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domingo, 25 de agosto de 2019

Luis Felipe Vélez, Héctor Abad y Leonardo Betancur Taborda


25 de agosto de 1987  

El 25 de agosto de 1987, esta fecha quedó escrita en la historia como una de las fechas más oscuras y devastadoras para los defensores de derechos humanos en Colombia. En el centro de Medellín sicarios paramilitares acabaron en un lapso de 10 horas con la vida de los docentes y defensores de la vida Luis Felipe Vélez, Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur Taborda.

El primer asesinado fue Luis Felipe, quien a sus 33 años de edad, ya era Presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA), Directivo de la Federación Colombiana de Educadores FECODE, y reconocido luchador por los derechos sindicales de su gremio. Ese martes, a las 7:30 de la mañana, miembros de la organización paramilitar 'Amor por Medellín', lo acribillaron con ráfaga de ametralladora frente a la sede de la organización que presidia. Paradójicamente, algunos días antes en un discurso había pronunciado una frase casi premonitoria “¡A la vida por fin daremos todo, a la muerte jamás daremos nada!”.

Del asesinato de Luis Felipe fue informado el médico Héctor Abad Gómez, un hombre que dedicó su vida a la docencia, la medicina y los derechos humanos. Sus 66 años de vida le alcanzaron para ser profesor de la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia y catedrático en salud pública. Como periodista fundó el periódico universitario U-235 y fue columnista en El Tiempo, El Mundo y El Colombiano, participando también en espacios de radio, donde expresaba su opinión, cuestionaba y realizaba denuncias de la violencia en Colombia, las desapariciones forzadas, los secuestros cometidos por las guerrillas y también los delitos cometidos por los paramilitares, entre ellos, crímenes selectivos a líderes sociales y a miembros o simpatizantes de la Unión Patriótica (UP); convirtiéndose en un blanco para los grupos a quienes les incomodaban sus posturas.

Abad Gómez fue un hombre que defendió la vida, denunciaba las condiciones básicas que propagaban la desigualdad en Colombia y siempre se opuso a los crímenes cometidos contra los inocentes, responsabilizando al Estado y al gobierno, como actor principal en la promoción de la pobreza, la injusticia y la violencia del país, indicando que el poder y las prioridades del mismo debían cambiar. Después de retirarse como docente se dedicó al cultivo de rosas y al trabajo en el Comité de Derechos Humanos de Antioquia, del cual fue presidente hasta su muerte.

Antes de ser asesinado, Abad Gómez lideró una manifestación recordada como 'La marcha por los claveles rojos' donde tres mil personas protestaron contra la violencia sistemática contra estudiantes y profesores de la Universidad de Antioquia simpatizantes de ideas de izquierda. A su lado caminaron Vélez y Leonardo Betancourt Taborda de 41 años, quien también empeño su vida a la salud y la educación, estuvo dedicado principalmente a la lucha de los docentes, y era miembro y militante activo de la UP. Denunciando diferentes formas de violencia entre 1970 a 1987 como consecuencia principalmente de la corrupción y el narcotráfico.

Alertados por la noticia de la muerte de Vélez, Abad y Betancur llegaron a la sede de ADIDA, allí fueron baleados aproximadamente a las 5 de la tarde, los tres el mismo día, en el mismo lugar; con el claro objetivo de “anular cerebros” por parte de los paramilitares. Después de su muerte se decretó un paro de 72 horas por parte del magisterio antioqueño y se elaboró un pliego donde se manifestaban su apoyo al derecho a la vida, las libertades políticas y democráticas. Luego de la muerte de Abad, el reemplazo de la presidencia del comité de derechos humanos fue Jesús María Valle, quien sería asesinado en 1998.

El proceso jurídico
Después de cerrado el caso, el 13 de febrero de 2012, la Fiscalía General de la Nación reabrió la investigación tras las declaraciones aportadas por el jefe paramilitar Diego Fernando Murillo alias “Don Berna”, quien aseguró que el responsable de los crímenes fue Carlos Castaño, quien consideraba a Héctor Abad como un guerrillero del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Para 2014, la misma entidad declaró estos crímenes como de lesa humanidad, tras comprobar la sistematicidad en los tres casos y como parte del genocidio de la UP, cometido en coordinación de entidades estatales, narcotraficantes y paramilitares. En lo corrido de 1987, fueron asesinados 15 docentes más de ADIDA, y según la organización, desde el año de los asesinatos hasta 2008, 334 miembros de la misma corrieron con la misma suerte.

Legado
Cada 25 de agosto se recuerda a estos anunciadores de verdades y quienes han evidenciado que su lucha es dura y peligrosa dentro de un juego político y económico. Cada víctima ha evocado una memoria diferente, ninguna de ellas ha sido olvidada, el doctor Betancur es recordado por sus amigos, familiares y algunos de sus alumnos de la Universidad de Antioquia; Vélez, es memorable por su labor con los docentes al dejar el Fondo Solidario por Muerte a Educador, de igual forma un grupo de docentes que lo admira creo el Equipo Magisterial Luis Felipe Vélez que recoge las banderas de este líder.

De los tres, es tal vez Abad el más conmemorado. Su hijo Héctor Abad Faciolince, le dedicó su libro 'El Olvido que seremos', título que toma de las letras manchadas con sangre encontradas en el bolsillo de su padre con el verso de Borges. Un libro que inspiraría a su nieta Daniela Abad para realizar junto con Miguel Salazar el documental “Carta a una sombra” estrenado en el año 2015. Su marcha de claveles rojos se sigue realizando en Medellín y cada 25 de agosto la facultad de salud pública de la Universidad de Antioquia celebra el día nacional del salubrista, así como la realización de la cátedra de formación ciudadana Héctor Abad Gómez. El año pasado la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), publicó una serie de podcast en conmemoración de 30 años de su asesinato.

Vélez, Abad y Betancur en la Memoria 
Vélez, Abad y Betancur Sin Olvido

lunes, 4 de febrero de 2019

Julio Henríquez Santamaría

Febrero 4 de 2001 

JULIO HENRIQUEZ SANTAMARIA, Defensor de Derechos Humanos, del ambiente, biólogo protector de la naturaleza, Consejero de Paz en el departamento del Magdalena en 1992, profesor, economista solidario, militante del M19, amigo, hijo, padre, esposo. 

Julio, nació el 29 de marzo de 1952 en Cereté, Córdoba. Hijo de Julio, dedicado al comercio de calzado y Belarmina, modista y comerciante. 

Estudió Biología en la Universidad Libre de Bogotá, en donde fue presidente del Consejo Estudiantil. Hizo parte del comité editorial del periódico de la Unión Revolucionaria Socialista, URS, hasta que se radicó en Santa Marta junto a su hija Nadia y su esposa Zulma Chacín. Allí, se vinculó al M-19 a través del Frente Democrático, con una amplia actividad política local, junto a Ricardo Villa, su gran amigo y compañero. En 1990, Julio se articuló a la Alianza Democrática M-19 con quienes se lanzó como candidato suplente al Consejo Municipal junto con Clementina Cayón de Bateman. Coincidencialmente, para esta fecha se dio el proceso de paz con el M-19. 

Para 1984 decide acogerse a la amnistía propuesta por Belisario Betancur y radicarse en Guacamayal, corregimiento de Ciénaga en la Zona Bananera. 

Sin embargo, para finales de los 80, cuando la presencia paramilitar se hacía intensa en Guacamayal, la ocupación territorial basada en asesinatos selectivos e indiscriminados, amenazas, desplazamiento y abandono de tierras, hicieron que malvendiera sus tierras y regresara a Santa Marta, ubicándose con su familia en Calabazo, zona de amortiguación del Parque Tayrona. 

Trabajó el activismo en derechos humanos desde el Comité Permanente de Derechos Humanos en Santa Marta, y fue nombrado como Consejero de Paz del Departamento del Magdalena en 1992. En este proceso acompañó la desmovilización del EPL y el proceso de conformación de Esperanza Paz y Libertad en el Magdalena, así como acercamientos para la posibilidad de diálogos para la paz. Para ese año se dieron las primeras amenazas en su contra. 

Dejando el cargo en la Gobernación, se dedicó de lleno al trabajo en derechos humanos, siendo presidente del Comité Permanente de Derechos Humanos en Santa Marta. Para 1993, amenazan fuertemente a todos los miembros del Comité y asesinan a uno de sus miembros. 

Para el año 2000, decidió volver a Calabazo para impulsar junto con los pobladores de la región, un proyecto de ecoturismo y de reforestación, así como la creación de reservas naturales en la zona de amortiguación del Parque Tayrona. 

Posterior a esto continua con su trabajo, en la defensa de los territorios y el respeto a los derechos humanos, hasta el domingo 4 de febrero de 2001, cuando se encontraba reunido con campesinos y parceleros de la región en la asamblea de constitución de la Asociación Ambientalista Comunitaria de Calabazo "Madre Tierra", allí varios hombres armados, paramilitares, bajo el mando de Hernán Giraldo Serna y Francisco ’Pacho’ Muzo, se lo llevaron a la fuerza frente a la mirada impotente de más de 20 personas. 

Luego de seis años de búsqueda, en la que sus amigos y familiares, así como organizaciones de derechos humanos aunaron esfuerzos para encontrarlo y exigir que se castigara este crimen de desaparición forzada, se logró llevar hasta la etapa de juicio y que los victimarios reconocieran el crimen, así mismo, se conocieron las coordenadas del lugar de la fosa individual con sus restos mortales. 

El 11 de octubre de 2007, luego de una diligencia de exhumación en la vereda La Estrella, a cinco minutos de Calabazo, dirigida por la Unidad de Justicia y Paz, se recuperaron sus restos que ya fueron identificados y reconocidos como Julio Henriquez Santamaria. 

La investigación de una Fiscalía de Derechos Humanos y DIH permitió establecer que la desaparición y posterior asesinato de Enriquez fue motivada por el interés del ex jefe paramilitar de la Sierra Nevada de Santa Marta, Hernán Giraldo, de apoderarse de sus terrenos para sembrar cocaina. 

En contra de dicho paramilitar y de Leonidas Acosta, se emitió resolución de acusación, condenándolos a 38 años y cinco meses de prisión quienes antes de ser extraditados a los Estados Unidos, el 13 de mayo de 2008, fueron escuchados en juicio el 20 de marzo del 2007. El proceso penal continúa contra Jairo Musso quien dio la orden final y dirigió el operativo de cuatro personas que sacaron a Julio Henríquez de una reunión. 

El 15 de diciembre de 2007, más de dos meses después de ser hallado, fueron entregados sus restos por parte de la Fiscalía General de la Nación en el Salón Bolívar de la Gobernación del Magdalena. Luego fue llevado hasta el Cementerio San Miguel donde fue enterrado junto a sus padres, abuela y familiares de su esposa.

En palabras de Zulma, su esposa, dignificamos su memoria: “La bandera de Julio es de muchos colores y su vida representa la de tantas y tantos luchadores sociales, ambientales, políticos, comunitarios, de derechos humanos, nuestra mejor gente, la que ya no tenemos junto a nosotros haciendo lindo este país

La bandera de Julio Henríquez Santamaría es de muchos colores y su vida representa la vida de tantas y tantos luchadores sociales, la que ya no tenemos junto a nosotros transformando este país. 

Julio Henriquez Santamaria en la Memoria 
Julio Henriquez Santamaria Sin Olvido

jueves, 7 de junio de 2012

Ana Fabricia Córdoba Cabrera

junio 7 de 2011 - junio 7 de 2012 -
Fotografía Diego Delgado
Memoria y Justicia

Hoy 7 de junio de 2012 en el primer aniversario del asesinato de la lideresa comunitaria, afrocolombiana,  Ana Fabricia Córdoba Cabrera, la evocación de su nombre  inspira con su gracia la  fuerza feminina, misteriosa y profunda, tierna y radical. Ana Fabricia víctima de la violencia con balas, de la violencia mediática.

Ana Fabricia estaba marcada por la resistencia, la esperanza, en medio de la persecución. Los enfrentó con determinación enérgica y renovada de la denuncia y la organización popular contra los atropellos impunes de las fuerzas militares y policiales, sus estructuras paramilitares y sus bandas, contra desplazadas, niños, jóvenes y mujeres. 

Estas denuncias le ocasionaron el desarrollo de los últimos mecanismos de persecución las amenazas de muerte hasta llegar a un proceso de montaje  judicial con la acusación de ser colaboradora de las FARC. Falsa acusación que le  costó dos meses su vida en la cárcel, antes de ser absuelta. 

Por su coherencia, antes de perder su vida, Ana Fabricia tuvo que vivir el insoportable tormento de  una madre frente a la muerte violenta de sus hijos.  Primero, su hijo, Carlos Mario Ospina, y luego en 2010, Jonatan Arley Ospina. Ana Fabricia acusó a la policía del barrio La Cruz como principal responsable, sin que a la fecha,  las investigaciones de la Fiscalía hayan identificado a quien en la verdad real e histórica son los responsables.

Después de la muerte de sus hijos, junto a ese sufrimiento que asumió, esa  piel afrodescendiente tuvo que enfrentar la presión violenta de las amenazas por sus denuncias, rechazando siempre, rotundamente, la protección policial que el Estado le ofreció. Razones de fondo le asistieron tras su persecución identificando en  las fuerzas del orden los responsables materiales de la estrategia paraestatal que la había desarraigado y quitado sus hijos.

Hace un año Ana Fabricia fue asesinada en Medellin, en un bus en la ruta Santa Cruz,  a la luz del  día. La ejecución fue obra de un hombre que con un arma con silenciador que le disparó a la cabeza. Sólo en el mes de abril de 2011, Ana Fabricia, había hecho de público conocimiento las amenazas de las que era víctima en la sesión del Comité Metropolitano de Derechos Humanos. 

La indagación preliminar por su  homicidio ha sido asignada a la Fiscalía 37 de la Unidad de Derechos Humanos de la ciudad de Medellín. La Fiscal del caso ha impuesto múltiples trabas para que las representantes de las víctimas conozcan y examinen el expediente con el fin de hacer seguimiento a la actuación de la Fiscalía. En el marco  de la investigación no se ha tomado en consideración el hecho de que era una mujer que hacía parte de varias organizaciones de derechos humanos y de mujeres, y que lideraba propuestas y acciones a favor de la población desplazada. 

Un año después queda claro que la impunidad juridica y social quiere abrirse paso y consolidarse invisibilizando móviles, desapareciendo  la memoria  del valor feminino, afrocolombiano, materno y político de Ana Fabricia Córdoba Cabrera. Ana en y al margen de esa historia de persecución, de la pretensión de sus victimarios de ser exterminada, está más allá de los barrios de Medellín, del desarraigo sufrido de las tierras del Urabá antioqueño, está viviendo en todas esas esperanzas que nunca serán silenciadas


Bogotá, D.C. 7 de junio de 2012

Sin Olvido

martes, 22 de mayo de 2012

Elsa Constanza Alvarado Canchón, Mario Calderón Villegas y Carlos Alvarado Pantoja

Mayo 19 de 1997 - Mayo 19 de 2012

Murieron amándose, sus victimarios creyeron que la muerte podría vencer el amor, y no fue así.Sus amores superaron los límites hasta de los que pretendieron realizar un crimen perfecto. Elsa Constanza Alvarado Canchón y Mario Calderón Villegas, murieron en su recinto donde se amaron, donde soñaron, donde tejieron sus sueños, murieron al lado de su padre y suegro Don Carlos.


Hoy son 15 años de un crimen que horrorizó por atentar contra el amor, acabar contra la pasión por la protección ambiental y territorial. Ese 19 de mayo del 1997 sobrevivió Iván,el hijo del amor de 18 meses, el hijo de los apasionados defensores de derechos humanos,ambientalistas, y tejedores de la paz.

Tres paramilitares fuertemente armados, que se hicieron pasar por agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía, irrumpieron en el apartamento de Chapinero Alto en Bogotá, alrededor de las 2:00 a.m. cuando reposaban, allí cumplieron con la orden emanada de Carlos Castaño, obedeciendo a militares y empresarios. Ellos los armados operaron la orden de otros que se mantienen ante los ojos de la sociedad como prohombres.

Diego Fernando Murillo, ex mando paramilitar, extraditaditado en los Estados Unidos, conoce, sabe quién ordenó el crimen, en versiones libres manifestó quienes ejecutaron la orden, hoy esa otra parte de la verdad, los que instigaron y ordenaron el crimen se desconoce, las presiones para que la verdad se niegue siguen operando.

Desde hace 15 años, los amigos de Mario y Elsa en el CINEP el mismo 19 de mayo en la carrera 5ta colgaron una pancarta que decía “Zona de masacre”. Esta pancarta fue el inicio de la indignación colectiva ante el hecho evidente que el crimen se cometió de tal manera para asegurar la impunidad.
En marzo de 2009, Juan Carlos González Jaramillo, alias ’El Colorado’. fue condenado a 40 años de prisión. Otros de los supuestos responsables materiales quedaron absueltos, el 19 de agosto de 1998 mediante resolución, la Fiscalía General de la Nación llamó a juicio a Alexander Londoño alias “El Zarco”, “Alex” o “San Pedro” y a Edward Melguizo Londoño como presuntos coautores de la masacre. En abril de 2007 fueron absueltos de los cargos de homicidio agravado por un fallo proferido por el juzgado segundo penal de circuito especializado de Bogotá por duda probatoria.

Hoy existe una investigación contra los paramilitares extraditados en EU, Salvatore Mancuso y Éver Veloza, alias “H.H” y Diego Fernando Murillo.

En una audiencia de versión libre ‘HH’ aclaró que Carlos Castaño, asesinado en 2004, ordenó el crimen, que la banda de “La Terraza” de Medellin cuyos jefes eran “Don Berna” y otro paramilitar que aparentemente fue asesinado conocido como el “Negro Elkin” ejecutaron el crímen, pero que en ellos participaron de forma directa e indirecta miembros de la fuerza pública.

En 2009 los familiares de Elsa y Mario a través de la Comisión Colombiana de Juristas, decidieron ser parte civil en el proceso contra los jefes paramilitares que ordenaron la masacre, sin reclamar ni imdenizaciones ni reparaciones.

Hoy Iván, el amor, de los amores, su abuela, y millones de colombianas no olvidan que el amor es más fuerte que la muerte, que esa pasión por la vida es trascendente, ,más allá de los muros de la impunidad que protegen a militares y empresarios que se beneficiaron de esta operación barbara. Si, solo el amor es más fuerte que la muerte, el amor por la verdad y por la justicia, Mario y Elsa, Don Carlos siguen vivos en nuestra memoria.

Bogotá, D.C. Mayo 19 de 2012

Sin Olvido - Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

jueves, 19 de abril de 2012

Eduardo Umaña Mendoza

18 de abril de 1998 - 18 de abril 2012

Hace unas horas, en un pequeño recinto, sin esperarlo o sin proponerlo, en donde una pintura trae el fuego arrasador de lo que era llamado el Palacio de Justicia, en una esquina donde se encuentra el primer computador de Eduardo Umaña Mendoza, familiares de los desaparecidos en la contra toma militar del 6 y 7 de noviembre de 1985, algunos defensores y defensoras de derechos humanos, quienes lo conocieron y quiénes no, estaban allí por otro motivo, pero no era previsible el olvido, por eso su memoria ha estado allí en ese lugar, como en otros múltiples.
Días antes, en ese mismo recinto su memoria salió en algunos de sus amigos, a propósito de un diálogo sobre otro tema, él era el texto. Y hablamos de él, como si estuviera al lado. Recordando su salida de ocho días del país, obligado a salir, haciendo caricaturas de esos momentos en que se le sacó una visa, en que se le subió en un avión a la fuerza. Y claro, cuando todo el mundo creía que su vida quedaba salvaguardada, por lo menos por un tiempo, él el madrugador Eduardo, llamaba para decir, aquí estoy. Ocho días después estaba otra vez en este país, con el riesgo de su vida por nobles causas.

Sí, su memoria, retazos de su vida, de su paso en los que le conocimos, se encuentran impregnados en su familia, en muchas de las víctimas o familiares de las víctimas que escudriñan en las demandas la posibilidad de la verdad y de la justicia. O en los que protegieron empresas nacionales como Telecom, o en la protección de las ideas que abogan por la posibilidad de una definición de distribución del recurso petrolero de otra manera, los de la USO. O en la defensa de militantes de las guerrillas del ELN, de las FARC, del EPL y del M/19, que eran capturados, algunos de ellos torturados, a quienes se les negaba el debido proceso o condiciones humanas mínimas. O a los integrantes de la oposición política víctimas del paramilitarismo y de las fuerzas militares de A Luchar o de la Unión Patriótica, Si claro, en la defensa de los estudiantes de siempre, los del corazón, la pasión y la razón grande para cambiar el mundo. Siempre consciente que muchos de ellos con el paso del tiempo estarían en otro lugar.

Retazos de memoria en generaciones que no le conocieron, pero que saben de su existencia, que preguntan por él, que escarban en papeles, en videos, lo que pensaba, lo que hacía, lo que motiva sus opciones e incluso, preguntando por sus propias fragilidades, las de la condición humanas

Y pasa el tiempo, desde ese sábado miserable de abril, el de hace 14 años, antes del medio día, cuando ingresaron a la oficina con toda naturalidad sobre seguro. Lo que no esperaban es que él nunca iba a morir como ellos querían, tenía claro que él podría elegir como morir, por eso les forcejeo y no se dejó llevar, así lo expresó días antes.

Y es que pasa el tiempo en que no podemos ni llorarle o en que otros le lloran silenciosamente. Es un duelo no elaborado o elaborado en la afirmación de los derechos de los pueblos. O mejor, en el encuentro de cada vez más ciertas soledades, porque las almas, las pasiones están sucumbiendo en la cooptación, en la vana gloria, en la carrera por el prestigio, en todos esos modos, en que la impunidad jurídica, política y social se traslada a la negación de los valores por los que se dice luchar. Así somos, como la memoria frágil o perdiéndose en el tiempo, en incoherencias, no contradicciones.
Hoy, sabemos poco o nada de la investigación penal. A los nudos de impunidad, que se tejieron desde el comienzo de su asesinato, exculpando, evitando responsabilizar a militares de las tenebrosas estrategias paramilitares, o buscando chivos expiatorios, unas vagas respuestas a derechos de petición que trasladan en palabras vacías la responsabilidad a un nadie o nada.

Su asesinato continúa en la impunidad. Los de la estructura criminal envejecen, engreídos en el poder que detentan, en el modelo de sociedad que han logrado imponer. Algunos de sus victimarios, aquellos, que ordenaron, que planificaron están en buen retiro, son asesores y hasta docentes. Algunos de los ejecutores, o quienes recibieron las órdenes y a su vez delegaron en otros la comisión material del asesinato han rendido versiones. Hace unas pocas semanas, por medios extrajudiciales se logró motivar la revelación de algo. Si tal vez, después de mucho tiempo, por una cierta lealtad, en el derecho a la verdad, se atrevió a decir, a levantar su reserva. Describió desde la cárcel de Florida, donde fue extraditado, una de las ejecutoras del crimen, una mujer, parte de una estructura armada dependiente del paramilitarismo, la banda La Terraza, no llegó más allá.

El miedo cunde cuando se trata de algo más profundo y la maquinaria criminal del Estado se revela, cuando salen a la luz los nombres de aquellos que han tenido en sus uniformes muchas estrellas, aquellos que continúan asesorando está cruenta guerra contra la gente que piensa, que se organiza, que sueña en un país distinto; o cuando se conozcan los nombres de quiénes financiaron, que instigaron este asesinato, esos empresarios, que con la eliminación aseguraron su riqueza, y se hicieron a más riqueza.

Será cuestión de tiempo para que la verdad se conozca, eso es posible, aunque esa verdad no sea judicializada…. pero lo que sí es cierto, es que poco habrá de esperar de un aparato de injusticia penal, de un aparato judicial, hecho a la medida del poder que nunca sancionará individualizando los partícipes en una empresa criminal del Estado. Bastante difícil en una época, donde el miedo a los militares crece, como en aquella del exterminio de la UP. Sí, como en aquel momento en que usaron en un juicio judicial un ataúd que colocaron enfrente del lugar de una intervención de Eduardo para amedrentarlo, aterrorizarlo buscando evitar la presentación de pruebas, no lograron evitar que las expusiera.
Ellos son poderosos, usan del artilugio del fuero militar, el del marco legal para la paz, el del derecho internacional humanitario para arrasar sin honor. Sí, así quieren salvaguardar el deshonor militar, el de los 13 generales y los 1200 militares que están siendo procesados por crímenes de lesa humanidad, por graves violaciones de derechos humanos.

Por eso la investigación del asesinato de Eduardo no avanza ni avanzaría, porque detrás de ella se develaría esa podredumbre, que carcome, esto que mal llaman Estado de Derecho. Nos queda el espacio de la memoria, el tiempo de la memoria, ese recinto en un espacio de esta ciudad donde hay unos cuadros, unas máquinas, esa memoria en unos múltiples lugares corporales, desde el que seguimos soñando, deseando apasionadamente para que este país sea distinto. Sí, porque si los derechos de los pueblos y los derechos humanos son un “encuentro de soledades”, lo que nos resta es “morir por algo, que vivir por nada”.

Sin Olvido 

lunes, 27 de febrero de 2012

Jesús María Valle Jaramillo

Febrero 27 de 1998 - Febrero 27 de 2012

De sus entrañas, de caminantes a su lado, de la andadura en la memoria contra la impunidad, de la Corporación Yurupari.

En memoria a Jesús María Valle Jaramillo:Defensor de la vida y los derechos humanos.
Los Titiriteros del cuello blanco amparados por la impunidad. 


El 27 de febrero de 1998, siendo las dos y quince de la tarde, dos hombres y una mujer, entraron al Edificio Colon ubicado en la calle 49 con carrera 51 del centro de la capital antioqueña. Portando pistolas con silenciador, accionaron sus armas contra el defensor de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo, propinándole disparos mortales en la cabeza que de inmediato acabaron con su existencia y su labor de defensor de derechos humanos.

Catorce años de impunidad, las confesiones de paramilitares ocultan sin lugar a dudas a los titiriteros de cuello blanco que ordenaron acabar con la vida del honorable defensor.

Los verdugos querían silenciar las contundentes denuncias que realizaba Jesús María Valle, las cuales en muchas oportunidades develaba “lo más doloroso es que hemos encontrado una convivencia, una complicidad y una ayuda entre comandantes de la policía y del ejercito y esos grupos armados que cometen una serie de asesinatos en el perímetro urbano”.

Jesús María Valle, acompaño a las víctimas, en aquellos momentos difíciles cuando preguntaban por los desaparecidos, cuando defendía a las y los detenidos por razones políticas, a los campesinos desplazados forzosamente de sus tierras, a las víctimas de las masacres perpetradas por los paramilitares, a los estudiantes en sus luchas, a los indígenas, afro descendientes y las y los dirigentes sociales y populares.

El defensor incansable de las ideas y las palabras, era un convencido que sin justicia social no podrá existir una verdadera Paz. De qué sirve hoy contar con la Ley de Victimas, si las confesiones de los criminales son una burla para las víctimas, las verdades son a medias y no revelan a los verdaderos titiriteros de cuello blanco, los castigos son irrisorios con parados los daños causados a sus víctimas y la justicia desdeña un perdón y olvido con los crímenes de lesa humanidad.

Para la Corporación Yurupari, está claro, que con la muerte de Jesús María Valle, los dueños del poder, no lograron, ni lograran jamás acabar con el mundo de las ideas de hombres y mujeres que dieron su vida a la causa de los derechos humanos y la paz. Nada quedara oculto bajo el sol y algún día saldrán las voces quijotescas de muchos hombres y mujeres guiados por las ideas de Jesús María Valle y otros tantos ejemplos para revelar la verdad y los verdaderos nombres de los titiriteros del poder cuello blanco que han causado tantos crímenes en el país.

La memoria es mejor que el olvido. Corporación Yurupari. 27 de febrero de 2012.