domingo, 26 de mayo de 2013

Genaro Potes

                                            Mayo 26 2007-Mayo 26 2013


Genaro Potes, campesino de 51 años de edad, trabajador de la tierra, afiliado al Sindicato de Trabajadores Independientes del Meta y a la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, fue ejecutado el 26 de Mayo del 2007 en El Castillo [Meta] por el Ejército Nacional Colombiano, al ser señalado como guerrillero.



Genaro, quien se desplazaba este día a caballo, hacia la vereda Puerto Esperanza a una reunión, fue detenido en la Vereda Campo Alegre por militares del Batallón 21 Vargas a cargo del comandante Ferro. En este lugar, la fueron arrebatados los documentos de identidad y amarrado a un árbol. Posteriormente el ejercito preguntó a pobladores si conocían a Genaro; un campesino respondió que lo conocía como un señor honesto y trabajador.


Al día siguiente, Genaro, fue presentado por el Ejercito Nacional de Colombia, como un guerrillero muerto en combate; mentira, que fue repudiada por familia, vecinos, amigos y compañeros que no tardaron en hacer frente a esta calumnia que se tejía por las fuerzas militares para justificar la descarada ejecución extrajudicial, un combate que no sucedió, la baja de un guerrillero que no lo era, la protección al municipio que tampoco se dio. 

Lo único cierto, Genaro Potes, un hombre con parálisis mental leve y problemas de motricidad obvios, fue torturado y asesinado con un tiro en la cabeza, siendo aún hoy, uno de los rostros que dan cuenta de esta injusta guerra en la que se van nuestros campesinos, mujeres, niños y hombres.

El Comandante Pérez del Batallón 21 Vargas, sostuvo reiteradamente que Genaro Potes era guerrillero e impidió la pronta entrega del cuerpo a los familiares, por una supuesta indocumentación.

Genaro Potes, fue sepultado el 30 de Mayo del 2007 y despedido por los pobladores, quienes hoy 6 años después, siguen haciendo un permanente llamado al Estado Colombiano a que cumpla con su deber de garantizar los derechos de los campesinos, que no olvide que proteger la vida de la gente, ya es su deber, en un Estado Social de Derecho, como lo es Colombia.


Genaro Potes en la memoria.
Genaro Potes Sin Olvido.

domingo, 19 de mayo de 2013

JHON RICARDO UBATE MONROY

                                                     Mayo 19 de 1995 - Mayo 19 de 201


JHON RICARDO UBATE MONROY, Nació en Bogotá el 18 de junio de 1970, Administrador de empresas de 23 años, pertenecía al Comité de Derechos Humanos de la Comuna 20 de Siloe y se había desmovilizado en los procesos de paz de 1991.

Jhon Ricardo había entregado una semana antes de ser desaparecido, una denuncia pública a la primera Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Cali y a DESEPAZ, que incriminaban a varios miembros de la Quinta estación de Policía en graves hechos de violencia en contra de jóvenes de la comuna 20.

Fue desaparecido el viernes 19 de Mayo de 1995 en la ciudad de Cali, frente a la Clínica Tequendama, a las 10 de la mañana, junto con GLORIA BOGOTÁ. Seis hombres armados los obligaron a subir a una camioneta Trooper de placas falsas OGJ 823 ó 023, más de 200 testigos presenciaron como fueron golpeados y subidos al vehículo, algunos de los testigos fueron amedrantados y golpeados.

Su desaparición Forzada fue orquestada por el Mayor de la Policía Nacional MANUEL DE JESUS LOZADA PLAZAS quien para la época se desempañaba como Comandante del grupo UNASE de la ciudad de Cali Valle y el agente de la policía JOSE DE JESUS LEON BERMUDEZ, al igual que AMPARO RAMIREZ inspectora de Policía de Siloé Cali. Pese a la precisión de todos los hechos y la reconstrucción total del caso, JHON RICARDO aún se encuentra desaparecido y los responsables continúan sin castigo.

Jhon Ricardo Ubate en la Memoria 
Jhon Ricardo Ubate Sin Olvido





miércoles, 1 de mayo de 2013

Nicolás Neira




                                                      Mayo 01 2005- Mayo 01 2013

La persecución continúa, la represión no se acaba, un monstruo sin cerebro ni corazón hace 8 años se llevó por delante a uno de los capullos de la esperanzadora primavera, para quien su vida estaba empezando, a quien el mundo estaba descubriendo. 

Hoy recordamos a un joven, un joven de quince años. Hace 8 años el 1ero de Mayo del 2005 durante las manifestaciones del día del trabajo, integrantes del escuadrón móvil antidisturbios de la policía nacional ESMAD, en un ejercicio represivo del uso de la fuerza hirieron gravemente a Nicolás Neira, quien recibió una golpiza hasta quedar inconsciente.

La gigantesca marcha del Día del Trabajo, de sindicalistas, campesinos, estudiantes, desempleados, activistas entre otros, caminó de manera no-violenta por la carrera 7 de Bogotá. La manifestación no sólo recordó a los Mártires de Chicago, sino que además denunció la precaria situación económica y social que se vivía y vive en el país, además exigió un alto a las negociaciones del TLC e hizo públicas las atrocidades cometidas por el actual gobierno. Brutalidades que también ocurrieron ese día cuando el ESMAD empezó a lanzar gases lacrimógenos sin ninguna razón y procedió a reprimir violentamente a los manifestantes, golpeándolos con bolillos y balas de goma. Nicolás no pudo correr tanto y cayó al piso asfixiado por los gases, luego fue alcanzado por un grupo de agentes del ESMAD, quienes en un número superior a 8, lo patearon y golpearon boca abajo, sádicamente en medio de su más completa indefensión. Tendido en el piso, con sus ojos impregnados de esperanza mirando al cielo, el joven estudiante fue rodeado por agentes del ESMAD, mientras mucha gente se solidarizaba, denunciando el hecho y pidiendo ayuda médica para el joven.

Nicolás, fue finalmente llevado por algunos compañeros al Cami de La Perseverancia. Ahí, Nicolás esperó por unas horas hasta que fue trasladado al Hospital de Saludcoop. Seis días después los médicos de la clínica Jorge Piñeros Corpas anunciaron su muerte, causada por un trauma cráneo encefálico, resultado de los golpes que brutalmente se le dieron en la cabeza.

Los agentes involucrados en el homicidio, aseguraron que los golpes que sufrió Nicolás fueron producidos por un grupo de ‘metaleros’ y ‘punkeros’ que iniciaron un ‘pogo’ en medio de la marcha. Además aseguraron que ellos no habían hecho presencia en la zona. Sin embargo, la evidencia visual era contundente, igual que los testimonios de las personas presentes el día del asesinato, otra mentira, dicha por una institución a la que se le permite masacrar a la juventud del país cuando el Estado legitima las acciones brutales de la policía.

Nicolás es una de las tantas víctimas de la violencia estatal que desde la conformación del cuerpo represivo del ESMAD en el 2002, ha cobrado la vida de más de 50 personas y un sin número de atropellos y maltratos físicos a personas y comunidades que se han manifestado ante leyes injustas o han protestado por alguna inconformidad frente a actos que atentan contra la vida, el territorio, la dignidad o la integridad colectiva.

Después de su muerte, lo sucedido con Nicolás se convirtió en un caso más de impunidad Estatal. La Policía, los paramilitares y los grupos fascistas hicieron su trabajo: se encargaron de amenazar, perseguir e incluso intentar matar, a los testigos, los abogados, la familia y los compañeros y compañeras, que trabajaban por la verdad, el esclarecimiento y la denuncia del caso.

Yuri Neira, padre de Nicolás, ha sido amenazado en diferentes oportunidades y ha tenido que salir del país.

Los Tribunales y organismos de control por su parte dilataron, borraron, perdieron y rechazaron el caso con el fin de garantizar la impunidad convertida en silencio.

Pese a ello, un Juzgado fallo y le ordenó al Estado indemnizar económicamente a su familia, fallo que el Gobierno convirtió pronto, en un intento por poner punto final a su caso y enterrar en el olvido la vida de Nicolás.

El fallo de primera instancia ordena al Ministerio de Defensa, la Policía Nacional y al Esmad cancelar más de 160 millones a todos los familiares de la víctima. 

Para Yuri Neira, padre de Nicolás, la decisión hace gala a la impunidad y asegura que no se haga ninguna sanción simbólica y ejemplarizante para dignificar el homicidio de su hijo.

El caso además fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que determinará si se tramita o no, un nuevo proceso contra el Estado colombiano por el abuso de fuerza cometido por la Policía Nacional.

Por su parte Yuri Neira, sigue trabajando por la construcción de la Fundación Nicolás Neira, con la que espera denunciar este tipo de abusos de la Fuerza Pública contra la ciudadanía. Y asegura que si el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, en segunda instancia, eleva el monto de la indemnización a la que tiene derecho, todo irá destinado a la conformación de la fundación.

El caso de Nicolás David Neira Álvarez sigue en absoluta impunidad, a pesar de la indemnización planteada por el estado, ningún policía o miembro del ESMAD ha sido acusado formalmente por la muerte del joven de 15 años.

La Fiscalía lleva ocho años investigando. En un primer momento lo investigó un juez penal militar porque se consideró que esa no era una violación de derechos humanos. Después de una larga batalla jurídica se reconoció que si lo fue y hoy una Fiscalía encargada de investigar casos de violación a los derechos humanos tiene el caso desde hace cinco años pero sin mostrar avance en absoluto.

Nicolás se ha convertido en un símbolo, Nicolás no ha muerto, él vive en todos los jóvenes que con sus ideas luchan, crean, resisten. Nicolás vive porque no ha sido olvidado, porque representa un sueño, una esperanza colectiva de un cambio de sociedad.

Hoy se pronuncian contundentes palabras de no al olvido y profundas evocando no solo a Nicolás sino a todo los jóvenes, las flores que han sido pisoteadas y arracadas violentamente, es hoy y siempre que Nicolás debe impulsar a la juventud y a la sociedad en general, para que comiencen procesos de transformación contra la impunidad y la injusticia.

Nicolás Neira en la memoria
Nicolás Neira Sin Olvido

miércoles, 24 de abril de 2013

Guillermo Rivera Fúquene


                                    Guillermo Rivera Fúquene 22 de Abril 2008

Guillermo Rivera Fúquene, nació el 19 de mayo de 1956, padre de dos niñas, esposo de Sonia Betancur, miembro del sindicato de la Contraloría de Bogotá; a sus 52 años era economista de la Universidad Autónoma con una maestría en la Universidad Javeriana, era militante del Partido Comunista Colombiano y del polo Democrático Alternativo, fue asesor de Aída Abella y Mario Upegui concejales por la Unión Patriótica.

El 22 de Abril de 2008, a las seis de la mañana como era costumbre Guillermo Rivera llevo a su hija menor a esperar la ruta del colegio, media hora después, mientras trotaba, agentes policiales lo obligaron a subir a una patrulla en la Carrera 25 sur No. 51-80, donde se encuentra ubicado el Conjunto Multifamiliar Norte de Santander, en el sector del Tunal en la ciudad de Bogotá y desde ese momento no se supo nada más de él.

Ese mismo día la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas (CBPD) inició la búsqueda urgente de Guillermo Rivera ante el Fiscal 98 de la Unidad Nacional de DDHH. Aun así transcurrieron 84 días en los que su familia y conocidos lo buscaban en el barrio y por diferentes partes de la ciudad.

El 24 de Abril se encontraron los restos de Guillermo, los que evidenciaban tortura, golpes en el rostro, contusiones en diferentes partes y signos de muerte por estrangulamiento; En un botadero de basura en la vía al río Combeiba en el caserio de Totumo y el 26 de abril fue enterrado como NN en el cementerio San Bonifacio de Ibagué, departamento del Tolima. 


Solamente fue hasta el 15 de julio, 84 días, después que la Fiscalía encontró una información dactiloscópica de Guillermo que coincidió con el cuerpo sin identificar que se hallaba en el cementerio San Bonifacio de Ibagué, Sus restos fueron sepultados en Bogotá, el 17 de julio de 2008.

El 22 de Abril de 2010, cuando se cumplían 2 años de su desaparición, el movimiento de Hijos e Hijas, defensores de los Derechos Humanos y observadores Internacionales recorrieron el Barrio Tunal de la ciudad de Bogotá, el mismo que hacia Guillermo Rivera mientras trotaba, se detuvieron en la esquina en la que fue desaparecido, colocaron carteles y fotos de Guillermo Rivera.

Con batucada, con redoblantes, pitos y tambores cantaron “Vecino despierta! Aquí está Guillermo Rivera!” “Si señor, como no, la Policía lo asesinó. Si Señor, como no, de esta esquina lo desapareció. Si Señor, como no, y el gobierno no respondió”. En los mismos muros donde hace dos años la familia colocó la foto de GUILLERMO en la angustiante búsqueda por su desaparición, ese día la memoria coreada, transitando las calles del sur de la ciudad. “Eeeoo que la memoria va creciendooo, eeeoo Guillermo Rivera no está muerto”. Invitando a los vecinos a sumarse al SIN OLVIDO, a la exigencia de justicia, de no repetición del crimen. Un acto de indignación y censura frente a las unidades policiales, señalando la institución responsable de este crimen, se colocaron carteles señalando la impunidad de un crimen de Lesa Humanidad. 

Este año se cumplen cinco años de la desaparición y asesinato de Guillermo Rivera, y este crimen sigue en la impunidad.

Guillermo Rivera Fúquene en la Memoria 
Guillermo Rivera Fúquene Sin Olvido.

Julio Daniel Chaparro Hurtado y Jorge Enrique Torres Navas

Abril 24 de 1991 - Abril 24 de 2013



“Si una noche cualquiera me encuentran muerto en una calle y ven mi boca repleta de insectos rabiosos trabajando en mi lengua, no me sufran: habrá sucedido que caí antes de escuchar el balbuceo /de mi hijo… Piensen en mi y recuérdenme cantando o recuerden mis pasos detenidos junto a un  piano cuando hablaba de mi madre bella y triste como un –árbol como una huella de pájaros…Si ven que he muerto en la entrada de una calle seguramente vestido de azul hasta en las uñas y sonriendo acaso revestido de cenizas como un ángel, piensen que he vivido, recuerden la joven figura ebria /de los patios…Y no me lloren, no me giman siquiera: pienso que detendrán el sol que tendré entonces en mitad del pecho, persistiendo tercamente en la última calle de esa tarde sobre la tierra.”

Julio Daniel Chaparro Hurtado

Al anochecer del 24 de Abril de 1991, Julio Daniel Chaparro Hurtado y Jorge Enrique Torres Navas, periodista y fotógrafo respectivamente, fueron asesinados en el municipio de Segovia (Antioquia) cuando realizaban una labor periodística sobre la historia de la violencia en la región para un periódico colombiano en el que trabajaban.

Julio Daniel participó de la Juventud Comunista (JUCO), fue cercano a la Unión Patriótica y desde 1990 trabajó con el periódico El Espectador; nacido en Sogamoso fue una persona que sobresalió en las letras, en la poesía y la crónica periodística, estudió Lingüística y Literatura en la Universidad de la Sabana, fundó la Revista Oriente en la ciudad de Villavicencio, publicó los libros “Y éramos como soles” en 1986, “País de mis ojos” en 1988 y “Árbol ávido” en 1991.

Por su parte, Jorge Enrique era un reconocido fotógrafo, quien por su labor había recibido varios reconocimientos y premios, entre ellos el premio Planeta.

La intención de su visita era indagar e informar sobre cómo pese al paso de la violencia continuó la vida en el lugar. Julio Daniel, inquieto por esos sucesos místicos de las comunidades, había hecho que viajara a varios pueblos y corregimientos del país donde grupos paramilitares, narcotraficantes, militares y guerrilleros ejercían una violencia sin tregua, pero donde también las comunidades continuaban resistiendo y gestando vida. El trabajo que haría en Segovia daría como resultado la quinta crónica de seis que componían una serie periodística que estaba trabajando.

Segovia, municipio del nordeste antioqueño, no solo fue epicentro de una amplia agitación social por parte de diversos movimientos de izquierda (campesinos, obrero-patronales e incluso estudiantiles) que en la década de los 80 se manifestaban con rigor y alcanzaban significativa representación política en el pueblo minero. El 11 de noviembre de 1988, Segovia fue epicentro de una atroz masacre perpetrada por grupos paramilitares de la familia Castaño.

Todo fue oscuro desde aquel triste día de abril. Más de tres horas estuvieron los cuerpos sin vida tirados en el pavimento, sin que nadie avisara a las autoridades. Sólo a las 10:30 de la noche llegó la policía a practicar el levantamiento de los cadáveres. Una jueza de instrucción criminal asumió el caso 24 horas más tarde.

Sin mayores pesquisas y sin una investigación formal y seria, cobró forma el rumor de que los autores habían sido miembros de las Milicias Bolivarianas de las Farc, quienes supuestamente los habían confundido con agentes de inteligencia militar.

A esta supuesta pista contribuyeron rápidamente dos hechos. Las declaraciones del comandante de la Policía de Segovia, quien entonces manifestó que en el último año no se había sentido acción de grupo paramilitar alguno y éstos delinquían muy lejos; y el falso informe que habrían suministrado milicianos del Eln a las Farc, en el sentido de que habían visto a los periodistas en la XIV Brigada del Ejército en Puerto Berrío. El IV frente de las Farc expidió un comunicado para negar su autoría en los crímenes, que poco o nada fue tenido en cuenta.

A raíz del doble asesinato, el entonces presidente César Gaviria hizo pública una declaración comprometiéndose a una “investigación completa y pronta para detener, juzgar y condenar a los culpables de esta agresión contra la libertad de prensa”, pero la actuación judicial, en sus frentes de Procuraduría y justicia sin rostro, no logró significativos avances. En el primer caso, antes de un año el proceso quedó resuelto, pues se descartó cualquier responsabilidad de miembros de la Fuerza Pública o de los organismos de seguridad del Estado.

En cuanto al expediente penal, lo único significativo fue el recuento de las últimas horas de Julio Daniel Chaparro y Jorge Torres. Su arribo al aeropuerto Otú del municipio de Remedios (Antioquia), procedentes de Medellín; el viaje por tierra hasta Segovia, donde llegaron hacia las cuatro de la tarde; el registro en el hotel Fujiyama antes de las cinco; su presencia en el estadero La Diana, donde tomaron varias cervezas y repetidamente hicieron sonar la canción La quiero a morir  de Francis Cabrel, y luego su inaplazable cita con la muerte.

En misiva a la entonces fiscal general, Viviane Morales, la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), además de referir varios hechos contra periodistas y la libertad de expresión, expresamente recordó la impunidad y amenaza de prescripción del expediente por los crímenes de Julio Daniel Chaparro y Jorge Torres. Actualmente la Fiscalía no ha judicializado a los autores materiales, y de los intelectuales nunca se supo nada.

Daniel Chaparro, hijo de Julio Daniel, ahora politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en historia, desde la mañana de aquel 24 de abril de 1991 en que su padre lo despidió frente al colegio Liceo Andrea del Bocca, entonces ubicado entre las avenidas Rojas y Boyacá con calle 66 en Bogotá, le ha dado un lugar privilegiado de su existencia a recobrar la vida y obra de Julio Daniel Chaparro.

Recordar para vivir. Recordar para seguir. No se trata de la búsqueda angustiante. No es una cacería del pasado. Es más un ejercicio de liberación, la catarsis por los cumpleaños que no fueron, todos los abrazos perdidos.

Palabras e imágenes de Daniel y Jorge, retazos de la memoria de la violencia en Colombia. Crímenes desde lo ilógico de la guerra, desde las paradojas de la vida y la muerte. Sus palabras e imágenes 22 años después, les devuelven el aliento, el revoloteo entre las memorias de las víctimas de los crímenes de estado de dos periodistas que registraron parte de la historia de la violencia de Colombia.

Julio Daniel Chaparro Hurtado y Jorge Enrique Torres Navas en la memoria
Julio Daniel Chaparro Hurtado y Jorge Enrique Torres Navas Sin Olvido

viernes, 22 de marzo de 2013

BERNARDO JARAMILLO OSSA

marzo 22 de 1990 - marzo 22 de 2013
 
Se cumplen 23 años del asesinato de BERNARDO JARAMILLO OSSA, segundo candidato de la Unión Patriótica a la Presidencia de la República de Colombia. Con el paso del tiempo la impunidad se ha convertido en un muro infranqueable al esclarecimiento de la verdad y a la justicia. BERNARDO había sucedido en la candidatura a la Presidencia de la República por la Unión Patriótica a JAIME PARDO LEAL, asesinado el 11 de octubre de 1987.

BERNARDO, el “Perestroiko”, como era conocido cariñosamente al interior del partido por su insistente búsqueda de vincularlo a la Internacional Socialista, fue asesinado como miles de miembros de la Unión Patriótica y junto a ellas y ellos se mató una esperanza.

BERNARDO continúa en la memoria de muchas mañanas bogotanas que hacen recordar a esa misma mañana de hace 23 años en el Puente Aéreo de esa ciudad, donde sicarios de la estrategia militar encubierta dispararon en múltiples ocasiones sobre su humanidad.

Con su popular slogan “Venga esa mano país”, BERNARDO fue llenando plazas, parques, auditorios, mostrando la propuesta política de la Unión Patriótica como una alternativa ante una sociedad amalgamada e injusta. Desde la palabra, el pensamiento, la creatividad a flor de piel fue planteando nuevas posibilidades, nuevos caminos, denunciando permanentemente el paramilitarismo como una estrategia del Estado y nombrando a sus beneficiarios.

BERNARDO, oriundo de Manizales, a sus 35 años como abogado había trabajado en el Urabá antioqueño, donde asesoró al Sindicato de los Trabajadores del Banano, hasta que por las amenazas de muerte tuvo que trasladarse a Bogotá. “Garfield”, como era llamado por sus familiares y amigos más cercanos en alusión a su bigote poblado, se mantiene en la memoria del pueblo colombiano, quien lo lloró y junto a él cantó el estribillo “Yo te daré, te daré una rosa, una rosa hermosa, y esa rosa se llama UP".

Las balas de la estrategia militar encubierta de tipo paramilitar segaron su vida el 22 de marzo de 1990 en el aeropuerto El Dorado de Bogotá poco después de las 8:00 de la mañana.

Herido en brazos de su compañera le dijo a ella:

Mi amor no siento las piernas Estos hijueputas* me mataron, me voy a morir. Abrázame y protégeme.”

Cuatro disparos bastaron para que el país se estremeciera con la noticia de un nuevo magnicidio. Andrés Arturo Gutiérrez Maya, de 16 años, trabajador de una fábrica que hacía tizas para tacos de billar en Medellín, fue su asesino. Por ser menor de edad, el asesino no fue encarcelado y el capo Escobar, de forma indignante, desmintió ser el autor del crimen y se declaró adolorido por la muerte del candidato presidencial.

Al día siguiente del homicidio, el entonces director del DAS, Miguel Maza Márquez, le atribuyó el crimen a Pablo Escobar y exhibió dos grabaciones en las que el jefe del Cartel de Medellín y su lugarteniente El Zarco hablan sobre el pago de $300.000 a un sicario para ejecutar un atentado. La conversación fue interceptada el 21 de marzo de 1990.

Casi de inmediato, Escobar, desde la clandestinidad negó la autoría del asesinato, se declaró admirador de Jaramillo y dijo que, por el contrario, él había mediado varias veces para que socios suyos no lo mataran.

Lo paradójico es que el mismo día, desconocidos se comunicaron a varias estaciones radiales para decir que el promotor del asesinato había sido Fidel Castaño y que ahora este coloso de la guerra era el reemplazo de Rodríguez Gacha, abatido por la Policía en diciembre de 1989. No obstante, esta hipótesis fue poco investigada. Además, el joven sicario fue asesinado junto a su padre semanas después del crimen, cuando hacía uso de un permiso para salir de su sitio reclusión.

De cualquier manera, la investigación por este homicidio fue empolvándose con el paso de los años y la sucesión de escándalos venideros y de barbarie desatada en la década de los noventa fue relegando el expediente, que nunca avanzó más allá de las confesiones de sus protagonistas. Como quedó registrado en el proceso, el extinto jefe paramilitar Fidel Castaño le reconoció al ex dirigente del M-19 Otty Patiño que había ordenado el magnicidio. Su hermano Carlos Castaño refrendó esa versión en 1999 con su libro Mi confesión.

Pero son tantos los cabos sueltos de este magnicidio, que el fiscal octavo de la Unidad de Derechos Humanos ordenó una serie de entrevistas, verificaciones y declaraciones que buscan que el caso salga del ostracismo.

El asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa sigue en la absoluta impunidad, muy pocos avances se han hecho para esclarecer el caso. Como otro de los tantos asesinatos cometidos con el fin de exterminar la unión patriótica, éste representó una gran pérdida, desesperanza ante un sueño de democracia, justicia y equidad. El sistemático asesinato de los militantes de la UP marco una gran ola de violencia desatada por el narcoparamilitarismo y su alianza con el aparato militar del estado.

De este modo a la UP le asesinaron dos candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y más de 4.000 militantes. La alianza entre el poder mafioso y algunos sectores políticos se prolonga hasta hoy y se refleja en la creación de ejércitos, conocidos como paramilitares, que se apoderaron de municipios y de enormes regiones. Este contubernio se evidencia, también, en más de 20.000 asesinatos y cuatro millones de desplazados, en los últimos años y en el proceso de la parapolítica que vinculó a 83 parlamentarios.

Contra esta alianza funesta luchó Bernardo Jaramillo. Su legado sigue vigente. Para que su muerte no quede impune la Fiscalía determinó que su asesinato es un crimen de lesa humanidad.

Sin embargo hasta el momento, nada se avanzado en el proceso judicial, este crimen esta en absoluta impunidad, pero la muerte sólo llega realmente cuando se olvida, hoy recordamos a Bernardo Jaramillo Ossa y su labor política como una esperanza aún vigente en un país de injusticia, violencia y desigual, lo recordamos, y recordamos su voz fuerte, esperanzadora, en las cadencias sublimes de un tango de Gardel, que tanto le gustaba cantar.

Música recomendada: http://www.youtube.com/watch?v=I5JQ1m3mxKw

Vídeos y Audios de apoyo:

http://www.youtube.com/watch?v=OStm8PVW7bE

http://www.youtube.com/watch?v=_dzyg39Hp4U 
 
BERNARDO JARAMILLO OSSA en la Memoria
BERNARDO JARAMILLO OSSA Sin Olvido 
 
Sin Olvido

jueves, 21 de marzo de 2013

Jaime Enrique Gómez

23 de abril de 2006 - 23 de abril de 2013

Han pasado 7 años desde aquel domingo 23 de Abril de 2006, cuando fue encontrado el cuerpo de Jaime Enrique Gómez; quien desapareció el 21 de Marzo de 2006, mientras trotaba en horas de la mañana en el parque Nacional de la ciudad de Bogotá.
 
Jaime Enrique se desempeñaba como asesor de la ex senadora Piedad Córdoba. Además de ser asesor político, era historiador y dirigente sindical, fue sindicalista de la Empresa de Teléfonos de Bogotá desde la década del setenta por cerca de veinte años, en donde se desempeñó en varios periodos como presidente del Sindicato, fue promotor de la creación de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, Concejal de Bogotá en la década del noventa, y docente de diversas universidades en la capital.

Durante 34 días estuvo desaparecido; Las calles se llenaron de afiches con el rostro sonriente de Jaime Enrique. Sus hijos, sus alumnos y amigos tocaron todas las puertas, e iniciaron una campaña para recibir información sobre su paradero.

El 23 de Abril fueron hallados sus restos, sus huesos, lo que dejaron los victimarios de su humanidad, fueron hallados en el mismo parque donde lo desaparecieron, su hija Diana Gómez afirma que se presentaron irregularidades en el levantamiento del cadáver y su traslado a Medicina Legal.

Días después de enterrarlo, el entonces presidente Uribe en defensa del TLC en Estados Unidos, dijo a Senadores Demócratas que lo sucedido con mi padre había sido un accidente y que tenía como demostrarlo. Desde entonces las irregularidades en Medicina Legal aumentaron, al punto que la entrega de exámenes cruciales para la investigación que corroboraban el homicidio, la tortura, el traslado del cuerpo de un lugar a otro, y el tiempo de muerte, se demoraron demasiado tiempo sin ninguna justificación. En octubre de 2007, la Fiscalía reconoció públicamente que mi padre fue asesinado.” 

En marzo de 2011 se asigno el sexto Fiscal al caso de Jaime Enrique, quien dice que debe iniciar desde cero la investigación, donde se ignoran las causas políticas del asesinato y el hecho de que Jaime Enrique estaba en la listas de Departamento de Seguridad del Estado, DAS.

¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué lo mataron? ¿Donde están los responsables de un crimen tan alevoso? La única respuesta del gobierno es que se trató de un accidente. 

7 años después la muerte de Jaime Enrique Gómez su familia, sus amigos, las organizaciones con las que trabajaba, aún piden justicia y exigen que la verdad desmorone la impunidad, su hija Diana Gómez sigue siendo objeto de intimidaciones, seguimientos, teniendo que abandonar su País.


Una memoria viva demanda justicia.


Jaime Enrique Gómez en la memoria
Jaime Enrique Gómez Sin Olvido