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sábado, 18 de abril de 2020

Eduardo Umaña Mendoza


18 de abril de 1998

De los pocos amigos. Aquellos en los que se puede confiar, en lo que se reconocen las mutuas debilidades, en las que se guardan secretos de la vida. Los amigos a los que se les reconoce su inigualable valor. A los que se les pueden decir lo que se piensa y lo que se cree. Aquellos en los que mutuamente se puede hablar en desparpajo, con los que se puede compartir la dulce amargura de la vida, con los que se puede llorar, con los que se puede exagerar, con los que se puede cantar, a los que se les puede disculpar, justificar, comprender.

De los amigos que más allá de las afinidades de pensamiento o de cuerpos doctrinales  nos suma la soledad propia, compartida, la vida deshojada sin disfraces, la cotidinidad sin heroismos. El amigo que habla o escucha los dolores de un país injusto, de una humanidad deshecha en la fatuidad que define con el rostro de hierro la muerte con torturas, con desapariciones forzadas con asesinatos, con masacres. Muchas de ellas de las que nos dolimos luchando contra los mecanismos de ocultamiento del Estado, sus juristas cortesanos y sus beneficiarios en poderes de la economía del petróleo, de las comunicaciones. El amigo que se dolía con lo cercano y con la propia vivencia de la traición o de la deslealtad que embriagaban el alma de tristeza, de rabia y de una cierta impotencia ante la cruda realidad de nuestra condición humana. El amigo que conocimos en su terquedad, capricho, persistencia. Inolvidable. Y para mucho muchos inaguantable, para nosotros, sin ser un ídolo de barro, el ser humano pleno en carcajadas, en inteligencia, en locuacidad, en fumarolas, en exigencia, en intransigencias y en concesiones. 

Así fue nuestro maestro, antes o después, en realidad un amigo. Y también un maestro, ante todo amigo.Sí, maestro por algunos olvidados de generaciones de defensores de los derechos de los pueblos para hacer realidad los derechos humanos de la declaración del 48, y de centenarias luchas libertarias con sus claros oscuros. Un Quijote en el horizonte con esos molinos de viento. Andariego con nosotros a lugares inimaginados en donde bebimos de su ingenio, su capacidad de recrear la vida, buscando salidas ante una justicia sin rostro con rostro de justicia persecutoria de las expresiones democráticas del país. Nos llevó a cárceles de dificil acceso, a la creación del Comité de Solidaridad con Presos Político. Luego al Colectivo de Abogados en donde nos compartió su afiche de Camilo, en donde compartió en entrevistas su pensar.  Y también, nos compartió la creación de Sembrar, su papel en Minga. Nos llevó a barriadas populares, al mundo sindical, a la familia Joya, a ASFADDES los familiares de los Desaparecidos del Palacio de Justicia, a los familiares del Sindicato de Telecom, de la ETB, de la Uneb, de la Uso.  Nos llevamos al Tribunal Permanente de los Pueblos, a la Revista Colombia Hoy, a FERAL. Ah sí, a dialogar con la esquiva Rigoberta Menchú. A resguardar 42 personas de la familia López, perseguida por paramilitares de la ACCU como parte de los planes contra insurgentes de sectores el Estado Colombiano. Nos ingresó a sus clases en la Universidad Externado, el la Universidad Nacional. Nos vimos decenas de veces en la Universidad Javeriana.

En las últimas ocho semanas de su vida, la Vida nos dió la oportunidad de compartir horas de altibajos entre miedos y esperanzas. "Si pasó de mayo, todo este año vivo", nos dijo. Todo lo posible se había hecho. Él mismo denunció e identificar el plan criminal contra su vida orquestado por la Brigada XX, los nombres de algunos participantes. Se creía que develarlos evitaría la pena de muerte estatal. Ingenuo (os). Ante la posibilidad de un exilio temporar dijo no. Lo único, lo más importante, y lo que él mismo aceptó fue estar con dos seres de su alma: Patricia y Camilo. Y así fue.

Su casa que se convirtió en oficina, y que solo dejó de serlas semanas antes fue el sitio en dónde en esas últimos días nos dijo. "Si vienen por mi, yo no me dejaré llevar" . Y cumplió su palabra. Sus tres sicarios, los mesenas de En su mesa del corazón hecho técnica y rigor jurídico pasaron procesos de detenidos políticos, sindicalistas, rebeldes violentados en sus derechos, perseguidos de la oposición política, familiares de los desaparecidos, entre ellos, los del Palacio de Justicia, casos de asesinados por el Estado.

Después de las múltiples amenazas que recibió en su vida, José Eduardo Umaña, fue asesinado, sus victimarios desarrollaron una acción encubierta de tipo paramilitar dirigida desde la Brigada XX del Ejército Nacional. Dos hombres y una mujer se hicieron pasar por periodistas entraron a su oficina y trataron de secuestrarlo, delito que siempre condenó, y del que días antes nos expresó: “Si vienen por mí, y me intentan llevar a la fuerza, no me dejo llevar”. Así cumplió su palabra. De alguna manera hasta en la muerte confrontó al Estado criminal. Se enfrentó a aquellos que fueron a cumplir la misión que otros, diseñaron y definieron; esos otros que hoy siguen disfrutando de privilegios y poderes político, castrenses, y económicos en muchas regiones del país.

Ese sábado 18 de abril, antes del medio día, en su apartamento, lugar habitado por la búsqueda insaciable de la justicia, espacio pequeño que albergó grandes ideales, en que se dispersaron humaredas de cigarrillo para apaciguar la ansiedad, en que se esparció el aroma del café por todo rincón, en ese nicho de acogida, en donde el llanto de los excluidos encontraba reposo, los perseguidos judicialmente encontraban esperanzas, y las víctimas de Crímenes de Estado una mano amiga. Allí en lo que era su hogar, el territorio de su amor humano, allí fue asesinado.

A pesar que en 2016 su asesinato fue declarado como Crimen de Lesa Humanidad, el último recurso simbólico de la turbia justicia para afirmar que sigue investigando. 21 años después como todo o como nada se sigue buscando a los responsables. Todo es impunidad con una eficacia simbólica del derecho.

Los integrantes de la Terraza mano de los planificadores están asesinados. Los mandos paramilitares, uno de ellos muerto, y otro sobreaguando en una cárcel de Estados Unidos, Diego Murillo. Desde allí aportó elementos para la identificación de los responsables, aun así la justicia colombiana actúa con ineficacia, no actúa. Algunos de los responsables siguen viviendo con su rostro de hierro protegidos por la impunidad de esa justicia. Los del poder político y económico de la democradura siguen perpetuados en sus privilegios, ellos o sus herederos.

El encubrimiento, la mentira siguen siendo parte de los expedientes de la justicia y de sus relatos. Solo la memoria que persiste, que resiste desmorona la impunidad. Sin que individualice necesariamente, la memoria renueva las verdades.

Camilo Umaña Hernández, expresión del amor de Eduardo y Patricia, escribe: “Estos  años de injusticia e indignación no podrían ser subtitulados de muerte porque la vida de mi padre ha brotado en muchas partes, formas y personas. Estos son años de una profunda trascendencia que se siente en el colegio Eduardo Umaña Mendoza, en grupos de debate, universidades, activistas, defensores de derechos humanos y sindicatos. En estos años bien vale hacer una acción de gracias. Con los pies firmes, agradecer a Eduardo Umaña Mendoza por no doblegarse, por insistir, por su ternura y solidaridad con los desaparecidos, con los muertos y torturados, con los puestos injustamente en prisión y con los que buscan otro futuro para su país. muchos años de “más vale morir por algo que vivir por nada”.

Palabras, llantos, temores, sonrisas y siempre buscando lo mejor por el país, quedaron en esa silla, que cambió de color blanco a café.

José Eduardo Umaña Mendoza, en la Memoria.
José Eduardo Umaña Mendoza, Sin Olvido.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Eduardo Loffsner Torres



20 de noviembre de 1986

Eduardo Loffsner Torres fue un hombre de compromiso político, motivo que lo condujo a organizar el Sindicato de Trabajadores la Universidad Pedagógica Nacional, donde, era trabajador de servicios generales, desde su labor siempre trato de exigir justicia social y procuró hacer paz.

Por su liderazgo social y político desde febrero de 1979 y marzo de 1983 fue detenido en la cárcel La Picota en Bogotá, luego de que miembros del Ejército Nacional lo detuvieran y lo torturaran, por oponerse al Estatuto de Seguridad del gobierno de Julio César Turbay, hechos que fueron constatados por medio de un informe de Amnistía Internacional.

Mientras estuvo preso, conoció a Luz Marina Hache, quien era funcionaria del Comité de Solidaridad de Presos Políticos y también, dirigente sindical en Sintrabanca, sindicato del Banco Cafetero, y luego se convertiría en su esposa. Cuando Eduardo obtuvo la libertad, su labor política no ceso, movilizandose constantemente entre Barrancabermeja y Bogotá.

En 1986, desde el 16 de noviembre, Luz Marina había realizado un viaje a Santa Marta por su trabajo, en ese tiempo Eduardo se mantuvo en comunicación; el día 18 de noviembre sobre la 5 de la tarde, le dijo a su esposa que la llamaba el 20 para saber cómo le fue y hablarían de encontrarse el 22 de noviembre en el lugar de siempre; el aeropuerto El Dorado, pero Luz Marina se quedó esperando esa llamada, hasta el día de hoy.

Es así como el 20 de noviembre de 1986 fue desaparecido en la ciudad de Bogotá. Desde ese mismo momento, Luz Marina, inició su búsqueda encontrando más incertidumbres que respuestas.

La cama estaba tendida, un libro abierto encima de la mesa, una rosa amarilla en su florero que era una botella de Postobón y sobre la cama un papelito -él siempre acostumbraba a dejarme notas “amor tal cosa…” un papel de esos. Fui a buscarlo inmediatamente donde una compañera que se llamaba Olga y la respuesta que me dijo: “¿Cómo así el negro no estaba con usted?”

La pérdida fue muy dolorosa, pero Luz Marina siguió adelante con la lucha motivada por la memoria de su esposo. En la actualidad, como lo ha hecho toda su vida, trabaja por los derechos humanos; legado que transmitió a sus hijos quienes desde diferentes lugares, de diferentes maneras de expresar y desde diferentes roles, también defienden, exaltan y promueven los derechos humanos y la memoria de su padre.

Desde aquel noviembre, se arrebató la vida de Eduardo y para su familia inicio una lucha en contra de la violencia política, ha hecho frente al silencio y el olvido que se quiere imponer.

La memoria ha sido un elemento muy valioso para mantener vivo al “Negro” como cariñosamente lo llamaban sus familiares y amigos. Hoy, la desaparición forzada de Eduardo es un crimen más de terrorismo de Estado, donde la desaparición es total frustración no solo para las víctimas, sino ante el perdón y la reconciliación, por eso se exige saber la verdad para que esto no ocurra nunca más y para que sea posible un país con un futuro mejor.

Eduardo Loffsner Torres en la Memoria
Eduardo Loffsner Torres Sin Olvido

domingo, 20 de octubre de 2019

Jorge Luis Ortega García



Octubre de 20 1998 



Jorge Luis Ortega García nació en San Jacinto, departamento de Bolívar, en 1960. Entrego 20 años de su vida trabajando en la Electrificadora de dicho departamento, y fue allí donde se formo como dirigente sindical, pero solo se dio a conocer públicamente en marzo de 1994, cuando es acusado de rebelión por haber hecho presencia, con apoyo de la Electrificadora, al “IV Congreso Latinoamericano por la Solidaridad, la Soberanía y la Autodeterminación y la Vida de Nuestros pueblos” que tuvo lugar en Cuba.

Jorge Luis hacía parte del Comando Nacional del Paro Estatal de los Trabajadores, realizado desde el 6 de octubre de 1998, manteniendo un rol protagónico en su dirección. Desde el inicio del paro estatal, varios sindicalistas habían recibido amenazas de muerte, entre ellos Jorge. Por ello, el día anterior a su asesinato, en una sesión del Comité de Evaluación de Riesgos, Jorge Luis denunció ante delegados del Ministerio del Interior, Ministerio de Trabajo, la Policía Nacional, La Consejería para los Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República y el Departamento Administrativo de Seguridad DAS, entre otros, la situación de violación a los derechos humanos que se presentaba contra el sector sindical y públicamente responsabilizó al Estado colombiano de cualquier atentado contra su vida, ya que, después de cinco meses de haber solicitado medidas de protección recurrentemente, no fue objeto de dotación de escoltas y un vehículo para su movilización, a pesar de los recientes hechos que atentaban contra su vida, como el allanamiento realizado en su residencia el 22 de septiembre de 1998, donde golpearon, amordazaron y amenazaron a su compañera, registrando todo el lugar.


Un martes 20 de octubre de 1998, Jorge Luis Ortega García fue asesinado por un sicario de la estrategia militar encubierta a las 7:15 p.m. cuando ingresaba a su vivienda en la ciudad de Bogotá. Jorge Luis, sindicalista de Sintraelecol (Sindicato de la Electrificadora de Bolívar), Vicepresidente de la Central Unitaria de Trabajadores – CUT e integrante de la Comisión de Derechos Humanos de la CUT.



Durante el transcurso del paro estatal del mes de octubre de 1998, fueron asesinados MARCO PEREZ, sindicalista de Sintraelecol - Sincelejo, Orfa Ligia Mejía, Profesora de Nariño. Sufrieron atentados contra su vida Eugeniano Sánchez, Benito Rueda, VIirgilio Ochoa sindicalistas de Sintracuemponal en Barrancabermeja.

Uno de sus amigos y compañero de luchas, Nelson Berrío, indico que su asesinato fue previsto por amenazas de grupos paramilitares dada su labor como sindicalista y la desprotección por parte del Estado. Hasta el año 2002, el Juzgado Quinto del Circuito Especializado de Bogotá condenó a Rafael Céspedes Álvarez a casi 30 años de prisión, acusado de ser el autor material de los hechos ocurridos aquel 20 de Octubre, aun no se conocen los autores intelectuales de este homicidio. 



La impunidad continua, pero también las exigencias que se siguen planteando ante el Estado colombiano, puesto que, no se ha evidenciado una voluntad política de los diferentes gobiernos de responder conforme a Derecho, además siguen los asesinatos contra lideres y sindicalistas, existen nuevos crímenes de lesa humanidad, que pudieron ser evitados si en Colombia existieran garantías de un real Estado de Derecho. 

Jorge Luis Ortega García en la Memoria.
Jorge Luis Ortega García Sin Olvido.

lunes, 5 de agosto de 2019

Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche




Agosto 05 2004


El 5 de Agosto de 2004 sucedió el triple asesinato de los líderes sindicales y sociales Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche en Saravena, Arauca.

Jorge Prieto nació el 13 de Septiembre de 1953 en Bogotá, era uno de los 9 hijos de Jorge Eduardo Prieto y Maximina Chamucero.

Padre de 3 hijos Yasmin, Jhonatan y Rafael Prieto. 

Llegó a la comunidad de Saravena Arauca en 1974 donde trabajó hasta el 20 de Noviembre como almacenista de la Construcción del puente Banadía con la Compañía Drummond y durante los años 1979 a 1990 se desempeñó como Fiscal del Sindicato ANDEMISAP.

También fue presidente del comité Asociación Nacional de Trabajadores Hospitalarios y de Clínicas ANTHOC MUNICIPAL sub - directiva Norte de Santander, durante su trabajo como presidente Jorge, junto con Sindicatos Unidos de Saravena SINUSA gestionó con ANTHOC NACIONAL la conformación de ANTHOC ARAUCA.

De 1993 a 1997 se desempeñó como secretario general de la CUT. Desde el 1 de Abril de 1998 fue el presidente durante 3 periodos de ANTHOC DEPARTAMENTAL hasta agosto de 2003, pero debió cesar su labor después de esta fecha, debido a su exilio por la persecución política, judicial y armada.

Sus familiares y amigos lo recuerdan como un hombre humanitario, solidario y excelente compañero que en su camino de lucha participó en varios encuentros cívicos, sociales y populares de orden municipal, departamental y nacional con una fuerte convicción por las ideas de libertad y justicia que con su voz enérgica defendió y promovió miles de veces, hasta los últimos instantes de su vida.

Alirio Martínez nació el 9 de Agosto de 1955 en Berbeo, Boyacá. A sus 16 años llegó a la comunidad de Saravena, Arauca, donde emprendió su lucha por el beneficio de las comunidades. Alirio Martínez fue el primero de 8 hermanos, hijo de María Lilia Martínez; esposo de Flor Marina Chavarro con quien tuvo 4 hijos Flor Aidé, Héctor Julio, Ana Milena e Hilda Natalia.

El trabajo como líder requería reunirse y animar a las diferentes personas de la comunidad para poder evaluar los planes de trabajo y para mejorar las condiciones de vida de las comunidades, los testimonios recolectados por la comisión humanitaria que acompaño a la comunidad y a los familiares de los líderes después de los asesinatos, mantienen la memoria de Alirio afirmando que él “No fue un hombre más, no fue un hombre del montón: su espíritu de trabajador social, sus capacidades políticas y humanas, le permitieron ocupar el espacio que solo pueden encontrar los hombres especiales, el hombre de nuestro ideal... “el hombre nuevo”. Fueron esas condiciones las que lo llevaron a estar siempre al frente para indicarnos cuál es el camino que debemos seguir, cual es el camino que podemos seguir.

Dispuesto en todo momento a cumplir con las tareas que el pueblo le encomendara, humildes o grandes: “hay que limpiar la carretera...” “hay que construir un puente...” “hay que hacer un bazar...” “hay que cocinar en el rancho...” “hay que resolver los problemas de las comunidades...” “hay que denunciar a los asesinos del pueblo, a los violadores de los Derechos Humanos...” “hay que dar la VIDA”. Y él, siempre estuvo dispuesto a trabajar en esos proyectos: nunca fue inferior a ellos”

Leonel Goyeneche nació el 9 de Febrero de 1965 en Tame Arauca; Leonel era hijo de Luis Roberto Goyeneche y de Eufusina del Carmen Goyeneche, durante su escolaridad demostró ser sensible ante los problemas estudiantiles, lo que lo llevó a ser parte de los diferentes comités institucionales.

En 1988 ingresó al Magisterio en Saravena, Arauca como maestro de primaria y en 1994 obtuvo el título de licenciado en Educación Infantil.

De 1992 a 1994 fue líder sindical del Comité Araucano de Soluciones Educativas CASE, de 1994 a 1996 se unió a la Asociación de Educadores de Arauca y finalmente desde 1997 hasta el día de su asesinato fue el tesorero de la Central Unitaria de Trabajadores CUT.

Sus conocidos lo recuerdan como un hombre franco, sincero que no estaba de acuerdo con la injusticia social impuesta históricamente por los gobiernos de turno y de la que siempre había sido víctima y testigo.

El 4 de agosto de 2004, en horas de la tarde Jorge Prieto convocó una pequeña reunión en su casa con sus compañeros Alirio Martínez y Leonel Goyeneche, luego de cenar deciden ir a dormir, sin saber que al día siguiente, el 5 de agosto hacia las 5:30 am una patrulla militar conformada por 35 hombres pertenecientes al Grupo Mecanizado Revéiz Pizarro, adscrito a la brigada XVIII del Ejército, con sede en Saravena (Arauca) y que al momento de los hechos se encontraba al mando del Subteniente Juan Pablo Ordoñez, siendo conducidos por el informante civil Daniel Caballero Rozo, alias “Patilla”, rondaban las casas de los líderes sindicales y sociales.

Esa madrugada cuatro de los 35 militares se dirigieron a la casa de Jorge Prieto. Al llegar a su residencia, alias “Patilla” golpeó la puerta y llamó por su nombre a los tres líderes y obligados a salir con los brazos en alto, los tres líderes fueron conducidos de rodillas, descalzos y sin camiseta a un lote conjunto donde fueron inmediatamente fusilados.

En los mismos hechos fueron detenidos, y posteriormente encarcelados, otros dos líderes sindicales de Arauca: Samuel Morales Flores, presidente de la CUT Arauca, y María Raquel Castro Pérez, dirigente del sindicato Asociación de Educadores de Arauca-ASEDAR, que se hallaba también en la casa de Jorge Prieto en Caño Seco en el momento en que fueron ejecutados los tres líderes.

Luego del triple asesinato, los militares entraron nuevamente a la casa intimidando a dos mujeres que se encontraban en ella, pasaron a requisar completamente la casa, preguntando en donde tenían escondidas las armas, pero su búsqueda fracasó ya que en esta casa y en la mano de los líderes nunca había existido un arma. Aún así los partes oficiales del Ejército y del mismo Vicepresidente de ese entonces, Francisco Santos y del Ministro de Defensa, sostuvieron, desde el mismo día de los hechos, que los tres líderes fueron dados de baja al disparar, al tiempo que huían, contra el Ejército.

Registrada la casa, los militares taparon con arena el lugar en donde asesinaron a los líderes sindicales y permanecieron en el recinto obligando a las mujeres a estar dentro, permitiéndoles únicamente ir ocasionalmente al baño y sin derecho a comunicarse entre ellas.

A las 10 de la mañana, los cuerpos de Jorge Prieto y Alirio Martínez fueron envueltos en bolsas negras y llevados a la cancha de Fútbol de la escuela, y, el cadáver de Leonel Goyeneche, según varios testigos, fue arrastrado boca abajo por cuatro soldados sin nada que lo protegiera a lo largo de 300 metros aproximadamente.

Una hora después, a las 11 am aterrizó un helicóptero y los soldados obligaron a las dos mujeres y a Samuel Morales, quien había sido privado de la libertad en la escuela de Caño Seco esa mañana, a subir junto con los cuerpos de los 3 líderes y fueron conducidos a las instalaciones del Grupo Mecanizado Reveíz Pizarro.

Las balas asesinas del Estado colombiano, que segaron sus vidas, no fueron capaces de segar su ejemplo de lucha, su ejemplo de existencia. Nos negaron la oportunidad de seguir compartiendo sus vidas, sus voces, pero sus memorias siguen animando las comunidades que resisten por un mundo mejor, por una verdadera paz, por la dignidad de los pueblos que hoy siguen resistiendo y levantándose en contra de las políticas de exclusión, represión, olvido que imparten los gobiernos de turno. 


DON ALIRIO, como todos de cariño le llamaban y le siguen llamando, Leonel y Jorge, su luz brilla en cada habitante de la comunidad, en cada uno de los corazones que dan vida a cada habitante de Arauca que resiste y trabaja. Sus vidas abonan la tierra donde crecerá la nueva Colombia, por la que lucharon, por la que se ofrendaron, ustedes son ejemplo de hombres, ejemplo de campesinos, ejemplo de educadores populares, ejemplo de líderes, ejemplo de humanos que se indignan y trabajan por el bienestar de todos y todas.

Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche en la Memoria
Jorge Prieto, Alirio Martínez y Leonel Goyeneche Sin Olvido 

jueves, 4 de julio de 2019

Alirio de Jesús Pedraza Becerra

Foto: Observatorio DDHH  Boyacá -Casanare 
4 de julio de 1990 

Alirio Pedraza, sogamoseño, estudió en derecho en la Universidad Nacional en Bogotá, siendo influenciado por Eduardo Umaña Luna y Eduardo Umaña Mendoza. Defensor de derechos humanos y abogado vinculado desde 1982 a la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos.

Desde entonces, en razón de su labor fue convertido por las Fuerzas Armadas como “el abogado de guerrilleros” o como “un guerrillero vestido de civil”.

El 4 de julio de 1990, fue detenido por ocho hombres vestidos de civil, y armados, cuando salía de la panadería San Pablo, en el Centro Comercial de La Campiña, en la calle 145 con carrera 92, cerca de su vivienda en Bogotá, cuando regresaba del trabajo y lo esperaban su esposa Virginia Vargas y su hijo Oscar de 7 años. Detenido, desaparecido y posteriormente asesinado por miembros de organismos de seguridad del Estado.

Cerca al lugar había dos agentes de policía que constataron los hechos, sin embargo, tuvieron conocimiento de que eran hombres que hacían parte de la seguridad del Estado y permitieron el abuso y detención en contra de Alirio.

Hasta 1996, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca condenó a la nación a pagar una indemnización por la desaparición de Alirio y dictaminó que el crimen fue cometido por agentes de la Policía Judicial.

Alirio tenía 40 años de edad, adelantaba varios procesos representando víctimas en casos de graves violaciones de Derechos Humanos cometidas por miembros de la Fuerza Pública, y representaba 42 sindicalistas detenidos y torturados por miembros del Ejército Nacional en marzo de 1990. Alirio había sido amenazado por paramilitares de Boyacá y la vivienda de su madre había sido allanada por miembros de Batallón Tarqui de Sogamoso en agosto de 1989.

Cada año recordamos públicamente la vida de Alirio, y denunciamos que un día como hoy, la criminalidad del Estado lo aniquiló. Pero cada día y cada momento sigue viva la energía de su proyecto y su apuesta por la dignidad, a través de quienes inspirados con su ejemplo continuamos abogando por los más débiles, por las víctimas que produce la misma criminalidad que él atacó con vehemencia años atrás.

¡ Por la vida, la dignidad y la Justicia. Mantengamos encendida la luz de la memoria !
FUNDACION COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON LOS PRESOS POLITICOS

Alirio de Jesús Pedraza Becerra en la Memoria.
Alirio de Jesús Pedraza Becerra Sin Olvido. 


lunes, 11 de marzo de 2019

José Orlando Giraldo Barrera

11 marzo 2006 

MEMORIAS DE VIDA Y ESPERANZA 

No vayas a mi tumba y llores
Pues no estoy ahí.
Yo no duermo
Soy un millón de vientos que soplan 
El brillo de un diamante en la nieve 
La luz del sol sobre el grano maduro
O la suave lluvia del verano
En el silencio delicado del amanecer
Soy un ave rápida en vuelo
No vayas a mi tumba y llores
No estoy ahí
Yo no morí

Indio Americano. Anónimo

Un motivo más para la esperanza, porque somos parte de esa historia de las víctimas en Colombia que el Estado ha querido invisibilizar e injuriar. La verdad y la Justicia, no han pasado por nuestras casas, por el contrario las ordenes emanadas de las cortes judiciales para recuperar el buen nombre de nuestro padre, abuelo, tío, esposo fue incumplida. Pues la dimensión de la falsa noticia de las autoridades y de los medios de comunicación que no fue rectificada en su debida dimensión, se miró a lo lejos, paso pretendiendo que no sea vista, no ser escuchada. 

Al lado de la barbarie de este Crimen de Estado, se consolida la impunidad y como si fuera poco, se pretende imponernos olvidar, hacernos creer que no hay otra posibilidad si no dejar atrás el pasado. Pero la dignidad batalla fuerte y vigorosamente abriendo caminos de esperanza, de movilización, de lucha, caminos de memoria, de reivindicación para nuestros derechos y los de todos los familiares a quienes el camino de la violencia política y la impunidad contra nuestros seres queridos nos hizo unirnos. 

El 11 de marzo de 2006 el Ejército Nacional asesino y torturo a un campesino, a un labrador de la tierra, a un hombre que sembró verdad y justicia. Un campesino que no pudo defenderse porque solo tenía amor para su familia, un azadón, una pala y un machete  cambio sus victimarios con mucho odio contra el pueblo y  con fusiles de última tecnología. Dicen las investigaciones que lo superaban más de diez veces en número y que le dispararon a quema ropa, no le permitieron decir que era campesino.

No hubo testigos que pudieran contar lo sucedido, porque sus victimarios actuaron al amparo de la oscuridad, la ilegalidad y el despotismo que los caracteriza para imponer el terror. Los árboles, la tierra, las flores, los gatos, los perros, las vacas, los caballos, las gallinas, fueron los únicos testigos de esa sombría noche que cambio para siempre la vida de todos los que amaban sus enseñanzas, sus palabras y sobre todo ese amor a la tierra que lo vio nacer.

LA VERDAD JUDICIAL UNA VERDAD QUE NO SE APLICA Y NO REPARA LOS DAÑOS CAUSADOS EN LOS FAMILIARES DE LAS VICTIMAS. 

En sentencia del 6 de marzo de 2012, fue condenado a 37 años de prisión LUIS EDUARDO MAHECHA HERNÁNDEZ Ex sargento de inteligencia del Batallón de Alta Montaña número 3 “Rodrigo Lloreda Caicedo”. El juez 19 penal del circuito de Cali asevero textualmente “Con fundamento en lo demostrado por la Fiscalía General de la Nación, concluimos sin lugar a equívocos que el señor José Orlando Giraldo Barrera, era un campesino dedicado a labores concernientes al cuidado de fincas y a labores de sembrados y cultivos, sin ningún ligamen intelectual o material con grupos al margen de la Ley..” y menos aún como líder de la agrupación conocida como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), conclusión a la que se arriba con los testimonios que al respecto se convocaron a la etapa del juicio oral y la ausencia demostrativa por parte del Ejército Nacional de que el victimado perteneciere a dicha agrupación”.


En agosto de 2009 se dictó medida de aseguramiento contra El mayor MANUEL ARTURO PABON JAIMES, LUIS FRANCISCO GÁLVIS SEPÚLVEDA, WILLIAM FABIAN MOSQUERA DELGADO, CRISTIAN DANIEL DELGADO CUASQUER, EDUARDO FIDEL ANGARITA SANTIAGO, JHON JAIRO QUIJANO SÁNCHEZ, CARLOS ENRIQUE MARTINEZ DIAZ, después de cuatro años de tácticas dilatorias, cambiaron tres veces el juez, tres veces de Fiscal y la administración de justicia fue incapaz de dar continuidad de manera eficaz al juicio oral, estos militares fueron dejados en libertad entre junio y octubre de 2013, estas libertades se otorgaron de espaldas a las víctimas que no fueron convocadas a las audiencias para controvertir la decisión.

Por ello invocamos el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, no renunciamos a la idea de que se aplique justicia y seguiremos trabajando porque estos crímenes atroces contra la humanidad no se vuelvan a cometer nunca mas en Colombia. 

Cómo no recordarte querido padre si crecimos al lado de tu ejemplo que nos ha hecho mujeres comprometidas, como no hacerlo si todo lo que somos fue fruto de tu cosecha, como no hacerlo si la imagen de tu cuerpo torturado habita cada una de las esquinas de la memoria

JOSE ORLANDO GIRALDO NO HA MUERTO, SUS ENSEÑANZAS Y MEMORIA VA CON NOSOTROS A CADA PASO QUE DAMOS NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

¡NO HAY PAZ POSIBLE CON CRÍMENES DE ESTADO!

MOVICE VALLE DEL CAUCA 

José Orlando Giraldo en la memoria

José Orlando Giraldo Sin Olvido

sábado, 6 de octubre de 2018

Ángel José Quintero y Claudia Monsalve


Octubre 06 de 2000 

El viernes 6 de octubre del año 2000 a las 10:30 p.m., en una cafetería de la ciudad de Medellín fue la última noche en que Angel Jose Quintero y Claudia Ptricia Monsalve departieron con cinco de sus amigos y compañeros de la Asociación de Familiares de Detenidos Desparecidos – ASFADDES - seccional Medellín.

Ángel José decidió acompañar a CLAUDIA PATRICIA a su casa en el poblado de Itagui. De acuerdo con testigos los dos integrantes de ASFADDES fueron abordados por dos hombres armados que se movilizaban en una motocicleta y luego obligados a subirse a una camioneta.

Ángel José un mes antes había recibido amenazas de muerte contra su vida debido a su labor en búsqueda de sus familiares Desaparecidos y de todos los Desaparecidos forzados por los que afirmó el derecho a la memoria, a la verdad, a la justicia y reparación integral. Claudia Monsalve estaba vinculada a ASFADDES exigiendo el esclarecimiento de la detención y desaparición forzada de su hermano, un estudiante universitario desaparecido en 1995.

La Desaparición Forzada de Ángel José y Claudia ocurrió en un contexto de una persecución sistemática de agentes estatales contra organizaciones de derechos humanos y organizaciones sociales en Medellín. Dentro de los mecanismos de persecución se descubrió que un millar de líneas telefónicas fueron interceptadas ilegalmente actuaciones en las que participó el Teniente MAURICIO SANTOYO VELAZCO.

La desaparición forzosa de Claudia Patricia y Ángel José continúa en la impunidad, mientras que el Teniente MAURICIO SANTOYO fue ascendido a Secretario de Seguridad de la Presidencia de ALVARO URIBE VELEZ, posterior a los hechos.

Claudia Patricia y Ángel Quintero después de su desaparición forzosa viven en la memoria de ASFADDES, de sus hijas e hijos que han crecido con la esperanza y con la convicción de que el Derecho a la Verdad y a la Justicia es innegociable. Las palabras, los testimonios, los dibujos, los rostros de sus familiares son una afirmación de que el olvido es inexistente, que la única palabra auténtica es la dignidad en la justicia. Ellas y ellos son la memoria viviente de lucha contra la impunidad

A los Quince años de la desaparición forzada de Ángel José Quintero y Claudia Monsalve, sus familiares continúan en la incansable búsqueda de respuestas sobre su paradero, la incansable lucha por saber la verdad, afirmando la memoria. 

Ángel José Quintero y Claudia Monsalve en la Memoria
Ángel José Quintero y Claudia Monsalve Sin Olvido

miércoles, 3 de octubre de 2018

Luis Fernando Lalinde Lalinde


3 de Octubre de 1984

La historia de Luis Fernando Lalinde Lalinde, es la historia de Fabiola, su mamá y su inagotable lucha por las víctimas de desaparición forzada en Colombia. Desde hace más de 30 años, con su hijo como emblema, Fabiola se ha opuesto a todas las formas de violencia, a pesar de padecer de la represión y las injusticias del Estado, que en lugar de mermar su labor por la defensa de los derechos humanos  parecen llenarla de fuerza para seguir.
Paradójicamente su lucha inicia con el fin de la vida de su hijo, Luis Fernando era un joven de 26 años, militante del Partido Comunista Marxista-Leninista, muy activo en política participó en el marco del proceso de cese al fuego entre el gobierno de Belisario Betancourt y las FARC, cuando ya había finalizado su carrera de sociología.
El 3 de octubre de 1984 fue detenido, torturado, desaparecido y ejecutado extrajudicialmente, por efectivos militares adscritos al Batallón de infantería No. 22  ‘Ayacucho’ de la Brigada VIII al mando del Capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, los subtenientes Jaime Andrés Tejada Gonzales, Samuel Jaimes Soto y el cabo segundo Medardo Espinoza Areiza.
Luis Fernado había sido detenido en medio de la ‘Operación Cuervos’, en el municipio de El Jardín, Antioquia donde buscaban un guerrillero herido del Ejército Popular de Liberación (EPL). En el Caserío el Verdun el sociólogo fue amarrado, golpeado brutalmente y llevado en un camión militar con dirección a Riosucio, Caldas, siendo visto por última vez.
Hasta 1986 Luis Fernando Lalinde había sido despojado de su identidad y de su nombre, “lo convierten en un NN alias Jacinto y nadie sabía de él”, hasta que en septiembre de 1988 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA condenó al Estado Colombiano. Cuenta Fabiola que “El caso de Luis Fernando fue la Primera resolución de la OEA responsabilizando al Estado colombiano por desaparición y por ejecución extrajudicial”, motivo por el cual ella y su familia han sido víctimas de persecuciones y hostigamientos.
Después de 4.428 días parte de los restos de Luis Fernando fueron encontrados en la ciudad de Medellín, para entonces, la señora Fabiola ya había adquirido una fortaleza, un sentido de persistencia infundido por el médico Héctor Abad Gómez, defensor e intelectual de los derechos humanos, que apoyo a Fabiola, asegurandole que a pesar del tiempo que estuviese desaparecido su hijo “…hay que buscarlo toda la vida, aunque no lo encuentre”.
Desde su experiencia y sensibilidad Fabiola Lalinde, viene acompañado a madres víctimas de desapariciones forzadas en Colombia, y  haciendo frente a toda violencia hacia la mujer desde la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES).

A partir de la muerte de su hijo inició la que llama “Operación Ciriri” insistiendo en su búsqueda así llueva, truene o relampaguee ante quien fuese necesario, en la que además ha rescatado durante su lucha los principios que en su infancia la marcaron, que son la verdad, el respeto, la solidaridad y honestidad: “Me di cuenta de lo importante que era esa parte sobre todo de la verdad, decir la verdad y nunca en la vida aceptar decir mentiras, (…) con eso me he defendido, porque en el transcurso de la búsqueda me di cuenta que me estaban mintiendo y eso me ha dado más fortaleza”
Luego de 34 años el Ejército Nacional construyó una escuela en la vereda el Verdún, último lugar donde estuvo Luis Fernando Lalinde con vida, como una forma de reparación a la familia de la víctima. Actualmente el contexto social y político en Colombia persiste en legitimar actos de violencia por medio de la ilegalidad, la justicia no ha sido completa, pero se seguirá insistiendo en una paz aunque esté lejana, porque como dice la canción “Lalinde” de pasajeros en memoria de Luis Fernando, el país sigue pintado de un color, “Si el rojo prima en sus colores es que está enferma de homicidas"

Luis Fernando Lalinde en la Memoria
Luis Fernando Lalinde Sin Olvido