jueves, 13 de septiembre de 2012

Alfonso López Peralta

13 septiembre 2003 - 13 septiembre 2012
Él es otra de las víctimas del exterminio, de las que se cuentan más de 4000 miembros de la Unión Patriótica que fueron asesinados en el plan Baile Rojo, la segunda fase de extinción de esta agrupación política. 

La muerte de Alfonso a pocos metros de su casa, la expresión del poder del terror, de penetrar la cotidianidad, de llegar a la intimidad y la decisión de dejar huellas para paralizar. 

Alfonso habitante rural de la región del Sumapaz, localidad a no más de una hora de Bogotá, decidió asumir desde joven el camino de la búsqueda de la justicia social, enfrentando con sus palabras llenas de pasión política,  la violencia, la corrupción y la impunidad. Expresó su oposición política distinguiéndose como miembro de la UP y del Partido Comunista.

Ese 13 de septiembre hace nueve años, a la 1:00 a.m. Alfonso se encontraba cerca de su casa, en el caserío San Francisco, corregimiento de Cumacá, hasta allí llegó un grupo de paramilitares que se le acercaron, le dispararon y lo asesinaron. Sabía que su vida estaba en peligro, pero nunca quiso dejar a su familia, su tierra, su gente, ni sus responsabilidades como líder campesino y su apuesta de oposición democrática y no violenta.

Su hijo, Fernando, en su libro titulado: ‘’Me van a matar… - Testimonios de la vida de Alfonso López Peralta’’, recuerda con orgullo la tenacidad, la persistencia de su padre, en una pregunta de actualidad: ‘’ ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo en Colombia los campesinos empobrecidos, seguirán matándose entre ellos mismos atrapados en las lógicas de la guerra total para brindar seguridad y prosperidad demagógicas, una guerra a servicio de unos pocos que necesitan sus tierras, sus brazos para trabajar, sus sueños y esperanzas para consumir, ilusionándoles que hay un enemigo que hay que combatir, siempre?.’’.

Nueve años después en medio de un proceso de paz en ciernes, sus palabras son proféticas, son de fondo, son algunas de las que se deben resolver. 

Esas preguntas pasan en su memoria en este tiempo en que lo rural se encuentra en la escena de los intereses del capital privado para esquilmarlo, agotarlo. El texto de su hijo Fernando es la memoria colectiva que sigue exigiendo justicia por este asesinato, otro más,  que más allá de lo que digan los formalistas, es no solo un crimen de Estado, si no parte del genocidio político.

Sin Olvido 

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