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martes, 12 de noviembre de 2019

Jesús Oleiver Alvarado Muñóz y Over Erney Muñóz


Noviembre 12 del 2009


El jueves 12 de noviembre de 2009, los hermanos Jesús Oleiver y Over Erney, campesinos del caserío Mesón Alto, en horas de la mañana salieron a cumplir sus labores cotidianas de trabajo en el campo. 

Al dirigirse hacia Nuevo Horizonte, paramilitares pertenecientes a los rastrojos que hacen presencia en la zona los retuvieron y desaparecieron. Es de anotar que este hecho ocurrió en medio de una fuerte presencia militar en el municipio de Argelia en el marco de la política de aseguramiento de los territorios con fines de privatización, de intervención con fines extractivistas.

Después de adelantar varias acciones jurídicas en la exigencia de verdad, justicia y reparación integral; de ver negados sus derechos como víctimas en las dependencias responsables de atención a la población desplazada, de ver cómo se colocaba en duda su desplazamiento y de no encontrar respuesta sobre la existencia de Oleiver y Over, sus familiares se desplazaron a varios lugares de Colombia.

Se encontraron con otros miles de familiares de desaparecidos, con otras miles de víctimas de crímenes de estado, con quienes han compartido su proceso de dolor y de esperanza, con quienes han construido red social.

El arraigo a su tierra y las condiciones indignas de vida en la ciudad, los llevó a retornar sin ningún tipo de garantías a su tierra, a recuperar lo que les había sido obligado abandonar. Con la humildad, sencillez y tenacidad persistieron en el difícil camino de búsqueda de justicia y verdad. Esa resistencia al olvido y su dignidad, hizo que la unidad de desaparición forzada de la fiscalía, después de una acción de tutela, asumiera el caso como prioritario. Es por esta razón y ante las demandas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que otorgó medidas cautelares a este grupo de familias, lo que hizo posible el comienzo de un proceso de búsqueda de información que se cotejó con las certezas manejadas por los familiares de OLEIVER Y OVER, quienes a pesar del dolor sabían que habían sido asesinados por los paramilitares.

Así se logró el 2 de mayo de 2013 la práctica de exhumación de los restos de estos dos campesinos.

Pasó más de un año en la espera de los resultados de pruebas de ADN, de insistir en la entrega de los restos para poder elaborar el duelo.

El 01 de Noviembre de 2013, los restos de Oleiver y Over son entregados a familiares en la ciudad de Popayán. Se cumplió así un primer paso en este proceso de búsqueda de verdad, de justicia. Pero queda mucho por encontrar, por exigir, por garantizar. Estos crímenes deben ser considerados como crímenes de lesa humanidad, la verdad aun no es dicha, la justicia no ha mostrado su rostro en este caso.

Por eso sus familiares quienes tratan de reconstruir lo deteriorado con esta acción paramilitar, evocan la vida de Oleiver y Over en su comunidad como campesinos hijos de uno de los fundadores de su pueblo; mantienen la memoria como único derecho de dignificación de las vidas de sus seres queridos.

Ellos viven en la memoria de sus familias, en la memoria del pueblo de Argelia, en la memoria del pueblo campesino del Cauca y de Colombia; ellos, dos campesinos víctimas de desaparición forzada, sus familiares víctimas de desplazamiento forzado por estructuras paramilitares, ellos y ellas víctimas de la impunidad.

Hermanos Oleiver y Over, en nuestra Memoria
Hermanos Oleiver y Over, Sin Olvido.


martes, 10 de septiembre de 2019

Jacinto Quiroga Castañeda

Septiembre 10 de 1990 
"Nací campesino, como todos mis abuelos; labro la tierra para el sustento, vivo de la agricultura de subsistencia"

Un líder cívico, que asumió en sus apuestas socio políticas, la exigencia y el trabajo por la justicia social en las tierras del municipio Bolívar en Santander. Jacinto Quiroga Castañeda fue asesinado por efectivos del Batallón de Ingeniería No 5 Galán de la 5a brigada del ejército nacional en el caserío Guamal es otro rostro del crimen de Estado que permanece en la impunidad jurídica pero no en el olvido.

Fue un lunes, en área rural del municipio de Bolívar, Santander, un día después de la celebración de su cumpleaños número 46, cuando fue asesinado. Jacinto, campesino, creyente de la comunidad cristiana de base, cristiano político del Movimiento de Unidad Campesina, buscó romper la dicotomía entre fe y política dando respuesta al hambre y la injusticia material.

En la época del Estatuto de Seguridad por su actividad política de dirigente cívico fue injustamente encarcelado por integrantes de la 5a Brigada del Ejército Nacional. En septiembre de 1979 Jacinto fue detenido arbitrariamente, sometido a un sin número de torturas y vejámenes durante los primeros ocho días de su detención. Desde ese día y durante más de 10 años fue objeto de una despiadada persecución con amenazas constantes.

Las amenazas de muerte no surtieron efecto, Jacinto continuó buscando la integración y el desarrollo de la comunidad. Sin embargo, en la madrugada del 10 de septiembre de 1990 el operativo militar llegó a su casa, irrumpiendo en la cotidianidad.

Uno de sus 8 hijos con estas palabras recuerda esa madrugada “Toda la casa estaba rodeada por el ejército y para nosotros todo era confusión y caos. Mi mamá se acercó a mi papá y trataba de prestarle primeros auxilios. Mi papá estaba muy mal herido, los disparos le habían quebrado la columna a la altura de la cintura y el brazo izquierdo a la altura del codo y para mover la cabeza se agarraba el cabello con la mano derecha y se jalaba. Hablaba con todos los que estábamos ahí, especialmente con mi mamá y le decía: “animo mija a mí me jodieron, me mataron pero ahí están los hijos y lo único que les puedo dejar son las abejas para que los saque adelante”. 

La Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares inició la respectiva investigación por estos hechos bajo el radicado No. 022-10843, la cual resolvió en julio de 1995, sancionar al Suboficial que fue reconocido como el culpable por disparar contra Jacinto Quiroga con suspensión en el ejercicio del cargo por el término de cinco años. 

En materia de justicia e investigaciones no han existido más asomos, la formalidad de investigar asegurando la impunidad, silenciando el proyecto social construido desde abajo ha sido la premisa. Por eso la ruana que cobijó a Jacinto, la ruana con la que murió es hoy una reliquia que revive ese tejido de hermandad, ese tejido de justicia social por el que vivió.

acinto
l heredarnos su legado
ierto en sus altruistas ideas
ncólume, incorregible e incorruptible
ada, ni nadie logró chantajearle
anto en lo material como también espiritual
sando ante arrogancias y prepotencias poderosas

ue ingenuamente creyeron
nirle en el mayor ostracismo
gnorando las leyes naturales
ebasaron los límites de tolerancia
pacando su brillante existencia
G enerando eso sí, el efecto inverso
l inmortalizarle integralmente

arne sangre y alma
portados con un solo propósito
umaron los componentes fundamentales
razándonos el camino a transitar
nte la tortuosa realidad
Ñ udo de vínculos de identidad
starán siempre en las mentes
e quienes decidan avanzar

l ideal de cambio con justicia social
(Tomado de Memorias de Jacinto Quiroga: Animador de la fé de los pueblos).


Jacinto Quiroga en la Memoria
Jacinto Quiroga Sin Olvido



jueves, 20 de junio de 2019

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón


20 de Junio de 1996 

Pedro Malagón creció en Meta, presenciando todos los cambios organizativos de los movimientos agrarios, por eso desde su juventud se interesó por las luchas de la tierra y su comunidad, logrando ganarse el afecto de las personas que lo rodeaban. 

Como militante y defensor viajó de un lado a otro, entre los municipios de Granada, El Castillo, Lejanías y Mesetas. Tiempo después de nacer la Unión Patriótica, fue elegido como diputado a la asamblea del Meta y posteriormente Concejal del Castillo.

La familia Malagón siempre fue perseguida por amenazas de muerte, por lo cual se vieron obligados a huir de los caseríos de Viotá, en Cundinamarca, para refugiarse en el Ariari, explorando otros horizontes donde existiera menos violencia. Desde ese entonces Pedro siendo menor de edad se consagró al campo con sus padres.

Conocido por ser un campesino sin temor a tomar nuevos riesgos en medio de los crímenes cometidos contra la Unión Patriótica, comenzó con su vida política en 1984, siendo reelegido nuevamente a la Asamblea de la región del Castillo en 1996.

Para ese entonces ya habían más de 500 asesinados todos miembros de la Unión Patriótica en el departamento del Meta, entre estos 500 se encontraba el diputado Rafael Reyes Malagón, hermano de Pedro, el senador Pedro Nel Jiménez, varios alcaldes, decenas de concejales y cientos de activistas.

Pedro Malagón fue diputado a la Asamblea Departamental del Meta por la Unión Patriótica, integrante del comité cívico de Derechos Humanos del Meta y un reconocido dirigente del Partido Comunista Colombiano (PCC), muchos de los miembros ya habían sido asesinados, y él ya había recibido diversas amenazas de muerte y varios atentados, uno de ellos fue organizado por Pedro Bárreto, comandante del puesto de policía de Medellín del Ariari en conjunto con los paramilitares bajo el mando de Víctor Carranza.

Pedro, cada vez que iba a su oficina de diputado en Villavicencio recibía amenazas. Y unos días antes de su muerte, el Ejército allanó la casa del partido comunista. Decomisando varios accesorios de seguridad como revólveres chalecos antibalas pertenecientes al servicio de seguridad de Pedro.

El 20 de junio de 1996, sintiéndose más seguro en casa y agobiado por un dolor de ojos, decidió no ir a su oficina. A las 6 de la tarde salió al antejardín de su casa para examinar unas reparaciones que adelantaba.

Pedro se encontraba en el antejardín de su vivienda en el barrio “El Paraíso”, cuando aparecieron en su residencia un grupo de hombres armados de la estrategia militar encubierta del Batallón 21 Vargas de la Brigada séptima del Ejército y dispararon en contra de Pedro. Elda Milena quien tenía 17 años de edad, intentó proteger a su padre abrazándolo, pero murió en el intento.

Dos sicarios atentaron contra su vida y la de su hija. Los asesinos habían rentado una habitación en la casa de enfrente. Pedro recibió un disparo en la cabeza y Elda queriendo proteger a su padre, recibió dos disparos que también acabaron con su vida.

El jueves 20 de junio de 1996, perdieron la vida Pedro Malagón y a su hija Elda Milena Malagón en la ciudad de Villavicencio.

El esmeraldero Víctor Carranza es uno de los principales autores intelectuales de las muertes de los militantes de la UP en el Meta.

El día del sepelio, acudieron miles de campesinos, recordando a Pedro como un acompañante excepcional en la lucha por la tierra, el que siempre estuvo presente por la defensa de los derechos de su comunidad, el que tenía un carisma que los envolvía de alegría, el “viejo Peter” así lo llamaban de cariño, asesinado a sus 60 años de edad. Obligado a dejar a su familia de siete hijos y su esposa.

Protegiendo a su padre con un abrazo, Elda Milena también perdió la vida, ambos, padre e hija, asesinados por la estrategia militar encubierta de la Brigada VII del Ejército.

El recuerdo de Pedro y Elda queda en la memoria de los familiares, de los campesinos de la región, de los sobrevivientes que tienen la posibilidad de terminar los sueños, las afirmaciones de derechos sobre la tierra, la verdad y la justicia.

La Comisión interamericana de Derechos Humanos culpó al Estado por negligencia en la protección de Pedro Malagón, la Fiscalía General de la Nación declaró este como un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, no hay investigados, no juzgados, ni condenados, este crimen continuo en la impunidad, los asesinos materiales e intelectuales de Pedro y Elda gozan de libertad.

Pedro Malagón y Elda Milena Malagón en la Memoria.
Pedro Malagón y Elda Milena Malagón Sin Olvido.

lunes, 14 de enero de 2019

Masacre de Pueblo Bello



14 de enero de 1990

El 14 enero de 1990 en horas de la noche, ingresaron aproximadamente 60 paramilitares al corregimiento de Pueblo Bello, municipio de Turbo, Antioquia, los hombres armados se autodenominaban como miembros del grupo “Los Tangueros”, quienes, habían incursionado en el territorio por órdenes de Fidel Castaño.

Al ingresar sacaron a los habitantes del pueblo de sus viviendas y a algunos jóvenes de la iglesia presbiteriana, los paramilitares organizaron a las víctimas en la plaza principal y los forzaron a acostarse boca abajo, luego, seleccionaron a 43 campesinos, entre ellos dos menores de edad. Después de seleccionarlos, los amordazaron y quemaron tres viviendas de Pueblo Bello.


Posteriormente, transportaron a los habitantes a la finca “Santa Mónica”, en el departamento de Córdoba, los vehículos que se desplazaron desde Pueblo Bello hasta la finca en Valencia, pasaron por dos retenes custodiados por los Batallones Vélez y Cóndor de la Brigada XVII del Ejército Nacional. Al llegar, los campesinos fueron interrogados y torturados brutalmente, punzaron sus venas, perforaron sus ojos, aserraron sus oídos y mutilaron sus órganos genitales, finalmente, fueron ejecutados.


La masacre se dio porque la guerrilla habría robado 43 reses del paramilitar Fidel Castaño, que según se decía, habrían sido transportadas a través de Pueblo Bello hacia otro lugar, considerando a los habitantes del corregimiento como cómplices de dicho robo. Al día siguiente, los familiares de los desaparecidos conformaron una comisión de búsqueda para saber sobre sus seres queridos.


Para ello se dirigieron al capitán del Ejército en San Pedro de Urabá, de este entonces, Fabio Enrique Rincón Pulido, cuando los integrantes de esta comisión preguntaron por los campesinos, este respondió: “En Pueblo Bello cambiaron vacas por gente”, haciendo referencia al robo realizado por la guerrilla en 1989 a paramilitares en la finca “Las Tangas”. Según los familiares de los 43 campesinos, una semana luego de la masacre, militares llegaron al pueblo ofreciendo 50 mil pesos a cada familia para silenciarlos.


Algunas de las víctimas eran simpatizantes del Frente Popular, un partido de izquierda de la región. Algunos cuerpos fueron encontrados en Las Tangas en la finca Jaraguay y se han entregado los restos óseos de siete personas identificadas: Juan Roberto Mesa, Ricardo Manuel Bohórquez, José Leonel Escobar Duarte, Jesús Ovidio Carmona, Andrés Manuel Pedraza Jiménez, Jorge Martínez, Manuel de Jesús Montes y un menor identificado con las iniciales de J.E.B.O.

Pero aún se desconoce el paradero de 37 campesinos:  José del Carmen Álvarez Blanco, Fermín Agresott Romero, Víctor Argel Hernández, Genor Arrieta Lora, Cristóbal Manuel Arroyo Blanco, Diómedes Barrera Orozco, Urías Barrera Orozco, Jorge Fermín Calle Hernández, Jorge Arturo Castro Galindo, Benito Genaro Calderón Ramos, Juan Miguel Cruz , Ariel Dullis Díaz Delgado, Camilo, Antonio Durango Moreno, César Augusto Espinoza Pulgarín, Wilson Uberto Fuentes Miramón, Andrés Manuel Flórez Altamiranda, Santiago Manuel González López, Carmelo Manuel Guerra Pestana, Miguel Ángel Gutiérrez Arrieta, Lucio Miguel Úrzola Sotelo, Ángel Benito Jiménez Julio, Miguel Ángel López Cuadro, Mario Melo Palacio, Carlos Antonio Melo Uribe, Juan Bautista Meza Salgado, Pedro Antonio Mercado Montes, Luis Carlos Ricardo Pérez, Miguel Antonio Pérez Ramos, Raúl Antonio Pérez Martínez, Benito José Pérez Pedroza, Elides Manuel Ricardo Pérez, José Manuel Petro Hernández, Luis Miguel Salgado Berrío, Célimo Arcadio Hurtado, Juan Luis Escobar Duarte, Ovidio Carmona Suárez.


El 31 de enero de 2006 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) adjudico responsabilidad internacional al Estado colombiano por la desaparición y ejecución extrajudicial de 43 campesinos. Luego, la justicia impuso una sentencia de 20 años de prisión a los hermanos Enrique Rivas Naar, alias Frank y Oliver Jose Cervantes Naar, alias Abelito, dos exparamilitares que aceptaron la participación en los hechos.


El 9 de marzo de 2009, el entonces ministro de defensa Juan Manuel Santos, en nombre del Estado pidió perdón a los familiares y a la sociedad por lo ocurrido en Pueblo Bello. En 2018 fue enviado a prisión el militar teniente (R) del Ejército, Fabio Rincón Pulido, a quien se le perfilo como responsable de homicidio múltiple agravado, desaparición forzada, terrorismo y tortura.  

Hoy se sigue en búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación con las que debe cumplir el Estado según la CorteIDH, la búsqueda sigue con incertidumbre y ausencia de  los seres queridos de Pueblo Bello, sin embargo, los familiares de cada hombre trabajador víctima de la masacre hacen viva la memoria de cada campesino que fue y es desprotegido por el Estado. 


Víctimas de la Masacre de Pueblo Bello en la Memoria
Víctimas de la Masacre de Pueblo Bello Sin Olvido


martes, 13 de enero de 2015

25 años de la desaparición forzada de 43 campesinos en Pueblo Bello

14 de enero 1990 - 14 de enero 2015 

Hoy conmemoramos un aniversario más de la desaparición de 43 campesinos de Pueblo Bello. Para los familiares son 25 años de trabajo en búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación por el daño causado. En el camino hemos encontrado resultados satisfactorios a nuestra lucha, pero continúa la incertidumbre por la ausencia de nuestros seres queridos.

Hoy 14 de enero de 2015 nos reunimos para hacer memoria y honrar el nombre de nuestros seres queridos, hombres buenos y trabajadores víctimas de la desprotección del Estado. Hace 25 años familiares y habitantes de Pueblo Bello, Antioquia, le preguntaron de forma valerosa al entonces Capitán del Ejército, Fabio Enrique Rincón Pulido, por el paradero de los 43 campesinos de Pueblo Bello que fueron raptados por más de 60 paramilitares conocidos como “Los Tangueros”. En nombre de la fuerza pública acantonada en San Pedro de Urabá, él respondió: “en Pueblo Bello cambiaron vacas por gente”, haciendo referencia a un robo de 43 reses realizado por la guerrilla en diciembre de 1989 a paramilitares de la finca “Las Tangas” en Córdoba.

La desaparición forzada de los 43 campesinos ha quedado recluida en el pasado de la sociedad colombiana, sin embargo, para las familias es parte del pasado y también es parte de un presente lleno de incertidumbre al no saber del paradero de nuestros seres queridos. Es un presente colmado de preguntas sin respuesta y de miedo de volver a vivir un hecho tan triste.

Escuchamos en los medios de comunicación que lo ocurrido en México con los 43 estudiantes de Ayotzinapa ha conmocionado al mundo y la sociedad mexicana, logrando movilizar a expertos e identificar presuntos responsables en ese país. Sin embargo, en Colombia, después de 25 años, los familiares de los 43 campesinos desaparecidos forzadamente en Pueblo Bello seguimos exigiendo justicia y castigo a los verdugos que participaron y a todos los implicados de la fuerza pública permitieron este atroz crimen en la zona de Urabá.

Familiares de los desaparecidos y allegados a nuestra incansable búsqueda, tanto a nivel nacional como internacional, año tras año esperamos con optimismo que la justicia impere sobre los victimarios; lastimosamente, vemos con preocupación los pocos resultados obtenidos en la búsqueda de nuestros desaparecidos y la ausencia de identificación de la totalidad de los responsables.

Nosotros seguiremos exigiendo el derecho a conocer la verdad y el derecho a obtener justicia por el daño que nos han causado. La actual política del gobierno del Sr. Presidente Dr. Juan Manuel Santos con las víctimas ha sido publicitar medidas de reparación económicas, pero esto no es suficiente, es necesaria y urgente una reparación con verdad y con justicia.

Recordamos que el 9 de marzo de 2009 el Dr. Juan Manuel Santos, entonces Ministro de Defensa, en nombre del Estado de Colombia pidió perdón a los familiares y a la sociedad por los hechos del caso Pueblo Bello, en cumplimiento de una de las medidas de reparación ordenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la sentencia del 31 de enero de 2006, donde el Estado fue condenado por la Desaparición Forzada de los 43 campesinos. Sin embargo, han pasado 9 años desde que se dictó esta sentencia y aún las medidas de reparación siguen pendientes por cumplir. No existe para el caso de los 43 campesinos de Pueblo Bello voluntad política del Estado para reparar de manera integral y digna a las familias mediante lo dispuesto en la sentencia de la Corte Interamericana.

Ante estos 25 años de abandono del Estado, los valientes familiares y los ciudadanos que nos han acompañado mantenemos la esperanza de obtener justicia y ser reparados conforme lo ordenado por la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Creemos que la paz es posible y que para lograrla se necesita justicia. Nosotros seguiremos presentes y seguiremos luchando en memoria de los 43 campesinos desaparecidos forzadamente en Pueblo Bello, Antioquia, el 14 de enero de 1990.

Así fueron los hechos de la desaparición forzada de los 43 campesinos y así va el caso. Comunicado por la  Comisión Colombiana de Juristas 

Comunicado escrito por los familiares PueBllo 


Sus nombres: 


1. José del Carmen Álvarez Blanco
2. Fermín Agresott Romero
3. Víctor Argel Hernández
4. Genor Arrieta Lora
5. Cristóbal Manuel Arroyo Blanco
6. Diómedes Barrera Orozco
7. Urías Barrera Orozco
8. Jorge Fermín Calle Hernández
9. Jorge Arturo Castro Galindo
10.Benito Genaro Calderón Ramos
11.Juan Miguel Cruz (o Cruz Ruiz)
12.Ariel Dullis Díaz Delgado
13.Camilo Antonio Durango Moreno
14.César Augusto Espinoza Pulgarín
15.Wilson Uberto Fuentes Miramón
16.Andrés Manuel Flórez Altamiranda
17.Santiago Manuel González López
18.Carmelo Manuel Guerra Pestana
19.Miguel Ángel Gutiérrez Arrieta
20.Lucio Miguel Úrzola Sotelo
21.Ángel Benito Jiménez Julio
22.Miguel Ángel López Cuadro
23.Mario Melo Palacio
24.Carlos Antonio Melo Uribe
25.Juan Bautista Meza Salgado
26.Pedro Antonio Mercado Montes
27.Manuel de Jesús Montes Martínez
28.José Encarnación Barrera Orozco
29.Luis Carlos Ricardo Pérez
30.Miguel Antonio Pérez Ramos
31.Raúl Antonio Pérez Martínez
32.Benito José Pérez Pedroza
33.Elides Manuel Ricardo Pérez
34.José Manuel Petro Hernández
35.Luis Miguel Salgado Berrío
36.Célimo Arcadio Hurtado
37.Jesús Humberto Barbosa Vega
38.Andrés Manuel Peroza Jiménez,
39.Juan Luis Escobar Duarte,
40.José Leonel Escobar Duarte,
41.Ovidio Carmona Suárez,
42.Ricardo Bohórquez Pastrana
43.Jorge David Martínez Moreno








miércoles, 8 de enero de 2014

Hortensia Neyid Tunja Cuchumbe y Manuel Tao Pilimnue



Hace 8 años fueron segadas las vidas de Hortensia Neyid Tunja Cuchumbe de 17 años de edad y de Manuel Tao Pilimnue de 21 años de edad, por unidades militares adscritas al Batallón “Cacique Pigoanza” con sede en Pitalito, departamento del Huila.

Con el asesinato de estos dos jóvenes no solo afectaron a sus familias, toda la comunidad se sintió devastada en medio de la celebración de la tradicional fiesta de reyes, silenciada por los tiros de fusil propiciados por los militares.

El 8 de Enero de 2006, a las 3:20 de la mañana militares detuvieron la moto en la que se transportaban Hortensia, Manuel y Wlliam, quienes se dirigían a San Antonio Cauca. Los jóvenes salían de Belén en donde se desarrollaba la fiesta de reyes hacia sus casas, los militares se encontraban escondidos a orillas de la carretera entre un guadual y de repente dispararon sus fusiles dejando sin vida a Hortensia y Manuel, por su parte, William quedó gravemente herido y para salvar su vida logró escapar arrastrándose hasta llegar a San Antonio en donde avisó lo que había sucedido.

Mientras tanto los militares modificaron la escena del crimen cubriendo los rostros de Hortensia y Manuel con pasamontañas, pretendiendo justificar sus asesinatos señalándolos como guerrilleros dados de baja.

Su afán de justificar su operación dentro de la jurisdicción que les correspondía, sobrepasó los límites y el accionar ilegal de las fuerzas armadas, y a pesar de la presión hecha por la comunidad y los familiares, los militares arrastraron los cuerpos de Hortensia y Manuel a la población de Valencia, donde los arrojaron sobre la orilla del camino que limita con los departamentos del Cauca y Huila.

Para asegurar la impunidad los militares transportaron los cuerpos de Hortensia y Manuel a la Plata, Huila y allí realizaron el levantamiento de los cuerpos impidiendo los procedimientos legales y evitando la recolección de pruebas fundamentales para una posterior investigación. 

No siendo suficiente con esto, los nombres de las víctimas y sus familias fueron humillados, Hortensia y Manuel fueron exhibidos ante los medios de información como guerrilleros dados de baja en combate y a quienes supuestamente les habían incautado equipamiento de uso militar.

Entre tanto William José Cunacue Medina fue llevado por sus familiares al hospital de la Plata Huila, en donde lograron recuperarlo de sus graves heridas, sin embargo durante su recuperación William fue hostigado, perseguido y amenazado. En cuanto los militares se enteraron de su presencia en el hospital William fue sacado en un camión del ejército y transportado a un calabozo de la policía de la Plata donde iniciaron un proceso de judicialización en el que lo acusaban de rebelión, solo hasta 4 años después William quedó absuelto de estos cargos.

A un año de los asesinatos las familias de Hortensia y Manuel acompañadas por la comunidad de San Antonio, construyeron una Gruta que simboliza el camino de la memoria, este acto de religiosidad popular dio paso a la construcción de una memoria colectiva, la Gruta de la Vida, como la llaman las madres de las víctimas, se encuentra en el lugar exacto en donde cayeron los cuerpos de Hortensia y Manuel. 

2 años después, Luz Marina, madre de Hortensia, donó al municipio la casa donde su hija había nacido, entonces la comunidad de San Antonio restauró la casa y la declaró como espacio de memoria, espacio de encuentro comunitario, de aprendizaje, de reflexión y de exhumación de los sueños…

6 años después, en 2012, mediante la sentencia 320, el Juzgado Octavo Administrativo de Popayán, ordenó a la Nación, Ministerio de Defensa y al Ejército Nacional reconocer públicamente su responsabilidad en un acto de perdón.

El 17 de febrero de 2012 la comunidad y los familiares de Manuel y Hortensia se alistaban para recibir el perdón de los militares sin embargo, el día anterior hacia las 8 de la noche, las familias recibieron un mensaje de texto a un celular en el que decían que por “cuestión de seguridad”, no podían ir a cumplir el compromiso, Los familiares de las víctimas consideraron que esto fue una burla más.

Finalmente el 10 de marzo, el ejército nacional de Colombia pidió públicamente perdón a las familias, el lugar escogido por los familiares de las victimas fue la Gruta, pero los militares, del batallón Piguanza en cabeza del coronel López y el teniente Herrera, Hasta última hora intentaron cambiar el lugar del acto, rechazando hacerlo en el monumento de la memoria la “Gruta de la Vida”, ellos pretendían hacerlo en un lugar cerrado como una casa de acción comunal, pero La digna firmeza de los familiares hizo que todo se realizará en la Gruta donde se encuentra un pequeño montículo que recuerda a todos los que allí transitan lo que sucedió ese 8 de enero de 2006.

 


Desde hace 8 años la comunidad de San Antonio, las familias de Hortensia y Manuel han afirmado la dignificación de sus víctimas. Las familias día a día reafirman la memoria frente a la impunidad y mantienen la firme convicción que lo único que les queda es luchar por su comunidad.

Hombres y mujeres que exigen el derecho a la no repetición de estos violentos hechos. Mujeres y hombres que dignifican su proceso comunitario y colectivo ante la impunidad y la inequidad estatal.

Hortensia Tunja Cuchumbe y Manuel Tao Pilimnue en la Memoria.
Hortensia Tunja Cuchumbe Manuel Tao Pilimnue Sin Olvido.

viernes, 5 de octubre de 2012

Masacre de Riofrío

5 de octubre de 1993 - 5 de octubre de 2012




A las 5;30 a.m.,  del 5 octubre de 1993, en el caserío El Bosque, corregimiento Portugal de Piedras, municipio de Riofrío, departamento del Valle militares asesinaron a 13 campesinos, luego de torturarlos.

Miguel enrique Ladino Largo, Miguel Antonio Ladino Ramírez, María Cenaida Ladino Ramírez, Carmen Emelia Ladino Ramírez, Julio Cesar Ladino Ramírez, Lucely Colorado, Dora Estela Gaviria Ladino, Celso Mario Molina, Rita Edelia de Molina, Ricardo Molina, Freddy Molina, Luz Edelsy Tusarma Salazar y Hugo Cedeño Lozano fueron las victimas de las fuerzas militares que pretendieron con el cambio de la escena de crimen justificar esta barbara acción contra pobladores a quienes concibieron como los enseñan los manuales del ejército enemigos internos.

Ese 5 de Octubre los militares bajo el pretexto de perseguir a la guerrilla del ELN hicieron presencia en el caserío El Bosque ingresando violentamente a los domicilios de las familias campesinas Ramírez y Solarte. Ellos fueron llevados por la fuerza a la escuela “San Juan Bosco” sometidos a una operación psicológica de presión e interrogados sobre el paradero de miembros de grupos armados disidentes. 

A las 8:30 a.m. la mayoría de los detenidos arbitrariamente fueron llevados a la morada del líder campesino Javier Ladino,allí fueron sometidos a actos de tortura física y posteriormente fueron asesinados. 

Aproximadamente hacia las 10:30 de la mañana, las unidades militares simularon un combate con las víctimas, a quienes mostraron como personas muertas en combate e integrantes del ELN. Los militares amantes de la muerte, de la mentira efectuaron una serie de disparos hacia y desde la vivienda del señor Ladino. Pretendiendo modificar la escena del crimen y hacer creíble a los medios esa mentira, vistieron con prendas militares a sus asesinados, nunca pensaron que las balas atravesaban la piel y los uniformes de los supuestos guerrilleros.

La operación Destructor dirigida por el Teniente Coronel Luis Felipe Becerra Bohórquez, Comandante del Batallón de Artillería Palacé y el Brigadier General Rafael Fernández López, Comandante de la Tercera Brigada, nombraron a cada una de las 13 víctimas como reconocidos guerrilleros, de la cuadrilla “Luis Carlos Cárdenas” del auto denominado Ejército de Liberación Nacional,ELN.

Esta masacre, este crimen de lesa humanidad en el que participaron efectivos regulares y un reconocido narcotraficante ha recorrido los más perversos mecanismos de impunidad La in justicia penal militar resolvió decretar la detención preventiva de éstos como presuntos responsables del delito de falsedad ideológica de documento público en concurso con el delito de encubrimiento por favorecimiento, se abstuvo de dictar medida de aseguramiento en contra del Teniente Coronel Luis Felipe Becerra Bohórquez como presunto responsable de los delitos de concusión, cohecho y homicidio, por falta de mérito. 

En 2003 la Corte Suprema de Justicia decretó nulo el proceso y sentenció que no debió ser investigado, ni juzgado, ni sancionado por la justicia castrense, la justicia penal militar jamás se ocupó de los homicidios.

Un niño de esa época, Héctor, sobreviviente con su abuela, ellos y Javier son la expresión que la inocencia y la belleza están por encima de la muerte violenta, de los criminales de Estado, aquellos que se legitiman en la autoridad para ocultar su rostro de hierro, su capacidad de producir daño a otros seres humanos por que deben defender una democracia, la de la exclusión, la de la ignominia. 

Ellos, las 13 víctimas, sus nombres no se olvidan. Las escenas del horror no se han borrado, permanecen vivas en las páginas oscuras de esta llamada democracia, de esa violencia del Estado negada jurídica, mediática y culturalmente en este país del olvido y la indolencia


Víctimas de la masacre de Riofrío en la memoria, víctimas de la masacre de Riofrío Sin Olvido

Sin Olvido

domingo, 12 de agosto de 2012

Reinaldo Perdomo Hite


Ese día era, un día de semana, no como este domingo, hoy hace 9 años fue su asesinato, el de un hombre militante de la vida, de la justicia, el inolvidable líder campesino, Reinaldo, defensor de los derechos de los pueblos, integrante del Partido Comunista y de la Unión Patriótica.


Defensor de los Derechos Humanos del Ariari, Meta - Asesinado el 12 agosto del 2.003.

12 de agosto 2003 - 12 de agosto 2012

Memoria y Justicia
Eran las ocho de la noche cuando en desarrollo de la estrategia paramilitar se acercaron al barrio Ciudad Porfía en Villavicencio, Meta, donde estaba desplazado, eran las horas del reposo de la jornada diaria, pero sus victimarios no descansan, sus reposos son criminales, y por eso sus planes debían tocar el propio espacio de la intimidad.
En su hogar debían cobrar con la violencia la construcción de dignidad que venía gestando con la comunidad de referencia en el Ariari, comunidad en la que construyó sus sueños por el derecho a la tierra y a la paz.
Reinaldo animó con firmeza y pasión el sueño del regreso de 35 familias que sufrieron el desarraigo por las operaciones del FUDRA entre ellos la paramilitar, se acercó literalmente, con sus pies descalzos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su visita de 2003, meses antes de su asesinato. Su testimonio, sus palabras eran transparentes, incuestionables de lo que ha vivido la región del Ariari, la historia de su colonización, la de la violencia socio política y la del poder criminal estatal disfrazado de autodefensa.
Esa pretensión de los victimarios para asegurar y proteger la explotación de petróleo en la región del Alto Ariari, realizada por la empresa NEIBOR, contratista de la Occidental Petroleum Company - OXY, que desarrolló labores de exploración en el caserío de Brisas de Yamanes en El Castillo, se ha enfrentado al regreso de las comunidades del Ariari en la memoria de Reinaldo.

Con la memoria de este hombre, de los valores por los que vivió se desenmascaró los inconfesables intereses de la política de seguridad democrática del Presidente Álvaro Uribe Vélez.

Esa memoria devela la impunidad que se encuentra protegiendo a los responsables del desplazamiento y de más de 200 crímenes desde 2002 cometidos por las fuerzas militares con estrategias paramilitares. Así como esos 200 crímenes, el asesinato de Reinaldo solo se enfrenta desde la memoria ante la impunidad despiadada e insultante. El delito de Homicidio con fines terroristas, bajo el radicado 103154 de la Fiscalía 8 Especializada tiene una resolución inhibitoria de septiembre de 2005.
Poco puede esperarse de un aparato de justicia que continúa en la región protegiendo a militares, a empresarios, paramilitares, entre ellos, a Victor Carranza, uno de los creadores e instigadores de crímenes de lesa humanidad, protegido por acción y omisión, por todos los gobiernos que le han conocido.
9 años después, hoy en domingo en el Ariari resuena el nombre de Reinaldo, sus apuestas, apuestas de los pueblos por una sociedad justa, su hermana Deidania y sus sobrinas, lo expresan así:

Tengamos nuestra memoria viva
Sigamos forjando esperanzas para un mañana mejor. no permitamos que otros como el tengan su mismo destino.

Su muerte sigue en la impunidad, como muchos de los otros casos Seguiremos construyendo senderos de resistencia, exigiendo verdad y justicia para que estos crimenes no se vuelvan a repetir.

Sin Olvido
Bogotá, D.C. 12 de agosto de 2012