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jueves, 28 de noviembre de 2019

Rubén Castaño Jurado


28 de noviembre de 1985

Rubén Castaño Jurado, conocido como “El Hombre de las Multitudes”, por su liderazgo y compromiso político, despertaba las masas, con sus discursos y acciones que enardecían y motivaban a quienes lo seguían, frente a las injusticias y la falta de oportunidades para aquellos que veían vulnerados sus derechos, especialmente a los trabajadores.

Desde muy joven fue un hombre crítico, comprometido con la defensa de los derechos laborales en Caldas, lugar donde inició su militancia en la política, primero en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad departamental, donde fue despedido por haber participado en una huelga. 

Desde entonces, se convirtió en un vocero por los derechos humanos, divulgando las ideas del socialismo y adoptando la dirigencia de la Federación de Trabajadores de Caldas (FTC) y más tarde la dirigencia del Partido Comunista Colombiano (PCC) en el mismo departamento.

Durante su camino estuvo acompañado por Amilbia, quien fue la mujer que desde los 14 años estuvo a su lado. Tuvieron cinco hijos, Gonzalo, Walter, Ricardo, Mario y Rubén, conformando una familia de tradición comunista, militantes de la Unión Patriótica (UP). Cada paso que daba era contundente, pero con cada uno llegaban los allanamientos y hostigamientos de los cuales, él y sus camaradas eran víctimas en la sede del PCC y el FTC en la Casa del pueblo.


Un jueves 28 de noviembre de 1985, cuando se encontraba en la ciudad de Manizales, luego de tomar tinto en una cafetería cercana a la sede de la FTC con su hijo Walter, se dirigió a acompañar a su amada Amilbia al transporte para su trabajo, cuando se devolvió, recibió cuatro impactos de bala por la espalda y su vida fue cegada, pero su lucha no fue obstruida. 

La muerte de este hombre es uno de los tantos crímenes sistemáticos del Estado y del exterminio hacia los militantes de la UP, a los opositores del modelo político y económico, el crimen además es aún impune, pero la humanidad de Rubén es símbolo de la lucha ante el olvido y vive en la memoria de quienes todavía resisten. 

Ruben Castaño Jurado, en la Memoria
Ruben Castaño Jurado,  Sin Olvido.

viernes, 30 de agosto de 2019

Leonardo Posada Pedraza




Agosto 30 de 1986


Leonardo Posada Pedraza, nació en Bogotá el 19 de octubre de 1947. Creció en el seno de una familia de ideales comunistas, razón por la cual durante más de 15 años fueron víctimas de hostigamientos y allanamientos injustificados por parte de la fuerza pública en su casa ubicada en el barrio Quiroga en el sur de Bogotá. 

Leonardo siguió los pasos en el liderazgo político de su padre, Julio César Posada, que fue perseguido y torturado durante el gobierno de Rojas Pinilla, en un momento histórico de resistencia campesina, estudiantil y obrera. A los 20 años Posada Pedraza, llegó a la dirección Nacional de la Juventud Comunista Colombiana JUCO, fue nombrado primer Presidente de la Federación Universitaria de Colombia, cargo desde el que encabezó diversas protestas estudiantiles en el tiempo que cursaba la carrera de ciencias de la educación  en la UN, de la que se graduó pero nunca llegó a ejercer.

Durante la década de los 70 y 80, vivió en Barrancabermeja, allí se convirtió en concejal y líder social. Luego pasó a ser el dirigente de la Coordinadora Popular de Barrancabermeja. En 1984 se en el marco de los diálogos entre el gobierno de Belisario Betancur y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se pactó el “Acuerdo de Cese al Fuego y Tregua”, en donde, se dio como garantía para la oposición la creación del partido Unión Patriótica (UP) que tenía representantes comunistas que entendían la causa guerrillera, de esta forma, Leonardo integró la bancada parlamentaria de la UP, siendo representante a la cámara por Santander, función que asumió solo 40 días hasta su muerte. 

Por la defensa de intereses populares, por las denuncias que realizó sobre la cooperación entre las fuerzas armadas y paramilitares fue amenazado por el grupo Muerte A Secuestradores (MAS) y su posesión política representó una sentencia de muerte. El 30 de agosto de 1986 a las 7 de la noche Leonardo Posada Pedraza fue baleado en Barrancabermeja por sicarios motorizados, convirtiéndose en el primer congresista de la UP asesinado en Colombia, fue la primera víctima del plan denominado “Baile Rojo”, un plan del paramilitarismo de Estado. Tan solo 48 horas después del homicidio del docente,fue asesinado  en Villavicencio Pedro Nel Jiménez, senador por el mismo partido. 

Hasta 2014 la Fiscalía General de la Nación declaró los crímenes cometidos contra la UP como crímenes de lesa humanidad al concluir la sistematicidad delictiva cometida por políticos, agentes de Estado, narcotraficantes y paramilitares que no permitieron el ascenso de los movimientos de izquierda. 

El asesinato a Posada fue el inicio de un capítulo de violencia en Colombia, que se ha encargado de enceguecer, de manipular y de ocultar la verdad, donde, incluso actualmente se infunde la idea de que el comunismo y la participación política de oposición es peligrosa, pero la realidad verdaderamente peligrosa es la actual persecución aún a defensores de sectores populares y la indiferencia de justicia y la impunidad, sobre el caso de Leonardo y miles de víctimas del país. 

Cada 30 de agosto amigos, familiares y organizaciones se reúnen a conmemorar a este líder social, para que la historia no se vuelva a repetir, en su memoria en el 2004 el mejor amigo y ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón otorgo la Orden Civil al Mérito “Ciudad de Bogotá, en el Grado de Cruz de Caballero y se fundó en la localidad de Bosa el colegio distrital Leonardo Posada Pedraza. 

Leonardo Posada Pedraza en la memoria
Leonardo Posada Pedraza Sin Olvido

viernes, 9 de agosto de 2019

Manuel Cepeda Vargas


9 de Agosto de 1994 

"Que no mueran los soldaditos. Que no mueran los labriegos. Que puedan sentarse a las orillas de sus casas, como esas familias dominicales que nos miraban cuando nos acercábamos al aeropuerto, cuando vimos que los campesinos asesinados se habían convertido en arboles frondosos entre cuyas ramas volaban pájaros, se oía subir el calor eterno de la tierra y para defenderse de la noche sonaba una canción de amor entre el verdor valiente y alegre de las bananeras”. M.Cepeda

Manuel Cepeda: humanista y político
9 de agosto de 1994, la vida y la voz de Manuel Cepeda Vargas fueron silenciadas pero no olvidadas. Poeta, pintor, abogado, político y sobre todo humanista será recordado por su labor en la búsqueda de una Colombia que respete la vida y los derechos humanos, la libre expresión y la justicia social.

Nació en Armenia el 13 de Abril de 1930, estudió derecho en la Universidad del Cauca, en 1952, mientras cursaba la carrera ingresó al Partido Comunista Colombiano (PCC), en 1958 fue elegido miembro del Comité Central del PCC, donde se encargó de reconstruir la Juventud Comunista Colombiana (JUCO). En 1960 contrajo matrimonio con Yira Castro, con quien tuvo dos hijos, María integrante del Comité Central del PCC e Iván, senador del Polo Democrático, defensor de los derechos humanos y filósofo de profesión.

En 1964 fue encerrado en la cárcel La Modelo de Bogotá, por denunciar la agresión contra la resistencia campesina en Marquetalia, Tolima, allí escribió un libro de poemas titulado “Vencerás Marquetalia” en homenaje a esa movilización. En 1983, cuando era director del periódico Voz Proletaria, lo nombró Seminario Voz, proponiendo con ese nombre el cambio a un diario con un modelo más democrático; tres años después se retiró y su puesto lo ocupó el activista y político Carlos Lozano Guillén (1949-2018). En 1992 fue nombrado secretario general del PCC, alentó el surgimiento de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), también participó en la fundación del Comité Permanente por la defensa de los derechos humanos y fue promotor de la creación del Ministerio de Cultura.

Magnicidio, denuncia y omisión.
En 1993, Cepeda Vargas denunció ante el Ministro de Defensa Rafael Pardo Rueda la existencia de un plan denominado “Golpe de Gracia” definitivo para el exterminio de la Unión Patriótica (UP), del cual terminaría siendo una víctima posterior. El 9 de agosto de 1994 a las 9 de la mañana, cuando el abogado había abandonado su residencia en Ciudad Banderas al suroccidente de Bogotá y se movilizaba por la avenida de las Américas cerca al barrio Mandalay, fue alcanzado por sicarios quienes dispararon varias veces en su contra cuando viajaba en el asiento del copiloto; el conductor y escolta de Cepeda, que fue contratado por la UP para protegerlo, siguió en marcha por 30 metros y descargó seis tiros contra los asesinos.

Pese a que acudió a organismos internacionales para que se le brindará medidas de protección por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) Manuel Cepeda perdió la vida; el Estado colombiano tampoco adoptó ningún control para evitar el exterminio de los miembros de la UP, incluso desde 1985, año de la consolidación de ese partido político, iniciaron los asesinatos, masacres, desapariciones forzadas y torturas a sus militantes, quienes venían denunciado desde ese año los hechos públicamente ante la prensa y aun así no se tomaron medidas de protección.

Investigaciones determinarían que el asesinato de Cepeda fue operacionalizado por militares y paramilitares; la participación de los suboficiales Hernando Medina Camacho y Justo Gilberto Zúñiga, y su relación con la estructura paramilitar de Carlos Castaño. Se señaló además al General Rodolfo Herrera Luna como uno de los autores intelectuales del magnicidio, sin embargo, este murió de un infarto antes de ser juzgado.

Se relacionó a Jesús Emiro Pereira, concuñado de los hermanos Castaño como cómplice del crimen quien fue sometido a sentencia anticipada; también se vinculó al ex -subdirector del DAS José Miguel Narváez como determinador y asesor de crímenes paramilitares entre ellos el presente caso. En 1999, un juez penal de Bogotá dio sentencia condenatoria de 43 años a los suboficiales Justo Gil Zúñiga Y Hernando Medina, mientras que Carlos Castaño resulto exonerado.

A pesar de los actores implicados y las evidencias presentadas, el esclarecimiento y los vínculos entre los mismos ha sido difícil de establecer, dadas las características de la planeación, la división de tareas y la ejecución del crimen; lo que ha dificultado la conexión y aclaración sobre los niveles de perpetradores tanto intelectuales como materiales.  En consecuencia, los testigos del hecho y los familiares del senador también fueron afectados y victimizados.

Labor y militancia: motivaciones de lucha social
El asesinato de Manuel fue un intento de silenciar ideas y voces que tuviesen un intento de cambiar el país. Siempre se interesó por realizar proyectos de ley en beneficio de campesinos, jóvenes, trabajadores y sectores vulnerables, impulsó la ley de Objeción de Conciencia al servicio militar obligatorio, logró construir barrios populares en Bogotá en predios ociosos, cuando se daba un proceso de urbanización en el país. Promovió la organización de la cultura ligado a la lucha social y sobre todo tenía un compromiso por el cambio y la paz como solución democrática y política ante el conflicto social.

Suscitó la unidad popular, la ampliación y unión de la izquierda, fue consecuente en la idea de la unidad para un proyecto de diálogo, democracia y revolución social. Con estas ideas busco un acuerdo para dar fin al conflicto armado con la guerrilla. Manuel como los demás miembros de la UP, agrupó diversas ideas que respaldaron la paz, para una transformación democrática en Colombia, de forma que los opositores a esas premisas del movimiento político, dieron fin a su vida para silenciar y exiliar las voces de cambio frente a una estructura de egotismo.

Las palabras de Manuel aún siguen siendo legítimas sobre la conciencia social que debe adquirir el país, el senado indicaba que  “En una sociedad edificada con los materiales de la desdicha, el camino más fácil es despeñarse por la pendiente de la desesperación o del escepticismo. No puede surcarse el mar de la vida si no es con la fraternidad, para rescatar a nuestro pueblo del oprobio, del desprecio y de la humillación en que se halla sumido. Luchar para ella era la mayor felicidad posible… Sabía que para saber hay que estudiar. Que hay que meditar sobre lo leído. Que para memorizar hay que escribir. Que hay que leer y reflexionar, y volver a leer y reflexionar de nuevo.”

Crimen en impunidad y Memoria 
La muerte de Manuel selló un intento hacia una democracia que posibilitará expresiones políticas diversas e incluyentes. Su asesinato es un crimen que sigue en la impunidad, piezas probatorias fueron destruidas, testigos y familiares fueron sometidos a amenazas, presiones y asesinatos; este caso, sumado a muchos más demuestra el alcance desmedido de la violencia en Colombia.

El 10 de diciembre de 2008 la sala Cuarta del Consejo de Estado ordenó al Estado Colombiano a indemnizar a la familia de Cepeda Vargas, pero Iván Cepeda renunció a esa la reparación económica, puesto que aún no se ha determinado la identidad de los autores intelectuales y que el Estado no había reconocido la responsabilidad por la muerte de su padre.

En junio de 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado Colombiano por el asesinato del senador Cepeda, como un crimen en el que participaron militares, integrantes de la fuerza pública y jefes paramilitares. La sentencia se entendió como histórica y dentro de un marco colectivo, puesto que su asesinato se relaciona a millares de víctimas, su muerte evidencia la ruptura del tejido social, la justicia y la paz en Colombia. Más tarde en 2011, durante el gobierno de Juan Manuel Santos tuvo que pedir perdón público a sus familiares, al seminario Voz, a la UP y al partido comunista, en un acto que se realizó en el Congreso de la República con la intervención de Germán Vargas Lleras, en este entonces ministro de interior.

Pese al pedido de perdón, la ejecución del asesinato de Manuel se enmarca en un patrón sistemático de violencia contra la UP y el PCC, en ese sentido, el Estado se adjudicó la responsabilidad parcialmente, reconoció internacionalmente la violación del derecho a la vida, la dignidad, la libertad de expresión y el derecho a la integridad personal, este último, fue reconocido tanto para la víctima como para los familiares; el Estado brindó rehabilitación médica y psicológica, sin embargo, no hay un costo comprometido con una reparación integral por el asesinato a Manuel, el proceso disciplinario contra los autores del crimen fue precario, puesto que la cadena criminal de mando no fue sancionada penal, ni socialmente, los autores intelectuales del crimen disfrutan de libertad, poder económico, político, entro otros.

Una de las reparaciones que realizó el Estado colombiano fue la creación de la Beca Manuel Cepeda Vargas para estudiantes víctimas del conflicto armado que cursen undécimo grado y deseen realizarse profesionalmente en ciencias de la comunicación. Por otro lado, la sociedad colombiana ha realizado en nombre de Manuel multiplicidad de acciones para hacer memoria sobre su vida, dado que él fue una voz representativa para militantes de la UP, del PPC y de civiles que continúan buscando y afirmando un derecho por la paz y la democracia. Desde la cultura, la poesía, el periodismo y la vida Manuel Cepeda sembró la memoria. Como muchos otros colombianos intento realizar la tarea de dar reflexión, comunicar la verdad y ser un ejemplar de lucha para la sociedad colombiana y de esta forma deshacerse del engaño sistemático e histórico hacia la misma por parte de los medios de comunicación, la política y las diversas formas de capital.

El crimen de Manuel, fue un delito contra su carácter, es decir, su humanidad, sus ideas democráticas, incluyentes y plurales. Su memoria no ha quedado en el olvido por parte de la sociedad, se fundó el Barrio Manuel Cepeda Vargas, así mismo, un colegio al sur de Bogotá con su nombre donde un grupo de 250 profesores, crearon la Cátedra Cepedista, no solo para que no se olvide la labor del senador, sino para que los jóvenes pretendan los principios éticos y los valores en memoria del mismo; de forma reciente en 2015 se realizó un mural consolidado por Hernando Hernández junto a integrantes del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) en Bogotá, quienes trabajaron en este acto conmemorativo a Manuel.

Su muerte, pero ante todo su vida, demuestran cómo la memoria alcanza ciertos espacios,  Como dedico Manuel a su esposa Yira, hoy sus palabras también evocan su memoria,  lucha y esperanza:
“Una inmensa calma surge de allí. La armonía entre las ideas por las cuales se vivió y los actos que se ejecutaron, florece en una síntesis de paz y de esperanza. Lejos, desde la colmena de la gran ciudad, nos llega el rumor con que el pueblo amado, por el que ella tanto batalló, continúa viviendo y luchando. Y la hierba, con su verdor simplísimo, parece sonreír anunciándonos el nuevo mundo que va a nacer.” 

Manuel Cepeda Vargas en la Memoria
Manuel Cepeda Vargas Sin Olvido


jueves, 27 de junio de 2019

José Francisco Ramírez Torres

27 de junio de 1987 

José Francisco Ramírez Torres originario de Valledupar, a sus 33 años era abogado de la Universidad del Atlántico, directivo de la Asociación Nacional de Abogados Litigantes (ANDAL) profesor de la Universidad Popular del Cesar (UPC), integrante de la Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial y de “A Luchar”, vocero de la Coordinadora Obrero-Campesina y Popular del Cesar.

En 1987 en el departamento del Cesar se vivía un descontento por los abusos y atropellos contra los pobladores campesinos y contra los dirigentes comunitarios por parte del Estado colombiano y por grandes terratenientes, llevando a que se diera un paro cívico, el cual apoyó la Unión Patriótica, el Frente Popular, Democracia Popular y la Coordinadora Obrero-Campesina y Popular del Cesar.

Este paro inició con una marcha que empezó en Norte de Santander y terminó en la plaza Alfonso López de Valledupar, durante varios días esta plaza fue el centro de la protesta campesina que exigía garantías en cumplimiento de sus derechos y de frenar la violencia por los atropellos del Estado.

Las manifestaciones finalizaron cuando se hizo un acuerdo entre la gobernadora María Inés Castro, el 12 de junio, este día todo terminó pacíficamente. Después de la protesta inició una ola de violencia sin freno contra los partidarios de izquierda, líderes comunales, campesinos y contra miembros de la Unión Patriótica, quienes empezaron a recibir amenazas.

Luego de ello, se empezó una campaña de estigmatización en contra de las marchas realizadas, lo que había iniciado como una toma campesina, fue convertido en una “toma guerrillera”.

Francisco como vocero y negociador por parte de la Coordinadora en las protestas realizadas, fue víctima de amenazas por la Fuerza Pública en el departamento, principalmente por mandos militares. Días después en el parabrisas de su auto recibió un panfleto que lo declaraba blanco militar y decía “que sus días estaban contados”.

Fue así como el 27 de junio de 1987 fue asesinado en el barrio Garupal de Valledupar, mientras le cambiaba una llanta a su carro y cuando estaba a poca distancia de llegar a su casa. Cuando se bajó a cambiar la llanta dos paramilitares mientras pasaban en una moto le dispararon a Francisco y su vida fue segada.

En ese momento su esposa Daisy Rodríguez y sus dos niñas, una de cinco y de dos años se despidieron de un hombre que defendió y unió al campesinado.

Desde este asesinato se dio inicio a la eliminación sistemática de los militantes de la Unión Patriótica en el departamento. Su muerte suscitó mucho dolor e impotencia, pero su memoria despertó la indignación y la resistencia en contra de los abusos cometidos contra la población campesina, lo que alentó a otros habitantes a tomar la vocería contra las injusticias.

José Francisco Ramírez en la Memoria.
José Francisco Ramírez Sin Olvido.

Imagen: Coordinadora del Comité de Impulso del Sujeto de Reparación Colectiva de la UPC/Voces Silenciadas

martes, 4 de junio de 2019

IV Masacre de Caño Sibao

3 de junio de 1992

Un 3 de junio, en el departamento de Meta entre los municipios de Granada y El Castillo, se vivió uno de los capítulos más tristes de su historia, cuando un grupo de paramilitares asesinó a 5 militantes de la Unión Patriótica, en lo que se conoce como la masacre de Caño Sibao.

Una delegación de la Alcaldía del municipio El Castillo, integrada por María Mercedes Méndez de García, alcaldesa saliente de El Castillo por la Unión Patriótica, William Ocampo Castaño, alcalde electo de El Castillo por la Unión Patriótica, Rosa Peña Rodríguez, tesorera municipal, Ernesto Sarralde, coordinador de la Umata y Armando Sandoval, conductor de la alcaldía fueron víctimas de una masacre perpetrada por un comando paramilitar en connivencia con la VII Brigada y el Batallón Vargas del Ejército Nacional de Colombia, en el contexto del genocidio político contra la Unión Patriótica.


En Caño Sibao, sobre la vía que del municipio de Granada conduce a El Castillo, a 10 minutos de una base militar, eran esperados por un grupo combinado de militares y “civiles” armados de la estrategia paramilitar, al parecer al mando de un teniente de apellido Rojas, quienes al paso del vehículo lanzaron varias granadas y los ametrallaron, asesinando a María Mercedes, William, Rosa, Ernesto y Armando.


Dos horas antes, María Mercedes y el alcalde entrante, William, habían estado en la Brigada 7 del ejército en Villavicencio, reclamando condiciones de protección al ejercicio político de la Unión Patriótica y al trabajo en la región. 


El gobernador del Meta, Armando Baquero, una vez enterado de la masacre solicitó a la Policía y al Ejército acantonado en El Castillo dirigirse a Caño Sibao para atender a los posibles sobrevivientes. Ni la policía ni el ejército se hicieron presentes, posteriormente dijeron que no fueron, porque posiblemente era una emboscada de la guerrilla.

En las investigaciones posteriores a la masacre, se pudo establecer que entre los autores se encontraban: Arnulfo Castillo o Hermes N. alias “Rasguño”, “Puntillón”, los hermanos Silva, paramilitares de El Dorado, que luego de la masacre se refugiaron en el Batallón 21 Vargas en Granada.

Víctor Carranza Niño, fue acusado de la masacre de Caño Sibao y de 18 procesos más y la Fiscalía lo detuvo. Fue juzgado, pero al final, salió exonerado con el argumento de que tales crímenes –sentenció la Juez Cuarta de Villavicencio, “eran imposibles de cometer por algún ser humano”. Se le acusaba también de dirigir en la región el genocidio de la UP en colaboración con altos mandos militares como el general Gil Colorado. 

Posteriormente, el Tribunal Superior de Villavicencio confirmó la condena a 30 años de cárcel contra Manuel de Jesús Pirabán, conocido como “Pirata”, como responsable por la masacre de Caño Sibao, a partir de declaraciones rendidas por uno de los paramilitares que participó en los hechos. 

“Pirata” se desmovilizó en Casibare (Meta) en abril del 2006 como comandante del “Bloque Héroes del Llano” y a partir de ese momento se acogió a la Ley 975 conocida como la “ley de Justicia y Paz”, con la cual no puede pagar penas mayores a 8 años de cárcel.

Los magistrados encontraron que el alcalde electo se encontraba en riesgo y que la reacción de las autoridades fue precaria, pese a haber conocido de las amenazas de muerte y la solicitud de dos escoltas presentadas con anterioridad.

Un fallo del Consejo de Estado condenó a la Nación y a la Policía Nacional por su responsabilidad en esa masacre que demostró la culpabilidad oficial por el exterminio de ese movimiento político de izquierda.

Han sido años de impunidad, de ausencia, de investigaciones imparciales. Años sin investigar la responsabilidad del Estado colombiano por Acción y Omisión. Años del asesinato de María Mercedes, William, Rosa, Ernesto y Armando. Años del exterminio de un sueño, de centenares de crímenes de lesa humanidad en la región del Alto Ariari.

La familia de María Mercedes y varias víctimas de de crímenes de Estado se reunieron en El Castillo para renombrar el parque de esa localidad, como Parque de La Memoria, en homenaje a las víctimas del conflicto armado en el Ariari e hicieron un rito que denominaron, ¡Nunca más!

Homenaje, afirmando el derecho a la memoria, expresado a través de un monumento en Caño Sibao, donde se juntaron las manos y fueron plasmadas junto a una placa conmemorando las vidas y sueños de los que han sido asesinados en este lugar.

“La Memoria es un derecho que nadie nos puede quitar, negar, manipular o utilizar… la Memoria es tan nuestra, como la raíz a la planta, como el tallo a la flor, y así igual de bella y frágil… la Memoria se debe cuidar, consentir, mimar… la memoria es parte de tu ser, esencia de tu vida… es de dónde vienes, donde estás y la que te acompaña en el andar… la Memoria no precisa de leyes o reglas, más que un que ya es tuya… prohibido OLVIDAR! Porque la Memoria evoca y convoca… mueve y conmueve… la memoria es resistencia al olvido, afirmando el derecho a saber, el derecho a la verdad, el derecho a exhumar los sueños.

Víctimas de la Masacre de Caño Sibao en la Memoria.

Víctimas de la Masacre de Caño Sibao  Sin Olvido.

viernes, 22 de marzo de 2019

Bernardo Jaramillo Ossa


Marzo 22 de 1990

Bernardo Jaramillo Ossa, segundo candidato de la Unión Patriótica a la Presidencia de la República de Colombia, después del asesinato a Jaime Pardo Leal en 1987. 

Bernardo, nació en Manizales, a sus 35 años como abogado había trabajado en el Urabá antioqueño, donde asesoró al Sindicato de los Trabajadores del Banano, hasta que por las amenazas de muerte tuvo que trasladarse a Bogotá. “Garfield”, como era llamado por sus familiares y amigos más cercanos en alusión a su bigote poblado, se mantiene en la memoria del pueblo colombiano, quien lo lloró y junto a él cantó el estribillo “Yo te daré, te daré una rosa, una rosa hermosa, y esa rosa se llama UP". 

Con su popular slogan “Venga esa mano país”, Bernardo fue llenando plazas, parques, auditorios, mostrando la propuesta política de la Unión Patriótica como una alternativa ante una sociedad amalgamada e injusta. Desde la palabra, el pensamiento, la creatividad a flor de piel fue planteando nuevas posibilidades, nuevos caminos, denunciando permanentemente el paramilitarismo como una estrategia del Estado y nombrando a sus beneficiarios. 

Bernardo, el “Perestroiko”, como era conocido cariñosamente al interior del partido por su insistente búsqueda de vincularlo a la Internacional Socialista, fue asesinado como miles de miembros de la Unión Patriótica y junto a ellas y ellos se mató una esperanza, él continúa en la memoria. En el Puente Aéreo de Bogotá, sicarios de la estrategia militar encubierta dispararon en múltiples ocasiones sobre su humanidad. Las balas de la estrategia militar encubierta de tipo paramilitar segaron su vida el 22 de marzo de 1990 en el aeropuerto El Dorado de Bogotá poco después de las 8:00 de la mañana. Se encontraba acompañado de Mariel Barragán su compañera quien se encaminaba con el a la ciudad de Santa Marta y 16 escoltas del DAS. 

Cuatro disparos bastaron para que el país se estremeciera con la noticia de un nuevo magnicidio. Andrés Arturo Gutiérrez Maya, de 16 años, trabajador de una fábrica que hacía tizas para tacos de billar en Medellín, fue su asesino. Por ser menor de edad, el asesino no fue encarcelado, de forma indignante, desmintió ser el autor del crimen y se declaró adolorido por la muerte del candidato presidencial. 

Al día siguiente del homicidio, el entonces director del DAS, Miguel Maza Márquez, le atribuyó el crimen a Pablo Escobar y exhibió dos grabaciones en las que el jefe del Cartel de Medellín y su lugarteniente El Zarco hablan sobre el pago de $300.000 a un sicario para ejecutar un atentado. La conversación fue interceptada el 21 de marzo de 1990. 

Casi de inmediato, Escobar, desde la clandestinidad negó la autoría del asesinato, se declaró admirador de Jaramillo y dijo que, por el contrario, él había mediado varias veces para que socios suyos no lo mataran. 

Lo paradójico es que el mismo día, desconocidos se comunicaron a varias estaciones radiales para decir que el promotor del asesinato había sido Fidel Castaño y que ahora este coloso de la guerra era el reemplazo de Rodríguez Gacha, abatido por la Policía en diciembre de 1989. No obstante, esta hipótesis fue poco investigada. Además, el joven sicario fue asesinado junto a su padre semanas después del crimen, cuando hacía uso de un permiso para salir de su sitio reclusión. 

El asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa sigue en la absoluta impunidad, muy pocos avances se han hecho para esclarecer el caso. Como otro de los tantos asesinatos cometidos con el fin de exterminar la unión patriótica, éste representó una gran pérdida, desesperanza ante un sueño de democracia, justicia y equidad. El sistemático asesinato de los militantes de la UP marco una gran ola de violencia desatada por el narcoparamilitarismo y su alianza con el aparato militar del estado. 

En octubre de 2014 la Fiscalía General determinó el asesinato como crimen de lesa humanidad y la investigación paso a manos de la Unidad de Análisis y Contexto de la Fiscalía.

Sin embargo hasta el momento, nada se avanzado en el proceso judicial, este crimen esta en absoluta impunidad, pero la muerte sólo llega realmente cuando se olvida, hoy recordamos a Bernardo Jaramillo Ossa y su labor política como una esperanza aún vigente en un país de injusticia, violencia y desigual, lo recordamos, y recordamos su voz fuerte, esperanzadora, en las cadencias sublimes de un tango de Gardel, que tanto le gustaba cantar. 


BERNARDO JARAMILLO OSSA en la Memoria
BERNARDO JARAMILLO OSSA Sin Olvido

miércoles, 2 de enero de 2019

Álvaro Marín Arango, Mercedes Rojas Artunduaga y Rubiel Antonio Murillo


2 de enero de 1991

El 4 de enero de 1991 el cuerpo de Álvaro Marín Arango fue encontrado en las aguas del río Bodoquero, a la altura del municipio de Morelia, Caquetá, cinco días después de que fuese detenido, desaparecido y torturado junto a dos personas más, Mercedes Rojas y Rubiel Murillo.
El semanario Voz, el 17 de enero de 1991 tituló “Torturan y asesinan a tres ciudadanos”. La muerte de Álvaro fue causada por las torturas sobre su cuerpo con golpes contundentes,  sus órganos genitales fueron destrozados por torniquetes  y ligaduras de alambre,  como parte de las técnicas del horror que usaron agentes del Estado educados en la mentalidad del enemigo interno.
Así pretendieron matar su mente, y aleccionar a un movimiento político,  y atacar a su hermano Luciano Marín, quien años atrás, ante el exterminio del partido político de la UP y las amenazas que recibió, optó por vincularse a las FARC.
Dos días antes, el 2 de enero, fueron encontrados los cuerpos de Mercedes y Rubiel, quienes, habían sido desaparecidos junto a Álvaro, también, militantes del PCC y la UP. Los cuerpos de ambos,  tenían signos de tortura. A ella la quemaron de la cintura hasta sus pies, y ambos fueron impactados, cada uno con tres tiros.
El 31 de diciembre de 1990 entre los festejos populares de fin de año, simultaneamente, estaba cegandose la vida de Álvaro, Mercedes y Rubiel; en los espacios de estas tres familias y de la memoria colectiva del Partido Comunista, continúa su presencia signada de esperanza, que alguna vez, la verdad social identifique esos patrones de persecución y exterminio que uso el Estado bajo el pretexto de dar seguridad a la democracia, acabando con los propios límites que diferencia el Estado de derecho del de la barbarie.
Imagen de Álvaro: Vidas Silenciadas.
Álvaro Marín Arango, Mercedes Rojas Artunduaga y Rubiel Antonio Murillo en la Memoria 
Álvaro Marín Arango, Mercedes Rojas Artunduaga y Rubiel Antonio Murillo Sin Olvido