lunes, 25 de abril de 2016

Jaime Gómez , diez años en el corazón

 23 de abril 2006 - 23 abril 2016

Son diez años y a veces parecen días, si acaso meses. Hay momentos en que sigo preguntándome por qué, y en que me digo a mi misma que no es posible. Son instantes donde uno cree que la maldad, el odio, la violencia y el silenciamiento de la diferencia no existen. Son momentos en los que una pregunta ética y moral inundan el pensamiento y el corazón, y en los que uno necesariamente se interroga por el tipo de país y de mundo que haría posible que esto no volviera a ocurrir.

Papi, parece que después de muchos años e intentos la paz es posible. Frente a la negociación entre el gobierno y las FARC-EP ha habido avances significativos, incluidos acuerdos que tienen que ver con los derechos de los sujetos victimizados. No es un acuerdo perfecto, pero es la posibilidad de torcer un camino que se ha vuelto destino en Colombia. Es la posibilidad histórica de decir que caminando con la violencia no vamos a encontrar al final del trayecto la radicalización de la democracia ni ninguna forma política, social y económica alternativa al capitalismo y al liberalismo. Algunos y algunas se oponen al proceso de paz, no porque les interese construir un país en el que la política no esté cruzada por la eliminación física del contradictor, sino porque han hecho de la guerra su modus operandi, su forma de ver, sentir y hacer en este mundo. Porque la guerra les ha significado dividendos políticos y económicos, y porque han puesto por encima el odio y la venganza en un país que le ha enseñado a la gente que más vale odiar y desconfiar, que construir desde la solidaridad, el amor eficaz y el cuidado horizontal.

Con muchos y muchas he caminado estos más de tres años del proceso de paz, convencidos de que es urgente que cesen los fusiles y se eleve el conflicto social (Hijos e Hijas, 2012), porque será en un escenario en el que no nos maten por pensar diferente, en el que tendremos la posibilidad de convertirnos realmente en opción política. En estos años hemos visto como al tiempo que se habla de paz, la violencia paramilitar, estatal, de la extrema derecha se mantiene. Como defensores de derechos humanos, activistas, indígenas, afrodescendientes, campesinos, víctimas y mujeres han sido asesinados, hostigados, amenazados por exigir sus derechos. Sabemos que la paz es el principal obstáculo para la máquina de guerra y exclusión, y entonces convencidos de que una paz no hegemónica es el camino, nos estamos preparando para disputar el sentido de la transición que se avecina.

No creemos en una transición plana y lineal de la guerra a la paz, del amor al odio, del odio a la reconciliación, del atraso al desarrollo, sino que más bien entendemos que en este momento se exacerban las contradicciones sobre el tipo de país que distintos actores queremos construir. No creemos en la transición hegemónica que quiere dejar todo intacto, sin modificar las causas estructurales que generaron la guerra, una transición que se sigue apoyando en  un desarrollo que profundiza las desigualdades internas del país y las que tenemos con el norte global. Como no queremos esa transición, lo que hacemos día a día es tratar de plasmar en la práctica el país que soñamos, una Colombia que dignifique a su pueblo, y en la que la verdad, la justicia y la práctica de la diferencia sean posibles.

Ese país no podemos construirlo solos. Requiere de la gente que de tanta violencia se ha tornado indiferente. Requiere de todos aquellos que deciden como parte de una convicción política dejar las armas y buscar la construcción de alternativas desde la civilidad. Requiere de un proceso de paz con el ELN y el EPL que permita pluralizar el campo político y aunar fuerzas para diputarle a la transición hegemónica su noción de paz y su propuesta de país. Requiere un amplio movimiento social y político capaz de articular visiones y acciones, dejando atrás las divisiones, los sectarismos y los protagonismos, explotando al máximo su capacidad inventiva y de imaginación política. Requiere la desmovilización real del paramilitarismo y la del Estado. Requiere que las garantías para la pluralización de la democracia se hagan reales, así como garantías para que dejen de asesinar a quienes piensan distinto y se oponen a la máquina neo-extractivista, una nueva forma de sembrar la muerte en el territorio. Y requiere, por supuesto, que los derechos de los sujetos victimizados sean realmente materializados, más allá del discurso, porque si alguien debe ser dignificado en este escenario son las víctimas, todas ellas, incluidas sus propuestas sobre verdad y justicia, que no son sólo sus derechos sino sobre todo pilares fundamentales para construir otra sociedad.

De allí que sea necesario que los acuerdos sobre los derechos de las víctimas garanticen un trato equitativo a las víctimas de la guerrilla y del Estado, y que finalmente el Estado reconozca que ha empleado la violencia como una manera de asegurar en el poder a ciertas élites, y que éstas tienen una importante responsabilidad en lo que ha ocurrido en el país. Como te pedí el 21 de marzo, 10 años después del día en que te llevaron, que sepamos la verdad y que se haga la justicia que tu, tu familia y quienes caminaron siempre contigo merecemos. El lunes, como muchas otras veces, en familia te recordamos, te pasamos por el corazón, y evocamos todo lo que nos diste, y nos sigues dando. Gracias por seguir siendo un puente entre la vida y la paz, y entre el pensamiento crítico y la acción.

Te extrañamos y amamos, hoy y siempre.  

Antígona Gómez  

lunes, 18 de abril de 2016

Eduardo Umaña Mendoza

Abril 18 de 1998 - Abril 18 de 2016

Los noventas huelen a humo de silenciador. Silenciador de bala, de calle, de pasamontañas, de orejas, sentidos, ojos, de niños y ancianos. Los dos mil, saben a lágrima salada, cansado desplazado, dormida conciencia.

Dieciocho años con humos que oscurecen los horizontes y sinsabores que apestan las voces. Dieciocho de nuevos viejos caminos a los olvidos. Nuevo siglo que no es el mismo pero es igual; nuevo siglo con más cruces, más agonías.

Eduardo Umaña Mendoza, amigo del alma, amigo de sueños, amigo de travesuras. Eduardo hijo del maestro Eduardo Umaña Luna, abogado penalista y de una bella mujer, Chely, su incansable cómplice.

Su incansable búsqueda de la verdad lo llevó a defender importantes casos en pro de los derechos humanos. Había seguido el caso de los desaparecidos del Palacio de Justicia, defendió a sindicalistas y a numerosas víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Después de las múltiples amenazas que recibió en su vida, José Eduardo Umaña, fue asesinado, sus victimarios desarrollaron una acción encubierta dirigida desde una Brigada militar 20, luego de que dos hombres y una mujer al haberse hecho pasar por periodistas entraron a su oficina y trataron de secuestrarlo. Eduardo se negó a ser llevado a la fuerza. Siempre lo había dicho si vienen por mí y me pretenden desaparecer yo no me dejo llevar. Por eso, le dispararon.

Un sábado 18 de abril, antes del medio día, en su apartamento, lugar habitado por la búsqueda insaciable de la justicia, espacio pequeño que albergó grandes ideales, en que se dispersaron humaredas de cigarrillo para apaciguar la ansiedad, en que se esparció el aroma del café por todo rincón, en ese nicho de acogida, en donde el llanto de los excluidos encontraba reposo, los perseguidos judicialmente encontraban esperanzas, y las víctimas de Crímenes de Estado una mano amiga, en ese recinto fue asesinado José Eduardo Umaña.

Su opción por la vida, justicia real como democracia plena, derechos de los pueblos como concreción de los derechos humanos, lo llevó a asumir la posibilidad de saberse cierto de la tortura, la desaparición forzosa o de su asesinato del Estado, por eso prefirió morir enfrentando a sus victimarios, se enfrentó a aquellos que fueron a cumplir la misión que otros, diseñaron y definieron, esos otros que hoy siguen disfrutando de honerosas pensiones militares, usufructuando el poder político y económico en Colombia.

La primera orientación de la investigación permitió evidenciar el papel desempeñado por los miembros de las fuerzas armadas y del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, de la Fiscalía la que se fue diluyendo en medio de un montaje procesal con un falso "testimonio espontáneo" de un detenido de la prisión de Guaduas que dijo conocer los asesinos de José Eduardo Umaña Mendoza.

Once años después, Salvatore Mancuso confesó ante la Fiscalía que el asesinato de Umaña Mendoza se dió bajo la orden de las AUC, después de que se reunieran sus jefes, entre los que se encontraba Carlos Castaño, en una finca de nombre “La Marranera”. Su versión inicial y la forma como fue divulgada la noticia por las fuente oficiales ocultaron los nombres de los responsables en altos mando militares de su asesinato. En  2011, el caso fue llevado por la esposa Patricia y su hijo Camilo iniciaron una demanda al Estado colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Dos días después de su asesinato, el 20 de abril cuando fue inhumado se experimentó como ese día gris, un gran llanto y un gran dolor, entre ellas se reflejó su gran compromiso con la gente, con la victimas, su ingenio para reivindicar los derechos humanos, su audacia para afirmar los derechos de los pueblos, su valentía para enunciar fuertemente lo que muchos temían decir, para construir una y otra vez un país donde fuera posible vivir.

Camilo Umaña Hernández, expresión del hijo, pero también de esa sensibilidad de la madre, la compañera, Patricia, la lealtad suprema, la incondicional: “Estos 15 años de injusticia e indignación no podrían ser subtitulados de muerte porque la vida de mi padre ha brotado en muchas partes, formas y personas. Estos son años de una profunda trascendencia que se siente en el colegio Eduardo Umaña Mendoza, en grupos de debate, universidades, activistas, defensores de derechos humanos y sindicatos. En estos 18 años bien vale hacer una acción de gracias. Con los pies firmes, agradecer a Eduardo Umaña Mendoza por no doblegarse, por insistir, por su ternura y solidaridad con los desaparecidos, con los muertos y torturados, con los puestos injustamente en prisión y con los que buscan otro futuro para su país. Quince años de “más vale morir por algo que vivir por nada”.

Esa es nuestra certeza, esa es nuestra experiencia, ese es nuestro sentir, en la memoria continuamos elaborando el duelo de aquel que nos inspiró, quien nos inspira a construir y a enfrentar, como el Quijote. A luchar y a imaginar un país alegre, bello, justo y en paz.

Recae en cada ser humano, entonces, la responsabilidad, no sólo de conmemorar su muerte sino de procurar siempre la verdad, la defensa de los Derechos Humanos, la justicia y la paz. Procurar que la memoria sea un paso más en la construcción de una nueva sociedad, que sus palabras sigan inspirando a muchos y muchas

José Eduardo Umaña Mendoza, en la Memoria.
José Eduardo Umaña Mendoza, Sin Olvido.

jueves, 3 de marzo de 2016

José de Jesús Antequera Antequera


Marzo 3 de 1989 - Marzo 3 de 2016
Han pasado 27 años desde esa tarde bogotana, donde fue arrebatada una vida más que crecía con la propuesta política de la Unión Patriótica - UP. Eran las 3 de la tarde de ese 3 de marzo, cuando fue asesinado “Pepín”, JOSE ANTEQUERA, y con este crimen, una flor fue arrancada del jardín, de la militancia de la UP.



La persecución política contra la Unión Patriótica, expresión de una esperanza de transformación social surgida en Colombia, cobró la vida de mujeres y hombres que con su ausencia han marcado la vida de una nueva generación, la de los hijos y las hijas.



Uno de estos hombres, muy humano fue JOSE DE JESUS ANTEQUERA ANTEQUERA, su voz fue callada hace 27 años y su pensamiento suspendido en el tiempo, cuando miembros de la estructura militar encubierta del Estado colombiano lo asesinaron en el Aeropuerto de Bogotá.



Dirigente del Partido Comunista y de la Unión Patriótica, Asesinado en Bogotá el 3 de marzo de 1989 este hombre demostró ser un intento de transformación social, de esperanza colectiva y de dignidad.

En medio de esa multitud que se encontraba en el aeropuerto El Dorado, los sicarios dispararon 24 veces contra JOSE y aún así no lograron que muriera en ese instante. Se aferró a la vida mientras era conducido a una clínica de la ciudad, y ante tanta terquedad, terminaron conduciéndolo a la clínica más lejana, a la que llegaron cuando ya su cuerpo no resistió más.

JOSE, el “Pepín” como era conocido cariñosamente, dejó impregnado el espacio de la memoria con su alegría y entusiasmo caribeño, de las anécdotas de su militancia en la Juventud Comunista, en el Partido y luego en la Unión Patriótica, buscando hacer realidad esos sueños de transformación social. JOSE, el abogado, el labrador de la Paz cuyo convencimiento lo expresó al decir la función de su partido: "ahora y siempre nuestra bandera es y será de la paz". 

JOSE no sólo anunció la necesidad del cambio, de la transformación radical de la sociedad, también denunció al poder que se opone a que ese sueño sea realidad. Denunció las estrategias de ese poder, las políticas, las económicas, las sociales, las militares. Denunció los vínculos entre esa clase política con grupos paramilitares, los nexos entre militares y paramilitares, lo que se tradujo en amenazas contra su vida, hasta llegar a la muerte.

José Antequera ingresó a la Juventud Comunista, JUCO cuando apenas tenía 14 años de edad. Algunos años más tarde se convirtió en el Secretario General más joven de esta organización en su historia. Graduado como abogado, se integró a la UP  donde fue el responsable de las relaciones políticas de este partido, al tiempo que seguía al frente de la Secretaría de la JUCO. Además era profesor universitario, incansable lector y un analista político sobresaliente.

Su amigo Carlos Lozano, director del Semanario Voz, lo recuerda así: “Era un lector empedernido y me recomendaba textos de actualidad. Casi siempre tenía un libro en las manos, que leía en el transcurrir de alguna tediosa reunión. Los comentábamos con frecuencia. No había límite: igual un texto de política, historia o literatura.”

José David, su hijo, quien ha emprendido una batalla quijotesca para preservar la memoria de su padre y la de las víctimas del genocidio contra la UP asegura: “Mi padre, José Antequera Antequera era un animal político; era comunista y por eso lo asesinaron en 1989. Las muchas razones para considerar la importancia de un “no olvido”, sobre su vida, pensamiento, acción  y muerte, son al mismo tiempo producto de una valoración de la memoria que se opone al olvido; historia disidente que se opone a la  hegemonía de la historia”.


José Antequera era un hombre de posiciones firmes y profundas convicciones. Si bien se sentía identificado con las ideas comunistas, y se sabía comunista hasta la médula, ello nunca lo llevó a ignorar o justificar la barbarie que agrupaciones de izquierda cometían en el mundo entero, como en el caso del Gulag soviético. Sustentado siempre en elevados principios éticos y profundos razonamiento humanos, Antequera, a la vez que cuestionaba de manera abierta, la combinación de todas las formas de lucha, enfrentó la criminalidad del Estado colombiano, siempre desde la palabra y la legalidad. “El fin no justifica los medios” solía repetir.


El 3 de marzo de 1989 “Pepe” llegó temprano al Aeropuerto El Dorado de Bogotá. Viajaba a Barranquilla, su ciudad natal a pasar unos días con su mamá. Acababa de cruzar la puerta del terminal aéreo, cuando se encontró con el ex candidato presidencial, Ernesto Samper Pizano. Apenas estaban intercambiando un saludo, cuando varios sicarios, en acción temeraria y decidida, le dispararon en repetidas ocasiones. Antequera cayó al suelo, mientras Samper, protegido por su esposa Jacquin Strauss, quedó herido de gravedad. Los sicarios conocían en detalle sus movimientos. Los escoltas que le había asignado el Gobierno eran del DAS.



La de José Antequera Antequera, como la de tantos otros, fue de nuevo una muerte previsible y prevenible. “Pocos días antes, en Montería, capital del paramilitarismo y del anticomunismo, había denunciado con valor a Carlos Castaño y a las AUC como promotores de la guerra sucia contra la Unión Patriótica con la complicidad de oficiales y brigadas del Ejército. Algunos periodistas dijeron que allí selló su sentencia de muerte. Fue superior el valor de este joven comunista y revolucionario, que como tantos otros no vaciló en denunciar a los directos responsables del martirologio de comunistas y luchadores populares.



Semanas después del asesinato de Antequera, la familia siguió siendo objeto de acosos e intimidaciones. Policías que se hacían pasar por miembros de la UP o por periodistas terminaban dentro de su apartamento averiguando hasta los detalles más íntimos de sus vidas.


El asesinato de José de Jesús como el de tantos otros miembros de la unión patriótica ha quedado en la absoluta impunidad pues nunca se establecieron culpables y aún cuando es evidente la responsabilidad del Estado, este no ha hecho nada por establecer la verdad y una reparación integral a las familias de las víctimas.

A “Pepe” como a cinco mil militantes comunista y upecistas, no lo asesinaron porque el partido comunista y la unión patriótica combinaran luchas como lo aseguran los que no se atreven a reconocer el genocidio político del Estado.   


Hoy los sueños de ANTEQUERA como los de tantos militantes de la UP, son portados por otros y otras. Pero los portadores de sueños siguen siendo perseguidos, amenazados, exterminados. “Antequera, Antequera, podrán cortar la flor pero no la primavera”.

José de Jesús Antequera en la memoria

José de Jesús Antequera Sin Olvido

martes, 23 de febrero de 2016

Demetrio López

23 de febrero 2013 - 23 de febrero 2016

Hace un dos, un 23 de febrero del 2013, fue acallada la voz de otro líder afrodescendiente en Buenaventura, por intereses económicos que están detrás de los territorios colectivos de las comunidades negras. Demetrio López, de 33 años, era presidente del Consejo Comunitario de la Comunidad Negra de La Caucana, ubicado en zona rural del Distrito Portuario de Buenaventura. 

En varias oportunidades y a raíz de los descubrimientos de manejos irregulares en cuanto a la consulta previa que se debe realizar con su comunidad por los proyectos viales y portuarios que afectan su territorio, como la doble calzada Buga- Buenaventura y el Proyecto Portuario a cargo de la empresa Puerto Industrial Agua Dulce- SPIA, éste último bastante denunciado por otras comunidades negras, por el desarrollo del proyecto de manera inconsulta y afectando bienes de supervivencia de las comunidades; Demetrio tuvo confrontaciones fuertes con el representante legal del Consejo para ese momento y la señora Rosa Solis, quien se desempeñaba como asesora del mismo. 

El 26 de agosto de 2012, se llevó a cabo en la comunidad la asamblea de elección de Junta y Representación Legal, sin haberse hecho en el marco de la legalidad dicha convocatoria, Demetrio se postuló como candidato a la Representación Legal, momento en el cual empezó a recibir llamadas a su celular, en las que lo amenazaban si seguía con la intención de ser Representante Legal, tal situación ocasionó su retiro de la asamblea, luego de anunciarles sus amenazas a los asambleístas, procediendo a poner el correspondiente denuncio en la fiscalía de Buenaventura. 

Pese a las amenazas, Demetrio siguió luchando por los intereses de su comunidad, impugnando la elección que se llevó a cabo el 26 de agosto, aun habiendo anunciado la falta de garantías para continuar con el desarrollo de la asamblea. El 3 de enero de 2013, la Alcaldía Distrital, emitió Resolución No. 001, concediendo la impugnación liderada por Demetrio, ordenando se realizara nuevamente la elección de Junta y Representación Legal. Sin embargo, las amenazas continuaron y la fiscalía no brindó ninguna protección real y concreta para proteger la vida del líder, lo cual terminó con su asesinato el 23 de febrero de 2013, en el Barrio Nueva Frontera en Buenaventura, mientras esperaba encontrarse con una persona que supuestamente iba a ofrecer trabajo a los jóvenes del Consejo. 

Actualmente, la investigación penal por su homicidio cursa en la fiscalía 40 en Buenaventura, en la cual se pudo capturar al presunto autor material; sin embargo, nada se ha investigado aún, sobre los autores intelectuales que están detrás de su muerte y que fueron denunciados en su momento por el mismo Demetrio.

Han pasado tres año del asesinato de Demetrio, hombre que como muchos en Colombia expresaron su fuerte oposición al “desarrollo” éste que desplaza y mata, pero al que hombres valientes han enfrentado con su vida. 

Hoy la comunidad negra de Buenaventura conmemora un dos sin uno de sus líderes, un año de memoria y resistencia, esa que quedo como huella imborrable en la comunidad afrodescendiente.

Demetrio López en la memoria 
Demetrio López Sin Olvido 

domingo, 7 de febrero de 2016

Alba Mery Chilito


Foto: El Espectador- Rodrigo Grajales
Febrero 07 de 2013 - Febrero 07 de 2016

Alba Mery luchaba día a día por buscar la verdad, es así que fue parte de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo, en el Valle del Cauca, exigía el cumplimiento a los derechos de mujeres, hombres y niños de su comunidad, exigía verdad, justicia y reparación para las víctimas del paramilitarismo, en esta región a raíz de las masacres vividas entre 1.987 y 1.994 que dejaron más de 300 víctimas.

Hace tres años  el 7 de Febrero de 2013, aproximadamente a las 8:00 de la mañana, Alba Mery Chilito fue asesinada por paramilitares. La lideresa social como todas las mañanas, llevaba a su nieto de 9 años al colegio; al dejarlo allí se dirigió al puesto de ventas que administraba en el parque recreacional, construido en honor a las víctimas de la violencia narco paramilitar, irónicamente estando en este lugar de salvaguarda de la memoria y dignificación de las víctimas, fue atacada por la espalada recibiendo varios impactos de bala que de inmediato la dejaron sin vida.

Meses antes, paramilitares le habían enviado innumerables amenazas en contra de su vida, y a pesar de las denuncias hechas por pobladores, organizaciones sociales y de derechos humanos y de los fallos de instancias internacionales de justicia como la CIDH, este grupo armado aun controla la zona urbana, rural y alrededores de Trujillo. Su insistencia en que no se sepa lo que pasó durante los años de la masacre sigue presente generando terror en los pobladores. Sin embargo Alba Mery con su fuerza de madre y abuela, asistía día a día al Parque de las Víctimas, allí sembraba flores en memoria de los cientos de asesinados, entre ellos su hija y dos familiares más, siempre estuvo pendiente de los procesos de reparación y además denunció constantemente la complicidad del ejército y la policía con el accionar paramilitar. 

Precisamente, días antes de su asesinato Alba Mery estaba averiguando por el proceso de indemnización correspondiente a la solicitud hecha a través de la CIDH al Estado colombiano por el asesinato de su hija durante la masacre iniciada en 1.984, y que debido a la impunidad en este caso fue llevado a esta instancia internacional en la que años después, se logra condenar al Estado colombiano obligando al presidente de la época, Ernesto Samper, a pedir perdón a los familiares de las víctimas. De este fallo quedaron 12 conclusiones y 9 recomendaciones, de las cuales la mayoría no se han cumplido, una de ellas es paradójicamente, la de garantizar la protección de los testigos y familiares sobrevivientes y que claramente ha sido incumplida, una muestra de ello es el asesinato de esta luchadora comunitaria. 

Lamentablemente Alba Mery murió sin ser reparada. Ahora su asesinato se suma a la lista de crímenes cometidos por las estructuras paramilitares que aun hoy, pasean por las calles de Trujillo y que siguen en la impunidad.

De acuerdo a las denuncias e informes arrojados por las organizaciones sociales y de derechos humanos, esta presencia curiosamente coincide con la actividad empresarial en diversas localidades donde se encuentra la multinacional Smurfit Cartón de Colombia. Aun hoy a 30 años después de la fatídica historia de Trujillo, seguimos viviendo en un país de masacres, de terror y de represión. El asesinato de Alba Mery no fue el único ocurrido en la región, el año pasado con ella más de 15 personas perdieron su vida. 

Alba Mery, siempre será recordada por ser buena gente, por su servicio a los demás en la comunidad, una luchadora incansable por la defensa de los derechos humanos, una mujer recta, trabajadora y de gran resistencia. Los pobladores se mantienen en dignidad conservando la memoria y luchando por encontrar justicia, verdad y reparación. Hoy en el parque central de Trujillo el árbol símbolo de la memoria que no se calla a pesar del miedo, lleva el nombre de Alba Mery, ella sigue viva en el corazón de todas y todos.


Alba Mery Chilito en la memoria
Alba Mery Chilito sin olvido

domingo, 17 de enero de 2016

Wilder Eduardo Olave Gutiérrez

17 de enero 2014 - 17 de enero 2016

A dos años del asesinato de Wilder Olave a manos de militares de la brigada 29 del ejército nacional de Colombia, peregrinaron las comunidades del Carmen de Viborá, Pedregal, San Antonio y  la Palmera del municipio de Inzá; de Monserrate Huila y Bogotá, a cumplir uno de tantos sueños truncados por un accionar sistemático del aparato militar en Colombia, los llamados “falsos positivos” que en las normas del derecho internacional de los derechos humanos son concebidos como ejecuciones extrajudiciales. Se peregrinó desde el caserío de Carmen de Viborá de donde es oriundo Wilder y su familia y lugar donde fue asesinado el 17 de enero de 2014, al santuario de Nátaga, en el municipio de La Plata Huila.

Conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave
Se partió con la ilusión de llegar al lugar donde Wilder soñó ir desde pequeño,  recordando su alegría, su dinamismo, su compromiso en el colegio donde estudió, Wilder estuvo presente en la memoria de todos y todas quienes participaron en esta peregrinación.

Con el profundo dolor que despierta perder un ser querido en estas circunstancias, la alegría de Wilder se manifestó en la presencia de niñas, niños, jóvenes, adultos, personas campesinas, sencillas, humildes, honorables, soñadoras y constructoras de paz que evocaron su vida con este pequeño homenaje, así entonces con un acto litúrgico como signo de su espiritualidad e identidad de una de sus prácticas se compartieron interrogantes, impresiones, sensaciones, pensamientos, deseos por un país más justo, por una humanidad más humana, por un mundo más habitable donde no haya acaparadores, injustos, abusadores y explotadores de los recursos naturales; donde todos se junten y la vida sea respetada, donde no se asesinen los sueños de los niños, los jóvenes y las comunidades, donde los verdaderos habitantes de los territorios puedan vivir y existir en el con sus generaciones por venir, sin temores.
Conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave

Estas intenciones motivaron la continuidad de la celebración por la vida de Wilder, en la que desde lo más profundo y sincero del ser se manifestó la angustia por el crimen cometido, por la impotencia sentida, por la rabia contenida de saber que el derecho a la vida no es más que un lema en un estado social de derecho que recurre a estas sistemáticas prácticas con el fin de demostrar eficiencia en su  política de seguridad y prosperidad democrática.

La peregrinación como sentido de partida hacia un encuentro con algo, o alguien, convocó a la unidad, a la solidaridad, al acompañamiento, a hacer sentir menos dolor en el sufrimiento y a animar desde la fe y la esperanza la búsqueda de verdad, justicia y reparación de este hecho. Se cumplió con un momento de muchos que vendrán, en el que la palabra permitió el desahogo de una mujer, la madre de Wilder que en sus ojos empañados por las lágrimas manifestó, ”este es un momento inexplicable, es triste y doloroso, pero al mismo tiempo de alegría por haber cumplido uno de los sueños de mi hijo Wilder, no quiero quedarme sola, pero solo quiero reiterar como se lo aseguré a mi hijo el día de su muerte, no descansaré hasta ver justicia y saber la verdad de lo que le sucedió”.
En este bello territorio se manifestó la solidaridad con la familia de Wilder, con su comunidad y como en un pacto establecido quedo el compromiso y el reto desafiante de acompañar esta difícil pero digna caminada por el derecho a la justicia, a la verdad, a la reparación integral y a velar porque en Colombia, estos signos de esperanza que se encienden en la transformación del dolor por alegría, de tristeza en esperanza, de amargura en ilusiones, de la injusticia en verdadera justicia, de la mentira en verdad, sean los pasos por un país distinto y en paz, donde la población infantil no pierda el derecho a vivir su niñez con tranquilidad, donde la juventud pueda cumplir sus sueños educándose, recibiendo las oportunidades y reconocimiento que se merecen por su alegría, sus habilidades, su libertad, sus pensamientos, sin ningún tipo de temor; porque se muera de muerte natural, no por una criminal política de Estado que fractura la  vida natural, que rompe el tejido familiar y comunitario. 
conmemoración a un año del asesinato de Wilder Olave


Wilder Olave en la memoria de la juventud y pueblo de Inzá

Wilder Olave el joven alegre, bromista, estudioso y soñador, Sin Olvido

lunes, 2 de noviembre de 2015

Gerardo Liévano García

Noviembre 02 de 1993- Noviembre 02 de 2015


Hoy, hace 22 anos, fue asesinado Gerardo Liévano García, por miembros del estado, un escuadrón de 11 activos del ejército nacional, integrantes del grupo de caballería mecanizado # 5, General Hermógenes Masa de la ciudad de Cúcuta, al mando del entonces teniente Cesar Alonso Maldonado Vidales, detuvieron, torturaron, desaparecieron y asesinaron a este líder sindical. Pese a ello el teniente Cesar Alonso Maldonado Vidales fue ascendido al poco tiempo a Mayor y además recibió varias medallas, según ellos por su destacado trabajo en las filas del Ejército.

Gerardo un trabajador y defensor por los derechos de los trabajadores, asesor sindical. El paso por el banco popular en la ciudad de Bogotá, en la década de los 70 le permitió comenzar a realizar su sueño como asesor sindical y a formarse en lo que a él más le gustaba, defensor de los derechos de los trabajadores y la dignidad de las personas, desafortunadamente luego de 10 años de pertenecer al banco lo despiden, pues a ninguna empresa le conviene que alguien esté atento a las demandas de los trabajadores. A partir de ese momento se complica la parte laboral de Gerardo debido a su condición de sindicalista y le es muy difícil conseguir un trabajo. A pesar de ello logra trabajar un tiempo con empresas privadas y al mismo tiempo prestaba asesoría sindical a la sindicatos que lo conocían, el trabajo con empresas privadas no era lo suyo y luego de un tiempo decidió dedicarse sólo a las asesorías sindicales en empresas como UNEB , USO , ISS , TELECOM , ACUEDUCTO, entre otras.

Allí le permitían realizar trabajos que fueran necesarios en las sedes sindicales, como hacer compras, arreglar maquinas, cambiar los rieles de cortinas entre otras labores, así logró generar algún dinero para mantener a su familia.

Así pasaron algunos años y luego le propusieron ir a Urabá como asesor de SINTAGRO y de los bananeros, allí paso cerca de 2 años, pero es para el año 1985 donde casi es alcanzado por una bomba y se vio obligado a regresar a Bogotá. Luego le propusieron una asesoría en Sintra-elecol en Villavicencio, cuando se le acababa allí la asesoría trabaja con obras públicas de esta ciudad, haciendo duros trabajos incluyendo los carros del aseo. Termina el contrato con obras públicas y nuevamente regresa a Bogotá en el año 1990 continúa con sus asesorías sindicales, buscando algún trabajo.

En junio de 1993 la USO- Unión Sindical obrera- le propone una asesoría en la ciudad de Cúcuta, Norte de Santander, estando allí el día 2 de noviembre de ese mismo año se encuentra con manos criminales del ejército, Cesar Alonso Maldonado Vidales y 10 efectivos más, le arrebatan la vida a Gerardo de la forma más vil y despiadada, hasta el punto de querer borrar toda evidencia. 

El día 2 de noviembre hacia las 12:30 del día, retienen a 3 personas en un restaurante ubicado en el centro de la ciudad de Cúcuta, a Gerardo lo golpean en la cara con la cacha del arma de uno de los militares que estaban vestidos de civil y lo dejan por unos minutos tendido en el piso.

Varios testigos que estaban en el lugar cuentan que comenzaron a pedir auxilio y que en ese mismo momento se acercó un policía uniformado para averiguar qué estaba pasando y el entonces teniente Maldonado, con voz fuerte y malos tratos, le dice al Policía que se retire del sitio porque “eso es cosa del ejército”.

Luego, ingresan a 3 personas retenidas en dos camionetas, Gerardo en una y a los otros dos en otra y los conducen a un lugar donde pasa agua, allí los bajan y los someten a las torturas y tratos más crueles e inhumanas. A Gerardo le rociaron gasolina en el cuerpo y le prendieron fuego, un testigo y víctima de los hechos, cuenta que en medio de su dolor por las torturas de las que él también estaba siendo víctima, vio como torturaban a Gerardo y escuchaba los gritos de lamento y la voz desgarradora pidiendo auxilio.

Cerca de las 4 de la tarde marcaba el reloj, en ese momento los ingresan nuevamente en las camionetas a Gerardo en una y a los otros dos detenidos en otra y los conducen al batallón.

Cuenta el testigo que: a él y al otro muchacho detenido los metieron a los calabozos, a cada uno aparte y que él escuchaba a Gerardo quejarse terriblemente, Gerardo pedía a gritos que no lo golpearan más, sin embargo la última vez que lo escucho fue cerca de las 11 de la noche de ese mismo día.

El 5 de noviembre de ese mismo año es hallado el cuerpo de Gerardo totalmente incinerado, casi irreconocible, fueron necesarios análisis de ADN que junto con su dentadura y estudios realizados sobre la reconstrucción facial de su hermano gemelo se pudo demostrar que efectivamente se trataba del cuerpo sin vida de Gerardo.

Aunque el Ejército no ha querido reconocer su responsabilidad en el caso y ha continuado re-victimizando a Gerardo, tildándolo de guerrillero, secuestrador y criminal, el Tribunal Superior de Cúcuta, en segunda instancia condenó a 25 años de prisión al mayor retirado del Ejército, Cesar Alonso Maldonado Vidales, por el asesinato del sindicalista Gerardo Liévano García, así mismo el Consejo de Estado condenó a la nación por dichos hechos y obligó al Estado a reparar económicamente a dos de las tres familias de las víctimas.

Esta condena representa un paso más en la lucha contra la impunidad, en la que militares del talante de Maldonado, son condenados por sus execrables actos contra quienes para ellos, dada su ideología, les resultaban incómodos.

Pese a las condenas y ordenes de reparación administrativa, nunca el Ejército y la institucionalidad ha querido reconocer ni resarcir el buen nombre de Gerardo, ese Gran Hombre que fue, luchador por defender los Derechos Humanos y la Integridad de las personas, un padre incomparable, un esposo excepcional, un gran hijo, hermano y amigo inolvidable