Mostrando entradas con la etiqueta Abogados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Abogados. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de abril de 2019

Carlos Salvador Bernal

9 de abril 2004 

Carlos Salvador Bernal fue Líder social, abogado, profesor universitario, miembro del comité permanente por la defensa de los derechos humanos, fue secretario general del partido comunista en Norte de Santander y a través de esto participó en la construcción del Frente Social, fue comisionado de Paz en dos ocasiones, en la Alcaldía de Cúcuta y en la Gobernación de Norte de Santander, en el momento de su asesinato era profesor de la Universidad Libre y del Instituto Politécnico Bolivariano, donde dictaba la cátedra sobre Derechos Humanos.

El 1 de abril de 2004 en Cúcuta, Norte de Santander, paramilitares de las AUC quienes se movilizaban en una motocicleta Yamaha RX 115 de color rojo irrumpieron a las 7:30 p.m., en un establecimiento público de comidas rápidas y dieron muerte de 4 impactos de bala en la cabeza a CARLOS SALVADOR BERNAL RAMIREZ, defensor de derechos humanos y actual secretario general del Partido Comunista, así como a CAMILO JIMENEZ ARENAS, su escolta y miembro del DAS, quien murió horas después en un centro asistencial. Durante el hecho resultó herida otra persona. 
Dos días después del asesinato de Carlos Salvador la Defensa Nacional emitió un comunicado diciendo: “Lamentamos el fallecimiento de Carlos Bernal y Su escolta Camilo Jiménez

En el 2007 en el marco de las versiones libres de la Ley 975 de Justicia y Paz, Iván Laverde Zapata conocido como “El Iguano”, afirmó su responsabilidad en el asesinato de Carlos Bernal, sin embargo su declaración fue una verdad fragmentada puesto que los demás responsables siguen bajo el amparo de la impunidad.

Su familia, sus amigos, miembros de organizaciones, mujeres y hombres de la región del Catatumbo, exigen incasablemente justicia y que sean investigados los actores intelectuales que es encuentran tras el asesinato de Carlos.

Carlos Salvador Bernal en la memoria
Carlos Salvador Bernal Sin Olvido 


domingo, 23 de diciembre de 2018

Ricardo Villa Salcedo

23 de diciembre 1992

En el mes de octubre intentaron linchar a un joven en el mercado de Santa Marta, la gente lo persiguió y casi lo matan a patadas y puños, unos policías lograron arrebatárselo a la turba que indignada gritaba “suéltalo, déjenselo al pueblo”. El muchacho era estudiante de bachillerato de un colegio público y le habían ofrecido doscientos mil pesos por tirar la granada. En el supermercado un señor de 60 años, una mujer y una niña de apenas 6 años habían muerto y más de 50 personas estaban heridas por las esquirlas. Dos días después de la audiencia de legalización de captura del joven, unos hombres armados llegaron a su casa en el barrio Galán y asesinaron a su hermano menor, seguramente para presionar al muchacho y evitar que señalara a quienes le habían pagado.

Es la escena de una película de esas que nadie quiere quedarse al final, una tragedia de dos cabezas, es la historia de Santa Marta. Hoy nadie sabe quien manda en la ciudad pero se ha naturalizado la extorsión, hasta el del raspao, el vendedor de mango, el de los jugos, cualquiera que produzca unos pesos y pueda ubicarse. 

El cobro de la “seguridad privada” por motociclistas que parecen fantasmas en la noche de los barrios de la ciudad, el conocido “gota gota”, única forma de adquirir electrodomésticos, camas y muebles sin contratos, ni intereses pactados, eso si, te cobran todos los días en la puerta de tu casa. Cualquier persona que quiera montar un negocio sin permiso de los paramilitares, entiéndase Urabeños, Rastrojos, Paisas u otro nuevo nombre, queda marginado y se expone al sabotaje a la amenaza y al atentado.

Santa Marta no ha podido consolidar un proyecto social, tampoco uno económicamente coherente. Al mismo tiempo que es un nicho turístico es también un puerto de carbón molido, la versión más contaminante de la minería de exportación. El atardecer de las fotos que todos guardamos en casa de la bahía de Santa Marta ahora luce adornado por  un parqueadero de yates “La Marina” y un ejército de planchas transportadoras que irrigan el mar con el tóxico polvo de carbón. En las noches otras estrellas flotan en el horizonte, silenciosas e imponentes como si reflejaran la soledad de los samarios de aquel lado del mar.

A falta de un proyecto para la Santa Marta y el Magdalena hemos tenido una competencia sangrienta por el dominio de las rentas, por la propiedad de las mejores tierras y por el control de las rutas marimberas. Ni se produce el mismo guineo ni se pesca el mismo pescado, Santa Marta es lo que es a pesar de su dirigencia.

Todo aquí es de herencia, desde sus inicios Santa Marta fue una de las pocas poblaciones que en la independencia apoyo al rey de España y rechazo al ejército libertador. Desde entonces existió cierto rechazo a las ideas de cambio, se protegió a sangre y fuego la estructura de la tenencia de la tierra y la segregación de las familias sin apellidos. En el siglo XX arribó al departamento la poderosa multinacional United Fruit Company, hoy Chiquita Brands, la zona se convirtió en un enclave bananero en el Caribe. La tozudez de la compañía y su alianza con las familias propietarias llevaron al conflicto obrero de los 20, el ejército dio la orden de disparar contra el pueblo en la plaza de Ciénaga y sobre los vagones del tren en que fueron llevados los cadáveres hasta el mar, se creo un mito de resistencia que aún perdura en la región. 
Luego vino la marimba, a mediados de los 70 y con el auge del consumo de marihuana en Estados Unidos, la Sierra Nevada de Santa Marta empezó a ser una estratégica despensa en donde la producción y las rutas de exportación heredaban los trazados de los tiempos del contrabando. La bonanza permitió las primeras fortunas y con ellos se atrajo a traficantes del interior. Uno de ellos fue Hernán Giraldo quien fundó junto a ganaderos y terratenientes del departamento el grupo paramilitar Los Chamizos, grupo que terminaría por controlar toda la región.

Al mismo tiempo en el Cesar y en el Magdalena coincidían la crisis del algodón y del banano, el negocio de las familias tradicionales se venía abajo. Una familia Guajira, los Gnecco, que se habían enriquecido con el contrabando y con la bonanza marimbera, se había propuesto colonizar los espacios que empezaban a dejar los Araújo, los Molina y los Castro en el Cesar y los Pinedo, los Vives y los Díaz Granados en el Magdalena.

Algunos analistas han identificado en este momento un piloto del proceso de la parapolítica que conocemos actualmente. Una prueba de ello fue la conocida alianza de los Gnecco con Hernán Giraldo que los llevaría a ganar la alcaldía de Santa Marta (Hugo Gnecco 1992) y la gobernación del Cesar (Lucas Gnecco 1992).

Para ese entonces Ricardo Villa Salcedo se había convertido en un fenómeno electoral en el Magdalena, había obtenido la mayor votación de un líder independiente y había pasado de tener una carrera ascendente en el nuevo liberalismo a ser un líder político de la naciente Alianza Democrática M-19 en Santa Marta. Había sido senador y candidato a la Asamblea Nacional Constituyente por esta colectividad. Su labor como defensor dederechos humanos y abogado de la gente más necesitada lo había puesto en el ojo del huracán. 

En sus últimas columnas en el periódico El Informador se había dedicado a denunciar la captura ilegal del mercado de Santa Marta y hechos de corrupción en la ciudad. En este tiempo había decidido tomar un caso emblemático, tomo poder como defensor de un grupo de campesinos que vivían en la zona de Pozos Colorados quienes estaban siendo desplazados bajo amenaza, también defendía a la Corporación Nacional de Turismo que había comprado unos terrenos al ICBF. Quien fuera en ese entonces el alcalde de Santa Marta, Hugo Gnecco y un grupo de inversionistas habían desencadenado una ofensiva para comprar estos terrenos pues sabían que dicho sector se convertiría en Zona Franca y por lo tanto los precios de la tierra favorecerían  inmensamente a los propietarios, era el gran negocio.

El 23 de diciembre de 1992, en medio de las ferias decembrinas, a plena luz del día, asesinaron a un hombre que no debemos olvidar jamás. Un grupo de criminales de cuello blanco había hecho una colecta y juntado voluntades para pedir a Hernán Giraldo el asesinato de Ricardo Villa Salcedo, con esto eliminaban a un contradictor político, a un columnista incomodo y a un abogado incorruptible. Sin embargo, con el tiempo nos hemos dado cuenta que tanto el asesinato de él como el de Marcos Sánchez y Adalberto Pertus miembros del Partido Comunista y de la Unión Patriótica o como el de su amigo Julio Henríquez hacían parte de un plan de exterminio político en la región que tenía como objetivo principal apartar del camino a cualquiera que se interpusiera a los intereses económicos y políticos de esta alianza entre políticos, empresarios y paramilitares. Como ya lo ha dicho mi hermano Ricardo “su muerte no sólo fue por intolerancia política sino un proceso de limpieza estratégica que se dio y se sigue dando en nuestra costa Caribe”.

Como muchos Hijos e Hijas he reconstruido la vida de mi padre a partir de los recuerdos de sus amigos y de mi madre principalmente, todos tienen un cuento sobre él y sus inventos, algunos de mis profesores en la Universidad Nacional me contaron unos de los mejores que he escuchado. Eduardo Umaña Luna me contó varias veces uno que me gusta mucho. Estaban recibiendo los trabajos finales en la clase de Derechos Penal y Eduardo llamaba a lista pidiendo cada trabajo, cuando llamo a Villa Salcedo Ricardo, el joven estudiante respondió que no había traído el trabajo y el profesor le preguntó entonces cuál era el motivo, a lo que este contestó con desparpajo: he estado cumpliendo una misión revolucionaria. 

El profesor Umaña respondió con una sonrisa cómplice: muy bien camarada, déjeme felicitarlo, en su misión revolucionaria tiene 5, en el trabajo 0. Otra profesora me contó que en una visita que hicieron como estudiantes a una cárcel en Bogotá, el grupo se había detenido antes de ingresar porque Ricardo tenía que retirar el giro que su padre le hacia todos los meses para su sustento en la capital. Ya al interior de la cárcel se distribuyeron por grupos y él decidió visitar el pabellón de presos políticos. A la hora de salir, el profesor responsable empezó a contar sus estudiantes y faltaba uno, evidentemente el grupo no podría abandonar la cárcel sinque apareciera el estudiante, pasaron varias horas hasta que lo hallaron y lo convencieron de salir. Ya en la calle se empezaron a dispersar los estudiantes y Ricardo se acerco a mi confidente y le dijo: oye no tendrás veinte pesos que me prestes, es que me quede sin lo del bus.

Entre mis recuerdos más preciados conservo la fila de su oficina en el Edificio Posihuica. La gente esperaba pacientemente para entrar, algunos sentados en las escaleras otros mamando gallo, habían niños jugando en el pasillo, todos muy humildes, había mujeres campesinas que traían en un canasto huevos criollos y yucas todavía con tierra, había alguno que traía un pescado envuelto en papel periódico debajo del brazo.

Era un resumen de la vida de mi padre, la gente le pagaba con cualquier cosa porque él se negaba a recibir dinero de gente pobre, llevaba los casos que nadie quería llevar. Mi impresión después de muchos años de escuchar estos cuentos es que era un tipo que nadie ha podido olvidar y que su vida valió la pena precisamente por utópica y comprometida con las causas sociales. Su muerte, he querido recordárselo a los samarios y a las samarias  y dedicar estas palabras a quienes como él sueñan con una sociedad justa y un mundo mejor.

Camilo J. Villa Romero

Ricardo Villa Salcedo en la Memoria
Ricardo Villa Salcedo Sin Olvido 

miércoles, 31 de octubre de 2018

Jairo Ernesto Obregón

Octubre 31 2003


Un día como hoy del año 31 de octubre de 2003, Jairo Ernesto Obregón, abogado, ex concejal de Cúcuta, gerente encargado del Inurbe y presidente de la junta de acción comunal del barrio Belén, fue asesinado por paramilitares en horas de la mañana en la ciudad de Cucuta. Obregón fue defensor de detenidos políticos. Jairo además era hermano del exministro de trabajo y ex líder sindical Orlando Obregón. 

Bajo las ordenes de alias "Camilo" y alias "El Igüano" comandante del Bloque Catatumbo envió hombres armados bajo su mando hasta el lugar en el que residía el abogado, sobre la calle 17 No. 4-21 en la ciudad de Cúcuta, fue ultimado con disparos de arma de fuego y señalado de ser simpatizante de la guerrilla, por la labor que desempeñaba, defendiendo a personas acusada por delito de rebelión. 

Luego de los hechos, su familia fue obligada a desplazarse forzadamente y radicarse en la ciudad de Bogotá. Posteriormente, se tuvo conocimiento que el grupo paramilitar estaba al mando de Jorge Iván Laverde, quien ingresó a la residencia de Obregón y es el autor material de los hechos, la acción fue comandada también por el paramilitar Armando Perez Betancourth, luego del asesinato, Laverde huye en una motocicleta conducida por Jhonatan Sepulveda. Hoy el caso sigue en la impunidad  y aún se exige justicia sobre los hechos. 

Jairo Ernesto Obregón Sabogal en la Memoria
Jairo Ernesto Obregón Sabogal Sin Olvido

martes, 18 de abril de 2017

Eduardo Umaña Mendoza

18 Abril 1998 - 18 abril 2017
Maestro y amigo

Pasa el tiempo, pero no se borra, está en nuestra memoria. Pasa el tiempo y el vacío se experimenta. Pasa el tiempo volvemos a sus secretos, a los más humanos y los más profesionales. Pasa el tiempo y entre falsos profetas, le seguimos añorando, pero le seguimos honrando, hace poco lo hicimos, en un espacio de elaboración individual y colectivo, de lo no llorado, de lo a veces negado

No olvidamos sus secretos compartidos en su hogar que se convirtió en el recinto de una y decenas de víctimas; no olvidamos sus expresiones de tenacidad y sus llantos porque el mundo iba de mal en peor; no olvidamos su fumadera con ilusiones que iban como el humo formando una humareda; no olvidamos el café, un whisky o una cerveza; un viaje a Armero, un viaje a Chia, un viaje a las cárceles, un viaje a Medellín, unos viajes a Urabá; unas conferencias en la CRC, en la Universidad Javeriana, en El Externado, en la Nacional; una y miles de encuentros desde la 6 de las mañana pensando en como proteger los derechos de detenidos politicos, de desaparecidos forzados, de víctimas del paramilitarismo de Estado en fin.. Ese Eduardo humano, profundamente humano, tierno y radical, triste y lleno de alegría, analista y polémico, el jurista y el defensor de los derechos de los pueblos. 

La exhaustiva investigación de su asesinato no ha llegado a dónde es, o a procesar a quiénes se debe. Algunos de los secretos guardados los ha ido revelando Diego Murillo, extraditado en los Estados Unidos, pero el militar, el General que participó en su asesinato, sigue campante en libertad, incluso, hablando de paz. 

Esas verdades siguen ahí en expedientes, en computadores en los que el "delete" no es necesario porque esto que llamamos "justicia" es solo un nombre, una realidad. 

Hoy René, René Guarín comparte retazos de esa memoria, ese querido René, que nos trae en el recuerdo los múltiples diálogos en una banca enfrente de la oficina del extinto Telecom en el barrio Pablo VI, en la que nos habló de la vida de René. 

Aquí las palabras de René, las de la Memoria, de nuestro Maestro y Amigo.
Eduardo Umaña y Rene Guarin 
El mes de abril de 1994 fue particularmente difícil, el día 6 se mezclaron de manera trágica los cuerpos de mi papá y mi hermano en el mismo edificio de la Clínica San Pedro Claver, mientras mi papá salía de operación de cáncer de colón y lo instalaban en el piso 4, mi hermano Carlos moría después de 19 comas diabéticos en el pasillo de urgencias.

No sabía que hacer primero, si recoger el cadáver de Carlos o pasar a donde mi papá que aún estaba sedado y decirle que habláramos con el director de la clínica para que le permitiera una ambulancia que lo llevara a jardines del recuerdo a enterrar a su hijo mayor; no recuerdo que se hizo primero, pero las dos cosas tocó hacerlas en un solo día. 

Nunca he podido olvidar la mirada perdida y dirigida al horizonte de un Jose Eduardo que dio la espalda a todos los asistentes, tan pronto como sonó la cadena que bajaba el cadáver de Carlos y observabamos la imágen de mi papá en la silla de ruedas con el suero colgando viendo caer el cajón al sepulcro. 

Me acerqué a donde Eduardo a preguntarle qué sentía, qué pensaba de la escena que nos había puesto el destino de frente y sus ojos llorosos solo me permitieron escuchar un "hijueputa vida", mientras él, como ya era costumbre fumaba mirando al más allá pidiendo una respuesta. 

Unos meses después me acompañaría con Patricia y con su sonrisa en mi matrimonio , tres años después apagarían su voz e iniciarían una "exhaustiva investigación" de aquellas que todos conocemos. 

Un pequeño homenaje a un abogado que hasta sus últimos días acompañó la lucha de los familiares de desaparecidos de palacio. Hasta siempre amigo Eduardo 

Eduardo Umaña en la memoria 
Eduardo Umaña Sin Olvido 

lunes, 18 de abril de 2016

Eduardo Umaña Mendoza

Abril 18 de 1998 - Abril 18 de 2016

Los noventas huelen a humo de silenciador. Silenciador de bala, de calle, de pasamontañas, de orejas, sentidos, ojos, de niños y ancianos. Los dos mil, saben a lágrima salada, cansado desplazado, dormida conciencia.

Dieciocho años con humos que oscurecen los horizontes y sinsabores que apestan las voces. Dieciocho de nuevos viejos caminos a los olvidos. Nuevo siglo que no es el mismo pero es igual; nuevo siglo con más cruces, más agonías.

Eduardo Umaña Mendoza, amigo del alma, amigo de sueños, amigo de travesuras. Eduardo hijo del maestro Eduardo Umaña Luna, abogado penalista y de una bella mujer, Chely, su incansable cómplice.

Su incansable búsqueda de la verdad lo llevó a defender importantes casos en pro de los derechos humanos. Había seguido el caso de los desaparecidos del Palacio de Justicia, defendió a sindicalistas y a numerosas víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Después de las múltiples amenazas que recibió en su vida, José Eduardo Umaña, fue asesinado, sus victimarios desarrollaron una acción encubierta dirigida desde una Brigada militar 20, luego de que dos hombres y una mujer al haberse hecho pasar por periodistas entraron a su oficina y trataron de secuestrarlo. Eduardo se negó a ser llevado a la fuerza. Siempre lo había dicho si vienen por mí y me pretenden desaparecer yo no me dejo llevar. Por eso, le dispararon.

Un sábado 18 de abril, antes del medio día, en su apartamento, lugar habitado por la búsqueda insaciable de la justicia, espacio pequeño que albergó grandes ideales, en que se dispersaron humaredas de cigarrillo para apaciguar la ansiedad, en que se esparció el aroma del café por todo rincón, en ese nicho de acogida, en donde el llanto de los excluidos encontraba reposo, los perseguidos judicialmente encontraban esperanzas, y las víctimas de Crímenes de Estado una mano amiga, en ese recinto fue asesinado José Eduardo Umaña.

Su opción por la vida, justicia real como democracia plena, derechos de los pueblos como concreción de los derechos humanos, lo llevó a asumir la posibilidad de saberse cierto de la tortura, la desaparición forzosa o de su asesinato del Estado, por eso prefirió morir enfrentando a sus victimarios, se enfrentó a aquellos que fueron a cumplir la misión que otros, diseñaron y definieron, esos otros que hoy siguen disfrutando de honerosas pensiones militares, usufructuando el poder político y económico en Colombia.

La primera orientación de la investigación permitió evidenciar el papel desempeñado por los miembros de las fuerzas armadas y del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, de la Fiscalía la que se fue diluyendo en medio de un montaje procesal con un falso "testimonio espontáneo" de un detenido de la prisión de Guaduas que dijo conocer los asesinos de José Eduardo Umaña Mendoza.

Once años después, Salvatore Mancuso confesó ante la Fiscalía que el asesinato de Umaña Mendoza se dió bajo la orden de las AUC, después de que se reunieran sus jefes, entre los que se encontraba Carlos Castaño, en una finca de nombre “La Marranera”. Su versión inicial y la forma como fue divulgada la noticia por las fuente oficiales ocultaron los nombres de los responsables en altos mando militares de su asesinato. En  2011, el caso fue llevado por la esposa Patricia y su hijo Camilo iniciaron una demanda al Estado colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Dos días después de su asesinato, el 20 de abril cuando fue inhumado se experimentó como ese día gris, un gran llanto y un gran dolor, entre ellas se reflejó su gran compromiso con la gente, con la victimas, su ingenio para reivindicar los derechos humanos, su audacia para afirmar los derechos de los pueblos, su valentía para enunciar fuertemente lo que muchos temían decir, para construir una y otra vez un país donde fuera posible vivir.

Camilo Umaña Hernández, expresión del hijo, pero también de esa sensibilidad de la madre, la compañera, Patricia, la lealtad suprema, la incondicional: “Estos 15 años de injusticia e indignación no podrían ser subtitulados de muerte porque la vida de mi padre ha brotado en muchas partes, formas y personas. Estos son años de una profunda trascendencia que se siente en el colegio Eduardo Umaña Mendoza, en grupos de debate, universidades, activistas, defensores de derechos humanos y sindicatos. En estos 18 años bien vale hacer una acción de gracias. Con los pies firmes, agradecer a Eduardo Umaña Mendoza por no doblegarse, por insistir, por su ternura y solidaridad con los desaparecidos, con los muertos y torturados, con los puestos injustamente en prisión y con los que buscan otro futuro para su país. Quince años de “más vale morir por algo que vivir por nada”.

Esa es nuestra certeza, esa es nuestra experiencia, ese es nuestro sentir, en la memoria continuamos elaborando el duelo de aquel que nos inspiró, quien nos inspira a construir y a enfrentar, como el Quijote. A luchar y a imaginar un país alegre, bello, justo y en paz.

Recae en cada ser humano, entonces, la responsabilidad, no sólo de conmemorar su muerte sino de procurar siempre la verdad, la defensa de los Derechos Humanos, la justicia y la paz. Procurar que la memoria sea un paso más en la construcción de una nueva sociedad, que sus palabras sigan inspirando a muchos y muchas

José Eduardo Umaña Mendoza, en la Memoria.
José Eduardo Umaña Mendoza, Sin Olvido.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Jesús Maria Valle

27 febrero 1998 -  27 febrero 2013

Jesús María Valle Jaramillodefensor de la vida y los derechos humanos. De sus entrañas, de caminantes a su lado, de la andadura en la memoria contra la impunidad. El defensor incansable de las ideas y las palabras, era un convencido que sin justicia social no podrá existir una verdadera Paz. Jesús María Valle Jaramillo, fue un hombre bueno, sencillo, solidario, un amigo incondicional, un líder polifacético y de una capacidad de trabajo y de entrega sin límites, pero sobre todo un consecuente y valiente defensor de los derechos humanos en Medellín, Antioquia y Colombia. Su voz aún se recuerda, como si estuviera en las calles, en su oficina, en su casa, en los lugares donde compartió con las personas que siempre defendió, por las que abogó.

El 27 de febrero de 1998, siendo las dos y quince de la tarde dos hombres y una mujer entraron al Edificio Colon ubicado en la calle 49 con carrera 51 del centro de la capital antioqueña. Después de intimidar a su hermana, que trabajaba con él, los sicarios le dijeron a Jesús María Valle "usted para nosotros es muy importante, pero también es un problema". Lo obligaron a tenderse en el piso boca abajo y le dispararon en dos ocasiones en la cabeza.

En el sepelio de Valle el sacerdote Joaquín Vargas dijo que “un apóstol nunca piensa en sí mismo sino en los demás”. Por ello, Jesús María Valle representa esa clase de hombres que luchan por la dignidad del otro, aún a costa de su propia vida. 

Quince años de impunidad, las confesiones de paramilitares ocultan a los  culpables detrás de éste crimen, a los culpables de cuello blanco que ordenaron acabar con la vida de éste defensor.

Los bárbaros querían silenciar las contundentes denuncias que realizaba Jesús María Valle, las cuales en muchas oportunidades develaba una convivencia, una complicidad y una ayuda entre comandantes de la policía, del ejército y los paramilitares que cometen una serie de asesinatos en el perímetro urbano. 

Jesús María Valle acompañó a las víctimas, en aquellos momentos difíciles cuando preguntaban por los desaparecidos, cuando defendía a las y los detenidos por razones políticas, a los campesinos desplazados forzosamente de sus tierras, a las víctimas de las masacres perpetradas por los paramilitares, a los estudiantes en sus luchas, a los indígenas, afro descendientes y las y los dirigentes sociales y populares.

Este abogado penalista, puso al alcance de los condenados pobres, el elitista Recurso de Casación ante la Corte Suprema de Justicia e hizo del ejercicio de su profesión una expresión comprometida y consecuente con su proyecto de vida.

Desde el Comité permanente por los derechos humanos, fue uno de los primeros en denunciar el terror de las autodefensas en Antioquia y particularmente en Ituango. “Yo escuchaba decir que el meridiano de la cultura y la política pasaban por Antioquia. Hoy puedo decir que el meridiano de la violencia pasa por Antioquia”, dijo en un recordado discurso el 25 de Agosto de 1997, que dió durante la conmemoración del décimo aniversario del asesinato de los defensores de derechos humanos Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur.

Las actividades de Jesús en defensa de los derechos humanos comenzaron a ser incómodas tanto para los grupos paramilitares como para algunos funcionarios cómplices de estas acciones.

En 1996 en una entrevista, afirmó: “desde el año pasado le pedí al Gobernador y al comandante de la IV Brigada que protegiera la población civil de mi pueblo, porque de septiembre a hoy han muerto más de 150 personas”. No le creyeron. Pocos días después, el entonces gobernador y hoy ex presidente, Álvaro Uribe, lo señaló como “enemigo de las Fuerzas Armadas” y fue denunciado por calumnia ante los tribunales.

Aún así, Valle denunció con gran coraje la complicidad del Ejército en las masacres de La Granja en 1996 y El Aro en 1997, corregimientos de Ituango, perpetradas por comandos paramilitares. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) terminó dándole la razón y condenó al Estado colombiano por la relación de algunos militares con esas masacres de Ituango.

Un día antes de su asesinato, se presentó en la Fiscalía para rendir indagatoria por la denuncia por calumnia que cursaba en su contra. Alegó que no había cometido ningún delito, pues su versión sobre los nexos entre miembros del Ejército y la Policía con los grupos paramilitares había sido comprobada por organizaciones internacionales de derechos humanos.

Por el asesinato de Jesús María Valle el Juzgado Tercero Penal Especializado de Medellín condenó a 40 años de prisión como coautores a Álvaro Gómez Mesa y a Jorge Eliécer Rodríguez Guzmán. Sin embargo estas personas aún no han sido capturadas por las autoridades.

El Juzgado también condenó a Carlos Castaño como autor intelectual del crimen, pero fue absuelto en segunda instancia. Varios miembros de la familia Angulo, una prestante familia de Ituango, relacionados con el homicidio, fueron absueltos.

En julio de 2001, el Tribunal Superior de Medellín confirmó la sentencia contra Castaño y otros, pero también la absolución de los hermanos Angulo Osorio. Varios integrantes de la banda de sicarios ‘La Terraza’ se responsabilizaron por el asesinato de Valle en un comunicado publicado que se dio a conocer a través de Tele Antioquia. Allí añadieron que Carlos Castaño les pagó por este y otros crímenes contra defensores de derecho humanos.

En mayo de 2007 el Concejo de Estado condenó a la Nación y ordenó pagar una indemnización de 1.700 millones de pesos a la familia de Valle. Pero varios familiares del abogado la rechazaron al considerar que “no se establece la verdad sobre su crimen”.

El caso pareció quedarse en esta decisión, hasta que fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos en busca del esclarecimiento de la verdad y el 27 de noviembre de 2008 La Corte IDH falló contra el Estado colombiano en esta sentencia se obliga al Estado a reabrir la investigación, así como a realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad en la universidad de Antioquia además de colocar una placa en la memoria de Valle en el Palacio de Justicia de Antioquia.

En 2009 la Fiscalía reabrió el caso y vinculó a Salvatore Mancuso y a Isaías Montes Hernández, alias ’Junior’ al considerar que según dicho ente: "están surgiendo evidencias que habrán de contribuir a aclarar los hechos". En el proceso además se investigó la participación de militares.

En julio de 2011 en respuesta a las recomendaciones y sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la que se solicitó una investigación imparcial y exhaustiva para sancionar a los autores materiales e intelectuales del asesinato del defensor de derechos humanos Jesús Valle Jaramillo, la Corte Suprema de Justicia invalidó las sentencias de absolución contra dos de los principales sindicados del crimen Jaime Alberto y Francisco Antonio Angulo Osorio y ordenó reabrir la investigación del caso en un juzgado penal de Medellín.   

A Jesús María lo asesinaron los paramilitares y el Estado de Colombia, por ser quien era. Por su vital compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y la Justicia, por su solidaridad con los desplazados y por su opción por los humildes.

Las múltiples actividades que él realizó, como defensor de los Derechos Humanos sin ninguna exclusión ni discriminación, tenían un objetivo y un propósito únicos: La dignificación de la persona humana, de los hombres, de las mujeres y de los niños, en especial de los más humildes. El parecía llenar todos los espacios y los tiempos: Así fue de vital, intensa, fructífera y consecuente su existencia.

Hoy conmemorando quince años de su asesinato, recordamos su exhaustivo compromiso con la comunidad, su lucha incansable por la justicia, su consecuente obra como defensor de derechos humanos. Hoy se recuerda a un gran hombre.

Pero también familiares, amigos y organizaciones sociales, claman por verdad y justicia por el crimen cometido y reiteran hoy como en su momento lo hizo Jesús María con su voz: “Aquí estamos y estaremos siempre, en el clamor de la lucha o en la quietud de la muerte”.

¡Jesús María Valle en la Memoria!

¡Jesús María Valle Sin Olvido! 

Sin Olvido.

jueves, 11 de octubre de 2012

Jaime Pardo Leal

Octubre 11 de 1987 - Octubre 11 de 2012



Jaime Pardo Leal, maravilloso padre de familia, excelente contertulio, abogado penalista, profesor universitario asesinado en desarrollo de una operación paramilitar como parte de la estrategia de exterminio de sectores del establecimiento colombiano y las fuerzas militares de Colombia del partido Unión Patriótica. 

Por eso fue asesinado, como lo expresó con claridad su hijo Fernando Pardo Flores: “Por el temor que mi papá representaba para el establecimiento nacional y para las clases dirigentes, por la capacidad que tenia de denunciar a los criminales, por sus deseos de cambio y por su voluntad de soñar con un país en paz…

Y así, decenas, centenas, millares de la los asesinados o desaparecidos de la Unión Patriótica, del movimiento social que ha creido en la paz.

Sobre la pretensión de la impunidad y del olvido se ha pretendido cimentar una democracia excluyente durante estos 25 años del asesinato de Jaime Pardo Leal, una expresión popular de las nobles causas de la paz con justicia.

Por su asesinato un proceso penal se abrió sin esclarecer, sin explorar en lo mínimo en la hondura de una estructura criminal y una estrategia que desde la década de los 80 se conformó con la participación de las fuerzas militares, policiales, empresariales y traficantes de drogas.

La investigación penal solo sentenció la responsabilidad de una narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha,llamado el 'Mexicano', quién habría pagado 30 millones de pesos de la época a los sicarios, y el proceso contra el narco se cerró con su muerte en 1989.

Dos años antes de su asesinato se había constituido la Unión Patriótica como una expresión política de paz con justicia, con democracia y con su nacimiento se aceitó una maquina criminal que hasta ese día fatídico de octubre había llegado a la eliminación de 471 de sus militantes.

Las palabras del pequeño Jaime, del locuaz y alegre Jaime, resuenan hoy, en el escenario de paz que se abre, y en ellas, el temor fundado que la traición, que los sectores dominantes no solamente no cedan en nada en sus privilegios, si no que ocultando su rostro de hierro, esos enemigos de la democracia vuelvan a destruir con la mentira y el terror la esperanza. 

Decía Jaime antes de su asesinato: "algunos estamos amenazados de muerte, por nuestra fidelidad desde cuando éramos jóvenes, a la patria, al pueblo, a los trabajadores, y a la causa del socialismo". […] "el enemigo no olvida ni perdona, pero nuestra vida se la hemos entregado a los trabajadores, ellos son sus dueños; pero en el evento de que el enemigo lograra arrebatarnos nuestra vida, bienvenida la muerte porque sabemos que indiscutiblemente, al caer nosotros, de la unión de jóvenes patriotas saldrán los que nos deban representar, los que nos deban reemplazar, los que sigan dirigiendo lo que el pueblo quiere: una Colombia en paz, con justicia y esperanza

Sus palabras están aquí, siendo parte de la memoria popular, de las epopeyas no contadas, negadas o tergiversadas para justificar el exterminio, la persecución, la negación de una democracia plural.

25 años después en medio de los mecanismos de impunidad, en medio del olvido mediático, Jaime es parte de esta historia de indignación ante la simulada democracia, es parte de los sueños necesarios de exhumar en tiempos en que a través de la paz se pretende imposibilitar la identificación de los determinadores y beneficiarios de este magnicidio.

25 años después ese demócrata que se paseo por universidades públicas y privadas creyendo en la paz, él ese pequeño del tic, del vestido que le quedaba suelto, ese pequeño de alma grande es parte de la memoria viviente de una democracia genocida, de una democracia que desde sus restos en la expresiones sociales debe posibilitar la verdad, la justicia en una democracia con justicia social 


¡Jaime Pardo Leal en la memoria
Jaime Pardo Leal SIN OLVIDO!

Sin Olvido

jueves, 19 de abril de 2012

Eduardo Umaña Mendoza

18 de abril de 1998 - 18 de abril 2012

Hace unas horas, en un pequeño recinto, sin esperarlo o sin proponerlo, en donde una pintura trae el fuego arrasador de lo que era llamado el Palacio de Justicia, en una esquina donde se encuentra el primer computador de Eduardo Umaña Mendoza, familiares de los desaparecidos en la contra toma militar del 6 y 7 de noviembre de 1985, algunos defensores y defensoras de derechos humanos, quienes lo conocieron y quiénes no, estaban allí por otro motivo, pero no era previsible el olvido, por eso su memoria ha estado allí en ese lugar, como en otros múltiples.
Días antes, en ese mismo recinto su memoria salió en algunos de sus amigos, a propósito de un diálogo sobre otro tema, él era el texto. Y hablamos de él, como si estuviera al lado. Recordando su salida de ocho días del país, obligado a salir, haciendo caricaturas de esos momentos en que se le sacó una visa, en que se le subió en un avión a la fuerza. Y claro, cuando todo el mundo creía que su vida quedaba salvaguardada, por lo menos por un tiempo, él el madrugador Eduardo, llamaba para decir, aquí estoy. Ocho días después estaba otra vez en este país, con el riesgo de su vida por nobles causas.

Sí, su memoria, retazos de su vida, de su paso en los que le conocimos, se encuentran impregnados en su familia, en muchas de las víctimas o familiares de las víctimas que escudriñan en las demandas la posibilidad de la verdad y de la justicia. O en los que protegieron empresas nacionales como Telecom, o en la protección de las ideas que abogan por la posibilidad de una definición de distribución del recurso petrolero de otra manera, los de la USO. O en la defensa de militantes de las guerrillas del ELN, de las FARC, del EPL y del M/19, que eran capturados, algunos de ellos torturados, a quienes se les negaba el debido proceso o condiciones humanas mínimas. O a los integrantes de la oposición política víctimas del paramilitarismo y de las fuerzas militares de A Luchar o de la Unión Patriótica, Si claro, en la defensa de los estudiantes de siempre, los del corazón, la pasión y la razón grande para cambiar el mundo. Siempre consciente que muchos de ellos con el paso del tiempo estarían en otro lugar.

Retazos de memoria en generaciones que no le conocieron, pero que saben de su existencia, que preguntan por él, que escarban en papeles, en videos, lo que pensaba, lo que hacía, lo que motiva sus opciones e incluso, preguntando por sus propias fragilidades, las de la condición humanas

Y pasa el tiempo, desde ese sábado miserable de abril, el de hace 14 años, antes del medio día, cuando ingresaron a la oficina con toda naturalidad sobre seguro. Lo que no esperaban es que él nunca iba a morir como ellos querían, tenía claro que él podría elegir como morir, por eso les forcejeo y no se dejó llevar, así lo expresó días antes.

Y es que pasa el tiempo en que no podemos ni llorarle o en que otros le lloran silenciosamente. Es un duelo no elaborado o elaborado en la afirmación de los derechos de los pueblos. O mejor, en el encuentro de cada vez más ciertas soledades, porque las almas, las pasiones están sucumbiendo en la cooptación, en la vana gloria, en la carrera por el prestigio, en todos esos modos, en que la impunidad jurídica, política y social se traslada a la negación de los valores por los que se dice luchar. Así somos, como la memoria frágil o perdiéndose en el tiempo, en incoherencias, no contradicciones.
Hoy, sabemos poco o nada de la investigación penal. A los nudos de impunidad, que se tejieron desde el comienzo de su asesinato, exculpando, evitando responsabilizar a militares de las tenebrosas estrategias paramilitares, o buscando chivos expiatorios, unas vagas respuestas a derechos de petición que trasladan en palabras vacías la responsabilidad a un nadie o nada.

Su asesinato continúa en la impunidad. Los de la estructura criminal envejecen, engreídos en el poder que detentan, en el modelo de sociedad que han logrado imponer. Algunos de sus victimarios, aquellos, que ordenaron, que planificaron están en buen retiro, son asesores y hasta docentes. Algunos de los ejecutores, o quienes recibieron las órdenes y a su vez delegaron en otros la comisión material del asesinato han rendido versiones. Hace unas pocas semanas, por medios extrajudiciales se logró motivar la revelación de algo. Si tal vez, después de mucho tiempo, por una cierta lealtad, en el derecho a la verdad, se atrevió a decir, a levantar su reserva. Describió desde la cárcel de Florida, donde fue extraditado, una de las ejecutoras del crimen, una mujer, parte de una estructura armada dependiente del paramilitarismo, la banda La Terraza, no llegó más allá.

El miedo cunde cuando se trata de algo más profundo y la maquinaria criminal del Estado se revela, cuando salen a la luz los nombres de aquellos que han tenido en sus uniformes muchas estrellas, aquellos que continúan asesorando está cruenta guerra contra la gente que piensa, que se organiza, que sueña en un país distinto; o cuando se conozcan los nombres de quiénes financiaron, que instigaron este asesinato, esos empresarios, que con la eliminación aseguraron su riqueza, y se hicieron a más riqueza.

Será cuestión de tiempo para que la verdad se conozca, eso es posible, aunque esa verdad no sea judicializada…. pero lo que sí es cierto, es que poco habrá de esperar de un aparato de injusticia penal, de un aparato judicial, hecho a la medida del poder que nunca sancionará individualizando los partícipes en una empresa criminal del Estado. Bastante difícil en una época, donde el miedo a los militares crece, como en aquella del exterminio de la UP. Sí, como en aquel momento en que usaron en un juicio judicial un ataúd que colocaron enfrente del lugar de una intervención de Eduardo para amedrentarlo, aterrorizarlo buscando evitar la presentación de pruebas, no lograron evitar que las expusiera.
Ellos son poderosos, usan del artilugio del fuero militar, el del marco legal para la paz, el del derecho internacional humanitario para arrasar sin honor. Sí, así quieren salvaguardar el deshonor militar, el de los 13 generales y los 1200 militares que están siendo procesados por crímenes de lesa humanidad, por graves violaciones de derechos humanos.

Por eso la investigación del asesinato de Eduardo no avanza ni avanzaría, porque detrás de ella se develaría esa podredumbre, que carcome, esto que mal llaman Estado de Derecho. Nos queda el espacio de la memoria, el tiempo de la memoria, ese recinto en un espacio de esta ciudad donde hay unos cuadros, unas máquinas, esa memoria en unos múltiples lugares corporales, desde el que seguimos soñando, deseando apasionadamente para que este país sea distinto. Sí, porque si los derechos de los pueblos y los derechos humanos son un “encuentro de soledades”, lo que nos resta es “morir por algo, que vivir por nada”.

Sin Olvido