Mostrando entradas con la etiqueta Esmad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esmad. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de octubre de 2018

Luis Orlando Saiz



12 de julio 2016

Luis Orlando Saiz era un joven de 31 años que trabaja en la empresa Carrocerías Logos donde se desempeñaba como pintor desde hacía 10 años. El 12 de julio de 2016 en el marco del paro nacional de transportadores de carga se presentaron múltiples violaciones de derechos humanos y agresiones por parte de la fuerza pública, de las que Luis Orlando sería víctima. Mientras salía de su trabajo y se dirigía a su casa, frente de la empresa Postobón en Duitama, Boyacá, sobre la carrera 42 con calle 9na, recibió un impacto de una capsula de gas lacrimógeno que fue disparada por los miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD).

El impacto le produjo un trauma craneoencefálico acabando con su vida. A partir de su muerte la indignación motivó a la comunidad a realizar protestas en rechazo, saliendo a las calles a marchar de manera pacífica con camisetas blancas, manifestaciones que también fueron repelidas indiscriminadamente por el ESMAD. Su familia emprendió una  lucha inagotable por reclamar justicia frente al crimen, y por limpiar su buen nombre resaltando que Luis Orlando amaba el futbol y era un joven responsable que le ayudaba económicamente a su familia. 

También tuvieron que enfrentar la tergiversación de los hechos por parte de la fuerza pública y los medios de comunicación, quienes inicialmente afirmaban que Saiz participaba activamente en el paro y hacia parte de un grupo de universitarios que lanzaban bombas. Sin embargo, los compañeros de trabajo identificaron el overol y la camisa del equipo de futbol de la empresa en la que laboraba el joven, pronunciándose un su momento con un rechazo a “los medios de television y de radio que mienten al pueblo”.

Por su parte, su hermana desmintió tales afirmaciones y en su defensa dijo: “Mi hermano era un trabajador,  él no era de la unión de los universitarios como según dice la prensa, que porque estaba lanzando bombas explosivas, es mentira, el nunca tenía nada en sus manos” y responsabilizo así a agentes del Estado: “Fue culpa del ESMAD ellos no tenían por qué quitarle la vida injustamente a una persona”.

 A pesar de los hechos, la Fiscalía hizo referencia a que la responsabilidad no podía adjudicarse de manera inmediata al ESMAD, incluso trato de justificarse, por ejemplo el fiscal encargado de ese entonces aseguro: “tenemos que investigar si la persona que disparo era del ESMAD y si disparo correctamente, es decir, si utilizo ese proyectil lacrimógeno de alta velocidad de la forma como los protocolos lo establecen, y eso será lo que tenemos que determinar para saber si hay algún tipo de responsabilidad”. Posteriormente se dio a conocer el dictamen de Medicina Legal, donde, se que registraba que efectivamente el joven había recibido de forma directa el impacto de un proyectil lacrimógeno, hasta entonces se había mentido sobre los hechos, indicando que Luis Orlando era un terrorista.

Por el caso fueron implicados son el intendente Luis Enrique Agudelo y el patrullero Andrés Castro Gama, a pesar de ello, el crimen de Luis Orlando Saiz después de dos años sigue en impunidad. Su familia sigue exigiendo justicia y hace presente la memoria de Luis para que los hechos no se repitan. Hoy lo recuerdan como un héroe, como la motivación para clamar por verdad y respeto por la vida de inocentes como él.


El día de hoy 2 de octubre de 2018 se realizará un plantón desde las 2:00 pm frente al Palacio de Justicia en Duitama, para hacer memoria y reclamar justicia luego de dos años del asesinato de Luis Orlando Saiz. Allí se realizará una audiencia y durante el plantón se acompañará a la familia, quienes, afirmaran que la vida es sagrada. 

Luis Orlando Saiz, en la memoria
Luis Orlando Saiz, Sin olvido

viernes, 21 de septiembre de 2018

Jhonny Silva Aranguren


22 de Septiembre de 2005

Cuando a Wilman Silva se le pregunta sobre los recuerdos que guarda de su hijo, su voz se quiebra. “Es muy duro, porque otra vez tengo que revivir mi dolor”, confiesa. No es para menos. Ese hijo, Jhonny Silva Aranguren, fue asesinado el 22 de septiembre de 2005 en medio de fuertes disturbios registrados dentro del campus de la Universidad del Valle donde estudiaba quinto semestre de Química. Solo tenía 21 años.

Los hechos de su muerte contrastan con lo ocurrido casi 10 años después, el 31 de agosto de 2015, cuando José Libardo Martínez, un subintendente del Esmad, falleció también durante desórdenes en el centro de educación superior. El deceso de Martínez se debió a un disparo que impactó en su cabeza y que fue descerrajado, presuntamente, desde el campus universitario.
El también execrable crimen mereció un gran despliegue mediático y anuncios de recompensas hechos por las autoridades para dar con los responsables. La muerte de Jhonny, en contraste, parece hundirse en la impunidad., y su recuerdo sufre el acoso del olvido.
¿Quién era Jhonny?
Wilman describe a su hijo como “una excelente persona” cuya afición era el estudio. “Recuerdo  que yo los fines de semana quería irme para un río o un paseo y él me decía: ‘no, papá, yo tengo que estudiar, no puedo ir’”, relata. Esa devoción de Jhonny por su preparación académica quizás se vio influida por la presencia de varios químicos en la familia. “Él quería superarlos –explica su padre–, él soñaba con ser un Einstein”.
Era muy casero, molestaba a su mamá por su baja estatura –él medía más de 1.75–. Le encantaban los fríjoles. Wilman no da más detalles. Como él mismo lo aclaró desde el principio, prefiere no remover recuerdos dolorosos. Sin embargo, a través de uno de los libros que ha escrito para contar la historia de su hijo –y preservar así su memoria–, se descubre que la vida de Jhonny estuvo marcada por grandes pruebas.
Nació con atresia biliar, esto es, obstrucción de los conductos que transportan la bilis desde el hígado a la vesícula biliar, enfermedad que superó “a punta de tratamientos y remedios caseros, como la raíz de azafrán con cimarrón”. Creció en Nariño y la Bota Caucana. Alguna vez quedó atrapado junto con su mamá y su hermana en medio de ráfagas de fusil y gritos de angustia tras la toma del peaje de Tunía, en Cauca.
Tan cruda experiencia le dejó como secuela un problema de lenguaje del que se pudo recuperar en un 95 %. Años después sufriría una lesión de cadera que le impediría caminar con facilidad. 
El proceso judicial
Jhonny Silva pudo sortear los obstáculos que la vida puso en su camino, pero aquel 22 de septiembre le fue imposible escapar de las garras de la violencia y la injusticia.
Era jueves, día en que casi que por tradición suelen ocurrir las manifestaciones que culminan en enfrentamientos entre encapuchados y miembros del Esmad. Pero aquella vez los desórdenes tuvieron un desenlace macabro: una bala  se alojó en la humanidad del estudiante de quinto semestre de química, cegándole la vida.
Desde ese momento inició un proceso judicial accidentado y lleno de dilaciones. Documentos oficiales consultados por EL PUEBLO dan cuenta de que la primera decisión de importancia en el caso fue tomada el 12 de septiembre de 2007, por la Fiscalía 41, adscrita a la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de Cali.
Dicha Fiscalía ordenó escuchar en indagatoria a quien se desempeñaba en ese entonces como comandante del Esmad, el Capitán Gabriel Bonilla, y a dos intendentes del órgano policial. El ente investigador tomó la decisión, basándose en testimonios según los cuales efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios habrían ingresado en el campus universitario alrededor de las 6:45 p.m., aquel 22 de septiembre de 2005.  Durante la incursión uno de los uniformados le habría presuntamente disparado a Jhonny Silva.
En 2008, la Fiscalía 41 se abstuvo de ordenar la privación de la libertad de los miembros del Esmad, pero posteriormente acusó al capitán Bonilla por los delitos de homicidio culposo, lesiones personales culposas y prevaricato por omisión. De acuerdo con informes de prensa de la época, el fiscal del caso concluyó que el oficial “violó el deber de cuidado al permitir el ingreso de sus subalternos a las instalaciones de la universidad, sin previa autorización”.
Asimismo, declaró que Bonilla “omitió la requisa del personal a su mando, lo que habría facilitado el accionar del arma de fuego, la cual fue disparada en la humanidad del estudiante”.
Sin embargo, el caso dio un nuevo giro en 2009 cuando la Fiscalía 55 especializada en Derechos Humanos reverso la acusación contra el oficial, presentando un recurso de apelación en efecto suspensivo. Con esa decisión la Fiscalía libró de responsabilidad al uniformado por la muerte de Jhonny.
Por su parte, la Policía Nacional siempre ha negado su ingreso al alma máter aquel fatídico día y su participación en el deceso del joven. La Institución ha manifestado que “es imposible responsabilizarla por ese crimen pues fue realizado por terceros […]  ya que […] el grupo Esmad […] no porta ni utiliza armas de fuego”.
Un caso en impunidad
Después del asesinato de Jhonny, los autores del homicidio siguen sin recibir castigo.  “El caso de nuestro hijo pasó por once fiscales, miles y miles de hojas en su expediente y no ha sido posible que haya justicia”, anota Wilman al respecto. El hombre de mirada cansada señala, además, que en varias oportunidades buscó a los fiscales a cargo de la investigación para saber por qué no había resultados.
“Cuatro meses después de la muerte de mi hijo fui a hablar con la directora seccional de fiscalías de la época. Ella me dijo: ‘Don Wilman, no se le haga nada raro que el caso de su hijo termine en la impunidad. Aquí el 99 % de casos queda impune’. Tiempo después otro de los fiscales del caso me aconsejo esperar la justicia divina”, afirma.
Cansados de lo que para ella era una falta de respuesta de la justicia colombiana, la familia del joven universitario decidió acudir a instancias internacionales. “Nuestro caso lo llevamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2008 –cuenta Wilman–. De parte de la Comisión siempre nos han contestado que ellos manejan muchos casos a nivel latinoamericano y que nosotros estamos en turno… por eso se han retrasado las cosas”.
Para Wilman, la muerte de su hijo fue un golpe muy bajo del que nunca se va a reponer. “Yo sé que moriré con esa angustia, con ese dolor, con esa rabia de saber que no hay justicia”, sostiene con tristeza. Por eso hace un llamado no solo a la comunidad universitaria, sino también a los medios: “No olviden a las víctimas. Que se siga exigiendo justicia porque mañana –ojalá no sea así, lo que me paso a mí les puede pasar a ustedes”.

Jhonny Silva Aranguren, en la memoria
Jhonny Silva Aranguren, Sin Olvido


Texto original extraído de El pueblo "Siete años sin Jhonny" con modificación Sin Olvido 


jueves, 20 de septiembre de 2018

Arnoldo Muñoz Ferreira

20 de septiembre de 2014 
“Una mano servil y cobarde disparó contra su integridad, asesinaron su cuerpo, pero su espíritu y sus sueños caminan con nosotros”

En medio de la lucha incansable por la defensa de su territorio, un día como hoy partió de nuestro lado Isais Arnoldo Muñoz Ferreira, un joven luchador de vida, quien hasta el último momento batalló por ella, después de permanecer varios días en cuidados intensivos; nos dejó el vacío, la rabia y la impotencia de presenciar una vez más las manos asesinas del Estado Colombiano y la impunidad escalofriante de su justicia.

En el marco de la movilización por la defensa del territorio, la vida y el agua y contra la derogación de la Ampliación de la Licencia Ambiental Global concedida a través de la Resolución 0551 del 31 de Mayo de 2014, otorgada por el ANLA al Consorcio Colombia Energy, para un campo operado por Vetra Exploración Colombia, las comunidades del corredor Puerto Vega-Teteye, en Puerto Asís, adelantaron por más de 70 días una resistencia con la fuerza de la razón, la dignidad de los oprimidos y excluidos por este Estado y el corazón de quienes sienten y piensan más allá del dinero de hoy, protegiendo la vida del mañana.

En esta movilización se destacó la presencia de Arnoldo Muñoz, un líder social miembro de Marcha Patriótica y de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (FENSUAGRO), un joven de lucha y resistencia, de alegrías y sueños, que entrego su vida por la defensa de los derechos y de su territorio, lleno de esa increíble biodiversidad que hoy está siendo atacada por un modelo extractivista que solo deja una huella de destrucción.

El 14 de septiembre las manos asesinadas de integrantes del Esmad continuaban con su accionar sistemático de ataque indiscriminado contra los manifestantes, un artefacto impactó la cabeza de Arnoldo quien cayó de inmediato inconsciente y de gravedad, rápidamente fue auxiliado por quienes estaban cerca, en medio del dolor y el desespero fue trasladado hacia el Hospital de Cotocollao en Quito, Ecuador, tristemente no podía ser conducido a Puerto Asís por el profundo temor a las represalias. Durante varios días permaneció en cuidados intensivos, las noticias de los médicos por esos días fueron desalentadoras y nos aferrábamos a la esperanza y la fuerza de Arnoldo, a sus ganas de vivir, seguir soñando y construyendo.

Hoy hace un año, sobre las 10:20 a.m., las comunidades del corredor recibieron la triste noticia de su muerte; hoy recordamos, como aquel día que la vida de Arnoldo fue cegada por la criminalidad del Estado.

Aquel 20 de septiembre estará presente para siempre en nuestra memoria y nuestros corazones. Continuaremos con la exigencia de justicia, contra la impunidad imperante del Estado. Por la reivindicación de nuestros derechos y la defensa de la vida y el territorio.

Arnoldo Muñoz Vive en la Memoria
Arnoldo Muñoz Sin Olvido

miércoles, 1 de mayo de 2013

Nicolás Neira




                                                      Mayo 01 2005- Mayo 01 2013

La persecución continúa, la represión no se acaba, un monstruo sin cerebro ni corazón hace 8 años se llevó por delante a uno de los capullos de la esperanzadora primavera, para quien su vida estaba empezando, a quien el mundo estaba descubriendo. 

Hoy recordamos a un joven, un joven de quince años. Hace 8 años el 1ero de Mayo del 2005 durante las manifestaciones del día del trabajo, integrantes del escuadrón móvil antidisturbios de la policía nacional ESMAD, en un ejercicio represivo del uso de la fuerza hirieron gravemente a Nicolás Neira, quien recibió una golpiza hasta quedar inconsciente.

La gigantesca marcha del Día del Trabajo, de sindicalistas, campesinos, estudiantes, desempleados, activistas entre otros, caminó de manera no-violenta por la carrera 7 de Bogotá. La manifestación no sólo recordó a los Mártires de Chicago, sino que además denunció la precaria situación económica y social que se vivía y vive en el país, además exigió un alto a las negociaciones del TLC e hizo públicas las atrocidades cometidas por el actual gobierno. Brutalidades que también ocurrieron ese día cuando el ESMAD empezó a lanzar gases lacrimógenos sin ninguna razón y procedió a reprimir violentamente a los manifestantes, golpeándolos con bolillos y balas de goma. Nicolás no pudo correr tanto y cayó al piso asfixiado por los gases, luego fue alcanzado por un grupo de agentes del ESMAD, quienes en un número superior a 8, lo patearon y golpearon boca abajo, sádicamente en medio de su más completa indefensión. Tendido en el piso, con sus ojos impregnados de esperanza mirando al cielo, el joven estudiante fue rodeado por agentes del ESMAD, mientras mucha gente se solidarizaba, denunciando el hecho y pidiendo ayuda médica para el joven.

Nicolás, fue finalmente llevado por algunos compañeros al Cami de La Perseverancia. Ahí, Nicolás esperó por unas horas hasta que fue trasladado al Hospital de Saludcoop. Seis días después los médicos de la clínica Jorge Piñeros Corpas anunciaron su muerte, causada por un trauma cráneo encefálico, resultado de los golpes que brutalmente se le dieron en la cabeza.

Los agentes involucrados en el homicidio, aseguraron que los golpes que sufrió Nicolás fueron producidos por un grupo de ‘metaleros’ y ‘punkeros’ que iniciaron un ‘pogo’ en medio de la marcha. Además aseguraron que ellos no habían hecho presencia en la zona. Sin embargo, la evidencia visual era contundente, igual que los testimonios de las personas presentes el día del asesinato, otra mentira, dicha por una institución a la que se le permite masacrar a la juventud del país cuando el Estado legitima las acciones brutales de la policía.

Nicolás es una de las tantas víctimas de la violencia estatal que desde la conformación del cuerpo represivo del ESMAD en el 2002, ha cobrado la vida de más de 50 personas y un sin número de atropellos y maltratos físicos a personas y comunidades que se han manifestado ante leyes injustas o han protestado por alguna inconformidad frente a actos que atentan contra la vida, el territorio, la dignidad o la integridad colectiva.

Después de su muerte, lo sucedido con Nicolás se convirtió en un caso más de impunidad Estatal. La Policía, los paramilitares y los grupos fascistas hicieron su trabajo: se encargaron de amenazar, perseguir e incluso intentar matar, a los testigos, los abogados, la familia y los compañeros y compañeras, que trabajaban por la verdad, el esclarecimiento y la denuncia del caso.

Yuri Neira, padre de Nicolás, ha sido amenazado en diferentes oportunidades y ha tenido que salir del país.

Los Tribunales y organismos de control por su parte dilataron, borraron, perdieron y rechazaron el caso con el fin de garantizar la impunidad convertida en silencio.

Pese a ello, un Juzgado fallo y le ordenó al Estado indemnizar económicamente a su familia, fallo que el Gobierno convirtió pronto, en un intento por poner punto final a su caso y enterrar en el olvido la vida de Nicolás.

El fallo de primera instancia ordena al Ministerio de Defensa, la Policía Nacional y al Esmad cancelar más de 160 millones a todos los familiares de la víctima. 

Para Yuri Neira, padre de Nicolás, la decisión hace gala a la impunidad y asegura que no se haga ninguna sanción simbólica y ejemplarizante para dignificar el homicidio de su hijo.

El caso además fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que determinará si se tramita o no, un nuevo proceso contra el Estado colombiano por el abuso de fuerza cometido por la Policía Nacional.

Por su parte Yuri Neira, sigue trabajando por la construcción de la Fundación Nicolás Neira, con la que espera denunciar este tipo de abusos de la Fuerza Pública contra la ciudadanía. Y asegura que si el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, en segunda instancia, eleva el monto de la indemnización a la que tiene derecho, todo irá destinado a la conformación de la fundación.

El caso de Nicolás David Neira Álvarez sigue en absoluta impunidad, a pesar de la indemnización planteada por el estado, ningún policía o miembro del ESMAD ha sido acusado formalmente por la muerte del joven de 15 años.

La Fiscalía lleva ocho años investigando. En un primer momento lo investigó un juez penal militar porque se consideró que esa no era una violación de derechos humanos. Después de una larga batalla jurídica se reconoció que si lo fue y hoy una Fiscalía encargada de investigar casos de violación a los derechos humanos tiene el caso desde hace cinco años pero sin mostrar avance en absoluto.

Nicolás se ha convertido en un símbolo, Nicolás no ha muerto, él vive en todos los jóvenes que con sus ideas luchan, crean, resisten. Nicolás vive porque no ha sido olvidado, porque representa un sueño, una esperanza colectiva de un cambio de sociedad.

Hoy se pronuncian contundentes palabras de no al olvido y profundas evocando no solo a Nicolás sino a todo los jóvenes, las flores que han sido pisoteadas y arracadas violentamente, es hoy y siempre que Nicolás debe impulsar a la juventud y a la sociedad en general, para que comiencen procesos de transformación contra la impunidad y la injusticia.

Nicolás Neira en la memoria
Nicolás Neira Sin Olvido

lunes, 14 de mayo de 2012

Nicolás David Neira

6 de mayo 2005 - 6 de mayo 2012
Hace 2.555 días, el 6 de mayo de 2005, en la clínica Jorge Piñeros Corpas en Bogotá moría a sus 15 años, Nicolás David Neira, pero él y su familia desde ese momento nos impregnó en el sentido de su corta existencia.
Nicolás después de haber recibido una fuerte golpiza en la cabeza, que le causó una herida de 26 centímetros, propinada por agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía,Esmad, respuesta represiva a una adolescencia que crece en el mundo de la dignidad, de la búsqueda de justicia social que participó en las manifestaciones del 1 de mayo.


Nicolás estudiaba el grado noveno en el Liceo Hermano Miguel de la Salle y ese primero de mayo se encontraba con unos amigos comprando unos libros en la carrera séptima con calle 18 de Bogotá. El Esmad uso gas indiscriminadamente para dispersar a los manifestantes golpeando a Nicolás, quien de inmediató perdió el conocimiento. Los agentes de la policía en vez de prestarle auxilio lo golpearon causando su muerte a los 5 días.


7 años después la impunidad sigue instaurada. La investigación disciplinaria en la Procuraduría que se abrió en contra de los oficiales, responsables de las actuaciones del Esmad, el capitán Julio César Torrejos y el subteniente Edgar Fontal Cornejo, fue archivada en segunda instancia en abril de 2010; la Viceprocuradora General los había destituido e inhabilitó para ejercer funciones públicas.


Después de 7 años la verdad y la justicia sobre el asesinato de Nicolás siguen siendo negadas por el Estado. En 2011 el caso fue resuelto en contra del Estado en primera instancia, un juez de un tribunal contencioso administrativo condenó a la Nación por no proteger la vida y honra de Nicolás, quien sufría de asma y no pudo retirarse del lugar en el que el Esmad soltó el gas. " el menor, de 1,50 de estatura y de menos de 50 kilos de peso, fue asesinado a garrote y patadas por ocho miembros del Esmad", dijo el juez en un fallo. Vergonzosamente la decisión fue apelada por la Policía sin que se haya resuelto el recurso.


La obstinada dignidad y determinación de Yuri Neira, padre de Nicolás, para que la verdad y la justicia se hagan realidad, le ha llevado a encontrar los diversos mecanismos de impunidad, que no han impedido el que se haya convertido en un profeta contra todas las practicas criminales por parte de la fuerza pública contra los estudiantes. Obviamente sustentados en la impunidad esa impugnación ética de Yuri le ha llevado a sufrir hostigamientos, seguimientos, amenazas y atentados por supuestos agentes de la Policía y por un tiempo fue obligado a refugiarse a Brasil.


Hoy desde Nicolás, la fuerza de la conciencia ética y la valiente constancia de los familiares y amigos suyos, al que se suman, otra cantidad de víctimas, se encuentra en una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Desde Nicolás Neira, la historia de los victimarios urbanos ha cambiado, hoy un cúmulo de familiares que han ido perdiendo el miedo, han ido salido del anonimato exigiendo Verdad, Justicia y Reparación, porque el Estado ha ido segando la fuerza de la juventud, la que transita o se expresa, suponiendo que existe el derecho a la libertad en este país.


Bogotá, D.C. 2 de mayo de 2012


Sin Olvido