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lunes, 24 de febrero de 2020

Operación Génesis


24 de febrero de 1997

Primer Dia

Desde la Brigada XVII, al mando del General RITO ALEJO DEL RIO, se desató durante cuatro días, una operación militar registrada en los documentos oficiales, como la Operación “Génesis”. Actuaciones por aire con ametrallamientos, bombardeos indiscriminados.

Por tierra, fuerzas combinadas militares e irregulares -paramilitares- realizaron quema de casas, saqueos, amenazas de muerte y posteriormente el asesinato del afrodescendiente MARINO LOPEZ, descuartizado, con su cabeza convertida en un balón de fútbol para sus victimarios. Los resultados daños irreparables, como la vida de MARINO LOPEZ, el desplazamiento de 3000 personas del Cacarica y de 7 mil más del bajo Atrato.

Las declaraciones de los testigos estan ahora extraviadas. Los responsables en plena libertad por las calles, por los ríos, gozan de la impunidad jurídica, de la impunidad social, de las impunidades religiosas, de la impunidad política. Los victimarios gozando de visibilidad en medios de información. Las víctimas judicializadas y sometidas a una presión militar inusitada de nueva destrucción de sus mentes, de sus cuerpos, de sus almas.

Un relato en versión vallenata, memoria del abuso del poder, de la barbarie. De las cenizas del “génesis”, la Creación en el Cacarica. Afrodescendientes, mestizos e indígenas en su Territorio afirmado su derecho a la Memoria y a la Justicia, a pesar del silencio, del olvido, del terror.

¡¡¡ Ay hombe
Les vengo a contar la historia de nuestro desplazamiento
como fue que sucedió estando allá en el Chocó
este es un caso muy duro para que el mundo lo sepa
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
nos sacaron a la fuerza con bombas y metralletas
con bombas y metralletas
Ay fue la pública fuerza
eso no se hace con el pueblo que trabaja
Un 24 de febrero del año 97, un lunes de mañanita
estando allá en Montañita
la gente se levantaba pa’ su tarea cotidiana
cuando del cielo escuchamos, unos grandísimos ruidos,
de los pájaros metales que venían a su destino a sacar al campesino
Ay… ay.
Ya siendo la hora 7, esto si me dolió a mi, de seguido allá explotaban las bomba en el Salaquí
de los aviones Kafir que allá rápido volaban, cumpliendo con su misión pa’ acabar con la población,
pa’ acabar con la población, cumpliendo con su misión
cumpliendo con su misión en esa bella región
¡¡¡ Dios mío mete tu mano para que cese la guerra, no haiga más desplazados
Siendo las 6 de la tarde, el caso me preocupaba, allá en la comunidad la fuerza también se entraba
con ráfagas de metralla y bombas también tiraban, cuando salimos corriendo huyendo pa las montañas
en los brazos yo cargaba una niña que lloraba
una niña que lloraba
su madre desesperada
Ay ¡¡¡

Segundo Dia

Y llega el 25 de febrero, habíamos visto los sobrevuelos, las bombas que caían, los helicópteros aterrizaban repletos de uniformados identificándose como ejército. Después que aterrizaron en La Loma Salaquí y en La Loma del Cacarica vimos salir uniformados: ejército, ejército. Y de allí mismo surge dos grupos. Uno denominado ejército nacional y otro denominado las ACCU .

El ejército se pone en dos sectores y las ACCU hace con algunos militares el recorrido por todo el territorio. Se preparan para ir al Cacarica, al Perancho, a Bocas del Limón, a Quebrada Bonita. Cuando nos van cogiendo a los campesinos, le colocan como plazo a uno para desocupar el área de tres días, después dijeron que solo teníamos 24 horas. Cuando íbamos subiendo por el río Cacarica nos los encontramos, ya en ese momento no había Puente América, sólo quedaban las casas quemadas. Y entonces nos paran, y nos dicen: “ustedes se deben ir al municipio de Turbo”. Pregunta: “bueno” y nosotros como campesinos ¿qué vamos a hacer a Turbo, donde no tenemos donde vivir, no tenemos donde subsistir, donde esa no es nuestra tierra ni nuestra vida?. Nos decían: “No tranquilos, ustedes llegan a Turbo y los estará recogiendo la policía y los estará llevando al coliseo de Turbo, ya todo eso está hablado con todas las autoridades competentes”.

Todo está en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún abogan por su Vida, por el Territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Tercer Día

Y llegó el 26 de febrero, todo estaba como lleno de miedo, ya estaban en distintos caseríos, nos quemaron el rancho, la tienda de mujeres… no había guerrilla porque ellos nunca estuvieron estables, porque sólo pasaban, le dijimos a los militares si van por la guerrilla pues arriba, aquí no hay nada. Les dijimos, nosotros nos juntamos toditos en un pueblo y peleen. Ellos dijeron hay que hablar con el Comandante que estaba a unos metros de ahí y nos encontramos con que el mando es un paramilitar que nos dice: “la orden es que se van, o se mueren. Y se van a Turbo, allá los están esperando”. Ese 26 todo el mundo entendimos que no había nada que hacer… entonces mientras en las veredas nadie trabajaba y esperaba que nuestra idea fuera respetada, pero no les valía argumentos, ellos estaban ciegos de poder, de nuestra tierra. Todos a llorar a echar andar en otras embarcaciones llenas de gente.

En La Loma revueltos militares y paramilitares. Empezó ese día la correría para mucha gente y así fue ese día gris, las nubes llorando porque eso de las bombas cambia el clima, lo hace gris, hasta las aves en silencio, todos testigos de lo que no podíamos creer. A uno no se le cree hasta que lo vive. Nosotros que íbamos a pensar que Autodefensas y Estado era lo mismo. La verdad verdadera es esa, juntos, revueltos, amigos, nada los separaba, bajándose de los helicópteros, uno se calla porque el miedo es mucho, uno quiere la vida y no quiere morir sino de viejo, en su tierra, con sus animales y sus nietos. Esa verdad duele y por eso lo matan a uno, pero es la verdad. Muchos en estos años nos han dicho que nos callemos, nos han dejado de ayudar con dinero porque los ponemos en riesgo, nos condicionan la ayuda si no hacemos lo que ellos quieren… todo el mundo se llena de miedo. Nosotros tenemos miedo, recordamos, nos duele pero vemos claro, lo que otros quieren negar.,, salimos con miedo, llenos de terror, estamos con miedo pero tenemos aún nuestras vidas, nuestras almas, nuestro Proyecto de Vida… pero tenemos miedo.

No hubo combates en el Cacarica. Hubo persecución, agresión, terror a la población civil. Todo en la absoluta oscuridad. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Los afrodescendientes aún se resisten, aún se resisten a creer, a aceptar que el poder de la fuerza, el poder del dinero, el poder religioso tienen la última palabra sobre su vida y sobre el territorio. Entre las guerras construyen Autodeterminación, Vida, Dignidad.

Cuarto Día

Nuevamente los bombardeos. El 27 de febrero estando allá en Bijao, llega un grupo de paramilitares y un militar, a eso de las 9:00 de la mañana, MARINO LOPEZ, me dice estoy con miedo, no se si salir a Turbo. Los paramilitares y también militares rodearon todo el caserío, la gente ya había salido unos más arriba, otros a La Tapa. Nos juntaron a todos, nos amenazaron. A MARINO lo obligaron a bajar unos cocos, él como entre el miedo y nosotros diciéndoles, “ya nos vamos”. MARINO les decía, si fueron tres días los que nos dieron”, y dijo uno “ustedes se van hoy”. Dos de los doce militares tomaron a MARINO, y luego de entregarles los cocos, él puso sus botas y su camisa, y les pidió sus documentos de identidad. Uno de ellos dice: “ahora si quiere el documento de identidad, guerrillero”. Reclámelos a su madre, y vuelven a acusarlo de guerrillero. Y les dice: “ustedes saben que yo no soy”. Lo insultan, lo golpean. Uno de los criminales coge un macheta y lo corta en el cuerpo, MARINO intenta huir, se arroja al río, pero los paramilitares, lo amenazan, “si huye, le va peor”. MARINO regresa, extiende su brazo izquierdo para salir del agua. Uno de los paramilitares le mocha la cabeza con la macheta. Luego le cortan los brazos en dos, las dos piernas a la altura de las rodillas. Y empiezan a jugar fútbol con su cabeza. Todas y todos lo vimos. Ya no había nada más que decir, qué hablar. Todo estaba dicho. Endiablados, sin ninguna fe, ninguna moral. Todo gris, el alma, el cielo, la tierra. Todo se hizo silencio. Todo fue terror. El bombardeo del cuerpo, el bombardeo del alma. La muerte se hizo un juego.

Después todo sigue en la Impunidad. Todo está en la absoluta oscuridad. El cuerpo sometido a la exclusión, al confinamiento, a los nuevos embates psicológicos, jurídicos y morales. El territorio, el alma, sometidos a la presión, a la imposición del silencio, a la imposición de la impunidad, a la imposición de bases de concentración paramilitar, a la imposición de la agroindustria. Las estructuras armadas responsables de la destrucción siguen de modo abierto o encubierto en su objetivo de destrucción. Hoy exigen, afirman sus derechos. Ellas y Ellos construyen propuestas de paz integral basadas en la Autodeterminación, la Vida, y la Dignidad. Desde ese último día de la operación “Génesis”, la creación nacida de la destrucción. El arco iris en el Cacarica de fragmentos de luz que la muerte, la persecución, los bloqueos, los bombardeos, las mentiras de los medios, los poderes económicos y militares, no lograron destruir: La verdad, la libertad, la Justicia, la Solidaridad, la fraternidad.

Victimas de la Operación Génesis en la Memoria
Victimas de la Operación Génesis Sin Olvido

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

lunes, 14 de enero de 2019

Masacre de Pueblo Bello



14 de enero de 1990

El 14 enero de 1990 en horas de la noche, ingresaron aproximadamente 60 paramilitares al corregimiento de Pueblo Bello, municipio de Turbo, Antioquia, los hombres armados se autodenominaban como miembros del grupo “Los Tangueros”, quienes, habían incursionado en el territorio por órdenes de Fidel Castaño.

Al ingresar sacaron a los habitantes del pueblo de sus viviendas y a algunos jóvenes de la iglesia presbiteriana, los paramilitares organizaron a las víctimas en la plaza principal y los forzaron a acostarse boca abajo, luego, seleccionaron a 43 campesinos, entre ellos dos menores de edad. Después de seleccionarlos, los amordazaron y quemaron tres viviendas de Pueblo Bello.


Posteriormente, transportaron a los habitantes a la finca “Santa Mónica”, en el departamento de Córdoba, los vehículos que se desplazaron desde Pueblo Bello hasta la finca en Valencia, pasaron por dos retenes custodiados por los Batallones Vélez y Cóndor de la Brigada XVII del Ejército Nacional. Al llegar, los campesinos fueron interrogados y torturados brutalmente, punzaron sus venas, perforaron sus ojos, aserraron sus oídos y mutilaron sus órganos genitales, finalmente, fueron ejecutados.


La masacre se dio porque la guerrilla habría robado 43 reses del paramilitar Fidel Castaño, que según se decía, habrían sido transportadas a través de Pueblo Bello hacia otro lugar, considerando a los habitantes del corregimiento como cómplices de dicho robo. Al día siguiente, los familiares de los desaparecidos conformaron una comisión de búsqueda para saber sobre sus seres queridos.


Para ello se dirigieron al capitán del Ejército en San Pedro de Urabá, de este entonces, Fabio Enrique Rincón Pulido, cuando los integrantes de esta comisión preguntaron por los campesinos, este respondió: “En Pueblo Bello cambiaron vacas por gente”, haciendo referencia al robo realizado por la guerrilla en 1989 a paramilitares en la finca “Las Tangas”. Según los familiares de los 43 campesinos, una semana luego de la masacre, militares llegaron al pueblo ofreciendo 50 mil pesos a cada familia para silenciarlos.


Algunas de las víctimas eran simpatizantes del Frente Popular, un partido de izquierda de la región. Algunos cuerpos fueron encontrados en Las Tangas en la finca Jaraguay y se han entregado los restos óseos de siete personas identificadas: Juan Roberto Mesa, Ricardo Manuel Bohórquez, José Leonel Escobar Duarte, Jesús Ovidio Carmona, Andrés Manuel Pedraza Jiménez, Jorge Martínez, Manuel de Jesús Montes y un menor identificado con las iniciales de J.E.B.O.

Pero aún se desconoce el paradero de 37 campesinos:  José del Carmen Álvarez Blanco, Fermín Agresott Romero, Víctor Argel Hernández, Genor Arrieta Lora, Cristóbal Manuel Arroyo Blanco, Diómedes Barrera Orozco, Urías Barrera Orozco, Jorge Fermín Calle Hernández, Jorge Arturo Castro Galindo, Benito Genaro Calderón Ramos, Juan Miguel Cruz , Ariel Dullis Díaz Delgado, Camilo, Antonio Durango Moreno, César Augusto Espinoza Pulgarín, Wilson Uberto Fuentes Miramón, Andrés Manuel Flórez Altamiranda, Santiago Manuel González López, Carmelo Manuel Guerra Pestana, Miguel Ángel Gutiérrez Arrieta, Lucio Miguel Úrzola Sotelo, Ángel Benito Jiménez Julio, Miguel Ángel López Cuadro, Mario Melo Palacio, Carlos Antonio Melo Uribe, Juan Bautista Meza Salgado, Pedro Antonio Mercado Montes, Luis Carlos Ricardo Pérez, Miguel Antonio Pérez Ramos, Raúl Antonio Pérez Martínez, Benito José Pérez Pedroza, Elides Manuel Ricardo Pérez, José Manuel Petro Hernández, Luis Miguel Salgado Berrío, Célimo Arcadio Hurtado, Juan Luis Escobar Duarte, Ovidio Carmona Suárez.


El 31 de enero de 2006 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) adjudico responsabilidad internacional al Estado colombiano por la desaparición y ejecución extrajudicial de 43 campesinos. Luego, la justicia impuso una sentencia de 20 años de prisión a los hermanos Enrique Rivas Naar, alias Frank y Oliver Jose Cervantes Naar, alias Abelito, dos exparamilitares que aceptaron la participación en los hechos.


El 9 de marzo de 2009, el entonces ministro de defensa Juan Manuel Santos, en nombre del Estado pidió perdón a los familiares y a la sociedad por lo ocurrido en Pueblo Bello. En 2018 fue enviado a prisión el militar teniente (R) del Ejército, Fabio Rincón Pulido, a quien se le perfilo como responsable de homicidio múltiple agravado, desaparición forzada, terrorismo y tortura.  

Hoy se sigue en búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación con las que debe cumplir el Estado según la CorteIDH, la búsqueda sigue con incertidumbre y ausencia de  los seres queridos de Pueblo Bello, sin embargo, los familiares de cada hombre trabajador víctima de la masacre hacen viva la memoria de cada campesino que fue y es desprotegido por el Estado. 


Víctimas de la Masacre de Pueblo Bello en la Memoria
Víctimas de la Masacre de Pueblo Bello Sin Olvido


jueves, 21 de febrero de 2013

Masacre de San José de Apartadó

21 de febrero 2005 - 21 de febrero de 2013
Hace 8 años, el 21 de febrero de 2005 ocho personas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, fueron torturadas, asesinadas, descuartizadas y posteriormente enterradas en fosas comunes.

Primero asesinaron a Luis Eduardo Guerra, reconocido líder de la Comunidad de Paz; a su hijo Deyner Andrés Guerra de 11 años y a Beyanira Areiza. Después de asesinarlos con machetes, dejaron sus cuerpos en la montaña. Posteriormente, fueron asesinados Alfonso Bolívar Tuberquia, sus hijos Natalia de 5 años y Santiago de 2 años, su esposa Sandra Milena Muñoz y un trabajador de la zona llamado Alejandro Pérez.

Estos descarados hechos sucedieron cuando los miembros del bloque Héroes de Tolová llegaron a la casa de Alfonso Tuberquia y Sandra Muñoz y vieron a los niños, preguntaron a los comandantes ‘paras’ qué hacían con ellos. Sugirieron entregarlos a Bienestar Familiar. Pero alias Cuatro Cuatro, Makeison, Águila 6 y Cobra concluyeron que serían una amenaza en el futuro y se volverían guerrilleros.

Las súplicas de Alfonso Tuberquia fueron en vano. Natalia, de 5 años, fue por ropa para su hermano, de 18 meses y la empacó en una bolsa. Se la entregó y se despidió de él, porque ahí los separaron. La niña fue degollada con un machete.

Los habitantes de la comunidad de San José han soportado amenazas continuas y estigmatizaciones, muchas veces se han militarizado los caseríos y en numerosas ocasiones se ha intentado judicializar a líderes basándose en montajes y en campañas de desprestigio a través de los medios masivos de comunicación.


Así se han presentado los hechos sucedidos en éste caso, a través de los MMC.

Tomando como pretexto la masacre de febrero de 2005, el entonces presidente Alvaro Uribe, ordenó a la policía ingresar al caserío de San José para instalarse dentro de los espacios de paz donde nunca se ha permitido la circulación de armas. Esto obligó a la población a desplazarse y comenzar a construir un asentamiento nuevo en una finca de la comunidad, abandonando todo lo que se había construido durante muchos años.

Así mismo, el presidente de la época, Uribe Vélez, lanzó, tiempo después de la masacre sucedida en la comunidad, falsas acusaciones en contra de sus integrantes.

La Comunidad ha generado a través de la organización comunitaria alternativa, la forma de protegerse y hacerse respetar como población civil; por ello, ante la estrategia de muerte, de arrasar y desplazar al campesinado con intereses económicos sobre el territorio, para 1997 deciden declararse neutral frente al conflicto armado y rechazando, a través de la comunidad de paz, la presencia de todos los grupos armados en su territorio. Pese a ello, las acciones de muerte y terror contra la comunidad no han cesado.

En cuanto al proceso jurídico de los implicados en la masacre del 21 de febrero 2005, el 4 de agosto de 2010, el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Antioquia había absuelto a diez militares por su responsabilidad en la masacre, a pesar de las declaraciones del extraditado ex jefe paramilitar alias Don Berna quien confesó que el bloque a su mando, Héroes de Tolová, había cometido este crimen colectivo de la mano del Ejército.

En la revisión del fallo absolutorio de primera instancia, los diez militares resultaron favorecidos porque según el Juzgado, no se comprobó la existencia del delito de concierto para delinquir y la responsabilidad de éstos en los crímenes cometidos por los paramilitares.

Por su parte la Fiscalía, Procuraduría y la parte civil apelaron el fallo. Luego de revisar las pruebas documentales y testimoniales, el Tribunal Superior de Antioquia decidió hundir la absolución en el caso de algunos militares con mando y dejó en firme el fallo de primera instancia sobre los restantes. Los paramilitares que participaron en la masacre y admitieron su responsabilidad en el crimen ante las autoridades judiciales fueron Adriano José Cano Arteaga, alias ‘Melaza’, y Joel José Vargas, alias ‘Pirulo’.

Estas confesiones le permitieron a la Fiscalía proferir orden de captura contra el ex capitán Gordillo Sánchez y abrir investigación contra 66 militares de la Brigada XVII del Ejército con sede en Carepa. Con el paso del tiempo se depuraron las responsabilidades penales y hoy la justicia estableció que fueron cuatro los militares involucrados y no diez, como se estableció en la primera instancia.

Organizaciones defensoras de derechos humanos que han acompañado este proceso también han denunciado la participación de los generales Mario Montoya, Jaime Fandiño y Luis Alfonso Zapata, además de los coroneles Néstor Iván Duque y Orlando Espinosa, sin que hayan sido vinculados.

Marcial Hoyos Soñet, Alexander Arrieta Gómez y José Fuentes Lagares aceptaron ante un fiscal de Derechos Humanos y DIH, en la fase procesal respectiva, ser responsables de los delitos de homicidio en persona protegida y concierto para delinquir. Esas conductas punibles también fueron reconocidas por Nafer Antonio Guzmán Trujillo y Henry Enrique Payares Pacheco, quienes esperan decisión del juzgador. A esas tres condenas se suman las de: Uber Darío Yañez Cavadías comandante militar del bloque, Jorge Luis Salgado David, José Joel Vargas Flórez, Bionor Vargas Flórez, Rober Darío Muñoz Hernández, Francisco Javier Galindo Martínez, Edinson Galindo Martínez, Neder Antonio Mestra Rojas, Juan Alberto Ruiz Yañez, Manuel Antonio Urango Mejía, Yamid de Jesús Gonzáles Galaraga, Erney Eduardo Portillo Paternina, Aldo Antonio Agames, Javier Enrique Salgado Martínez, Jorge Luis Gutiérrez Alean, Esaut José Feria Martínez, y Ulises Burgos. De esas personas, tanto Bionor Vargas como Ulises Burgos cumplen 40 años de prisión, cada una; otras 12 purgan 20 años de cárcel, cada una, luego de acogerse a sentencia anticipada.

La Fiscalía ya acusó por homicidio en persona protegida y concierto para delinquir a nueve miembros más del citado grupo armado y aguarda la fecha para la audiencia pública. Con medida de aseguramiento se encuentran otros seis procesados y dos menores de edad quedaron a disposición de las autoridades respectivas.

Con respecto a los militares procesados en este caso cumple condena el capitán (r) del Ejército Nacional Guillermo Armando Gordillo Sánchez, quien aceptó su responsabilidad en los delitos de homicidio en persona protegida, actos de barbarie y concierto para delinquir, por los que el Juzgado Primero Penal del Circuito

Especializado de Antioquia le impuso 20 años de cárcel el 20 de febrero de 2010. Tal decisión fue confirmada por el Tribunal Superior de Antioquia el 28 de febrero de 2011. Finalmente, sobre la sentencia absolutoria dictada a diez militares (tres oficiales y siete suboficiales) por el Juzgado Segundo Especializado de Antioquia el 4 de agosto de 2010, la Fiscalía apeló el fallo y aguarda la decisión del Tribunal Superior de Antioquia

En el proceso, el Ministerio de Defensa se defendió argumentando que no se le podía responsabilizar por los actos cometidos por un grupo ilegal que nada tenía que ver con la institucionalidad.

La Procuraduría contrarió la posición del Ministerio, sosteniendo que existía una “flagrante responsabilidad del Estado por la ejecución extrajudicial de personas protegidas”. Con el agravante de que, tres de ellas eran menores de edad y fueron asesinadas con igual sevicia. 

La muerte de los pequeños Natalia y Santiago Tuberquia da muestra de la barbarie paramilitar que ocurrió en tantas zonas del país con el beneplácito o el silencio cómplice de miembros de la Fuerza Pública.

El tribunal de Antioquia ha ordenado al Ejército que, en presencia de altos mandos militares, habitantes la zona y medios de comunicación regionales y nacionales, ofrezca públicamente disculpas por la masacre y se comprometa, de forma "contundente", a tomas las medidas necesarias para que "lo acontecido no vuelva a suceder".

A pesar de todas estas investigaciones y algunas condenas, las víctimas de la comunidad de paz de San José de Apartadó siguen exigiendo e instando al gobierno y al estado colombiano, a una verdadera justicia, a una verdad real. Que sean juzgados los militares y paramilitares de más alto rango. Que no solamente sean juzgados los autores materiales sino también los intelectuales. Así mismo, sus víctimas y la parte civil han exigido y solicitado también sea investigado el ahora, ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Los campesinos y campesinas de la Comunidad de paz, a través del tiempo han dejado por sentado que no se trata solamente de una responsabilidad estatal que se deba resumir e intentar resolver administrativamente sino que por el contrario se trata de un tema estructural, donde las garantías de no repetición siguen sin darse.

Han sido 8 años de este crimen. Ocho años de tristezas, de ausencias de seres queridos en la comunidad, de miedos, pero también de resistencias y anhelos de justicia, verdad.


Por eso las y los campesinos, NIÑAS Y NIÑOS asesinados en la masacre de san José de Apartadó en la memoria 

Por eso las y los campesinos, NIÑAS Y NIÑOS asesinados en la masacre de san José de Apartadó Sin Olvido.

Sin Olvido