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martes, 22 de octubre de 2019

Masacre de 'El Aro'


Octubre 22 de 1997
El aro es un corregimiento ubicado en el municipio de Ituango, Antioquia, siendo históricamente uno de los más antiguos y uno de los más prósperos hasta la llegada de actores armados que provocaron la destrucción de parte de su territorio y que costó la vida de algunos de sus habitantes en 1997. El aro se encuentra frente a la cordillera occidental al oeste del río Cauca, sobre el Nudo de Paramillo, en un macizo montañoso que los armados utilizaron por su ubicación estratégica como un punto de libre tránsito entre cinco departamentos, el océano pacífico y Atlántico, vías claves para el narcotráfico, sustento de su financiación.

Historia de un conflicto: Las FARC y el paramilitarismo vs. El Aro

El conflicto armado se materializó en El Aro con la presencia de los frentes 5,18 y 36 de las FARC quienes transitaban desde los años 80 por sus senderos. Durante ese tiempo se forjaron relaciones sociales, extorsiones, sometimientos, pero también una presencia protectora del territorio por parte de dicho grupo armado que controlaba además la distribución del narcotráfico, sin atentar contra la vida de los habitantes, quienes anticipadamente sabían que la presencia de la guerrilla acarrearía inconvenientes posteriores. 

Es así como desde 1996, grupos paramilitares empezaron a gestar un proyecto para sacar a la guerrilla del territorio y tomar control del mismo. Empezando con una incursión a las regiones antioqueñas de Urabá, Bajo Cauca y Córdoba, sembrando terror con su presencia en La Granja, Santa Rita y Santa Lucía, lugares donde perpetraron masacres. Finalmente, el 22 de octubre de 1997, el paramilitarismo se tomó a El Aro, acusando a sus pobladores de guerrillero o auxiliadores de los mismos. 

Aproximadamente 150 hombres de las denominadas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) conocidos como los “Mochacabezas” llegaron al corregimiento entre el 22 y el 26 de octubre, aunque la presencia de los paramilitares se mantuvo durante 17 días. Con lista en mano, fueron asesinando, según diversas versiones, entre 15 y 19 habitantes del corregimiento, además torturaron a adultos y niños, secuestraron a campesinos, violaron a las mujeres, hurtaron y desplazaron toda la población hacia Ituango, Puerto Valdivia e incluso a la ciudad de Medellín. 

Los habitantes recuerdan particularmente el asesinato del tendero del pueblo Marco Aurelio Areiza, de 64 años, a quien amarraron, torturaron, le sacaron los ojos, los testículos y el corazón. Andrés Mendoza quien era dueño de la cantina del pueblo, agonizo en frente de sus vecinos, Elvia Rosa a quien violaron, le partieron la cadera e hicieron que varias reses pasaran por encima de su cuerpo, o a Wilmar de Jesús Restrepo de 14 años, a quien hirieron y obligaron a que subiera morrales pesados a lo alto de la montaña, cuando se sentó a descansar lo mataron.

Otras víctimas como Fabio Antonio Zuleta, Omar de Jesús Carmona, Omar Iván Gutiérrez, Olguín Jair Díaz, Otoniel de Jesús Tejada, Nelson Palacio Cárdenas, Nelson Cuadrado Urrego, Wilson Padilla, Arnulfo Sánchez, José Darío Martínez y Guillermo Mendoza Posso, fueron convertidos en fragmentos depositados en bolsas plásticas dejados en medio del camino de herradura o en la fosa común del corregimiento. 

Mientras todo ocurrió, las mujeres fueron obligadas a cocinar mientras lloraban e incluso mientras rezaban por la vida ya acabada de sus seres queridos, algunos paramilitares incluso violaron a las mujeres en la escena del crimen de sus esposos o hijos. El luto para los habitantes ni siquiera fue posible, tras la quema de 42 de las 60 casas del corregimiento, solo quedaron 8 casa de pie, junto con la escuela y la iglesia; se robaron 1.200 reses y secuestraron 17 campesinos para que arriaran el ganado hurtado, de esa forma ocasionaron el desplazamiento forzado de 702 habitantes de la región. 

Impunidad: Proceso de justicia y paz y victimarios

En términos de justicia y reparación, la masacre de El Aro ha sido uno de los procesos más complejos e impunes en la historia del conflicto armado en Colombia, a pesar de completar más de 20 años de declaraciones, sentencias y dictámenes, esto por la cantidad de actores involucrados entre lo legítimos e ilegítimos, las omisiones por parte del Estado y la Fuerza Pública que dejó en total desprotección a la población y aún más porque la historia del paramilitarismo es un capítulo inconcluso porque nadie sabe qué sucedió con los hombres desmovilizados en el proceso de Justicia y Paz.

El 13 de febrero de 1998, el paramilitar Francisco Villalba, alias “Cristian Barreto”, decide entregarse voluntariamente a las autoridades, para aliviar su conciencia y por no encontrarse de acuerdo con los planes para cometer magnicidios por parte de grupos paramilitares, en connivencia con miembros de la Fuerza Pública y narcotraficantes. El exparamilitar declaró que el entonces, gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez, participó en reuniones con paramilitares, preparando la incursión y además una vez realizada la masacre, se reunió con ellos para felicitar la acción armada, que había sido un éxito, llegando a realizar incluso una celebración por la operación, testimonio que no fue solo aportado por Villalba, sino por otros paramilitares en versiones libres en el marco de la ley de Justicia y Paz. 

Dentro del mismo periodo de tiempo, el defensor de derechos humanos Jesús María Valle hizo graves declaraciones, afirmando que entre el comandante de la IV Brigada el general Alfonso Monsalva Flórez, junto con el comandante de la Policía de Antioquia de aquel entonces, el gobernador Uribe Vélez, Pedro Juan Moreno y Carlos castaño habían consolidado un poder entre el gobierno, el estamento policivo, los banqueros y los terratenientes para hacer control de forma ilegal sobre algunos territorios y cometer violaciones de derechos humanos. Él mismo le había solicitado al entonces gobernador y a Monsalva proteger a la población frente a los asesinatos ocurridos entre 1996 y 1997. Después de sus denuncias y declaraciones el 27 de febrero de 1998 Jesús María Valle fue asesinado por sicarios en Medellín.

Entonces, en 2005 se da paso a la Ley de Justicia y Paz, o Ley 975, promovida por el gobierno de Uribe para facilitar el proceso de desmovilización paramilitar. Durante las versiones libres, Salvatore Mancuso, aseguró que la incursión fue ordenada por Carlos Castaño y coordinada por Carlos Mauricio García alias “Doblecero”; primero afirmó que la incursión se hizo como una operación antisubversiva contra integrantes de la guerrilla, que habían secuestrado personas y hurtado ganado, los sobrevivientes, arremetieron y ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), afirmaron que no asesinaron a guerrilleros sino a gente honesta Y trabajadora, sin ningún vínculo con la guerrilla o los paramilitares. Segundo, Mancuso declaró que efectivamente se celebró después de la masacre, se condecoró a los comandantes que participaron en la operación y tercero, en 2007 afirmó que cuando ocurrió la masacre cuatro helicópteros sobrevolaron la zona, uno de los cuales pertenecía a la gobernación de Antioquia, lo que vincula aún más al expresidente Uribe, desde entonces, varios son los cuestionamientos frente a la responsabilidad del actual senador de la república, pero nada ha pasado.

En 2007, Gustavo Petro realizó un debate en el congreso sobre el paramilitarismo en Antioquia, señalando las fincas La Carolina y Las Guacharacas, propiedad de la familia Uribe Vélez donde se cometieron y planearon crímenes, desde entonces, Álvaro Uribe se ha encontrado cuestionado por el vínculo con el paramilitarismo, primero, por las declaraciones de Francisco Villalba, la muerte de Jesús María Valle, y los cuestionamientos de Petro, luego por las audiencias del paramilitar Diego Fernando Murillo Alias “Don Berna”, quien aseguró que los grupos paramilitares financiaron la campaña presidencial de Uribe, y por los vínculos que también ha tenido su hermano Santiago con la creación del grupo paramilitar “Los 12 apóstoles” y “Los R-15”. Adicionalmente sobre las denominadas “Convivir”, impulsadas desde la gobernación de Uribe, sin que tuviera las facultades para conformar empresas de “seguridad privada”; y por su vinculación por acción y omisión en la masacre de El Aro, ejecutada para supuestamente rescatar a su primo Mario Uribe y para que el Estado ejerciera presencia en el territorio, que en realidad fue entregar su control al paramilitarismo. 

Tras los testimonios aportados y como solución para silenciarlo, el 23 de abril de 2009 fue asesinado Francisco Villalba por sicarios en Medellín frente a su esposa e hija de cuatro años, atentado contra la verdad, que se completaría con la extradición de varios de los jefes paramilitares que atestiguaron frente a los casos incluyendo a Salvatore Mancuso. Los procesos no han terminado allí, pese al homicidio de Villalba se condenó a Mancuso y a Castaño a 40 años de cárcel por la masacre y ya en julio de 2006 la Corte IDH había condenado al Estado colombiano por los hechos ocurridos en El Aro y La Granja, obligándolo a investigar para responsabilizar a los culpables y ordenando reparar e indemnizar a las víctimas. 

Así, desde el año 2014 se ha transitado entre órdenes para compulsar investigaciones contra Álvaro Uribe, incluso durante 2018 las investigaciones ordenadas y las citaciones por parte de la Corte Suprema de Justicia han estado en el centro de discusión del escenario político. Sin embargo, no se ha realizado un procedimiento serio frente a tales pesquisas, puesto que, los procesos son anulados o burlados de alguna forma. 

El problema, además de las claras evidencias y del cinismo frente al procedimiento jurídico, es la personalización que se ha dado sobre la responsabilidad de la masacre, que además de no presentar resultados contundentes, se suma a la intención del actual gobierno, afiliado al partido de Uribe Vélez, de modificar el sistema de justicia para brindar inmunidad vitalicia al expresidente. 

Retorno, memoria y lucha por la vida: 

En 1998, algunos sobrevivientes retornaron a El Aro, pero se encontraron cenizas, escombros y dolor, incertidumbre sobre cómo reconstruir sus vidas, sus hogares. El retorno no ha sido fácil, la población hace muchos esfuerzos para superar las condiciones adversas en las que quedó su territorio, luego de ser uno de los corregimientos más prósperos de la región, ahora se vive en condiciones paupérrimas, las casas alojan huérfanos, viudas y sobrevivientes, aún con goteras, no cuentan con servicios de salud, ni carreteras, electricidad, agua potable o alcantarillado; ni siquiera hay posibilidades de futuro o relevo generacional porque el nivel de escolaridad es muy bajo. 

Los sobrevivientes y familiares de las víctimas no pierden la esperanza, ni la dignidad, aun no renuncian a que se haga justicia y que el país en su conjunto mire su territorio, así como pusieron atención cuando se divulgaron las atrocidades cometidas. Después de 20 años, en 2017, la Fiscalía General de la Nación exhumó los restos de una fosa común en el corregimiento, también sobre el camino de herradura y la vía que está construyendo las Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Las víctimas de El Aro, esperan que el Estado cumpla con el fallo de la Corte IDH, que ordenó indemnizar a los habitantes, dando mejoramiento las viviendas, proporcionando un retorno seguro y pagando a las víctimas 3.500 millones de pesos, pero aún no se ha cumplido, la única reparación fue una cruz fabricada de madera que está en la mitad del pueblo, que aunque se valora para recordar a las víctimas, tuvo un costo de 40 millones, por ello, las víctimas no lo consideran como una reparación, porque pudo ser una inversión para arreglar el centro médico o mejorar la escuela. 

A pesar de que hoy viven con una gran incertidumbre, desconfianza, y temor porque los grupos armados continúan haciendo presencia en el corregimiento; conservan la esperanza, de ser reparados individual y colectivamente, y que por medio de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas encuentren mecanismos para hacer justicia, recibir algo de verdad y hallar a quienes nunca pudieron retornar a su hogar. 

Víctimas de la masacre de El Aro en la Memoria
Víctimas de la masacre de El Aro Sin Olvido

sábado, 3 de agosto de 2019

Freddy Antonio Arias

Agosto 03 de 2015

El 03 de Agosto de 2004 fue asesinado Fredy Antonio Arias, quien a sus 33 años de edad era líder del pueblo Kankuamo, hijo del hijo del Mamo Salomón Rafael, portador de la sabiduría de la Sierra Nevada de Santa Marta, quien también fue asesinado por paramilitares el 4 de Agosto de 2001, Salomón fue torturado de modo que su rostro y cuerpo fue desfigurado.

Fredy Antonio nació en la vereda Chemesquemena, del corregimiento de Antaquez, en Valledupar, se desempeñaba como coordinador de Derechos Humanos de la Organización Indígena Kankuamo, allí se encargaba de denunciar las violaciones a los Derechos Humanos.

En Julio del año 2004 ante la Mesa Nacional de Paz y Derechos Humanos Indígenas y ante Sergio Caramanga, jefe de la misión de la OEA, Fredy Antonio Arias denunció los crímenes de los paramilitares de la AUC ante su pueblo Kankuamo, por lo que fue asesinado.

El 3 de agosto de 2004, Fredy se dirigía a su casa montado en una bicicleta, cuando fue abordado por paramilitares que se movilizaban en una motocicleta marca Suzuki AX 100 de color azul oscuro sin placas, estos paramilitares eran comandados por Rodrigo Tovar Pupo, conocido como “Jorge 40”. Fredy Antonio recibió cuatro disparos en la cabeza causándole la muerte de manera inmediata.

Para los Kankuamos, agosto se convirtió en un mes sumamente trágico ya que fueron asesinados varios indígenas de esa comunidad, como Andrés Francisco Ariza, de 43 años de edad asesinado el 11 de agosto de 2003, Alcides Alejandro Arias, Wilson Robinson Villazón asesinados el 18 de Agosto de 2003, Ever de Jesús Montero Mindiola asesinado el 29 de Agosto de 2003, según los indígenas Kankuamos durante el primer semestre del 2003 fueron asesinados 44 indígenas Kankuamos, por lo que el 24 de Septiembre de 2003 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decretó medidas cautelares para la protección de la vida e integridad de las autoridades y líderes de este pueblo, aun así, dicha medida no funcionó y los indígenas le pidieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que se decretaran medidas provisionales, impartiendo órdenes perentorias al Gobierno Nacional en cabeza del ex presidente Álvaro Uribe con el objeto de salvaguardar la vida de los indígenas Kankuamo.

Las diferentes organizaciones que defienden los derechos humanos y a las comunidades indígenas culpan al gobierno colombiano de la época, al señor Álvaro Uribe Vélez y a las entidades del gobierno encargadas de velar por la integridad de los Pueblos Indígenas por no cumplir las órdenes de protección impartidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El caso de Fredy Antonio Arias se encuentra registrado al radicado No 117459, asignado a la Fiscalía 3 seccional Montería y se encuentra en fase de indagación preliminar. Luego de nueve años, el paramilitar desmovilizado Jairo Luis Bermúdez Rodríguez alias "Faricito" indicó a la Fiscalía que Jaison Enrique López Quintana alias "Jasa Jasa" fue el autor material del asesinato. 

Posteriormente, "Jasa Jasa" reconoció que cometió el crimen junto a alias "El Mono". Este fue condenado a 21 años y cuatro meses de prisión. 

Luego de años de estos crímenes, contra el pueblo indígena Kankuamo y contra sus líderes y defensores de derechos humanos, no ha habido respuesta eficaz por parte de la justicia y el gobierno sigue sin garantizar la no repetición de estos hechos violatorios de los derechos humanos en el país.

Freddy Antonio Arias en la Memoria.
Freddy Antonio Arias Sin Olvido.

martes, 11 de junio de 2019

Masacre de La Granja


 11 de junio de 1996

La Granja es un corregimiento ubicado en el municipio de Ituango, al norte del departamento de Antioquia. En junio de 1996, un martes 11, incursionaron aproximadamente 30 paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) obligando a que la población cerrara los establecimientos y que salieran todos de sus casas.

Cuando reunieron a toda la población torturaron en frente de todos los pobladores, a cinco campesinos, algunos de ellos líderes sindicales, acusados de ser auxiliadores de la guerrilla de las FARC. Los familiares de William de Jesús Villa García, Graciela Arboleda, Jairo de Jesús Sepúlveda y Héctor Hernán Correa García vieron sufrir y morir a sus familiares en manos del grupo paramilitar al mando de Carlos Mauricio García alias “Doble Cero”, asesinado en 2004 y por ordenes de los hermanos Castaño y Salvatore Mancuso, quienes serían también los presuntos autores intelectuales del crimen. 

Junto a la Masacre de El Aro y San Roque la población abandonó su tierra, más de 700 personas fueron desplazadas forzosamente y perdieron sus cosechas de pancoger, sus viviendas y los espacios comunitarios se deterioraron, el puesto de salud, la institución educativa, el tejido social fue afectado, se dio una desintegración familiar e incluso perdida de sus costumbres. Los hechos ocasionaron graves daños individuales y colectivos.

Esta masacre fue promovida por un grupo de comerciantes y ganaderos que tenían de referente esta zona como un territorio controlado por las FARC, los patrocinadores era supuestas víctimas del grupo guerrillero y por ello promovieron la masacre, ofrecieron 300 millones de pesos a los paramilitares para asesinar a los campesinos, además se contó con la complicidad del Ejército, siendo señalado el general Monsalva.

Luego, el 27 de agosto de 2001, la población volvió a escuchar un rumor que decía “Ya vienen los paras." Los pobladores comenzaron a huir, algunos se encerraron y a las 6 de la tarde comenzó un enfrentamiento entre las Autodefensas y las FARC, por segunda vez, se dio otra masacre dejando a seis personas muertas y nuevamente la comunidad fue desplazada.

La Fiscalía general de la Nación determinó que las víctimas eran solo campesinos y que estos nada tenían que ver con los grupos subversivos.

Años más tarde durante la desmovilización de los paramilitares con la Ley de Justicia y Paz,  Salvatore Mancuso y Franciso Villalba vincularon a Álvaro Uribe de ser uno de los autores intelectuales de la masacre, junto a los hechos ocurridos en El Aro, quien para aquel entonces era gobernador de Antioquia e indicaron que este tenía conocimiento de las incursiones armadas, Mancuso confesó que las campañas presidenciales de Álvaro Uribe en 2007 fueron financiadas por paramilitares en ciertas regiones del país y además se afirmó que se buscaba mantener el control de estos corregimientos por ser parte de un corredor estratégico para la circulación de narcóticos.

En 2015, la magistrada María Consuelo Rincón reiteró investigar a Uribe por acción u omisión en esta masacre y el Tirbunal Superior de Medellín también ordenó que se le investigara por el asesinato del abogado y defensor de derechos humanos Jesús María Valle, quien habría advertido de la llegada de los paramilitares a El Aro, La Granja y San Roque, en Ituango.

En las acciones armadas se vinculó al comandante de la IV Brigada, el general Carlos Alberto Ospina,  el comandante de la Policía de Antioquia, Carlos Emilio Gañán, al exgobernador y a Pedro Juan Moreno exsecretario de la gobernación de Antioquia. En 2011, un fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos profirió resolución de acusación en contra del Mayor de la Policía, José Vicente Castro, quien era comandante de una subestación de policía, la cual figura como cómplice de lo ocurrido.  

El 1 de julio del 2006 a través de la sentencia “Las Masacres de Ituango VS. Colombia” de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se condenó al Estado por la masacre y ordenó pagar una indemnización de 3.400 millones de pesos a los familiares de las víctimas.  En 2018, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia declaro el homicidio de Jesús María Valle, la masacre de la Granja, El Aro y San Roque como Crímenes De Lesa Humanidad.

Pese a las acusaciones, testigos, testimonios, sentencias y demás pruebas, la impunidad persiste y el silenciamiento de la verdad ha sido uno de los limitantes principales para la reparación de las víctimas y para una verdadera paz. Hoy los jóvenes del corregimiento luchan por mantener viva la memoria de quienes fueron torturados y asesinados para que la historia nunca más se repita.

Víctimas de Masacre de La Granja en la Memoria. 
Víctimas de Masacre de La Granja Sin Olvido. 

Imagen: Luis Benavides. El Espectador. 

miércoles, 10 de abril de 2019

Eudaldo León Díaz Salgado

10 de abril 2003

Eudaldo León Díaz Salgado, más conocido como “Tito” Díaz, fue asesinado a causa de unas  denuncias que hizo sobre irregularidades que se venían cometiendo a nivel departamental por parte de los funcionarios públicos como Salvador Arana Sus (ex gobernador de Sucre durante el periodo 2001 -2004) Álvaro García Romero (ex senador de la república) y Eric Morris Toboada (ex gobernador de sucre, durante el periodo 1997-2001), a quienes responsabilizó de corrupción, malos manejos públicos y conformación de grupos paramilitares, también denuncio amenazas contra su vida en el Consejo de Seguridad el 22 de noviembre de 2002, donde se encontraba el ahora expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Eudaldo León fue posesionado el 1 de Enero de 2002, frente a la multitud de su pueblo natal, en el Municipio el Roble- Sucre; pero no se hicieron esperar las calumnias y amenazas en contra de su vida, el 18 de noviembre del 2002, Eudaldo León fue suspendido del cargo de alcalde de El Roble, “por supuestos malos manejos de recursos públicos”. La suspensión la realizó el Procurador Provincial de Sucre, Jaime Gil Ortega.

A finales de marzo del 2003 después de haber denunciado que lo iban a asesinar le fueron retirados un escolta oficial de la Policía, dejándolo solo con su escolta particular que el mismo pagaba; el cual no utilizaba armas.

Tiempo después el 5 de abril de 2003, hacia el mediodía Eudaldo León fue raptado por paramilitares al mando de Rodrigo Antonio Mercado Peluffo, conocido como “Cadena”, Tito arribó al sitio conocido como “El Mirador” ubicado sobre la vía que comunica a los municipios de Sincelejo y Tolú, luego de asistir a una reunión con varios políticos y funcionarios públicos del departamento de Sucre con el fin de agilizar su reintegración como Alcalde del municipio El Roble. 

Tito había decidido ir porque el Coronel Norman León Arango iba a estar presente como le comunicó vía telefónica.

El 10 de abril de 2003, es encontrado su cuerpo sin vida, en la vía conocida como “La Boca del Zorro”, que comunica Sincelejo a Sampués, a un Kilómetro de la finca de Said Isaac, (cuñado de Salvador Arana Sus); El cuerpo presentaba nueve impactos de bala, cuatro de ellos en la cabeza, además, señales de tortura, hematomas de golpes recibidos en varias partes del cuerpo, lesiones en los pulpejos de los dedos y manchas de tinta en los mismos.

En 2005, dos años después, de su muerte fue archivado el proceso por el cual había sido destituido, y se comprobó con recibos y demás soportes que los recursos utilizados bajo su cargo fueron netamente utilizados en beneficio de la comunidad, en obras de inversión social.

En el momento de hacer el levantamiento del cadáver, se encontró una carta dentro de sus zapatos, fechada el 08 de abril 2003 (tiempo en el cual se encontraba en cautiverio), dando pistas claras sobre las personas que lo asesinaron. En 2004 la Fiscalía luego de hacer el estudio pertinente comprobó que la letra es completamente autentica, había sido escrita por el. 

En el 2009 la sala penal de la Corte Suprema de Justicia condenó a 40 años de prisión al ex Gobernador de Sucre Salvador Arana Sus, por la muerte de Eudaldo, y por sus vínculos con grupos paramilitares.

Después de la captura de los autores materiales e intelectuales del crimen de, se inició un proceso jurídico durante el cual se asesinaron a 12 personas, además se amenazaron fiscales, abogados y testigos a favor de  el. 
La familia de Eudaldo León Díaz Salgado ha luchado intensamente para que se haga justicia y para que los criminales que acabaron con su vida respondan ante la justicia, no sólo por este crimen si no contra el de miles de personas que fueron asesinadas, desaparecidas y desplazadas en el departamento de Sucre.

Los familiares de Eudaldo Díaz, su esposa, hijos, hermanos han sido perseguidos y amenazados, por buscar la verdad y por seguir en búsqueda de la justicia.

Eudaldo León Díaz Salgado en la memoria
Eudaldo León Díaz Salgado Sin Olvido