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domingo, 20 de octubre de 2019

¿Quién dio la orden? Campaña por la verdad.

Podrán pintar las paredes, censurando; podrán intentar asegurar la impunidad social y jurídica... pero nunca la verdad que niegan, ocultan y qué pasan a una historia inconfesable a su heredad familiar e institucional.

viernes, 9 de agosto de 2019

Ulpiano Ortiz Fajardo y Jairo Alexis Castro



9 de agosto de 2007

El 9 de agosto de 2007 en horas de la mañana Ulpiano Ortiz Fajardo salió de su casa, en el caso urbano del municipio de Piendamó, departamento de Cauca, para empezar su jornada de trabajo como comerciante de calzado y ropa, se dirigió a la Galería, a “La 13” en la ciudad de Popayán.

Luego de pasar por este lugar se dirigió a la Clínica La Estancia para visitar a su hijo Bryan Ortiz, que se encontraba herido por un accidente de tránsito. Ulpiano fue privado de su libertad junto a Jairo Alexis Castro Concha y posteriormente ejecutados extrajudicialmente por militares adscritos al Batallón de Alta Montaña No. 4. GR Benjamín Herrera Cortes de la Vigésima Novena Brigada, quienes, desarrollaban la Operación “Eclipse” a las 6:30 de la tarde.

Posteriormente, los militares presentaron a Ulpiano y a Jairo como “guerrilleros del ELN dados de baja en combate”. El hecho fue anunciado en diversos medios de comunicación y el 10 de agosto de 2007 hacia las 5:30 de la mañana los familiares de Ulpiano y de Jairo fueron informados de lo ocurrido.

En este mes inicialmente se presentó un informe ejecutivo por la Policía Judicial de la unidad de Timbío a la Fiscalía Seccional de Popayán, posteriormente se solicitó que la Fiscalía 51 Especializada en la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario que continuará la investigación, sin embargo, no se hizo imputación de cargos, pese a que se reconoció la participación de Juan Pablo Carmona, Daniel Ramos, Jhon Janner Gutiérrez, José Elvis Palacio, Misael Hernández, Wilson Manrique y el teniente coronel Martín Hernando Nieto, quien ordenó la operación militar.

A pesar de las inconsistencias en el caso y de los múltiples elementos probatorios presentados que señalaban la ejecución extrajudicial, ni los altos mandos, ni los militares partícipes en el hecho fueron responsabilizados por el atroz hecho contra Ulpiano y Jairo Alexis, su caso es impune y debido a la falta de reconocimiento de los hechos, la historia se repite con civiles inocentes, mientras la memoria de Ulpiano y Jairo reclama  justicia y verdad.

Ulpiano Ortíz Fajardo y Jairo Alexis Castro en la Memoria.
Ulpiano Ortíz Fajardo y Jairo Alexis Castro Sin Olvido.

sábado, 1 de junio de 2019

Omar Zuñiga Vasquez

1 de junio de 1992

Omar Zuñiga Vásquez era un joven campesino que en junio de 1992 se encontraba con su madre Amira Vásquez de Zuñiga en su finca La Icotea, en el corregimiento de San Jacinto, ubicado en el municipio de San Cristóbal, Bolívar. Durante este período miembros del Batallón de Fusileros de la Infantería de Marina No. 3, 14 y 15 de la I Brigada, habían estado en la finca pidiendo víveres.

La familia Zuñiga Vásquez no había dudado en brindarles leche, maíz, arroz o cualquier fruto de su trabajo. Pero el 1 de junio de 1992 una unidad de 30 hombres de dicho Batallón al mando del infante de marina Henry Mauricio Rodríguez Botero, llegaron al El Cerrito un lote cercano a la finca la Icotea. Con el rostro cubierto ingresaron e insultaron y golpearon a Amira y a Omar.

Los hombres los trasladaron hasta el Colegio el Paraíso en San Jacinto, allí le golpearon las piernas a Amira y la encerraron en un baño. A Omar lo torturaron en un salón contiguo al baño, allí le rompieron la mandíbula y le quemaron la espalda usando ácido y fuego. Amira presenció todo por una rendija, mientras los militares abusaban de su uniforme y acusaban falsamente a Omar de ser guerrilero.

Sin orden judicial y de manera arbitraria los militares se llevaron a Omar con el objetivo de obtener información sobre el paradero de otros guerrilleros. Amira como su hijo fueron sometidos a torturas físicas, psicológicas y morales. Luego de cuatro días, después de retener a Amira ilegalmente, fue liberada, dejada en una carretera por los militares. Los hombres se retiraron y manifestaron que Omar se había escapado y no sabían de su paradero.   

Nueve días después, el cuerpo del joven fue encontrado en el Cerro Capiro cerca del corregimiento de El Paraíso, con signos de tortura, la mandíbula destruida y con un impacto de bala en su rostro.

Su familia empezó la búsqueda de justicia,  Amira junto a sus 18 hijos e hijas, hermanos y hermanas de Omar emprendieron una lucha en contra de la impunidad. Fueron amenazados y desplazados por los mismos perpetradores de los hechos, aunque sabían quiénes eran los responsables estos habían sido absueltos por la justicia penal militar como por la justicia ordinaria.

Durante años la familia Zuñiga fue revictimizada y el cuerpo de Omar fue desenterrado dos veces para establecer la identidad por petición de la defensa de los militares. En 2011, con el acompañamiento del abogado Daniel Prado se dictó resolución de acusación contra el coronel Rodríguez Botero y a los hombres bajo su mando, los infantes Alfonso Coronel, Róger Argel, Jairo Becerra, el dragoneante Carlos Bermúdez y los sargentos Misael Villabona y Oslavi de la Cruz.

Pero en 2012 la Fiscalía General de la Nación declaró prescripción de la acción penal con el delito y ordenó la libertad de los militares. Sin embargo, el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo representó a la familia y llevó el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, de esta manera fue como se ordenó al Estado colombiano a vincular a la familia a programas de reparación integral y a reconocer y pedir perdón sobre la responsabilidad del Estado por la muerte de Omar Zuñiga y la tortura de Amira Vásquez.

Es así como en 2016 el ministro de justicia Jorge Eduardo Londoño, admitió responsabilidad y pidió perdón por la ejecución extrajudicial de Omar a manos de integrantes de la Amada Nacional. Luego de 24 años hubo un avance en el caso, fue satisfactorio para su familia el acto de reconocimiento, pero desde allí sus familiares siguen a la expectativa de una reparación completa y de la realización de nuevos proyectos de vida luego del asesinato de Omar, para dignificar su memoria. 

Omar Zuñiga Vásquez en la Memoria 
Omar Zuñiga Vásquez Sin Olvido

domingo, 26 de mayo de 2019

Genaro Potes

 26 de Mayo de 2016.


Yo soy hombre del campo o mejor dicho soy campesino así que les ruego, suplico y pido, ya no más preguntas, no me jodan más” Jorge Veloza

Genaro Potes fue asesinado el 26 de mayo del 2007 en la vereda Campo Alegre por militares del Batallón 21 Vargas de la brigada séptima del ejército y también quienes manifestaron asesinar a los pobladores del corregimiento de Puerto Esperanza, municipio El Castillo. 

Los hechos ocurrieron desde el sábado 26 de mayo, cuando Genaro se desplazaba desde la casa de su hermano ubicada en la vereda Campo Alegre, del municipio El Castillo (meta), hacia la vereda Puerto Esperanza, movilizándose a caballo. Siendo las 4 de la tarde fue detenido por militares del Batallón 21 Vargas a cargo del comandante de apellido Ferro. 
Hacía las 6:25 p.m. en la Zona Humanitaria de la Comunidad Civil de Vida y Paz, se escuchó un explosión y ráfagas de fusil, pero según los pobladores no se presentaron combates en el lugar.

Con su camiseta Blanca y pantalón azul, éste campesino tradicional de la región había sido desaparecido sin dejar rastro. Al día siguiente se despertó la preocupación en sus familiares y amigos e iniciaron la búsqueda exactamente el día domingo 27 de mayo, acudiendo al Ejército Nacional establecido en la zona, preguntando si sabían algo de Genaro, pero estos desde un principio negaron que tenían en su poder al poblador, sin embargo, la Defensoría Municipal presionó un par de veces, y ellos indicaron nuevamente que no sabían nada. 

El día 28 de mayo en la emisora Colombia Estéreo, se informó que el Ejército Nacional se había enfrentado con la guerrilla y que habían dado de baja a un guerrillero y en el municipio de Granada (Meta). 

Según las versiones de algunos campesinos vecinos de la zona, que fueron testigos de los hechos, afirmaron que Genaro fue amarrado en un cultivo de cacao, al lado de una escuela de la vereda Campo Alegre. 

El ejército ya le había preguntado a un campesino que pasaba por el lugar en el momento de la detención, si sabía quién era Genaro, y él indicó que lo conocía como un hombre trabajador y honesto del lugar, aun así, los soldados ya lo habían señalado como guerrillero. 

Consecutivamente, algunos miembros de la familia de Genaro, se dirigieron a Medicina Legal del Municipio de Granada para solicitar la entrega del cuerpo, pero su petición fue negada por los funcionarios, argumentando que no poseían la cedula de Genaro, sin embargo, su familia testifica que al momento de su detención y asesinato él llevaba sus documentos de identificación. 

Los miembros del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI y la Fiscalía, los citaron al reconocimiento del cuerpo, para confirmar hicieron algunas preguntas, lo familiares al responderlas, no sabían de la cicatriz que tenía Genaro en uno de sus dedos de la mano y les negaron la entrega de su cadáver. 

Su cuerpo manifestaba signos de tortura y un disparo en la cabeza, sin piedad y sin justicia alguna, la vida de un ser humano, dedicado a la labor tradicional de la región fue arrebatada por la fuerza militar. 

Ante todos estos crímenes y amenazas, la población de la región y quienes pertenecían al Sindicato de Trabajadores Agrícolas Independientes del Meta, manifestaron gran preocupación por todas las injusticias, ilegalidades y agresiones que realizan las unidades de estrategia militar encubierta de la Séptima Brigada que operaba en la zona. 

Militares de la Brigada séptima después de la ejecución y sepelio de Genaro Potes expresaron a varios pobladores del sector, si llegaba a llamar el Coronel preguntando sobre el combate, le respondieran que si hubo enfrentamiento y pidieron el número de algún poblador para que reafirmaran el supuesto combate. Dejando en evidencia el miedo de los militares frente al asesinato de un campesino y no de un guerrillero como ellos lo sostenían. 

Genaro Potes de 51 años de edad presentaba características de salud mental y físicas anormales que se notaban a simple vista, lo cual lo hacía poseedor de un cuidado especial por la gente que lo rodeaba, sin embargo, por parte del Ejercito Nacional estos tratos fueron violados. 

El año anterior a su muerte Genaro ya había sido amenazado, según la declaración del registro único de población desplazada del 2006 de la Corte Constitucional, Genaro fue desplazado internamente del municipio El castillo de la vereda Los Alpes, hasta la Vereda Caño Embarrado. 

Hacia las tres de la tarde, el 29 de mayo, fue entregado el cuerpo de Genaro y trasladado a Medellín para el sepelio. Su crimen quedó en total impunidad, pues la política de “seguridad democrática”, fue la estrategia contrainsurgente en la región del Alto Ariari desde el 2002, presentando a campesinos, menores de edad y personas con enfermedades mentales como “guerrilleros muertos en combate”, y por parte de la justicia no hay investigaciones sobre la veracidad del crimen ocurrido en Meta. 

Estos crímenes perpetrados por el Batallón XXI Vargas han dejado en la población dolor, lágrimas, injusticia y violación de los derechos a los campesinos de la región.

Genaro Potes en la memoria.

Genaro Potes sin olvido.

sábado, 20 de abril de 2019

Eduardo Ávila Fonseca

Abril 20 de 1993

Eduardo Ávila Fonseca había sido el guardaespaldas de Carlos Pizarro León Gómez candidato a la presidencia por el partido Alianza Democrática M-19. Fue detenido y desaparecido el 20 de Abril de 1993, visto por última vez a las seis de la tarde por su hermana. Ese día fue abordado por cuatro hombres en la carrera 13 con 63 en la ciudad de Bogotá, ellos, vestidos de civiles y con armas, obligaron a Eduardo a subir a un taxi, lo subieron a la fuerza al vehículo mientras lo golpeaban y posteriormente lo desaparecieron.


Su familia fue informada de su detención dos horas después y decidieron empezar una búsqueda larga, angustiosa y sin respuestas, dónde nadie les dio razón de Eduardo.

Luego de lo sucedido, emergieron múltiples versiones, pero debido al incansable deseo de la familia por encontrar la verdad, se pudo conocer que Eduardo fue detenido y desaparecido por agentes de la SIJIN.

Su cuerpo sin vida fue encontrado tiempo después, sin hallar respuesta alguna del porqué de su detención, desaparición y ejecución extrajudicial.  Años después la búsqueda incansable por esa verdad y de persistencia para que existan procesos de investigación que lleve al esclarecimiento de los hechos y a la Justicia, no se ha logrado esclarecer la verdad.

Colombia, un país que insiste una vez más en transformar este contexto que nos aflige a todos y a todas, que se ha llevado campesinos, campesinas, indígenas, mujeres y hombres. Paz con justicia social, es el reclamo de una Colombia que está cansada de sufrir, de cientos que lloran a sus hermanos y a sus líderes.

Hoy entonces, recordando a Eduardo Ávila, debe ser significado no de un sueño, sino un impulso real a trabajar, a cuestionar, a denunciar.

Las palabras de Gladys Ávila Fonseca hermana de Eduardo, hoy tiene más significado que nunca, que nos llama como pueblo, que reclama del Estado respeto,

Hasta que nuestra patria Colombia, escuche la voz del dolor, hasta que no desaparezcan más, hasta cuando se permita pensar, hasta cuando no se violen los derechos humanos, hasta cuando exista justicia y verdad. Eduardo Ávila, seguirá presente en la memoria. Eduardo una víctima más del crimen de estado en Colombia.

Eduardo Ávila, Fonseca en la Memoria
Eduardo Ávila Fonseca Sin Olvido.

lunes, 1 de abril de 2019

Ernesto Pill Parra


1 de abril de 1982 

El jueves 1 de abril del 1982, unidades militares pertenecientes al Operativo No. 12 del Ejército en Caquetá, torturaron y ejecutaron extrajudicialmente al joven campesino ERNESTO PILL PARRA, catequista de grupos cristianos de base en la vereda Bellavista, del municipio de San José del Fragua, departamento del Caquetá.

ERNESTO fue detenido de manera arbitraria en el mes de diciembre de 1981, fue torturado y tras cinco días de padecer tratos crueles e inhumanos, interrogatorios con preguntas a las que él no tenía respuestas, fue dejado en libertad con la condición de cada semana presentarse en el Batallón en San José de Fragua.
ERNESTO, con sus 22 años se mantuvo firme en su fe y en la decisión que le inspiraba el evangelio de trabajar por su comunidad, por ello se abstuvo de acceder a las presiones del ejército que le plantearon colaborar en el desarrollo de acciones contrainsurgentes.
El mantenerse firme en sus convecciones tuvo su precio y ese 1 de abril antes de salir de su casa campesina le dijo a su madre que le diera la bendición, pues temía que algo malo le sucedería. Con la bendición a cuestas tomó el camino y a mitad de éste fue detenido por el ejército, nuevamente torturado y asesinado. Solo cinco días después fue posible que vecinos y amigos hallaran su cuerpo con evidentes signos de tortura.
ERNESTO fue asesinado, pero nunca claudicó a la defensa de la vida y la dignidad, la suya, la de su familia, la de los pobladores de la vereda. ERNESTO, hace parte de las decenas de jóvenes creyentes asesinados en los llanos orientales, en el Caquetá, en este país del “Sagrado Corazón de Jesús”.
El crimen contra ERNESTO es uno de muchos cometidos en el municipio de San José de Fragua por el ejército colombiano. Y es uno de tantos que se mantiene después de los años en la total impunidad. Aún se espera un juicio sobre los responsables de este crimen. ERNESTO permanece en la memoria, hoy no solo de cristianos, también de los no confesos que creen en la defensa de la vida y la dignidad de la humanidad.
Ernesto Pill Parra en la Memoria
Ernesto Pilla Parra Sin Olvido


lunes, 11 de marzo de 2019

José Orlando Giraldo Barrera

11 marzo 2006 

MEMORIAS DE VIDA Y ESPERANZA 

No vayas a mi tumba y llores
Pues no estoy ahí.
Yo no duermo
Soy un millón de vientos que soplan 
El brillo de un diamante en la nieve 
La luz del sol sobre el grano maduro
O la suave lluvia del verano
En el silencio delicado del amanecer
Soy un ave rápida en vuelo
No vayas a mi tumba y llores
No estoy ahí
Yo no morí

Indio Americano. Anónimo

Un motivo más para la esperanza, porque somos parte de esa historia de las víctimas en Colombia que el Estado ha querido invisibilizar e injuriar. La verdad y la Justicia, no han pasado por nuestras casas, por el contrario las ordenes emanadas de las cortes judiciales para recuperar el buen nombre de nuestro padre, abuelo, tío, esposo fue incumplida. Pues la dimensión de la falsa noticia de las autoridades y de los medios de comunicación que no fue rectificada en su debida dimensión, se miró a lo lejos, paso pretendiendo que no sea vista, no ser escuchada. 

Al lado de la barbarie de este Crimen de Estado, se consolida la impunidad y como si fuera poco, se pretende imponernos olvidar, hacernos creer que no hay otra posibilidad si no dejar atrás el pasado. Pero la dignidad batalla fuerte y vigorosamente abriendo caminos de esperanza, de movilización, de lucha, caminos de memoria, de reivindicación para nuestros derechos y los de todos los familiares a quienes el camino de la violencia política y la impunidad contra nuestros seres queridos nos hizo unirnos. 

El 11 de marzo de 2006 el Ejército Nacional asesino y torturo a un campesino, a un labrador de la tierra, a un hombre que sembró verdad y justicia. Un campesino que no pudo defenderse porque solo tenía amor para su familia, un azadón, una pala y un machete  cambio sus victimarios con mucho odio contra el pueblo y  con fusiles de última tecnología. Dicen las investigaciones que lo superaban más de diez veces en número y que le dispararon a quema ropa, no le permitieron decir que era campesino.

No hubo testigos que pudieran contar lo sucedido, porque sus victimarios actuaron al amparo de la oscuridad, la ilegalidad y el despotismo que los caracteriza para imponer el terror. Los árboles, la tierra, las flores, los gatos, los perros, las vacas, los caballos, las gallinas, fueron los únicos testigos de esa sombría noche que cambio para siempre la vida de todos los que amaban sus enseñanzas, sus palabras y sobre todo ese amor a la tierra que lo vio nacer.

LA VERDAD JUDICIAL UNA VERDAD QUE NO SE APLICA Y NO REPARA LOS DAÑOS CAUSADOS EN LOS FAMILIARES DE LAS VICTIMAS. 

En sentencia del 6 de marzo de 2012, fue condenado a 37 años de prisión LUIS EDUARDO MAHECHA HERNÁNDEZ Ex sargento de inteligencia del Batallón de Alta Montaña número 3 “Rodrigo Lloreda Caicedo”. El juez 19 penal del circuito de Cali asevero textualmente “Con fundamento en lo demostrado por la Fiscalía General de la Nación, concluimos sin lugar a equívocos que el señor José Orlando Giraldo Barrera, era un campesino dedicado a labores concernientes al cuidado de fincas y a labores de sembrados y cultivos, sin ningún ligamen intelectual o material con grupos al margen de la Ley..” y menos aún como líder de la agrupación conocida como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), conclusión a la que se arriba con los testimonios que al respecto se convocaron a la etapa del juicio oral y la ausencia demostrativa por parte del Ejército Nacional de que el victimado perteneciere a dicha agrupación”.


En agosto de 2009 se dictó medida de aseguramiento contra El mayor MANUEL ARTURO PABON JAIMES, LUIS FRANCISCO GÁLVIS SEPÚLVEDA, WILLIAM FABIAN MOSQUERA DELGADO, CRISTIAN DANIEL DELGADO CUASQUER, EDUARDO FIDEL ANGARITA SANTIAGO, JHON JAIRO QUIJANO SÁNCHEZ, CARLOS ENRIQUE MARTINEZ DIAZ, después de cuatro años de tácticas dilatorias, cambiaron tres veces el juez, tres veces de Fiscal y la administración de justicia fue incapaz de dar continuidad de manera eficaz al juicio oral, estos militares fueron dejados en libertad entre junio y octubre de 2013, estas libertades se otorgaron de espaldas a las víctimas que no fueron convocadas a las audiencias para controvertir la decisión.

Por ello invocamos el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, no renunciamos a la idea de que se aplique justicia y seguiremos trabajando porque estos crímenes atroces contra la humanidad no se vuelvan a cometer nunca mas en Colombia. 

Cómo no recordarte querido padre si crecimos al lado de tu ejemplo que nos ha hecho mujeres comprometidas, como no hacerlo si todo lo que somos fue fruto de tu cosecha, como no hacerlo si la imagen de tu cuerpo torturado habita cada una de las esquinas de la memoria

JOSE ORLANDO GIRALDO NO HA MUERTO, SUS ENSEÑANZAS Y MEMORIA VA CON NOSOTROS A CADA PASO QUE DAMOS NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

¡NO HAY PAZ POSIBLE CON CRÍMENES DE ESTADO!

MOVICE VALLE DEL CAUCA 

José Orlando Giraldo en la memoria

José Orlando Giraldo Sin Olvido

martes, 29 de enero de 2019

Eider Quiguanas Rumique

Enero 29 de 2002

El martes 29 de enero de 2002, en la finca “El Clavel”, ubicada en la vereda la Floresta, la familia de Eider Quiguanas se preparaba para compartir el almuerzo, éste fue interrumpido por alrededor de 50 militares, pertenecientes al FUDRA, Fuerza de Despliegue Rápido e integrantes de la brigada 3 y 7 del Ejército nacional.

Allí los militares ingresaron con insultos y solicitando los documentos de identidad a todos los miembros de la familia, posteriormente,  los obligaron a acostarse boca abajo; en esta posición sus cabezas recibieron varios golpes con armas. Mientras tanto otros militares encerraron al hijo menor de la familia de 10 años y a dos nietos, uno de 9 y otro de 3 años en un cuarto de la casa.

El padre de Eider fue retirado del lugar en el que se encontraban los demás familiares y mientras era golpeado le hacían preguntas relacionadas con la guerrilla, pidiéndole la ubicación de este grupo insurgente a lo que él respondió que no sabía; de inmediato fue lanzado al suelo boca abajo y utilizando métodos de intimidación de dispararos cerca de los oídos diciéndole que lo hacían porque no les proporcionaba la información que querían.

Entre tanto otros militares llevaron a Eider de 17 años de edad a un estanque de peces donde intentaron ahogarlo sumergiendo su cabeza en el, simultáneamente fue golpeado múltiples veces, al sacar a Eider del estanque su rostro fue golpeado contra piedras, mientras otros militares pateaban su cuerpo, Eider rogaba para que lo dejaran de torturar pero los militares lo llevaron de nuevo a la casa, amarraron su cuello a una hamaca de hilo y entre 12 soldados, comenzaron a tirar de cada extremo intentando ahorcarlo al tiempo que lo golpeaban en el cuerpo.

Cuando por fin los militares cesaron las torturas contra  Eider, este aprovechó para intentar salvar su vida corriendo alrededor de 80 metros, al darse cuenta, los militares le dispararon en las piernas, por lo que cayó herido, luego los miembros de la Fuerza Pública se acercaron al lugar en el que se encontraba tendido Eider y allí lo ejecutaron.

Los militares dijeron a la familia que lo asesinaban porque era un terrorista y fueron obligados a llevar el cuerpo de Eider en una mula hasta al filo de una montaña en donde un helicóptero del ejército se lo llevó, para luego ser presentado como guerrillero muerto en combate.

El padre de Eider se trasladó hasta el casco urbano del municipio de El Castillo denunciar lo ocurrido ante el Personero Municipal, Mario Castro Bueno. Mario dio curso a la queja ante las autoridades competentes y recaudó las pruebas necesarias para adelantar la investigación, pero el 1 de Noviembre Mario también fue víctima del terror siendo asesinado por paramilitares.

La familia de Eider, estando en condición de desplazamiento en Villavicencio se vio obligada a poner nuevamente una denuncia penal contra el Ejército Nacional ante la Fiscalía 31 especializada de Villavicencio en el año 2003.

En 2004 ésta denuncia fue trasladada a la Justicia Penal Militar, debido a que la Fiscalía 31 especializada de Villavicencio argumentó colisión de competencia.

En la Justicia Penal Militar los militares que estaban siendo investigados fueron absueltos de toda responsabilidad, dejando en la total impunidad la tortura, la ejecución extrajudicial y desaparición de Eider.

Siete años después, en 2011 la familia de Eider retornó a la finca de donde fueron desplazados, “El Clavel”, en donde hicieron una placa en memoria de Eider con la que dignifican su memoria.

Hoy corren años de impunidad sobre los múltiples crimenes de lesa humanidad cometidos este día, años en que sus familiares junto con la Comunidad Civil de Vida y Paz, siguen buscando con esperanza de encontrar justicia, verdad y reparación. Mientras los años pasan la familia Quiguanas no ha podido darle un último adiós a Eider en cristiana sepultura.

Eider Quiguanas Rumique en la Memoria.
Eider Quiguanas Rumique  Sin Olvido.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Luis Fernando Lalinde Lalinde


3 de Octubre de 1984

La historia de Luis Fernando Lalinde Lalinde, es la historia de Fabiola, su mamá y su inagotable lucha por las víctimas de desaparición forzada en Colombia. Desde hace más de 30 años, con su hijo como emblema, Fabiola se ha opuesto a todas las formas de violencia, a pesar de padecer de la represión y las injusticias del Estado, que en lugar de mermar su labor por la defensa de los derechos humanos  parecen llenarla de fuerza para seguir.
Paradójicamente su lucha inicia con el fin de la vida de su hijo, Luis Fernando era un joven de 26 años, militante del Partido Comunista Marxista-Leninista, muy activo en política participó en el marco del proceso de cese al fuego entre el gobierno de Belisario Betancourt y las FARC, cuando ya había finalizado su carrera de sociología.
El 3 de octubre de 1984 fue detenido, torturado, desaparecido y ejecutado extrajudicialmente, por efectivos militares adscritos al Batallón de infantería No. 22  ‘Ayacucho’ de la Brigada VIII al mando del Capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, los subtenientes Jaime Andrés Tejada Gonzales, Samuel Jaimes Soto y el cabo segundo Medardo Espinoza Areiza.
Luis Fernado había sido detenido en medio de la ‘Operación Cuervos’, en el municipio de El Jardín, Antioquia donde buscaban un guerrillero herido del Ejército Popular de Liberación (EPL). En el Caserío el Verdun el sociólogo fue amarrado, golpeado brutalmente y llevado en un camión militar con dirección a Riosucio, Caldas, siendo visto por última vez.
Hasta 1986 Luis Fernando Lalinde había sido despojado de su identidad y de su nombre, “lo convierten en un NN alias Jacinto y nadie sabía de él”, hasta que en septiembre de 1988 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA condenó al Estado Colombiano. Cuenta Fabiola que “El caso de Luis Fernando fue la Primera resolución de la OEA responsabilizando al Estado colombiano por desaparición y por ejecución extrajudicial”, motivo por el cual ella y su familia han sido víctimas de persecuciones y hostigamientos.
Después de 4.428 días parte de los restos de Luis Fernando fueron encontrados en la ciudad de Medellín, para entonces, la señora Fabiola ya había adquirido una fortaleza, un sentido de persistencia infundido por el médico Héctor Abad Gómez, defensor e intelectual de los derechos humanos, que apoyo a Fabiola, asegurandole que a pesar del tiempo que estuviese desaparecido su hijo “…hay que buscarlo toda la vida, aunque no lo encuentre”.
Desde su experiencia y sensibilidad Fabiola Lalinde, viene acompañado a madres víctimas de desapariciones forzadas en Colombia, y  haciendo frente a toda violencia hacia la mujer desde la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES).

A partir de la muerte de su hijo inició la que llama “Operación Ciriri” insistiendo en su búsqueda así llueva, truene o relampaguee ante quien fuese necesario, en la que además ha rescatado durante su lucha los principios que en su infancia la marcaron, que son la verdad, el respeto, la solidaridad y honestidad: “Me di cuenta de lo importante que era esa parte sobre todo de la verdad, decir la verdad y nunca en la vida aceptar decir mentiras, (…) con eso me he defendido, porque en el transcurso de la búsqueda me di cuenta que me estaban mintiendo y eso me ha dado más fortaleza
Luego de 34 años el Ejército Nacional construyó una escuela en la vereda el Verdún, último lugar donde estuvo Luis Fernando Lalinde con vida, como una forma de reparación a la familia de la víctima. Actualmente el contexto social y político en Colombia persiste en legitimar actos de violencia por medio de la ilegalidad, la justicia no ha sido completa, pero se seguirá insistiendo en una paz aunque esté lejana, porque como dice la canción “Lalinde” de pasajeros en memoria de Luis Fernando, el país sigue pintado de un color, “Si el rojo prima en sus colores es que está enferma de homicidas"

Luis Fernando Lalinde en la Memoria
Luis Fernando Lalinde Sin Olvido

martes, 3 de octubre de 2017

Luis Fernando Lalinde Lalinde




3 de octubre de 1984 - 3 de octubre de 2017


Memoria y Justicia


Luis Fernando Lalinde, estudiante de sociología, militante de Partido Comunista Marxista-Leninista fue detenido arbitrariamente, torturado, desaparecido forzadamente y ejecutado extrajudicialmente entre el 3 y el 4 de Octubre de 1984 por efectivos militares del batallón de Infantería.


Integrantes de una patrulla contra-guerrilla en el caserío de Verdun, municipio de El Jardín, Antioquia, tomaron la decisión de detener arbitrariamente a Luis Fernando, en medio de un escenario en que se hablaba de diálogos para la paz, y en que los amantes de la violencia no descansan. Desde ese día su madre es parte de la historia de la dignidad, la expresión de la mujer que cree, que desde las entrañas rompe las urdimbres del poder, la de una hermana que en la estética expresa el dolor en esperanza, en que ellas y él se convierten en gestoras de una epopéyica popular

Luis Fernando fue conducido a una pesebrera donde luego de ser atadas sus manos, fue torturado. Lo amarraron de la nuca con un lazo a una viga y "lo subían y bajaban" mientras era golpeado brutalmente. Después,  los mismos miembros del ejército, lo llevaron a la escuela y lo amarraron a un árbol. Actuando sobre la seguridad del terror continuaron las torturas en presencia de adultos y niños del lugar. Sus victimarios, los integrantes de la patrulla de Contraguerrilla – Compañía “Condor”, comandada por el capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, el subteniente Samuel Jaimes Soto, el subteniente Jaime Andrés Tejada González y el cabo primero Medardo Alberto Espinosa Areiza y 16 soldados más, no ocultaron su inhumanidad.

Al anochecer  a Luis Fernando lo trasladaron en un camión militar con dirección al municipio de Río Sucio, en el departamento de Caldas. Este día fue el último en que Luis Fernando fue visto con vida. Su cuerpo fue despojado de su nombre y puesto con el alias de “Jacinto”, la pretensión justificar su muerte como un acto legal y legitimo de las fuerzas militares contra un guerrillero, porque lo que se llaman hoy falsos positivos, desde 1964, siempre han existido, solo habrá que consultar el anverso de los manuales contrainsurgentes de las fuerzas militares de Colombia.  El comandante de la brigada 8 en Armenia, Coronel Héctor Julio Ayala Cerón comunicó a los Familiares de Luis Fernando que tenía reportado 13 cadáveres sin identificación entre los cuales se hallaba un alias “Jacinto”.

Pero no todo podía ser perfecto. El sueño, el afecto materno, la pasión familiar,  la comunicación que supera la muerte biológica fue desmoronando poco a poco tanta impunidad estructurada meticulosamente para evitar que ningún ápice de justicia fuera posible.

El Juez 13 de Instrucción Criminal concluyó en 1986 que  “Jacinto” era Luis Fernando. Una verdad afirmada por su madre a pesar de tanto engaño institucional. Un año antes, la decisión de la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares, a través del General Nelson Mejía Henao, decretó archivada la investigación por “falta total de pruebas”, pero como siempre ha sido la justicia con los crímenes de Estado, el fallo reconocia la detención de Luis Fernando, sin pronunciarse sobre su asesinato y desaparición forzada, sin vincular al militar que disparó, el Teniente Tobo Peña. En 1998 el estado colombiano fue condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ese sueño persistente el de parajes, el de un árbol una y otra vez se convirtieron en la comunicación perfecta, el mensaje escuchado de la madre de la expresión del hijo diciendo: “aquí estoy, encuéntrame”. Es el afecto que vence la muerte. Sí,  así Doña Fabiola iba develando la verdad, por encima de expedientes judiciales que llevaban a la impunidad, a negar quién era su hijo….. y hallados los restos solo fue hasta el 19 de noviembre de 1996 en la ciudad de Medellín, que por fin Doña Fabiola, Adriana y su hermano lograron inhumar a Luis Fernando.

Desde hace más 30 años los sueños son el signo de la verdad y de la vida. Nunca tan claramente ese amor en libertad condujo a la verdad, nunca fue tan cierto que los sueños son verdad. Desde ese día, desde todos estos días que suman cerca de 10 mil, esa memoria es colectiva, los sueños de millares de madres son la verdad, son la realidad que la justicia no ha querido esclarecer, son la exhumación de millares de restos de desaparecidos forzados, son la verdad de más de 60 mil desaparecidos que ahora con la paz se quieren negar, como si nunca hubieran existido, como si el Estado Colombiano, nunca hubiera desaparecido a ningún ciudadano.

Luis Fernando Lalinde Lalinde en la memoria, Luis Fernando Lalinde Lalinde Sin Olvido

domingo, 17 de enero de 2016

Wilder Eduardo Olave Gutiérrez

17 de enero 2014 - 17 de enero 2016

A dos años del asesinato de Wilder Olave a manos de militares de la brigada 29 del ejército nacional de Colombia, peregrinaron las comunidades del Carmen de Viborá, Pedregal, San Antonio y  la Palmera del municipio de Inzá; de Monserrate Huila y Bogotá, a cumplir uno de tantos sueños truncados por un accionar sistemático del aparato militar en Colombia, los llamados “falsos positivos” que en las normas del derecho internacional de los derechos humanos son concebidos como ejecuciones extrajudiciales. Se peregrinó desde el caserío de Carmen de Viborá de donde es oriundo Wilder y su familia y lugar donde fue asesinado el 17 de enero de 2014, al santuario de Nátaga, en el municipio de La Plata Huila.

Conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave
Se partió con la ilusión de llegar al lugar donde Wilder soñó ir desde pequeño,  recordando su alegría, su dinamismo, su compromiso en el colegio donde estudió, Wilder estuvo presente en la memoria de todos y todas quienes participaron en esta peregrinación.

Con el profundo dolor que despierta perder un ser querido en estas circunstancias, la alegría de Wilder se manifestó en la presencia de niñas, niños, jóvenes, adultos, personas campesinas, sencillas, humildes, honorables, soñadoras y constructoras de paz que evocaron su vida con este pequeño homenaje, así entonces con un acto litúrgico como signo de su espiritualidad e identidad de una de sus prácticas se compartieron interrogantes, impresiones, sensaciones, pensamientos, deseos por un país más justo, por una humanidad más humana, por un mundo más habitable donde no haya acaparadores, injustos, abusadores y explotadores de los recursos naturales; donde todos se junten y la vida sea respetada, donde no se asesinen los sueños de los niños, los jóvenes y las comunidades, donde los verdaderos habitantes de los territorios puedan vivir y existir en el con sus generaciones por venir, sin temores.
Conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave

Estas intenciones motivaron la continuidad de la celebración por la vida de Wilder, en la que desde lo más profundo y sincero del ser se manifestó la angustia por el crimen cometido, por la impotencia sentida, por la rabia contenida de saber que el derecho a la vida no es más que un lema en un estado social de derecho que recurre a estas sistemáticas prácticas con el fin de demostrar eficiencia en su  política de seguridad y prosperidad democrática.

La peregrinación como sentido de partida hacia un encuentro con algo, o alguien, convocó a la unidad, a la solidaridad, al acompañamiento, a hacer sentir menos dolor en el sufrimiento y a animar desde la fe y la esperanza la búsqueda de verdad, justicia y reparación de este hecho. Se cumplió con un momento de muchos que vendrán, en el que la palabra permitió el desahogo de una mujer, la madre de Wilder que en sus ojos empañados por las lágrimas manifestó, ”este es un momento inexplicable, es triste y doloroso, pero al mismo tiempo de alegría por haber cumplido uno de los sueños de mi hijo Wilder, no quiero quedarme sola, pero solo quiero reiterar como se lo aseguré a mi hijo el día de su muerte, no descansaré hasta ver justicia y saber la verdad de lo que le sucedió”.
En este bello territorio se manifestó la solidaridad con la familia de Wilder, con su comunidad y como en un pacto establecido quedo el compromiso y el reto desafiante de acompañar esta difícil pero digna caminada por el derecho a la justicia, a la verdad, a la reparación integral y a velar porque en Colombia, estos signos de esperanza que se encienden en la transformación del dolor por alegría, de tristeza en esperanza, de amargura en ilusiones, de la injusticia en verdadera justicia, de la mentira en verdad, sean los pasos por un país distinto y en paz, donde la población infantil no pierda el derecho a vivir su niñez con tranquilidad, donde la juventud pueda cumplir sus sueños educándose, recibiendo las oportunidades y reconocimiento que se merecen por su alegría, sus habilidades, su libertad, sus pensamientos, sin ningún tipo de temor; porque se muera de muerte natural, no por una criminal política de Estado que fractura la  vida natural, que rompe el tejido familiar y comunitario. 
conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave


Wilder Olave en la memoria de la juventud y pueblo de Inzá

Wilder Olave el joven alegre, bromista, estudioso y soñador, Sin Olvido

jueves, 8 de enero de 2015

Sin Olvido - Hortensia Tunja y Manuel Tao

8 Ene 2006 - 8 Ene 2015
 
A 8 años de la ejecución extrajudicial de los dos jóvenes, la impunidad prevalece en este caso, los militares del batallón “Cacique Pigoanza” que actuando bajo la oscuridad de la madrugada de aquel 8 de enero de 2006, en el caserío de Belén, municipio de Inzá, Cauca, dispararon sus fusiles cegando la vida de estos dos jóvenes, no enfrentan ningún tipo de sanción disciplinaria por su responsabilidad en este crimen de Estado, y evidentemente  no hay vinculación alguna de lo mandos del batallón, hoy generales activos.

Estos crímenes de Estado no pasan al olvido, los familiares de Hortensia, Manuel y del sobreviviente, William Cunacué, continúan afirmando el derecho a la verdad plena,  han vivido un proceso de duelo en el que la memoria es miel, es color, son textos, pinturas y sonidos; donde el encuentro en la solidaridad de comunidades, organizaciones sociales, redes de apoyo, del orden nacional e internacional, van trascendiendo del dolor a la alegría familiar y comunitaria, de la angustia a la esperanza, de la soledad a la solidaridad, del miedo al fortalecimiento organizativo. 

La presencia de Luz Marina Cuchumbé en La Habana da fe de la importancia de la memoria, de esa construcción del derecho a la justicia, que pasa más allá de lo barrotes de una cárcel.

Desde su condición de humildes campesinos afectados por una política de “seguridad democrática”, como familiares de víctimas se han constituido en asociación de familiares de víctimas de ejecución extrajudicial “Sembradores de Paz” y mantienen un rincón que ha ido creciendo con el tiempo, donde los jóvenes y los niños se encuentran en el efugio del saber. Ellos son hoy parta de una apuesta colectiva de la red CONPAZ, Comunidades Construyendo Paz en los Territorios, en la que confluyen más de 120 organizaciones que se encuentran desde hace más de 14 años.

Los familiares de estos jóvenes víctimas, con el transcurrir de estos 8 años, en sus encuentros, disertaciones, reflexiones determinan que sus familiares no son víctimas de la guerra, consideran que son víctimas de un crimen de Estado, un delito de lesa humanidad, premeditado, que generó una profunda afectación a sus familias y a la comunidad, porque después de ser ejecutados extrajudicialmente, la escena del crimen fue movida, los cuerpos de Hortensia y Manuel presentados ante medios de información radial, escrito y televisivo como guerrilleros dados de baja en combate, el sobreviviente William, privado de su libertad y procesado por los delitos de rebelión y terrorismo.

Por ello no declinan en su exigencia de verdad, justicia, reparación integral; un acto público de ofrecimiento de disculpas del batallón Caique Pigoanza no es suficiente y en nada significa reparación. A 8 años de caminar juntos y juntas, los familiares sus exigencias son claras, conocer los nombres de los más de 25 militares que participaron en este crimen, que públicamente, así como fueron presentados sus hijos asesinados, el gobierno colombiano se retracte y asuma su responsabilidad en este hecho. Que se declaren monumentos nacionales la casa de la memoria “el Refugio del Saber” y las “gruta de la Vida”.

Ellos afirman: "seguimos evocando la vida de nuestros hijos víctimas, en el trabajo con niños y jóvenes, en la casa de la memoria “Refugio del Saber”, peregrinando hacia la “Gruta de la Vida” lugar exacto donde fueron asesinados nuestros hijos. Aunque sentimos profundamente su ausencia en nuestros hogares, ellos siguen vivos en nuestras actividades comunitarias. En la defensa de nuestro territorio, en la constitución de la escuela de formación ambiental y en la conformación de la red pro-defensa del territorio hoy codiciado por su abundante agua, por el petróleo, por el oro, por los proyectos de construcción de la hidroeléctrica en río Negro.

La alegría de nuestros hijos está presente en los talleres de formación, en los recorridos y encuentros que sostenemos en la región, están presentes porque así  los sentimos, sus espíritus nos animan a continuar esta larga y difícil caminada por la vida y la paz. 



Hortensia Tunja y Manuel Tao presente en la memoria campesina de Inzá
Hortensia y Manuel caminantes por la Vida y la Paz, Sin Olvido

Sin Olvido 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Holocausto del palacio de justicia


Noviembre 6-7 1985- Noviembre 6-7 2013

Ayer hace 28 años, poco más de 20 minutos para el medio día, marcaron esta historia, familiar, colectiva, nacional, parte de los retazos de la memoria y de los desencuentros con el olvido, hoy a esta hora de la tarde, el camino de la memoria nos ha llevado a transitar los entuertos del silencio y de la mentira cuando el terror se encuentra descubierto.

A la sede del Palacio de Justicia en el centro de Bogotá, en la Plaza de Bolívar, a pocos metros del parlamento y a unos pocos de la casa presidencial, ingresaron 35 insurgentes del Movimiento 19 de Abril, M-19, que pretendían realizar un juicio político al entonces Presidente de la República Belisario Betancourt debido al fracaso en el proceso de conversaciones de paz saboteado por un amplio sector de las fuerzas militares y del establecimiento colombiano.

A menos de dos horas de la incursión armada que cobró la vida de miembros del personal de seguridad del Palacio de Justicia y de algunos agentes estatales, se desató una retoma desproporcionada, excesiva, contra el derecho de gentes por parte de las fuerzas militares con participación de la policía nacional, y con el consentimiento, del presidente Betancour, quien asumió toda la responsabilidad, pero de quien muchos analistas afirmaron sufrió un golpe militar, por más de 28 horas, tiempo del operativo de tierra arrasada.

En menos de 2 horas el ejército logró derrumbar la puerta principal del Palacio y un fuego cruzado inundó el interior de la sede de las cortes.

Pero la operación militar estaba preparada. Días antes fueron trasladados a la capital efectivos militares de la brigada 7 con sede en Villavicencio para reforzar las operaciones planeadas en la brigada 13 de Bogotá. Todo estaba perfectamente planificado. La Casa del Florero a menos de 50 metros de la sede del Palacio de Justicia, dos horas antes de la toma del M 19, había sido habilitada como centro de identificación y de tortura de eventuales integrantes del M 19 o de sospechosos de ser para ellos integrantes del movimiento guerrillero. Todo esto ocurrió de forma premeditada horas antes que el Palacio de Justicia fuera tomado por el M 19, incluso antes que los tanques de guerra EE-09 Cascabel y Urutú ingresaran a la plaza de Bolívar.

Y efectivamente, luego del ataque por tierra, las personas que lograban salir del Palacio eran dirigidas por el ejército hacia la Casa del Florero en donde los identificaban e interrogaban, algunos de ellos allí fueron torturados, sometidos a presiones psicológicas y otros desaparecidos, 11 de ellos sin que los responsables hayan querido reconocer a dónde los trasladaron y qué hicieron con ellos, y otros ejecutados.

Esos cuarteles especiales estaban en el Casa del Florero y luego en las sedes militares a donde les llevaron, les torturaron y en algunos casos claramente les asesinaron. Ese tipo de operaciones contra la dignidad humana tuvieron como testigos y artífice entre otros, al Teniente Coronel Alfonso Plazas Vega, quién expresó que estaba “defendiendo la democracia”.

Al interior del Palacio, los guerrilleros dirigieron a algunos sobrevivientes civiles a los pisos superiores. Los incendios y los hostigamientos en los primeros pisos los acorralaban cada vez más. Sesenta personas permanecieron desde la noche del 6 de noviembre hasta el final de la toma en dichos baños de 20 m2.

Ese 6 de noviembre, la noche bogotana en pleno centro de la ciudad fue campo de batalla, un combate en el que los ataques militares propiciaron el incendió de expedientes en los que se les investigaba por diversos actos y conductas contra la ley, la que ellos dicen proteger y defender. Desde esa noche el camino de la memoria se inició, aún sin que terminara la retoma de las fuerzas militares en medio del silencio forzoso institucional y mediático.

Ese 6 de noviembre se demostró qué soporta y qué no, la democracia colombiana. Noemí Sanin, Ministra de Comunicaciones, ordenó a la radio parar las comunicaciones, en particular, aquella emisión radial que fue descubriendo detalles de las operaciones militares y la reiteración del cese al fuego clamado por Alfonso Reyes Echandía. La posterior candidata presidencial censuró las emisiones radiales, y ordenó emitir un partido de futbol, de los equipos Millonarios - Magdalena.

Es parte una imagen, entre otra memoria, la de un explosivo lanzado desde un tanque ubicado en la plaza de Bolívar, el que abrió un boquete e incendio el lugar en que se encontraban los pocos sobrevivientes, magistrados y guerrilleros del M 19, boquete que permaneció con una humareda hasta el 7 de noviembre, signo de las vidas extinguidas, de lo negado y que con el tiempo se ha develado.

El 7 de noviembre después de las cuatro de la tarde, entre ese olor del holocausto, de los huesos calcinados, del humo perdido de tanta bala, de tanta bomba, terminada la operación rastrillo, continúo el camino de la impunidad. Los militares tomaron control total de la edificación en ruinas, modificaron la escena del crimen, mientras los desaparecidos, que fueron trasladados a la Casa del Florero, una vez más fueron trasladados al cantón norte y sin ser registrados en los libros de control militar fueron nuevamente interrogados y torturados y algunos de ellos, asesinados en los días siguientes.

Al final la muerte de 43 civiles, 33 guerrilleros, 11 miembros de las fuerzas armadas y del DAS, 11 Civiles desaparecidos, la militante del M-19 desaparecida y 4 personas torturadas, entre ellas, dos estudiantes de la Universidad Externado.

Con el tiempo se conoció que algunos salieron con vida y sus cuerpos sin vida ingresados posteriormente por las fuerzas militares, como sucedió con el Magistrado Carlos Horacio Urán.

A pesar de los avances judiciales, de los reconocimientos jurídicos que identificó a responsables de las fuerzas militares, todo en la justicia es endeble, es impunidad.

Según investigaciones realizadas por varios juzgados, el Consejo de Estado y la Fiscalía General de la Nación, los desaparecidos del palacio en manos del Ejército son once personas entre empleados de la cafetería y visitantes ocasionales. Una más era guerrillera del M-19.

El 9 de Junio del año 2010, la juez Tercera del circuito Especializado de Bogotá María Stella Jara, sentenció a 30 años de prisión al Coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega en primera instancia, decisión que fue confirmada en segunda instancia por el Tribunal Superior de Bogotá y que actualmente está en estudio de casación ante la Corte Suprema de Justicia.

Por su parte, el ex general Jesús Armando Arias Cabrales fue condenado en primera instancia por el Juzgado 55 penal del circuito, decisión que fue apelada ante el Tribunal de Bogotá.

Pero en realidad las dos condenas son una formalidad más, entre tantos expedientes. El Teniente Coronel Plazas Vega, no parece en retiro, vive en una guarnición militar, dicta clases a nuevas generaciones de militares y de abogados, tiene el beneficio de asistir a reuniones y ruidosas fiestas en clubes exclusivos de Bogotá. Ese es el gran hombre, el desaparecedor, que en su defensa pública, expuso una fotografía de gran hombre católico recibiendo una hostia supuestamente sagrada de manos de Juan Pablo II.

Jesús Armando Arias Cabrales con una hoja de vida tachada de cuestionamientos profundos por violaciones de derechos humanos vive su condena en libertad, en un apartamento en una guarnición militar, en el que habita con sus familiares.

Esa es la justicia colombiana, injusticia, como decía, Eduardo Umaña Mendoza, nuestro gran amigo, siendo un brillante y humanista abogado, nuestro amigo asesinado en medio del desarrollo de este proceso judicial, en el que él cimento al lado de las familias la verdad que la memoria ha construido, muy distante de sentencias y de decisiones judiciales…

Porque es bien cierto, que militares como el General Iván Ramírez continúan posando de prohombres. Otros por vencimiento de términos integrantes del B 2 como Sánchez Rubiano, gozando de libertad, por esa llamada justicia. Sobre otros, no cursan órdenes de captura internacional como Bernardo Garzón, agente del Estado que sabe sobre lo sucedido con los desaparecidos. Pruebas y más pruebas, nunca tomadas, otras desaparecidas en manos de los militares.

Pero no solo ha sido la impunidad para militares, también para responsables desde el ejecutivo, aquellos ministros de la época que guardaron silencio ante el poder militar, que cohonestaron con el estado de barbarie. El propio presidente de la época ha dicho recientemente, que en un libro ha consignado la verdad de lo sucedido el 6 y 7 de noviembre de 1985, continúa pasando el tiempo, mientras tanto los padres y madres de los desaparecidos del Palacio de Justicia han ido muriendo, sin saber esa verdad, que quizás Betancur va a dejar ver cuando él muera, qué despropósito ante tanta indignidad.

Pero no se trata solo de la impunidad jurídica, que se ha pretendido asegurar con la perdida de pruebas, con la presión de testigos, con las amenazas a las familias, con el asesinato de Eduardo, con dilaciones injustificadas, con la no recuperación de los cuerpos de los desaparecidos, se trata de constatar el desmoronamiento de esa justicia, de sentencias judiciales que son un papel y que son adobadas con la impunidad jurídica y social.

Incluso, el propio presidente Santos que quiere pasar a la historia como el presidente de la Paz, el mismo presidente de la ley de víctimas, luego de conocer una decisión judicial, pidió perdón al presidente Betancour y a los militares.

28 años después en medio de la impunidad ha sido la terca memoria de los familiares la que ha ido reconstruyendo la verdad histórica y la verdad judicial que los militares y el establecimiento colombiano se han negado a reconocer.

Más y más palabrería, más retórica del silencio, pero más estrategia propagandística para promover las imágenes propias, los egos e protagonismos que se convierten en otra forma de propiciar la impunidad social.

Hoy después de 28 años amigos y familiares continúan buscando los desaparecidos del Palacio de Justicia, luchando por la búsqueda de la verdad, de la justicia y de la dignificación. ¿Porque, de qué sirven unas condenas, si los militares no reconocen lo qué hicieron? ¿De qué sirve una pena, si ésta es una nueva burla a las víctimas?, ¿De qué sirve esa forma de justicia que es una pena, si la pena es prolongada para los familiares de la víctimas?

Y esa verdad se mostrará, y se demostrará aún más, el próximo 12 y 13 de noviembre en la CORTE INTERAMERICANA DE DH

Ellas y ellos al lado del Magistrado Carlos Horacio Urán, ejecutado por los militares y los torturados sobrevivientes. Eduardo Matson, Yolanda Santodomingo y Orlando Quijano son sus nombres, sus historias al lado de sus familiares, los que nos continúan inspirando en el camino de la memoria para no desfallecer a pesar de nuestras pequeñeces humanas, son ellos y sus familias, los signos de la imposibilidad del olvido cuando la impunidad pretende reinar, cuando la democracia se viste de seda, cuando es un rostro de hierro y de terror, entre ellos, perfumado con la mentira.

Holocausto del palacio de justicia en la memoria.
Holocausto del palacio de justicia sin olvido.