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sábado, 10 de agosto de 2019

Carlos Francisco Toledo


10 de agosto de 1984 

Carlos Francisco Toledo Plata nació el 13 de diciembre de 1932 en Zapatoca, Santander, hijo de Ángel Miguel Toledo y Virginia Plata. Estudió medicina en la Universidad Nacional de Colombia. En 1952 se especializó en traumatología en Buenos Aires, mientras estuvo en Argentina se unió al grupo peronista “Montoneros”. Fue profesor en el Departamento de Ciencias Clínicas de la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander, UIS.

Se desempeñó en su carrera política como representante al concejo de Bucaramanga y en diversos municipios en el departamento de Santander. Militante del Movimiento Alianza Nacional Popular, ANAPO.

En 1970, fundó la Clínica Santander y el Centro Médico Popular, tres años más tarde abrió el Centro de Rehabilitación Infantil San Juan Bautista para niños discapacitados y el Centro Médico Popular de Piedecuesta. Además, ayudó a construir 262 viviendas para las personas más pobres en Bucaramanga, entregadas un año después de su asesinato.

Posteriormente, fue cofundador del Movimiento 19 de abril, M-19, y en 1979 fue reconocido como uno de los dirigentes del grupo guerrillero, cuando se realizó la “Operación Ballena Azul”, que consistió en el robo de armas del Cantón Norte. En 1981, el grupo intentó expandirse por el Río Mira, teniendo que enfrentarse con el Ejército, lo que lo obligó a huir hacia Ecuador.

En este país intentó obtener asilo político, pero fue detenido y entregado al Ejército de Colombia junto con Rosemberg Pabón, luego,fue llevado a la cárcel de La Picota y a finales de 1982 salió libre por la Ley de Amnistía del gobierno de Belisario Betancur y se integró a la vida civil.

Más tarde, el 10 de agosto de 1984 en horas de la mañana fue asesinado por 11 disparos que le propinaron dos sicarios motorizados que lo esperaban afuera de su casa, en el barrio Provenza, en Bucaramanga, cuando iba a trabajar al Hospital San Juan de Dios, donde, se estaba desempeñando como jefe de traumatología. Los asesinos eran paramilitares del grupo Muerte a Secuestradores, MAS, vaciaron un revólver calibre 38 contra Toledo en frente de su esposa Ligia de Toledo. El M-19 ante el asesinato y como retaliación quemó la Alcaldía en Yumbo.

El gobierno se manifestó indicando que los acuerdos de paz continuarán y pese a que se sabía quiénes habían sido los autores, las Fuerzas Militares indicaron que habían sido grupos de izquierda. Días más tarde en Bucaramanga se llevó a cabo una manifestación por la muerte de Carlos Toledo, siendo detenidos varios dirigentes sindicalistas, su muerte fue usada por el gobierno para indicar que los grupos guerrilleros y movimientos de izquierda estaban en contra del acuerdo de paz en ese momento.

Su muerte hoy en día es impune, y a pesar de haber fundado un movimiento guerrillero, Toledo nunca disparó un arma, pero afirmaba que era la lucha armada la única vía por la cual hacer frente al régimen, su memoria es evidencia de muchos hombres y mujeres que han tenido esperanza por un país diferente al cambiar las armas para buscar un camino de paz, de no violencia, un camino en medio del cual han sido asesinados.

Carlos Francisco Toledo en la Memoria.
Carlos Francisco Toledo Sin Olvido. 

viernes, 7 de junio de 2019

Gonzalo Bravo Pérez

8 y 9 de junio 1929 y 1954

Desde el 7 de junio de 1929 estudiantes se tomaron las calles para manifestar por la Masacre de las Bananeras y el 8 de de junio de 1929 quedaron marcadas en la historia las huellas de sangre de Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de derecho de la Universidad Nacional quien fue asesinado durante una movilización estudiantil, que él lideraba, para protestar por el gobierno de ese entonces en cabeza de Miguel Abadía Méndez. 

Gonzalo, junto a un grupo de estudiantes, ese 8 de junio de 1929, marchaban en protesta por la crisis que se estaba viviendo en el país a raíz de la violencia que estremeció a un centenar de campesinos y trabajadores y que se manifestó en diferentes hechos atroces contra la población civil, uno de los más recordados fue la masacre de las bananeras. 

Los estudiantes apostaron sin miedo a exigir justicia y reparación por los daños causados a sectores sociales campesinos, obreros y estudiantiles ocasionados por las políticas de opresión.  

Su recorrido terminó en la casa de Nariño, en ese entonces, conocido como Palacio de la Carrera, cuando la Policía intentó disolver la concentración con disparos a los manifestantes, esparciendo en el ambiente el miedo, pretendiendo silenciar las exigencias: el fin de la “rosca”, término usado por los estudiantes, para definir al régimen que estaba incautando la justicia.  

Gonzalo Bravo Pérez, estudiante comprometido con su carrera, fue la víctima fatal de las balas de la Policía. 

Gonzalo, pertenecía a una familia de tradición en la vida política del país, él comprometía su futuro con miras a ser el símbolo de la unión a nivel nacional en contra de la dictadura. Su sepelio movilizó a miles de ciudadanos. 

En menos de un año del asesinato de Gonzalo, el gobierno de Miguel Abadía Méndez se vino abajo debido a las graves situaciones de orden público que a raíz de las actividades de opresión y persecución a los sindicalistas y una aguda crisis económica, obligaron a Abadía a dejar su cargo como mandatario en 1930.  

Desde el asesinato de Gonzalo en 1929, el 8 de junio, los estudiantes universitarios acostumbran conmemorar este día, en sus inicios preparaban dos momentos de conmemoración, la primera parte consistía en movilizarse al cementerio central de la calle 26 al sepulcro de Gonzalo Bravo Pérez y posteriormente, regresar a la universidad a realizar actividades deportivas. 

Veinticinco años después, un 8 de junio pero esta vez de 1954, durante la conmemoración acostumbrada, después de la visita a la tumba de Gonzalo y al regreso de la movilización a las instalaciones de la Universidad Nacional, por la calle 26, la paz del evento fue quebrada por la presencia de un grupo de la policía nacional quienes ordenaban el despeje y la disolución de los estudiantes que se encontraban en el acto conmemorativo. 

Ante la presión de la policía los estudiantes se opusieron rotundamente a su presencia y decidieron resistir liderados por un estudiante de medicina y filosofía, de nombre Uriel Gutiérrez. 

Uriel, con un alambre de púas bloqueó el paso de la Policía en la entrada de la universidad que colinda por la calle 26, pero una ráfaga de disparos de la policía cegaron su vida, su muerte fue a causa del impacto de una bala en su cerebro. 

De inmediato los estudiantes organizaron una protesta masificada, que saldría el 9 de junio, hacia el palacio presidencial, En ese entonces bajo el mando del General Rojas Pinilla, quien llevaba un año en la presidencia. 

Eran 10.000 estudiantes de diferentes universidades, la Nacional, la Javeriana, el Externado, los Andes, la Libre, el Rosario, la Gran Colombia y algunos estudiantes de bachillerato, quienes se movilizaron, pero nuevamente los agentes del Estado les impidieron el paso en la calle 13 con octava y séptima, sin embargo, la marcha estudiantil optó por sentarse en los andenes de la calle, coreando consignas de justicia y condena a los asesinos de Uriel Gutiérrez.

Ese mismo día, 9 de junio de 1954 siendo las 11 de la mañana, tropas del Ejército Nacional de Colombia, irrumpieron la concentración estudiantil con una ensordecedora ráfaga de balas de fusil disparando en contra de los estudiantes, esta vez dejando nueve muertos y 25 heridos. 

Nueve estudiantes, nueve seres humanos, nueve jóvenes que reclamaban justicia por la vida de Uriel, cayeron sin vida ese 9 de junio en el centro de Bogotá, sus nombres y sus cuerpos eternizaron el recuerdo amargo de ese día.

Ellos, símbolo que se mantiene en la memoria del movimiento estudiantil, quedaron inmortalizados a través de sus nombres: Álvaro Gutiérrez Góngora, Hernando Ospina López, Jaime Pacheco Mora (quien fue perseguido y asesinado a dos cuadras al norte de la Av, Jiménez), Hugo León Velázquez, Hernando Morales, Elmo Gómez lucich (de nacionalidad peruana, activista de la juventud comunista), Jaime Moore Ramírez, Rafael Chávez Matallana y Carlos Grisales. 

El General Rojas Pinilla, en ese entonces presidente de Colombia, a través del ministro de Gobierno, Lucio Pabón y el general Duarte Bum, comandante del ejército, acusaron por el asesinato de los estudiantes a los conservadores que no habían apoyado el llamado Golpe de Opinión contra Laureano Gómez que se dio el 13 de junio de 1954.

Los ministros bajo el mandato del General Rojas Pinilla, afirmaron que vieron disparos desde uno de los edificios cercanos al sitio de la manifestación y que dichos disparos dieron en el cuerpo del sargento que comandaba la tropa. El ministro de Justicia, Gabriel Paris afirmó: “Los soldados cayeron primero, yo lo vi” quien seguía los hechos desde una ventana de su oficina. 

Sin embargo meses después en una de las investigaciones oficiales se demostró que los autores materiales del crimen no eran los que habían sido acusados por el gobierno del General Rojas Pinilla y tampoco iniciaron más investigaciones para apresar a los responsables de los asesinatos, por lo que tampoco hubo una condena. 

Estos crímenes han quedado en la impunidad, el recuerdo de los estudiantes que exigieron sus derechos se mantiene en la actualidad en cada aula universitaria, en cada grupo estudiantil, en cada expresión de rebeldía y libertad, aún sin que la justicia haya llegado.

Estos hechos violentos han atravesando la historia de Colombia y desde ese 8 de junio de 1929, se repiten una y otra vez, en cada primero de mayo, en cada marcha reivindicativa, en cada expresión social que cuestione, que se vea y se sienta diferente a lo establecido, cada expresión de repudio y exigencia de justicia, cada asomo de inconformidad intentará ser oprimido, por las fuerzas estatales, callado por el terror, invisibilizado y deslegitimado por los medios masivos de información. 

Esta es la realidad de las luchas y de las reivindicaciones sociales. Pero que ante la opresión hoy se construye memoria, la memoria de los que han sido desaparecidos y asesinados, son el legado para las nuevas generaciones que hoy con más fuerza abanderan las mismas luchas, la memoria, un impulso para seguir caminando por la justicia, por la verdad, por la igualdad. La historia también muestra que no podrán parar los sueños de millones de estudiantes, campesinos, trabajadores, mujeres y hombres que apuestan la vida por un país mejor. La historia muestra que somos más. 

En memoria de Gonzalo, Uriel y todos los jóvenes asesinados, el 8 y 9 de junio de 1929 y 1954 inmortalizados hoy día del Estudiante caído en Colombia.

Gonzalo Bravo Pérez en la Memoria.   
Gonzalo Bravo Peréz Sin Olvido.