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sábado, 3 de agosto de 2019

Freddy Antonio Arias

Agosto 03 de 2015

El 03 de Agosto de 2004 fue asesinado Fredy Antonio Arias, quien a sus 33 años de edad era líder del pueblo Kankuamo, hijo del hijo del Mamo Salomón Rafael, portador de la sabiduría de la Sierra Nevada de Santa Marta, quien también fue asesinado por paramilitares el 4 de Agosto de 2001, Salomón fue torturado de modo que su rostro y cuerpo fue desfigurado.

Fredy Antonio nació en la vereda Chemesquemena, del corregimiento de Antaquez, en Valledupar, se desempeñaba como coordinador de Derechos Humanos de la Organización Indígena Kankuamo, allí se encargaba de denunciar las violaciones a los Derechos Humanos.

En Julio del año 2004 ante la Mesa Nacional de Paz y Derechos Humanos Indígenas y ante Sergio Caramanga, jefe de la misión de la OEA, Fredy Antonio Arias denunció los crímenes de los paramilitares de la AUC ante su pueblo Kankuamo, por lo que fue asesinado.

El 3 de agosto de 2004, Fredy se dirigía a su casa montado en una bicicleta, cuando fue abordado por paramilitares que se movilizaban en una motocicleta marca Suzuki AX 100 de color azul oscuro sin placas, estos paramilitares eran comandados por Rodrigo Tovar Pupo, conocido como “Jorge 40”. Fredy Antonio recibió cuatro disparos en la cabeza causándole la muerte de manera inmediata.

Para los Kankuamos, agosto se convirtió en un mes sumamente trágico ya que fueron asesinados varios indígenas de esa comunidad, como Andrés Francisco Ariza, de 43 años de edad asesinado el 11 de agosto de 2003, Alcides Alejandro Arias, Wilson Robinson Villazón asesinados el 18 de Agosto de 2003, Ever de Jesús Montero Mindiola asesinado el 29 de Agosto de 2003, según los indígenas Kankuamos durante el primer semestre del 2003 fueron asesinados 44 indígenas Kankuamos, por lo que el 24 de Septiembre de 2003 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decretó medidas cautelares para la protección de la vida e integridad de las autoridades y líderes de este pueblo, aun así, dicha medida no funcionó y los indígenas le pidieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que se decretaran medidas provisionales, impartiendo órdenes perentorias al Gobierno Nacional en cabeza del ex presidente Álvaro Uribe con el objeto de salvaguardar la vida de los indígenas Kankuamo.

Las diferentes organizaciones que defienden los derechos humanos y a las comunidades indígenas culpan al gobierno colombiano de la época, al señor Álvaro Uribe Vélez y a las entidades del gobierno encargadas de velar por la integridad de los Pueblos Indígenas por no cumplir las órdenes de protección impartidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El caso de Fredy Antonio Arias se encuentra registrado al radicado No 117459, asignado a la Fiscalía 3 seccional Montería y se encuentra en fase de indagación preliminar. Luego de nueve años, el paramilitar desmovilizado Jairo Luis Bermúdez Rodríguez alias "Faricito" indicó a la Fiscalía que Jaison Enrique López Quintana alias "Jasa Jasa" fue el autor material del asesinato. 

Posteriormente, "Jasa Jasa" reconoció que cometió el crimen junto a alias "El Mono". Este fue condenado a 21 años y cuatro meses de prisión. 

Luego de años de estos crímenes, contra el pueblo indígena Kankuamo y contra sus líderes y defensores de derechos humanos, no ha habido respuesta eficaz por parte de la justicia y el gobierno sigue sin garantizar la no repetición de estos hechos violatorios de los derechos humanos en el país.

Freddy Antonio Arias en la Memoria.
Freddy Antonio Arias Sin Olvido.

jueves, 18 de abril de 2019

Eduardo Umaña Mendoz


18 de abril de 1998

Los noventas huelen a humo de silenciador. Silenciador de bala, de calle, de pasamontañas, de orejas, sentidos, ojos, de niños y ancianos. Los dos mil, saben a lágrima salada, cansado desplazado, dormida conciencia.

Eduardo Umaña Mendoza, amigo del alma, amigo de sueños, amigo de travesuras. Eduardo hijo del maestro Eduardo Umaña Luna, abogado penalista y de una bella mujer, Chely, su incansable cómplice.

Su incansable búsqueda de la verdad lo llevó a defender importantes casos en pro de los derechos humanos. Había seguido el caso de los desaparecidos del Palacio de Justicia, defendió a sindicalistas y a numerosas víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Después de las múltiples amenazas que recibió en su vida, José Eduardo Umaña, fue asesinado, sus victimarios desarrollaron una acción encubierta dirigida desde una Brigada militar, luego de que dos hombres y una mujer al haberse hecho pasar por periodistas entraron a su oficina y trataron de secuestrarlo. Eduardo se negó a ser llevado a la fuerza. Siempre lo había dicho si vienen por mí y me pretenden desaparecer yo no me dejo llevar. Por eso, le dispararon.

Un sábado 18 de abril, antes del medio día, en su apartamento, lugar habitado por la búsqueda insaciable de la justicia, espacio pequeño que albergó grandes ideales, en que se dispersaron humaredas de cigarrillo para apaciguar la ansiedad, en que se esparció el aroma del café por todo rincón, en ese nicho de acogida, en donde el llanto de los excluidos encontraba reposo, los perseguidos judicialmente encontraban esperanzas, y las víctimas de Crímenes de Estado una mano amiga, en ese recinto fue asesinado José Eduardo Umaña.

Su opción por la vida, justicia real como democracia plena, derechos de los pueblos como concreción de los derechos humanos, lo llevó a asumir la posibilidad de saberse cierto de la tortura, la desaparición forzosa o de su asesinato del Estado, por eso prefirió morir enfrentando a sus victimarios, se enfrentó a aquellos que fueron a cumplir la misión que otros, diseñaron y definieron, esos otros que hoy siguen disfrutando de  pensiones militares, usufructuando el poder político y económico en Colombia.

La primera orientación de la investigación permitió evidenciar el papel desempeñado por los miembros de las fuerzas armadas y del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, de la Fiscalía la que se fue diluyendo en medio de un montaje procesal con un falso "testimonio espontáneo" de un detenido de la prisión de Guaduas que dijo conocer los asesinos de José Eduardo Umaña Mendoza.



Años después, Salvatore Mancuso confesó ante la Fiscalía que el asesinato de Umaña Mendoza se dió bajo la orden de las AUC, después de que se reunieran sus jefes, entre los que se encontraba Carlos Castaño, en una finca de nombre “La Marranera”. Su versión inicial y la forma como fue divulgada la noticia por las fuente oficiales ocultaron los nombres de los responsables en altos mando militares de su asesinato. En  2011, el caso fue llevado por la esposa Patricia y su hijo Camilo iniciaron una demanda al Estado colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Dos días después de su asesinato, el 20 de abril cuando fue inhumado se experimentó como ese día gris, un gran llanto y un gran dolor, entre ellas se reflejó su gran compromiso con la gente, con la victimas, su ingenio para reivindicar los derechos humanos, su audacia para afirmar los derechos de los pueblos, su valentía para enunciar fuertemente lo que muchos temían decir, para construir una y otra vez un país donde fuera posible vivir.

Camilo Umaña Hernández, expresión del hijo, pero también de esa sensibilidad de la madre, la compañera, Patricia, la lealtad suprema, la incondicional: “Estos  años de injusticia e indignación no podrían ser subtitulados de muerte porque la vida de mi padre ha brotado en muchas partes, formas y personas. Estos son años de una profunda trascendencia que se siente en el colegio Eduardo Umaña Mendoza, en grupos de debate, universidades, activistas, defensores de derechos humanos y sindicatos. En estos años bien vale hacer una acción de gracias. Con los pies firmes, agradecer a Eduardo Umaña Mendoza por no doblegarse, por insistir, por su ternura y solidaridad con los desaparecidos, con los muertos y torturados, con los puestos injustamente en prisión y con los que buscan otro futuro para su país. muchos años de “más vale morir por algo que vivir por nada”.


Esa es nuestra certeza, esa es nuestra experiencia, ese es nuestro sentir, en la memoria continuamos elaborando el duelo de aquel que nos inspiró, quien nos inspira a construir y a enfrentar, como el Quijote. A luchar y a imaginar un país alegre, bello, justo y en paz.

Recae en cada ser humano, entonces, la responsabilidad, no sólo de conmemorar su muerte sino de procurar siempre la verdad, la defensa de los Derechos Humanos, la justicia y la paz. Procurar que la memoria sea un paso más en la construcción de una nueva sociedad, que sus palabras sigan inspirando a muchos y muchas

José Eduardo Umaña Mendoza, en la Memoria.
José Eduardo Umaña Mendoza, Sin Olvido.