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jueves, 4 de julio de 2019

Francisco Javier Montoya

4 de Julio de 1998


El 4 de julio de 1998, un sábado, día de actividad comercial en el casco urbano de Dabeiba se encontraba Francisco Javier Montoya y  se dirigió de allí hacia La Balsita. En el punto conocido como “La Recta del Papayero” fue obligado a bajarse del bus por tres paramilitares.

Los armados que operan bajo la dirección de las Fuerzas Militares lo golpearon, lo obligaron a arrodillarse y le preguntaron en qué trabajaba. El líder campesino, respondió con la verdad, “soy promotor de salud”, sus asesinos le replicaron: "Es verdad que usted es promotor, pero es un sapo de la guerrilla” (...) “usted es el que manipula a los desplazados en Dabeiba".

Sus victimarios le dispararon en tres ocasiones. Un tiro en la cabeza, otro en la boca y finalmente uno en el corazón. Posteriormente, los restos de Francisco Javier Montoya fueron transportados por sus asesinos en una camioneta de color azul, de placas KFD 965 de Medellín, que se dirigió hacia el caserío de Urama. El cadáver de Francisco Javier jamás fue hallado. 

Desde ese día en la mente, en las palabras y en el corazón de los desplazados de La Balsita, Francisco Javier está presente. Sus victimarios no lograron su propósito. Ni el despojo de las tierras ni el desarraigo. Más de 300 asesinatos y desapariciones, entre ellos, el crimen de Francisco no ha logrado quebrar los sueños y las esperanzas. Desde ese día del asesinato de Francisco, la Comunidad de Vida y de Trabajo de La Balsita, de la que fue uno de sus animadores, a la que ayudó a enfrentar el terror, buscan que sus restos sean entregados, que haya justicia y que exista un respeto a sus tierras ante las pretensiones ambiciosas.

La labor de Francisco Javier fue muy importante, dedicó su vida a servirle a la comunidad de la Balsita en Dabeiba, Antioquia siendo promotor de salud en el municipio y denunciando los casos de desplazamiento forzado, trabajó por mejorar la calidad de vida de la población desplazada, estableciendo albergues y resistiendo junto al campesinado. 

Francisco en medio del absoluto control paramilitar en Dabeiba denunció ante la comunidad nacional e internacional los crímenes de lesa humanidad cometidos por militares de las Brigadas IV y XXVII del Ejército, y paramilitares desde 1996 y 1997 que originaron el desplazamiento forzado ocurrido en La Balsita. Francisco hizo público los pasajes de horror que se desarrollaron por parte de las mismas estructuras paramilitares responsables de la Masacre del Aro, en las que se conoce la participación de la Gobernación de Antioquia. De esa verdad hablan los mandos paramilitares de la época, a los que se ha querido silenciar en las cárceles de los Estados Unidos, de esa verdad habla Francisco Villalba, ex paramilitar, asesinado días después de rendir un testimonio en que implicó al célebre presidente de la “seguridad democrática”.

Aún el asesinato de Francisco Javier, todo sigue en la impunidad. La verdad se ha disfrazado de mentira, el municipio de Dabeiba para muchos es "un remanso de paz" como se lee a la entrada del pueblo. "Paz" de las estrategias militares encubiertas con la acción y omisión de unidades militares de las Brigadas IV y XXVII del Ejército, de la Policía Nacional, de las autoridades locales que no hicieron nada para evitar el desplazamiento, para evitar los centenares de crímenes de lesa humanidad ocurridos en Dabeiba entre 1997 y el 2001. Por lo menos 300 de esos crímenes se encuentran documentados y fueron presentados a la fiscalía a través de Constancias Históricas y Censuras Morales. Nada se ha hecho para esclarecer la verdad, para allanar caminos de justicia y sanción integral.

Años de arrogante impunidad, de inercia investigativa se encuentran enfrentados a la memoria colectiva sellada en un árbol, el árbol de la vida, allí se encuentra Francisco y más de 300 víctimas de asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, de mujeres accedidas carnalmente, de quemas de caseríos y millares de desplazados. Nada se ha hecho en concreto para esclarecer la verdad, dar respuesta a la demanda de justicia y para garantizar la vida en los territorios de La Balsita a las comunidades desplazadas cerca de Dabeiba.

La memoria de Francisco y de esos millares de víctimas, los territorios del horror son andados por decenas de habitantes rurales y urbanos de Colombia, que claman por la justicia y la vida en los territorios, objeto de los saqueos y de los intereses empresariales. 

Allá están en la andadura para enfrentar la violencia estatal para afirmar la dignidad en los territorios, en medio de esa impunidad, que ha permitido que hoy, muchos de los paramilitares, sigan disfrutando de sus libertades, sin ningún control, de las posesiones tomadas con sangre y fuego, como mercenarios del capital.

La memoria hoy continúa perpetuándose en las familias campesinas que afirman el Derecho a la Verdad, a la Justicia, a la Reparación desde la Zona Humanitaria "El Paraíso" de la Comunidad de Vida y de Trabajo La Balsita.

Hoy la comunidad mantiene viva la búsqueda de justicia. Ya no es la esperanza en un aparato de justicia inactivo cómplice de la criminalidad, es la esperanza que nace desde la memoria, desde la expresión de la creación en algo que hunde sus raíces en el monumento, que la propia vida erigió para no olvidar, para arraigar, es el Árbol de la Vida. Porque como dijo en una ocasión una de las matriarcas de la Comunidad "Nos duele recordar, pero más nos duele olvidar". Por ello, hoy la Comunidad conmemora la desaparición forzada de Francisco Javier Montoya, al lado del árbol de la vida.

Francisco Javier Montoya en la Memoria.
Francisco Javier Montoya Sin Olvido.



domingo, 14 de abril de 2019

Juana Bautista Ángulo Hinestroza


14 de Abril de 2001 

Aquel 14 de abril del 2001 sigue vivo entre generaciones, en la lucha contra la impunidad, el asesinato, al abuso múltiple de Juana Bautista Angulo Hinestroza sigue conmocionando. 

Por su condición de retardo mental, el miedo a la oscuridad, y a la corriente del Río Naya,  no se embarcó con la totalidad de la comunidad en el momento del desplazamiento. A pesar de los intentos para que ella se subiera a la nave de madera ella prefirió esperar oculta en su casa al regreso de su familia y su comunidad, nadie se podía imaginar que los victimarios pudieran abusar tan absurdamente de su poder. 

Días después, al regresar al caserío de Cascajito, la comunidad de afronnayeros encontraron que los paramilitares del Bloque Calima con su invasión apoyada por la Brigada III y financiando por empresarios y auspiciada por políticos, encontraron a Juana con sus prendas de vestir rasgadas, boca abajo sin vida. Una pequeña corriente de agua cruzaba su cuerpo sin vida, quizás arrastrando el llanto del territorio, de los afrocolombianos, el de Juana y el de  mil familias desplazadas.

A pesar de las exigencias en el marco de la justicia ordinaria, y de la Ley 975, a pesar de que exista una Ley de Víctimas, de Restitución de Tierras y el Gobierno Nacional hable de voluntad para  lograr paz, la construcción de la memoria colectiva ha dado sentido al arraigo, a la posibilidad de la paz con justicia socioambiental.

Ha sido en memoria de Juana y del desplazamiento forzado que las comunidades se han negado a las operaciones empresariales mineras, las han expulsado de su territorio, ha sido su conciencia la que ha ido planteando alternativas a las siembras de coca siendo desoídos por los gobiernos.

En la Ley 975 las versiones de los paramilitares dan indicios de otros responsables que se ocultan tras el paramilitarismo, pero la llamada justicia en Colombia, nada ha investigado. Los famosos máximos responsables no existen, no aparecen, pero las víctimas saben que viven con mucha riqueza, con mucho poder político, económico y militar.


En la memoria de Juana y de su desplazamiento, se arraigan, se ríen, festejan y viven en su Naya, en sus aguas, en casas labradas con amor. 
Juana Bautista Angulo Hinestroza en la Memoria 
Juana Bautista Angulo Hinestroza Sin Olvido 


jueves, 21 de marzo de 2019

Hermes Enrique Vidal Osorio


21 de marzo de 2013

Hermes Enrique Vidal Osorio, tenía 60 años, había sido víctima de desplazamiento forzado de su finca en la vereda Mieles, en el corregimiento de Batata, Córdoba, también sobreviviente de la violencia armada en este departamento. Hermes, era el tercer miembro de su familia asechado y asesinado por defender los derechos de las víctimas y como víctima, hacia 20 años asesinaron a su padre Evaristo Vidal Arrieta, en 2010, atentaron contra la vida de su hermano Teófilo Vidal, siempre sus vidas amenazadas por el control paramilitar que les obligo a desplazarse de sus tierras.

Hermes Enrique Vidal, aunque había retornado hacia poco, no había iniciado un proceso de restitución de las tierras que le habían sido arrebatas, pero era un reconocido líder social de restitución por los desplazados en el departamento y por los paramilitares de la Casa Castaño.

El líder era miembro de la Mesa Municipal de Victimas de Valencia, Córdoba, representante legal de la Asociación de Población Desplazada de San Rafael Pirú (ASOVER) y líder de restitución en Valencia y Tierralta, también había pertenecido a la Junta de Acción Comunal de su corregimiento.  

Según testigos el señor Vidal fue abordado por dos sujetos que se movilizaban en motocicletas, quienes lo retuvieron y desaparecieron forzadamente el 21 de marzo de 2013, fue asesinado en inmediaciones del municipio de Valencia, donde lideraba procesos de restitución de tierras, su cuerpo fue encontrado el 23 de marzo de 2013 en la vereda Manzanares, zona rural de Valencia vía a Tierralta, cerca al río Sinú, Córdoba.


Hermes, es entre muchos la representación de los líderes sociales asesinados en Colombia, que no han tenido garantías como víctimas, ni por su labor como dirigentes de diversos sectores, especialmente, quienes adelantan procesos de restitución de tierras, son continuamente amenazados e intimidados y pese a que son asesinados, su memoria y su labor se ha perdurado frente a las trasgresiones de la realidad. 

Hermes Vidal Osorio en la Memoria
Hermes Vidal Osorio  Sin Olvido 


lunes, 17 de diciembre de 2018

Masacre de Riosucio 1997

17 y 18 de diciembre de 1997

Desde 1995 hasta 1997 en Riosucio, Chocó se dio una violencia desmedida, en torno a la disputa territorial que produjo múltiples desplazamientos, para que se diera una tenencia de la tierra de forma irregular por diferentes grupos armados  y empresarios.

El disputa por el territorio opero por medio de diversas masacres, de forma que, durante el 17 y 18 de diciembre de 1997, se realizó una incursión paramilitar, llegando, aproximadamente 200 paramilitares del Bloque Élmer Cárdenas, quienes arribaron por el río de Jiguamiandó,  entrando a las veredas Remacho, Uradá, Santa Fe, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Nueva Esperanza y Andalucía, en los corregimientos de Llano Rico y Puerto Lleras, en Riosucio, durante el recorrido por estor lugares asesinaron a 14 campesinos y secuestraron a nueve personas.

De las 23 víctimas, nueve fueron reconocidos, estos eran los campesinos Andrés Castaño, Argemiro Correa, José Teofenes Gómez, Luis Correa, Gerardo Vargas, Luis Emerson Martínez, Miguel Enrique Cardozo, Wilfrido Pimiento y Gerardo Carvajal, el cual, era un líder de la comunidad que reunía a los desplazados de la región. A las 14 personas que asesinaron, algunas fueron encontradas en fosas comunes con signos de tortura, degolladas o con impactos de bala y de las 9 personas secuestradas dos de ellos eran menores de edad (6 y 12 años), a quienes, mantuvieron en cautiverio durante 20 días.

Este hecho, produjo el desplazamiento forzado de 1.200 campesinos hacia Mutatá, Antioquia, durante dichos años la población del Bajo Atrato fue víctima de la violencia paramilitar, militar, guerrillera y empresarial, aún hoy en día hay impunidad, las víctimas siguen siendo revictimizadas, pero aun así siguen en una búsqueda de justicia, reparación, oportunidades de retorno y una correspondiente restitución de tierras de lo que se les fue arrebatado, exigiendo al Estado garantías de protección por las mismas, por sus derechos.

Víctimas de la Masacre de Riosucio de 1997 en la Memoria
Víctimas de la Masacre de Riosucio de 1997 Sin Olvido

miércoles, 16 de octubre de 2013

Operación Orión

16 de octubre 2002 - 16 de octubre 2013


Las lágrimas se nos están acabando de tanto dolor”.

Víctima sobreviviente de la Operación “Orión



En aplicación de la llamada "seguridad democrática" en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, altos mandos de las fuerzas militares y policiales, como los generales Mario Montoya y Leonardo Gallego, ordenaron a paramilitares al mando de Diego Fernando Murillo participar en una operación de arrasamiento en la Comuna 13 de Medellín, denominada "Orión".

La Comuna 13 está Ubicada al oeste de la ciudad de Medellín, a diez minutos de la Alpujarra, donde está la Gobernación y la Alcaldía. Ha sido durante muchos años golpeada por la pobreza y la exclusión, es un sector deprimido, sujeto a las laderas de una montaña y lleno de caminos, empinadas escaleras, callejones, callejuelas y rincones. Con 200.000 habitantes la mayoría de ellos y ellas víctimas de la exclusión social, expulsados del sistema capitalista. Pese a ello, a las huellas de la violencia y el arrasamiento de la vida los familiares han conseguido resistir en sus territorios y organizarse para reivindicar el respeto a la vida en medio de la guerra y la justicia, verdad y reparación en medio de las numerosas víctimas dejadas luego de sucedida la operación “Orión”.

En el marco de la llamada “seguridad democrática” del ex presidente Álvaro Uribe y con la supuesta intención de pacificar la zona, el día 16 de Octubre del 2002, entró en acción la operación Orión, cuya intención fue sacar las guerrillas y tener el control territorial de la Comuna. De este modo fueron utilizados cinco batallones de la IV Brigada, el batallón contra-guerrillero del ejército, la policía y el DAS, todos ellos en colaboración con los paramilitares de la región, la operación contó con cerca de tres mil efectivos, dando comienzo antes de la media noche con los largos enfrentamientos.

En medio del combate, el desespero y la angustia acrecentaron; la guerra continuó, helicópteros, tanquetas y efectivos dispararon contra todo y contra todos, sin detenerse. Ni siquiera el repliegue de las guerrillas, disminuyó la hostilidad de la fuerza pública la cual continuó con sus ataques sin retroceder un centímetro.

Esas horas de terror, que se prolongan 10 años después en sus efectos en el subconsciente colectivo, contaron con allanamientos ilegales, capturas masivas, ejecuciones extrajudiciales, muertes de civiles, desapariciones forzadas, e incontables violaciones a sus derechos, además de hacer daños colectivos en la Comuna 13.

Con las declaraciones de alias “Don Berna” años después, el país confirmó que los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara colaboraron con la operación Orión de la mano del General de la IV Brigada, Mario Montoya. Con el proceso de desmovilización paramilitar que sumió al país en la impunidad, alias “Don Berna” aseguró que más de 300 personas fueron desaparecidas y asesinadas tras dicha operación y que sus cadáveres se encuentran repartidos en distintas fosas comunes en el botadero de escombros conocido precisamente así, como “La Escombrera”.

Adriana Arboleda abogada de la Corporación Jurídica Libertad y parte civil en el proceso, asegura que después de una década de cometida esta operación el proceso jurídico se reduce a una palabra, impunidad.

Tras el largo enfrentamiento, las AUC aseguraron la supuesta “pacificación” de la zona por medio de la desaparición forzada de los pobladores. Convirtiendo la operación no sólo en el mayor desplazamiento urbano de la historia colombiana, sino en un prolongado sufrimiento e incertidumbre de cientos de familias que vieron desaparecer entre las calles de Medellín a sus seres queridos. La operación militar, no fue entonces una solución a la vulnerabilidad de la población, sino una entrega del territorio a otros actores del conflicto, profundizando la violencia.

Después de 11 años la Comuna 13 sigue militarizada, los habitantes continúan pagando vacunas y la violencia es latente. La operación militar que mató a quienes nada tenían que ver con la guerra y que desapareció a otros tantos para garantizar la supuesta “seguridad democrática” sigue cubierta por el velo de la impunidad. Estas son, a lo sumo, consecuencias de una perspectiva guerrerista de la paz que poco tiene que ver con la justicia y que tanto han herido a Colombia.

Pero hoy, poco más de una década, la Comuna 13 sigue siendo un territorio de esperanza, de reclamos y reivindicaciones, hoy los habitantes no sólo resisten a la violencia sino que están construyendo Paz desde los territorios.

Víctimas de la masacre de la Operación Orión en la memoria

Víctimas de la masacre de la Operación Orión Sin Olvido

lunes, 12 de agosto de 2013

Reinaldo Perdomo Hite.

Agosto 12 2003- Agosto 12 2013

Hoy hace 10 años el 12 de Agosto de 2003 fue asesinado el líder campesino Reinaldo Perdomo Hite, de 60 años.

Reinaldo perteneció al Comité Cívico por los Derechos Humanos del Meta y durante nueve años lideró el Comité de Derechos Humanos en varios municipios, entre ellos el del Alto Ariari.

Reinaldo no era de las personas que se levantaba ante los demás solo con un discurso; él era conocido por ser un excelente líder que con pocas palabras podía motivar a los campesinos a resistir. Su fortaleza interna y pasión por la reivindicación de cientos de campesinos y campesinas que vivieron en carne propia el rigor de la guerra y el terror Estatal, lo animaron a organizar a su comunidad a raíz de las graves violaciones a los derechos humanos y desplazamientos forzados cometidos por la estrategia Paramilitar y militar en la región del Ariari ocurridas en el año 2001. Desde el año 2000 la región del Alto Ariari, no solo sufrió las consecuencias de las incursiones paramilitares, estas estuvieron precedidas de amenazas a los pobladores y fue consolidada a través de reuniones comunitarias, bloqueos económicos, puestos de control y retenes, de asesinatos y de desapariciones forzadas, ofensivas armadas y saqueos, que originaron el desplazamiento de más de 750 familias de toda la región, todas estas actuaciones paramilitares fueron combinadas con actuaciones regulares del Batallón 21 Vargas, adscrito a la VII Brigada del Ejército Nacional, con el pretexto de perseguir a la guerrilla de las FARC EP.

Pero los desplazamientos forzados fueron una constante en la vida de Reinaldo, que desde pequeño tuvo que vivir las consecuencias del desplazamiento forzado llegando así del Cauca, a la zona del Alto Ariari a la Esmeralda en donde conformó su familia.

En el año 2002 tras la incursión paramilitar, nuevamente tuvo que desplazarse forzadamente, por lo que llegó hasta la ciudad de Villavicencio junto con otras familias. Desde ese entonces con trabajo, dedicación y la creación de comités, logró organizar a más de 35 familias en búsqueda de justicia, verdad, reparación y la firme convicción de regresar al territorio. Sin duda Reinaldo estaba dispuesto a todo por ver felices a las familias campesinas, así tu viera que entregar su propia vida para ello…

Hacia las 8 pm del martes 12 de Agosto de 2003, después de haber participado en una reunión del Comité de Desplazados y Víctimas de la Violencia del Meta; Reynaldo se encontraba es su casa ubicada en el barrio Ciudad Porfía, mientras cenaba, fue avisado de una llamada telefónica que debía contestar en el billar que quedaba en frente de su residencia; cruzando la calle recibió tres disparos en la cabeza, propiciados según testigos, por un joven alto de cabello claro, quien se alejó del lugar caminando tranquilamente con el arma en su mano y dirigiéndose hacia la calle principal de Ciudad Porfía. Irónicamente, a pocos metros del lugar donde fue asesinado REYNALDO, está ubicada una estación de Policía.

A las 11:30 p.m la fiscalía realizó el levantamiento del cuerpo y durante la diligencia un miembro de la fiscalía preguntó por la agenda personal de Reynaldo, en la que había consignado algunos datos acerca de la búsqueda que los paramilitares de la zona del Alto Ariari, adelantaban contra personas que organizaban a los desplazados del municipio del Castillo Meta, debido a las denuncias e investigaciones que se adelantaban para determinar los responsables de los desplazamientos ocurridos en el municipio de El Castillo.

Días antes de su asesinato Reynaldo participó dando su testimonio en la Zona Humanitaria de CAVIDA en el Cacarica Chocó, con motivo de una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, donde presentó la situación de violación de Derechos Humanos del Meta en particular, la del Ariari. Acompañado por diversas organizaciones campesinas, y sociales venía adelantando una propuesta de protección y de animación de la Defensa de la Vida y del Territorio de los desplazados del Ariari que se encuentran en Villavicencio y en otras ciudades del país.

En la actualidad el caso se encuentra en la Fiscalía 08 Especializada de Villavicencio, sin ningún avance en matera jurídica, el asesinato de Reinaldo Perdomo Hite sigue en total impunidad.

Este crimen expresa la ausencia de voluntad política del Estado para posibilitar el derecho a la asociación, a la libre expresión, al derecho al retorno con dignidad. La consolidación de las estructuras militares encubiertas en el departamento del Meta, que al ser develadas o denunciadas, por las pocas voces aún existentes en el Meta son acalladas por la Fuerza; expresa la inacción de la Justicia que bajo supuestas investigaciones expía su responsabilidad en la ausencia de esclarecimiento y de sanción de los responsables de millares de crímenes cometidos desde la década de los 80.

El asesinato de REYNALDO exhuma la memoria de DELIO VARGAS, de JOSUE GIRALDO, de OSWALDO GONZALEZ, GONZALO ZARATE, EDER CASTAÑO, PEDRO MALAGON del Meta, de cientos, de miles y miles de vidas desaparecidas, asesinadas, torturadas, obligadas al exilio, sometidas a la persecución, al exterminio, por la simple razón de apostar en un país distinto, sin exclusiones, con democracia, con pan y con libertad, un país donde el respeto a los derechos humanos integralmente concebidos sean la condición de la paz.

Hoy el Ariari sigue padeciendo, continúa llorando, creyendo en la esperanza de esas resistencias que anónimamente, que silenciosamente defienden la Vida y el Territorio a pesar del Terror del Estado, a pesar de las guerras. 

Reinaldo Perdomo Hite, En la Memoria.
Reinaldo Perdomo Hite, Sin Olvido.