojado de su nombre y puesto con el alias de “Jacinto”, la pretensión justificar su muerte como un acto legal y legitimo de las fuerzas militares contra un guerrillero, porque lo que se llaman hoy falsos positivos, desde 1964, siempre han existido, solo habrá que consultar el anverso de los manuales contrainsurgentes de las fuerzas militares de Colombia.  El comandante de la brigada 8 en Armenia, Coronel Héctor Julio Ayala Cerón comunicó a los Familiares de Luis Fernando que tenía reportado 13 cadáveres sin identificación entre los cuales se hallaba un alias “Jacinto”.

Pero no todo podía ser perfecto. El sueño, el afecto materno, la pasión familiar,  la comunicación que supera la muerte biológica fue desmoronando poco a poco tanta impunidad estructurada meticulosamente para evitar que ningún ápice de justicia fuera posible.

El Juez 13 de Instrucción Criminal concluyó en 1986 que  “Jacinto” era Luis Fernando. Una verdad afirmada por su madre a pesar de tanto engaño institucional. Un año antes, la decisión de la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares, a través del General Nelson Mejía Henao, decretó archivada la investigación por “falta total de pruebas”, pero como siempre ha sido la justicia con los crímenes de Estado, el fallo reconocia la detención de Luis Fernando, sin pronunciarse sobre su asesinato y desaparición forzada, sin vincular al militar que disparó, el Teniente Tobo Peña. En 1998 el estado colombiano fue condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ese sueño persistente el de parajes, el de un árbol una y otra vez se convirtieron en la comunicación perfecta, el mensaje escuchado de la madre de la expresión del hijo diciendo: “aquí estoy, encuéntrame”. Es el afecto que vence la muerte. Sí,  así Doña Fabiola iba develando la verdad, por encima de expedientes judiciales que llevaban a la impunidad, a negar quién era su hijo….. y hallados los restos solo fue hasta el 19 de noviembre de 1996 en la ciudad de Medellín, que por fin Doña Fabiola, Adriana y su hermano lograron inhumar a Luis Fernando.

Desde hace más 30 años los sueños son el signo de la verdad y de la vida. Nunca tan claramente ese amor en libertad condujo a la verdad, nunca fue tan cierto que los sueños son verdad. Desde ese día, desde todos estos días que suman cerca de 10 mil, esa memoria es colectiva, los sueños de millares de madres son la verdad, son la realidad que la justicia no ha querido esclarecer, son la exhumación de millares de restos de desaparecidos forzados, son la verdad de más de 60 mil desaparecidos que ahora con la paz se quieren negar, como si nunca hubieran existido, como si el Estado Colombiano, nunca hubiera desaparecido a ningún ciudadano.

Luis Fernando Lalinde Lalinde en la memoria, Luis Fernando Lalinde Lalinde Sin Olvido

lunes, 4 de septiembre de 2017

Tulio Enrique Chimonja


Tulio Enrique Chimonja, Conocido como “TULIN”, campesino, labrador de la tierra, a sus 33 años de vida, padre de 7 hijos e hijas fue desaparecido forzadamente el 3 de septiembre de 1983, en la Vereda El Tabor, Municipio de Palestina, en el sur del Departamento del Huila, cuando hombres armados que se identificaron como miembros del 13 frente de las Farc, llegaron durante la noche hasta su vivienda, solicitando que debía acompañarlos para responder unas preguntas pero que al amanecer estaría de vuelta con su familia.

La búsqueda, la espera, la exigencia por su regreso, completan 34 años y los daños causados a su familia son irreparables.

Hoy su esposa, sus 7 hijos e hijas, sus 5 nietas y 3 nietos seguimos reclamando nuestro derecho a la verdad, nuestro derecho a saber qué pasó con nuestro padre, esposo y abuelo, nuestro derecho a la reparación integral.

A pesar del daño, a pesar del vacío, a pesar de la incertidumbre por nuestro ser querido desaparecido, hoy somos una familia que lucha por la paz con justicia social y ambiental, somos una familia de fe, una familia que lidera propuestas agroambientales, que protege la biodiversidad y que hacemos parte de CONPAZ, comunidades construyendo paz en los territorios, porque aportamos a una paz estable y duradera con propuestas concretas, porque seguimos afirmando el derecho a la memoria, el derecho a la tierra, el derecho a la vida como campesinos y el derecho que tenemos como humanidad para que crímenes como la desaparición forzada no se repitan nunca más.

Tulio Enrique Chimonja en la Memoria.
Tulio Enrique Chimonja Sin Olvido.

jueves, 24 de agosto de 2017

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta


A veces me parece que el tiempo no pasara desde ese agosto de muertes, exilio y horror de 1987. Hace treinta años asesinaron en Medellín, entre muchos, a Pedro Luis Valencia, Luis Felipe Vélez, Héctor Abad y Leonardo Betancur. Poco antes o después mataron a muchos otros profesores y estudiantes universitarios en la ciudad.

Y hoy siguen matando a los nuevos líderes y defensores/as de la vida, los derechos, la tierra y la dignidad en todas las regiones del país.

Parece increíble que los crímenes de hace treinta años todavía sigan impunes. Que la impunidad se haya convertido en combustible de nuestras violencias y en una especie de condición fatal de nuestra vida en sociedad. Y que los crímenes de hoy sigan cubiertos por el mismo manto de dudosa y desesperante impunidad. Parecería, además, que los asesinatos de hace treinta años tuviéramos que entenderlos y aceptarlos, resignados, como parte de la guerra irregular que padecimos en el último medio siglo. Y que los de hoy fueran el coletazo de la misma guerra y tuviéramos que aceptarlos pasivamente como el costo inevitable de una paz esquiva.

No mataron al azar ni de manera improvisada a los líderes de los ochenta. Los seleccionaron bien para que el mensaje fuera claro: decapitar el pensamiento crítico, los liderazgos sociales y las organizaciones políticas y populares. Quitarle piso y legitimidad a la defensa de los derechos humanos. Y, con el asesinato del profesor Abad, un liberal valiente e inteligente que llegaba a sus 66 años y ya sólo quería cultivar sus nietos, sus amigos y sus rosas, intimidarnos a todos haciéndonos sentir que la próxima víctima podía ser cualquiera de nosotros.

La prepotencia de los perpetradores los llevó inclusive a dar preavisos. Al doctor Abad lo incluyeron en una lista de amenazados de la que él, en su mezcla de humor e ingenuidad, dijo sentirse honrado por la calidad de los demás señalados. Y a Leonardo, ocho años antes de asesinarlo, lo detuvieron y encarcelaron sindicándolo de subversivo por atender a un campesino acusado después de guerrillero. Abad le llevó entonces a Leonardo sus estudiantes a la cárcel. Y éste empezó su clase en cautiverio con la célebre frase: “como decíamos ayer…”. Ambos enseñaron desde allí, a sus alumnos y a los demás prisioneros, lecciones imborrables de libertad, dignidad y coherencia.

No sólo fue letal aquel agosto de 1987. Según una tesis doctoral, entre 1985 y 2005 sólo en Antioquia fueron asesinados 398 docentes, un promedio anual de 20. La inmensa mayoría, 91%, eran maestros de primaria y secundaria, y 21 - 5% del total - docentes de mi Universidad de Antioquia. Todos eran, al mismo tiempo, líderes sociales, defensores de derechos humanos, o sindicalistas y militantes de organizaciones políticas. ¿Quién los mató? No se ha podido (o querido) demostrar de manera inequívoca hasta ahora. Pero todo indica que fueron organizaciones paramilitares, agentes de seguridad del Estado y grupos guerrilleros. Es de esperarse que, con valor, rigor y ecuanimidad, las distintas instancias de la Justicia Especial para la Paz aclaren por fin la verdad y hagan justicia.

Cuando se pensionó en 1982, le dije en un homenaje al doctor Abad: “el sembrador siempre nace”. Se lo repetí, ya él ausente, al conmemorar 20 años de su muerte. Y hoy se lo repito a él, se lo digo a los 398 maestros/as asesinados, y a todos los líderes que siguen siendo víctimas de este exterminio que no cesa.

A mediados de ese agosto trágico de 1987, todavía en compañía de Abad y Leonardo, titulé mi intervención en las exequias de Pedro Luis Valencia: “muertes que son semillas”. Hoy, treinta años después, puedo decirles a ellos, a todas las víctimas de asesinatos político-sociales y a los que todavía seguimos vivos, que efectivamente sus muertes sí fueron semilla. Que sus semillas siguen germinando. Y que, si al fin aprendemos a convivir con justicia, dignidad y sin matarnos, sus muertes no fueron en vano.

Saúl Franco,
Médico social.


Bogotá, 23 de agosto de 2017.

domingo, 13 de agosto de 2017

JAIME GARZON FORERO


Agosto 13 de 1999 - Agosto 13 de 2017


Con su risa de dientes desordenados, un pensamiento que le daba vuelco a los análisis políticos, que aun hoy siguen vigentes en la historia de Colombia. Constructor de paz y de una cultura política con el humor, entre la indignación y su fuerza por aportar a este país gente con opinión. Jaime se abrió camino entre cientos de colombianos que lo quisieron, respetaron y siguieron, incluso después de cegada su vida.



Ese 13 de Agosto a muy tempranas horas, cuando iba camino a su trabajo en la radio, Jaime fue interceptado en el barrio Quinta Paredes, en la ciudad de Bogotá; dos sicarios que se transportaban en una motocicleta de alto cilindraje, con placas ocultas, le dispararon en 5 ocasiones causándole la muerte. Sí, ese día despedimos a nuestro querido Jaime Hernando Garzón Forero, el estudiante abogado que fue más allá de las leyes, el que desafió la amargura y el dolor con su apropiada capacidad de reírse de sí mismo y de todas las formas de poder.



Su humor creativo y directo no era bien visto en sectores de poder. A éste, le aterra la risa y la burla de sus pequeñeces. Por eso, algunos molestos incitaron el crimen. Testigos ya asesinados de la banda La Terraza manifestaron que sabían de esas molestias, entre ellas las de Jorge Enrique Mora, el enlace con los paramilitares del alto mando militar, Coronel Plazas Acevedo, y a través de éste Carlos Castaño, quien también sabía de la animadversión de empresarios antioqueños, quienes encontraron la legitimación para asesinarlo.



Su mirada estructurada del país se reflejó en diversos personajes. Estos encarnaron vidas anónimas que expresaban el sentir nacional respecto a sus dirigentes, políticos, militares, eclesiásticos o actores sociales que expresan esas visiones plurales de Colombia. Dioselina Tibana, la cocinera tolimense del Palacio de Nariño que contaba las intimidades del gobierno;Néstor Elí el vigilante del edificio Colombia; Inti de la oz la joven reportera pos moderna, espotánea, ingeuna o ignorante, el Godofredo Cínico Caspa, la extrema derecha del país, el John Lenin, el estudiante idealista de la universidad pública.


Sus actuaciones humanitarias y su crítica al establecimiento desencadenó graves acusaciones del entonces Comandante del ejército colombiano, Jorge Enrique Mora Rangel, quién aseguró falsamente que Garzón era colaborador de una de las guerrillas colombianas. Esa fue la ambientación para la persecución a Jaime, así este altísimo general no lo reconozca y pretenda lavar su responsabilidad. Como este general, hoy parte de la delegación del gobierno que se mantiene en diálogos con las FARC en la Habana y quienes instigaron y se beneficiaron del asesinato de Jaime, continúan en libertad. El delegado de la paz Mora Rangel pretende pasar de agache y abandonó a Rito Alejo del Río, cuando lo había protegido para ser parte del plan de éste asesinato.

La investigación de su asesinato que se inició como siempre de manera exahustiva, hoy continua con avances parciales obstaculizada por descarados mecanismos de impunidad. Aun permanecen ocultas las pruebas que junto a la constante eliminación de testigos y la desviación de la investigación con montajes han permitido que este caso siga en la impunidad.

El nombre de uno de los militares responsables del crimen fue dado a conocer por miembros de la banda la terraza en un reportaje; la versión fue silenciada rápidamente, los sicarios fueron ejecutados y la prensa se abstuvo de hablar.

En 2009, el paramilitar conocido como 'El Alemán' aseguró ante fiscales de Justicia y Paz que el "crimen de Garzón fue un favor de él a oficiales del Ejército".


En 2012 los abogados de la familia de Garzón pidieron ante la fiscalía vincular como instigadores del crimen a los militares Harold Bedoya, Jorge Enrique Mora y Rito Alejo del Río.



Durante más de diez años, la Fiscalía incumplió la orden judicial que ordenaba investigar el complot adelantado con el animo de desviar el caso de Garzón.

Y por el tiempo que ha pasado, ya muchos de los funcionarios del DAS que cometieron delitos para impedir que los responsables del asesitato del humorista pagaran por este crimen, tienen procesos que han precluido.

Ninguno de los militares, políticos y empresarios responsables del asesinato han sido investigados. Sin embargo a pocos días de la conmemoración del 15avo aniversario de su asesinato, se conocieron nuevas versiones. Esta vez del paramilitar Libardo Duarte, que afirmó que el ex subdirector del DAS José Miguel Narváez, dió la orden de asesinar a Jaime, y sostuvo que éste mantenía una amistad con el jefe paramilitar Castaño, también afirmó que Narváez afirmaba frecuentemente que Jaime Garzón, sin cargar un fusil, era guerrillero del EPL.

A finales de julio de 2014 se conoció también que el coronel del Ejército Jorge Eliécer Plazas Acevedo, quien se fugó de la escuela de artillería en 2003, en donde se encontraba recluido por otros delitos, y que desde ese entonces hizo parte del grupo paramilitar al mando de alias cuchillo en los llanos orientales; fue señalado por la fiscalía general de la nación por el asesinato de Jaime y fue capturado en el parque San Martin Meta. Este mando militar en su momento fue la mano derecha del general Retirado Rito Alejo del Río, quien hoy también se encuetra condenado por su vínculo con paramilitares y la comisión de asesinatos en el chocó que provocarón el desplazamiento de cientos de familias en el Cacarica, Plazas Acevedo acusado de ser coautor en el asesinato de Jaime, hoy tendrá que responder.

Por su parte el General retirado Rito Alejo del Río también será llamado a indagatoria por este crimen.

Para nadie que conozca de cerca los acotecimientos de este asesinato, es una novedad que los extraditados en los Estados Unidos a través de Diego Fernándo Murillo recibieron la orden de asesinarle.

El homicidio de Jaime Garzón continúa impune, en medio del pacto de silencio y la inoperancia institucional. Jaime Garzón quien nació con una generación de Colombianos continua desde sus centenares de emisiones, siendo parte de la memoria colectiva, aparece como un profeta que avisoró la cultura autoritaria del uribismo santismo, la debacle de las formas democráticas, las sin salidas del conflicto armado y la necesidad de otra democracia. El asesinato de Jaime es evidentemete otro crimen de Estado, verdad que se quiere negar socialmente y en las verdades a medias.


Hoy esperamos que la justicia trascienda más allá de unas condenas, investigaciones y reparaciones administrativas. El asesinato de Jaime y la justicia que se haga en torno a este, deberá ir mas allá de lo que para muchos significa el sentido de la no impunidad. Este caso como el de muchos otros colombianos deberá trascender a lo largo de la historia de nuestro país, de nuestras vidas como seres humanos, como habitantes de este planeta en un sistema impuesto por nosotros mismos y del que deberemos aprender a liberarnos.

Debemos creer, aprender, comprender el significado de la hermosa frase construida por los indígenas Wayúu quienes en compañía de Jaime le daban sentido en su propia lengua a la Constitución Política de Colombia del 91, para los indígenas el artículo 11 de la constitución tomaba este significado: pedazo 10 – 2; "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente”.



Y esto fue lo que Jaime por años nos compartió además de ofrecernos la posibilidad de cambiar el mundo a través de la risa.


JAIME GARZON ES HOY PARTE DE LA MEMORIA COLECTIVA
JAIME GARZON SIN OLVIDO

miércoles, 9 de agosto de 2017

Manuel Cepeda Vargas




Agosto 09 1994- Agosto 09 2017

Poema Siete Caballitos



Siete caballitos tienen la semana Y no se sabe cual va más cargado de gente 

Cuál va más tísico Más cercano a la tumba. 


Cada hora es un día, Cada día un año, Cada año es un siglo. 

Buen día, mal día caballito, Espero que los hombres te envidien la hombría 
Que la muerte tenga piedad de ti. 

Eres obrero sin derecho de huelga, Prohibido espantarte, 
Prohibidos pactos colectivos Y mucho menos pliegos petitorios. 

Estamos en la pre- esclavitud. 

Y una locomotora arrastra todos los vagones 
Y el humo oscurece el rostro del caballo de fuerza, 
Tomo mi café 
Como mi pan 
Y oigo cómo relinchas en cada miligramo de alimento.
Siete días tiene el padecimiento, 
Siete caballitos 
Arrastran el carro de la muerte. 



Si el poeta, también el pintor, el curador, el coleccionista; si evidentemente, el humanista, pues no era un político como cualquiera, no era el politiquero, por esas virtudes de los hombres que luchan por valores profundos de la humanidad y de la justicia, el 9 de Agosto de 1994, dos días antes de la posesión de Ernesto Samper, integrantes del establecimiento habían decidido su asesinato, operacionalizado por militares y paramilitares. Con su asesinato se selló la barbarie de una democracia incapaz de posibilitar nuevas expresiones frente al bipartidismo excluyente, con su crimen se iba cegando la posibilidad de la existencia parlamentaria de la Unión Patriótica. 

Su voz es parte de la memoria de la esquiva paz con justicia social que necesita Colombia, negada a varias generaciones de colombianos. Manuel nació en Armenia el 13 de Abril de 1930. En 1952 mientras cursaba sus estudios de derecho en la Universidad del Cauca ingresó al Partido Comunista Colombiano. En 1958 en el Octavo Congreso del PCC fue elegido como miembro del Comité Central, encargándose así de reconstruir la Juventud Comunista Colombiana JUCO, en la cual ocupó la Secretaría General. 

En 1960 se casó con Yira Castro con quien tuvo dos hijos, María e Iván Cepeda Castro, hoy miembro de la Cámara de Representantes por el Polo Democrático. Cuatro años después de su matrimonio es detenido y llevado a la Cárcel Modelo de Bogotá. Allí entre las rejas, escribió un libro de poemas titulado Vencerás Marquetalia. 

En 1992 fue nombrado Secretario General del PCC en medio de un genocidio que ya cumplía cerca de 5 años. Para ese año, el genocidio contra la UP ya contaba con más de tres mil víctimas entre asesinados y desaparecidos forzados, masacrados colectivamente. Un año después, en 1993, Cepeda denunció la existencia del plan denominado “Golpe de Gracia”, un golpe final de exterminio de la UP, del cual el sería su víctimas tiempo después. El Estado colombiano no adoptó ninguna medida para evitar el exterminio de esta expresión política conocida como la Unión Patriótica. 

Hoy hace 23 años, el 9 de Agosto de 1994, cerca de las 9 am, un esteta del bien común, luego de salir de su casa en el barrio popular de Kennedy, cuando se dirigía al Congreso de la República fue interceptado por sicarios que iban en un Renault 9, quienes con la mentalidad del hombre servil, del hombre esclavo de la muerte, de quién odia la vida, dispararon para intentar que nunca más en Colombia, se alzarán voces, ideas, sentimientos y propuestas como las de Manuel. 

En su crimen participaron los Suboficiales Hernando Medina Camacho y Justo Gilberto Zúñiga, expresión de los mandos militares de la época, con integrantes de la estructura paramilitar de Carlos Castaño. El General Rodolfo Herrera Luna, quien había sido señalado de ser uno de los autores intelectuales murió de un infarto. Hoy tantos años después, para intentar asegurar la impunidad, los victimarios en altos mandos, de ayer y de hoy, y los que ordenaron el asesinato de Manuel expidieron la misma pena a testigos y autores materiales, a familiares de los victimarios, amenazas, presiones y asesinatos. Es más, sustrajeron piezas procesales sustanciales que orientaban la investigación a altos mandos militares y desde allí a personas que hoy sigue posando de hombres probos, empresarios y políticos honestos, disfrutan de la libertad, de pensiones y privilegios castrenses, otros hoy siguen gozando de sus cargos y otros gozan de sus grandes negocios. 

En diciembre de 1999, cinco años después del asesinato del Senador Manuel Cepeda un juez penal de Bogotá impartió una sentencia condenatoria de 43 años, a los Suboficiales Justo Gil Zúñiga y a Hernando Medina. La pena no se cumplió pues se demostró que mientras los dos suboficiales debían estar cumpliendo la pena, estos participaron en el asesinato del teniente José Simón Talero. 

Tratando de asegurar la impunidad, la esposa y una de las hijas del testigo principal fueron desaparecidas, otros testigos que sostenían la culpabilidad de Castaño se retractaron y ciertas piezas probatorias fueron destruidas y los familiares del senador Manuel Cepeda tuvieron que abandonar el país por amenazas de muerte. 

En junio de 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos encontró responsable al Estado Colombiano por el asesinato del Senador Cepeda, un Crimen de Estado, en el que participaron miembros de altos mandos militares, miembros de la fuerza pública y jefes paramilitares. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos resaltó además que el asesinato de Cepeda ocurrió mientras en el país vivía una persecución contra militantes de la Unión Patriótica, a la cual él pertenecía. 

En mayo de ese mismo año, Jesús Emiro Pereira alias “Alfonso” o “Huevo de Pisca”, concuñado de los hermano Castaño, manifestó haber acompañado a los sicarios hace 21 años para asesinar al Senador Manuel Cepeda. 

La Fiscalía General de la Nación le dicto medida de aseguramiento y le acuso bajo el delito de complicidad, además en una declaración fechada del 2 de julio de 2010 ante el fiscal delegado ante la Corte Suprema de justicia, alias “Huevo de Pisca” indico que él era el enlace entre Carlos Castaño y el ex Vicepresidente de la República, Francisco Santos. 

La cadena de mando, la estructura criminal 22 años después no es conocida ni sancionada penal ni socialmente. Hay que volverlo a decir, otros autores intelectuales y beneficiarios de este crimen continúan en libertad disfrutando poder económico, políticos. 


El 29 de mayo del 2014 la Fiscalía General de la Nación declaró el asesinado del Ex senador Manuel Cepeda como crimen de lesa humanidad. 

Basándose en que el asesinato se había cometido en los ataques que lograron exterminar el partido político.

Hoy recordamos Manuel es memoria colectiva, en sus hijos, en millares de militantes de la UP, que parecen anónimos, en medio de voces que en Colombia continúan afirmando el derecho a la paz en una nueva democracia, en medio de decenas de vidas que guardan con esperanza que en Colombia, más tarde que nunca, sea posible otro país. Allí en esas miles de vidas, de voces, de silenciados se camina en la Memoria con Manuel Cepeda, Manuel es parte de nuestra Memoria Colectiva.

Manuel Cepeda Vargas  en la Memoria.
Manuel Cepeda Vargas  Sin Olvido. 

martes, 20 de junio de 2017

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón


20 de Junio de 1996 - 20 de Junio 2017

Hace 21 años el jueves 20 de junio de 1996, asesinaron a Pedro Malagón y a su hija Elda Milena Malagón en la ciudad de Villavicencio.


El día del asesinato, Pedro se encontraba en el antejardín de su vivienda en el barrio “El Paraíso”, cuando aparecieron en su residencia un grupo de hombres armados de la estrategia militar encubierta del Batallón 21 Vargas de la brigada séptima del ejército y dispararon en contra de Pedro. Elda Milena quien tenía 17 años de edad, intentó proteger a su padre abrazándolo, pero murió en el intento.

Pedro Malagón fue diputado a la Asamblea Departamental del Meta por la Unión Patriótica, integrante del comité cívico de Derechos Humanos del Meta, muchos de los miembros ya habían sido asesinados, y él ya había recibido diversas amenazas de muerte y varios atentados, uno de ellos fue organizado por Pedro Bárreto, comandante del puesto de policía de Medellín del Ariari en conjunto con los paramilitares bajo el mando de Víctor Carranza el 11 de febrero de 1987.

La familia Malagón siempre fue perseguida por amenazas de muerte, por lo cual se vieron obligados a huir de los caseríos de Viotá, en Cundinamarca, para refugiarse en el Ariari, explorando otros horizontes donde existiera menos violencia. Desde ese entonces Pedro siendo menor de edad se consagró al campo con sus padres.

Pedro Creció en el Meta, presenciando todos los cambios organizativos de los movimientos agrarios, por eso desde su juventud se interesó por las luchas de la tierra y su comunidad, logrando ganarse el afecto de las personas que lo rodeaban. Como militante y defensor viajó de un lado a otro, entre los municipios de , Granada, El Castillo, Lejanías y Mesetas. Tiempo después de nacer la Unión Patriótica, fue elegido como diputado a la asamblea del Meta y posteriormente concejal del Castillo.

Conocido por ser un campesino sin temor a tomar nuevos riesgos en medio de los crímenes cometidos contra la Unión Patriótica, comenzó con su vida política en 1984, siendo reelegido nuevamente a la Asamblea de la región del Castillo en 1996.

Para ese entonces ya habían más de 500 asesinados todos miembros de la Unión Patriótica en el departamento del Meta, entre estos 500 se encontraba el diputado Rafael Reyes Malagón, hermano de Pedro, el senador Pedro Nel Jiménez, varios alcaldes, decenas de concejales y cientos de activistas.

Pedro, Cada vez que iba a su oficina de diputado en Villavicencio recibía amenazas. Y unos días antes de su muerte, el ejército allanó la casa del partido comunista, . Decomisando varios accesorios de seguridad como revolveres chalecos antibalas pertenecientes al servicio de seguridad de Pedro.

El 20 de junio de 1996, sintiéndose más seguro en casa y agobiado por un dolor de ojos, decidió no ir a su oficina. A las 6 de la tarde salió al antejardín de su casa para examinar unas reparaciones que adelantaba.

En el momento, dos sicarios, de los cuales Pedro ya identificaba como uno de los que lo había amenazado en repetidas ocasiones, y quienes habían rentado una habitación en la casa de enfrente, atentaron contra la vida de Pedro entrando repentinamente al patio en donde el se encontraba con su hija Elda, una vez adentro les disparo. Pedro recibió un disparo en la cabeza y Elda queriendo proteger a su padre, recibió dos disparos que también acabaron con su vida.

El día del sepelio, acudieron miles de campesinos, recordando a Pedro como un acompañante excepcional en la lucha por la tierra, el que siempre estuvo presente por la defensa de los derechos de su comunidad, el que tenía un carisma que los envolvía de alegría, el “viejo Peter” así lo llamaban de cariño, asesinado a sus 60 años de edad. Obligado a dejar a su familia de siente hijos y su esposa.

Protegiendo a su padre con un abrazo, Elda Milena también perdió la vida, ambos, padre e hija, asesinados por la estrategia militar encubierta de la brigada 7 del ejército.

El recuerdo de Pedro y Elda queda en la memoria de los familiares, de los campesinos de la región, de los sobrevivientes que tienen la posibilidad de terminar los sueños, las afirmaciones de derechos sobre la tierra, la verdad y la justicia.

La justicia internacional culpó al Estado por negligencia en la protección de Pedro Malagón y fue sentenciado por la Comisión interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, no hay investigados, no juzgados, ni condenados, este crimen continua en la impunidad, los asesinos materiales e intelectuales de Pedro y Elda gozan de libertad.

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón en la Memoria.
Pedro Malagón y Elda Milena Malagón SinOlvido.

miércoles, 7 de junio de 2017

DIA DEL ESTUDIANTE CAIDO


8 Y 9 DE JUNIO DE 1954- 8 Y 9 DE JUNIO DE 2017
“Que vivan los estudiantes
que marchan sobre las ruinas        
con las banderas en alto
va toda la estudiantina” Mercedes Sosa

Porque son la levadura del pan, los pajaritos libertarios dispuestos con su ciencia a transformar el corazón colombiano. Hoy hacemos memoria, porque es una necesidad recordar quiénes son los estudiantes caídos. Las paredes de la universidad gritan lo que los medios de comunicación callan, y en los pasillos se oye la voz de Gonzalo Bravo Pérez y Uriel Gutiérrez.

El espíritu estudiantil es una historia con muertos  y torturados, de sexo en los salones y clases en las calles. Cada caído es una razón que anima a estudiantes a seguir construyendo frente por la educación publica y la paz. Hoy luego de más 60 años, conmemoramos en medio de la censura y el orden, el día del estudiante caído.

El 7 de junio de 1929, estudiantes se tomaron las calles para manifestar su repudio a la masacre de las bananeras y el nombramiento del General  Cortés Vargas durante el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez.

Durante la protesta es asesinado Gonzalo Bravo Pérez,  estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, quien se dirigía hacia un café cuando fue alcanzado por un disparo de la Guardia Presidencial. El 9 de Junio de 1929, gran cantidad de personas asisten a su entierro y la Universidad Nacional se mantiene en paro exigiendo investigación sobre los hechos.

25 años después,  en medio del conflicto bipartidista, se impone la dictadura del General Gustavo Rojas Pinilla; el 8 de Junio de 1954, nuevamente los estudiantes en un acto de memoria y dignificación deciden protestar en las calles recordando a Gonzalo Bravo Pérez, ese día respondieron a los estudiantes con una arremetida violenta por parte de la fuerza publica.

Cuando los estudiantes se devolvían hacia la institución universitaria, la policía dio orden de desalojo del campus Universitario,  a lo cual la comunidad universitaria se rehusó a acatar, minutos después, un camión del ejército disparo una ráfaga sobre los estudiantes acabando con la vida del compañero Uriel Gutiérrez.

El cuerpo de Uriel fue llevado a la Facultad de Derecho, donde los estudiantes solicitaron una investigación del caso por el gobierno y la destitución de las directivas de la Universidad.

Al día siguiente,  mas de 10000 estudiantes de distintas universidades sin ningún temor frente a lo ocurrido, volvieron a las calles en respuesta del asesinato, y deciden tomar la calle 26, luego la carrera séptima y llegar a la actual avenida Jiménez.

El entonces Batallón Colombia del ejército, reconocido por haber participado en la guerra de Corea, detiene la marcha y comienza a abrir fuego contra el movimiento estudiantil, asesinando 11 personas, entre ellas los compañeros Álvaro Gutiérrez, Elmo Gómez Lucich, Hernando Morales, Rafael Chaves Matallana, Jaime Moure Ramírez, Hernando Ospina López, Hugo león Vásquez y Jaime Pacheco.

Luego de lo sucedido, Gustavo Rojas Pinilla declara Estado de Sitio y prohíbe cualquier tipo de movilización, entonces se declara el cierre de la Universidad Nacional y se detienen a más 500 personas.

Desde entonces los movimientos obreros, campesinos indígenas y juveniles nombraron el 8 y 9 de Junio como el día del estudiante revolucionario caído.

Esa misma tarde, Lucio Pabon Nuñez, ministro de educación en ese entonces, afirmó que las marchas habían sido infiltradas por grupos subversivos y que  los tiros iniciaron contra los soldados dejando dos muertos y siete heridos. El 9 de Junio de 1954, marcó el inicio de un movimiento estudiantil aguerrido que seria protagonista de la caída de Gustavo Rojas Pinilla.

Hechos como el de esta fecha, o como el 16 de Mayo de 1984, quedan escritos en la memoria de cada una de las Universidades, en cada pupitre del territorio nacional.

Aun hoy familiares y estudiantes siguen exigiendo el esclarecimiento de estos asesinatos, los hecho no pueden seguir a la sombra deshonesta del Gobierno, sin investigaciones exhaustivas.

Por eso la única forma de no olvidar es la movilización social, y la reivindicación por una educación digna y por un país en paz.

Estudiantes caidos el 8 y 9 de Junio de 1929 y 1954 en la memoria.
Estudiantes caidos el 8 y 9 de Junio de 1929 y 1954 sin olvido.

sábado, 3 de junio de 2017

Masacre de Caño Sibao

                                          Junio 03 1992- Junio 03 2017


Un 3 de junio, hace 25 años, en el departamento de Meta entre los municipios de Granada y El Castillo, se vivió uno de los capítulos más tristes de su historia, cuando un grupo de paramilitares asesinó a 5 militantes de la Unión Patriótica, en lo que se conoce como la masacre de Caño Sibao.



Una delegación de la Alcaldía del municipio El Castillo, integrada por María Mercedes Méndez de García, alcaldesa saliente de El Castillo por la Unión Patriótica, William Ocampo Castaño, alcalde electo de El Castillo por la Unión Patriótica, Rosa Peña Rodríguez, tesorera municipal, Ernesto Sarralde, coordinador de la Umata y Armando Sandoval, conductor de la alcaldía fueron víctimas de una masacre perpetrada por un comando paramilitar en connivencia con la VII Brigada y el Batallón Vargas del Ejército Nacional de Colombia, en el contexto del genocidio político contra la Unión Patriótica.



En Caño Sibao, sobre la vía que del municipio de Granada conduce a El Castillo, a 10 minutos de una base militar, eran esperados por un grupo combinado de militares y “civiles” armados de la estrategia paramilitar, al parecer al mando de un teniente de apellido Rojas, quienes al paso del vehículo lanzaron varias granadas y los ametrallaron, asesinando a María Mercedes, William, Rosa, Ernesto y Armando.

Dos horas antes, María Mercedes y el alcalde entrante, William, habían estado en la Brigada 7 del ejército en Villavicencio, reclamando condiciones de protección al ejercicio político de la Unión Patriótica y al trabajo en la región.

El gobernador del Meta, Armando Baquero, una vez enterado de la masacre solicitó a la Policía y al Ejército acantonado en El Castillo dirigirse a Caño Sibao para atender a los posibles sobrevivientes. Ni la policía ni el ejército se hicieron presentes, posteriormente dijeron que no fueron, porque posiblemente era una emboscada de la guerrilla.

En las investigaciones posteriores a la masacre, se pudo establecer que entre los autores se encontraban: Arnulfo Castillo o Hermes N. alias “Rasguño”, “Puntillón”, los hermanos Silva, paramilitares de El Dorado, que luego de la masacre se refugiaron en el Batallón 21 Vargas en Granada.

Víctor Carranza Niño, fue acusado de la masacre de Caño Sibao y de 18 procesos más y la Fiscalía lo detuvo. Fue juzgado, pero al final, salió exonerado con el argumento de que tales crímenes –sentenció la Juez Cuarta de Villavicencio, “eran imposibles de cometer por algún ser humano”. Se le acusaba también de dirigir en la región el genocidio de la UP en colaboración con altos mandos militares como el general Gil Colorado. 

Posteriormente, el Tribunal Superior de Villavicencio confirmó la condena a 30 años de cárcel contra Manuel de Jesús Pirabán, conocido como “Pirata”, como responsable por la masacre de Caño Sibao, a partir de declaraciones rendidas por uno de los paramilitares que participó en los hechos. 

“Pirata” se desmovilizó en Casibare (Meta) en abril del 2006 como comandante del “Bloque Héroes del Llano” y a partir de ese momento se acogió a la Ley 975 conocida como la “ley de Justicia y Paz”, con la cual no puede pagar penas mayores a 8 años de cárcel.

Los magistrados encontraron que el alcalde electo se encontraba en riesgo y que la reacción de las autoridades fue precaria, pese a haber conocido de las amenazas de muerte y la solicitud de dos escoltas presentadas con anterioridad.

Un fallo del Consejo de Estado condenó a la Nación y a la Policía Nacional por su responsabilidad en esa masacre que demostró la culpabilidad oficial por el exterminio de ese movimiento político de izquierda.

Han pasado 25 años de impunidad, de ausencia, de investigaciones imparciales. 25 años sin investigar la responsabilidad del Estado colombiano por Acción y Omisión. Han pasado 25 años del asesinato de María Mercedes, William, Rosa, Ernesto y Armando. 25 años del exterminio de un sueño, de centenares de crímenes de lesa humanidad en la región del Alto Ariari.

Al cumplirse 15 años la familia de María Mercedes y varias víctimas de de crímenes de Estado se reunieron en El Castillo para renombrar el parque de esa localidad, como Parque de La Memoria, en homenaje a las víctimas del conflicto armado en el Ariari e hicieron un rito que denominaron, ¡Nunca más!

Homenaje, afirmando el derecho a la memoria, expresado a través de un monumento en Caño Sibao, donde se juntaron las manos y fueron plasmadas junto a una placa conmemorando las vidas y sueños de los que han sido asesinados en este lugar.

“La Memoria es un derecho que nadie nos puede quitar, negar, manipular o utilizar… la Memoria es tan nuestra, como la raíz a la planta, como el tallo a la flor, y así igual de bella y frágil… la Memoria se debe cuidar, consentir, mimar… la memoria es parte de tu ser, esencia de tu vida… es de dónde vienes, donde estás y la que te acompaña en el andar… la Memoria no precisa de leyes o reglas, más que un que ya es tuya… PROHIBIDO OLVIDAR! Porque la Memoria evoca y convoca… mueve y conmueve… la memoria es resistencia al olvido, afirmando el derecho a saber, el derecho a la verdad, el derecho a exhumar los sueños… 

Maria Mercedes Mendez De Garcia, Wiliam Ocampo Castaño, Rosa Peña Rodriguez, Armando Sandoval y Ernesto Sarralde en la Memoria.

Maria Mercedes Mendez De Garcia, Wiliam Ocampo Castaño, Rosa Peña Rodriguez, Armando Sandoval y Ernesto Sarralde Sin Olvido.

viernes, 19 de mayo de 2017

Mario Calderón, Elsa Alvarado y Don Carlos Alvarado.

                                         Mayo 16 de 1997 - Mayo 16 de 2017




Murieron amándose, sus victimarios creyeron que la muerte podría vencer el amor, y no fue así. Sus amores superaron los límites hasta de los que pretendieron realizar un crimen perfecto. Elsa Constanza Alvarado Canchón y Mario Calderón Villegas, murieron en su recinto donde se amaron, donde soñaron, donde tejieron sus sueños, murieron al lado de su padre y suegro Don Carlos.

Elsa Alvarado nació en Bogotá el 4 de Diciembre de 1961, Comunicadora Social egresada de la Universidad Externado de Colombia, especializada en Tecnología Educativa en la Universidad Javeriana, integrante del CINEP, lugar donde conoció a Mario Calderón. Interesada sobre la democratización de la información, el peso de la opinión pública y el poder de los medios, poco antes de su asesinato, había empezado a trabajar en el Ministerio de Comunicaciones donde investigó la relación de las audiencia con los medios masivos, por lo que diseñó y dirigió numerosos talleres con el propósito de aportar datos en la investigación con niños y niñas y su acercamiento a la televisión. 

Mario Calderón nació un 13 de Octubre de 1946, durante toda su vida luchó por la defensa de los más vulnerables, por los indígenas de Tierralta en Córdoba y por los campesinos del Páramo del Sumapaz. En los 60 entró a la Compañía de Jesús, donde estudió Filosofía e hizo un master de Teología en la Universidad Javeriana. Siendo integrante del CINEP por más de 15 años, combinó la religión, la lucha por los demás y la investigación social. 

En 1987 junto al Padre Sergio Restrepo y en el marco del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús, estuvo en Alto Sinú y en San Jorge región Tierralta en Córdoba , donde fue nombrado coordinador del programa, en donde promovió procesos organizativos y aportó en la construcción de bibliotecas, pero el 1ro de Junio de 1989, paramilitares asesinaron al Padre Sergio Restrepo, por lo que la Compañía de Jesús decidió retirar a Mario de la región y al llegar al Cinep decidió abandonar los votos sacerdotales y dedicarse totalmente a la lucha ambiental, trabajando con ecologistas y campesinos en la región de Sumapaz donde fundó la Asociación Reserva Natural de Sumapaz, durante la administración de Bogotá a cargo de Antanas Mockus fue asesor cultural local del IDRD para la localidad de Sumapaz. 

Hace 20 años paramilitares acabaron con la vida de Elsa, Mario y el padre de Elsa, Carlos Alvarado, ese 19 de Mayo de 1.997 siendo las 2:00 a.m, 5 hombres armados vestidos de negro irrumpieron en su apartamento ubicado en el barrio Chapinero Alto en la Cuidad de Bogotá, la madre de Elsa, de 70 años, resulto herida gravemente pero fue la única sobreviviente junto con su nieto Iván de 18 meses, pues Elsa lo había logrado esconder en un closet. 

Los asesinos haciéndose pasar por agentes de la fiscalía amordazaron al portero y al llegar al apartamento tumbaron la puerta obligando a Mario, a Elsa y a los padres de ella a arrodillarse antes de que les dispararan con fusiles y pistolas. 

“Recuerdo ese día perfectamente, salí corriendo, me parecía mentira. Fuimos al apartamento, estaba lleno de policías. Fuimos al Cinep, estaba todo el mundo allá, decían que fueron los ‘paras’ en alianza con los policías de Chapinero pues llegaron al apartamento mucho después del crime…después del asesinato sentimos mucho susto, mucha paranoia. Colgamos una pancarta en la carrera Quinta que decía “Zona de masacre”. Sólo estuvo ahí dos horas, no sé quien la quitó”. 

El impacto de su muerte fue demasiado alto, un vacío enorme. Quedamos sin fuerza, con una tristeza absoluta. Teníamos todos bebés, ya no los dejábamos en la cama porque pensábamos que nos iba pasar lo mismo. Sentimos que el asesinato de Mario y Elsa fue un castigo a todas las ONGs” rememora María, vecina de Mario y Elsa. 

La única persona condenada por este asesinato e imputado por ser autor material del homicidio fue Juan Carlos González, La Corte Suprema de Justicia le impuso 40 años de prisión. Sin embargo los señalados como coautores del crimen, Alexander Londoño y Edward Melguiza, fueron absueltos por duda probatoria, pero Salvatore Mancuso y Éver Veloza alias “HH” enfrentan una investigación por su responsabilidad como autores intelectuales. 

Diego Fernando Murillo Alias “Don Berna” también fue vinculado al caso por la fiscalía en 2009 debido a las declaraciones de “HH” e Ignacio de Jesús Roldán alias “Monoleche”, quienes manifestaron que los jefes de los paramilitares que perpetraron los homicidios eran Don Berna y alias “Negro Elkin”, quien aparentemente fue asesinado. 

Por su parte alias “HH” aclaró que Carlos Castaño ordenó el crimen, pero que ellos participaron de forma directa e indirecta con la fuerza pública. 

Finalmente la extradición de los altos mandos paramilitares han obstaculizado la verdad y la justicia “Don Berna”, “HH” y Salvatore Mancuso se encuentran en Estados Unidos únicamente por el delito de Narcotráfico, “Doble Cero” y Castaño fueron asesinados y mientras tanto cientos de víctimas esperan que se haga justicia, que se sepa la verdad, que se dignifique la memoria de sus seres queridos, que se reparen los daños causados. 

Hoy seguimos contando los meses de impunidad, volvemos a revivir el dolor, la impotencia ante el terror, hoy seguimos clamando justicia, desempolvando la verdad, esa verdad que hoy los medios de comunicación entre novelas, noticieros y realitis quieren desdibujar, borrar, desaparecer. 

Por eso hoy recordamos a Mario, ese ser sensible, libertario, risueño, recordamos a Elsa la despampanante, ella, la de sonrisa amplia que le encantaba cocinar y bailar salsa, recordamos Don Carlos Alvarado, padre de Elsa asesinado junto a ellos. 

Hoy recordamos a Mario y Elsa, por sus valores humanos, por sus compromisos con la vida en todas sus expresiones, por el amor al prójimo, a la naturaleza. Por los sueños de tantos y tantas por un mundo mejor, porque sus vidas y convicciones son para los que quedamos, un ejemplo de esperanza y fuerza.

Elsa, Mario y Carlos en la Memoria 
Elsa, Mario y Carlos Sin Olvido

martes, 16 de mayo de 2017

Masacre de Barrancabermeja




Mayo 16 1998-Mayo 16 2017


19 años después, la verdad y la justicia sigue ocultándose, las víctimas y sus familias, saben quiénes son los responsables, pero su verdad no es acogida, es rechazada y es negada. 


El 16 de mayo de 1998, a eso de la 8:30 de la noche hora local, tres vehículos penetraron en la parte sur oeste de Barrancabermeja. Ese sábado, en el barrio El Campín del puerto petrolero de Barrancabermeja, se esparcieron las huellas por donde el terror lesionó socialmente, paralizó las apuestas de una región distinta. 

Los camiones transportaban entre 30 y 50 hombres con armas cortas y largas. Quienes también llevaban machetes y otro tipo de armas blancas. 

Los camiones siguieron su camino hacia el noreste por el perímetro sur de la ciudad. Se detuvieron primero en el bar La Tora y ahí los paramilitares al mando de alias ‘Camilo Morantes’ y alias ‘Panadero’, maltrataron a dos jóvenes y los obligaron a subir en uno de los camiones. Uno de ellos fue identificado como Jesús Valdivieso Pabón. Un ciudadano que pasaba por ahí en motocicleta fue detenido y golpeado por un miembro de las fuerzas paramilitares. 

Los camiones cambiaron después de rumbo dirigiéndose al norte, hacia una cancha de futbol en donde se realizaba un bazar popular. Más de cien personas estaban presentes y participaban en las actividades festivas, organizadas con el objetivo de recoger fondos para financiar un grupo infantil de danza. Los paramilitares se bajaron del camión y cercaron la cancha. Otros entraron a un salón de billar cerca de la misma y obligaron a varias personas a seguirlos mientras que los otros en el exterior, obligaron a todo el mundo a tirarse boca-abajo en el suelo, al tiempo que los calificaban de “guerrilleros” y les anunciaban el inicio de una guerra. 

Los paramilitares golpearon salvajemente a varias personas dándoles puñaladas y patadas. Después de haberle dado la vuelta a la cancha, los paramilitares escogieron algunas personas y las obligaron a seguirlos hasta los camiones. Una de las personas escogidas, Pedro Julio Rondón, no quiso subirse al camión y por haber resistido, un miembro del grupo paramilitar lo degolló delante de todas las personas reunidas allí. 

Los testimonios le permitieron al Tribunal determinar el nombre y la identidad de las personas secuestradas en Barrancabermeja el 16 de mayo de 1998. El número exacto es desconocido, pero se admite que las personas secuestradas en la cancha y que no se han vuelto a ver desde entonces son: 

Orlando Martínez, José Octavio Osorio, Wilfredo Pérez Serna, José Milton Cañas, Diego Fernando Ochoa, María Alejandra Ochoa, Geovanny Herrera, Oswaldo Vázquez, Ender González, José Reinel Campos, Fernando Landines, Oscar Leonel Barrera, Luis Fernando Suarez, José Javier Jaramillo, Nayr Guzmán, Eliécer Javier Quintero, Robert Wells Gordillo, Diomido Hernández, Daniel Campos Pérez, Carlos Escobar, Wilson Pacheco y Gary de Jesús Pinedo. 

Sus nombres aún viven, sus rostros la expresión de una persecución sistemática a través del rostro encubierto del Estado por medio de las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar. 

Cerca de veinte minutos más tarde, los camiones se dirigieron nuevamente hacia el sur. Un joven, llamado Jaime Yesid Peña, quien se encontraba en frente de su casa, fue también secuestrado por los grupos paramilitares. 

Tiempo después, los camiones entraron al barrio 9 de abril. Ahí, los paramilitares entraron en un salón de billar, obligaron al dueño a ponerse de rodillas mientras el cañón de un fusil estaba en su boca. Después detuvieron a los tres clientes que se encontraban en el lugar y se los llevaron a la fuerza. Los tres clientes fueron identificados como Daniel Campos Pérez, Juan Carlos Rodríguez Y Luis Argüello Solano. 

Paseándose a pie por el barrio, los paramilitares se acercaron después a un grupo de personas que jugaban tejo y tomaban cerveza. Uno de ellos intentó huir y fue perseguido por un paramilitar que disparaba su fusil en dirección a la casa en donde el civil trató de refugiarse. Otro que intentó huir recibió una bala en la pierna, mientras que otro paramilitar lo acabó acribillándolo de cuatro balazos. Esta víctima fue identificada como Germán León Quintero. 

En el mismo sitio, tres personas fueron capturadas y llevadas en un camión. A Carlos Enrique Escobar Jiménez, su hermano Melquisedec Salamanca Quintero y Carlos Arturo Alaix Prada, no se les ha vuelto a ver desde entonces. 

Siendo bloqueada la ruta principal, los paramilitares empezaron a disparar después hacia un pequeño bosque, en donde ciertas personas se habían escondido. 

Las fuerzas militares colombianas que se encontraban en el lugar, escogieron permanecer inmóviles y permitir que se perpetrara una masacre, sin intervenir. Las personas desaparecidas en ese momento fueron identificadas como Ricky Nelson García, Eliécer Javier Quintero Orozco, Luis Fernando Suarez, Wilson Pacheco y Gary Pinedo Rangel. 

Al día siguiente, a lo largo de la carretera que tomaron los paramilitares, fueron encontrados los cuerpos de algunas de las personas secuestradas, mientras que otro cuerpo fue encontrado cerca de la plaza La Esperanza: Jesús Argüello Solano, Diomidio Hernández Pérez, Eliécer Quintero Osorio, José Javier Jaramillo Díaz y Nayr Enrique Guzman. 

A pesar de que los periódicos informaron que las víctimas habían muerto por balas, ninguna autopsia fue efectuada por las autoridades del gobierno. En efecto, no se tomó ninguna fotografía, no se buscaron las balas y las autoridades tampoco reclamaron prueba balística alguna. 

Pasa cada año, entre el silencio, el olvido y la memoria que entre retazos pasa de calle en calle, donde los victimarios han pretendido imponer un modelo de sociedad. La justicia no ha esclarecido ni sancionado a quienes planificaron ni ordenaron este crimen, solamente ha individualizado unos cuantos autores materiales. 

En marzo de 2012 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga condenó a 39 años y 11 meses de prisión a alias ‘Cuca’, por su participación en la masacre. De acuerdo con la investigación, fue el hombre que manejó el camión en el que fueron transportadas las víctimas desde Barrancabermeja hasta zona rural de Sabana de Torres. 

En el año 2014 fueron capturados tres oficiales del Ejército y la Policía por la complicidad de la masacre de Barrancabermeja.

Otro llamado el "Chino Niño’ confesó su participación en la masacre y se acogió a sentencia anticipada e incluso le entregó información a las autoridades para que en septiembre de 2007 encontrarán seis fosas en las que hallaron igual número de víctimas. 

Hoy tantos años después de la masacre, los otros 19 cuerpos no se han encontrado y para asegurar la impunidad, algunas de las fosas donde enterraron a las víctimas de la masacre fueron saqueadas con el fin de borrar toda evidencia. 

Después de 19 años, las palabras de la carta que los familiares de las víctimas, dirigieron al entonces Presidente Ernesto Samper Pizano para sensibilizarlo de la tragedia que padecieron”, resuenan como un grito que no logra desmoronar la sordera del poder. La máscara de la impunidad que se hace llamar justicia no ha tomado en cuenta la constancia que estas dignas familias dejaron en su escrito del 28 de mayo de 1998. El Estado no ha devuelto con vida a los desaparecidos, no ha sancionado penal y disciplinariamente a todos los responsables de las atrocidades a pesar de que en el escrito se resalta que “en el sector donde ocurrieron los hechos se encuentran acantonadas dos bases del Ejército Nacional”. 

Desde el 2002 todo el proceso de la conocida Masacre del 16 de mayo se encuentra en instancias internacionales, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que a su vez trasladó el proceso a la Corte Interamericana de DDHH de la OEA. 

Una vez más el único camino hacia la verdad y la justicia se buscan lejos de las instituciones colombianas que impunemente, en su interior, siguen manteniendo y protegiendo criminales de lesa humanidad. 

Masacre de Barranca en la memoria 
Masacre de Barranca Sin Olvido